Sin derecho a votar y alejados de los partidos, los adolescentes multiplican su participación social

La crisis de representatividad de los partidos y la simple imposibilidad de votar sigue desalentando la inclusión política de los adolescentes en la Argentina, pero miles de jóvenes han generado a cambio nuevas formas de participación en la sociedad civil, que desmienten los prejuicios sobre su desinterés y apatía por el mundo que los rodea, dijeron especialistas y funcionarios consultados.

El 12,3 por ciento de los jóvenes argentinos, más de 3,3 millones de chicos de entre 15 y 19 años, está social y económicamente excluido, según datos oficiales. Sin embargo, como en el resto de América Latina, ellos valoran en general la democracia como espacio para diseñar sus proyectos y la participación como mecanismo para realizarse y obtener logros, aunque sin ser manipulados.

Rosario, de las urbes más pobladas y socialmente castigadas del país, tiene desde 2004 un Presupuesto Participativo Joven (PPJ) en el cual los adolescentes evalúan las necesidades de sus barrios, eligen sus propios representantes y votan los proyectos que en su opinión les permitirán mejorar su ciudad. Más al Norte, en Formosa, la mitad de los jóvenes rurales participa activamente en la vida de sus comunidades, en organizaciones juveniles, en actividades solidarias y en grupos religiosos. Cientos de experiencias de participación se desparraman en todo el país.

La participación juvenil persiste incluso en un contexto poco favorable: sólo el 61,2 por ciento de la población de entre 15 y 18 años asiste a la escuela y el 40 por ciento de los desempleados son jóvenes de menos de 24 años, y el mundo tradicional de la política dista mucho de la realidad cotidiana de estos adolescentes.

Sin embargo, el proceso de participación social de los adolescentes resulta poco visible, aún en períodos electorales, y en una comunidad con frecuencia más preocupada por los “problemas” de los que considera portadores a los adolescentes, más que por los que ellos mismos soportan.

“En la Argentina, la dictadura operó como un actor terrible que señala que si participás, cosas muy graves pueden pasar”, y muchos padres que vivieron esa etapa desalientan la participación de los chicos, incluso activamente, resumen Sergio Balardini, un investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

El senador nacional Jorge Yoma (PJ) presentó cuatro veces desde 1997 un proyecto para llevar a 16 años la edad mínima para sufragar, aunque optativo para los adolescentes de 16 y 17 años. La iniciativa nunca tuvo consenso suficiente. “Se cree que hay intenciones electorales. Yo creo que no podemos pedir que se juzgue a los jóvenes como maduros para delinquir, pero no para elegir a sus gobernantes“, dijo un legislador.
La participación de los jóvenes en la definición de las políticas públicas que les conciernen va más allá de las recomendaciones de los expertos. La Convención sobre los Derechos del Niño, incorporada en la Constitución en 1994, consagra en su artículo 12 el derecho de “expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño“.
Pero la Constitución nunca nombra específicamente a los jóvenes en temas que les competen directamente. En cambio, la carta política de Brasil singulariza al niño y al adolescente en materia de derecho a la salud, la colombiana y la española consagran la participación activa de los jóvenes y la de Portugal va más allá, y desarrolla la noción del joven como sujeto de derecho.

“Los jóvenes se alejaron de los mecanismos tradicionales de participación política porque esos instrumentos se alejaron de los jóvenes y esta es una tendencia comprobable en todos los país del mundo”, explica Juan Manuel Abal Medina, politólogo e investigador del Conicet. “La situación -matiza- no cambiaría en nada si se pudiera votar desde los 16 años. Sin embargo esto no implica que descrean de la participación ciudadana, en nuestro país los jóvenes muestran hoy un interés mucho mayor que el que tenían en la década del 90“.

Los expertos coinciden en que la inclusión de los adolescentes en la adopción de decisiones necesita reconocer los cambios ocurridos en los mecanismos y estructuras de participación juvenil. De hecho, el Estado argentino asumió ese compromiso durante el Año Internacional de la Juventud, celebrado por la ONU en 1985, que considera a los jóvenes “asociados imprescindibles para construir la sociedad del futuro” y les asigna gran relevancia, particularmente en el diseño y desarrollo de estrategias para disminuir la pobreza y proteger el medio ambiente.

El mundo tiene hoy la mayor cantidad de jóvenes que registra la historia: una mitad de la población mundial tiene menos de 25 años y en el mundo en desarrollo una de cada tres personas tiene entre 10 y 25 años de edad, según el Informe 2005 del Fondo de Población de la ONU.

Cambios en la participación juvenil

La participación juvenil en la vida política de nuestro país se remonta a su fundación y fue muy fuerte durante las primeras décadas del siglo XX, por ejemplo con la Reforma Universitaria de 1918. Sin embargo, la imagen que se asocia con frecuencia a la participación de los jóvenes es la de los años ‘60, durante los cuales participaron de movilizaciones eran multitudinarias.

“Los ‘60 era un período donde la política significaba la transformación de las cosas -explica Balardini- y participar, o ‘militar’, como se decía, era deseable, era bueno, era bien visto, porque además el ideal era que la política transformaba las cosas para bien. El concepto era que la política construía la sociedad y conducía la economía, por eso en ese entonces había grandes consignas y podían ser abstractas”, explica Balardini.

La situación dio un giro de 180 grados, por varios factores que se aunaron: un descrédito muy grande de la participación política y de las posibilidades de la política para transformar efectivamente el mundo; el miedo todavía vigente por la represión durante los años de dictadura; y el sentimiento de ser manipulados que atravesó a la juventud participativa de los 80, nuevamente en democracia.

Los jóvenes empezaron a sentir entonces que la política era un ámbito donde eran manipulados. “Estaban para hacer pintadas, para repartir volantes, pero cada vez que había que encerrarse en un lugar a tomar decisiones, ellos no estaban”, dice el experto.

Abal Medina considera que la falta de participación política juvenil afecta más a aquellos países donde el Estado y los partidos son más débiles, están marcados por el desprestigio, el clientelismo político y las prácticas corruptas. “Esto desmotiva mucho más la participación -sostiene el investigador- y tiene un enorme impacto sobre los jóvenes porque en nuestro caso ellos sólo conocieron este modelo, el de los 90, y los aspectos negativos de la política. Entonces, no sienten interés en este modelo y buscan otras formas de participación”.

Esta crisis de representación causó en los jóvenes “una brutal desesperanza respecto a lo que pueda llegar a lograrse a través de las instituciones estatales”, concluye el estudio “Integración social de la juventud”, sobre Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires, elaborado por la Fundación Banco Provincia de Buenos Aires, con el apoyo del gobierno provincial.

Alejandro Rabinovich, cuarto candidato a diputado por el ARI en la Ciudad de Buenos Aires, considera que la poca participación juvenil en política es, efectivamente, una herencia de la década del 90, “donde primó el individualismo sobre lo colectivo”. El dirigente, dos años presidente de la Juventud Radical, ve una solución si los partidos aceptan “abrirse al traspaso generacional” y si el Estado encuentra “resortes para estimular la participación juvenil”.

Un documento publicado por la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) advierte que los jóvenes, sobre todo si son varones y pertenecen a grupos de bajos ingresos “son vistos por el resto de la sociedad como potenciales infractores y violentistas”. En este sentido, “la acción voluntaria le permite al joven involucrado colocarse como protagonista y no como marginado, como proveedor y no como dependiente, como héroe y no como víctima, como meritorio y no como objeto de sospecha por parte de los adultos”.

Las políticas públicas sobre juventud más fuertes, en general, son actualmente en el país las dedicadas a la producción y la capacitación en oficios, seguidas de cerca por programas de recreación, deportes y cultura, como la reciente muestra de Arte Joven en la Ciudad de Buenos Aires, próxima a reeditarse en otras ciudades del interior del país.

La juventud vista desde el Estado

Las políticas de juventud en Argentina han cambiado con los años. En 1973, la Secretaría de Juventud dependía de la Secretaría General de Presidencia, básicamente para incentivar la movilización política. Recién con el retorno de la democracia, 10 años después, se adoptaron en el país las primeras políticas de juventud “modernas”. En 1985, la ONU impulsó el Año Internacional de la Juventud y el Programa de Acción Mundial de Juventud, que imprimió un fuerte empuje al debate sobre políticas para jóvenes que aquí se cristalizó en 1987 con la constitución de una Secretaría Nacional de Juventud, con un sesgo de gestión de proyectos.

La CEPAL identifica cuatro tipos de políticas de juventud: por un lado, para la juventud, comúnmente asistencialistas, que estimulan conductas pasivas y conformistas; y por la juventud, de retórica heroica, que convocan a la movilización y adoctrinamiento. Por otro lado, políticas con la juventud, modernas, cuyo principio base es la solidaridad y en esencia participativas, donde los jóvenes son parte en el análisis, la toma de decisiones, la ejecución y evaluación de las mismas políticas; y políticas desde la juventud, es decir, las iniciativas impulsadas por los propios jóvenes.

Mariano Cascallares, director nacional de Juventud, que todos los encargados de áreas de juventud provinciales y municipales reconocen que se debe trabajar con y no para los jóvenes, pero “cuesta con otras áreas de gobierno, a las que hay que inculcarles esta visión de los jóvenes como protagonistas y que no son sólo el futuro, sino también el presente”.

Los especialistas mencionan algunas características que debe tener una buena política de juventud. Ernesto Rodríguez, experto uruguayo, marcó diez criterios para distinguir una buena política pública de juventud, durante un seminario que organizaron Flacso y la Fundación Friedrich Ebert. Rodríguez sugiere, entre otras cosas, promover la participación de los jóvenes en el diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas que les conciernen directamente; dar prioridad al plano local para efectivizar los programas, tomar a los jóvenes como destinatarios y a la vez como actores estratégicos del desarrollo, y atender la heterogeneidad propia de los grupos juveniles.

El reto desde el Estado para los próximos años, según Cascallares, es “trabajar desde abajo hacia arriba, con ellos y no para ellos”, mejorar el trabajo transversal con otras áreas de gobierno y trabajar con los municipios. En este sentido, el director nacional de Juventud comenta que en los últimos años las áreas de juventud municipales pasaron de ser menos de 60 a más de 300.

Hay en todo el país proyectos que, desde distintos ámbitos, promueven la participación de los adolescentes en la vida de su comunidad. Uno ejemplo de ello, lo constituye el Presupuesto Participativo Joven (PPJ) de Rosario como parte del Presupuesto Participativo Rosario en el que adolescentes de entre 12 y 18 años, elegidos por sus pares, elaboran proyectos sobre temas que consideran prioritarios para ellos y para toda la comunidad y que después se ponen en práctica durante el año siguiente.

En 2004 se hizo la experiencia piloto del PPJ en el distrito sudoeste de la ciudad, con el apoyo de la agencia alemana GTZ, que aportó 15.000 euros, de los cuales se destinaron 40.000 pesos para la ejecución de los proyectos elegidos por los jóvenes. Los adolescentes del distrito Sudoeste, donde se realizó esta primera prueba, votaron por la realización de talleres de murga, teatro y fútbol.

Este año jóvenes de toda la ciudad eligieron ocho proyectos que se pondrán en marcha durante 2006 con un aporte municipal de más de 250.000 pesos.

El Área de Juventud de la Municipalidad de Rosario se apoya en las escuelas y en las organizaciones juveniles para atraer a los chicos a participar del programa, que apunta a involucrar a los jóvenes en las problemáticas de su barrio y los invita a ser parte de la solución a sus problema cotidianos.

Los jóvenes reconocieron durante todas las etapas preliminares de evaluación de proyectos los problemas de seguridad y de infraestructura de la ciudad, como la pavimentación de calles o la iluminación. Las reacciones de los adolescentes al participar del PPJ demuestran que los jóvenes no son ajenos a los problemas de su barrio, e incluso se muestran dispuestos a aportar su contribución para solucionarlas.

Otras iniciativas de jóvenes en organizaciones comunitarias tienden a permanecer invisibles a los medios, aún cuando en ocasiones consigan atraer su atención, como el caso del jardín maternal que pusieron en marcha jóvenes del MTD La Matanza. Otro caso que llamó la atención durante un breve período fue el Movimiento de los Chicos del Pueblo, que en junio marchó hacia el Congreso para reclamar por la situación de los niños y jóvenes.

El impacto social de la participación juvenil.

El Informe sobre la Juventud Mundial de la ONU, pronto a publicarse, hace notar que “en el lema tradicional ‘los jóvenes son el futuro’ no se tiene en cuenta el hecho de que, hoy en día, los jóvenes contribuyen muy activamente a sus respectivas sociedades”. Por ello, interpreta Rodríguez, “la exclusión juvenil es, ante todo, un gran handicap para el conjunto de la sociedad, en la medida en que es la propia sociedad la que se priva de contar con el fecundo aporte de los jóvenes en la implementación de las estrategias de desarrollo”.

La participación de los jóvenes en la toma de decisiones es, además, un compromiso que asumieron los gobiernos durante el Año Internacional de la Juventud celebrado por la ONU. El organismo considera a los jóvenes “asociados imprescindibles para construir la sociedad del futuro” y les asigna gran relevancia, particularmente en el diseño y desarrollo de estrategias para disminuir la pobreza y proteger el medio ambiente.

El informe de la Fundación Banco Provincia reclama que “cualquier invitación honesta a participar debe incluir a los jóvenes la toma de decisiones” y que “una comunidad de ciudadanos se construye cuando todos tienen incidencia en las decisiones que influyen en sus vidas”.

Silvana Turra, coordinadora del Presupuesto Participativo Joven (PPJ) de Rosario, se declara convencida, desde el Estado, de que el verdadero resultado de un proyecto como ése “uno lo ve a muy largo plazo, porque apunta a cambios actitudinales, a cambiar esos conceptos de la cuestión de que la participación no sirve, que no vale la pena meterse, el ’si total no se puede solucionar nada’”, dice refiriéndose al PPJ.


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Es realmente preocupante la situacion de los jovenes en este pais…donde la educacion esta cada vez mas mediocre por que en este pais no se invierte en EDUCACION y los jovenes la verdad no tienen ni idea de sus derechos y menos de sus obligaciones…
Ojala puedan intervenir con ideas, con debates, y construir un pais mejor.y LEER MAS…prepararse, estudiar. y tener sueños ..participar en la construccion de un mundo sin violencia.
saludos