Una buena crisis viene a denunciar lo que todos ya sabían: este mundo, así como está, no va más.
Y sin embargo…
Tres de mis mejores amigas, tuvieron bebés este año. Hoy por la mañana, el borde del 2011, recibió a Lorenzo. El integrante más nuevo, de la prolífica familia de la banda de San Blas.
Hernán Casciari, quien escribe el mundo con el que sueño, lanzó la revista ORSAI. El no quiso matar a nadie, pero el mercado editorial se infartó, de pura abuelez.
Mientras tanto, esa misma España que lo vio emigrar diez años antes, estaba indignada. No con él, por supuesto. Y hubo manos levantadas diciendo Orsai en todo el mundo, sin saber de la existencia de Hernán ni de su revista. Simplemente hartos de la miseria, de la violencia y del poder. Un poder que lejos de construir, destruye.
A principios de abril, mis hijas se fueron a vivir solas. Y vieron su libertad hecha realidad.
En octubre murió Steve Jobs. Y volvió a sacudirnos la pasión que todos llevamos dentro.
La semana del 11/11/11 mi jefe, dejó de acatar instrucciones ajenas y fue por las propias. El mundo, ese mismo día, se dedicó a meditar.
En noviembre, terminé un curso de guión y quedé embarazada de mellizos: tengo dos proyectos para el 2012.
Sin duda, el 2011 fue año embarazoso: de niños, de vida, de proyectos y de ganas. De esas ganas “de lo que siempre quisimos hacer”.
Si ellos, quienes nos gobiernan, no pueden hacerlo, hagámoslo nosotros.
Somos los padres de un mundo mejor. El nuestro. El que queda en nuestras manos.
Y si el mundo no se acaba, al menos, que nos sirva de excusa.
Estoy ensayando como volver. Como seguir más bien.
Volver, lo que se dice volver, no se puede. Ni siquiera, puedo volver a ser la misma. Cuando uno aprende algo, cambia la forma de ver las cosas.
El pasado ya está, no se discute. Es como es.
Ni uno puede volver atrás siendo el que es ahora, ni puede cambiar el después con 20 años menos.
Sino, miren el quilombo que se le armó a Michael Fox.
La vida no tiene deshacer. Por suerte.
Si te enteraste que sos cornudo, por ejemplo, no vale de nada decir “ah, prefería no enterarme”.
No importa que preferís. Ya lo sabés.
Podés hacerte el boludo si querés. Pero no saber, no.
Nada borra la tinta, con la que se escriben los recuerdos. Ni uno no puede elegir que se cuenta, ni como.
La mente, es el reino más difícil de gobernar. Freud decía que el inconciente, es como un caballo desbocado. Y yo, siento que no nací para jinete.
Tengo una relación especial con el pasado. Con la de mi país y con el mío propio. Son unas pocas imágenes, anárquicas y caprichosas, desparramadas en mi memoria.
Guardo un par de flashes de cuando era chica. En uno, me veo parada frente a un enorme árbol de navidad, y yo, con un vestido naranja, mirando por la ventana.
No sé si ese recuerdo existió alguna vez. Pero ahí está. Firme en mi cabeza como busto de San Martín en colegio primario.
Cuando me junto con mis compañeras del secundario, y hablan del pasado en común, es como si me hablaran de una vecina, muy vecina mía, que no conocí del todo. Y me da bronca no poder conocerme tan bien como ellas.
Algunos recuerdos… ni siquiera los recuerdo.
Y lo peor, es cada vez, me pasa más cerca del presente. Llego a la oficina, y saludo a la misma gente, más de una vez. A veces, tengo ganas de llegar y decirles: “no se muevan, quédense como están, esto no es un asalto, sino un pedido de socorro: Esperen que termine de saludar. ”
Sin duda, era más fácil de chica.
Estoy en la quinta de mi tía, un día muy lluvioso.
Tengo unos ocho años, una malla y un chorro de agua que se desprende del techo por la zinguería, cae por mi cuello y salpica de barro, el piso encerado de la galería.
Es el baldazo de agua fría más feliz que recuerdo.
Mis pies, festejan con aplausos en el pasto.
Nada mejor que ver una gota de barro, en un piso encerado.
Las formas, se dibujan perfecto. Uno ve lo que está limpio y lo que no.
Me gustan las manchas que se quitan con agua, así como los errores fáciles de aprender.
Esta imagen, sin embargo, sé que sí. Existió.
Tengo muchos recuerdos mirando estrellas. Y muchos descalza, y con la cabeza hacia arriba, como esperando que pase algo.
Hay otro, en que soy más chica. Tan chica como para ver barrotes al abrir los ojos.
Tan indefensa, como para no poder hacer nada más que atinar a llorar: uno gran oso polar, se acerca a mi cuna para sacudirme.
Este, estoy segura que no fue cierto.
Como era posible que hubiera un enorme oso en mi cuarto?
Como soy tan poco guardona , tengo pocos. No osos, sino recuerdos.
Hay los que hay y son lo que son. No puedo elegirlos, ni arrancar los osos de mi pasado.
“Se viaja no para buscar el destino, sino para huir de donde se parte” (Miguel de Unamuno)
Puede ser Miguel, puede ser. No es por contradecirte, pero en mi caso, tuve que además, huir de donde llegué…
Cuzco está a 3900 km de Bs. As. si le pegamos derecho hacia adelante. Y después, unos 3400m encarando para arriba, cerquita las estrellas. Cerquita también, está Machu, su hermano famoso, un poco más petiso, solitario y egocéntrico. Uno es colorido y sociable; el otro, silencioso y enigmático.
Yo quería a los dos y en ese orden. A mis 43, es pecado negarse a ciertas cosas, casi como una última oportunidad. Pero resultó que el primero nomás, me dejó de cama.
Gentileza de Mariela Vaccaro, una de las hechiceras viajeras
EL PLAN PERFECTO
Por primera vez, después de muchos, muchos años, me animé a abrir el cajón de los sueños. Primero salió un poco de baranda a humedad, dado que algunos habían vencido hace rato. Así que resigné el de bailarina clásica, el de azafata internacional y el de gimnasta rusa (este particularmente venía mal parido).
Algunos separé por las dudas y otros me emocionaron como foto vieja del secundario. Viajar con tres de las hechiceras lejos, a un lugar bello y espiritual, me resultó irresistible.
Todavía con las cuotas de aires acondicionados, placares y préstamos hipotecarios abultando los plásticos mes a mes, decidí unirme al grupo de aventureras. Sacamos los pasajes un ratito antes que venciera el 2010. La fecha, 29 de mayo.
Ni bien me mudé a esta casa, tenía claro que “viajar” era EL PLAN. Con hijas grandes casi haciendo su vida, sin pareja a la vista y vacaciones suficientes por delante, no quedaron más excusas.
Ese lugar enigmático y espiritual parecía un buen eslabón del camino que venía trazando: respiración, silencio, búsqueda interior, yoga… si si, definitivamente, visitar Cuzco, Ollantaytambo y Machu Picchu estaba más que bien para empezar.
Era la versión sudaca de Comer, Rezar, Amar y un poco más económica que Italia, India e Indonesia. También algo más corta, mi “año sabático” duraba solo una semana.
Los meses previos, los dediqué a armar el viaje, e incluso, a entrenar físicamente con 10km diarios de bici y tres veces por semana de yoga. Llevé equipo necesario para pasar noches en la Antártida y días en el Caribe, y hasta una zapatilla con diferentes tomas para que el low battery no sea un problema.
Tenía elegida hasta la música que haría sonar antes de levantar la vista y ver el Wayna Picchu, y cargué mi Orsai Nro 2 en la mochila para sacarnos una foto allí, al aire libre, como pide Casciari en su blog.
Nunca imaginé, que lo único imprescindible en mi equipaje, sería el pijama.
DIA D (omingo)
Hacía frío. Marie se había quedado a dormir en casa, pero a decir verdad, ninguna de las dos pegó un ojo. A las cinco, nos tocó el timbre el remis, y allá fuimos. Un Duna a punto de jubilarse nos esperaba fuera. Rogué para mis adentros que se banque un viaje a Ezeiza.
Al remisero lo habían asaltado recién, a unas cuadras de casa. Uno de ellos le dijo que había salido ayer de Devoto (y no precisamente de la plaza). Lo llevaron a comprar merca a la puerta de la cancha de Argentinos y le convidaron vino del tetra.
Yo tenía tanta alegría dentro de mi que la historia del choreo me pareció adecuada. Por un rato, me sentí Indiana Jones partiendo hacia la aventura, con matones rodeándonos para impedir nuestro viaje a Cuzco.
Varias horas después, abatida totalmente por la realidad, me pregunté si era necesario ser tan extremista con mis sensaciones.
Marie estaba pálida, pero no dijo nada. Pasamos a buscar a Pao y Lore y partimos rumbo a Ezeiza. Despachamos el equipaje puntualmente, nos tomamos un café en Mc Donalds leyendo el mail de David, un bloggero Limeño, que nos pasó algunos tips de Cuzco y nos distrajimos un buen rato en el free shop.
De pronto, una azafata o similar, se pasea por pasillos gritando a viva voz por megáfono “Recalde… Paola Recalde!!!!!! Recalde!!!!!! Pasajera Recalde!!!”
Che Pao, te llaman a vos… le dije, como si fuera ajena al asunto.
Si si!!!! Soy yo!!!! Dice la otra, como si hiciera falta.
La azafata nos miró entre aliviada y nerviosa: “Son cuatro? Que hacen acá? Vine de casualidad… el vuelo está por cerrar y la puerta de embarque queda en la otra punta del aeropuerto. “
Hace una pausa, agarra el handy y esgrime “ bi biiiip…. Si, acá están, las encontré… dame dos minutos que ya vamos…” Se da vuelta y nos dice, onda coach de fútbol americano “Corran, entienden? CORRAN !!!!!”
No hubo que repetirlo. Salimos las cuatro con la azafata delante corriendo a todo trapo por las salas de preembarque del aeropuerto y muertas de risa. Parecía una escena de sex and the city del subdesarrollo: nada de tacos y trajecitos… a caucho y mochila nomás.
Al aterrizar en Lima, nos portamos bien: hicimos los deberes y nada de free shop, derechito a sentarse al lado la puerta de embarque y encadenadas a la manga onda piquete aeronáutico.
Todavía no era momento de arruinar el viaje. Ya habría tiempo para eso también.
Voltaire allá por el 1759, escribió “Cándido y el optimismo”, una novela irónica acerca la premisa que todo lo que sucede en el mundo, sucede para bien.
A Cándido, le pasa todo lo malo que puede pasarle a un ser humano. Aún así, no deja de tener fé: para él, el mundo es el mejor de los mundos posibles, como le enseñó su maestro, Pangloss.
(Cualquier semejanza con la candidez de la escriba, es mera coincidencia.)
Su sarcasmo, cuenta la historia, tenía un destinatario: Leibniz (Pangloss) y su Discurso de Metafísica, que planteaba un Creador benevolente y un Universo formado por elementos encadenados de causas y efectos, destinados a la armonía universal.
Voltaire fue uno de los íconos del racionalismo que estaba de moda durante la Revolución Francesa. De hecho, el siglo de las luces fue llamado así porque su finalidad, era disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. (1)
A mi maternal parecer, el filósofo, en realidad, gestó su pensamiento por una causa mucho menos noble que instar a la Revolución ni iluminar a nadie. Lo suyo, me huele más a una venganza edípica: Su viejo lo metió a estudiar en un colegio jesuita durante siete años de su adolescencia.
Obvio, cuando salió de allí, se volvió ateo.
(Cualquier semejanza con la educación de mis hijas, corre por cuenta del lector)
Moraleja: Nunca subestimes el pensamiento de un adolescente. Ni que hablar si son dos.
Tarde negra
Ya sospechaba que no iba a llegar a Pascuas como Alfonsín, diciendo “la casa está en orden”. O tal vez si, la casa iba a estar en orden, pero vacía y sin nadie a quien gobernar.
A punto de probar el cortado…
Michelle: Creo que nos debés una disculpa.
Sol: Qué?
Michelle: Si, ayer nos gritaste y nos faltaste el respeto.
“La corriente de pensamiento vigente en Francia durante la revolución era la ilustración, cuyos principios se basaban en la razón, la igualdad y la libertad”…(2)
Sol: Yo a uds.? Mirá vos, yo sentí que fue exactamente al revés.
Michelle estaba muy seria. Miró a su hermana como diciendo: probá vos, porque yo la mato.
Juli: Tres veces me dijiste que lave los platos y haga la cama. No necesitás repetírmelo. Sentí que me trataste de tonta.
En términos generales fueron varios los factores que influyeron en la Revolución: el descontento de las clases populares…
Sol: Ahá. Y te fuiste sin hacer nada de eso.
Juli: Bueh… Obvio!!! Aparte, nos dijiste mocosas. Y no te das cuenta que ya no somos mocosas.
Sol: Se comportan como tales.
Michelle: … Ah buenoooo. Y por eso te crees que tenés derecho a gritarnos?
Juli: Si, las cosas se pueden dialogar. De hecho, yo te propuse dialogar, y te pedí que bajes el tono. Pero siempre tenés esos modos de mierda…
Sol: Vine acá porque uds. querían hablar conmigo, pensé que querían arreglar las cosas. Pero no. La verdad, es que si me van a agredir, me voy.
Se hizo un silencio… No me sentí demasiado cómoda con la última frase. Yo soy la madre… debía recordar eso y tomar las riendas de la situación, si me iba, como seguíamos? Respiremos profundo, tomemos distancia y asumamos que la discusión de ayer excedió un poquito los límites del decoro y buenas costumbres…
“…un régimen monárquico que sucumbía ante su propia rigidez en el contexto de un mundo cambiante,…”
Sol: En realidad, ayer perdimos los estribos, pasa en las mejores familias. Uds. tienen razón, ya son “grandes” para que les tenga que repetir siempre las mismas cosas. O uds. no saben que tienen que ordenar su cuarto y lo mínimo que les pido, el día sábado, es que laven los platos? Michelle, vos cada vez que te lo pido lo hacés. Pero vos, Julieta, hace cuánto no sacás la ropa de la soga? Ni lavás un vaso? Y mucho menos ordenás tu cuarto!!!! Y vos Michelle, ayer gritaste que ibas a llamar al 911… ni que fuera una madre golpeadora…
Michelle: Pensé que ibas a empujar a mi hermana por la escalera.
Sol: Pero que te pasa? Enloqueciste? Aparte, estábamos adentro el baño Michelle!!!!
Michelle: No!!! Después estaban en el pasillo!!!! Me asustaste, estabas sacada.
Juli: Bueno, de todas maneras, eso ya pasó. La verdad es que ya crecimos, y te des cuenta o no, es así. Hace tiempo que venimos diciéndote que nos vamos a ir a vivir solas. Creo que llegó el momento. Ayer estuve hablando con papá, y sería más fácil para mí, usar la discusión de ayer como excusa. Pero no es la manera. Aparte, nos gustaría contar con tu apoyo.
Sol: La verdad, es que yo no estoy de acuerdo para nada con esto. A ver, por ejemplo, con que se van a mantener?
Julieta se puso muy seria, indignada ante mi pregunta. Se le llenaron los ojos de lágrimas de bronca. Desde sus tiernos 16, cuando su hermana mayor comenzó la facu, el trabajo y con ella la vida adulta, Julieta quiso trabajar también.
“…el surgimiento de una clase burguesa que nació siglos atrás y que había alcanzado un gran poder en el terreno económico y que ahora empezaba a propugnar el político;…”
Puso las palmas de su mano abiertas delante mis ojos mientras decía:
Juli: Con estas manos me voy a mantener!!!!!
Que linda, pensé. Que agallas!!! No pude evitar que se me llenaran los ojos de lágrimas como a ella, pero de orgullo. Tampoco pude disimular la sonrisa. Intenté seguir la charla.
Sol: OK. Me parece muy bien. Bajemos eso a números. Cuánto ganan?
Michelle: Que te importa?
Ufff, que difícil!!! Evidentemente, seguía sintiéndose amenazada. Sacó las garras.
Sol: Michelle, si me están pidiendo que las ayude, abramos el juego .
Juli: Entre las dos, un poco más de cuatro lucas.
Sol: OK. Van a estar un poco ajustadas. Aparte… hay que armar una casa!!!! Yo creo que no tienen idea a lo que se enfrentan.
Michelle: Papá nos va a ayudar.
Juli: Mirá, no necesitamos demasiado de entrada. Con tener un colchón y un baño, es suficiente. Lo más importante, que es la decisión, ya la tenemos. Además, una compañera mía del laburo, que gana menos que yo, se mantiene sola y sus padres solo le pagan la facu. Nosotras somos dos. Nos vamos a arreglar.
Sol: Y vos Michelle? También estás convencida o es por bancar a tu hermana?
Michelle: Yo pienso ir a vivir un tiempo con ella, y en diciembre, me voy a la costa, a la casa de papá, para seguir mi carrera en Mar del Plata. Siempre quise vivir cerca del mar. Hace tres años, ya te lo había dicho, te acordás? Pero convenciste a papá y me quedé.
A fin de año se va lejos encima? Ay Dios!!!!!!
Sol: No sé, no estoy segura, dejen que lo piense. Quiero hablar con tu papá.
“…la expansión de las nuevas ideas liberales;…”
Juli: Ya sabés como piensa papá…
Uffff, Pappo y su maldita costumbre de hacerse el papá compinche.
Sol: Uds. toman una decisión así después de una discusión y no se dan cuenta… yo pasé por muchas cosas estos últimos años. Estuve en crisis, lo que pasa es que desde hace muchos años quiero no depender de nadie, y recién pude lograrlo a mis 40, me separé, vendimos la casa, me endeudé y compré una casa para las tres y me costó mucho…
“…la crisis económica que imperó en Francia tras las malas cosechas agrícolas y los graves problemas hacendísticos causados por el apoyo militar a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Esta intervención militar se convertiría en arma de doble filo, pues, pese a ganar Francia la guerra contra Gran Bretaña y resarcirse así de la anterior derrota en la Guerra de los Siete Años, la hacienda quedó en bancarrota y con una importante deuda externa…”
Juli: La que no se da cuenta sos vos, ma. Ya te lo veníamos diciendo antes que compres la casa que nos queríamos ir a vivir solas, pero no nos escuchaste. Ya crecimos. Esto no tiene nada que ver con vos. Yo sé que hiciste y hacés lo que podés, que estuviste sola y la remaste mucho tiempo. La verdad, es que ahora lo que me gustaría es que nos apoyes en esta decisión. Incluso, nuestra relación va a mejorar…
Sol: A mi me sigue pareciendo una locura. Yo creo que las cosas se hacen más despacio, no de un día para otro. Y no estoy segura que estén preparadas…
“…Los problemas fiscales de la monarquía, junto al ejemplo de democracia del nuevo Estado emancipado, precipitaron los acontecimientos.Todo ello fue rompiendo el prestigio de las instituciones del Antiguo Régimen, ayudando a su desplome.”
Juli: La verdad que me jode que me digas eso. A mi me gustaría que nos digas “ok chicas, aunque no estoy del todo de acuerdo, las voy a ayudar a buscar depto porque confío que lo harán bien”. Siempre nos dijiste, desde chiquitas, que teníamos que ser independientes. Que solo así, una puede tomar decisiones libremente. Acá están los resultados de tu educación.
Jaque mate. Era cierto. Mis hijas tenían razón. Me sentí derrotada y sin argumentos. Además, estaba muy confundida. Ellas ya no me necesitaban. Al menos, no de la misma manera. Y eso, da una mezcla de dolor, orgullo y miedo.
El 1 de mayo hizo un mes que se mudaron solas. Cambiaron moto por cercanía al subte. Y madre rompehuevos por padre que hace la vista gorda, los días que viene a Baires.
Están felices en su nuevo depto, y algo enquilombadas… aunque no tanto como imaginé. Hablamos todos los días y una o dos veces por semana, nos juntamos a comer.
A Flavia, mi mejor amiga, le falta muy poquito para tener su primer bebé. Se va a llamar Gaetana. Ayer por la tarde, mientras caminábamos por la plaza de Devoto para que “baje” su panza…
Fla: Yo le decía a Silvio, que te veo mucho mejor… (se agarra la panza) Ayyyy esta piba, como patea!!!!
Sol: Preparate Fla… no va a nacer en el “bello abril”, esta piba es de mayo, y en mayo, solo se gestan revoluciones!!!! Viste que todavía no terminé con el posteo de las chicas, no? Bueno, hoy estaba en eso, antes que pases a buscarme… fijate: las asambleas de la Revolución Francesa, comenzaron en mayo 1789, sus valores eran “la razón, la igualdad y la libertad”…. Más adelante, el 1 de mayo de 1886, comenzó en EEUU la huelga que terminaría recordando ese día como el día del trabajo, en honor a los Mártires de Chicago, que bregaban por “ocho horas para el trabajo, ocho para la casa y ocho para el sueño” (3). El 25 de mayo de 1810, tendríamos a nuestro primer gobierno patrio y luego, en 1968, tenemos el mayo Francés y su “prohibido prohibir”(4)…
Fla: Ay Dios mío, amiguita, lo que me espera…
Sol: No te preocupes… acá está la tía, lista para provocar nuevas rebeldes!!!!
Pangloss, el filósofo que Voltaire imaginó como maestro de Cándido, le dice al final del libro:
“Todos los sucesos están encadenados en el mejor de los mundos posibles; porque si no te hubieran echado a patadas en el trasero de un magnífico castillo por el amor de Cunegunda, si no te hubieran metido en la Inquisición, si no hubieras andado a pie por las soledades de la América, si no hubieras pegado una buena estocada al barón y si no hubieras perdido todos tus carneros del buen país de El Dorado, no estarías aquí ahora comiendo confite de sidra y pistachos.
-Bien dice usted -respondió Cándido- pero tenemos que cultivar nuestra huerta.” (5)
NDR: Espero que todos hayan pasado un lindo día del trabajo porque hoy es lunes y hay que laburar… en el mejor de los mundos posibles…
Todavía sonaba el portazo en el marco cuando llamé al padre al celular. No me contestó. Corté e intenté con su mujer. Las mujeres siempre dormimos con un solo ojo.
Angeles vive a 450 km de Bs. As. con sus tres hijas/hermanas de las mías. El padre va y viene todas las semanas.
Angeles: (con voz entre dormida y asustada) Sol, que pasa?
Sol: (llorando) Hola An, perdón por la hora, pero estoy muy angustiada, discutí con las chicas y se se fueron de casa. Me dijeron que se iban a dormir a la oficina de Miguel, es tarde, y la zona de Congreso es horrible a esta hora. Y ahora las llamo y no me atienden…
Angeles: Tranquila, ahí van a estar bien, en ese edificio hay seguridad. Qué pasó?
Después de sonarme los mocos y aflojar los suspiros.
Sol: Discutimos por una pavada, pero empezamos a subir el tono y terminamos a los gritos las tres. Miguel está por ahí?
Angeles: No, pero dejame que voy a tratar de ubicarlo. Primero voy a llamar a las chicas para que vos te quedes tranquila y te llamo, dale?
Sol: Gracias An, y perdón de nuevo, pero no sabía qué hacer.
Miguel me llamó enseguida. Hablamos más de una hora hasta que yo logré calmarme. Ubicó a las chicas. Angeles también. Michelle estaba sola en la oficina y Juli, se había ido a bailar…. Quedó con ellas que iban a llamarme al día siguiente para hablar.
Al otro día a la tarde, mientras parte de las hechiceras me consolaban en la casa de Pao, me llega un mensaje de Julieta al celu: “Mami, porfis, me llamás y nos juntamos a tomar un café? Te amo, Juli.”
Enseguida me envalentoné. Ja! Pensé. Ahora me va a escuchar. Qué se cree? Armó semejante escándalo, dejó a su hermana sola e igual se fue a bailar. No puede hacer todo el tiempo lo que se le da la gana. Está bien que trabaja y estudia, pero no hace nada en casa. Y encima contesta mal. Mocosa.
Un mes atrás, a mitad de semana, fue a una fiesta de egresados y eran las 8.30 de la mañana y no había llegado a casa. Desde las 7 AM que venía llamando al celu… y nada. Ya estaba por salir a trabajar y aún no tenía noticias de ella.
Después de una hora y media de angustiosa espera, desperté al ex novio, al padre, a la tía, a la compañera de laburo, y los padres de una compañera del colegio. Este último, me dio la peor noticia de todas: “Mi hija está durmiendo hace rato… llegó a las cuatro y media…”
Camino a la estación de policía y desesperada, llamé a mi jefe para decirle que fuera solo a la reunión con un cliente porque mi hija no aparecía. Me dijo “estás loca? Ya mismo cancelo y te ayudo a buscarla”.
Después que imaginación la violó, la drogó, la alcoholizó, la hirió gravemente en un accidente y la abandonó en un descampado, me llega un mensaje “Maaa, estoy yendo para casa”.
Ok, pensé. Ahora que sé que estás bien, te voy a matar yo. La llamé al instante y me respondió como si nada “Ma, estaba con el Chino desayunando en el Mc Donalds de Devoto… tenía el teléfono sin sonido, perdón”. La puteé hasta en arameo y me fui a trabajar.
Esa tarde, me manda un mensaje: “Mami, perdón, entiendo tu preocupación, estuve mal al no tenerlo en cuenta, fue un descuido. Te amo”
A veces, debo reconocer que me da una mezcla de orgullo y bronca cuando maneja los discursos mejor que yo. Siempre tiene algo que decir, jamás se queda con el “no” y punto, y busca todos los resquicios para salirse con la suya con altura, aún después del derrape.
Ese día quedamos que sus salidas en la semana, serían hasta la una y los fines de semana, no más de las siete… Ya vimos lo que duró.
Michelle prefiere esquivar el conflicto cuando se trata de ella. Cierra todos los temas con un “no me pasa nada, estoy cansada”.
Nunca un “ampliaremos”.
Pero si las involucradas son sus hermanas, su padre, o sus amigos, no da tregua. De ser una mansa gatita que anda sigilosa por la casa, muta en leona ruidosa y con garras.
Ser madre de adolescentes la obliga a una a replantear todas las convicciones, revisar los códigos de convivencia, los hábitos heredados de andá a saber que antepasado y repasar por las dudas, las leyes del código civil. Y ahora, encima, gracias a “La Cámpora”, también opinan de política .
Hay mucha bibliografía de adolescentes, pero poca acerca la metamorfosis que experimentamos los padres en ese período.
Nada durante la adolescencia de nuestros hijos, queda intacto del lado parental. Uno llega a plantearse seriamente si no sería necesaria una carrera de grado con práctica profesional, tipo interno, como los médicos en los hospitales.
De repente, la vida nos retrotrae a cuando eran bebés: no dormimos bien, su lenguaje nos resulta extraño, nos preocupamos por su alimentación (ya sea por exceso o defecto) y otra vez, dejan todo tirado como si volvieran a la época de los juegos de encastre .
Con la salvedad, que ahora encima, uno pierde la autoridad ganada con tanto esfuerzo, canas, arrugas y antigüedad. Ni las leyes laborales permiten que te bajen de rango… pero en el mundo adolescente, todo es posible.
Imaginé que la charla que teníamos por delante esa tarde, no iba a ser sencilla con ninguna de las dos. Algo se había roto la noche anterior.
Llegué primero y me acomodé en una mesa. Unos minutos después, las tres nos estudiábamos en silencio.
Un silencio que gritaba por lo bajo.
Me sentí Julio Chávez en un capítulo de “Tratame bien”.
Dos días después, un jueves, en un café de Caballito. El émulo de Pappo y yo.
Sol: Miguel, que es eso de las motos?
Miguel: Qué motos? De que hablás?
Sol: Las chicas me dijeron que vos vas a ayudarlas a comprarse una moto cada una…
Miguel: Que yo qué? Naaaa, yo no dije eso. Juli me dijo que estaba viendo motos por internet, y yo les dije que cuando junten plata hablamos.
Sol: Dejá de hacerte el papá copado, me tenés harta con eso.
Miguel: Yo converso con las chicas, las dejo hablar. Ellas se quejan que vos les bajás línea. Me parece que no es la manera. Ya crecieron, no es lo mismo que cuando tenían diez.
Sol: OK. Yo estoy todos los días con ellas. Las reglas son necesarias para cualquier convivencia. Y por otro lado, para vos es sencillo, encima tenés el Edipo de tu lado. Por favor, cuando hables de estos temas con las chicas, antes de tomar una postura, conversemos.
Miguel: Ajá, y si surge la charla que hago? Les digo “Esperá que tengo que llamar a tu vieja?”
Sol: Si, por ejemplo. Porque me agarraron de improviso. De todas maneras, como se te ocurre ofrecerles eso sin consultarlo conmigo? Motos? Que tenés en la cabeza?
Miguel: Me estás cargando? Siempre anduve en moto, sabés lo que pienso. Por que debería decirles algo diferente a mis hijas?
Sol: Por eso mismo, porque son tus hijas…
Miguel: Hablás como si nunca te hubieras subido a la moto conmigo…
Sol: Era una pendeja…
Miguel: Dale, capaz que ahora no te subirías…
Sol: Soy grande!
Miguel: Ellas también. Ya crecieron, Sol. No nos van a preguntar si nos gusta…
Un mes después. Medianoche de sábado.
La madre, parada en el pasillo que conduce al baño y los cuartos. Julieta pintándose en el baño para ir a bailar. Michelle, en el cuarto, con la compu.
Sol: Te dije que antes de irte, laves los platos y ordenes el cuarto.
Julieta: Te dije que “después” lo hago. Y bajá el tonito que ya te escuché.
La “nena” dice todo eso y se sigue maquillando como si nada. La madre, oye todo eso y siente un volcán en el estómago que le sale por los ojos.
Un puñado de límites para esta adolescente…
Sol: No te pases de lista, mocosa malcriada, no soy tu compañera de cuarto, soy tu madre.
Julieta: Es que no soy tarada, es la tercera vez que me lo decís.
Los límites son así, funcionan por repetición. Vayamos con la indagatoria.
Sol: A dónde vas?
Julieta: A bailar. Como todos los sábados.
Sol: A las siete te quiero acá.
Julieta: No voy a volver a las siete. Es ridículo. A esa hora, cierra el boliche, entre que saco las cosas del guardarropa y llego a casa, se hacen como las ocho y media. Y es probable que me vaya a desayunar con mis amigos…
Chan!!!! Y ahora?? Busquemos en el manual para padres!!!!!
Sol: Una hora y media para llegar a casa? Que venís, a la hora pico? A las siete acá, Julieta.
Acudamos a la repetición y a sostener la firmeza!!! La paciencia, a esta altura, bien gracias…
Julieta: No voy a volver a las siete, ya te expliqué… A VER!!!!
Ahhhh noooooo. Ahhhhh NOOOOOO!!!!!! A VEEER????? A VERRRRR?????
Sol: A LAS SIETE ACÁ O NO VUELVAS!!!!
(Mi voz interna: Escuchame, qué es este autoritarismo tan… tan… obsoleto? Maldición, qué buena excusa acabo de darle!!!!! Alerta roja, alerta roja!!!!! )
Julieta: POR SUPUESTO QUE VOY A SALIR, Y SI NO QUERÉS NO VUELVO!!!! ESO QUERÉS? YA LO DIJISTE, YA LO DIJISTE!!!!!!
Sol: AH SI???? AHORA SABÉS QUEEEEEEEEEEE????? NO SALÍS!!!!!!!!!!!!!!
Le arranqué el rimmel de las manos y lo guardé en el porta cosméticos en una maniobra desesperada. No queda otra, ahora hay que darle a fondo.
Julieta: VOY A SALIR IGUAL, DEJAME EN PAZ!!!!
Sol: SOS UNA MOCOSA MAL EDUCADA Y AHORA TE QUEDÁS ACÁ!
Me sentí Gasalla en Más respeto… Perdón Casciari!!!!
Julieta gritaba como si tuviera delante de sí a una legión de enviados de la Inquisición.
Julieta: (desorbitada) Soltameeeeeeeee!!!!!
Sol: Te quedás acá!!!
Se suelta y va buscar su cartera al cuarto.
La sigo y agarramos las manijas a la vez. Comenzamos a tironear de la cartera a los gritos…
Julieta: (más fuerte) SOLTAMEEEEEEEEEEEEEE TE DIJEEEEEE!!!!!
Michelle: Soltá a mi hermana!!!
Sol: Vos callate y no te metas!!!!
Michelle agarra el teléfono como si empuñara la espada de Damocles (1)
Michelle: Soltá a mi hermana o llamo al 911!!!! Dejala en paz!!!!
Sol: Al novecientos qué???? Soltá ese teléfono querés!!!! Que les pasa?? Enloquecieron?
Tan sacada como su hermana, que seguía gritando como si estuviera acogotándola a ella en vez de a las correas de la cartera, Michelle sacude el teléfono delante de mí.
Michelle: DEJÁ A MI HERMANA!!! Auxilio!!!!!!
Sol: Auxilio voy a pedir yo!!!!! Ahora voy a llamar a tu papá.
Michelle: Nos vamos las dos ahora mismo!!!! Dejá a mi papá en paz!!!!
Sol: Pero que te crees, que soy una asesina serial? No van a ningún lado!!!! Que les pasa ???
Michelle: Soltanosssssssssssss!!!!! Nos vamos a dormir a la oficina de papá. Chau!!!!
Bajaron la escalera corriendo, con lo puesto, y salieron dando un portazo. Una, lista para ir a bailar. La otra, solo por bancar a su hermana, con calzas, remera y algo de plata en la mano. Y por supuesto, las llaves de la oficina.
Nunca antes hicieron eso. Jamás, una discusión llegó a ese límite. Winnicott dice que una de las tareas del adolescente es “matar” a los padres. (2)
Sin duda, ese portazo dolió como un puñal.
CONTINUARÁ
(1) La frase “la espada de Damocles” se utiliza desde hace mucho tiempo, para expresar la presencia de un peligro inminente y para ejemplificar la inseguridad en que se instalan aquellos que ostentan un gran poder.(http://es.wikipedia.org/wiki/Damocles)
(2) Winnicott. Duelo y Adolescencia. “Para que el joven pueda elaborar y aceptar los cambios, renunciar a sus objetos, elaborar el duelo, es necesario que el entorno se lo permita. Para que los adolescentes se des identifiquen de sus modelos anteriores y desalojen a sus padres del lugar omnipotente que ocupaban, se necesitan padres que se dejen sustituir, o matar…” ”…El niño pequeño se angustiaba ante la ausencia de los padres. Ahora los padres parecen revertir la dependencia cuando se angustian y no pueden dormir cuando el adolescente sale al mundo…”
NDR: Las referencias no pretenden avalar mi accionar, todo lo contrario. Ese mismo día caí en en la cuenta que inflexibilidad fue la que provocó ese desenlace. Ni bien, ni mal. Las cosas son como son. Y sucedieron más o menos así. Ni el padre de las chicas es el “émulo de Pappo”, ni yo soy la madre ejemplar, ni ellas son unas rebeldes sin causa.
No escribo esto para buscar apoyo moral. Tampoco jueces de la situación. Es más bien una catarsis de algo que pasó y fue muy importante en la relación con mis hijas. Siempre que se van los hijos hay un quiebre. Puede suceder antes o después, puede o no que hayan discusiones en el medio. Pero el quiebre existe. Y así como cuando nacen los hijos uno sabe que la vida cambió para siempre, cuando años después se van, también.
Digo esto porque seguramente, mis hijas leerán el texto y quien sabe quién más. Con el papá de las chicas nos llevamos muy bien. Tenemos acuerdos y desacuerdos, pero siempre, siempre, nuestras hijas estuvieron primero. El las ama con todo su corazón y yo también. Y en estos últimos meses, me escuchó, me apoyó y medió para que las cosas salieran lo mejor posible. Así que de antenamo, mi agradecimiento a él, a Ángeles (su mujer, que hace honor a su nombre) y a Paula, mi ex cuñada, que siempre está ahí bancando.
A uds. los lectores, gracias por llegar hasta acá. Solo espero entretenerlos.
Sin preámbulos: Mis hijas se van de casa a vivir solas. 18 y 20 tienen.
“Hacé de cuenta que vivimos en el interior Ma, el tráfico está insoportable ” me dijo la más chica a modo de argumento.
Todo comenzó el 10 de enero, la noche que las invité a cenar afuera, con motivo de mi cumpleaños. Elegí un lugar muy lindo, con nombre femenino en la calle Sinclair. Me alegré que no hubiera TV, así podría mantener una conversación agradable con mis hijas sin tener que competir con la locuacidad de Dr. House.
La charla venía animada, hasta que Juli, la más chica, dijo como si tal cosa…
Juli: … Ah Mami!!! No te conté… Papá va a ayudarnos a para que nos compremos una moto cada una.
Sol: Una qué? Dije, intentando no escupir la trucha a la manteca en la espalda de la señora paqueta que tenía enfrente.
Michelle: Una no. Dos.
Aclaró, para hacer un 2×1 en mal trago.
Sol: Ahá.
Traté de calmarme. Asesinarlo por teléfono no era una opción viable. Tendría que esperar. Aparte, ir en cana el día de mi cumple y dejar a las chicas huérfanas de padre… iba a perder el descuento del Club la Nación además… sería una pena. Dejé que avanzara la charla mientras pensaba.
Sol: Y donde piensan guardar… las?
Juli: (segurísima) En casa, obvio. En el patio de adelante.
No pude contenerme.
Sol: Ni en pedo.
Juli: Cómo?
Sol: De ninguna manera. (Ser madre también requiere mantener las formas)
Michelle: Las estadísticas dicen que son más inseguros los aviones…
Sol: Las mías dicen que es muy probable que hoy mate a tu padre.
Musité por lo bajo.
Sol: De que moto estamos hablando? Un ciclomotor, supongo.
Michelle: Para nada, un ciclomotor es una porquería, no tiene estabilidad. Papá dice que las motos tienen ruedas más anchas, permiten maniobrar mejor para escapar de cualquier idiota que quiera encerrarte…
Eso era demasiado…
Sol: Pappo y tu Papá, son los únicos padres en el mundo a quienes se les puede ocurrir querer comprarles una moto a sus hijos.
Juli: Mamá, somos prudentes, no te preocupes. Aparte, como si en el transporte público viajaras segura… Tenemos que ir al centro todos los días, y pagar por un auto allí es caro.
Sol: Más cara te puede salir tu vida. Y no estoy dispuesta a avalar eso. EN MI CASA, MOTOS, NO!!!!
Sentí a todas las madres del planeta aplaudir tras de mí. Que abnegada, firme e imperturbable mi decisión. Que acertada. Qué valor, enfrentarme así al sindicalismo adolescente.
Michelle: TU casa? Creí que era NUESTRA.
Había olvidado que trataba con una generación más consciente de sus derechos. A los dos años, Michelle, ya actuaba de abogada de oficio de su hermana. Con su Papá, nos separamos a la semana de nacer Juli, con lo cual, el primer tiempo sola, me la vi de figurillas, con dos bebés con pañales.
Me sentía apabullada, desorientada y en crisis, así que fácilmente, perdía la paciencia con cualquiera de las dos.
Una de las primeras frases que pronunció Michelle fue “no detes a mi hedmanita, no ves que es tiquita?
Ya más grande y escolarizada, a los 5, con un posgrado en guarderías, enarbolaba el derecho del niño a la diversión, cuando quería ir a la plaza, y los 8, esgrimía el “derecho a la no explotación” cada vez que le pedía que ordenara el cuarto..
Sol: Si, así es. Pero yo SOY TU MADRE. Y las reglas, en NUESTRA CASA las pongo yo.
Juli: … todo bien ma, sin rencores. Vos tenés razón. Pero entonces, en marzo, nos vamos a vivir solas.
Juli siempre tuvo carácter y habilidad para captar la atención. A veces, negociando, y otras… de cualquier manera.
Al año tenía unos berrinches fellinescos. Era flaquita, petisa y con una sonrisa despareja que ocupaba toda su cara. Por eso, cuando se encaprichaba, uno no entendía muy bien como esa pequeña hada graciosa, podía mutar rápidamente en gremlin estrepitoso y chillón.
Lo curioso es que una vez que se enojaba, de nada servía darle el gusto, porque olvidaba lo que quería. Solo sabía que quería estar enojada. Todo lo demás, perdía sentido.
Lo único que encontré para hacerla volver a realidad, era hacer comentarios tales como:
“Qué lástima que no está la Julieta buena. Es tan linda cuando sorníe!!!! En cambio, esta Julieta mala no me gusta. Tiene un genio!!! Para mí que viene un duende y me la cambia… Decididamente esta no es mi hija. Donde estará mi hija la buena y simpática? La voy a llamar a ver si viene.”
Igual, el berrinche seguía más fuerte mientras yo entablaba esa suerte de monólogo sin público aparente. Un público difícil, digamos.
Madre imperturbable mata niño caprichoso. Es cuestión de sostener la causa hasta las últimas consecuencias.
“Julieta buenaaaaaaaaaa!!!! Julieta Buenaaa!!! Estás por ahí?”
Si decía las palabras mágicas, ella aparecía. Sin más, dejaba de llorar, y aún con los ojos mojados y los mocos colgando, sacaba a relucir su mejor sonrisa para señalarse a sí misma y decir “acá tá”.
A veces temía despertar en ella conductas esquizofrénicas, pero cualquier cosa era mejor que soportar sus berrinches…
Sin embargo, perfeccionó la táctica. Sabe cómo y cuándo negociar. Y ya no olvida sus deseos originales por más enojada que esté.
Aunque es alérgica a los fracasos. Inevitablemente, cuando pierde, se brota.
Elija un seductor/a de su imaginación. Googlee mentalmente una buena foto de esa persona.
La encontró? Mírela sin prejuicios.
Y dígame si…
- Está sonriendo, como jugando.
- Actúa como si supiera lo que hace.
- No importa que boludeces diga, todo le queda bien.
- Tiene una mueca pícara y podría perfectamente, tener una copa en la mano.
- Parece que estuviera en una fiesta (de la clase que sea)
- Da ganas de desvestirlo/a, si es que aún no lo está…
Para que aunque el 2011 te encuentre borracho, en bolas y diciendo boludeces, recuerdes llevar tu sonrisa.
Hacía calor. El sol de Baires en noviembre, es pegajoso. Igual, la mayoría de las noches, refresca un poco.
Justo ESA…
No.
Me tocó la cama de arriba. Debajo la nena y al lado la ventana, mi madre karmática.
Los mosquitos atacaban, el aire estaba desacondicionado, y yo no lograba relajarme lo suficiente como para que todo eso no me importe. Me había indispuesto esa mañana y me dolían terriblemente los ovarios.
Nos acostamos a las diez con la promesa de que a las seis y media, estaríamos de pie en la carpa. Eran las cuatro y yo seguía ensayando como dormir: cambié de cabecera, me saqué la almohada, bajé a buscar un vaso de agua, me puse off, recé todas las oraciones que sabía, incluso estuve a punto de entregar mi alma al diablo… pero me dijo que duerma y no moleste.
Que hasta los demonios necesitan paz.
Mi mente se cansó de pensar estupideces hasta las cinco y media en que me levanté para bañarme.
Teníamos solo una hora, un baño y un espejo para tres. Lo logramos.
Llegué a la carpa puntual y ni bien lo saludé a Chris me anunció: Te aviso que entro oficialmente en silencio. No te pienso dirigir la palabra en todo el fin de semana.
Que pibe ansioso, pensé. Para que declararlo antes que lo pidan?
Hicimos algunos ejercicios con el cuerpo, otros con el alma y otros con otros. Repasé una vez más virtudes y defectos (no creí que mi lista fuera tan larga y pareja) y escuché historias tan tremendas, que me reconcilié con la mía.
Beatriz nos hizo numerar uno a uno. Éramos 141. Nuestro compañero de al lado, sería nuestro “angelito” por el fin de semana. Chris es grandote, pelado y mide uno noventa, casi un guardaespaldas. Pero es lindo y buena gente. Así que de la combinación, resulta un perfecto “ángel de la guarda”.
Después del mediodía, entramos en silencio. Lo más extraño, ocurre durante las comidas. Me sentía invisible. Solo se oían los cubiertos y los pájaros del parque.
Al principio, me costó que la gente no me mire a los ojos. Yo lo hago todo el tiempo. Me parecía de lo más interesante el ejercicio… pero los demás, evidentemente, pensaban distinto.
Se siente raro estar entre tanta gente callada. Sin embargo, no es un silencio forzado, como el de un discurso o una misa. Nadie por ejemplo, tuvo que decir el clásico “shhhhh” .
Es más bien, un silencio semejante al que produce un paisaje impactante.
Salvo por la primera noche, fueron los días de mi vida, en los que me sentí feliz, de manera pareja y constante.
Es una felicidad porque sí, que viene desde dentro, desde hace tanto, y brota como catarata. Está muy lejos de la euforia, y más cerca de ese amor que une, de que el cielo está aquí y es ahora, repartido en pedacitos de almas azules y diferentes. Un rompecabezas en perfecto movimiento.
Todo parecía encajar en su lugar… cada dolor, cada elección, cada fracaso. Nuestro pasado está bien así, porque no existe otro posible. Es el que es. Igual que nosotros.
En silencio, los sentimientos son más puros, más limpios, más ellos. Sin ruido. Como no hay palabras, tampoco hay desacuerdos, ni ofensas.
Uno se da cuenta, que la mayoría de los malestares, los genera nuestra mente sin que nadie haga nada.
Morí y nací de nuevo. Fui al norte, al sur, al este y al oeste, y lloré parejo en todos los puntos cardinales.
Y también reí a carcajadas solapadas cuando Beatriz, en medio de una meditación, nos dijo “recuerden todo lo que se llevaron a la boca”… Y si, por eso que están pensando.
Un completo desconocido, en tiempo de recreo, y mirando mi cara de deseo ante una Magnolia magnífica recién abierta, se colgó de la rama, la cortó, me la regaló y se fue sin decir palabra alguna como si tal cosa.
Y ni siquiera pude decirle gracias.
Esculpí de cero, al hombre y la mujer de mis sueños. Y también le conté mis secretos.
Grité, lloré, y sentí a todo un estadio alentándome en un ejercicio que puso a prueba mi resistencia. Y lo logré…
Como todo el resto!!!!!
Estar esos días ahí, entre tanta belleza, natural y humana, me devolvió toda junta y con moño, las ganas de vivir.
Y estoy ansiosa de contagiarlos.
Como dice el anuncio, el curso no me cambió la vida, pero me la hizo más fácil.
(Gracias Beto por la contribución!!!)
“Con la vida ocurre lo mismo que con los chistes: lo importante no es lo que duren, sino lo que hagan reír”
A que iba allí? Uno no se acerca a la meditación porque un día se levanta con ganas de iluminarse. Al menos, eso no fue lo que me pasó a mi.
Uno decide meditar, casi con desesperación, como se aferra un náufrago a una tabla. Y todo lo que obtiene, los primeros días, es mucho ruido interno. El ego no para de gritar y el trasero no cesa de dolerte.
Dicen que el maestro aparece, cuando el discípulo está preparado. El mío, vive de huelga.
La religión siempre me aburrió sobremanera. Me sabía de memoria la misa para tener idea de donde iba y cuanto faltaba. Aparte, era un buen ejercicio para el cerebro, pensaba, en la parte en que mi madre lloraba de rodillas una vez más, porque había muerto Jesús.
No era hora de superarlo, ya?
***
Un día en que soplaba un fortísimo viento, saltó un paracaidista del avión y fue arrastrado a más de cien millas de su objetivo, con la mala suerte de que su paracaídas, quedó enredado en un árbol, del que estuvo colgando y pidiendo socorro durante horas, sin saber siquiera donde estaba.
Al fin, pasó alguien por allí y le preguntó: ¿Qué haces subido a ese árbol?
El paracaidista le contó lo ocurrido, y luego le preguntó: ¿Puedes decirme dónde estoy?
En un árbol. Le respondió el otro.
Oye, tú debes ser clérigo…!
El otro quedó sorprendido. Sí, lo soy ¿Cómo lo sabes?
Porque lo que dices es verdad, pero no sirve para nada.
(Extraído de “La oración de la Rana” de Anthony de Mello)
***
Saber que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, es un dato insuficiente.
Yo lo que necesito saber es cuántos kilómetros me faltan y hacia dónde, como hago para vivir mientras tanto y cuáles son las cuatro verdades, que me servirán para resolver este entuerto.
A decir verdad, el único camino que me gustaría recorrer en mi vida, sería el de ser feliz (nada original, por cierto).
Pero mi motivación más fuerte, para asistir ese fin de semana, fue otra.
Simplemente curiosidad. Por qué a todos les había cambiado la vida y a mí no? Cómo era eso posible?
Con las lunas llenas (y los bolsillos vacíos)
Todo comenzó el sábado anterior.
Ya les conté que el curso de respiración Parte 1, me volvió una persona más desquiciada, verdad? Al menos en los primeros días. Una furia ancestral se apoderó de mi. Engordé como nunca, comí como cerda y pasé horas y horas quejándome sin parar.
Eso sí, dejé de fumar e hice mis ejercicios de respiración como pude, durante 40 días. Mi genio? Empeorando, gracias.
Un par de meses después de eso, Beatriz, la instructora del curso, volvió de viaje, y nos invitó a cenar a su casa a todos sus discípulos. Demás está decir, que su corazón es tan grande como su casa.
Me descalcé en la entrada de su residencia blanca y enorme, del barrio de Belgrano. Subí esa escalera de mármol gris, que curiosamente, no estaba para nada frío.
La estancia era amplísima, con muchos sillones diferentes y espacios armoniosos. Una gran biblioteca, poco pretensiosa y atiborrada de libros. El piso de madera, alfombras caras y algunos objetos de arte. Había unas sesenta personas y no se notaba en lo más mínimo.
Grandes ventanales a un jardín descuidado, y un balcón, desde donde la luna, parecía morar seguido. Tres enormes arcadas, y unas cortas escalinatas, separaban el living de otro más elevado que daba a la calle, lleno de almohadones blancos para meditar.
El clima era festivo y tranquilo. Luces tenues de esas que alumbran sin incomodar. Una paz alegre, recorría el ambiente. Podía sentirse en la piel. Resultaba imposible, estar de mal humor.
Un montón de desconocidos, unidos por una cena simple.
Llegué una hora tarde. Christian, una de las personas que me había sugerido hacer el curso, y que además, es mi compañero de laburo, también.
Nos sentamos en el suelo, servimos vasos de agua, y nos acercaron un plato de comida. La mayoría ya había comido. Beatriz, se puso a hablar y se hizo silencio.
“Bueno, a ver… quiero conocerlos un poco y saber cómo les fue con esto”. Quién quiere contar?
Sergio empezó… diciendo que estaba en una época de su vida en que lo único que pensaba era en suicidarse. Y un amigo, le sugirió que antes de matarse, hiciera el curso. Y su vida cambió para siempre. Y está por recibirse de instructor.
Otra dijo que ahora era feliz, y que antes, había sido pediatra y antropóloga. Y así siguieron una veintena de historias de vidas que después de respirar, dieron un vuelco. Cambios drásticos y maravillosos.
Christian, dijo que él había ido con el único propósito de poder conciliar el sueño por las noches, y que si bien no lo había logrado del todo (dormir), su vida mejoró desde que respira. Que se sentía menos enojado y más comprensivo.
La noche era perfecta, la gente tranquila y el clima general, contagiaba alegría. Yo parecía ser la única que le habían ido peor las cosas… Algo no estaba bien.
Levanté la mano, y conté lo mío.
“Me dá un poco de vergüenza decirlo, pero yo terminé peor que antes. Durante el curso, todo bien, pero cuando terminé, casi echo a mis hijas de casa. Me sentía muy enojada e iracunda.
Eso sí, dejé de echar humo y me dediqué a engordar. Pero igual, voy por más quiero hacer la parte 2 en algún momento. Me encanta sufrir”
Dije, para finalizar un poco arriba.
Se acercaba fin de mes y no tenía un mango. El parte dos, empezaba ese jueves. Mi compañero iría.
Su entusiasmo, me resultó contagioso una vez más. Además, podría putearlo con señas en vivo y en directo, si me iba mal de nuevo.
Me tentaba también la idea de no cocinar por cuatro días, ni lavar ropa, ni ir a trabajar… Ya sabía que mi vida no iba a cambiar, pero al menos, no tendría que regar, ni bajar la ropa de la soga.
Antes de irme, la saludé a Beatriz y me dijo: lo vas a hacer, no? Si, por supuesto!!!! Le dije sin siquiera pensarlo. Esa rotunda afirmación de mi parte, terminó de decidirme.
Nos despedimos en la puerta, y me fui feliz a casa por primera vez, en muchos, muchos días. Una luna redonda y blanca, me hizo olvidar del semáforo y me tocaron bocina.
Beatriz dijo algo, que me tocó de cerca: lo que nos hace despertar, puede ser cualquier cosa. No importa qué y en qué momento.
No es para todos igual. Pero sucede, en algún momento sucede.
***
Un vaquero iba cabalgando por el desierto. De pronto se encontró con un indio tendido sobre la carretera, con la oreja pegada al suelo.
“¿Qué pasa, jefe?”, dijo el vaquero
“ Gran rostro pálido con cabellera roja conducir Mercedes Benz verde oscuro con pastor alemán dentro y matrícula SDT965 rumbo oeste”.
“¡Caramba, jefe! ¿Quieres decir que puedes oír todo eso con sólo escuchar el suelo?”
“Yo no escuchar suelo. Hijo de puta atropellarme”.
Qué es lo que te hace reaccionar: La Realidad o lo que tu supones de ella?
(Extraído de “La oración de la Rana” de Anthony de Mello)
Diatribas, delirios, discusiones, humor, pensamientos y elucubraciones de varias mujeres juntas en un solo cuerpo.
Ya se le había ocurrido a Dios ser varios en uno, en eso, no soy nada original.
Pero lo divino, está en el cielo y volar está caro.
IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
Ultimos Comentarios