Sobre el trabajo duro y la felicidad
¡Hijo de la chingada! No me había percatado de lo peligroso que es el trabajo de constructor, hasta que vi este documental, a conciencia. Se trata de En el hoyo (2006), del mexicano Juan Carlos Rulfo –el hijo del escritor Juan Rulfo- que cuenta las travesías de un grupo de trabajadores de una parte del segundo piso de la autopista del Periférico de la ciudad de México, que se construyó entre 2003 y 2006.
Desde las alturas, los constructores hablan sobre sus vidas, lo que esperan, lo que temen, mientras atan cabillas inmensas. Además, la película recoge otros momentos que comparten fuera del gran elefante gris, las carreras de caballos, la comida, la vuelta a casa, la familia.
Por muy dura que pueda ser la crítica de Rulfo sobre el tránsito de la capital mexicana, la explotación del obrero, lo injusto de la faena, la pobreza, la dedicación desmedida y los riesgos nefastos de la construcción, los mexicanos son tan divertidos que, por momentos, el documental resulta una especie de comedia.
El director capta momentos entretenidos cuando los trabajadores, desde andenes de unos 6 metros de altura (o más) piropean a las chicas que pasan, se insultan entre ellos y cantan, siempre están cantando.
La banda sonora está compuesta por los ruidos de varillas, cornetas, silbatos, gritos y las canciones de los trabajadores. Todo esto bien mezclado, el estilo break beat, es un gran acierto de la producción.
A los obreros se les suman como personajes algunos choferes de grúas, taxistas, transeúntes y policías. Una policía que hace la guardia nocturna visualiza la construcción como un gran demonio debido a las muertes que ha causado. “El dueño de esto debe tener un pacto con el diablo, y el diablo le pide almas. Mucha gente que se ha muerto, debe ser por esto (…) Esas almas no se fueron tranquilas, esas almas, prácticamente las vendieron”. Esta es una de las grandes leyendas del D.F.
Los temas más recurrentes entre los obreros tienen que ver con la religión, con la relación dios-diablo. Se debe pensar mucho en eso cuando se está tan cerca de la muerte.
El documental es reflexivo y divertido, tan latinoamericano que asusta. Me gustó cuando uno de los obreros, José Guadalupe Calzada, dijo “Me dedico a todo menos a nada. Soy palero, mecánico, estructurista, maniobrista, de todo. Menos de puto, porque eso ya es bajarme mucho”.
Al final, un recorrido aéreo por la autopista da cuenta de la magnitud del asunto. Los obreros se despiden: “Ya se va viendo bonito aquí, lo malo es que no llego a estrenar este pinche puente porque no llego ni a bicicleta (…) A mi no me importan los puentes, ando por otro lado”.
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