La estafa de los Bloom
Esta película se puede ver por dos razones: una, por los actores que, aunque ninguno en su mejor papel, hacen el esfuerzo por mantener la historia durante 114 minutos: Rachel Weisz, Adrien Brody, Mark Ruffalo y Rinko Kikuchi. La segunda, porque después de creer que se desperdicia más de una hora en la película más mala del 2008, los últimos 20 minutos salvan el desafío.
Es la típica historia de Pedro y el lobo, aquel que siempre engañaba diciendo que el lobo se había comido las ovejas y cuando realmente le lobo se las comió nadie le creyó. Así es The brothers Bloom.
Es el tercer largometraje de Rian Johnson -curioso que los tres proyectos los escribió, dirigió y editó el mismo-. En español la llamaron Estafa de amor. Sí, tiene mucho de estafa y un poco de amor, pero definitivamente es un mal título para esta comedia negra.
Los hermanos Bloom son unos huérfanos que crecen en la estafa. A los 30 años, Stephen inventa unos cuentos fascinantes que lleva a cabo son su hermano y Bang Bang, una japonesa que no se sabe de dónde salió ni como desaparece y que no habla durante toda la película. Penélope es una pobre niña rica con deseos de aventuras. Los cuatro harán la estafa más grande de sus vidas, y cada quien obtendrá lo que desea.
No hay mucho más que decir, sólo que cabe destacar la actuación de Max Records, el mismo de Where the Wild Things Are (véase post del sábado 6 de febrero) haciendo del niño Stephen. Pocos niños jugando a hacer adultos inescrupulosos, son tan convincentes en un papel.
Me gusta la metáfora de The brothers Bloom: “con los hermanos hasta la muerte”.
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