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Begoña García Arandigoien, medico internacionalista.

El 10 de setiembre de 1990, en el departamento salvadoreño de Santa Ana, la médico de Gares, Begoña García Arandigoien (Alba), resultaba herida de bala durante un enfrentamiento entre una patrulla de las Fuerzas Armadas de El Salvador y una columna de la guerrilla Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). La versión oficial fue que la brigadista vasca murió a consecuencia del cruce de disparos entre ambos.

Begoña García Arandigoien, brigadista vasca.

La realidad, en cambio, distaba mucho de eso. Begoña García fue herida, pero capturada viva por los militares salvadoreños. Después, fue violada, torturada y ejecutada con un tiro en la nuca, además de recibir otros cinco disparos en el cuerpo y sufrir roturas del fémur y los dos brazos. La joven formaba parte del personal sanitario de aquella columna guerrillera que fue acribillada a tiros en los cafetales de las faldas del volcán de Santa Ana.

Han transcurrido años desde que Begoña García Arandigoien, que entonces tenía 24, perdiera la vida a manos del Ejército Salvadoreño. Ahora, dos décadas más tarde, han aflorado más datos sobre la ejecución. Se ha conocido la versión de quienes flanquearon la columna guerrillera y cómo transcurrieron los siguientes días desde el prisma de los militares salvadoreños. Al descubrirse que se trataba de una cooperante extranjera, la repercusión internacional puso en el ojo del huracán a la cúpula que dirigía con mano de hierro la república salvadoreña; un régimen que cegó la vida de decenas de miles de personas, entre ellas la del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, de las cuatro monjas Mariknol o las de seis jesuitas, encabezados por Ignacio Ellacuría, en 1989.

La médica vasca, que había cursado la carrera de Medicina en la Universidad de Navarra, llevaba años cooperando en la Cruz Roja de carreteras y estaba trabajando como médica interina en el quirófano de un hospital de Iruñea. Rondaba el año 1988 cuando decidió abandonar este modo de vida y cogió un avión en Bilbao rumbo a Managua, la capital de Nicaragua. Fue allí cuando conoció a un guerrillero del ERP que estaba en condición de exiliado. Rafael Velázques, a su vez, tuvo conocimiento de que la vecina de Gares -aunque nacida en Alicante el 11 de marzo de 1966 tras el exilio al que se vieron forzados sus padres debido a la persecución franquista- era una joven brigadista de Askapena. «Española, ¿verdad?», le preguntó de forma directa Velásques en su primer encuentro con Begoña García. «Vasca», espetó ella de forma tajante.

La médico de una columna guerrillera

Era octubre, cuando llegó a Managua, y tenía intención de permanecer tres o seis meses. Pero, tal y como señalaba a sus padres en una carta, se sentiría «culpable de abandonarles», a los nicaragüenses, si volvía a Euskal Herria. Finalmente se comprometió a regresar para las navidades de 1990.

Un año después de que llegara a Nicaragua, «Alba» entró en El Salvador. Así era como la conocían los salvadoreños. Era el 20 de septiembre de 1989. Aunque indicó a los de la aduana el lugar en el que se iba a hospedar, Begoña García Arandigoien se dirigió directamente a la zona controlada por el Ejército Revolucionario del Pueblo del FMLN. Allí pasó a formar parte de una columna guerrillera como médica.

Un guerrillero llamado Hércules, según recoge el citado medio, compartió con ella los últimos momentos de su vida. Aquél 10 de septiembre era un lunes. La columna guerrillera se adentró en unos cafetales, en la ladera del volcán Santa Ana. Tuvieron conocimiento de que un grupo del Ejército había acampado cerca la noche anterior. Dada la escasa protección que ofrecen los cafetales, la cuadrilla guerrillera debía andar casi en cuclillas para no superar el 1,5 metros de altura. Fue la misma brigadista vasca la que, sobre las dos de la tarde, alertó al mando guerrillero de ruidos que creía haber oído. Acto seguido, el silbido de los continuos disparos se apoderó de la quebrada en la que estaban apostados los guerrilleros. Después del tartamudeo de las metralletas solo se escuchó un grito; un proyectil había alcanzado a la brigadista de Gares.

Nada más se supo de Begoña García… hasta dos días después. No era, además, la única del grupo que seguía desaparecida tras la huida forzada por los disparos del Ejército. La radio Venceremos, emisora del FMLN, informó de que «Begoña García, compañera internacionalista de origen vasca, fue asesinada salvajemente por el Ejército en un hospital de campaña en el cantón La Montañita, del departamento de Santa Ana, el pasado 10 de septiembre…». A la misma hora y a miles de kilómetros de distancia, desde Euskal Herria, un amigo íntimo de Begoña sintonizaba la misma emisora. Peio sabía que el día 11 o 12 de septiembre, a lo sumo, Begoña estaría en Santa Ana, localidad en la que iba a trabajar en protección civil. Fuera de la selva; y fuera, en parte, del conflicto directo.

Casa de amistad con el pueblo salvadoreño, Matagalpa, 1989.

Casa de amistad con el pueblo salvadoreño, Matagalpa, 1989.

Fue ejecutada extrajudicialmente

La Comisión destinó un apartado especial a la ejecución extrajudicial de la joven navarra: «caso García-Arandigoyen». Y concluyó lo siguiente: Por un lado, que Begoña «fue ejecutada extrajudicialmente por efectivos de la cuarta compañía BIC PIPIL de la Segunda Brigada de Infantería bajo el mando inmediato del teniente Roberto Salvador Hernández y el mando superior del teniente coronel del Ejército, José Antonio Almendáriz (hoy día diputado del conservador Partido de Conciliación Nacional PCN), Ejecutivo de la Segunda Brigada». Y, por otro lado, que «dichos oficiales encubrieron el hecho» con la colaboración de la tercera comandancia de la Policía Nacional, así como los peritos y las autoridades judiciales que reconocieron el cuerpo sin vida.

El rotativo digital conservador “La Prensa Digital” publicó un extenso reportaje sobre el fatal desenlace de la joven vasca que llegó a El Salvador para ejercer como personal sanitario. Almendáriz, que gracias al decreto de 1993 sigue con inmunidad sobre su responsabilidad en crímenes de guerra, defendió desde el principio, contra viento y marea, la versión oficial de que García Arandigoien falleció en un cruce de disparos, pero finalmente, hace unos años, declaró lo siguiente: «Yo, personalmente, he pedido perdón infinidad de veces en público por lo que cometí en mi odio. Hoy soy cristiano y sé que en vez de humillarme, eso me ha granjeado un mayor perdón de Dios. Siento que me he quitado un gran peso de encima porque he pedido perdón, pero también he perdonado a quienes asesinaron de 50 balazos a mi padre».

El 21 de septiembre, el embajador español en El Salvador aterrizaba en Barajas junto a los restos mortales de la médica navarra. El embajador entregó a Peio varias fotografías que la embajada tomó al cadáver después de desenterrarlo de la fosa en la que permaneció al menos cuatro días. El día siguiente, el cuerpo sin vida de la cooperante navarra llegaba al Hospital de Navarra para efectuarle una autopsia. Begoña García recibió seis disparos; una de ellas en la nuca. El sepelio, multitudinario, se llevó a cabo al día siguiente en Gares, en el que el día 22 fue designado como jornada de recuerdo de la joven médica. La autopsia se sumó a los expedientes judiciales abiertos en Iruñea; el juez ordenó un examen más exhaustivo. Un mes más tarde se supo que el orificio de la nuca fue por un disparo realizado «a corta distancia», exactamente a dos centímetros. A mediados de noviembre la Embajada española mandó una carta de protesta a la cancillería salvadoreña; incluía la autopsia realizada en Iruñea, que contradecía frontalmente la versión oficial.

Museo El Manzano, Chalatenango, 2007.

Museo El Manzano, Chalatenango, 2007.

«De todo logra sobreponerse uno…»
El reportaje publicado en un diario digital de El Salvador, narra cómo el teniente Roberto Salvador Hernández organizó un grupo de militares para verificar una información sobre un mitin que habría celebrado el ERP días antes en las inmediaciones de Santa Ana. Relata cómo dieron con los guerrilleros, cogidos in fraganti, y dispararon directamente.

El Ejército envió un equipo militar para verificar las consecuencias del enfrentamiento. Acudieron un técnico del laboratorio criminalístico y también un fotógrafo. El relato afirma que encontraron dos cadáveres de dos mujeres en el patio de la finca militar del Ejército. No hubo ningún reconocimiento judicial y enterraron los cuerpos. Dos días después el cónsul de la Embajada española acudió a negociar la exhumación de los cadáveres. El encargado fue el ejecutivo de la brigada, José Antonio Almendáriz, ahora diputado. Se abrieron investigaciones que no llegaron a nada. Un año después la Comisión de la Verdad concluía que la brigadista había sido ejecutada.

«De todo logra sobreponerse una persona, incluso del miedo». Parece ser que ésa fue la última frase que la joven médica empleó en Nicaragua, horas antes de entrar en El Salvador, para responder al guerrillero exiliado que le advirtió sobre los riesgos de la guerra.

Cada 22 de septiembre en Gares se recuerda a la joven médico fallecida en El Salvador; en la pancarta que se colocó en el ayuntamiento el día que su cuerpo llegó al pueblo se podía leer lo siguiente: “Amabas a tu pueblo, a tu valle, a tu gente. Dabas todo de ti y no pedías nada. ¿Cómo no quererte?”

Askapena, coordinadora de la solidaridad vasca.

El nacimiento de Askapena

brigadistas internacionales en Matagalpa (1989)

brigadistas internacionales en Matagalpa (1989)

Informar sobre los frentes de lucha.

La Coordinadora de Comités de Solidaridad de Euskadi desarrollo, desde sus orígenes, un trabajo importante de concienciación, sensibilización y movilización. Fue abriendo una red de contactos con los medios de comunicación para hacerles llegar la información sobre los acontecimientos que consideraba de interés y la valoración sobre los mismos. En ocasiones distribuía la información de los Frentes y, en otras, era la propia Coordinadora la que ofrecía artículos de opinión suscritos por ella. Estuvo muy presente en la calle por medio de concentraciones, manifestaciones, carteles, murales, mesas de información y de venta de materiales de forma que la sociedad tuviera a su alcance una información objetiva. Inicialmente, era la propia Coordinadora la que promovía actos, exposiciones, proyecciones de carácter informativo… A medida que iba consolidándose el reconocimiento social, actuaba en respuesta a las numerosas demandas de actos públicos, charlas, mesas redondas organizadas por otros grupos y que requerían la presencia de algún miembro de la Coordinadora o de algún experto que ella pudiera facilitar. Dada la autoridad moral que le concedían las diferentes fuerzas políticas y sociales, la Coordinadora convocó en numerosas ocasiones unidades de acción para que las distintas organizaciones aunaran esfuerzos respecto a alguna iniciativa de solidaridad concreta.

Otra de sus labores fue la de acoger y abrir puertas a las diferentes delegaciones de los países en conflicto. Las organizaciones en lucha consideraban en aquel tiempo de gran interés las giras por Europa con la finalidad de trasladar información directa del proceso y también de recaban fondos. La Coordinadora ofrecía toda su infraestructura y contactos para que dichas giras obtuvieran el máximo resultado al menor costo posible.

brigada vasca en las afueras de Matagalpa (1989)

brigada vasca en las afueras de Matagalpa (1989)

Coordinar el envió de brigadistas vascos.

 El bloqueo económico que el imperialismo había impuesto al proceso sandinista obligó a derivar una gran cantidad de tiempo y esfuerzo para paliar las carencias económicas. Se promovieron campañas de recogida de los materiales más diversos respondiendo a las demandas que llegaban desde Nicaragua. Aunque se intentaba dar a estas campañas un componente político, actuábamos en ocasiones como organizaciones de beneficencia. Se estableció una red de envíos para hacer llegar estos materiales a sus destinatarios. Se promovió la presencia de brigadistas que acudieran a Centroamérica. Sobre todo a Nicaragua, para colaborar en la reconstrucción. Se trabajó en la línea de apoyo a proyectos concretos financiados desde la Coordinadora.

 Aunque pudiera resultar paradójico, este trabajo solidario con Centroamérica dinamizó las relaciones de Euskal Herria con Europa. Por un lado, se establecieron contactos con otros grupos integrados en la Coordinadora Europea de Solidaridad con Nicaragua. Por otro lado, se aprovecharon los viajes de brigadas para reforzar estos contactos. También pudieron constatar los brigadistas vascos el rechazo de los brigadistas españoles a que viajaran como realidades nacionales diferenciadas. Durante aquellos años, y en contra de lo que suele creerse, no fue sólo Centroamérica -y menos aún Nicaragua- el único polo de referencia del internacionalismo vasco. También se abrió el horizonte hacia otros pueblos y otros procesos. La Coordinadora se convirtió en referente para los representantes de otros procesos que estaban afincados en el Estado y promovían redes de solidaridad: Pueblo kurdo, saharaui… Bastantes de las delegaciones que nos visitaban, por ideología o por falta de información, eran muy reacias a dar a la Coordinadora tratamiento de organización nacional. Buscaban el respaldo del PSOE -en el poder desde 1982- y sabían que las relaciones con los vascos de izquierda serían mal vistas en los ámbitos oficiales donde ellos buscaban apoyos. La Coordinadora mantuvo una relación estrecha con personas que desempeñaban algún grado de representación del MIR chileno y que se hacían presentes en Euskal Herria.

Contradicciones en la coordinadora. 

Este trabajo unitario e intenso no estuvo exento de contradicciones, alguna de ellas, insalvable. Progresivamente, y con distinto grado de aceptación por parte de la militancia, fue cambiando la caracterización de la Coordinadora definiéndose como organización nacional y diferente a la del Estado español. Por otro lado, las tensiones que se producían en los países centroamericanos tenían su reflejo en la Coordinadora: el Gobierno Sandinista concedía en Nicaragua un reconocimiento preferente al MLNV, y mantenía fuertes tensiones con grupos de izquierda de su país; grupos con los que se identificaban sectores integrados en la Coordinadora; cada vez era más intenso el debate ¿apoyamos al pueblo nicaragüense o al Gobierno sandinista como expresión más cualificada de ese pueblo? Otro tanto sucedían con el apoyo al FMLN. Las severas fracturas que se mantenían en su seno también se trasladaron a la Coordinadora; las diferentes delegaciones, tras una apariencia unitaria, aprovechaban las afinidades con determinados sectores de la Coordinadora para canalizar los apoyos con intencionalidad partidaria; incluso se produjeron intentos para crear una red solidaria paralela. Influyó también la rivalidad dentro de las distintas tendencias de la izquierda vasca para ganar referencialidad, las diferentes valoraciones respecto a la lucha armada en Euskal Herria. La interlocución preferente con los distintos Frente daba lugar a continuos recelos. Otro foco de fricciones eran los proyectos a apoyar; cada brigadista que regresaba y cada una de las tendencias incorporadas en la Coordinadora trataban de hacer valer la prioridad de sus proyectos. La débil dirección de la Coordinadora se veía desbordada por las iniciativas particulares que se promovían en su nombre y con las que todo el colectivo se veía comprometido.

 Pero hubo un elemento que condujo a la Coordinadora a un callejón sin salida. Se trataba de una crisis de madurez y de identidad. En sus orígenes se había optado por una caracterización bastante genérica para salvaguardar la unidad entre las diferentes sensibilidades. Los años y el trabajo internacionalista realizado elevaron el nivel de conciencia de muchos de sus participantes. Se sentían parte de un pueblo que lucha de mil formas para conseguir la independencia y el socialismo. Concebían la relación con los Frentes de lucha desde experiencias afines; cada vez eran más las compañeras y compañeros que luchaban por una Euskal Herria soberana y socialista. Entendían el internacionalismo como uno de los rasgos fundamentales en la construcción nacional en la que se sentían implicados (varios militantes internacionalistas están hoy presos en las cárceles españolas y una compañera murió acribillada por la policía vasco española del PNV). Para todo este contingente militante -cada vez con más peso y presencia- la difusa caracterización de los Comités de Solidaridad les resultaba insuficiente.

 Definitivamente, la Coordinadora de Comités de Solidaridad de Euskadi les quedaba corta. Reclamaban un movimiento internacionalista mucho más entroncado en el proceso de liberación nacional y social que vive nuestro pueblo. Por eso, y para eso, nació Askapena en octubre de 1987.

la bandera vasca en el norte de Nicaragua (1989)

la bandera vasca en el norte de Nicaragua (1989)

 Creacion de Askapena

Askapena se constituyó oficialmente como organización en octubre de 1987 y se presentó en público el 5 de noviembre de ese mismo año. Nació para canalizar el apoyo de la izquierda abertzale a la revolución sandinista, pero luego extendió su actividad a otros países de Latinoamérica y más tarde de Europa. En los últimos años sus relaciones preferentes han estado con el movimiento bolivariano de Venezuela y con el indigenismo representado por Evo Morales. Askapena surgió de los comités internacionalistas, que se habían constituido en 1978 para realizar actividades de solidaridad internacional.

En el seno de los comités operaban miembros de la izquierda abertzale y de otras tendencias políticas de extrema izquierda no específicamente nacionalistas. Los miembros de la izquierda abertzale decidieron separarse del resto y celebraron una asamblea constituyente para crear Askapena. Cuando se dieron a conocer públicamente se presentaron como “un organismo popular partícipe del Movimiento de Liberación Nacional Vasco”. Los portavoces de Askapena indicaron que su proyecto se definía “en base a la solidaridad con los pueblos desde el compromiso con la lucha de liberación de nuestro propio pueblo”.

La solidaridad internacionalista de Askapena fue definida en la asamblea fundacional como “un sector específico de lucha”. El nuevo grupo se presentaba como “una organización abertzale, antiimperialista de masas entroncada en el MLNV“.

La vinculación de Askapena con HB fue clara desde el principio, tal como lo evidencia una circular del área de “Internacionales” de HB fechada en noviembre de 1988. “Con estas líneas queremos resaltar la importancia que, tanto para nuestra organización como para el conjunto del MLNV, tienen las Brigadas que organiza Askapena para Nicaragua“, señalaba la circular en la que se mencionaban algunos “graves conflictos” que habían planteado algunos brigadistas unos meses antes en el país centroamericano.

Los dirigentes de HB advertían en su circular que los brigadistas “van como representantes del MLNV y sus comportamientos y actos afectan directamente a los que estamos en Euskadi y a la representación vasca en Managua. Esto ha de quedar claro entre todos nosotros, vamos como miembros de una organización y de un proceso revolucionario de liberación y debemos actuar en consecuencia“. La circular indicaba que los sandinistas habían solicitado avales de aquellos militantes de la izquierda abertzale que iban a ser enviados a Nicaragua y HB se reservaba la concesión de esas credenciales: “Ningún órgano de la organización salvo la Comisión de Internacionales dará avales, por lo que todos los militantes que deseen trabajar en Nicaragua deberán pedírselo a dicha comisión“, añadía la circular.

Cientos de militantes de Askapena fueron enviados como brigadistas a Nicaragua desde la constitución de este organismo. Sólo en el año 1989 fueron 75 los que pasaron por el país centroamericano, según el balance presentado en su día por la propia organización.

 

Mas información sobre Askapena en http://www.askapena.org/?q=es/node/95


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