EL GERENTE LIDER

La gerencia es un cargo que ocupa el director de una empresa lo cual tiene dentro de sus múltiples funciones, representar a la sociedad frente a terceros y coordinar todos los recursos a través del proceso de planeamiento, organización, dirección y control a fin de lograr objetivos establecidos. Henry, Sisk y Mario Sverdlik (1979) expresan que: … El término (gerencia) es difícil de definir: significa cosas diferentes para personas diferentes. Algunos lo identifican con funcionesrealizadas por empresarios, gerentes o supervisores, otros lo refieren a un grupo particular de personas. Para los trabajadores; gerencia es sinónimo del ejercicio de autoridad sobre sus vidas de trabajo… De allí que, en muchos casos la gerencia cumple diversas funciones porque la persona que desempeña el rol de gerenciar tiene que desenvolverse como administrador, supervisor, delegador, etc. De allí la dificultad de establecer una definición concreta de ese término. Es muy usual escuchar quejas de directivos, jefes, dueños de empresa sobre el personal que labora en su organización. A diario andan buscando maneras para aumentar la productividad de su personal, de encontrar la motivación al trabajo que los haga más eficientes. Es del todo cierto que esta es una historia que no se da en todo los casos, pero salvo ciertas excepciones las quejas son repetitivas en este aspecto, empleados que llegan tarde, apatía laboral, chismes, pereza, la ley del mínimo esfuerzo, ausentismo, indiferencia, falta de pertenencia entre otras son los lamentos que esbozan quienes ostentan cargos de dirección en las empresas de cualquier índole, no sólo privadas.  Y aunque hay varias razones que explican este tipo de comportamiento, y hay muchos estudios que así lo avalan, quiero remitirme a algo en particular que puede generar ese tipo de conductas. Es interesante el principio de la responsabilidad, que se orienta hacia el hecho de que cada quien se pregunte “y en esta situación particular, ¿qué puedo hacer yo?” A un empleado se le compra su trabajo, ese por el cual fue contratado, pero su lealtad, su corazón, su compromiso, su participación creativa, la diligencia en el trabajo en equipo, eso no se compra, se gana. Eso no cuesta un billete pero vale muchísimo. Si hubiese una fórmula específica muchos pagarían por ello, y he allí una de las razones por las cuales eso les pasa no solo con sus empleados, sino también con sus hijos, con su pareja. Esas cosas no se pueden comprar, se ganan a través del tiempo con un trabajo diligente que queda evidenciado con el ejemplo constante. Pretender comprar la fórmula mágica es una muestra que quien tiene esa intención viola los principios nobles y auténticos.  La disonancia que se presenta en aquellos que ostentan poder les genera más pérdidas que lo que pueden comprar con todo el dinero que tengan. El hecho de perder la fe de un empleado es lograr tener a un empleado zombi, es un cuerpo sin vida que trabaja en la empresa, pero que igual alguien que va y cumple porque sabe tiene que cumplir. Siguen allí trabajando en esa empresa porque necesitan el dinero, de lo contrario no seguirían allí. Están atados a la empresa, la necesidad es superior a su querer. ¿Cómo se supone que con alguien así se va a lograr tener pertenencia, creatividad y empeño?  Entonces se tienen los cuerpos trabajando pero estos adolecen de almas, de la vida que haría que la productividad de la organización se disparara. ¿Cuál es el secreto? El secreto si se le puede llamar así, está enmarcado en enseñanzas que se repiten una y otra vez a lo largo de la historia de la humanidad. El respeto no se compra se gana, al igual que la admiración y la lealtad. La gente se identifica mucho más fácilmente con lo que ve y siente que con lo que oye. Esas conductas que llevan a la productividad se construyen sobre la base del ejemplo en su mayoría, y lo restante en lo que se oye. En otras palabras, la mayor fuente de influencia está representada por los líderes de quienes se “supone” debe emanar el ejemplo guía que tanto predican o en el peor de los casos imponen. Por eso, aquellos discursos altisonantes rayan en ridículos ante empleados que no dan crédito a palabras que son abiertamente contradictorias en personas que en poco aplican lo que dicen. Se debe ser altamente cuidadosos en cuanto a explayarse en alocuciones sobre cómo actuar correctamente, sobre la ética del trabajo cuando del otro lado las vidas del líder da muestras contrarias a lo que dice, llega tarde, no cumple compromisos, manipula, utiliza a su personal, los beneficios pesan del lado de su balanza, se evidencia lo injusto, critican, no construyen. Es irresponsable dejar caer sobre una lectura, una capacitación el cambio conductual de la cultura de la organización, aunque importantes son insuficientes frente a modelos que ejercen influencia con acciones que contradicen lo que por un lado insisten que se aprenda y por el otro, es claramente perceptible que no lo aplican, eso es mentira. Claro, siempre será más fácil dar un consejo que vivirlo, es mucho más cómodo decirle a la gente que aprendan a trabajar unidos desde la distancia que participar en ese tipo de procesos, es realmente más fácil ser juez y criticar que ser parte, que ser luz, es más fácil ser un crítico que un modelo a seguir. Muchos de estos inconvenientes laborales se dan por no ser claros en que la gente conozca lo que se espera de ellos y por otro lado, de no ser consecuentes en el accionar diario de quienes dirigen la organización. Es muy dado a darse la posición del escritorio tipo dios del Olimpo, allá a lo lejos, un jefe que nunca o rara vez se ve, que sólo aparece para amonestar, criticar, mandar. Y aunque el poder lo autoriza para ciertas, la obediencia que se obtiene es tendenciosa. Se le obedece porque toca, en últimas es un extraño que porque es el jefe viene a menospreciar el trabajo del cual no es testigo. El liderazgo ha sido un tema sobre el cual se ha hablado tanto que se le puede llegar a desestimar, sin embargo es tan vigente ahora como en cualquier tiempo y absolutamente necesario. Las palabras conducen, pero el ejemplo arrastra. De allí la importancia de tener en esos cargos no sólo a quienes por formación académica llenan los requisitos, aunque importante no es el rasgo más deseable, el que sí resulta ser más que fundamental trascendental, es el ser humano que con calidad se gana el corazón de sus seguidores, y eso es una fortuna que no se compra con dinero.  Trabajar con gente es un reto que exige todas las credenciales y eso no se aprende únicamente estudiando. Pretender que por el hecho de tener un título universitario de una prestigiosa universidad es tener el suficiente respaldo para dirigir con efectividad a la gente, es como pretender leer un libro a manera de manual de instrucciones sobre “cómo ser un buen padre de familia” y considerar por eso que ya la hicimos. Es importante, pero para nada suficiente. Ahora bien, hay que establecer diferencias entre el jefe “bonachón”, complaciente y del líder del cual hago referencia. No hay que confundir bondad con debilidad, empatía con falta de autoridad. Esas son cosas diametralmente opuestas y una de las dos es terriblemente perjudicial. Cuando hay un padre de familia, o un docente, o un jefe bonachón y complaciente, usualmente termina manipulado con fines egoístas por quienes buscan la comodidad a ultranza. Pero tampoco hay que confundir autoridad con autoritarismo, con abuso del poder, con maltrato laboral. Y esto tiene muchas formas de darse, desde sutiles hasta agresivas. La autoridad viene impuesta con el cargo y genera obediencia maliciosa o por obligación cuando no hay otra opción que imponerla, pero de esa a la autoridad que se gana porque es evidente que quien la ostenta vive con altos estándares de comportamiento, porque actúa dando ejemplo, porque da de lo que pide e incluso un poco más, porque aprende y también respeta, ese se gana el respeto. Personas así no sólo son fáciles de seguir, la gente normalmente quiere seguir a individuos de este talante, es más, hoy día, sí que hacen falta mujeres y hombre en esta condición. Pero ser así no es cuestión de la intención de un día, es un estilo de vida, es una manera de vivir. La integridad tiene un precio altísimo que no se compra con dinero y no porque se tengan más estudios, o porque se goce de un alto cargo organizacional o porque sea el padre de familia esa persona es digna y merece ser seguida. Lo siguen porque no hay otra opción. Ridícula es aquella manera de pensar en que el jefe piensa que los empleados “tienen” que obedecer porque él es quien manda. Esta actitud genera obediencia maliciosa. Hacia el camino de la Integridad en puestos de dirección sean estos en altísimos cargos o mandos medios, sean en organizaciones públicas o privadas, sean en entidades sin ánimo de lucro o en la familia es de suma importancia ser luz, ejemplo vivo de que primero lucha por ser lo que espera que los demás sean.  Y en ese camino haga estaciones para comprender entre otras la necesidad de hacer acopio de llevar lo que hace de su trabajo en posición de liderazgo más que una carrera que tocó asumir hacia algo que realmente quiere hacer, porque ese su compromiso. Leer porque ama la lectura es bien distinto a hacerlo porque le toca. Genere el ambiente a su alrededor de tranquilidad, de creatividad, de trabajo productivo, de confianza. Su presencia debe ser un desactivador de los ambientes negativos. El poder de las creencias es altísimo. Estas dictan los pensamientos con los cuales nos movemos cada día, son los que dictan nuestras conductas. Crea en su gente, mírelos de manera propositiva, desde su potencial y de lo que pueden llegar a ser. Esto crea un ambiente de progreso y creatividad. Siempre habrá mejores maneras de hacer las cosas. En lugar de estancarse en una esquina con una mirada limitante, amplíe el panorama, pregunte, averigüe, investigue, apóyese en su gente y valide con su conducta su deseo real de buscar nuevas opciones. Al limitarse limita, pero al abrirse a nuevas opciones, la explosión de creatividad será inmensa. Estudie, capacítese, intégrese en esos modelos de renovación intelectual y moral de la organización. Sea el primero en participar de todos estos procesos. De ejemplo. No importa que su conocimiento rebase lo que para otros sea lo máximo, su presencia resulta ser sustancial en todos estos emprendimientos organizacionales. La lista es enormemente amplia, pero lo que deseo expresar es que sea íntegro, no “cero errores”, puesto que esa intención es inhumana, pero sí un ser humano sin tacha que realmente es un efectivo líder consigo mismo y eso que resulta ser evidente grita tan fuerte que despierta los corazones de personas que simplemente seguirán a individuos de esta altura dando lo mejor de sí mismos. Allí ha logrado lo que muchos empresarios desean, la fórmula mágica que no es tal.


Escribí tu comentario

, , Reportar este Comentario curso direccion empresas dijo

Muy buen aporte. El liderazgo es un proceso que implica no solo la capacidad de tomar decisiones, sino la habilidad de desarrollar una cierta estabilidad emocional. Dirigir una empresa no es tarea sencilla por lo que capacitarse adecuadamente es muy importante. Llevar a cabo cursos sobre gestión empresarial ayuda a reducir errores comunes que terminarían por demorar de sobremanera el logro de los objetivos propuestos con anterioridad.