Sin derecho a votar y alejados de los partidos, los adolescentes multiplican su participación social

La crisis de representatividad de los partidos y la simple imposibilidad de votar sigue desalentando la inclusión política de los adolescentes en la Argentina, pero miles de jóvenes han generado a cambio nuevas formas de participación en la sociedad civil, que desmienten los prejuicios sobre su desinterés y apatía por el mundo que los rodea, dijeron especialistas y funcionarios consultados.

El 12,3 por ciento de los jóvenes argentinos, más de 3,3 millones de chicos de entre 15 y 19 años, está social y económicamente excluido, según datos oficiales. Sin embargo, como en el resto de América Latina, ellos valoran en general la democracia como espacio para diseñar sus proyectos y la participación como mecanismo para realizarse y obtener logros, aunque sin ser manipulados.

Rosario, de las urbes más pobladas y socialmente castigadas del país, tiene desde 2004 un Presupuesto Participativo Joven (PPJ) en el cual los adolescentes evalúan las necesidades de sus barrios, eligen sus propios representantes y votan los proyectos que en su opinión les permitirán mejorar su ciudad. Más al Norte, en Formosa, la mitad de los jóvenes rurales participa activamente en la vida de sus comunidades, en organizaciones juveniles, en actividades solidarias y en grupos religiosos. Cientos de experiencias de participación se desparraman en todo el país.

La participación juvenil persiste incluso en un contexto poco favorable: sólo el 61,2 por ciento de la población de entre 15 y 18 años asiste a la escuela y el 40 por ciento de los desempleados son jóvenes de menos de 24 años, y el mundo tradicional de la política dista mucho de la realidad cotidiana de estos adolescentes.

Sin embargo, el proceso de participación social de los adolescentes resulta poco visible, aún en períodos electorales, y en una comunidad con frecuencia más preocupada por los “problemas” de los que considera portadores a los adolescentes, más que por los que ellos mismos soportan.

“En la Argentina, la dictadura operó como un actor terrible que señala que si participás, cosas muy graves pueden pasar”, y muchos padres que vivieron esa etapa desalientan la participación de los chicos, incluso activamente, resumen Sergio Balardini, un investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

El senador nacional Jorge Yoma (PJ) presentó cuatro veces desde 1997 un proyecto para llevar a 16 años la edad mínima para sufragar, aunque optativo para los adolescentes de 16 y 17 años. La iniciativa nunca tuvo consenso suficiente. “Se cree que hay intenciones electorales. Yo creo que no podemos pedir que se juzgue a los jóvenes como maduros para delinquir, pero no para elegir a sus gobernantes“, dijo un legislador.
La participación de los jóvenes en la definición de las políticas públicas que les conciernen va más allá de las recomendaciones de los expertos. La Convención sobre los Derechos del Niño, incorporada en la Constitución en 1994, consagra en su artículo 12 el derecho de “expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño“.
Pero la Constitución nunca nombra específicamente a los jóvenes en temas que les competen directamente. En cambio, la carta política de Brasil singulariza al niño y al adolescente en materia de derecho a la salud, la colombiana y la española consagran la participación activa de los jóvenes y la de Portugal va más allá, y desarrolla la noción del joven como sujeto de derecho.

“Los jóvenes se alejaron de los mecanismos tradicionales de participación política porque esos instrumentos se alejaron de los jóvenes y esta es una tendencia comprobable en todos los país del mundo”, explica Juan Manuel Abal Medina, politólogo e investigador del Conicet. “La situación -matiza- no cambiaría en nada si se pudiera votar desde los 16 años. Sin embargo esto no implica que descrean de la participación ciudadana, en nuestro país los jóvenes muestran hoy un interés mucho mayor que el que tenían en la década del 90“.

Los expertos coinciden en que la inclusión de los adolescentes en la adopción de decisiones necesita reconocer los cambios ocurridos en los mecanismos y estructuras de participación juvenil. De hecho, el Estado argentino asumió ese compromiso durante el Año Internacional de la Juventud, celebrado por la ONU en 1985, que considera a los jóvenes “asociados imprescindibles para construir la sociedad del futuro” y les asigna gran relevancia, particularmente en el diseño y desarrollo de estrategias para disminuir la pobreza y proteger el medio ambiente.

El mundo tiene hoy la mayor cantidad de jóvenes que registra la historia: una mitad de la población mundial tiene menos de 25 años y en el mundo en desarrollo una de cada tres personas tiene entre 10 y 25 años de edad, según el Informe 2005 del Fondo de Población de la ONU.

Cambios en la participación juvenil

La participación juvenil en la vida política de nuestro país se remonta a su fundación y fue muy fuerte durante las primeras décadas del siglo XX, por ejemplo con la Reforma Universitaria de 1918. Sin embargo, la imagen que se asocia con frecuencia a la participación de los jóvenes es la de los años ‘60, durante los cuales participaron de movilizaciones eran multitudinarias.

“Los ‘60 era un período donde la política significaba la transformación de las cosas -explica Balardini- y participar, o ‘militar’, como se decía, era deseable, era bueno, era bien visto, porque además el ideal era que la política transformaba las cosas para bien. El concepto era que la política construía la sociedad y conducía la economía, por eso en ese entonces había grandes consignas y podían ser abstractas”, explica Balardini.

La situación dio un giro de 180 grados, por varios factores que se aunaron: un descrédito muy grande de la participación política y de las posibilidades de la política para transformar efectivamente el mundo; el miedo todavía vigente por la represión durante los años de dictadura; y el sentimiento de ser manipulados que atravesó a la juventud participativa de los 80, nuevamente en democracia.

Los jóvenes empezaron a sentir entonces que la política era un ámbito donde eran manipulados. “Estaban para hacer pintadas, para repartir volantes, pero cada vez que había que encerrarse en un lugar a tomar decisiones, ellos no estaban”, dice el experto.

Abal Medina considera que la falta de participación política juvenil afecta más a aquellos países donde el Estado y los partidos son más débiles, están marcados por el desprestigio, el clientelismo político y las prácticas corruptas. “Esto desmotiva mucho más la participación -sostiene el investigador- y tiene un enorme impacto sobre los jóvenes porque en nuestro caso ellos sólo conocieron este modelo, el de los 90, y los aspectos negativos de la política. Entonces, no sienten interés en este modelo y buscan otras formas de participación”.

Esta crisis de representación causó en los jóvenes “una brutal desesperanza respecto a lo que pueda llegar a lograrse a través de las instituciones estatales”, concluye el estudio “Integración social de la juventud”, sobre Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires, elaborado por la Fundación Banco Provincia de Buenos Aires, con el apoyo del gobierno provincial.

Alejandro Rabinovich, cuarto candidato a diputado por el ARI en la Ciudad de Buenos Aires, considera que la poca participación juvenil en política es, efectivamente, una herencia de la década del 90, “donde primó el individualismo sobre lo colectivo”. El dirigente, dos años presidente de la Juventud Radical, ve una solución si los partidos aceptan “abrirse al traspaso generacional” y si el Estado encuentra “resortes para estimular la participación juvenil”.

Un documento publicado por la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) advierte que los jóvenes, sobre todo si son varones y pertenecen a grupos de bajos ingresos “son vistos por el resto de la sociedad como potenciales infractores y violentistas”. En este sentido, “la acción voluntaria le permite al joven involucrado colocarse como protagonista y no como marginado, como proveedor y no como dependiente, como héroe y no como víctima, como meritorio y no como objeto de sospecha por parte de los adultos”.

Las políticas públicas sobre juventud más fuertes, en general, son actualmente en el país las dedicadas a la producción y la capacitación en oficios, seguidas de cerca por programas de recreación, deportes y cultura, como la reciente muestra de Arte Joven en la Ciudad de Buenos Aires, próxima a reeditarse en otras ciudades del interior del país.

La juventud vista desde el Estado

Las políticas de juventud en Argentina han cambiado con los años. En 1973, la Secretaría de Juventud dependía de la Secretaría General de Presidencia, básicamente para incentivar la movilización política. Recién con el retorno de la democracia, 10 años después, se adoptaron en el país las primeras políticas de juventud “modernas”. En 1985, la ONU impulsó el Año Internacional de la Juventud y el Programa de Acción Mundial de Juventud, que imprimió un fuerte empuje al debate sobre políticas para jóvenes que aquí se cristalizó en 1987 con la constitución de una Secretaría Nacional de Juventud, con un sesgo de gestión de proyectos.

La CEPAL identifica cuatro tipos de políticas de juventud: por un lado, para la juventud, comúnmente asistencialistas, que estimulan conductas pasivas y conformistas; y por la juventud, de retórica heroica, que convocan a la movilización y adoctrinamiento. Por otro lado, políticas con la juventud, modernas, cuyo principio base es la solidaridad y en esencia participativas, donde los jóvenes son parte en el análisis, la toma de decisiones, la ejecución y evaluación de las mismas políticas; y políticas desde la juventud, es decir, las iniciativas impulsadas por los propios jóvenes.

Mariano Cascallares, director nacional de Juventud, que todos los encargados de áreas de juventud provinciales y municipales reconocen que se debe trabajar con y no para los jóvenes, pero “cuesta con otras áreas de gobierno, a las que hay que inculcarles esta visión de los jóvenes como protagonistas y que no son sólo el futuro, sino también el presente”.

Los especialistas mencionan algunas características que debe tener una buena política de juventud. Ernesto Rodríguez, experto uruguayo, marcó diez criterios para distinguir una buena política pública de juventud, durante un seminario que organizaron Flacso y la Fundación Friedrich Ebert. Rodríguez sugiere, entre otras cosas, promover la participación de los jóvenes en el diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas que les conciernen directamente; dar prioridad al plano local para efectivizar los programas, tomar a los jóvenes como destinatarios y a la vez como actores estratégicos del desarrollo, y atender la heterogeneidad propia de los grupos juveniles.

El reto desde el Estado para los próximos años, según Cascallares, es “trabajar desde abajo hacia arriba, con ellos y no para ellos”, mejorar el trabajo transversal con otras áreas de gobierno y trabajar con los municipios. En este sentido, el director nacional de Juventud comenta que en los últimos años las áreas de juventud municipales pasaron de ser menos de 60 a más de 300.

Hay en todo el país proyectos que, desde distintos ámbitos, promueven la participación de los adolescentes en la vida de su comunidad. Uno ejemplo de ello, lo constituye el Presupuesto Participativo Joven (PPJ) de Rosario como parte del Presupuesto Participativo Rosario en el que adolescentes de entre 12 y 18 años, elegidos por sus pares, elaboran proyectos sobre temas que consideran prioritarios para ellos y para toda la comunidad y que después se ponen en práctica durante el año siguiente.

En 2004 se hizo la experiencia piloto del PPJ en el distrito sudoeste de la ciudad, con el apoyo de la agencia alemana GTZ, que aportó 15.000 euros, de los cuales se destinaron 40.000 pesos para la ejecución de los proyectos elegidos por los jóvenes. Los adolescentes del distrito Sudoeste, donde se realizó esta primera prueba, votaron por la realización de talleres de murga, teatro y fútbol.

Este año jóvenes de toda la ciudad eligieron ocho proyectos que se pondrán en marcha durante 2006 con un aporte municipal de más de 250.000 pesos.

El Área de Juventud de la Municipalidad de Rosario se apoya en las escuelas y en las organizaciones juveniles para atraer a los chicos a participar del programa, que apunta a involucrar a los jóvenes en las problemáticas de su barrio y los invita a ser parte de la solución a sus problema cotidianos.

Los jóvenes reconocieron durante todas las etapas preliminares de evaluación de proyectos los problemas de seguridad y de infraestructura de la ciudad, como la pavimentación de calles o la iluminación. Las reacciones de los adolescentes al participar del PPJ demuestran que los jóvenes no son ajenos a los problemas de su barrio, e incluso se muestran dispuestos a aportar su contribución para solucionarlas.

Otras iniciativas de jóvenes en organizaciones comunitarias tienden a permanecer invisibles a los medios, aún cuando en ocasiones consigan atraer su atención, como el caso del jardín maternal que pusieron en marcha jóvenes del MTD La Matanza. Otro caso que llamó la atención durante un breve período fue el Movimiento de los Chicos del Pueblo, que en junio marchó hacia el Congreso para reclamar por la situación de los niños y jóvenes.

El impacto social de la participación juvenil.

El Informe sobre la Juventud Mundial de la ONU, pronto a publicarse, hace notar que “en el lema tradicional ‘los jóvenes son el futuro’ no se tiene en cuenta el hecho de que, hoy en día, los jóvenes contribuyen muy activamente a sus respectivas sociedades”. Por ello, interpreta Rodríguez, “la exclusión juvenil es, ante todo, un gran handicap para el conjunto de la sociedad, en la medida en que es la propia sociedad la que se priva de contar con el fecundo aporte de los jóvenes en la implementación de las estrategias de desarrollo”.

La participación de los jóvenes en la toma de decisiones es, además, un compromiso que asumieron los gobiernos durante el Año Internacional de la Juventud celebrado por la ONU. El organismo considera a los jóvenes “asociados imprescindibles para construir la sociedad del futuro” y les asigna gran relevancia, particularmente en el diseño y desarrollo de estrategias para disminuir la pobreza y proteger el medio ambiente.

El informe de la Fundación Banco Provincia reclama que “cualquier invitación honesta a participar debe incluir a los jóvenes la toma de decisiones” y que “una comunidad de ciudadanos se construye cuando todos tienen incidencia en las decisiones que influyen en sus vidas”.

Silvana Turra, coordinadora del Presupuesto Participativo Joven (PPJ) de Rosario, se declara convencida, desde el Estado, de que el verdadero resultado de un proyecto como ése “uno lo ve a muy largo plazo, porque apunta a cambios actitudinales, a cambiar esos conceptos de la cuestión de que la participación no sirve, que no vale la pena meterse, el ’si total no se puede solucionar nada’”, dice refiriéndose al PPJ.

¿Apatía y desesperanza de la Juventud hacia la política?

En uno de sus sentidos conceptuales, la política es posibilidad de cambio, búsqueda de alternativas para mejorar las condiciones de vida; diagnósticos de situaciones vigentes, propuestas de planes y estrategias de acción; ideal de sociedad futura.

Hoy se confunde el espíritu de la política con la caricatura y expropiación que de ella hacen sus administradores directos, quienes la saturan de ambiciones desmedidas de poder, de mentiras, de opresiones crueles, de corrupción, de inutilidad y también de la impresión de que es imposible liberarse de ese tipo de accionar, lo que genera aún más repulsión y antipatía.

¿Cómo entonces no esperar que esa evidencia se marque en la percepción y aprecio de los jóvenes hacia la política? Ellos también son testigos y víctimas de grandes problemas sociales no resueltos -y a veces ni siquiera comprendidos- por un sistema político inepto ante la pobreza, exclusión social, violencia, inseguridad, discriminación, inequidad distributiva, desigualdad de oportunidades y otros.

Los jóvenes, al no contar con referentes-guía en lo ideológico ni tampoco en los procedimientos de inserción política, caen en una participación anodina, en indiferencia o construyen sus propios espacios de interrelación, cuántas veces abiertamente refractarios a la vida política constructiva y probatorios de la inutilidad del sistema para dar solución a problemas tan graves como el alcoholismo, la delincuencia, la drogadicción, los excesos pasionales, etc.

Es necesaria la construcción de modelos ideológicos en torno a los cuales pueda darse la identificación y participación política de los jóvenes. La prueba es que, en Argentina, la poca juventud inquieta en política se encuentra en las universidades y es motivada por modelos ideológicos sustentados, tal como sucede, por ejemplo, con el trotskismo.

Además, son escasas o inexistentes las propuestas novedosas que hagan lecturas actuales de la situación y planteen alternativas de cambio factibles ante las nuevas condiciones.

¿Cómo no entender entonces la posible sensación de desencanto y desilusión que puede anidar en quienes (los jóvenes) tienen o deberían tener en la esperanza un sustento y una razón de vida?

DESINTERÉS Y DESCONOCIMIENTO SOBRE ASUNTOS PÚBLICOS

Quizá el rechazo implícito o explícito a la práctica política del país no motiva a los jóvenes a seguir con interés y profundización los acontecimientos políticos, lo que no es rasgo exclusivo de la juventud pues muchos otros sectores –quizá la mayoría nacional- no tiene conocimiento suficiente del tipo de trabajo político que se hace en el país. Hay notorio desinterés de los jóvenes por la política pero también indiferencia para enfrentar tal situación de parte del Estado, partidos políticos, sistemas educativos, familias y medios de comunicación, con lo que el abismo se agudiza ya que no hay quién se anime a dar los primeros pasos de acercamiento.

El Estado argentino no promueve la participación política responsable y democrática de los jóvenes y se presenta ante ellos más como un poder abusivo, corrupto y soberbio que como ente destinado teóricamente a servir a las necesidades de la población.

Los partidos políticos sólo recurren al estrato juvenil de la ciudadanía cuando necesitan votos y entonces propalan indiscriminadamente mensajes propagandísticos que apuntan más a emociones y sentimientos que a niveles racionales y pensantes de un electorado que – como el juvenil – necesita argumentos y fundamentos para decidir sus opciones políticas. Más allá de los comicios, los partidos no hacen labor continua de acercamiento a la juventud mediante dotación de información, análisis, foros, encuentros, visitas a centros juveniles, universidades y colegios.

En cuanto a la sociedad civil argentina, es característica de ella su poca densidad organizativa, aspecto que queda aún más remarcado en el caso de la juventud que no tiene instancias de agrupamiento en torno a modelos distintos a los partidos. Es muy escasa la participación de jóvenes en sindicatos, federaciones, agrupaciones políticas y otras organizaciones.

Los sistemas educativos tienen una función vital en cuanto a cultivar en la mente y en el espíritu de la juventud la importancia de una participación política responsable, pero hacen poco al respecto.

Los medios de comunicación en su mayoría no tienen programación especial para la información y formación política de la juventud. Buena parte de los medios consideran que los jóvenes sólo demandan shows, música, entretenimientos fáciles, diversión, sexo o concursos, y quizá los acostumbran a ello pues no se ve que de los jóvenes surja una cultura de demanda que los llevaría a exigir otro tipo de contenidos mediáticos no siempre relacionados con lo consumista o lo superfluo. ¿Qué espacio tienen los jóvenes en empresas televisivas, emisoras de radio o periódicos para hablar de sus visiones y de sus inquietudes políticas?

En definitiva, el sistema social y político argentino no tiene escenarios ni canales establecidos para una participación política constante de la juventud; ante ello, no se internaliza en los jóvenes la importancia de la vida en democracia con lo que el tipo de participación que ellos puedan generar es improvisada, eventual y desconectada de las estructuras institucionalizadas.

IMPORTANCIA DE LA JUVENTUD PARA LA DEMOCRACIA

La democracia se sustenta en la participación ciudadana en política. De nada sirve un reconocimiento formal de voto a partir de los 18 años de edad, si este va a ser un voto obligado que no representa sustento en la conciencia y participación genuina de los ciudadanos. La juventud que sólo vota reproduce un esquema de democracia formal y “comicial” que está demostrando no ser suficiente para avanzar en los procesos necesarios de profundización democrática en el país.

La democracia no va a anidar en la juventud por arte de magia: ¡hay que cultivarla!, pues así los jóvenes no van a consolidar al interior de sí espíritus democráticos, ¿qué tipo de democracia coadyuvarán a construir hoy y mañana?

En las circunstancias actuales es poco probable que se produzca renovación de liderazgos políticos portadores de visiones de país diferentes a las desgastadas con las que nos enfrentamos hoy en día. Los liderazgos se construyen en las prácticas y las reflexiones permanentes, en la constitución de grupos, de movimientos circundantes a proyectos comunes, a sueños y a estrategias compartidas. Si no hay oportunidad de hacer eso, difícilmente podrán surgir torrentes de renovación ideológica y prácticas políticas.

La juventud es el terreno más fértil desde donde se debe construir democracia; los jóvenes deberían ser actores prioritarios en la práctica política, a partir de sus escenarios más inmediatos y llegando hasta las instancias más importantes de definición política vinculante. No olvidemos que Argetina es un país con predominancia juvenil en su composición poblacional.

DESESPERANZA

Indiferencia o apatía representan poco ante la sensación de desesperanza o desmoralización que son extremos graves a los que ojalá no estén orillando los jóvenes de hoy respecto a la política.

La sociedad no puede vivir sin política pues es esta actividad la que le define sus rumbos, la organiza, le plantea sus vías alternativas de vida en común. Si en los jóvenes cunde la desesperanza ¿qué proyectos políticos van a llevar a cabo ahora y también cuando tengan que asumir las responsabilidades políticas que el país de todas maneras les exigirá? ¿qué opciones de mejora de la sociedad podrán alimentarse a futuro si la juventud está inyectada de decepción, desconsuelo, frustración y desmoralización ante la política? Y hay que subrayarlo: no es sólo culpa de ellos.

La juventud es un sector marginado de la política, sin duda; es la sociedad misma la que los margina y la que – paradójicamente – pedirá de ellos un nuevo país en el futuro.

Desde la desesperanza poco se podrá avanzar y, ¿cómo construir democracia con la exclusión de los jóvenes?

http://www.youtube.com/watch?v=FPy6pSsK62k&feature=related

Los jóvenes, lejos de la política

A un cuarto de siglo de recuperada la democracia, en la mirada de los jóvenes hay una cuota de desencanto con la práctica política que tiene algunos rasgos aleccionadores. Como lo puso en evidencia una encuesta de la consultora TNS Gallup y la Universidad de Palermo -por la cual se entrevistó a 895 jóvenes de distintos puntos del país-, la inmensa mayoría de los argentinos de entre 10 y 24 años observa con una distancia crítica a la política. Así, el 74% de los entrevistados contestó que no le importa el tema, y el mayor nivel de disconformidad se registró entre el segmento que cuenta con el derecho al voto (de 18 a 24 años).

Este distanciamiento con una dimensión básica de la vida social no puede desconectarse del funcionamiento de los partidos políticos y de las instituciones de gobierno de nuestra comunidad. El hecho de que los jóvenes no le asignen importancia a la política resulta de formas de actuación pública que han provocado desilusión, frustración y daños a la comunidad. La persistencia de dobles discursos, de abusos y búsqueda del provecho personal, el trastocamiento que deja a los medios sin fines y a la búsqueda de poder sin vocación de servicio y sin proyectos articulados, afectan a los jóvenes de un modo notable, y esto debilita de cara al futuro la capacidad de formulación y realización participativa de proyectos para encaminar a nuestra sociedad en la senda del progreso y la equidad.

El rechazo de los jóvenes a la política no implica, afortunadamente, ausencia de compromiso con las cuestiones sociales. La solidaridad, de hecho, es uno de los valores que más privilegian. Pero es necesario que las generaciones hoy responsables de la dirección de organizaciones políticas y gubernamentales depuren sus prácticas y abran las puertas a la renovación, para que la energía transformadora de los jóvenes pueda canalizarse también a través de los instrumentos de representación previstos por nuestro estado de derecho.

Una encuesta puso de manifiesto que la inmensa mayoría de los jóvenes argentinos están alejados de la política. Es necesario que las organizaciones políticas se depuren para recuperar la confianza de la juventud.

Los jóvenes y la política

El diario La Nación publico los resultados de un sondeo realizado por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano (Copub) con el fin de indagar qué saben los jóvenes sobre los acontecimientos políticos de la década del 90. Los datos son alarmantes, la mayoría de los jóvenes no sabe de política. Virginia García Beaudoux, miembro del Copub, comentó que “Es preocupante que los estudiantes universitarios tengan dificultades para conceptualizar. Es un llamado de atención sobre el proceso educativo, que no facilita el desarrollo de herramientas de abstracción”. Ya que, según los datos arrojados por el estudio la mayoría no pudo responder correctamente qué países integran el Mercosur (97% de respuestas erróneas), la definición de “indulto” (96%), la fecha de la última reforma constitucional (95%), qué fue el Pacto de Olivos (92%), el monto aproximado de la deuda externa (78,5%) y qué es el “déficit fiscal” (69,1%). Además, no todos pudieron responder acerca de: el concepto de “convertibilidad”, la época de la última hiperinflación, y el nombre del presidente que indultó a militares declarados culpables por violaciones de los derechos humanos en la última dictadura, entre otras.

Según La Nación, las preguntas que la mayoría de los encuestados respondió correctamente son el nombre del principal ministro de Economía de los gobiernos de Menem (98,1%), la cantidad de veces que Menem fue presidente (97,7%), lo que significa FMI (97,7%), el nombre de empresas públicas privatizadas (95,5%), la época en que se aplicó la ley de convertibilidad (94%) y los nombres de funcionarios procesados por actos de corrupción durante el menemismo (89,1%).

García Beaudoux, sostiene que “Esto es un reflejo de lo que pasa a nivel general. Hay una tendencia a no conectar la política con la vida cotidiana, a tener una visión individualista de los temas sociales y a vincular la política sólo con la corrupción”. Y que, “Muy probablemente los jóvenes sientan que la información sobre temas políticos no tiene utilidad en sus vidas. No hay un aprendizaje social de que la política repercute en la vida cotidiana y de que se traduce en consecuencias concretas para la gente”.

Para esta integrante del Copub, los datos preocupan porque éstos son los jóvenes que votan, y elegir a partir de la desinformación es riesgoso para el futuro del país.

Tres razones por las que los jóvenes odian la política

Cómo influyen los nuevos valores e ideales, y qué estrategias erróneas se aplican. Del otro lado, posiciones acertadas que buscan captar su interés. Qué se rechaza de la “vieja” política.

El sentido común parece indicar que la historia que forjaron malas administraciones de turno, en especial en países como la Argentina, hace que hoy los jóvenes odien la política.

Pero, en el marco del IV Seminario Internacional de Management Político sobre Campañas Electorales, el reconocido analista Jaime Durán Barba, consultor de campañas electorales en América Latina, indicó el jueves en diálogo con Infobae.com que el rechazo de los jóvenes por la política “no es tanto un problema de historia” sino “un problema del cambio de los seres humanos: hay un ser humano distinto”.

Tras su ponencia, en la que se refirió a la profunda crisis que jaquea a la política, a que los jóvenes llegan a su edad ciudadana sin haber experimentado su socialización política y que esto se suma a una sociedad cada vez más informatizada, entre otros puntos de análisis, sintetizó tres razones que hacen al fenómeno de la desestimación de la juventud por la política:

1) En principio, “ha surgido una nueva etapa con jóvenes que tienen principios diversos de los mayores. Estos giran en torno al placer. Los jóvenes son hedonistas. Y eso no es bueno ni malo. Son elementos descriptivos. No tienen utopías de largo plazo que nos alentaban a quienes ya estamos más viejos. Sino utopías de corto plazo. Tienen sus gustos en la música, en el sexo, en el teatro, su visión de la vida cotidiana”. Es decir, es otro joven, distinto al de tres décadas atrás.

2) Por otra parte, se diferencian de los adultos. Por caso, “hay quienes tienen más de 50 años y tienen dificultades para navegar por internet normalmente cuando hay niños de 11 años que navegan naturalmente porque les parece que internet es parte de la realidad”.

3) Y por último, “todo esto no es comprendido por políticos que se educaron a la sombra de los viejos líderes, de los grandes oradores y con principios de otra época. No creo que ni estos ni los otros principios sean mejores ni peores, pero sí son diversos”.

Para Durán Barba, “muchos de nuestros líderes creyeron cuando fueron niños que llegaron en el pico de la cigüeña y hoy ningún niño cree eso. Hay un libro excepcional que se llama Mapas de la Historia, de David Christian, que dice que el cambio de la especie nuestra en los últimos 30 años es superior a la que se dio desde hace 30 años hacia el origen del homo sapiens”

“Hay un cambio que es aún físico: está naciendo una nueva especie y una nueva forma de ver el mundo. Y los más viejos no perciben que eso es así”, puntualizó.

Pero además de la cada vez más informatizada sociedad, se destaca que la misma se halla alejada del molde masculino y ha adoptado características femeninas.

Para el analista, un eje del cambio del ser humano “se debe en parte a la feminización de la cultura. Occidente es la primera cultura femenina que hay en la historia de la humanidad. Por la importancia que tienen las mujeres en la sociedad y porque transmitieron sus valores las mujeres a la sociedad”. Por tanto, se tiene “una sociedad que es menos delirante que la que es propia de los machos, que es más permisiva y con más sentido común, más pragmática: son todos valores femeninos”.

“El hecho de que hombres y mujeres debamos compartir tareas del hogar y crianza de los niños, por ejemplo, nos ha cambiado mucho a los hombres. Pasamos del macho alfa, que asusta y muerde, al padre bonito que no asusta a los niños”.

Consultado acerca de qué se hace para “captar” el interés del joven, o más bien, a este “nuevo” joven producto también de una sociedad transformada, Durán Barba explicó que lo que hay que hacer es “respetarlo”.

“Hay tres posibilidades. Una errónea es pensar en manipularlos, en ‘les pongo una musiquita de rock y como son idiotas votan por mí’”. Otra errónea es pensar “los convierto y entonces, las mujeres se van a cocinar, no hay relaciones sexuales y la sociedad se vuelve ‘a la antigua’. La tercera es comprenderlos”, dijo.

“Comprender que ellos tienen una visión del mundo distinta: hay que acordarse de cuando uno fue joven. Cuando fui joven fui un muchacho revolucionario. Mi padre decía: ‘el mundo se acaba con estos jóvenes’. Ahora que soy un hombre de edad, no puedo tener la actitud de mis padres con mis hijos. Ellos tienen valores que yo no tuve, ven el mundo de una manera que yo no vi y por eso, debo respetarlos y comprenderlos, aprender de ellos, para así poder construir juntos un mejor mundo futuro”.

QUE PIENSAN Y SIENTEN LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES ARGENTINOS SOBRE EL PRESENTE Y EL FUTURO DEL PAIS

Una encuesta de Unicef que abarcó todo el país y que publicó en exclusiva Página 12, muestra por primera vez las percepciones de niños, niñas y adolescentes sobre la realidad nacional, la política, sus intereses, gustos y temores. Las cuestiones religiosas, la escuela, la familia.

Sin pobreza, inseguridad ni desempleo. Así imaginan el país ideal los niños, niñas y adolescentes argentinos, de acuerdo con un sondeo de opinión nacional encargado por Unicef y al que accedió en forma exclusiva Página/12. Los chicos son optimistas: la mitad piensa que en el futuro la situación del país será mejor y apenas un 10 por ciento, que estará peor. Pero sienten que los gobernantes les dan la espalda: una amplia mayoría cree que no se preocupan por escuchar las opiniones y necesidades de la población infantil y juvenil. Existen tres aspectos que valoran como de mayor importancia en sus vidas: en primer lugar, tener buenas relaciones familiares; en segundo, cuidar la salud y, por último, tener muchos amigos y conocidos. A lo que menos importancia les dan son a los temas políticos, las cuestiones religiosas y espirituales y a invertir tiempo y plata en estar lindo. Entre las cosas que menos les gustan de la escuela se destacan los comportamientos agresivos que observan o sufren en el ámbito educativo.

El propósito del estudio, realizado por la consultora Analogías, fue conocer las percepciones de niños, niñas y adolescentes sobre una diversidad de temas entre los que se cuentan la familia, la escuela, sus intereses y la evaluación del país. En total, se encuestaron a 1411 chicos de 8 a 17 años de ambos géneros en 33 localidades de todas las regiones del país y, por el diseño de la muestra, el sondeo posee una lectura de alcance nacional. Debido a que el universo comprende dos segmentos bien diferenciados de edad, se hicieron preguntas específicas para los más pequeños, de 8 a 12 años y para los más grandes, de 13 a 17. Las entrevistas fueron personales y domiciliarias a través de la administración de un cuestionario con preguntas abiertas y cerradas. El trabajo de campo se llevó a cabo a mediados de 2006, pero los resultados recién se dan a conocer ahora.

Durante el relevamiento se exploraron las opiniones y expectativas que tienen sobre la realidad nacional. Al preguntarles quiénes están haciendo las cosas bien en el país, es decir, la evaluación de la actuación de distintas figuras y actores sociales, en primer lugar se destacan los deportistas. Ocho de cada diez opina que son los que mejor se desempeñan. En este punto, Unicef aclaró que la encuesta se realizó durante el transcurso del Mundial de Fútbol de Alemania. Luego se encuentran los artistas y los maestros y profesores. En cuarto lugar se encuentra como mejor evaluada la actuación del presidente de la Nación y los periodistas: el 50 por ciento de los chicos opina que están haciendo las cosas bien. Este alto porcentaje contrasta con el 14 por ciento de evaluación positiva que tienen los “senadores y diputados”, que se encuentran en último lugar (ver aparte). “Es interesante agregar que los niños y los adolescentes opinan que el nivel de preocupación de los gobernantes por temas que les conciernen es bajo”, sostiene el estudio. Sólo un 17 por ciento de los chicos piensa que “los gobernantes” se preocupan por escuchar sus opiniones y necesidades.

En cuanto a cómo los chicos perciben la actual situación del país (en realidad, a mediados de 2006) puede decirse que es “relativamente positiva”, indica Unicef. Sólo un 16 por ciento opina que la situación presente de la Argentina está mal. Esta proporción de percepciones negativas no varía significativamente por género, edad, situación educativa y ocupación de los padres, tipo de hogar o región. Un 51 por ciento dice que está regular y un 30 por ciento que está bien. Mientras los más chicos son más optimistas, los adolescentes en cambio mantienen una mirada más crítica.

También se indagó sobre qué piensan del futuro del país: el 50 por ciento cree que el país estará mejor; el 30 por ciento, igual que en la actualidad y sólo un 11 por ciento que se encontrará en una peor situación.

¿Cómo es el país en el que les gustaría vivir? No debería haber pobreza, ni “inseguridad” ni desempleo. En la Argentina “ideal” imaginado por los chicos deberían estar resueltos esos tres problemas. La falta de trabajo preocupa en mayor medida a los adolescentes, “tal vez porque reconocen su gravedad de manera más cercana, como un problema de su futuro próximo”, observa el sondeo de opinión. Algunas de las respuestas de los chicos fueron:

- “Que no haya pobreza, que haya más seguridad, que no haya discriminación” (Marina, 16 años, de Arrecife).

- “Me gustaría vivir en un país con más seguridad y que desaparezcan los corruptos de todo nivel socioeconómico” (Carlos, 14 años, de Gran Buenos Aires).

- “En un país donde los chicos tengan qué comer” (Eugenia, 8 años, de Gran Rosario).

- “Que los políticos trabajen más por la gente, escuchando a la gente” (Lucas, 14 años, Gran Tucumán).

- “Que los chicos no sufran tanto por la pobreza y que no le roben más al país” (Victoria, 11 años, de la ciudad de Buenos Aires).

- “Que no se contamine la naturaleza, que sea un país más limpio” (Lucía, 8 años, de Gran Mendoza).

- “Con trabajo para mi familia y que yo pueda seguir estudiando (Fernanda, 12 años, de Gran Resistencia).

- “Que no roben, que no haya violencia, que no maten” (Juliano, 13 años, de Gran Mendoza).

El sondeo exploró el grado de interés en relación con una serie de temas planteados que hacen tanto a su contexto inmediato de vínculos como las amistades y los vecinos, como a otros de interés público como la ecología y la política. En primer lugar, con un alto grado de importancia se posiciona: “Lo que les pasa a mis amigos”. Luego, en segundo lugar, se ubican, “el deporte”, “la ecología y el medio ambiente” y “lo que le pasa al país”. En tercer lugar, se encuentran agrupados: “lo que le pasa a mis vecinos”, “las actividades artísticas”, “la religión” y “lo que le pasa a otros países”. Por último, relegado con un porcentaje sensiblemente bajo se ubica “la política”. “Es claro que existe un concepto disociado acerca de lo que significa el concepto de política”, observa el informe de Unicef. Por un lado, se observa un alto porcentaje de interés acerca de lo que pasa en el país (69 por ciento). Es decir, la política entendida como la actividad de un ciudadano que se preocupa por la vida pública de la comunidad. Y en ese sentido podrían incluirse otros aspectos de alto grado de interés como la preocupación por los vecinos (48 por ciento) o lo que ocurre en otros países (38 por ciento). Por otro lado, surge un bajo porcentaje de interés sobre “la política” (12 por ciento) que “sin lugar a dudas es entendida como aquello que les concierne a los políticos”, se señala en el análisis de los resultados del sondeo.

El relevamiento también indagó sobre los aspectos más y menos valorados por los chicos para sus vidas. El ranking de los más importantes fue el siguiente:

1. Tener buenas relaciones familiares.

2. Cuidar la salud.

3. Tener muchos amigos y conocidos.

Lo que menos valoran es:

1. Los temas políticos.

2. Las cuestiones religiosas y espirituales.

3. Invertir tiempo y plata en estar lindo.

Agresiones y goteras

¿Qué es lo que más les gusta de la escuela? Absolutamente todos respondieron en primer lugar aspectos relacionados con cuestiones recreativas y/o de amistad: jugar, los recreos, hablar con compañeros, estar con amigos. En segundo lugar, las respuestas se vinculan con la posibilidad de aprender. Y ¿qué es lo que menos les gusta? El aspecto más mencionado (42 por ciento) tiene que ver con las obligaciones y exigencias propias de los métodos de enseñanza. Pero el segundo aspecto mayormente señalado (27 por ciento) está relacionado con comportamientos “agresivos” dentro de la escuela. Algunas respuestas espontáneas fueron:

- “No me gusta estar con mis compañeros, algunos son malos y dicen cosas feas” (José Luis, 10 años, de Resistencia).

- “Que me digan cosas mis compañeros, como que soy gorda” (Florencia, 11 años, de El Dorado, Misiones).

- “Que me pelean mis compañeros, que tampoco respeten a la señorita” (Marcelo, 10 años, de Tunuyán, Mendoza).

- “Hay muchas peleas adentro y fuera del colegio” (Iván, 13 años, Posadas).

El problema de las agresiones dentro del ámbito escolar es “un tema de mucha importancia”, ya que casi el 20 por ciento del los chicos y adolescentes resaltan actitudes agresivas entre los mismos compañeros, enfatiza el informe con el análisis del sondeo de opinión encargado por Unicef. “Es notable, a su vez, la proporción de niños de 8 a 12 años que mencionan comportamientos de este tipo (33 por ciento) comparada a la cantidad de adolescentes (19 por ciento)”, destaca el estudio. Esta problemática aparece en mayor medida en las ciudades con menor cantidad de habitantes. En Capital Federal y el Gran Buenos Aires se observa el menor porcentaje de menciones (14,5 por ciento), mientras que en la Patagonia se concentran la mayor (39 por ciento), seguida por el NEA (27 por ciento).

Resulta también “importante”, considera Unicef, el porcentaje de chicos que menciona cuestiones relacionados con la escuela, con sus recursos y su infraestructura a la hora de evaluar los aspectos que menos les gustan. “Este aspecto resulta un punto crucial puesto que incide en la posibilidad de brindar calidad educativa”, agrega el organismo internacional. Así, el 17 por ciento de los niños, niñas y adolescentes señala críticamente la falta de limpieza, de calefacción, el olor de los baños y la existencia de goteras en las aulas, entre otros problemas.

Los chicos y jóvenes no creen en la política pero son solidarios

TENDENCIAS: RESULTADOS DE UNA ENCUESTA NACIONAL A PERSONAS DE 10 A 24 AÑOS

Casi el 75% de los consultados se sienten lejos de la política pero 8 de cada 10 asegura que le interesa ayudar a otro si está en problemas. Por eso los especialistas hablan de un cambio en la manera de participación, más que de apatía.

Hubo un tiempo, y no lejano, en que adolescencia, juventud, religión y política caminaban muchas veces de la mano. Los coqueteos y compromisos con “instituciones” y/o “credos” que señalaban órdenes injustos y aglutinaban voluntades detrás de “buenas” causas o movidas colectivas eran parte ineludible de etapas en que las ganas de cambiar las cosas son casi un sello de identidad. Pero los tiempos cambian. Por estos días, quienes tienen por delante un futuro de varias décadas han perdido interés por esos espacios e ideologías que alguna vez los sedujeron masivamente. Hoy, al 74% de los argentinos de entre 10 y 24 años no le interesa la política y a casi la mitad no le importa la religión. Sin embargo, valoran la democracia y tienen entre sus principales objetivos la solidaridad y la igualdad.

El estudio que midió esta tendencia fue realizado por la consultora TNS Gallup, en conjunto con la Universidad de Palermo. “Entrevistamos 895 chicos de todo el país para conocer las prioridades y objetivos de los jóvenes y poder instalar en la sociedad un debate sobre algunos temas”, dice Gabriel Foglia, decano de la Facultad de Económicas de la UP. “Creo que es un segmento muy afectado por la crisis del 2001 y por las consecuencias socioeconómicas y familiares que tuvo. Muchas cuestiones que sus padres valoraban perdieron valor para ellos”, analiza.

Uno de los datos más significativos es el masivo desinterés que tienen los jóvenes por la política. El 74% contestó que no le importa el tema, y apenas un 15% dijo sentirse satisfecho con la política actual. “Lo más llamativo es que al cortar por edad encontramos que quienes ejercen el derecho al voto (los que tienen entre 18 y 24 años) son los menos interesados y más disconformes. El tema no está en su agenda”, asegura Foglia.

Sin embargo, también 8 de cada 10 dijeron sentirse representados con la frase “uno de mis principales objetivos es ayudar a los que tienen problemas”, una adhesión que supone un valor por “la solidaridad y la cohesión social”, según Gallup. “Esta opinión –aclaran– es más marcada entre las mujeres y mucho más fuerte en el interior que en Capital. Entre los porteños, cae al 57%”.

El politólogo Pedro Núñez, investigador de FLACSO, sostiene que “no puede analizarse la falta de interés de los jóvenes por la política sin situarla en un contexto en el que amplias capas de la población tienen una relación de desconfianza con ella. Existen otras formas de participación que cobran preponderancia entre ellos, como las organizaciones socio-comunitarias, artístico-culturales y estudiantiles. Quizá se están poniendo en juego otras maneras de entender la política y la participación. Tal vez sean los significados de la democracia los que estén en transformación”, arriesga.

Sergio Balardini, psicólogo y especialista en temas de juventud, entiende que la actitud de los jóvenes respecto a la política tiene que ver con que “hoy la democracia es menos heroica”. Las nuevas generaciones la viven con más naturalidad: “están acostumbrados a ella”, explica. “Eso no quiere decir que no la valoren, ni que no les interesen sus temas. Lo que no los seduce es la política partidaria. Su participación en partidos ronda el 1%, y el 80% ni siquiera se siente identificado con alguno de ellos”.

¿Qué aleja a los jóvenes de los partidos? Según Balardini, “los discursos que van y vienen, la manipulación, sus prácticas burocráticas, sus aparatos, su poca transparencia”. Pero, también, la falta de tiempo libre. “Hoy los adolescentes y jóvenes pasan más tiempo en la escuela y tienen la agenda más cargada. Hay otras restricciones vinculadas a los estilos de vida”, explica.

Desencanto. Doble discurso. Insatisfacción. Son algunos de los motivos que empujan a los jóvenes hacia formas de participación ajenas a los formatos tradicionales. Pero no son los únicos: a la propia crisis o resignificación de algunas instituciones hay que sumar transformaciones que las exceden. Según los expertos, también influyen cambios socioculturales que han hecho retroceder el peso de lo comunitario en favor del “yo”. En una época de mayor individualismo, dicen, se desvanecen las ataduras a la nación y la comunidad. Todo lo colectivo cotiza menos.

Nuñez también busca por ahí. “Los cuestionamientos hoy suelen expresarse en términos de actitudes individuales y no colectivas. Y las injusticias cotidianas tienden a percibirse de manera crecientemente personalizada. Creo que no hay ausencia de política sino que ésta importa en tanto experiencia personal”. El politólogo propone cuestionar la idea de apatía y revisar los prejuicios sobre las nuevas generaciones. “Tal vez su actitud tenga que ver con la sensación de no poder incidir en la definición y solución de los problemas. Podemos pensar el desinterés desde su reverso: ¿cuánto interesa a quienes deciden y a los grupos de presión la opinión de los jóvenes?”.

Núñez subraya la necesidad de esquivar la dicotomía entre formas adecuadas o normales de participación –”institucionales”– y formas no adecuadas o “alternativas”. “Lo institucional es una forma más de participar que en los jóvenes pierde centralidad”, reflexiona. Balardini coincide: “hablar de apatía supone salir de un lugar errado, de una mirada que desconoce o subestima otras formas de participación u otros intereses. Hay temas que convocan mucho a los jóvenes, como la paz, los derechos humanos y la educación. Pero su participación no se ajusta a los viejos modelos”, dice.

Los especialistas explican que están surgiendo formas de participación democrática que no coinciden con las valoradas por los adultos. Y aseguran que los jóvenes no son antipolítica ni se retraen en una apatía desinteresada: sólo prefieren ámbitos no partidarios y “rechazan la lógica amigo-enemigo, como fórmula de antagonismo permanente”. La lógica setentista o la cultura K, claro está, difícilmente los seduzca.