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La clase media, una especie en vías de extinción en EE.UU

La siguiente nota no fué publicada en ningún pasquín de la izquierda recalcitrante,ni suiquiera en Página 12 sino en el Diario La Nación por lo tanto no se puede acusar de inclinar la balanza por un tinte ideológico

La clase media, una especie  en vías de extinción en EE.UU.Los contrastes entre riqueza y pobreza, una constante en Birmingham, Alabama Foto: Archivo

Por Inés Capdevila
Enviada especial

BIRMINGHAM, Alabama.- Eran los héroes del ?sueño americano?. Los que hacían rugir la economía de Estados Unidos, los que convencían al país de que ésta era una tierra de igualdad y oportunidad.

Ellos, los norteamericanos de clase media, eran el símbolo de una legendaria movilidad social. Pero estalló la crisis financiera.

Y hoy, lejos de la exuberancia de Nueva York, Chicago o Los Angeles, cerca del corazón de Estados Unidos, la clase media tiembla, se angustia, se mueve. Ya no para arriba sino para abajo.

El crédito desaparece. Los alimentos y el transporte suben. El invierno se acerca y calefaccionar las casas no será barato. Los aranceles universitarios no conocen techo. Los seguros de salud son cada vez más restringidos. Las jubilaciones se reducen. La propiedad de las casas está en peligro. Los diarios dan consejos sobre cómo ahorrar hasta en los disfraces para el Día de Brujas.

Los más de 150.000.000 de norteamericanos que forman parte de la clase media ganan desde 30.000 hasta 100.000 dólares al año, ingresos nada despreciables si uno reside en América latina.

Pero a medida que sus costos engordan, su estilo de vida adelgaza y las oportunidades se desvanecen.

Hoy el ingreso real de esos millones de norteamericanos es, de hecho, menor que cuando comenzó el siglo, según reveló, en agosto, el informe ?Estado de la Norteamérica Trabajadora?, del Instituto de Economía Política. Es la primera vez, desde 1940, que ese ingreso cae y, a medida que lo hace, la distribución de la renta se torna más desigual.

Treinta años atrás, el 10% de los norteamericanos más ricos ganaba 20 veces más que el resto del país. Hoy percibe 77 veces más.

?Los muy ricos son cada vez más ricos, mientras que los ingresos de la mayoría de la gente están congelados o caen. El ingreso medio bajó 324 dólares desde 2000. Todo esto, más la crisis, erosiona la estabilidad de la clase media?, dijo a LA NACION Lisa Donner, directora del programa contra la pobreza del Centro para el Progreso Norteamericano, desde Washington.

Esa disparidad, más propia de América latina que de Estados Unidos, se refleja en los lujosos edificios de los centros de las ciudades y en las decadentes casas de los barrios pobres. En la pujante riqueza de las grandes metrópolis y en el esfuerzo por sobrevivir a la crisis de las urbes más pequeñas.

Próspera capital de uno de los estados más pobres del país, Birmingham es, a la vez, opulencia y ocaso.

Es abundancia en sus flamantes edificios de empresas de seguros o de biotecnología. Es deterioro en sus construcciones sin terminar, en sus fábricas abandonadas, en sus negocios cerrados por los embargos.

Como en otros estados, ese declive se hace más pronunciado a medida que la ciudad deja paso a las áreas rurales, a medida que la crisis se inmiscuye en la vida diaria de los norteamericanos.

?Sólo hace falta salir de las ciudades para darse cuenta de lo que nos sucede. Vas a un hospital público y ves a gente esperando todo el día. La economía está diezmando los trabajos, los beneficios sociales. Tenemos que salvar a la clase media. Nuestro país se construyó sobre la clase media?, dijo a LA NACION Douglas Schulke.

De visita en Alabama, Schulke es un veterinario de 71 años que, dentro de su angustia ante la crisis, está feliz. Años atrás, cuando le llegó el momento de pensar en su eventual jubilación, optó por comprar una granja en Iowa en lugar de destinar parte de sus ingresos a un fondo de pensiones.

Hoy el alquiler de esa tierra le permite vivir, en Nuevo México, sin sobresaltos, a diferencia de lo que le sucede a muchos de sus amigos.

Ellos apenas llegan a fin de mes luego de que el descalabro financiero pulverizó casi dos billones de dólares de los fondos de pensión.

Sin excepciones

La crisis no reconoce diferencias dentro de la clase media. Mientras los jubilados penan por sus pensiones, los jóvenes se inquietan ante el riesgo de tener que abandonar la universidad por la imposibilidad de pagar sus créditos estudiantiles.

La debacle económica tampoco admite diferencias entre los de arriba y los de abajo. Aquellos cuyos ingresos se acercan a los 100.000 dólares se preocupan por el descendente valor de sus casas.

Y aquellos que quisieron acoplarse, desde abajo, a la clase media fueron los que más sufrieron.

Como chofer de un camión de reparto, Corey Greene, de 30 años, gana 700 dólares por semana, un ingreso que le permite estar, desde unos años atrás, en la franja inferior de la clase media.

Cuatro años atrás sacó un crédito para comprar su primera casa. Mensualmente abonaba 400 dólares por la hipoteca, pero estalló la crisis y ahora el pago es de 650 dólares.

?Hace dos meses que no lo pago. Todavía no sé qué voy a hacer. Todos los días busco un segundo trabajo pero no encuentro nada; nadie contrata?, dijo a LA NACION en pleno centro de Birmingham.

Greene cree que es muy poco probable que vaya a conseguir empleo. Razón no le falta.

Las empresas anuncian despidos y esta semana el gobierno anunció que había recibido 15.000 solicitudes de beneficios por desempleo, un número mucho mayor al esperado.

Greene pertenece a una minoría, la afroamericana, que, junto con la hispana, es uno de los grupos más afectados por el terremoto económico.

?Esta crisis los afecta en forma desproporcionada, sobre todo la del sector inmobiliario. Con pocos recursos, ellos tuvieron que acudir al mercado negro de las hipotecas y ahora son los que más casas han perdido. Lo mismo va a suceder cuando alcance al empleo?, dijo a LA NACION William Spriggs, director del Departamento de Economía de la Universidad Howard.

Históricamente, hispanos y negros fueron los más desfavorecidos por la economía.

Tienen los ingresos más bajos, el menor nivel de educación y la tasa chica de acceso a la salud, según el último censo norteamericano.

Desde abajo, desde la pobreza, muchos de ellos quisieron ingresar en una temblorosa clase media.

Pero, crisis de por medio, esta tierra de oportunidades dice no. Para ellos y millones de otros, el sueño americano deberá esperar.

VIA: DIARIO LA NACION

El premio Nobel nos dice que el gasto público no es malo

NUEVA YORK.- ¡El Dow está subiendo! ¡No, está bajando! ¡No, está subiendo! No, está?

Como sea. Mientras el maníaco-depresivo mercado de valores ocupa los titulares, la historia más importante transcurre en las sombrías noticias sobre la economía real. Ahora resulta claro que el rescate de los bancos no es más que el comienzo: la economía no-financiera también necesita ayuda desesperadamente.

Y para proporcionar esa ayuda, vamos a tener que dejar de lado algunos prejuicios. En lo político, está de moda echar pestes contra el gasto del gobierno y exigir responsabilidad fiscal. Pero en este preciso momento, un incremento del gasto gubernamental es justo lo que ha prescripto el médico, y habría que reprimir la preocupación por el déficit presupuestario.

Pero antes de abordar ese punto, hablemos de la situación económica. Justo esta semana nos enteramos de que las ventas minoristas se han despeñado en el abismo y lo mismo ocurre con la producción industrial. Se estima que el desempleo está en niveles dignos de una recesión profunda y el índice de manufacturas de la Reserva Federal de Filadelfia cae al ritmo más rápido en casi 20 años. Todos esos signos revelan la existencia de una crisis económica que será cruel, brutal? y larga.

¿Cruel hasta qué punto? El índice de desempleo ya está por encima del 6 por ciento. Ya es prácticamente seguro que superará el 7 por ciento, y posiblemente llegará por encima del 8 por ciento, convirtiendo esta recesión en la peor de los últimos 25 años.

¿Y larga hasta qué punto? Podría ser realmente muy larga. Pensemos en lo que ocurrió durante la última recesión, que sucedió al estallido de la burbuja tecnológica a fines de la década del 90. Superficialmente, la respuesta política a esa recesión parece exitosa. Pero la verdad es que a la Reserva Federal le resultó difícil ganar impulso. A pesar de las reiteradas reducciones de la tasa de interés, el índice de desempleo siguió en ascenso; pasaron más de dos años antes de que el panorama laboral empezara a mejorar. Y cuando finalmente se produjo una recuperación convincente, se debió tan sólo al hecho de que Alan Greenspan había conseguido reemplazar la burbuja tecnológica por una burbuja inmobiliaria.

El temor a otra burbuja

Ahora le ha llegado el turno de estallar a la burbuja inmobiliaria, dejando el paisaje financiero sembrado de ruinas. Aun cuando los esfuerzos destinados a rescatar el sistema bancario y a descongelar los mercados crediticios funcionaran ?aunque los resultados iniciales han sido desalentadores?, resulta difícil imaginar que la vivienda pueda volver a inflar una burbuja en el futuro próximo. Y si hay otra burbuja en espera, no es para nada obvia. Entonces a la Reserva Federal le resultará aún más difícil ganar impulso esta vez. En otras palabras, Ben Bernanke no puede hacer gran cosa por la economía.

Por otra parte, el gobierno puede hacer mucho por la economía. Puede proporcionar mayores beneficios a los desempleados, algo que ayudará a muchas familias en mala situación y pondrá dinero en manos de personas que probablemente lo gastará. Puede dar ayuda de emergencia a gobiernos estatales y locales para que no se vean obligados a realizar grandes recortes presupuestarios que degradan los servicios públicos y destruyen empleos. Puede comprar hipotecas y reestructurar los términos para ayudar a las familias a quedarse en sus casas.

Y también es un buen momento para realizar algunos serios gastos en infraestructura, que el país necesita con urgencia. El argumento habitual en contra de las obras públicas como estímulo económico es que toman demasiado tiempo: para el momento en que se acaba de reparar aquel puente y de mejorar esa línea de ferrocarril, la recesión ya pasó y no hacen falta estímulos. Bien, ese argumento carece de fuerza ahora, ya que las posibilidades de que esta crisis acabe en un futuro próximo son prácticamente nulas. De manera que será mejor que pongamos en marcha esos proyectos.

¿La próxima administración hará lo necesario para enfrentar la recesión? No si John McCain consigue una victoria sorpresiva. Cuando en uno de los debates le preguntaron cómo enfrentaría la crisis, contestó: ?Bueno, lo primero que debemos hacer es controlar los gastos?. Si Barack Obama es presidente, no tendremos la misma oposición inquebrantable al gasto. Pero deberá enfrentarse a un coro de personajes que le dirán que debe ser responsable, que si no el enorme déficit que tendrá el gobierno el año próximo es inaceptable. Obama debería ignorar ese coro. La actitud responsable, en este momento, es darle a la economía la ayuda que necesita. Este no es el momento de preocuparse por el déficit.
Por Paul Krugman
De The New York Times
Traducción: Mirta Rosemberg

Una debacle muy fácil de prever

MILAN. Hasta el momento, no he dicho una sola palabra sobre la actual crisis económica. Esperaba que me iluminaran los economistas. Esperaba, entre otras cosas, que hicieran un mea culpa. Porque el hecho es que la mayoría no previó la catástrofe inminente. ¿Era imposible preverla? Puros cuentos. No sólo era totalmente previsible, sino que, por principio, una ciencia económica que no sabe prever tiene poco de ciencia.

¿Ciencia de qué? Un saber “práctico” que aconseja mal y que prevé peor produce problemas y te deja con ellos.

Muchos economistas se sacan la responsabilidad de encima echándole la culpa al liberalismo “salvaje” que ha predicado la desregulación, la eliminación de las reglas. En su momento escribían que las reglas estaban mal hechas, por lo que había que eliminarlas; pero “desregular” es tan sólo un remedio de corto plazo, y un vacío de reglas no implica que no debamos tenerlas. Por eso, hoy las reglas se hacen más necesarias que nunca. Los bancos sin supervisión son libres de perjudicar a sus depositantes. El mercado financiero siempre está más colmado de estafadores que de estafados. La disyuntiva no es intervenir o no, sino entre la capacidad de intervenir bien o no.

Leo que las crisis financieras son intrínsecas al capitalismo; que pensar en eliminar los riesgos es una tontería, y que para cada regla existe una manera de transgredirla. Pero lo mismo espero que no sea así.

El mercado es un mecanismo que, para existir y funcionar, debe estar protegido por leyes que eviten los monopolios y que castiguen las transgresiones garantizando la autenticidad de los productos. El mercado no existe si puedo hacer pasar por oro cualquier metal amarillo. De esa manera, ¿cómo vamos a controlar los medicamentos y, más aún, la producción industrial de alimentos? Por lo tanto, el argumento de “hecha la ley, hecha la trampa” es suicida.

No creo que las crisis del “estilo 1930″ sean fisiológicas. Como el sistema de mercado es un automatismo que se autocorrige, es normal que tienda a ser cíclico y a sufrir recesiones. Pero si un sistema de mercado que se autodestruye derrumbando todo el sistema económico fuera “normal”, entonces nos encontramos ante un sistema mal articulado.

Vuelvo a la pregunta que es la madre de todas las demás: ¿por qué los economistas no previeron adecuadamente ni denunciaron la locura de los subprime, de las hipotecas sin suficiente cobertura? Esos préstamos produjeron la vorágine en la que ahora nos hundimos. Y, sin embargo, todos se mantuvieron callados y dispuestos a aceptar la fábula (el opio) de los “derivados”, es decir que el riesgo se minimizaba distribuyéndolo en muchas partes y en todo el mundo. Obviamente (lo dice el sentido común más elemental), eso sólo puede ser así si la “deuda incobrable” no se hace gigantesca. Pero nadie la controló y se hizo gigantesca, y así es como todos nos encontramos en peligro.

Por lo tanto, lo que ocurrió era fácil de prever. Yo mismo me espanté cuando vi, en Estados Unidos, el bombardeo de ofertas de crédito fácil, demasiado fácil. Pero son los economistas los que no se asustaron a tiempo y que ahora deben hacer un examen de conciencia y rever sus propias deficiencias. Porque quien no sabe prever, tampoco sabe prevenir.

Por Giovanni Sartori Del Corriere della Sera Traducción: Mirta Rosenberg

¿Qué une a la crisis Global con la deuda externa Argentina?

Actualmente el mundo se debate intentando buscar el responsable de esta debacle.Curiosamente casi todo el mundo desarrollado coincide en una cosa , los responsables de esta crisis son los bancos por haber otorgado créditos a individuos que no tenían respaldo crediticio.

Es decir se le dió crédito a personas que se sabía que no iban a poder pagar y los bancos vendieron esos créditos a otros bancos de todo el mundo que invirtieron el dinero depositado por sus clientes en lo que ahora se llama “activos tóxicos”

Esos mismos bancos son los que habían prestado dinero durante la ültima dictadura militar a la Argentina,sabían que esa deuda era ilegítima(porque había sido contraída con un régimen de facto) e incobrable.
¿Quë hicieron entonces para sacarse los créditos de encima?
Pusieron en el poder a un representante de la banca llamado Nicholas Brady,
¿Qué hizo Brady? Creó el Plan Brady consistente en transformar la deuda de los bancos en deuda de particulares creando los BONOS BRADY es así como los bancos se liberaron de esos créditos tóxicos y se los encajaron a por ejemplo los jubilados Italianos(hold outs).
Por supuesto que para lograr esto tuvieron la inestimable ayuda de la prensa y de las calificadoras de riesgo, esas que crearon por ejemplo el concepto de riesgo país.

Ahora como ven ,las corporaciones hacen cargo de la burbuja(aquí la llamabamos PLATA DULCE) al resto del mundo que pagará con una recesión de alcances inimaginados los desaguisados de estos personajes siniestros, los cuales cuando juegan a la perinola les sale TOMA TODO o TODOS PONEN según como venga la mano.
Un abrazo a la comunidad Clarín .
Sincerator