Abril 10, 2010 | Por adrimosar | # Enlace permanente
He aquí una cuestión de números:
-Esta es la entrada 100 de este blog.
-La película 100 de las 365 del año.
-El nombre de Los365días, rinde homenaje a la película de Truffaut.
-El post de hoy no podía ser otro que Los 400 golpes.
No sé cuántas veces he nombrado a Antoine Doinel en este blog. Es uno de mis personajes favoritos del cine, junto a Amelie, la Novia (Corpse Bride), Travis Brikle, Toto, entre otros.
Les Quatre Cents Coups (1959) es la primera de una serie de cuatro películas que dirigió François Truffaut entre 1959 y 1970 en la que narra las aventuras de un niño que crece entre el maltrato y la incomprensión, y que sabrá abrirse camino por su cuenta.
Antoine (interpretado por Jean-Pierre Léaud en las cuatro películas) corre todo el tiempo, de la escuela a la casa, por las calles París, como si siempre corriera detrás de su destino. Con encuadres muy dinámicos y varias secuencias con cámara en mano, vemos como la vida de un estudiante se convierte en un infierno, obligado por el desinterés de sus padres.
Es interesante verla varias veces, ya que se van descubriendo detalles en el cine de Truffaut. Los 400 golpes es considerada una de las la primeras obras del cine con esa libertad expositiva abanderada por el grupo de la Nouvelle vague. Ha dado pie a muchas historias relacionadas con la pérdida de la inocencia y las transgresiones de la adolescencia.
Uno de los mayores aportes de este filme es que Antoine Doinel deviene en una especie de alter ego del propio Truffaut. Con el personaje, el director francés hace un recuento “estético” de su propia vida.
De esta película se han dicho miles de cosas. Hoy, comparto este texto de Edmond Orts: “Los 400 golpes es la crónica de una soledad y desamparo. La historia de un niño que palpa el sinsabor del olvido y que busca su propia identidad en el instinto de la libertad. François Truffaut, que comprendió como pocos cineastas lo que ha hecho el sentido de la frustración en la niñez, descubre con fino talento cinematográfico la psicología del desarraigo que anida en el entrañable personaje central de esa dura narración”.
¡Felices 400 golpes!
Enero 1, 2010 | Por adrimosar | # Enlace permanente
Anoche, antes de ir a la cena de fin de año en casa de los Bacaro, me preguntaba para qué carajo habré inventado este blog… para divertirme puede ser la opción más adecuada. Sí, eso lo confirmé cuando recibí varias respuestas positivas a un mail que envié a mis contactos anunciando “el nuevo proyecto”. Todas fueron de acompañamiento y motivación, me sentí algo así como Forrest Gump cuando comienza su carrera “sin razón” por los Estados Unidos y a lo largo del camino se van sumando corredores. Pero la respuesta que me ubicó en mi misión fue la de mi madre, como siempre. Sólo escribió: “Loca, jajaja”. Comenzó la diversión, pensé.
Quería que mi primer post fuera sobre Los 400 golpes de Truffaut, primero porque a esa película se debe el nombre de este blog –un homenaje personal-, y segundo porque pensé que si me lanzaba una medio intelectual iba a convencerlos de seguir leyéndome… Pero, ¡por Dios!, quién ve Los 400 golpes un primero de enero (¿?!) Es como mucho. Además, con el malestar que tengo desde hace dos días por esta gripe de año viejo, no quería sentirme peor por todo lo que lloro cada vez que veo las injusticias que le tocan vivir al pobre Antoine Doinel… en fin, si la palabra clave es diversión, nada mejor que un buen animé: Los Padrinos de Tokio (Tokio Godfathers, 2004)
La primera vez que la vi me encantó su estética. Un día haciendo zapping la encontré por HBO, ya había comenzado así que no entendía bien lo que pasaba, pero ahora que la he vuelto a ver varias veces, se ha convertido en una de mis animé favoritas.
Hana, Gin y Miyuki son tres vagabundos que viven en las calles de Tokio y se alimentan de la basura de la gran ciudad. Una noche fría, mientras discuten y se gritan entre ellos, encuentran un bebé abandonado. Así comienza una historia que involucra las relaciones personales, la necesidad de la familia y el valor de la amistad, además de un gangster, tiros, loterías, golpes, etc.
Si fuera una película con actores reales no sería tan buena. En realidad, está llena de clichés pero muy bien tratados por el director Satoshi Kon, el mismo de Paprika. Coincidencia de nombres y espacios, historias entrelazadas, descubrimientos obvios, se equilibran con la fotografía, el humor y el detalle típico del dibujo animado.
El personaje de Hana es lo mejor de la película. Es un travesti que sueña con una familia por lo que se encariña con la bebé, pero realmente es quien decide buscar a la madre. Es un personaje lleno de ocurrencias y extremismos que siempre busca la aventura. Por su parte, Gin es un viejo amargado que perdió todo por el juego y Miyuki una adolescente que se fugó de su casa luego de un incidente con su padre. Tres personas carentes de afecto que volverán a sus recuerdos y a sus esperanzas gracias a la aventura que viven por causa de la pequeña criatura, Kiyoko, cuyo nombre significa, “persona pura”.
Creo que la frase que describe la mejor aventura de sus vidas la dice Gin ante la eminente hazaña que comienzan: “Somos vagos sin hogar, no héroes de película de acción”. Al final, se convierten en héroes anónimos y eso le da un giro a sus vidas. Una buena lección para comenzar el año… No sé, quizás esté un poco melancólica por el malestar y el día nublado… Como quiera que sea, fue una buena opción.
Ya habrá tiempo para Truffaut. Hasta mañana.
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