De nacional, nada
Hoy es Día Nacional del Cine en Venezuela. Estuve leyendo varios textos, viendo algunas fotos y recordando algunos nombres. Sólo tenía dos películas nacionales a mano: Maroa -que no quiero volver a ver, por ahora-, y Maracaibo con vista al lago, un documental de Carlos Caridad que me prestó Juan, pero que prefiero ver en días más alegres.
Así que me fui por el stop motion: Mary and Max (2009) del australiano Adam Elliot.
Mary (con la voz de Toni Collette) es una niña australiana de 8 años de edad no muy agraciada, con una familia particular, ningún amigo y sueños utópicos. Max (Philip Seymour Hofffman) es un neurótico neoyorquino, cuarentón, obeso, judío y aislado del mundo. Ambos comienzan una amistad por correspondencia con la que descubrirán que, aunque sus vidas sean muy diferentes, comparten las mismas inquietudes de soledad y desamor.
“Y mientras Mary se hacía más alta, Max se hacía más gordo”.
El stop motion es una técnica genial. En este caso los personajes de pasta son muy expresivos, se manejan solos los grises y los ocres con matices rojos (una propuesta estéticamente brillante). Todo apunta a una comedia divertida y amena, pero no lo es tanto. Es dramática, los personajes son inquietantes, los sucesos inesperados. Por suerte, la voz en off del narrador y las salidas de Elliot, quien también escribió el magnífico guión, equilibran la historia de dos personajes perturbados.
Buena animación. Buena película. Buena reflexión sobre la vida.
¡No doy más!
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