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la otra cara de gaza… que muchos no quieren ver

La realidad de una guerra siempre tiene dos caras. En este caso, una esta ampliamente difundida y lamentablemente distorsionada, lo que no quita que sea trágica y lamentable. La otra esta ignorada por completo. Aquí una pequeña muestra de un testimonio de quienes por diez años tuvieron paciencia infinita.

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http://www.youtube.com/watch?v=jm7RSTQiMhY&feature=player_embedded#

DIPLOMACIA OFICIAL Y NO OFICIAL

Diplomacia oficial y no oficial

Autor: Bernardo Ptasevich

Israel sigue su camino casi rutinario gozando de una relativa tranquilidad en los hechos y de una agitación importante en las palabras, tanto de personajes propios como de los enemigos de siempre. Así está la situación, a pesar de lo cual algo hay que intentar, porque el pasado no puede borrarse y el futuro es lo único que se puede cambiar
La realidad de Oriente Medio es como un círculo que se recorre, que vuelve una y otra vez al punto de partida. Cuesta escribir sin creer que se están repitiendo notas anteriores, conceptos anteriores y hechos anteriores. Es como una película que ya se ha visto donde los personajes, las frases y las situaciones se repiten casi en forma idéntica.
Mientras tanto Israel sigue su camino casi rutinario gozando de una relativa tranquilidad en los hechos y de una agitación importante en las palabras, tanto de personajes propios como de los enemigos de siempre.
Mientras en Suecia creen y difunden que nuestro Ejército se come los niños crudos, o según dicen, trafica con órganos de personas palestinas, nuestro Gobierno no ha logrado de su par sueco una condena clara a dichas publicaciones, quien deja entrever de ese modo que comparte esas opiniones.
No es la primera vez que ese país transita en esa línea anti judía, por lo cual no deberíamos asombrarnos. Sin embargo, el asunto merece algo más terminante que pedir en vano que se condene el hecho y la publicación.
INTERPOL ya no tiene que buscar más a Ahmad Vahidi, comandante de la Guardia Revolucionaria recientemente nombrado ministro de Defensa de Irán. Se le acusa de participar en el atentado de la sede de AMIA en Buenos Aires y debería ser juzgado por ello.
Cuando leo en las noticias que “lo buscan”” supongo que querrán decir que tratan de atraparlo fuera del ámbito en el que es protegido, ya que se sabía perfectamente donde se encontraba antes de este nombramiento.
Es una prueba clara más de la política de Mahmud Ahmedineyad en referencia a Israel y a los judíos. Como si hiciera falta algún agregado a su pretensión de borrar a nuestro país del mapa. En realidad, que tengan un ministro capaz de matar judíos y a otras personas que se encuentren en el sitio elegido para sus atentados no agrega ni quita nada a la situación entre Irán e Israel, que se encuentra hoy en un punto bien alto de tensión. No se sabe quién moverá primero las fichas, si los iraníes lograrán antes la bomba atómica o si Israel se verá obligado a atacarlos anticipadamente.
Siria continúa manejándose a dos puntas, haciendo buena letra diplomática con Barack Obama para mejorar su situación en relación a los Estados Unidos mientras que su presidente Bashar al-Assad visita Irán para felicitar y apoyar al reelecto presidente y afianzar aún más las relaciones bilaterales de su alianza estratégica.
Entre los puntos que estarán sobre la mesa uno de los más importantes será la cooperación para sus posiciones anti israelíes. Al-Qaeda quiere ingresar en el conflicto palestino-israelí con la aparición del grupo Junud Ansar Allah y posiblemente otros menores.
Hamás, queriendo mostrarse como los menos fanáticos tomó el toro por las astas y mediante lanzagranadas agujerearon en forma múltiple la mezquita de Taymiya, donde mataron “moderadamente”” a su líder Abdelatif Musa junto a 28 personas que se encontraban con él. Usaron toda su convincente fuerza y armamento para mostrarle al mundo quienes son los moderados pero en realidad transmitieron que no permitirán que otros traten de suplantarlos en su tarea de imponer “la shaaría”” en la Franja de Gaza.
Por el sector norte van y vienen declaraciones. Luego que Israel manifestó que responsabilizará a todo el Líbano ante cualquier ataque de la organización fundamentalista Hezbolla, el jeque Hasan Nasrala replicó con sus amenazas de hacer llegar los misiles a Tel Aviv y a cualquier parte de Israel.
Mientras tanto, en el norte vemos un movimiento de tropas inusual con gran actividad en prácticas y ejercicios que indican que las bravuconadas del líder terrorista son tomadas en serio.
Con un frente externo muy movido en lo diplomático donde abundan las declaraciones oficiales y no oficiales, el primer ministro tuvo que amonestar al vice premier y ministro de Asuntos Estratégicos, Moshé Yaalón, por haber catalogado a la izquierda y al movimiento Paz Ahora como “un ”virus””. Es que Netaniahu no quiere agregar temas políticos e internos a su ya agitada agenda de problemas diarios.
Llama la atención la ausencia casi absoluta (salvo esporádicos comentarios) de Tzipi Livni, quien no formando parte de la coalición se ha llamado a cuarteles de invierno quizás hasta ver como se comportan las tormentas. Ella debería ser la voz de la oposición en los temas de interés nacional ya que es depositaria de la mayoría de los votos de los israelíes. Su ausencia podrá ser buena como estrategia política.
Sin embargo, el país necesita que alguien ponga en la balanza de las decisiones la voz de quienes no concuerdan en todo con el Gobierno, que por el momento goza de absoluto poder para todo lo que desee realizar.
Shimon Peres, por su parte, no piensa en la jubilación. Se lo ve mucho mas activo que la mayoría de los gobernantes más jóvenes, representando al país en cuanto foro importante sea posible, tratando de conciliar con los Estados Unidos y con el mundo occidental o acercando posiciones con los países musulmanes moderados.
Como pasos positivos se anuncia una idea nacida en el Centro Peres de la Paz para la creación de una empresa de biocombustibles con la participación de israelíes, jordanos y palestinos. Quizás los intereses económicos puedan dar paso a otro tipo de relaciones en el futuro aunque hasta ahora el comportamiento de los palestinos ha sido de autodestrucción sin importar sus perdidas.
Así esta la situación, a pesar de lo cual algo hay que intentar, porque el pasado no puede borrarse y el futuro es lo único que se puede cambiar.

Comentarios
1. Muy buen artículo
Autor: Alberto

NADA CAMBIA… todo queda igual en Medio Oriente

NADA CAMBIA… TODO SIGUE IGUAL Bernardo Ptasevich

Como una rueda que gira y da toda la vuelta para volver al mismo sitio, así quedo la situación de Medio Oriente luego de los famosos discursos de El Cairo y de Bar Ilan.

Así como están las cosas parece que la situación actual se mantendrá por mucho tiempo. El juego político la dialéctica y los desacuerdos persistirán como lo han hecho durante la historia y hasta nuestros días. El Presidente Obama dijo en su discurso muchas cosas que difícilmente pueda cumplir y cada parte efectúo declaraciones de acuerdo a sus posturas originales y sin proponer cambiar nada en la búsqueda de una solución. Netanyahu dijo que acepta la creación de un estado palestino con condiciones tales que desde el vamos sabemos que no se aceptaran, lo que equivale a decir que no aceptamos un estado palestino. Los activistas de derecha israelíes protestan porque acepto la creación de dicho estado y los activistas de izquierda o pacifistas protestan por las condiciones que harán imposible llevarlo a la práctica. Los palestinos ponen el grito en el cielo porque recibieron mas de lo mismo. Pero que esperaban? si ellos no han aportado nada a este proceso. Barack Obama suspira aliviado por haber logrado arrancar de la boca de Netanyahu la aceptación verbal de la creación de un estado palestino, aun sabiendo que solo son palabras. En definitiva se ha hecho mucho para que no se haga nada. Palabras y solo palabras, discursos, promesas, movilizaciones y protestas. Mientras tanto un soldado sigue retenido como rehén y seguirán cayendo misiles con la correspondiente respuesta de bombardeos en la franja. Es casi ridículo este teatro mediático realizado por la política internacional que esta desconociendo la realidad. Se pierde el tiempo y la atención mundial en algo que no es efectivo y que no va a llegar a ningún sitio. Cuando dos partes creen ser dueños de las mismas cosas y consideran que es su derecho exclusivo poseerlas es casi imposible que lleguen a un acuerdo. Como máximo cada parte podría ceder en un mínimo porcentaje sus demandas en forma simultánea cosa que ninguna de las dos esta dispuesta a realizar. Quien sueña con un colono judío y un palestino llegando a un acuerdo esta delirando. Cualquiera de los dos solo cambiaran parte de sus demandas si otros lo deciden por ellos, si les es impuesto ese cambio y ese no es el camino que se esta recorriendo. Como virtuosos jugadores del club Barcelona, los políticos de todas las partes se pasan la pelota con gran maestría, sacándosela de encima para darle la responsabilidad a los demás de las decisiones que deban tomarse. Que puede esperarse ahora que no sea mas de lo mismo? Los palestinos podrían tomar la iniciativa devolviendo a Guilad Shalit, consiguiendo a cambio la libertad de una gran cantidad de presos que hasta ahora Israel no desea entregar. Eso pondría nuevamente la pelota del lado Israelí, les daría un nuevo respaldo de la comunidad internacional y del presidente norteamericano. El gobierno americano podría presentar un real plan de desarrollo para los palestinos. Cosas concretas como industrias, salud, becas para educación, apoyo para organizar la seguridad interna para lograr que se terminen los asesinatos internos entre ambos bandos y otras medidas para mejorar de inmediato la vida de los habitantes de Gaza. Toda la ayuda recibida hasta ahora paso al Hamas, al aumento de su arsenal y de su poder. Por ello cualquier ayuda nueva debe asegurar su llegada al lugar correcto y por el intermediario o vía correcta. El gobierno israelí podría facilitar que estos planes se cumplan apoyando al cada vez menos moderado Mahmoud Abbas quien pierde apoyo interno con cada fracaso o lo perderá con cada concesión que realice. Permitir mayor volumen de entrada de insumos y mercaderías a la franja pero con los estrictos controles que garanticen la seguridad de Israel y sus habitantes. Estos y muchos otros pasos que podrían iniciar un real camino de cambios no se vislumbran en ninguna de las partes. Oriente Medio esta hoy como quien construye una casa sin un plano inicial para el proyecto. Primero se hace una habitación, luego se agrega otra, se pone una cocina y mas tarde otra habitación en cualquier sitio para luego destruir las primeras habitaciones porque ya no coinciden con lo que se hizo. Hace falta un plan realista con objetivos de mediano plazo aunque estos no sean en primera instancia los que logren el objetivo final. En las condiciones actuales ninguna propuesta será aceptada por la otra parte. Hay que cambiar esas condiciones, mejorarlas, hacer que en otra situación mejor que la actual haya mucha gente de ambos lados que crea que es posible lograr una meta mas ambiciosa. Este no es el momento de negociar una paz y un arreglo definitivo de la situación en Medio Oriente. Las partes no están preparadas para ello y por lo tanto dejemos de perder el tiempo en cosas que no van a suceder. Se deben invertir los recursos y el tiempo en cambiar la situación de las unidades de cada grupo o sea de los habitantes de cada parte. Si lo hacemos podremos en cierto tiempo volver al tema con los mismos actores que en condiciones diferentes puedan estar aptos a aceptar propuestas que hoy son solo quimeras. Ninguna de las partes aceptara en estos momentos ninguna propuesta que se haga y mucho menos si viene de la parte adversaria. El presidente Obama, Netanyahu, Abu Mazen y la comunidad internacional deben armar una estrategia conjunta a largo plazo, con pasos concretos, puntuales y realizables. Es necesario que se vayan cumpliendo uno a uno antes de hablar de los temas importantes y de fondo. Hoy no existe la confianza ni siquiera para esto y por lo tanto querer lograr las metas finales en estas circunstancias no es realista. Si las soluciones se imponen por la fuerza a cualquiera de las partes todo terminara en un nuevo fracaso. No debemos perder de vista que el objetivo final es la paz. Hay que trabajar mucho en forma coordinada para que las circunstancias cambien en determinado tiempo. Fácil decirlo y difícil de realizar, pero no hay que olvidar que el futuro es lo único que se puede cambiar.

DISCURSO COMPLETO DE OBAMA traducido al español

Discurso completo de Barack Hussein Obama en El Cairo (4 de junio 2009)
Por Guysen International News
Jueves 4 junio 2009 – 18:44
Gran expectativa ha creado el discurso del Presidente Barack Obama en El Cairo. Guysen International News le ofrece, en español, el texto completo del discurso del Presidente, señalando en negritas las partes ligadas a Israel y al conflicto Israélo-Palestino.

Es un honor para mí estar en la ciudad eterna de El Cairo, y tener como anfitriones a dos eminentes instituciones. Durante más de mil años, Al-Azhar ha sido un modelo de enseñanza islámica y durante más de un siglo, la Universidad de El Cairo ha sido una fuente de adelantos para Egipto. Juntas, representan la armonía entre la tradición y el progreso. Agradezco su hospitalidad y la hospitalidad del pueblo de Egipto. También es un orgullo para mí ser el portador de la buena voluntad del pueblo estadounidense y del saludo de paz de las comunidades musulmanas en mi país: salam aleicom (en árabe: Nota GIN).

Nos congregamos en un momento de tensión entre Estados Unidos y musulmanes alrededor del mundo, tensión arraigada en fuerzas históricas que van más allá de cualquier debate sobre política actual. La relación entre el Islam y el Occidente incluye siglos de coexistencia y cooperación, pero también conflictos y guerras religiosas. Recientemente, la tensión ha sido alimentada por el colonialismo que les negó derechos y oportunidades a muchos musulmanes, y una Guerra Fría en la que a menudo se utilizaba a los países de mayoría musulmana como agentes, sin tener en cuenta sus aspiraciones propias. Además, el cambio arrollador causado por la modernidad y la globalización han llevado a muchos musulmanes a considerar que el Occidente es hostil con las tradiciones del Islam.

Extremistas violentos se han aprovechado de estas tensiones entre una minoría pequeña pero capaz de musulmanes. Los ataques del 11 de septiembre del 2001 y los esfuerzos continuos de estos extremistas de actuar violentamente contra civiles han llevado a algunas personas en mi país a considerar al Islam inevitablemente hostil no sólo con Estados Unidos y los países del Occidente, sino también con los derechos humanos. Esto ha engendrado más temor y más desconfianza.

Mientras nuestra relación sea definida por nuestras diferencias, les otorgaremos poder a quienes siembran el odio en vez de la paz, y a quienes promueven el conflicto en vez de la cooperación que puede ayudar a todos nuestros pueblos a lograr la justicia y la prosperidad. Éste ciclo de suspicacia y discordia debe terminar.

He venido aquí a buscar un nuevo comienzo para Estados Unidos y musulmanes alrededor del mundo, que se base en intereses mutuos y el respeto mutuo; y que se base en el hecho de que Estados Unidos y el Islam no se excluyen mutuamente y no es necesario que compitan. Por el contrario: coinciden en parte y tienen principios comunes, principios de justicia, progreso, tolerancia y el respeto por la dignidad de todos los seres humanos.

Lo hago sabiendo que el cambio no puede suceder de la noche a la mañana. Ningún discurso por su cuenta puede acabar con años de desconfianza, ni puedo en el tiempo que tengo contestar todas las preguntas complejas que nos han traído a este momento. Pero estoy convencido que para progresar, debemos decir abiertamente lo que pensamos, y demasiadas veces, eso se dice solamente detrás de puertas cerradas. Debe haber un esfuerzo sostenido de escucharnos unos a los otros, de aprender unos de otros; de respetarnos unos a los otros, y de buscar terreno común. Como nos dice el Sagrado Corán, “Tengan conciencia de Dios y digan siempre la verdad”. Eso es lo que trataré de hacer: decir la verdad de la manera más clara posible, reconociendo humildemente la tarea que nos queda por delante, con la firme convicción de que los intereses que compartimos como seres humanos son mucho más poderosos que las fuerzas que nos dividen.

Parte de esta convicción está arraigada en mi propia experiencia. Soy cristiano, pero mi padre pertenecía a una familia en Kenia que incluye a varias generaciones de musulmanes. De niño, pasé varios años en Indonesia y escuché el llamado del Azán al amanecer y atardecer. De joven, trabajé en comunidades de Chicago donde muchos encontraban dignidad y paz en su religión musulmán.

Como estudioso de la historia, sé también que la civilización tiene una deuda con el Islam. Fue el Islam –en lugares como la Universidad Al-Azhar– el que llevó la antorcha del aprendizaje durante muchos siglos y preparó el camino para el Renacimiento y el Siglo de las Luces en Europa. Fueron las comunidades musulmanas las que inventaron nuestra brújula magnética y herramientas de navegación; las que desarrollaron el álgebra; nuestra pericia con la pluma y la impresión; nuestro entendimiento del proceso de contagio de las enfermedades y las formas de curarlas. La cultura islámica nos ha brindado majestuosos arcos y altísimas torres; poesía y música de eterna belleza; elegante caligrafía y lugares de contemplación pacífica. Y en toda la historia, el Islam ha demostrado por medio de sus palabras y actos las posibilidades de la tolerancia religiosa e igualdad de las razas.

Sé también que el Islam siempre ha sido parte de la historia de Estados Unidos. La primera nación en reconocer a mi país fue Marruecos. Al firmar el Tratado de Trípoli en 1796, nuestro segundo presidente, John Adams, escribió, “Estados Unidos no tiene ninguna enemistad con las leyes, religión o tranquilidad de los musulmanes”. Y desde nuestra fundación, los musulmanes estadounidenses han enriquecido a Estados Unidos. Lucharon en nuestras guerras, trabajaron para el gobierno, defendieron los derechos civiles, abrieron negocios, enseñaron en nuestras universidades, sobresalieron en nuestros estadios deportivos, ganaron premios Nóbel, construyeron nuestro más alto rascacielos y encendieron la antorcha olímpica. Y cuando el primer musulmán estadounidense fue elegido recientemente al Congreso y juró defender nuestra Constitución usó el mismo Sagrado Corán que uno de nuestros fundadores, Thomas Jefferson, tenía en su biblioteca personal.

Entonces, conocí el Islam en tres continentes antes de venir a la región donde fue originalmente revelado. Esa experiencia guía mi convicción de que esa alianza entre Estados Unidos y el Islam se debe basar en lo que es el Islam, no en lo que no es, y considero que es parte de mi responsabilidad como Presidente de Estados Unidos luchar contra los estereotipos negativos del Islam dondequiera que surjan.

Pero ese mismo principio debe aplicarse a la percepción musulmana de Estados Unidos. Así como los musulmanes no encajan en un estereotipo burdo, Estados Unidos no encaja en el estereotipo burdo de un imperio que se preocupa sólo de sus intereses. Los Estados Unidos ha sido una de las mayores fuentes del progreso que el mundo jamás haya conocido. Nacimos de una revolución contra un imperio. Fue fundado en base al ideal de que todos somos creados iguales, y hemos derramado sangre y luchado durante siglos para darles vida a esas palabras, dentro de nuestras fronteras y alrededor del mundo. Nuestra identidad se forjó con todas las culturas provenientes de todos los rincones de la Tierra, y estamos dedicados a un concepto simple: E pluribus unum: “De muchos, uno”.

Mucho se ha comentado del hecho de que un afroamericano con el nombre Barack Hussein Obama haya podido ser elegido Presidente. Pero mi historia no es tan singular. El sueño de oportunidades para todas las personas no se ha hecho realidad en todos los casos en Estados Unidos, pero la promesa todavía existe para todos los que llegan a nuestras costas, incluidos casi siete millones de musulmanes estadounidenses que hoy están en nuestro país y tienen ingresos y educación por encima del promedio. Es más, la libertad en Estados Unidos es indivisible de la libertad religiosa. Por eso hay una mezquita en todos los estados de nuestro país y más de 1,200 mezquitas dentro de nuestras fronteras. Por eso el gobierno de Estados Unidos recurrió a los tribunales para proteger el derecho de las mujeres y niñas a llevar el jiyab, y castigar a quienes se lo negaban.

Entonces, que no quepa la menor duda: el Islam es parte de Estados Unidos. Y considero que Estados Unidos es, en sí, la prueba de que todos, sin importar raza, religión o condición social, compartimos las mismas aspiraciones: paz y seguridad, educación y un trabajo digno, amar a nuestra familia, a nuestra comunidad y a nuestro Dios. Son cosas que tenemos en común. Esto anhela toda la humanidad.

Por supuesto, el reconocimiento de nuestra humanidad común es apenas el comienzo de nuestra tarea. Las palabras por sí solas no satisfacen las necesidades de nuestros pueblos. Estas necesidades solo se satisfacerán si actuamos audazmente en los próximos años. Y debemos actuar con el entendimiento de que la gente en todo el mundo enfrenta los mismos desafíos, y si fracasamos, las consecuencias nos perjudicarán a todos.

Pues hemos aprendido de acontecimientos recientes que cuando un sistema financiero se debilita en un país, hay menos prosperidad en todas partes. Cuando una nueva gripe infecta a un ser humano, todos estamos en peligro. Cuando una nación procura armas nucleares, todas las naciones corren mayor riesgo de un ataque nuclear. Cuando extremistas violentos operan en una franja montañosa, el peligro se cierne sobre gente al otro lado del océano. Y cuando personas inocentes en Bosnia y en Darfur son asesinados, sentimos un peso en nuestra conciencia colectiva. Eso es lo que significa compartir este mundo en el siglo XXI. Somos mutuamente responsables ante los demás seres humanos.

Ésa es una responsabilidad difícil de asumir. Ya que la historia de la humanidad ha sido a menudo una letanía de naciones y tribus que subyugan a otras para satisfacer sus propios intereses. Sin embargo, en esta nueva era, semejantes actitudes son contraproducentes. Debido a nuestra interdependencia, cualquier régimen en el mundo que eleve a una nación o grupo humano por encima de otro inevitablemente fracasará. Así que cualquiera sea nuestra opinión del pasado, no debemos ser prisioneros de él. Debemos solucionar nuestros problemas colaborando, debemos compartir nuestro progreso.

Eso no significa que debemos ignorar las fuentes de tensión. De hecho, sugiere que debemos hacer exactamente lo contrario: debemos enfrentar estas tensiones de frente. Y con esa intención, permítanme hablar de la manera más clara y transparente posible sobre algunos asuntos específicos que creo que debemos finalmente enfrentar juntos.

Lo primero que debemos encarar es el extremismo violento en todas sus formas.

En Ankara, dejé en claro que Estados Unidos no está y nunca estará en guerra contra el Islam. Sin embargo, les haremos frente sin descanso a los extremistas violentos que representan una grave amenaza para nuestra seguridad, porque rechazamos lo mismo que rechaza la gente de todos los credos: el asesinato de hombres, mujeres y niños inocentes. Y es mi deber principal como Presidente proteger al pueblo estadounidense.

La situación en Afganistán demuestra las metas de Estados Unidos y nuestra necesidad de trabajar juntos. Hace más de siete años, Estados Unidos tenía amplio apoyo internacional cuando fue en pos de Al Qaida y el Talibán. Ir allá no fue una opción; fue una necesidad. Y estoy consciente de que hay quienes cuestionan o justifican los acontecimientos del 11 de septiembre. Pero seamos claros: Al Qaida asesinó a casi 3,000 personas ese día. Las víctimas fueron hombres, mujeres y niños inocentes de los Estados Unidos y muchos otros países que no habían hecho nada para hacerle daño a nadie. Y sin embargo, Al Qaida los asesinó sin misericordia, se adjudicó responsabilidad por el ataque y aún ahora sigue declarando repetidamente su determinación de asesinar a gran escala. Tienen militantes en muchos países y están tratando de ampliar su alcance. Éstas no son opiniones para debatir, son hechos que debemos afrontar.

Y que quede claro: no queremos mantener a nuestras tropas en Afganistán. No queremos tener bases militares allá. Es doloroso para los Estados Unidos perder a nuestros jóvenes. Continuar este conflicto tiene un costo político y económico muy alto. De muy buena gana enviaríamos de regreso a casa a todas nuestras tropas si tuviéramos la certeza de que no hay extremistas violentos en Afganistán y Pakistán decididos a asesinar a todos los estadounidenses que puedan. Pero esa aún no es la situación.

Por eso estamos trabajando con una coalición de cuarenta y seis países. Y a pesar de los costos requeridos, el compromiso de los Estados Unidos no se debilitará. De hecho, ninguno de nosotros debe tolerar a estos extremistas. Han cometido asesinatos en muchos países. Han asesinado a gente de diferentes religiones, y más que nada, han asesinado a musulmanes. Sus actos son irreconciliables con los derechos de los seres humanos, el progreso de las naciones y el Islam. El Sagrado Corán enseña que quien mata a un inocente, mata a toda la humanidad; y quien salva a una persona, salva a toda la humanidad. La religión perdurable de más de mil millones de personas es mucho más fuerte que el odio intransigente de unos pocos. Islam no es parte del problema en la lucha contra el extremismo violento, es parte importante de avanzar la paz.

También sabemos que el poderío militar por sí solo no va a resolver los problemas en Afganistán y Pakistán. Por eso planeamos invertir $1,500 millones de dólares cada uno de los próximos cinco años, a fin de asociarnos con Pakistán para construir escuelas y hospitales, carreteras y empresas, y cientos de millones para ayudar a quienes han sido desplazados. Por eso estamos proporcionando más de $2,800 millones para ayudar al pueblo de Afganistán a desarrollar su economía y prestar servicios de los que depende la gente.

Permítanme también hablar del tema de Irak. A diferencia de Afganistán, nosotros elegimos ir a la guerra en Irak, y eso provocó fuerte antagonismo en mi país y alrededor del mundo. Aunque creo que, a fin de cuentas, el pueblo iraquí está mejor sin la tiranía de Sadam Husein, también creo que los acontecimientos en Irak han recordado a los Estados Unidos de Norteamerica que es necesario usar la diplomacia y promover consenso a nivel internacional para resolver nuestros problemas cuando sea posible. De hecho, podemos citar las palabras de Thomas Jefferson, quien dijo: “Espero que nuestra sabiduría aumente con nuestro poder y nos enseñe que cuanto menos usemos nuestro poder, éste se incrementará”.

Hoy, Estados Unidos tiene una doble responsabilidad: ayudar a Irak a forjar un mejor futuro y a dejar Irak en manos de los iraquíes. Le he dicho claramente al pueblo iraquí que no queremos bases militares y no queremos reclamar ninguna parte de su territorio ni de sus recursos. La soberanía de Irak es toda suya. Por eso ordené el retorno de nuestras brigadas de combate para el próximo agosto. Por eso cumpliremos con nuestro acuerdo con el gobierno de Irak, democráticamente elegido, de retirar nuestras tropas de combate de las ciudades iraquíes para julio y de retirar todas nuestras tropas de Irak para el 2012. Ayudaremos a Irak a capacitar a sus Fuerzas de Seguridad y a desarrollar su economía. Respaldaremos, como socio y jamás como patrón, a un Irak seguro y unido.

Y finalmente, así como Estados Unidos no puede tolerar la violencia a manos de extremistas, nunca debemos cambiar nuestros principios. El 11 de septiembre fue un trauma enorme para nuestro país. El temor y la ira que causó son comprensibles, pero en algunos casos, nos llevó a actuar en contra de nuestros ideales. Estamos tomando medidas concretas para cambiar de curso. He prohibido inequívocamente el uso de tortura por Estados Unidos y he ordenado que se clausure la prisión en la bahía de Guantánamo para comienzos del próximo año.

Entonces, Estados Unidos se defenderá, respetuoso de la soberanía de las naciones y el imperio de la ley. Y lo haremos en alianza con las comunidades musulmanas que también se ven amenazadas. Cuanto antes se aísle a los extremistas y no se les acepte en las comunidades musulmanas, más pronto estaremos todos más seguros.

La segunda fuente importante de tensión que necesitamos discutir es la situación entre los israelíes, palestinos y el mundo árabe.

Los estrechos vínculos de Estados Unidos con Israel son muy conocidos. Este vínculo es inquebrantable. Se basa en lazos culturales e históricos, y el reconocimiento de que el anhelo de un territorio judío está arraigado en una historia trágica que no se puede negar.

Alrededor del mundo, el pueblo judío fue perseguido durante siglos, y el antisemitismo en Europa culminó en un Holocausto sin precedente. Mañana, visitaré Buchenwald, que fue parte de una serie de campos donde los judíos fueron esclavizados, torturados, abaleados y asesinados en cámaras de gas por el Tercer Reich. Seis millones de judíos fueron aniquilados, más que toda la actual población judía de Israel. Negar ese hecho es infundado, ignorante y odioso. Amenazar a Israel con la destrucción o repetir viles estereotipos sobre los judíos son acciones profundamente equivocadas y sólo logran evocar entre los israelíes el más doloroso de los recuerdos y, a la vez, impedir la paz que los pobladores de la región merecen.

Por otro lado, también es innegable que el pueblo palestino –musulmanes y cristianos– también ha sufrido en la lucha por una patria. Durante más de sesenta años, han padecido el dolor del desplazamiento. Muchos esperan, en campamentos para refugiados en la Ribera Occidental, Gaza y tierras aledañas, una vida de paz y seguridad que nunca han tenido. Soportan las humillaciones diarias, grandes y pequeñas, que surgen de la ocupación. Entonces, que no quepa duda alguna: la situación para el pueblo palestino es intolerable. Estados Unidos no les dará la espalda a las aspiraciones legítimas de los palestinos de dignidad, oportunidades y un estado propio.

Durante décadas, el conflicto se ha quedado en tablas: dos pueblos con aspiraciones legítimas, cada uno con una dolorosa historia que hace difícil llegar a un acuerdo. Es fácil asignar la culpa, para los palestinos culpar el desplazamiento a raíz de la fundación de Israel, y para los israelíes culpar la hostilidad constante y los ataques llevados a cabo durante toda su historia por dentro y fuera de sus fronteras. Pero si vemos este conflicto solamente de un lado o del otro, entonces no podemos ver la verdad: la única resolución es que las aspiraciones de ambos lados las satisfagan dos estados, donde los israelíes y los palestinos tengan paz y seguridad.

Es de interés para Israel, es de interés para Palestina es de interés para Estados Unidos y de interés para el mundo entero. Es por eso que mi intención es personalmente abocarme a esta solución dedicando toda la paciencia que la tarea requiere. Las obligaciones que las partes acordaron conforme al plan son claras. Para que llegue la paz, es hora de que ellos –y todos nosotros– cumplamos con nuestras responsabilidades.

Los palestinos deben abandonar la violencia. La resistencia por medio de violencia y asesinatos está mal y no resulta exitosa. Durante siglos, las personas de raza negra en Estados Unidos sufrieron los azotes del látigo como esclavos y la humillación de la segregación. Pero no fue con violencia que lograron derechos plenos y equitativos. Fue con una insistencia pacífica y decidida en los ideales centrales de la fundación de Estados Unidos. Esta misma historia la pueden contar pueblos desde Sudáfrica hasta el sur de Asia; desde Europa Oriental hasta Indonesia. Es una historia con una verdad muy simple: la violencia es un callejón sin salida. No es señal de valentía ni fuerza el lanzar cohetes contra niños que duermen, ni hacer estallar ancianas en un autobús. Así no se obtiene autoridad moral; así se renuncia a ella.

Éste es el momento en que los palestinos se centren en lo que pueden construir. La Autoridad Palestina debe desarrollar su capacidad de gobernar, con instituciones que satisfagan las necesidades de su pueblo. Hamas cuenta con respaldo entre algunos palestinos, pero también tiene responsabilidades. Para desempeñar un papel en hacer realidad las aspiraciones de los palestinos, y unir al pueblo palestino, Hamas debe poner fin a la violencia, reconocer acuerdos pasados, y reconocer el derecho de Israel a existir.

Al mismo tiempo, los israelíes deben reconocer que así como no se puede negar el derecho de Israel a existir, tampoco se puede negar el de Palestina. Estados Unidos no acepta la legitimidad de más asentamientos israelíes. Dicha construcción viola acuerdos previos y menoscaba los esfuerzos por lograr la paz. Es hora de que cesen dichos asentamientos.

Israel también debe cumplir con sus obligaciones de asegurarse de que los palestinos puedan vivir y trabajar y desarrollar su sociedad. Y asi como es de devastadora para familias palestinas, la crisis humanitaria en Gaza que continua no contribuye a la seguridad de Israel, ni tampoco lo hace la falta de oportunidades en la Ribera Occidental. El progreso en la vida cotidiana del pueblo palestino debe ser parte del camino hacia la paz, e Israel debe tomar pasos concretos para permitir ese progreso. Finalmente, los estados árabes deben reconocer que la Iniciativa Árabe de Paz fue un punto de partida importante, pero no el fin de sus responsabilidades. El conflicto árabe-israelí ya no debe ser usado para distraer a los pobladores de los países árabes y disimular la existencia de otros problemas. Más bien, debe dar lugar a medidas para ayudar al pueblo palestino a desarrollar las instituciones que sustenten su estado; a reconocer la legitimidad de Israel, y a optar por el progreso por encima de la contraproducente atención al pasado.

Estados Unidos alinearemos nuestra política con quienes buscan la paz, y diremos en público las cosas que les decimos en privado a los israelíes y palestinos y árabes. No podemos imponer la paz. Pero en privado, muchos musulmanes reconocen que Israel no desaparecerá. Asimismo, muchos israelíes reconocen la necesidad de un estado palestino. Es hora de actuar basado en lo que todos sabemos es cierto.

Se han derramado demasiadas lágrimas. Se ha derramado demasiada sangre. Todos nosotros tenemos la responsabilidad de trabajar para que llegue el día en que las madres de israelíes y palestinos puedan ver a sus hijos crecer sin temor; cuando la Tierra Santa de tres grandes religiones sea el lugar de paz que Dios se propuso que fuera; cuando judíos y cristianos y musulmanes puedan tener en Jerusalén un hogar seguro y perdurable, y un lugar donde todos los hijos de Abraham fraternicen pacíficamente como en la historia del Isrá, cuando se unieron para orar Moisés, Jesús y Mahoma (que la paz esté con ellos).

La tercera fuente de tensión es nuestro interés compartido en los derechos y responsabilidades de los países con relación a las armas nucleares.

v Este asunto ha sido una fuente de tensión en particular entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán. Durante muchos años, Irán se ha definido en parte por su oposición a mi país, y de hecho, la historia entre nosotros ha sido tumultuosa. En medio de la Guerra Fría, Estados Unidos desempeñó un papel en el derrocamiento de un gobierno iraní elegido democráticamente. Desde la Revolución Islámica, Irán ha desempeñado un papel en secuestros y actos de violencia contra militares y civiles estadounidenses. Esta historia es muy conocida. En vez de permanecer atrapados en el pasado, les he dejado en claro a los líderes y al pueblo de Irán que mi país está dispuesto a dejar eso atrás. La cuestión ahora no es a qué se opone Irán, sino más bien, qué futuro quiere forjar.

Será dificil superar decadas de desconfianza, pero avanzaremos con valentía, rectitud, y convicción. Habrán muchos temas que discutir entre nuestros dos países, y estamos dispuestos a seguir adelante sin precondiciones basados en un respeto mutuo. Pero no hay duda para quienes se ven afectados, que en cuanto a las armas nucleares, hemos llegado a un punto decisivo. Esto no es simplemente cuestión de los intereses de Estados Unidos. Esto es cuestión de evitar una carrera de armas nucleares en el Oriente Medio que podría llevar a esta región por un camino sumamente peligroso.

Comprendo a quienes protestan que algunos países tengan armas que otros no tienen. Ningún país por su cuenta debe escoger cuáles países deben tener armas nucleares. Es por eso que he reafirmado firmemente el compromiso de Estados Unidos de procurar un mundo en el que ningún país tenga armas nucleares. Y todo país –incluido Irán– debe tener el derecho de utilizar energía nuclear pacífica si cumple con sus responsabilidades conforme al Tratado de No Proliferación Nuclear. Ese compromiso es esencial en el tratado, y todos los que lo ratifican deben cumplirlo sin falta. Y tengo la esperanza de que todos los países en la región puedan compartir en este objetivo.

El cuarto asunto que deseo tratar es la democracia.

Sé que ha habido una polémica sobre la promoción de la democracia en años recientes y que gran parte de dicha controversia tiene que ver con la guerra en Irak. Entonces, permítanme ser claro: ninguna nación puede ni debe imponer un sistema de gobierno a una nación.

Eso no disminuye mi compromiso, sin embargo, con los gobiernos que reflejan la voluntad del pueblo. En cada nación, este principio cobra vida a su manera, en base a las tradiciones de su propia gente. Estados Unidos no pretende saber lo que es mejor para todos, así como no pretenderíamos determinar el resultado de elecciones pacíficas. Pero sí tengo una convicción inquebrantable en que todas las personas anhelan ciertas cosas: la posibilidad de expresarse libremente y tener voz y voto en la forma de gobierno; la confianza en el estado de derecho e imparcialidad de la justicia; un gobierno transparente que no le robe a su gente; la libertad de vivir según escoja cada uno. Éstas no son solo ideas estadounidenses, son derechos humanos, y es por eso que nosostros los apoyaremos en todas partes.

No existe un camino directo para alcanzar esta promesa. Pero no hay duda de esto: los gobiernos que protegen estos derechos, a fin de cuentas, son más estables, exitosos y seguros. La supresión de ideas nunca logra hacer que desaparezcan. Estados Unidos valora el derecho de todas las voces pacíficas y respetuosas de la ley de ser escuchadas en todo el mundo, incluso si discrepamos con ellas. Y acogeremos a todos los gobiernos electos y pacíficos, siempre que gobiernen respetando a toda su gente.

Este último punto es importante porque hay quienes abogan por la democracia solo cuando no están en el poder, y ya en el poder, no tienen misericordia al buscar la supresión de los derechos de otros. No obstante donde ocurra, el gobierno del pueblo y por el pueblo establece un solo estándar para quienes están en el poder: deben mantener su poder a través del consentimiento, no la coerción; deben respetar los derechos de las minorías y participar basado en la tolerancia y el consenso; deben poner los intereses de su pueblo y los procesos políticos legítimos por encima de su partido. Sin estos ingredientes, elecciones por su cuenta no resultan en verdadera democracia.

El quinto asunto que debemos encarar juntos es la libertad religiosa.

El Islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia. Lo vemos en la historia de Andalucía y Córdoba durante la Inquisición. Lo vi con mis propios ojos de niño en Indonesia, donde los cristianos devotos practicaban su religión libremente en un país predominantemente musulmán. Ése es el espíritu que necesitamos hoy. Las personas de todos los países deberían ser libres de escoger su religión y llevar una vida como lo dicte su mente, corazón y alma. Esta tolerancia es esencial para que la religión prospere, pero está siendo atropellada de muchas maneras diferentes.

Entre algunos musulmanes, hay una tendencia preocupante de medir las creencias propias en base al rechazo de las de los demás. La riqueza de la diversidad religiosa debe defenderse, ya sea por los maronitas del Líbano, o los coptos en Egipto. Y también se deben cerrar las divisiones entre musulmanes, ya que la separación entre suníes y chiítas ha resultado en trágica violencia, particularmente en Irak.

La libertad de religión es fundamental para que los pueblos puedan convivir. Siempre debemos examinar las formas en que la protegemos. Por ejemplo, en Estados Unidos, las normas sobre los donativos benéficos han hecho que sea más difícil que los musulmanes cumplan con su obligación religiosa de zakat. Es por eso que me he comprometido a trabajar con los musulmanes estadounidenses para asegurar de que puedan cumplir con el zakat.

Asimismo, es importante que países del Occidente eviten impedir que los ciudadanos musulmanes puedan practicar su religión como les parezca, por ejemplo, dictando qué ropa deben usar las mujeres musulmanas. No podemos esconder la hostilidad hacia cualquier religión con el pretexto del liberalismo.

De hecho, la fe nos debe unir. Por eso estamos forjando proyectos de servicio en Estados Unidos que reúnan a cristianos, musulmanes y judíos. Por eso acogemos los esfuerzos como el Diálogo Interreligioso del rey Abdullah de Arabia Saudita y el liderazgo de Turquía en la Alianza de Civilizaciones. Alrededor del mundo, podemos convertir el diálogo en servicio interreligioso, para que los puentes entre los pueblos lleven a actos, ya sea al combatir la malaria en África o proporcionar socorro tras una catástrofe natural.

El sexto asunto que deseo abordar son los derechos de la mujer.

Sé que existe debate sobre este tema. Rechazo el punto de vista de algunas personas en Occidente de que la mujer que opta por cubrir su cabello es, de cierta manera, menos igual, pero sí creo que a una mujer a la que se le niega educación se le niega la igualdad. Y no es coincidencia que los países donde las mujeres cuentan con una buena educación tienen bastante más probabilidades de ser prósperos.

Y permítanme ser claro: los problemas relativos a la igualdad de la mujer no solamente ocurren en el Islam. En Turquía, Pakistán, Bangladesh e Indonesia, hemos visto a países de mayoría musulmana elegir a una mujer como líder. A la vez, la lucha por la igualdad de las mujeres continua en muchos aspectos de la vida estadounidense, y en países alrededor del mundo.

Nuestras hijas pueden contribuir tanto a la sociedad como nuestros hijos, y nuestra prosperidad común se puede promover si permitimos a toda la humanidad – hombres y mujeres – a lograr su potencial entero. Yo no creo que las mujeres tengan que tomar las mismas decisiones que los hombres para lograr la igualdad, y respeto a las mujeres que escogen vivir sus vidas de manera tradicional. Pero debe ser por decisión propia. Por eso Estados Unidos se asociará con cualquier país de mayoría musulmana para apoyar mayor alfabetización de las niñas, y para ayudar a las jóvenes a buscar empleo por medio del microfinanciamiento, que ayuda a la gente a hacer sus sueños realidad.

Finalmente, deseo hablar sobre el desarrollo económico y las oportunidades.

Sé que para muchos, la faz de la globalización es contradictoria. El Internet y la televisión pueden traer conocimientos e información, pero también sexualidad ofensiva y violencia irracional. El comercio puede traer nueva riqueza y oportunidades, pero también enormes alteraciones y cambios para las comunidades. En todos los países –incluido el mío– este cambio puede producir temor. El temor de que la modernidad significará perder el control de nuestras opciones económicas, nuestra política y, lo más importante, nuestra identidad, lo que más apreciamos de nuestras comunidades, nuestras familias, nuestras tradiciones y nuestra fe.

Pero también sé que el progreso humano no se puede negar. No hay necesidad de que el desarrollo y la tradición se contradigan. Países como Japón y Corea del Sur lograron el crecimiento de su economía y a la vez mantuvieron culturas singulares. Ése también es el caso del asombroso progreso dentro de países de mayoría musulmana desde Kuala Lumpur hasta Dubai. En la antigüedad y en nuestros tiempos, comunidades musulmanas han estado a la vanguardia de la innovación y la educación.

Esto es importante porque ninguna estrategia de desarrollo se puede basar solamente en lo que sale de la tierra, ni se puede sostener mientras los jóvenes están desempleados. Muchos países del golfo han gozado de enorme riqueza como consecuencia del petróleo, y algunos están comenzando a concentrarse en un desarrollo más extenso. Pero todos nosotros debemos reconocer que la educación e innovación serán la moneda del siglo XXI, y en demasiadas comunidades musulmanas se mantiene una inversión inadecuada en estas areas. Estoy poniendo énfasis en semejantes inversiones dentro de mi país. Y aunque Estados Unidos en el pasado se ha concentrado en el petróleo y gas en esta región del mundo, ahora buscamos una relación más amplia.

Con respecto a la educación, ampliaremos los programas de intercambio y aumentaremos las becas, como la que llevó a mi padre a Estados Unidos, y a la vez alentaremos a más estadounidenses a estudiar en comunidades musulmanas. Y encontraremos becas en Estados Unidos apropiadas para estudiantes musulmanes prometedores; invertiremos en la enseñanza por Internet para maestros y niños de todo el mundo, y crearemos una nueva red de Internet, de manera que un adolescente en Kansas se pueda comunicar instantáneamente con un adolescente en El Cairo.

Con respecto al desarrollo económico, crearemos un nuevo cuerpo de empresarios voluntarios para contactarlos con colegas en países de mayoría musulmana. Y presidiré una Cumbre sobre Iniciativa Empresarial este año para identificar formas de afianzar vínculos entre líderes empresariales, fundaciones y empresarios sociales en Estados Unidos y las comunidades musulmanas alrededor del mundo.

En cuanto a ciencia y tecnología, crearemos un nuevo fondo para apoyar el desarrollo tecnológico en los países de mayoría musulmana, y para ayudar a transferir ideas al mercado de manera que puedan generar empleos. Abriremos centros de excelencia científica en África, el Oriente Medio y el sudeste asiático, y nombraremos a nuevos delegados de ciencias para que colaboren en programas que desarrollen nuevas fuentes de energía, generen empleos verdes, digitalicen archivos, purifiquen el agua y produzcan nuevos cultivos.

Y hoy estoy anunciando una nueva campaña global con la Organización de la Conferencia Islámica para erradicar la poliomielitis y expandiremos sociedades con comunidades musulmanas a fin de promover la salud infantil y materna.

Todas estas cosas se deben hacer conjuntamente. Los estadounidenses están listos para unirse a ciudadanos y gobiernos; organizaciones comunitarias, líderes religiosos y empresas en comunidades musulmanas alrededor del mundo para ayudar a nuestra gente lograr una vida mejor.

No será fácil abordar los asuntos que he mencionado. Pero tenemos la responsabilidad de unirnos para beneficio del mundo que queremos hacer realidad: un mundo donde los extremistas ya no amenacen a nuestros pueblos y los soldados estadounidenses puedan regresar a casa; un mundo donde tanto israelíes como palestinos tengan seguridad en un estado propio, y la energía nuclear se use para fines pacíficos; un mundo donde los gobiernos estén al servicio de sus ciudadanos y se respeten los derechos de todos los hijos de Dios. Esos son intereses mutuos. Ése es el mundo que queremos. Pero sólo lo podemos lograr juntos.

Sé que hay muchos, musulmanes y no-musulmanes, que cuestionan si podemos lograr este nuevo comienzo. Hay quienes están ansiosos por avivar las llamas de la división e impedir el progreso. Hay quienes sugieren que no vale la pena; alegan que estamos destinados a discrepar y las civilizaciones están condenadas a tener conflictos. El escepticismo embarga a muchos más. Hay tanto temor, tanta desconfianza. Pero si optamos por ser prisioneros del pasado, entonces nunca avanzaremos.

Todos nosotros compartimos este mundo sólo por un breve periodo. El asunto es si vamos a pasar este tiempo centrados en lo que nos separa o si nos comprometeremos a realizar un esfuerzo –un esfuerzo sostenido– con el fin de encontrar terreno común, de concentrarnos en el futuro que queremos para nuestros hijos y de respetar la dignidad de todos los seres humanos.

Es más fácil comenzar guerras que llevarlas a su fin. Es más fácil culpar a otros que mirar hacia adentro, ver las diferencias en los demás que las semejanzas. Pero debemos escoger el camino correcto, no el camino fácil. También hay una regla central en toda religión: Tratar a los demás como uno quisiera ser tratado. Esta verdad trasciende naciones y pueblos, y no es una convicción nueva; no es negra ni blanca ni morena; no es cristiana ni musulmana ni judía. Es una creencia que latía en los orígenes de la civilización y que aún late en el corazón de miles de millones. Es la fe en los demás, y es lo que me trajo hoy aquí.

Tenemos el poder de crear el mundo que queremos, pero sólo si tenemos la valentía de crear un nuevo comienzo, teniendo en mente lo que está escrito.

El Sagrado Corán nos dice, “O humanidad! Los hemos creado hombres y mujeres, y los hemos agrupado en naciones y tribus con tal de que se conozcan el uno al otro”.

El Talmud nos dice: “Todo el Tora tiene como propósito promover la paz”.

La Santa Biblia nos dice, “Benditos los que promueven la paz; ellos se llamarán hijos de Dios”.

Los pueblos del mundo pueden vivir juntos y en paz. Sabemos que ésa es la visión de Dios. Ahora, ésa debe ser nuestra labor aquí en la Tierra. Gracias. Y que la paz de Dios esté con ustedes.

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HAY QUE DIVIDIR PARIS

Bernardo Ptasevich, ciudadano israelí, declara que Paris debe ser dividida y compartida con los países vecinos que instalaran allí sus capitales. Muchos miles de ciudadanos israelíes apoyan esta iniciativa.

Sin embargo esta declaración no tiene validez alguna, no va a ser leída en Francia, no será parte de debates ni foros, no será tomada por los medios y solo quedara como texto de esta nota. Del mismo modo pasara con las declaraciones del vocero del Ministro de Asuntos Exteriores de Francia. Frederic Desagneaux que ha declarado a los medios y por supuesto estos lo han difundido como noticia importante que Israel debe dividir Jerusalén para dar lugar a la creación de la capital de un futuro estado palestino. Los políticos, gobernantes y periodistas de varios países resuelven a menudo otorgar o regalar cosas en las que no tienen ninguna ingerencia. Lo promueven a diestra y siniestra para quedar bien con el mundo islámico y posicionarse ante un posible futuro acuerdo de paz, aunque por el momento esta posibilidad se encuentra a años luz de ser concretada. A nadie se le ocurre ceder, regalar ni ofrecer lo suyo, todos dan lo que no les pertenece. Así como considero que es mas fácil escribir sobre los diferentes temas (como los periodistas y yo lo hacemos) que estar dentro de los problemas que comentamos y decidir sobre ellos para felicidad o desdicha de los habitantes del mundo, entregar lo que no nos pertenece es absolutamente fácil y sin costo alguno. A lo sumo obtendrán algunas críticas o el beneplácito de millones de Islamistas que ven como poco a poco van doblegando las opiniones, infiltrando sus demandas en los gobiernos y consiguiendo socios que les ayuden a conseguir sus propósitos. Esta claro que los judíos no desean dividir Jerusalén, que la gran mayoría no desea hacerlo. Es posible que mas adelante en pos de una posibilidad de paz o por decisiones de políticos que no consultaran (como no lo hacen en ningún asunto de importancia capital para todos nosotros) haya algún pequeño cambio sobre el tema. El problema demográfico con creciente número de árabes en Israel y la necesidad de desvincularse de la administración y responsabilidad sobre esos pobladores que hoy tiene el Estado Judío influirán con seguridad sobre este asunto. Pero por más que opinen todos aquellos que ocupan cargos en otros países del mundo, no serán ellos los que resuelvan nuestro futuro. Las decisiones o posturas al respecto son tema exclusivo de Israel, sus ciudadanos y su gobierno. En todo caso los palestinos como reclamantes que aspiran a obtener una parte de la Ciudad Santa serian los únicos que podrían hacer algún planteo y nunca por medio de la violencia. Cuando no hay suficientes razones, cuando no hay suficiente poder político ni militar, cuando tener su estado no es su principal objetivo sino tener impunidad para sus actos, cuando en realidad obtener un poco de Jerusalén es parte del plan de arrojar a los judíos al mar y quedarse con toda la tierra de Israel junto con la vida de sus habitantes, se hace necesario que los adulones y servidores de siempre abran su boca al mundo diciendo que Jerusalén debe ser dividida. Ellos no conocen el problema, no lo viven a diario y no tienen derechos en este asunto. Sin embargo resuenan sus reclamos sin más argumentos que sus deseos, pregonando en los medios y en cuanto foro les permita la entrega de pertenencias ajenas. Por ello, mi declaración inicial es casi una sátira para poner en evidencia lo evidente. Que uno o miles de ciudadanos israelíes quieran partir la capital de Francia para entregar la mitad a sus vecinos no tiene ninguna importancia, o tiene la misma que las declaraciones del vocero del Ministro de Relaciones Exteriores francés. Israel va a defender su existencia, pese a quien le pese. Si alguna vez cede algún territorio esperemos que los políticos acierten y sea a cambio de una verdadera y duradera paz con seguridad y sin mentiras. Como por el momento no se vislumbra, no hay que poner el tema de Jerusalén en el tapete. No comparto la mayoría de las ideas de Netaniahu sobre todo en su concepción económica, pero hay que ser responsables. Cuando el presidente B.Obama le hablo en la reciente reunión sobre el tema de los asentamientos, su respuesta merece nuestro respaldo. “Los palestinos deberían haber abandonado las armas y la violencia y no lo han hecho” a lo que yo agrego, ni tienen intenciones de hacerlo porque no es de su interés. La interpretación de esa respuesta es que no tenemos que seguir haciendo concesiones para conseguir cosas que deberían producirse antes de que nosotros entremos en conversaciones de paz. Nunca han cumplido nada y no se negocia con quien no cumple lo acordado. Nuestro soldado Guilad Shalit sigue sin ser liberado aun con un Israel dispuesto a liberar miles de presos peligrosos, Hamas no abandonara sus postulados, Nasrala no entregara sus armas, no dejaran de tirar misiles a los civiles israelies de Sderot y alrrededores, si no fuera por los esfuerzos de prevención israelí los atentados estarían vigentes y a la orden del día. Pero sobre todo lo fundamental es que no ha cambiado ni cambiara el pensamiento, la doctrina, los postulados y las bases de la existencia de sus organizaciones que tienen como pilar fundamental eliminar a Israel. Soy pacifista pero no se puede trabajar por la paz con cuentos, mentiras y falsas promesas. Primero cambien eso y luego vengan a mi casa a tomar un café. Primero eliminen sus premisas de aniquilación de los judíos y luego hablen de paz con nuestros gobiernos. Dejemos de hacerles el juego! Como se negocia la paz con quien solo quiere sacar ventajas para seguir con la guerra, con la guerra sucia del terrorismo? Basta de trabajar para la prensa, el mensaje tiene que ser claro. No solo no hay paz sino que no hay conversaciones de paz hasta que no cambien lo que tienen que cambiar. De otro modo cualquier acuerdo de paz sera provisorio, un negocio para rearmar el terror,un negocio para lideres de muchos países que se mantienen en sus puestos trabajando para esta mentira en la situación actual. El ir y venir del presidente B. Obama tampoco ayuda demasiado. Querer quedar bien con dios y con el diablo, dar un discurso para cada platea y el exigir concesiones previas solo a Israel no lograra ningún avance en el proceso. Ejerza la misma presión no solo para desarmar asentamientos o hablar de Jerusalén, sino también para desarmar a los terroristas, para vaciar de Misiles la franja de Gaza, para que Hezbola devuelva sus armas y para que Irán abandone su proyecto atómico.Si lo hace responderemos positivamente con acciones, que aunque nos cueste tragar saliva y mordernos los labios realizaremos sin dudar en pos de una paz verdadera.

Bernardo Ptasevich Israel, 23 de mayo de 2009

El futuro es lo unico que se puede cambiar.


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