A Jeunet le quito el Caro
No se puede negar la experiencia visual que representa ver una película de Jeunet- Caro. La ciudad de los niños perdidos, (La Cité des enfants perdus, 1995), no es tan espantosa como Delicatessen, por el contrario, supone una historia infantil, pero no deja de tener ese sello hermosamente asqueroso y dantesco de los directores franceses Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro.
Krank es un hombre que envejece prematuramente porque no sabe soñar, por lo que se dedica a raptar niños para robarles sus sueños a través de una máquina. Es ayudado por un grupo de clones (talentosísimo Dominique Pinon), su madre y otros cuantos malvados. Al otro lado del mar, en una ciudad portuaria, pobre, gris, los niños comienzan a desaparecer, hasta que un valiente hombre fuerte de circo y una pequeña niña prematura deciden liberar a los niños. Más o menos así va la película.
Es un cuento con personajes increíbles, que me recuerda a La antena, del argentino Esteban Sapir donde un poderoso millonario ha robado las voces de una ciudad y ahora se empeña en robar las palabras a través de una mujer-máquina… Esta me recuerda a su vez a la inigualable clon-malvada que acabará con la ciudad de abajo, en Metrópolis, de Fritz Lang. Supongo que esto hace el cine: un sinfín de imágenes repetidas que se reproducen en modos y tiempos distintos en nuestra mente.
Un drama fantástico que, incluso, puede rayar en lo ridículo si no se sabe calificar como cine de autor, de culto. Muy barroca para mi gusto. Demasiado bizarra para repetirla.
De la dupla Jeunet-Caro… me quedo con el primero. Seguramente mañana veré Amélie, una de mis películas preferidas, donde Jeunet, al separarse Caro, explota el color manteniendo la misma estética de la vanguardia francesa.
¡Chanceux!
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