El director que sabía demasiado
Podría decir que Hitchcock está de moda, pero no es una moda. Hitchcock es Hitchcock, y se habla mucho sobre él estos días ya que se cumplen 30 años de su muerte (29/04/80). El maestro del suspenso, está entre nosotros.
Por este motivo vi The man who knew too much (1934), una de las últimas películas que Alfred Hitchcock filmara en Londres, antes de abrirse camino en Hollywood.
Este filme debe ser uno de los pioneros en este tipo de historias de intriga. Un hombre es asesinado, pero antes de morir, involucra a una familia en un asunto de espías y mafia internacional. Los Lawrence tendrán que hacer su propia investigación para dar con el paradero de su hija que ha sido secuestrada, y ayudar a la policía a terminar con una red terrorista.
El sello Hitchcock ya se siente en su primera década como director, la marca personal que más tarde lo hará uno de los más grandes creadores cinematográficos. Hay en esta película un humor maquiavélico impresionante, al punto de no saber cuando los personajes hablan en serio o en broma.
Desde la primera escena, rodada en un club de invierno donde vemos montañas de nieves y efectos especiales importantes para la época, notamos ese estilo que el director impregna en los personajes con una habilidad absoluta. Vale destacar la actuación de Peter Lorre como el malvado y calculador Abott, y de Leslie Bank como Bob Lawrence, el padre “tranquilamente desesperado” que no pierde el buen humor.
Mi escena favorita: la señora Lawrence está sentada en el auditorio donde asesinarán a alguien. Sólo ella lo sabe. Se desespera pues si avisa a la policía su hija puede ser asesinada por sus captores. Mientras aprieta en sus manos un prendedor de su pequeña, sus ojos se llenan de lágrimas, la escena se vuelve borrosa. Vemos lo que ella ve, Hitchcock hace que lloremos también.
Tengo El hombre que sabía demasiado en una edición especial de 1988 presentada por Tony Curtis (El gran Houdini, 1953). En la introducción, Curtis recuerda una anécdota de 1962, cuando Hitchcock presentaba un programa de suspenso por la televisión en el que los personajes eran, normalmente, eliminados y descubrió que, finalmente, la televisión llevaba el asesinato a las casas que, según sus palabras, “era donde debía estar”.
Como vemos, la televisión no ha cambiado mucho en los últimos años.


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