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Una guerra contra el mundo (3)

La experiencia de masivas brigadas de solidaridad

 

Ser “internacionalista”, es una actitud que ese fruto de una opción personal y de una convicción política. No se es internacionalista únicamente porque uno esté trabajando en Nicaragua. Así, hay muchos extranjeros que trabajan en Nicaragua pero no son internacionalistas, porque su pensamiento no puede caracterizarse como tal.

 

Las brigadas internacionalistas.

 

Los brigadistas que llegan a Nicaragua a través de las redes de la solidaridad en los países europeos y en Norteamérica organizan anualmente grupos, brigadas de cooperación formadas mayoritariamente por jóvenes, sin preparación técnica específica que vienen a Nicaragua dedicando el tiempo de sus vacaciones a la construcción, a la recogida de café, etc.

En este tipo de voluntarios se incluye una gama de gentes muy diversas. En general, la línea de acción de estos grupos subraya los aspectos más directamente políticos de la solidaridad, aun cuando estos sean puntuales o coyunturales. El principal campo de actividad de estos cooperantes eventuales no está en Nicaragua sino en sus respectivos países. Es allí donde, gracias a actividades muy diversas, estos comités logran recolectar fondos para la realización de distintos proyectos en Nicaragua y también para organizar estos mismos grupos de trabajo. Desde el punto de vista económico, el aporte de estos grupos, aunque significativo, resulta muy inferior al de los voluntarios de los ONG.

Los voluntarios de este tipo de brigadas de solidaridad permanecen en Nicaragua sólo por algunas semanas. Pero la importancia de esta forma de solidaridad se encuentra, sobre todo, en la masividad de la experiencia. Cada año son centenares los voluntarios que levantan escuelas en Nicaragua, construyen centros de salud y viviendas, recogen el café o el algodón. Hospedados en humildes casas, acogidos fraternalmente por las familias nicaragüenses, estos extranjeros tienen la oportunidad de conocer desde las bases populares el proceso revolucionario.

En Nicaragua, estos grupos de voluntarios son coordinados por el Comité Nicaragüense de Solidaridad por el Comité Nicaragüense de Solidaridad con los Pueblos (CNSP) y, en algunos proyectos, también por la Fundación Augusto C. Sandino (FACS), ésta última un ONG nicaragüense, que mantiene estrechas relaciones con el Estado revolucionario y de cooperación con varios de los ONG presentes en Nicaragua. Otros organismos de Iglesia funcionan también en Nicaragua con características de ONG. Entre ellos, el Centro Ecuménico Antonio Valdivieso (CAV), la Asociación para el Desarrollo de los Pueblos, el Instituto Juan XXIII, etc. Canalizan proyectos y financiamientos de los ONG europeos y norteamericanos y dan seguimiento en Nicaragua a la realización de estos proyectos.

Los ONG nicaragüenses se reunieron por primera vez en Managua con los ONG internacionales en 1983. En aquella ocasión se insistió en las muchas y nuevas posibilidades que pueden surgir de la cooperación mutua. Si los ONG son un fenómeno nuevo para los países desarrollados, más aun lo son para Nicaragua.

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ONG: conciencia solidaria de los países ricos

 

Existe otro tipo de voluntarios: nos referimos a los cooperantes que llegan a Nicaragua a través de Organismos No Gubernamentales (ONG), a los que llegan a través de las estructuras de los comités de solidaridad o de otros grupos solidarios de sus países y a esas decenas de internacionalistas “por la libre”, como fue Ambrosio Mogorrón.

El proceso revolucionario sandinista es, entre todas los recientes procesos revolucionarios del Tercer Mundo el que, sin duda, ha despertado más simpatía entre los ONG. En Nicaragua trabajan actualmente más de 50 ONG, presentes en la reforma agraria, en la educación, la salud, la pequeña industria… Es necesario señalar que dentro del esquema de economía mixta que existe en Nicaragua, los ONG, como instrumentos de la cooperación económica directa entre los pueblos – y no sólo entre los gobiernos -, cumplen un papel nada despreciable en la realización de muy distintos proyectos de la revolución.

A raíz de la guerra contrarrevolucionaria, caracterizada por el ataque indiscriminado a toda infraestructura que signifique una mejora para la población, varios proyectos ubicados en zonas conflictivas han tenido que ser abandonados e incluso el personal cooperante restringido al máximo por razones de seguridad.

Desde todo punto de vista, la cooperación que brinda estos ONG es altamente significativa para Nicaragua. Políticamente, representan una ventana abierta permanentemente al mundo, a muy distintas fuerzas democráticas y progresistas de las sociedades de los países ricos. Desde un punto de vista estrictamente económico, la ayuda canalizada por los ONG suma algunas decenas de millones de dólares al año y esto alivia de forma significativa la difícil crisis económica que causa la guerra al país. En un sentido más amplio, el aporte económico incluye también la fuerza de trabajo de centenares de cooperantes, técnicos cualificados en las distintas ramas de la producción y de los servicios sociales que, además de trabajar, socializan sus conocimientos y hacen transferencias de ellos a los nicaragüenses. Si esto agregamos el aporte humano, el testimonio de compañerismo y el ejemplar sacrificio de algunos de ellos, el valor se hace incalculable.

Ambrosio Mogorron, itinerario internacionalista. (Envio – 1986)

Despues de la presentacion de los “tipos de internacionalistas” que andaban en la Nicaragua sandinista, entre cooperantes de ONG, brigadistas, voluntarios “por la libre”… La revista Envio proponia retratos de dos  internacionalistas : el español Ambrosio Mogorron y el Suizo Maurice Demierre (Mauricio) que sintetizan la experiencia solidaria que miles de mujeres y hombres conocieron en Nicaragua. Solo que Ambrosio y Mauricio quedaron en Nicaragua… en el corazon del pueblo.

 

Ambrosio Mogorrón, un voluntario “por libre”, es un símbolo vivo de la cooperación internacional con Nicaragua. En sus 6 años de historia en el país podría resumirse la esencia del “internacionalismo” que ha acompañado permanentemente la experiencia revolucionaria nicaragüense.

Ambrosio llegó a Nicaragua en 1980. Había nacido en un pueblito pobre de la provincia española de Cuenca y emigró con sus padres a Bilbao, en el país vasco, buscando trabajo en las minas y en los altos hornos. Trabajó como obrero agrícola en Francia y en Madrid estudió enfermería, mientras seguía trabajando para pagarse los estudios. A los 27 años, con el diploma fresco, se ofreció voluntarios para alfabetizar en Nicaragua. Fue destinado a una brigada de Salud que apoyaba a los alfabetizadores en la zona minera de Bonanza (Zelaya Norte). Después, decidió quedarse, en el poblado de San José de Bocay, al norte de Jinotega. Es ésta una de las regiones más selváticas, montañosas, olvidadas, atrasadas, pobres e incomunicadas de toda Nicaragua.

Para llegar a Bocay, el ómnibus necesita todo un día para cubrir los 100 kilómetros que separan el pueblo de Jinotega, la capital departamental. Ya en aquellos tiempos, Bocay empezaba a ser teatro de la guerra contrarrevolucionaria, pues las primeras bandas somocistas intentaron, desde los comienzos de sus actividades, asentarse en esta zona. Ambrosio aceptó el desafío y se fue a vivir a San José de Bocay, en una casa tan pobre como las restantes casas campesinas. Muy pronto se ganó a todos en aquel lugar.

El “doctor Ambrosio” se hizo imprescindible, por lo que hacía y por cómo era. “Si hubiéramos tenido dos médicos, sólo a él hubieran buscado“, dice Orlando Rizo, Director Regional del Ministerio de Salud en la Región. Por primera vez en su historia, la gente de Bocay contaba con la presencia permanente de personal médico. Ambrosio fue el primero en llegar. Su diploma de Asistente Técnico Sanitario no lo hacía propiamente un médico, pero eso no fue ningún obstáculo. Ambrosio tenía iniciativa y era inteligente. Mandó a pedir libros – hasta de siquiatría – y los estudiaba y se los daba a leer a las enfermeras que lo ayudaban. “Para que nos capacitáramos“, recuerda Rosa, enfermera del puesto de salud en plena montaña. “Cuando él vino -recuerda Orlando- mandó a traer también libros de odontología y empezó a sacar muelas. Esto da una idea de la madera de la que estaba hecho Ambrosio“. Creativamente, instaló un pequeño cuarto para las extracciones y con su sillón y un sencillo instrumental que se trajo de España se convirtió en dentistas. Era del primer dentista que habían conocido los campesinos, el primero que había llegado tan montaña adentro. Así Ambrosio llegó como un simple enfermero. Y, para mejorar, se hizo dentista, partero, epidemiólogo…

Consulta realizada por Lothar, medico de RDA de la Brigada Augusto C. Sandino en 1987

Consulta realizada por Lothar, medico de RDA de la Brigada Augusto C. Sandino en 1987

Quizá su mérito científico más grande lo obtuvo al incursionar en el campo de la investigación epidemiológica. Ya en la Cruzada de Alfabetización, Ambrosio había observado la alta incidencia de “leishmaniasis”, enfermedad conocida por los campesinos como “lepra de montaña”. En la región de Bocay, esta “lepra” mes la enfermedad que ocupa, por su frecuencia, el tercer lugar entre la población, después de la bronquitis y la gastroenteritis. Se calcula que de los 12 mil habitantes de la zona de Bocay un 50% aproximadamente sufre o ha sufrido de leishmaniasis. Actualmente, la desatención provocada por la guerra ha multiplicado los casos, estando afectados también muchos soldados sandinistas que actúan en estas zonas de montaña. Esta terrible enfermedad ha sido descrita magistralmente por el Comandante Omar Cabezas en su libro, traducido ya en varios idiomas, “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde” (leer la entrevista de Omar Cabezas en este Blog).

Desde 1981 Ambrosio empezó a recoger datos sobre la leishmaniasis. Fue prácticamente el primero que en Nicaragua hacía este trabajo. Cuando en 1982 su relación de trabajo con el Ministerio de Salud nicaragüense fue formalizada, Ambrosio tenía ya recopilada documentación sobre 1.200 casos, con fotos y estadísticas. En 1983, más nicaragüenses y voluntarios extranjeros lo acompañaban en este imprescindible investigación. Uno de ellos fue precisamente el médico francés Pierre Grosjean, asesinado por la contrarrevolución en lugar en donde justamente estaba realizando nuevas investigaciones sobre la enfermedad. Ambrosio acumuló datos sobre los síntomas, sobre el tratamiento con hierbas medicinales, sobre los insectos que la transmiten. Con toda la documentación recogida realizó un audiovisual para los trabajadores de la salud de la región. En el momento de su muerte, tenía analizados unos 2.500 casos. Por su trabajo y el de todo su equipo, Ambrosio fue condecorado en 1985 por el gobierno nicaragüense con la Orden “Comandante José Benito Escobar”, siendo el único cooperante extranjero que ha recibido tan alto reconocimiento.

De él cuentan muchas cosas los amigos. Cuentan, por ejemplo, que, ante la falta de medios y recursos económicos para adquirir las trampas con las que cazar los insectos transmisores de la enfermedad, Ambrosio esperaba que se pararan sobre su cuerpo y justo antes de que lo picaran, lograba atraparlos. Lo recuerda, ahora que ha muerto, un sacerdote uruguayo, que trabajó en Nicaragua con él: “Cualquier día llegabas, con tu camisa de siempre, sobre tu pantalón de siempre y las botas agonizantes (pero si todavía sirven…). Y la casa se llenaba de esa alegría humilde y tranquila que siempre traías. Y empezabas a contar: Los problemas con la lluvia, con el camino, y la contra que se llevó a 15 campesinos y varias comunidades están amenazadas y cómo trajeron de noche una señora muy grave, seis horas a hombros y bajo la lluvia y el río crecido ¡y la salvamos! No, no vine antes por eso de los miskitos, había que organizar el campamento, ya casi terminamos las letrinas… Sabías concientizar, Ambrosio. No decías: hay que hacer las letrinas, sino que agarrabas el pico y la pala y hacías las letrinas.”

Laura y Lothar, medicos de la Brigada A.C. Sandino - 1987

Laura y Lothar, medicos de la Brigada A.C. Sandino - 1987

A Ambrosio no le gustaba la ciudad. “Cuando salía de aquí, de la ciudad de Matagalpa – recuerda Senia, enfermera que lo conocía desde 1980 – se llevaba muchos medicinas y otras cosas para no regresar antes de tres o cuatro meses. Y cuando regresaba, era sólo para arreglar problemas”. Amistoso, bromista, sencillo, de buen trato, Ambrosio era muy respetado por la gente de la zona. “Contaba los chistes y se quedaba serio, nada más con una sonrisa. Eso era lo que más nos hacía reír, – recuerda Senia -. El se sentía nicaragüense, como cualquier campesino de Bocay. Se quería nacionalizar. Era una autoridad. Tenía un papel importante en la comunidad. también en el abastecimiento, en el control de precios, para que éstos fueran razonables y no se aprovecharan los especuladores. Siempre era el primero en ofrecerse para ir a los lugares más alejados. Siempre decía: la gente que está lejos no puede venir. Cuando iba él a darles consultas, llevaba siempre caramelos para los niños y se quedaba jugando con ellos. De forma sencilla lograba convencer a la gente. Recuerdo cuando vino un grupo de evangélicos reaccionarios, que no querían que sus hijos hicieran el servicio militar patriótico. El les supo contestar también a sus argumentos “religiosos”. Cuando una vez se fue a España todo mundo lo extrañaba. Siempre preguntando: ¿Qué se hizo don Ambrosio?

Senia fue la última persona en ver a Ambrosio vivo y la primera en llegar al lugar de la tragedia. Sólo por casualidad el jeep en el que ella iba no hizo contacto con la mina. Pocos minutos antes de la explosión, los dos vehículos se habían cruzado y Senia y Ambrosio intercambiaron palabras. “Cuando llevamos los cadáveres a San José de Bocay – cuenta Senia – era ya noche. La gente se resistía a creer que se tratara de Ambrosio. Levantaban la tapa del ataúd para ver si era cierto que era él. Y llorando mucho. Le trajeron toda clase de flores. SI la contra tenía un poquito de apoyo en la zona, con la muerte de Ambrosio se le vino abajo“. “¿No pensaste nunca en casarte, Ambrosio? – le pregunta ahora en voz alta, el cura uruguayo amigo suyo -. No te parece que con la Chepita? Contestabas con tu sonrisa humilde y franca. Tu compañera, tu familia, era toda esta tu gente, todo este pueblo. Y, Ambrosio, te lo ganastes para siempre“. “Sí, era lo que podríamos llamar un líder popular – asegura Orlando Rizo .- No creo que se pueda decir que la contra lo respetara. Ellos no respetan nada. Además, la Radio “15 de Septiembre” de los somocistas lo habían amenazado. Pero no es remoto imaginar que él haya atendido como médico a familiares de los contras. En ciertas zonas, atendemos normalmente a los familiares de ellos, si se presentan a pedir consulta. Para nosotros, Ambrosio fue un símbolo en vida. Tenía tres cualidades: uno convicción profunda en la causa del pueblo y en lo que significa trabajar, vivir y, si llega el caso, morir por esta causa. Después, el valor: trabajó seis años en circunstancias muy difíciles. En fin, la humildad. Era un ejemplo para todos nosotros”.

Una guerra contra el mundo (2)

Turistas, voluntarios, internacionalistas…

 

Entre los nicaragüenses, la expresión “internacionalista” ha llegado a ser muy común. La revolución dio vida a esta palabra, desconocida prácticamente hasta entonces. Con ella se tiende a identificar indistintamente a cualquier extranjero que esté en Nicaragua. Pero la presencia internacionalista es mucho más articulada y compleja.

Los medios de comunicación también hablan mucho del “Internacionalismo”. Los medios que apoyan el proceso revolucionarios lo hacen siempre haciéndolo sinónimo de solidaridad. Es solidaridad y es “internacionalismo” un embarque de arroz que llega de China, un proyecto sueco para la mejora de la ganadería o una declaración de apoyo a Nicaragua de un mexicano o un francés que pasan por el país. Del “internacionalismo” hablan también los medios opuestos a la revolución. El diario “La Prensa “, ocultándose bajo juicio pintoresco sobre las formas extravagantes de vestirse o de peinarse que tienen algunos internacionalistas – que siempre llaman mucho la atención en la tradicional Managua – hace apreciaciones políticas cargadas de desprecio.

Es un hecho que la oposición nicaragüenses – tanto la cívica como la armada – ha hecho abundante uso de un permanente chauvinismo nacionalista. La misma Iglesia jerárquica ha echado mano en distintas ocasiones de este recurso para descalificar a la que llama “Iglesia Popular”, olvidando así el sentido universal de la catolicidad y el hecho de que de los 10 obispos del país 4 no son nativos, como tampoco lo es la mayoría del clero diocesano y religioso del país.

No está más recordar que durante la campaña electoral de 1984, el candidato del Partido Liberal Independiente Virgilio Godoy hizo muchas ilusiones negativas a la presencia de los internacionalistas en Nicaragua, afirmando que si su partido ganaba, una de sus primeras medidas sería llevarlos a todos el día siguiente al aeropuerto par despedirlos definitivamente, “con orquestas y todo”. Promesas parecidas hicieron los conservadores. Por su lado, los contrarrevolucionarios han amenazado en muchas ocasiones, a través de sus radioemisoras, a los extranjeros que trabajan en Nicaragua. Edén Pastora, quien una vez secuestró a un alemán de la RFA y trató de presentarlo como “un asesor militar de la RDA” ha cultivado también este chauvinismo. En sus tiempos eufóricos de 1983, ARDE lanzaba mensajes de este estilo: “Nicaragüense: hay que clavar el puñal en las espaldas del ruso, del cubano, del chileno…” Recientemente, los voceros de la FDN declararon explícitamente que “todo extranjero que ayude a la reconstrucción de Nicaragua es considerado como enemigo”.

internacionalistas brasileños - Matagalpa 1987-

internacionalistas brasileños - Matagalpa 1987-

Es importante hace notar que mientras Nicaragua es pintada en todo el mundo por la propaganda Reagan como una especie de infierno de represión y un paraíso para los terroristas de todo el mundo, flujo de extranjeros que prefieren ver con sus propios ojos la realidad no ha disminuido. Y en este flujo no hay solamente “internacionalistas”. Abundan, y son mayoría, los extranjeros democráticos y progresistas, los investigadores que pasan un tiempo analizando distintos aspectos de la realidad del país, periodistas de toda especie y, ¿por qué no? simples curiosos, simples turistas. Este flujo no ha disminuido desde el comienzo de la revolución. Al contrario. Según datos del instituto Nicaragüense de Turismo, en los siete años de revolución, más de medio millón de personas ha visitado Nicaragua y la mayoría de ellos han sido estadounidenses. Esta cifra no es pequeña si se tienen en cuenta las limitaciones de todo tipo que hay en el país, la situación de guerra, la falta de instalaciones hoteleras, de transporte, de abastecimiento, la escasez de casi todos los tradicionales alicientes que tiene cualquier país que recibe turistas.

Una guerra contra el mundo (Revista Envío – 1986)

En junio de 1986, la revista Envió de Nicaragua, publicada por la UCA dedico un articulo bastante largo sobre los internacionalistas, titulado “Una guerra contra el mundo”. Después de la muerte de varios internacionalistas, analizan el impacto de un movimiento de solidaridad muy diverso constituido por ONG, brigadas, voluntarios individuales o simple turistas.

Aquí, publicamos partes de este largo estudio.

 

Los internacionalistas. Para alguien podrán ser turistas simplemente. Y no sé cómo se verán desde los Estados Unidos oficiales. Reagan los llama “terroristas”. Claro, le aterrorizan a él y con razón. Los internacionalistas de la cultura, de la salud, de la construcción, los internacionalistas de la información… Los internacionalistas de la solidaridad, simplemente. En aquella capilla de la comarquita de Santa Clara un Delegado de la Palabra los de definió definitivamente: `Los internacionalistas internacionalizan el amor’“.

Mons. Pedro Casaldáliga, obispo de Sao Félix do Araguaia (Brasil) en su reciente libro “Nicaragua: combate y profecía”.

Qué hacen los “paladines de la libertad”

 

La guerra contrarrevolucionaria lanzada contra Nicaragua y la campaña del Presidente Ronald Reagan en tenaz apoyo a esa guerra un “imperativo moral”, son acontecimientos internacionales. No se quedan reducidos a los límites del pequeño país que es Nicaragua, sino que trascienden permanentemente sus fronteras. Por muchas razones. Entre ellas, por la numerosa y significativa presencia de cooperantes extranjeros que apuestan por el proceso revolucionario nicaragüense y se han insertado en él. A ellos también los combate el Presidente Reagan (”I’m a contra”) y sus “paladines de la libertad”.

Esto se comprobó una vez más el 24 de mayo. En el Cuá y San José de Bocay, al norte de Jinotega – zonas de las más afectadas por la guerra contrarrevolucionaria – se estaban ultimando los preparativos para jornada de vacunación del día siguiente.

A eso de la tres y media de la tarde, una camioneta civil, con 13 personas, se dirigía desde San José de Bocay a El Cuá a recoger las vacunas. En la localidad de Los Cedros, a unos 6 Km de Bocay, se escuchó una tremenda explosión. La rueda posterior del vehículo había hecho contacto con una poderosa mina anti-tanque, de fabricación norteamericana. De las 10 personas que iban en la parte trasera del vehículo, 9 murieron inmediatamente, despedazados por el impacto. El otro quedó herido de gravedad. Los tres que iban delante sufrieron heridas más leves. Entre los muertos estaba el enfermero vasco español Ambrosio Mogorrón Martínez, de 33 años, que trabajaba desde 1980 en Nicaragua.

Ambrosio se unió así la lista de voluntarios europeos víctimas directas de las acciones terroristas de los contrarrevolucionarios. En 1983 dos médicos cayeron a manos de las bandas de la FDN. El francés Pierre Grosjean murió durante el ataque al caserío de Rancho Grande, Matagalpa. Y unos meses después, el alemán Albert “Toño” Pflaum, fue asesinado fríamente en una emboscada en la zona de Pantasma (Jinotega). En febrero de 1986 murió, en circunstancias parecidas a las de Ambrosio, el agrónomo suizo Maurice Demierre.

A las muertes hay que añadir los secuestros. Al cierre de este artículo, los ocho voluntarios alemanes secuestrados por la FDN fueron por fin liberados después de 3 semanas de cautiverio y entregados al socialdemócrata alemán Hans Jürgen Wischnewski, gracias a las muchas gestiones internacionales y también a las facilidades que el gobierno nicaragüense dio los contrarrevolucionarios. los jóvenes, miembros de un comité de solidaridad de la RFA, coordinado por la Oficina de Informaciones sobre Nicaragua que tienen su sede en Wuppertal, habían sido secuestrados el 17 de mayo por los contrarrevolucionarios en la Colonia Jacinto Baca, zona de Nueva Guinea, en donde construían viviendas para los campesinos desplazados de guerra. Cuatro de los secuestrados lograron huir en los primeros momentos, cuando un grupo de milicianos sandinistas enfrentó a la banda contrarrevolucionaria. A lo largo de estos años de guerra otros 3 alemanes de la RFA fueron también secuestrados y posteriormente liberados.

Envío ofrece en este artículo algunas informaciones básicas sobre los voluntarios extranjeros que trabajan en Nicaragua. Se trata de miles de ciudadanos de diversos países que están presentes en todos los campos de la vida social y productiva, especialmente en los campos técnicos, aportando su experiencia y su profesionalidad, realizando trabajos de suplencia que permitan acelerar el proceso de despegue del histórico subdesarrollo del país y que mantengan en pie muchos proyectos mientras dura el desgaste de la guerra de intervención norteamericana. A todos ellos, los que quizá entienden mejor que nadie la dimensión internacional de la revolución sandinista porque han venido a correr la misma suerte de los nicaragüenses, van dedicados estos breves apuntes.


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