Nuestras despedidas
Okuribito (Departures, 2008) es una película de Yôjirô Takita, ganadora del Oscar a mejor película extranjera en el 2009 y de diez premios de la Academia de Cine de Japón, incluyendo mejor película, mejor director y actor.
Leí por ahí un crítica que la calificaba de “fatal” sin embargo, el “crítico” comenta varias veces que el director japonés arranca algunas lágrimas con el tema de la muerte. Me pregunto ¿acaso no es el objetivo del cine?, del arte en general: hacernos sentir.
Okuribito cuenta la historia de Daigo, un músico fracasado que vuelve a su pueblo natal con su esposa, dos años después de la muerte de su madre. Ahí, encuentra un trabajo preparando los cuerpos de los difuntos para su “último viaje”. La trama es un paseo por la cultura japonesa y el nou kan, el ritual para limpiar los muertos.
Al comienzo, el film parece una mala comedia pero después se va desviando considerablemente, algunos personajes son flojos, pero otros son de gran valor, como el sabio maestro de Daigo. Mención aparte merece la banda sonora: es mágica. También se destaca la manera ejemplar de representar los cuatro elementos de la naturaleza: el agua, en los baños públicos donde se desarrolla gran parte de la historia; el fuego, con la cremación de los cuerpos; el viento, a través de la música y el chelo que ejecuta Daigo; y la tierra, representada por las piedras, elementos claves de su conflicto familiar.
Creo que reflexionar sobre tu vida y la de tus seres queridos desde el umbral “muerte” es fascinante. Es un tema que siempre da, que siempre mueve. El crítico aquel alegó que era una historia simple, y sí, es cierto, es simple, delicada y hermosa.
Uno de los personajes dice al final que la muerte no es el fin, es sólo una puerta. Seguramente, he escuchado esta frase miles de veces, pero esta vez recordé a mi abuela, que murió un dos de febrero hace varios años. Nunca antes -ni después- vi un difunto en su ataúd, sólo a mi abuela y no me arrepiento porque parecía un ángel. No se… veía la película y solo recordaba a mi abuelita, blanca, limpia, bella en esa cajita de madera. Así la quiero recordar.
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