ENTRE LA VERDAD Y LA MENTIRA
El mundo ya no será igual al del pasado
Existe un antes y un después de las
filtraciones de WikiLeaks
Julián Assange nos ha puesto entre la espada y la pared, entre la verdad y la mentira, entre lo real y lo falso. Ha puesto a prueba nuestros valores y nuestros principios. Aun sin poder determinar si es digno de nuestra confianza, no hay duda que lo que nos ha mostrado es lo peor del submundo de las relaciones internacionales. Ha rebatido normas que muchas veces hemos tomado como verdades absolutas, que han regido nuestra vida y nuestras decisiones en todos los terrenos y todos los temas. Nadie que sea salpicado por las impactantes revelaciones que hay en los archivos que ya se conocen y otros que se conocerán muy pronto podrá salir impune.
Los ciudadanos del mundo cuyos Gobiernos, dirigentes o países estén involucrados en la información debemos tomar decisiones y una posición que no va a ser fácil. Podemos hacer como la Sra. Hillary Clinton o el Gobierno de los Estados Unidos y perseguir al mensajero. Podemos cerrar los ojos y dejar que hablen, por eso de que: “Ladran Sancho,… señal que cabalgamos”.
Podemos seguir adelante cueste lo que cueste sin importarnos si está bien o está mal lo que hacemos o lo que hicimos, o podemos aprovechar la oportunidad para vernos en el espejo. Siempre que lo filtrado sea cierto podemos intentar reconocer y mejorar nuestros actos y nuestras actitudes.
Sabíamos a ciencia cierta cuál era la forma en que se manejaba la política del mundo pero no teníamos elementos que lo confirmen y tampoco armas para hacerle frente, para cambiar los métodos y eliminar los entretelones de la cocina diplomática. WikiLeaks y cientos o miles de sus seguidores en el mundo han encontrado el método, por cierto nada ortodoxos, posiblemente ni siquiera legales, de desenmascarar la falsedad para mostrarnos la realidad.
Crece cada día más el clamor y la necesidad de un poder mundial menos secreto, más transparente, más honesto y más humano. El mundo, evidentemente, ya no será el mismo.
Habrá un antes y un después de las filtraciones de WikiLeaks. El antes lo vimos y lo seguiremos viendo en los documentos publicados. El después depende de nosotros, de todos nosotros. Las presiones internacionales, detenciones de colaboradores, y otras medidas de persecución han logrado por ahora que Daniel Schmit y otros colaboradores del sitio se distancien o por lo menos quieran mostrar esa situación a sus detractores poderosos para poner a salvo los documentos aún no expuestos. Han abierto un nuevo portal donde prometen seguir adelante sin importar lo que pueda pasar con J. Assange.
Muchos usuarios también abrieron sitios similares donde almacenaron el material asegurando su llegada al público. De todas formas, ya no hay marcha atrás.
Los documentos están distribuidos de tal manera que ni las amenazas de la Justicia de los Estados Unidos podrán parar. El titular de WikiLeaks ha previsto todos los detalles sabiendo que sería perseguido y por ello decidió entregar tanto material de una sola vez a varios medios de prensa de los más prestigiosos del mundo. De nada valdrán las denuncias que promueve la Justicia sueca con un interés y una perseverancia jamás vista para deportar a un individuo por haber hecho el amor sin preservativo o porque otro se haya roto durante la relación sexual. Hay miles de terroristas sueltos que no son tan perseguidos y ni siquiera son deportados cuando se los atrapa.
De nada valdrán las amenazas de muerte que recibe aunque él sabe bien que ahora tiene muchos enemigos poderosos y no está seguro en ningún sitio.
El sitio Amazon ha dejado de hospedar el sitio WikiLeaks cediendo a la presión y defendiendo sus intereses empresarios. El Bank of América exteriorizo su histeria ante la posibilidad de que se descubran muchas maniobras fraudulentas que podrían dejarlo en bancarrota. Muchas páginas aconsejan desde hace días retirar los depósitos de esa institución o dejar de hacer negocios con él, lo que por sí solo puede hacer caer el banco antes de las revelaciones.
Pero el resto del sistema financiero no la tiene fácil, ningún banco opera solo, todos hacen negocios en conjunto y usan las mismas metodologías. No se sabe hasta dónde pueden llegar las consecuencias y hasta puede producirse otro gran desastre mundial en el mundo de las finanzas. Otra vez tenemos que elegir entre cerrar los ojos y que todo siga igual aunque no sea legal, aunque no sea correcto, o asumir las consecuencias de la realidad que conoceremos y ajustarnos a ellas aunque nos toque perder, aunque nuestra vida deje de estar llena de luces de colores producidas por créditos y dinero inventado.
Las empresas de tarjetas de crédito no son ajenas. Muchas de ellas pertenecen a los mismos bancos o trabajan en conjunto con ellos y están viendo claramente que serán afectadas en buena medida. Por ello han dejado de recibir donaciones y de transferir fondos a quien fuera su cliente y es hoy su enemigo.
Todos quieren destruir a WikiLeaks, todos quieren desacreditar a Julian Assange, pero no han notado que se ha puesto a rodar una bola de nieve que no se detendrá y que por el contrario crecerá más rápidamente a medida que ataquen a la fuente de las informaciones. Nos toca a todos analizar y decidir si vamos por el lado de la verdad o por la defensa a ultranza de nuestros intereses privados.
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