Cine que embriaga y hace feliz
El fabuloso destino de Amélie Poulain es una de esas películas que veo varias veces, desde distintos lugares, distintas formas de pensar y sentir.
Es una lección hermosa. No porque yo quiera ser la niña buena y solitaria que ayuda a la gente mientras sueña con el amor perfecto, si no porque no puedo dejar de ver algunas situaciones personales y cotidianas retratadas en más de una escena. Me pasa igual que con esas “señales” que creemos ver en todas partes cuando estamos esperando algo y que sentimos que todo lo que nos rodea se pone de acuerdo para hacernos recordarlo… esa es mi experiencia con Amélie.
La historia es archiconocida, Le fabuleux destin d’Amélie Poulain se trata de una niña que crece sin mucho afecto y se convierte en una mujer solitaria, tímida y soñadora. Una noche descubre una cajita escondida que cambiará su destino y la llevará a encontrar el amor con el qye siempre ha soñado.
Una fábula tan común se vuelve maravillosa de la mano del director Jean-Pierre Jeunet y la actuación de Audrey Tautou. El rojo y el verde estallan en la pantalla con esa estética a lo Greenaway que identifica la obra de Jeunet. (Siguiendo la referencia que comencé ayer con La ciudad de los niños perdidos)
Dicen que Amélie es la película francesa más taquillera de todos los tiempos, no estoy segura de eso, pero sí creo que es una de las más hermosas del cine europeo. Su director dijo que fue pensada para dar felicidad a la gente, por lo que algunos la catalogan como cine-champaña, que embriaga y hace feliz. Es un cuento de hadas moderno de los que recuerdan que los sueños se hacen realidad, por muy tonto que suene a estas alturas del partido.
Creo firmemente que hay un Nino Quincampoix para cada mujer, y que eso puede ser divertido… como también son divertidos estos tras cámaras de la película: AQUÍ
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