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El misterio de los pájaros

Siguiendo esta onda hitchcockniana me atreví a ver The birds. No es la primera vez que la veo, no tengo miedo imaginar que un par de palomas entrará volando por mi ventana, pero cada vez que veo el ataque de los pájaros a los habitantes de Bodega Bay, siento ese estremecimiento en el cuerpo que me hace encoger los hombros y arrugar la cara.

Esto es lo que hace que una película sea una obra maestra. Sin ánimo de ser complaciente, aunque no pueda evitar mi admiración por Alfred Hitchcock, considero que el montaje de Los pájaros, filmada en 1963, requirió de mucha habilidad e imaginación para lograr que una obra tan surrealista se convirtiera en un icono del cine.

Puedo escribir mil y una frases sobre esta película, recurrir a la Wikipedia, a cualquier blog o crítica reseñada en libros y siempre quedaré falla, pues hay mucha tela que cortar con esta historia.

El efecto que causa Hitchcock con las secuencias de cientos de pájaros atacando un pequeño pueblo es incomparable. Pero no solo la intriga del ataque, sin ninguna razón lógica, es el eje de esta historia. Antes que los pájaros decidan acabar con la humanidad, los personajes se ven envueltos en situaciones ambiguas en las que se juegan la personalidad. Pensamos quiénes son los buenos o los malos, aunque, al final, no tenga la mínima importancia.

La trama tiene varias lecturas: la niña rica en busca de aventuras que encuentra la aventura de su vida, la madre posesiva de carácter rígido que se verá doblegada por situaciones incontrolables, el joven que perdió a su padre y tendrá ahora que ser guía y cuidador de la familia, o la maestra de colegio enamorada que ve repetir su historia y sin embargo protegerá a los que más ama.

Mi escena favorita: la segunda noche que Melanie Daniels pasa en casa de los Brenner, mientras toman el café después de la cena, Melanie ve un pájaro al pie de la chimenea. En segundos, miles de pajaritos entran volando por la chimenea y atacan a los comensales. Ahí, comienza el pánico.

Slavoj Zizek tomó The birds como referencia para demostrar la relación entre el cine y el psicoanálisis. Yo, de cine sé poco y de psicoanálisis menos, por eso me conformo con ver Los pájaros sin analizar mucho que efecto causa en mi, de lo contrario, no podría dormir esta noche.

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Trivia: ¿alguien sabe en cuál escena de la película aparece el propio Hitchcock?

El director que sabía demasiado

Podría decir que Hitchcock está de moda, pero no es una moda. Hitchcock es Hitchcock, y se habla mucho sobre él estos días ya que se cumplen 30 años de su muerte (29/04/80). El maestro del suspenso, está entre nosotros.

Por este motivo vi The man who knew too much (1934), una de las últimas películas que Alfred Hitchcock filmara en Londres, antes de abrirse camino en Hollywood.

Este filme debe ser uno de los pioneros en este tipo de historias de intriga. Un hombre es asesinado, pero antes de morir, involucra a una familia en un asunto de espías y mafia internacional. Los Lawrence tendrán que hacer su propia investigación para dar con el paradero de su hija que ha sido secuestrada, y ayudar a la policía a terminar con una red terrorista.

El sello Hitchcock ya se siente en su primera década como director, la marca personal que más tarde lo hará uno de los más grandes creadores cinematográficos. Hay en esta película un humor maquiavélico impresionante, al punto de no saber cuando los personajes hablan en serio o en broma.

Desde la primera escena, rodada en un club de invierno donde vemos montañas de nieves y efectos especiales importantes para la época, notamos ese estilo que el director impregna en los personajes con una habilidad absoluta. Vale destacar la actuación de Peter Lorre como el malvado y calculador Abott, y de Leslie Bank como Bob Lawrence, el padre “tranquilamente desesperado” que no pierde el buen humor.

Mi escena favorita: la señora Lawrence está sentada en el auditorio donde asesinarán a alguien. Sólo ella lo sabe. Se desespera pues si avisa a la policía su hija puede ser asesinada por sus captores. Mientras aprieta en sus manos un prendedor de su pequeña, sus ojos se llenan de lágrimas, la escena se vuelve borrosa. Vemos lo que ella ve, Hitchcock hace que lloremos también.

Tengo El hombre que sabía demasiado en una edición especial de 1988 presentada por Tony Curtis (El gran Houdini, 1953). En la introducción, Curtis recuerda una anécdota de 1962, cuando Hitchcock presentaba un programa de suspenso por la televisión en el que los personajes eran, normalmente, eliminados y descubrió que, finalmente, la televisión llevaba el asesinato a las casas que, según sus palabras, “era donde debía estar”.

Como vemos, la televisión no ha cambiado mucho en los últimos años.


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