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Hace medio siglo, abría sus puertas el primer liceo público de Pocitos

ESTACION POCITOS               NOTAS ESPECIALES                 Julio de 1998      11

Hace medio siglo, abría sus puertas

el primer liceo público de Pocitos

 

Hace 50 años comenzó a funcionar en el que todavía sigue siendo un local liceal de Bulevar España 2772, casi Ellauri, el primer liceo de Enseñanza Secundaria, público, gratuito y laico que hubo en Pocitos.

Como suele ocurrir, este hecho tan trascendente en la vida del barrio, se produjo en parte por designio y en parte por casualidad.

 

En 1945, el Prof. Juan Carlos Sábat Pébet se hace cargo de la dirección del Liceo N° 7 “Joaquín Suárez”, que entonces compartía con la Escuela Italiana el edificio de la calle Magallanes en el cual funciona actualmente la Facultad de Ciencias Económicas.

 

Este liceo se había desarrollado allí con un alumnado heterogéneo.

 

No era poca la responsabilidad de Sábat. Venía a sustituir en el timón, nada menos que al Arquitecto Leopoldo Carlos Agorio, que poco después sería designado Rector de la Universidad de la República.

 

Sábat, escritor, periodista, investigador histórico y poeta, era una figura prestigiosa entre la intelectualidad uruguaya. Y era, además, un profesor que gozaba de notable popularidad entre el estudiantado, cosa de la cual ha dado fe recientemente el Dr. J. J. Ravera en una evocación que publicamos en estas mismas páginas, sobre la generación de 1937 en el liceo Zorrilla.

 

Se necesita local nuevo

 

El hecho es que, bajo la égida de Sábat, el Suárez recibió un aluvión de inscripciones, con lo cual fue primero necesario adaptar el gimnasio de la Scuola Italiana para hacer funcionar allí algunas aulas y, después, empezar a pensar en un local independiente.

 

Uno de los sueños de aquel gran educador que fue Sabat, era la de traer la enseñanza pública a Pocitos, barrio en el cual residía.

 

La idea era controvertida porque se decía que dada la profusión de liceos privados que funcionaban no tenía sentido traer aquí un liceo de Secundaria.

 

Como siempre, hay dos lecturas posibles de cada hecho y de éste, podía extraerse precisamente la conclusión opuesta.

 

Y ¿por qué no Pocitos?

 

Casi sobre la fecha de iniciación de los cursos de 1948, cuando ya se preveía que el viejo local del Suárez sería totalmente insuficiente para albergar a la previsible población estudiantil, el director se enteró de que estaba vacía la vieja casona de Bulervar España 2772, trazada en forma de martillo, con fondo sobre Ellauri, a metros de Scosería (que en aquel entonces se llamaba Cololó).

 

A marchas forzadas el liceo se instaló allí. Las doce habitaciones de la vieja casa, y todo espacio aprovechable fueron rápidamente acondicionados para transformarse en aulas, incluyendo los altillos y la que fuera amplia cocina y garaje.

El solárium ofreció una oportunidad de ubicar allí una biblioteca.

 

El milagro de las sillas

 

A último momento, la oficina de Adquisiciones de Secundaria, anunció que no estaba en condiciones de proporcionar el mobiliario necesario a tiempo para la apertura de los cursos en marzo.

 

Allí se produce un gesto que habla a las claras del clima en el cual se gestó esta patriada. Un profesor que nunca quiso ser mencionado compró de su bolsillo 300 sillas endebles que costaron 50 centésimos cada una.

 

Con ese mobiliario que no debe haber durado mucho en manos de aquellos vándalos, uno de los cuales era quien estas líneas escribe, se abrió aquella página de la historia y un día como el de hoy, hace 50 años Pocitos tuvo su primer liceo público, su primer casa de estudios, laica y gratuita, administrada por Enseñanza Secundaria.

 

Flavio García, historiador, amigo personal y colaborador de Sábat Pébet desde que este último se hizo cargo de la dirección del liceo Suarez en 1945 fue quien compró aquellas sillas, preocupándose además de que nadie lo supiera. Esta publicación tiene el honor de tenerlo hoy, como su asesor histórico y colaborador, con el mismo entusiasmo con que nos ayudó cuando editamos el primer periódico que apareció en el liceo, en 1949-50.

 

Cuatro periódicos a la vez

 

Y aquí aparece otro hecho significativo. En los liceos suelen editarse periódicos estudiantiles. La calidad y el número de los mismos puede ser considerado un indicador de la inquietud intelectual del alumnado.

 

En aquel liceo Suárez, al año de instalado en Pocitos, se publicaban no uno sino cuatro periódicos estudiantiles. Pompeyo Ragni dirigía un pequeño y agradable periódico llamado “Pulgarcito” cuya consigna era luchar contra el tabaquismo y alcoholismo: la Asociación Cultural Estudiantil Suárez, editaba una revistita con el poco imaginativo nombre de “La Gaceta”; Alfredo Goldstein publicaba un periódico llamado “Horizonte” y nosotros editábamos otro cuyo nombre era “Brújula”.

 

No solo por la inquietud periodística de sus estudiantes era el liceo Suárez un centro de irradiación cultural y fermentación de inquietudes. Como gran motivador, Sábat instó a sus alumnos a formar “clubes juveniles” donde podían fuera de horas de clase y complementando sus estudios, dedicarse a distintas actividades académicas.

 

En ese rubro se integraron el teatro, la química y las ciencias, la literatura, los títeres y mil y una actividad que escapan ahora a mi memoria.

 

Centro de irradiación cultural

 

Casi a diario, después de hora, el liceo era escenario de alguna actividad cultural: conferencias, recitales, reuniones de todo tipo. Las luces brillaban hasta tarde en aquella casa cuya actividad oficial concluía a las seis de la tarde, pero que era, en verdad, un fermentario de inquietudes para todo el barrio.

 

Allí se congregó, además un profesorado de campanillas.

 

Hemos recordado en una crónica hace pocas ediciones que el actual Vicepresidente del Codicen, Dr. Wiliman, hizo sus primeras armas en la enseñanza de la historia allí. También eran jóvenes profesores dos intelectuales muy conocidos como Carlos Real de Azúa, y Carlos Rama, Gastón Blanco Pongibove que fue uno de los fundadores del Cine Universitario, personalidades de la enseñanza como Don Arturo Lussich, el Prof. Pittaluga, el Prof. Pablo Fierro Vignoly, el Prof. Mena Segarra y tantos otros en cuya enumeración es peligroso entrar, para no olvidar a alguno y cometer alguna injusticia.

 

Pero hay otros hechos significativos. Rara vez faltaban los profesores en aquellos tiempos. Pero cuando alguno no concurría, el Prof. Hernán Rodríguez Massone, docente de la Facultad de Humanidades, nos daba clases de Latín y Griego.

 

El que estudiaba inglés

 

Y, para los que gusten de la anécdota, dado que los adscriptos tenían poco trabajo, porque, como se acaba de decir los profesores rara vez faltaban, en la sala de adscriptos era habitual encontrar leyendo, en inglés, con la ayuda de un diccionario a un profesor de literatura que todavía no conocía bien la lengua de Shakespeare.

 

Ese profesor se llamaba Emir Rodríguez Monegal y llegó a ser, no solamente profesor titular en la Universidad de Yale en Estados Unidos, sino un crítico reconocido en Inglaterra y todo el mundo.

 

Ese fue el liceo Suárez que conocimos en nuestra juventud. Poblado de líderes intelectuales, grandes motivadores, que generaron una juventud ávida de conocimientos y de creación.

 

Es una pena que la vieja casa donde empezó esta aventura intelectual no haya sido conservada como el monumento que es, el situs del primer liceo público de la zona, y que pequeño y burocrático criterio el liceo se haya “mudado” como si se tratase del boliche de la esquina.

 

Pero ¡para qué hablar de esas cosas, que nos recuerdan al Uruguay sin memoria que quisiéramos olvidar! Recordemos lo positivo de aquel momento y de aquellos hombres, a 50 años, medio siglo de su brillante actuación.

 

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ESTACION POCITOS

AÑO IX – N° 60 – Julio de 1998

Director: Ulises Graceras

Redactores: Dr. Jorge Da Silveira, Federico Solé, José Ripoll, Sagunto I. Zapirain, Walter Antonio Márquez

Corresponsal en Buenos Aires: Julio Blanck

Fotografía: Luis Laventure

Notas históricas: Zapiguá y El Guarda 515

Asesor histórico: Prof. Flavio García

Armado: Daniel González Piccioli

Los conceptos vertidos en los artículos firmados son exclusiva responsabilidad de sus autores

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