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Tiro al aire

Estoy ensayando como volver. Como seguir más bien.

Volver, lo que se dice volver, no se puede. Ni siquiera, puedo volver a ser la misma. Cuando uno aprende algo, cambia la forma de ver las cosas.

El pasado ya está, no se discute. Es como es.

Ni uno puede volver atrás siendo el que es ahora, ni puede cambiar el después con 20 años menos.

Sino, miren el quilombo que se le armó a Michael Fox.

La vida no tiene deshacer. Por suerte.

Si te enteraste que sos cornudo, por ejemplo, no vale de nada decir “ah, prefería no enterarme”.

No importa que preferís. Ya lo sabés.

Podés hacerte el boludo si querés. Pero no saber, no.

Nada borra la tinta, con la que se escriben los recuerdos. Ni uno no puede elegir que se cuenta, ni como.

La mente, es el reino más difícil de gobernar. Freud decía que el inconciente, es como un caballo desbocado. Y yo, siento que no nací para jinete.

Tengo una relación especial con el pasado. Con la de mi país y con el mío propio. Son unas pocas imágenes, anárquicas y caprichosas, desparramadas en mi memoria.

Guardo un par de flashes de cuando era chica. En uno, me veo parada frente a un enorme árbol de navidad, y yo, con un vestido naranja, mirando por la ventana.

No sé si ese recuerdo existió alguna vez. Pero ahí está. Firme en mi cabeza como busto de San Martín en colegio primario.

Cuando me junto con mis compañeras del secundario, y hablan del pasado en común, es como si me hablaran de una vecina, muy vecina mía, que no conocí del todo. Y me da bronca no poder conocerme tan bien como ellas.

Algunos recuerdos… ni siquiera los recuerdo.

Y lo peor, es cada vez, me pasa más cerca del presente. Llego a la oficina, y saludo a la misma gente, más de una vez. A veces, tengo ganas de llegar y decirles: “no se muevan, quédense como están, esto no es un asalto, sino un pedido de socorro: Esperen que termine de saludar. ”

Sin duda, era más fácil de chica.

Estoy en la quinta de mi tía, un día muy lluvioso.

Tengo unos ocho años, una malla y un chorro de agua que se desprende del techo por la zinguería, cae por mi cuello y salpica de barro, el piso encerado de la galería.

Nena bajo la lluvia

Es el baldazo de agua fría más feliz que recuerdo.

Mis pies, festejan con aplausos en el pasto.

Nada mejor que ver una gota de barro, en un piso encerado.

Las formas, se dibujan perfecto. Uno ve lo que está limpio y lo que no.

Me gustan las manchas que se quitan con agua, así como los errores fáciles de aprender.

Esta imagen, sin embargo, sé que sí. Existió.

Tengo muchos recuerdos mirando estrellas. Y muchos descalza, y con la cabeza hacia arriba, como esperando que pase algo.

Hay otro, en que soy más chica. Tan chica como para ver barrotes al abrir los ojos.

Tan indefensa, como para no poder hacer nada más que atinar a llorar: uno gran oso polar, se acerca a mi cuna para sacudirme.

Este, estoy segura que no fue cierto.

Como era posible que hubiera un enorme oso en mi cuarto?

Como soy tan poco guardona , tengo pocos. No osos, sino recuerdos.

Hay los que hay y son lo que son. No puedo elegirlos, ni arrancar los osos de mi pasado.

Igual, me dá no se que tirarlos…

Aunque algunos me asusten detrás de los barrotes.



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