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28 Agosto 2010 | Por lorensanchis | Claves: brigada, brigadista, café, contra, internacionalista, matagalpa, nicaragua, revolucion, sanchis, sandinismo, sandinista, solidaridad, upe, upe matagalpa | # Enlace permanente
Matagalpa, Nicaragua, 1989.
18 de agosto
Desde hace dos semanas, la brigada «roja y negra » sigue la construcción de un Centro Infantil Rural en la UPE Santa Josefina en el departamento de Matagalpa. Varias brigadas internacionalistas participaron a la realización de este proyecto. Ahora cuatro brigadas trabajan en la última fase de la obra: dos brigadas francesas, una brigada vasca y una brigada nica constituida por trabajadores de ENABUS, la empresa de transportes urbanos de Managua.
El clima de las montañas matagalpinas es más soportable que la franja pacifica aplastada sin piedad por el sol o Managua que sofoca contra el lago. La experiencia sandinista y el trabajo colectivo nos entusiasman. Durante cinco años, Nicaragua, fue para mí esta foto de milicianos sonrientes que había recortado en un periódico y pegado en la pared de mi cuarto. Ahora, ya estoy allí! Escucho el viento en los arboles, miro los alumnos uniformados, los zopilotes que dan vuelta en el cielo, las nubes cargadas de lluvia, los camiones y los helicópteros soviéticos, los mangos, el pinol forman parte de mi sueño.
Los franceses y los vascos estaban encargados de terminar el centro infantil con las orientaciones de trabajadores nicaragüenses. Así, este centro podrá atender a los hijos de los trabajadores de la UPE. Santa Josefina era un caserío que contaba con una docena de casas de ladrillo construidas para los trabajadores agrícolas desde que el terrateniente había sido expulsado por la Revolución. Nos contaron que el propietario saboteaba la producción dejando al abandono varias áreas de producción de café. La vida cotidiana estaba ritmada entre la obra, a veces transformada en asamblea general, las mil y una reuniones, los tiempos de comida donde seguían las discusiones apasionadas acerca de la Revolución, se evocaba la libertad vasca, el deseo de comer carne o saborear una botellita de vino. A veces, la obra estaba parada por falta de material. Entonces, nos repartíamos para trabajar en otras comunidades, como la Pintada o nos juntábamos a la brigada ENABUS para limpiar el cafetal y cortar árboles. Nuestra alegría siempre vencía al cansancio. Teníamos la sensación de participar a la edificación de una sociedad más justa. El mito del Hombre Nuevo que había forjado la generación de combatientes del Frente todavía era palpable en estas montañas. No sentíamos el peso de la guerra implacable que se desarrollaba en la cordillera o por la frontera… solo mirábamos pasar camiones del Ejército Popular o de vez en cuando, los helicópteros pesados que abastecían o apoyaban a las tropas.

Camion del EPS saliendo de Matagalpa.
Al final de la segunda semana, la brigada vasca nos invito a compartir un trago en la tarde para despedirnos de un dirigente que volvia a Euskadi. Cuando llegamos, los compañeros se levataron y entonaron un canto muy bello. Ahora cuando escucho el himno vasco siempre lo asocio con la montañas verdes y humedas de Matagalpa. Como siempre, las discusiones rafaguearon mezclando temas graves y bromas. Desde varios días, el ambiente se volvió mas pesado en la UPE. Observamos las idas y vueltas de los responsables de la brigada nica a Matagalpa para reunirse con la central sindical y las autoridades de planificación.
La madrugada anterior, cuando se formaban los grupos que se iban al cafetal, Ramón Ortega se me acerco para decirme que pronto se iba a reducir de forma drástica el número de trabajadores en la UPE. Desde 1988, el gobierno opero una serie de « compactaciones » en el sector público… Se pagaba así los millones de córdobas destinados a la guerra y los errores económicos; el país iba mal, lo sabíamos pero puta, seguía el entusiasmo o así lo miraba yo a medida que se acercaban las próximas elecciones. Esto, esta Revolución no podía quebrarse, estaba bien segurito de esto! Ramón me dijo con su voz suave que la brigada ENABUS iba a trasladarse en la quinta región, Chontales, una zona donde la Contra seguía fuerte.
Esta tarde, nadie trabajo. Los brigadistas aprovecharon este receso para discutir como siempre sentados cerca del edificio en construcción, otro grupito al cual me sume paso de casa en casa para saludar… y pedir un poco de comida o un traguito. Una radio resuena pero la melodía está cubierta por las risas y una guitarra. Adolfo y Juan Carlos bromean a cada rato, las risas estallan al momento de sacar fotos, recuerdos de estos días en la montaña. Ya se acerca la hora de regresar a Matagalpa, nuestro responsable nos llama varias veces pero con David, decidimos quedarnos en la UPE. Son los últimos días de la brigada nica en la zona y queremos compartirlos con ellos.

Compañero Ramon Ortega Guillen, responsable de la Brigada ENABUS.
Como a las tres de la tarde, antes que la lluvia complicara el transito, un Kamaz azul se aparca cerca del galerón donde duermen las dos brigadas francesas. Nuestro coordinador, Walter nos llama para subirnos y así llegar a Matagalpa antes que anocheciera. Nosotros, aprovechamos el transporte para ir a la Pintada, un caserío cercano donde reparamos unos días antes, una linda presa de agua con una cascada maravillosa cercada de arboles y de rocas. Durante el camino, cantamos como siempre: el himno del Frente, « la jeune garde », el canto de la Unidad… Cuando el camión entra en la Pintada, con David saltamos y lo dejamos alejarse, los compas se pierden en el polvo de la carretera. Que alegría! Estamos solos en la montaña! Agarramos un caminito cerca unas baracas y llegamos a la cascada.
Allí si que nos lavamos bien. Cambiaba del pozo de Santa Josefina. Nos apuramos de regresar por el camino entre los cafetales porque ya oscurecía, allá a lo lejos en el valle se miran las luces de un caserío. El viento hace vibrar los cables tendidos entre los postes que inicialmente llevaban la luz en la montaña pero no hasta nuestra UPE; desde que una noche de relámpagos dejo el transformador alemán y democrático quemado. Llegamos a nuestro galerón en la oscuridad total, solo se adivinaban las vacilaciones de las luces de las lamparitas de petróleo que tenían los campesinos silenciosos en sus hogares. Golpeamos a la puerta de la cocina contigua al galerón. Juanita se sorprendió al ver aparecer nuestras caras en la noche. Lleno nuestros platos de gallo pinto y le deseamos una buena noche. Cerró la puerta y la luz se alejo hasta el fondo de la baraca.
Nos instalamos para el festín sobre los sacos de dormir rodeados por las mochilas colgadas a los clavos de las paredes de tablas, la ropa tendida que esperaba secarse algún día. Busque las candelas y una caja de fósforos preservados de la humedad. Cuando encendimos las candelas se hizo más grande el galerón pintado de blanco que con letras negras deseaba la « bienvenida a los compañeros internacionalistas ». Entonces, los « compañeros internacionalistas », nos pusimos a buscar sin escrúpulos todo lo que podía comerse en aquel cajón metálico donde se escondía la « reserva estratégica» de la brigada: encontramos algunas galletas, nueces y una latita de carne, la « carne del diablo » decía la etiqueta. Procedimos a la repartición justa del botín, el comunismo a la hora de la cena. Empezamos a comer; la luz de la candela daba un color amarillo a mi comida, algo irreal. Lo palpable era nuestra alegría de estar en Nicaragua, viviendo lo cotidiano de una Revolución, perdidos en un caserío que no mencionaban los mapas.

Chepe Leon y Juanita sentados en los "banquitos" del galeron de los internacionalistas.
Como todas las noches, me dormí rápido, me derrumbe vencido por el cansancio. En la noche el canto triste de unos campesinos me despertó un rato, un rato suficiente para sentir mi cuerpo flacucho invadido por las pulgas… por suerte, el sueño me alejo de esta terrible sensación.
3 Agosto 2010 | Por lorensanchis | Claves: brigada, brigadista, café, internacionalista, matagalpa, nicaragua, revolucion, sanchis, sandinismo, sandinista, solidaridad, upe, upe matagalpa | # Enlace permanente
19 de agosto
En la madrugada, me desperté al escuchar unas voces. Detrás de la puerta, están ya los compañeros trabajadores esperando el café antes de bajar al centro infantil. Algunos ya caminaron una hora para llegar hasta la UPE. Me junte con ellos y hablamos mientras me calentaba las manos apretando el vaso de café recién servido. Este café dulce era un encanto y te ayudaba a olvidar la humedad y el frio de la mañana. A las seis, nos fuimos para limpiar la obra y preparar el trabajo del lunes: se limpiaban las tablas, se enderezaban los clavos, se recuperaba todo lo que se podía en esta economía en crisis. Faltaba poco para poner el techo. El edificio de ladrillo se mira bonito.

Construccion del Centro infantil Rural.
Mientras me encargo de la tarea revolucionaria de recuperar los clavos pegados en la tabla miro a los compañeros que se bañan alrededor del tanque de agua: por la mañana, los hombres medio se lavan allí; después de los tiempos de comida, cada quien lava sus trastes acompañado por los perros y las gallinas en busca de restos de comida; mas tarde van las mujeres a lavar la ropa y bañar a los chigüines que llenos de espuma, tiemblan bajo el agua fría. De vez en cuando se aparece un caballo para tomar agua, un agua bien fresquita contaminada por una gran variedad de bacterias y gusanitos, esta agua fresquita que diezma los rangos de los brigadistas que pasan días como cadáveres diarreicos entre vómitos y fiebre.
Seguimos el trabajo hasta el mediodía. Los brigadistas nicaragüenses se dan cuenta que dos cheles se quedaron en la UPE el fin de semana y entonces nos invitan a compartir la comida con ellos. Hablan de una sopa de pollo! Para ser digno de tal honor, me afeito, me pongo un pantalón azul limpio y una camisa que no huele tanto a podrido, pongo la medalla del decimo aniversario de la Revolución y ya estoy listo. Los nicas nos reciben y comemos lo suficiente como para sentirse satisfecho. Surgen las bromas habituales pero nos damos cuenta que sigue el ambiente pesado: pues, Ramón Ortega no ha vuelto de la reunión en Matagalpa. Los compañeros se miran muy preocupados. Se presiente que la brigada terminara pronto su misión en la zona: seis meses de trabajo para limpiar el cafetal y preparar la primera cosecha desde 1987, sacrificios para abrir una clase de primaria en el pueblo, el centro infantil en construcción, y la llama viva de la Revolución como lo recordaba siempre la bandera rojinegra que flotaba en la loma arriba de Santa Josefina.

la bandera anunciaba la UPE santa Josefina.
La preocupación y la tristeza empieza a jodernos cuando un campesino nos invita en su casita: Nos habla de su vida miserable y su reclutamiento en la Guardia Nacional antes del triunfo. Durante la dictadura, centenares de campesinos analfabetas como el, fueron reclutados y entrenados a matar a su propio pueblo: « Quienes somos? Tigres! Que beben los tigres? Sangre! la sangre del pueblo ! » Cuantos se transformaron en esbirros, en asesinos persiguiendo a los muchachos en la ciudad o la montaña? Nos decía que la Revolución le había devuelto su dignidad, le había dado esperanza. Le enseñaron a leer y a escribir al principio de los años 1980 cuando la Cruzada de alfabetización. La perspectiva de ver a la brigada ENABUS salir de la zona lo preocupaba mucho: temía de que volviera el terrateniente, recordaba su actitud y los golpes. Este terrateniente, colaborador de la Contra que poco a poco había saboteado la producción: lo que justifico su expropiación. Lo dejamos cantar su tristeza con su hijo mientras un brigadista nica toca la guitarra…

Ramon, Jairo y Pedro (sentado)
Sentado en las tablas que sirven de banca miro a Ramón, Pedro, Santamaría «el profe» y Jairo que se dirigen hacia el cafetal. Nos llaman para dar una « vueltecita ». En fila, pasamos el cafetal y penetramos en la selva ya más oscura. Bajo los capotes verde-olivo, miro los cañones… Recuerdo los días anteriores cuando nos fuimos a entrenar con Ramón y « el teniente »: disparar, tenderse, en cuclillas, avanzar con el fusil, dar saltos, correr… « Esta experiencia siempre les servirá » nos decían… Y yo, puta, a miles de kilómetros de mi casa, mis amigos, mis camaradas… Contaba dieciocho primaveras y avanzaba armado en esta montaña. Nos hicimos mas duro y lo jodido es que esta experiencia teníamos que guardarla sin compartirla con nadie.
Solos los nicas pueden orientarse en esta selva. Apenas Jairo daba con el machete que un miliar de insectos me caían encima y se pegaban a mi cuello sudado, los chayules me designaron como mascota, me amaban al punto que no quería abrir la boca para no tragármelos. Desaparecemos en esta vegetación. Volvimos a aprender a caminar. En Nicaragua, volvimos a aprender todo, caminar como gato en el lodo, filtrar el agua, comer todo lo que se puede comer, trabajar sin parar, cagar y dormir. « Quédate en fila!», « respeta las distancias !», « no haga bulla ! » « Que no ves las huellas! ». Realmente, no miraba nada y solo me fijaba en la camisa de Jairo. Pues Jairo encabezaba la columna, Santamaría me seguía, luego venían David y Ramón, Pedro cerraba la fila.
Descansamos cerca de un riachuelo, al pie de un árbol inmenso. Ramón nos explica que los monos están allá mas arriba y que ahora hay que avanzar sin ruido. La columna sigue progresando en este laberinto vegetal. A esta altura, estoy incapaz de orientarme. Pedro hace una señal y nos parramos, levanto la cabeza y allí están. Un grupo de varios monos, los monitos bien pegados a su mama pero ya el macho nos reparo y grita, parece tigre. El grupo de monos congós se desplaza y trata de huir. En fila, rastreamos y los seguimos, los compañeros ya se fijaron en el macho, creo que Santamaría disparo el primero y el congó replico tirando todo lo que tenía al alcance para defenderse, hasta su propia mierda… provocando los gritos de Ramón. Seguía mirando la cima cuando Pedro le pego el balazo y el pobre mono cayó. Lo fui a buscar, lo agarre y mire su cara de hermano triste, dio su último suspiro cuando lo levantaba. Esta noche la brigada lo repartirá en Santa Josefina.
En el caserío, los brigadistas están reunidos con Ramón Ortega que acaba de regresar de Matagalpa. Esta noche, todos se reunirán para conocer la decisión final. Por ahora, hay que limpiar los fusiles y preparar el mono.
La reunión se organiza en la casa de abajo cerca del pozo. Todos estamos afuera mientras Ramón, David y otro muchacho preparan el mono. La decisión es difícil de entender: la brigada será trasladada en la zona de Cuapa, Chontales. Como justificar este cambio, apenas cinco meses antes de la cosecha? Leonel dice que no quiere dejar la UPE, Betancourt declara que seguirá las consignas del Frente, Santamaría, este gigante barbudo, se levanta y pregunta quien tomo la decisión de echar a la mierda a los trabajadores y desplazar a la brigada, sabe que a partir de entonces, los niños de Santa Josefina ya no tendrán profesor… Para calmar a los compañeros, el delegado de la CST afirma que personalmente se opuso a la decisión, los argumentos de Ramón Ortega no convencieron al responsable del sector estatal. Lunes por la mañana vendrán dos camiones para llevar a los compas rumbo a Chontales, la decisión es definitiva.

Brigada ENABUS : al centro : Betancourt, "el teniente" y santamaria "el Profe".
Realizo entonces que los que considero como mis hermanos, los que tanto me dieron, se van. Esta brigada fue constituida en marzo de 1989 con trabajadores de ENABUS para participar a la reactivación económica de la UPE. Habían dejado la capital, su familia, la seguridad de la ciudad para trabajar en una zona de guerra, encarnaron la Revolución en esta montaña apartada. Con esta decisión los brigadistas sentían en el fondo que perdían su dignidad, nunca participaran a la próxima cosecha de café…
La reunión terminada, se siente el olor a comida que sale de la cocina. Todos nos juntamos alrededor de la olla y en pocos minutos desaparece el pobre mono. Me como rápido dos pedazos de carne con arroz, me chupo los dedos para no perder nada. Ya comido, de nuevo empieza a vencerme el sueño. Pedro me deja su cama y se instala en una hamaca. Quito mis botas y me acuesto. En la oscuridad, siento una barra metálica en la espalda. Mis manos acompañan la curva del cargador de un AK. Agarro el fusil y vuelvo a pensar a estos días en la montaña. Un elemento entre cientos diseminados en el territorio de la « Nicaragua Libre » para decir « No » a los gringos, resistir, trabajar y amar a la Revolución.
1 Agosto 2010 | Por lorensanchis | Claves: brigada, brigadista, internacionalista, nicaragua, revolucion, sanchis, sandinista, solidaridad | # Enlace permanente
Aterrizo el Tupolev a Managua procediendo de Moscú. Apenas las ruedas acariciaron la pista quemada por el sol tropical que los pasajeros aplaudieron sin cesar. El avión se dirigió lentamente hacia la zona de desembarque. Los jóvenes nicas ya no aguantaban la espera. Se habían tirado cinco o seis años de estudio en la URSS. Por fin regresaban al país, iban a ver a sus familias que los habían visto irse adolecentes, iban a tomar pinol, comer gallo pinto con crema… pues, no aguantaban y esperaban de pie la apertura de las puertas.
Minutos antes, cuando apareció el territorio, desde el Atlántico irisado de perlas isleñas buscando el Amerrisque de los caciques chontaleños, las nubes se abrieron y divisamos caseríos silenciosos, milpas y la selva inmensa. Una maravilla… Un muchacho saco su guitarra y disparo canciones. Cuando apareció el gigantesco lago Xolotlan, el avión dio su última vuelta para ponerse paralelo a la Carretera Norte donde corrían los buses repletos de gente. Managua hervía de vida.
El avión se paralizo en la pista. Dieron autorización de abrir las puertas y sentí el aire caliente cargado de humedad envolverme con sabores al macadam licuado de la pista. Tenia la respiración corta mientras el aeropuerto Augusto C. Sandino nos daba la “bienvenida”… ¡Por fin estoy en Nicaragua!

Disparando canciones...
¿Cuándo empezó todo esto?
Chavalo, recuerdo los noticieros que pasaban y comentaban las manifestaciones de la revolución iraní de 1979. Miraba en la pantalla del televisor blanco y negro a miles y miles de opositores a la dictadura del Shah pero no recuerdo nada de la marcha que entonces daban las columnas del Frente Sandinista. Ya ardía el frente sur, Matagalpa, Estelí, Monimbo habían estallido. Tenía 8 años y creo que nunca había oído mencionar al país de Sandino.
Fue hasta más luego, en 1984, cuando un amigo de mi tía nos invito a ver una serie de diapositivas sobre su último viaje. Acababa de regresar de Nicaragua donde había sido brigadista en León. En la oscuridad sobre la pared blanca de su departamento desfilaban imágenes de campesinos, mítines con hombres vestidos de verde-olivo, la solidaridad internacional, los brigadistas sembrando en el campo… Y ahí empezó lo que fue para mí, una urgencia terca: ir a Nicaragua.
Este momento correspondió más o menos cuando empecé a dar mis primeros pasos en la organización. Con la ayuda de mi amigo Gilles, tuve acceso a las primeras lecturas de la revista de la Juventud Comunista “L’Avant-garde”: el mundo resonaba con la resistencia de Mandela, los frentes angolanos contra los racistas del Sur, la lucha anticolonial en Kanaky (isla francesa del pacifico), los Palestinos tirando piedras contra los tanques… Daba visitas más asiduas a la biblioteca de mi padre donde estaban en orden los libros de Jack London cerca del busto negro de un tal “Lenin”. Una tasa de metal recordaba la conquista intersideral de los cohetes soviéticos mientras un pequeño Guardia Rojo chino de porcelana saludaba el porvenir. Numerosos libros formaban fila, firmes, esperando no se qué orden insurreccional. En este entonces, vivía en Saint-Denis, ciudad del “cinturón rojo” que rodeaba París. Una ciudad donde paseando, las placas de las calles hacen referencia a la resistencia contra los Nazis o el Franquismo y a la lucha internacional. Confieso que la historia de mis abuelos, un piloto anti franquista, mi pobre abuela volando trenes alemanes o mi abuelo frances, integrante de la resistencia a los 17 años contra los Nazis formaron mi panorama. Todas estas imágenes me acompañaban cuando empecé a ponerme serio, a ponerme “político”. Llego el año 1986 del movimiento estudiantil con sus 23 días de huelga general, con un millón de estudiantes en la calle y nuestro primer muerto, Malik masacrado por la policía.
En 1987, el amigo de mi tía se fue de nuevo a Nicaragua con miembros de su sindicato para trabajar en la imprenta del periódico sandinista Barricada. Y volvió con otras fotos, otros retratos, otras anécdotas.
En el liceo, la Juventud Comunista era bastante fuerte con actividades tan exóticas como pegar propaganda de noche, distribuir folletos, llamar a cada rato a interrumpir los cursos, organizar comisiones y debates, invitar a una delegación del Komsomol… Vinieron los primeros dolores de cabezas tratando de entender a Marx. A pesar de participar en estas actividades, todavía no era miembro de la organización, pues tomaba muy en serio el hecho de ser militante, la meta me parecía enorme y…vamos, no tenía un duro para pagar la cuota mensual. Un día de 1988, nos avisaron que nos íbamos a reunir con dos Nicas: uno era responsable político en Matagalpa y el otro ya no me acuerdo. Ahí hablamos de la situación en el país, del internacionalismo, comparamos las luchas, pues todo… ¡a la grande! este día integre la Juventud… pero no siempre podía pagar mis cuotas.

Un mantel dando la bienvenida a la brigada francesa.
Montar una red de solidaridad.
Recortaba en los periódicos todo lo que tenía que ver con el paisito agredido. Desde los análisis de fondo sobre el proceso revolucionario hasta las breves notas de prensa que reportaban los combates y los campesinos asesinados. Un profesor de deporte del liceo nos detecto – pues era fácil por el pico siempre abierto que teníamos-; nos dijo que ya había ido a Nicaragua. Por su intermediario se armaron otras reuniones clandestinas en locales del liceo con jóvenes que querían participar en las brigadas. Poco a poco fuimos divulgando información sobre la lucha en Nicaragua, se distribuyan folletos llamando a la solidaridad después del huracán Joan que destruyo Bluefields… Este profesor me prestó “El pensamiento vivo de Sandino” que había sido traducido en francés. También leía las revistas de solidaridad y por este canal editorial y asociativo, nos fuimos preparando. Cuando Daniel Ortega estuvo en Francia estuvimos miles de personas a escuchar su discurso y hacerle preguntas como “de cara al pueblo”.
Luego nos integramos a otros círculos de solidaridad principalmente con un grupo de salvadoreños refugiados que tenían una tropa de teatro. Asistimos a reuniones con sindicalistas salvadoreños, el primero de mayo recaudábamos fondos para el Farabundo con mi gran amigo David. Todos nos querían ya que éramos muy joven en esta onda; nos miraban como cipotes, creo que nuestros discursos serios e ingenuos les daban risas a nuestros interlocutores pero por cariño o por piedad, siempre nos apoyaron y nos daban ánimo para seguir.
Llego el momento de hacer algo concreto y montar una red de solidaridad en nuestro liceo. La Juventud Comunista tenía varias comisiones y así constituimos la “comisión Nicaragua”. Con ayuda del Comité de Solidarité avec le Nicaragua, recuperamos propaganda, folletos, broches de Sandino… Otro comité, France-Amérique Latine nos facilito una exposición sobre la revolución sandinista: la educación, la reforma agraria, la lucha antiimperialista… Aprovechamos una reunión del consejo de delegados de los alumnos para proponer la presentación de la lucha en Nicaragua. En este momento, la directora intervino y nos corto la palabra. Fuimos expulsados. Gozando, montamos la exposición en la calle frente al liceo y empezamos a recaudar fondos para financiar los proyectos de solidaridad. Fue un éxito tremendo ya que éramos además “victimas” del sectarismo autoritario de la autoridad autoritaria. Muchos estudiantes vinieron a informarse y expresaron su solidaridad con la iniciativa de participar a una brigada. Me acuerdo que recaudamos más de 400 francos, una suma importante en este entonces para nosotros que a mediodía íbamos a comer en los supermercados, como decirle, pues comíamos abriendo los paquetes de galletas y otras cosas que le gustaban a nuestros estómagos y salíamos muy humildes sin pagar de estas catedrales del consumismo. Los fines de semana, era otra meta: buscar plata para el viaje. Íbamos a “Les Puces” (las pulgas), el mercado popular en la Porte de Montreuil para vender de todo un poco, a como se podía. Días enteros sentados en los andenes vendiendo viejas cosas o trabajando al negro para juntar el dinero necesario.
Estas eran las mil y unas cosas que se inventaron para ir a Nicaragua e informar sobre la situación. Estos eran los tipos que después corrían en la montaña matagalpina o quedaban en los galerones matados por la diarrea. Me imagino que los brigadistas tienen miles de historias que contar, miles de itinerarios para alcanzar este sueño colectivo.
Aterrizo el Tupolev a Managua procediendo de Moscú. Apenas las ruedas acariciaron la pista quemada por el sol tropical que los pasajeros aplaudieron sin cesar. El avión se dirigió lentamente hacia la zona de desembarque. Los jóvenes nicas ya no aguantaban la espera. Se habían tirado cinco o seis años de estudio en la URSS. Por fin regresaban al país, iban a ver a sus familias que los habían visto irse adolecentes, iban a tomar pinol, comer gallo pinto con crema… pues, no aguantaban y esperaban de pie la apertura de las puertas.
¡Por fin estoy en Nicaragua! Era el último año de la Revolución que tanto amamos. Da igual, seguiremos y siempre te tendremos en el corazón.

"Por fin estoy en Nicaragua !"
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