“Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma"
Ayer, 11 de febrero, se cumplieron 20 años de la liberación de Nelson Mandela de la cárcel de Robben Island donde estuvo 27 años preso. Ayer, después de varios intentos, fui a ver Invictus, la nueva producción de Clint Eastwood, que muestra cómo el primer presidente negro sudafricano utilizó la Copa Mundial de Rugby de 1995 para reconciliar blancos y negros después del apartheid.
Creo que la sensación de ver la película justo ayer, después de leer las noticias que narraban como Mandela, a sus 91 años, celebró la excarcelación con miles de personas que tomaron las calles de Sudáfrica, fue muy grata. Tuve otra percepción de la historia.
La película está basada en el libro del periodista John Carlin, llamado El factor humano, y su título se debe al poema que leía Mandela en prisión cuando recaía de ánimo y que es recordado en varias escenas.
Eastwood siempre dirige bien a sus personajes, hizo maravillas con Hilary Swank en Million dollar baby, y en Invictus lo demuestra nuevamente con Morgan Freeman, en el papel de Mandela: sobrio y encantador; y un robustecido Matt Damon como Francois Pienaar, el capitán de los Springboks. Por cierto, para este papel Damon fue entrenado por el propio Chester Williams, el único jugador de color en la selección del 95.
Más allá de la emoción que causan los estadios a reventar de gente gritando olé olé olé al unísono, la película está muy bien enfocada en el tema de las diferencias raciales. Eastwood se la jugó con dos equipos, el de rugby, que tiene que ganar la copa mundial para “reconciliar un país”, y el de seguridad de Mandela, un grupo de negros y blancos donde recae buena carga de la trama y representan la mejor metáfora de esa reconciliación.
Además, tiene escenas conmovedoras como cuando los Springboks, deben difundir el rugby en barrios más pobres y cantar el himno de la población negra en los inicios de partidos. Si bien el proceso de integración racial en Sudáfrica ha sido mucho más lento y problemático, la producción de Eastwood es un buen resumen de ello.
Es una historia emotiva sobre todo si uno está en contexto. Aunque cae en lo predecible, tiene algunos momentos de tensión y un final feliz al mejor estilo Hollywood (con un vaso de coca cola al final que recuerda quien paga estas superproducciones)
Dato curioso: leí en internet que el poema Invictus es del poeta inglés William Ernest Henley y que Timothy McVeigh, un hombre que mató a 168 personas en un atentado en Oklahoma, entregó este mismo poema a los guardias antes de su ejecución, en 2001. El texto termina con estas palabras: “Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”.
Invictus es una buena película para disfrutar, como yo, en buena compañía.
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