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La manipulación de la historia lejos del conocimiento

Distraer a la opinión pública, justificar cualquier acto de gobierno y resaltar los logros, aún cuando los mismos sean pocos. Esos son los reprochables criterios que se hallan implícitos y que se respetan fielmente desde la cúpula del poder.

Durante las últimas semanas gobernó la ambición de simpatizar a la masa y utilizar con despropósito la historia y los festejos por una fecha especial y significativa en la historia de la república, sea en su totalidad, o bien alguna celebración regional.

Ello justamente viene sucediendo apenas comenzó el año 2010, incluso desde antes, cuando se lo presentó como el año del bicentenario.

 

Hay una realidad innegable: El 25 de mayo se conmemora los dos siglos de un acontecimiento que catapultó los sueños de libertad de un pueblo sometido al poder colonial español y que fue representado por patriotas que desde aquellos conflictivos tiempos soñaron una república independiente, solvente e igualitaria.

 

El problema radica en como se aprovecha a nivel político la antesala a tal importante momento. Y allí nos retrotraemos a las ideas que inauguraron este texto. La opinión pública esta ávida de paz social y económica. Pero la compleja – y nada fácil – actualidad política de la Argentina ha puesto en jaque, y en severa crítica, a cada accionar del Gobierno Nacional, y también de los grupos opositores, que no deben creerse exentos.

 

En este contexto, la cercanía de una fecha “cumbre” cae como anillo al dedo para que todos, en especial aquellos que tienen el poder y capacidad para tomar decisiones, se disfracen temporalmente de patriotas nacionalistas, y realicen cada acción, tomen cada decisión, en el nombre del “bicentenario”. De distraer, justificar y resaltar se trata.

 

La peor variable de la memoria desordenada que solemos tener como país a nivel cultural, es la deformación de la idea y conocimiento que de sucesos pasados se tiene como pueblo.

Tanto se ha hablado del Bicentenario, y tan poco se ha explicado. La escasez de documentales o programas dedicados enteramente a la cuestión fue reemplazada por anuncios, propagandas políticas y discursos que simplemente se llamaban a unirse para celebrar el “bicentenario de la patria”.

 

Si el martes se festeja el Bicentenario…

¿Qué se festejará el 9 de Julio del 2016?

 

¿Qué se festeja precisamente?

 

El 25 de Mayo de 1810 se consolidó oficialmente la intencionalidad libertadora que por aquellos momentos gestaban un grupo de criollos que, sabidos de la caída del Rey Fernando VII en España a manos del conquistador Napoleón Bonaparte, tomaron partida de la compleja situación europea y convocaron para conformar lo que luego se recordaría como el primer Gobierno Patrio.

 

Ese conjunto de individuos, de diversa procedencia y formación, tomó las riendas políticas de un vasto territorio en crecimiento que sufría las injusticias del colonialismo español.

Dicho poder, representado por estas tierras del sur en la persona del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros Cisneros, vio severamente cuestionada su autoridad en los hechos de la llamada “semana de mayo”. En ese lapso, el Cabildo abrió sus puertas para tomar la decisión final: la destitución del virrey y la conformación de la Primera junta de Gobierno.

 

Aquel “plantel” de elegidos se conformaba de la siguiente manera:

El Presidente de la Primera Junta fue Cornelio Saavedra (Militar). Los secretarios: Juan José Paso (Abogado) y Mariano Moreno (Abogado, político y periodista).

Los vocales de la Junta de Gobierno eran: Manuel Belgrano (Abogado y político devenido valientemente en militar), su primo Juan José Castelli (político y abogado), Manuel Alberti (Sacerdote), Miguel de Azcuénaga (Político y Militar), Juan Larrea (Comerciante de origen español) y Domingo Matheu (Político y Militar)

 

Lamentablemente, la feroz dinámica que aquellos tumultuosos tiempos de organización trajo consigo las profundas diferencias entre los personajes de la historia que, con miradas marcadamente diferentes, lucharon, desde las ideas, y desde la violencia física en casi todas las ocasiones, por imponer sus visiones de una república perfecta.

 

Los radicales sueños de progreso económico, educativo y social de héroes como Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Mariano Moreno, totalmente a favor de la ruptura completa del vínculo con España, hallaron muy dura resistencia del conservador modelo de Gobierno que encabezaba Cornelio Saavedra, Jefe de las Milicias. La intención de no desligarse de la “Madre Patria”, y de someterse a los intereses de un nación más poderosa seguirán latentes con el paso de los años. Bernardino Rivadavia fue, irónicamente, uno de los estandartes de aquel modelo.

 

Y ese fue el eje que marcó el paso de los años, hasta la tan ansiada Independencia, y aún muchos, muchos años después de conseguida – y reconocida – la misma.

 

La falta total de concordancia y unificación de criterios, triste costumbre que nació con la patria, se extiende hasta la actualidad. Sin el uso de las armas de por medio, la confrontación mediática y la disparidad extrema de criterios en beneficio de las crisis institucionales es la realidad con la que se acerca el bicentenario de la revolución de Mayo.

 

La alegría popular que debería irradiar la aproximación del 25 de Mayo se opacó ante el avasallamiento del poder central por presentar sus credenciales ante la dubitativa población, y enmarcar cada acto masivo de gobierno dentro del concepto de patriótico. No obstante, no es patrimonio exclusivo de la administración actual estas artimañas. Las fuerzas opositoras – hoy – del gobierno también hacen uso de la celebración como oportunidad para la campaña, en vistas del 2011. Eso es lo lamentable, lo triste, y lo reprochable.

 

Y aunque nadie puede, en su sano juicio, pedir la unión de contrincantes políticos, lo mínimo que se podría esperar es la unificación de criterios.

El fin debería ser el  reunir a una población peligrosamente dividida, y estimular el nacimiento del sentimiento nacionalista con conocimiento de causa, y no sencillamente estimular el apasionado pero vacío izamiento de una bandera por el solo hecho de creer adorar colores que gran mayoría no sabe como, cuando ni donde se decidieron.

Conocer genera mucha más seguridad y entendimiento entre hermanos, que la confrontación de individuos con discursos sin argumentos válidos más que la necesidad obligada de responder al poder mismo que baja desde los agrupamientos políticos más importantes y armados. Sean oficialismo o no.

 

Educar a largo plazo será el salvoconducto para un pueblo castigado por los errores propios del pasado y el presente. Lo único que faltaría es invertir con responsabilidad, no solo con la moneda, sino con la conciencia y la palabra. Soñar no cuesta nada. El reto es luchar por hacer realidad un sueño. Eso hicieron los verdaderos héroes del pasado. Aquellos que hacen 200 años imaginaron un país.

Las Fuerzas sin fuerza – Parte II

Desandando los largos pasos previos.

La real importancia de las Fuerzas Armadas en Argentina ha quedado empañada detrás de un enemigo común que enfrentan tanto el Ejército, la Fuerza Naval y la Aérea: La generalización, grueso error originado por el desconocimiento de la historia y el discurso populista y social que desciende desde la cúpula de un poder que mucho tuvo que ver con los hechos del – relativo – reciente pasado.

Esa generalización aísla a las tres fuerzas del conjunto de la sociedad. Pero la raíz de este aislamiento se remonta al pasado que, en un país masacrado por la injusticia y el desequilibrio, las condena, aún cuando las culpas sean repartidas.

La historia de las milicias argentinas marca claramente la ambigüedad en las sensaciones y percepciones que las mismas generan hacia el pueblo en general, de acuerdo al uso y las funciones que ejercieron a través del tiempo y su directa influencia en la evolución – o involución – de la República.

El levantamiento armado contra los ingleses en 1806 – hazaña repetida al año siguiente – se convirtió en el ejemplo inicial de defensa del territorio que, en aquellos momentos, todavía se sometía al poder español.
Fue durante la organización de la Revolución de Mayo de 1810 que las “milicias populares” dejaron de ser improvisados cuerpos armados, para organizarse institucionalmente – contextualizados con los vaivenes políticos propios de la época. El 29 de mayo se considera la fecha fundacional del Ejército Argentino.

El 30 de Junio de 1810 La Primera Junta de gobierno creó la Capitanía de Puertos de las Provincias Unidas del Río de la Plata – hoy la Prefectura -, origen del nacimiento de la Fuerza Naval Argentina.

Las guerras de independencia sentaron la base de todo movimiento armado que tendiera a proteger los límites de la república naciente y todo lo que ello implicaba, aún cuando durante gran parte del siglo XIX, desde las mismas entrañas del antiguo virreinato del Río de la Plata existieran personajes que valoraran más el ostentoso color del dinero para sus propios bolsillos que el futuro de un pueblo libre y destinado al progreso.

Proezas estratégicas como las de San Martín en San Lorenzo y en el cruce de la Cordillera de los Andes, o de Manuel Belgrano en el norte – el éxodo del pueblo jujeño – constituyen ejemplos de la vocación militar al servicio de los compatriotas, y del papel de las fuerzas en el futuro.

De todas maneras, y a pesar de esos logros, la razón original por la cual se crearon grupos armados en el creciente territorio nacional se reemplazó con nuevas reglas: El ataque a aquel que se interpusiera en las meras intenciones de negociados económicos.
Entonces, desde mediados del siglo XIX, las milicias enfrentaron pueblos, enfrentaron a compatriotas, y las guerras internas se convirtieron en la primera opción para elevarse por sobre el resto. La diplomacia sería la segunda opción.

El constante roce de militares de cualquier orden con la cúpula del poder desembocó, en forma paralela, en extremada injerencia de hombres educados y formados para el manejo armamentístico con la política – y viceversa.
Ese lazo trajo aparejada la tradición, durante gran parte del siglo XX, de los golpes de estado que interrumpieron casi constantemente la vida democrática, aún cuando el sistema fallara con regularidad y cuando la costumbre indica que en Argentina el mundo de la política rebalsa de la impureza extrema de la corrupción, la pésima administración de los recursos y el manejo indiscreto de la masa.

La notoriedad conseguida por las Fuerzas Armadas  – cuyo tridente se completó con el nacimiento oficial de la Fuerza Aérea Argentina el 4 de enero de 1945– en razón de su implicancia con la evolución del país, generó que actualmente la población en general las perciba negativamente, – con la exageración que implica la ignorancia de parte de la historia y quienes llevaron adelante los peores actos que documente la misma – como una institución inservible a la que hay que quitarle todos derechos y todo respeto.
La muy mala imagen del hoy la generaron los altos mandos del ejército del ayer. Fue dicha fuerza la que mayores recursos humanos y políticos sometió a las barbaries de los golpes de Estado, aún cuando en la memoria colectiva quede marcada la última dictadura, masacre dentro de la cual se incluye al sector de los montoneros, cómplices del temor masivo que se infligió desde 1976 hasta 1983.

La triste historia de derrocamientos comenzó en 1930, cuando el General José Félix Uriburu desplazó al gobierno Radical de Hipólito Yrigoyen (aunque el ideólogo de aquel movimiento fue el General Agustín P. Justo, que dos años más tarde tomaría el poder entregado en manos de su antecesor)

En 1943 Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell desplazaron a Ramón Castillo, presidente surgido no de forma democrática, sino desde las entrañas misma del régimen conservador del golpe militar anterior.

Juan Domingo Perón, figura que dejó profundamente marcada su influencia en el andar político del país, sufrió el golpe de la denominada “Revolución Libertadora”, entre el 16 y 23 de Septiembre de 1955, encabezado por el general Eduardo Lonardi, acompañado por el general Pedro Eugenio Aramburu.

El arribo de fuerzas militares al poder en Argentina volvió a darse con la caída de Arturo Frondizi, radicalista que, aún cuando había devuelto al peronismo la habilitación para participar en elecciones (menos al mismo Perón), no soportó el triunfo de dicho partido e intervino las provincias donde habían triunfado. Ello impulsó el movimiento insurrecto, que catapultó a José María Guido a tomar el control del Ejecutivo, cuando todo hacía pensar que el sillón presidencial lo ocuparía el Comandante en Jefe del Ejército, General Raúl Poggi.

A la seguidilla de levantamientos militares le continuó aquella que el 28 de Junio de 1966, encubierta bajo el nombre de “Revolución Argentina”, derrocó a Arturo Illia (Radical), liderado por el General Juan Carlos Onganía, y la que contó con apoyo de los Estados Unidos y Europa.
Luego le sucedieron en el poder Marcelo Levingston y Alejandro Agustín Lanusse. El denso clima político, económico y social por esos tiempos culminó con elecciones libres en 1973 y el posterior triunfo del peronista Héctor Cámpora, suceso que le abrió las puertas a Perón para retornar del exilio.

El eje de la década del ’70 fue la turbulencia en su más peligrosa expresión. Tras un arribo caracterizado por la balacera y la muerte, el general falleció a un año de asumir, y legó el mando a su esposa y vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón, cuya inacción facilitó la concreción del último y más cruento golpe de estado, en 1976.
El autodenominado “Proceso de reorganización militar” consistía en una Junta militar compuesta por un representante de cada una de las fuerzas (Ejército, Naval y Aérea) y un presidente elegido, no solamente con funciones propias del Ejecutivo, sino también propiedades legislativas.

En la memoria quedaron sellados los nombres de los integrantes de la primera junta, que gobernó hasta 1980: Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti.
No obstante, otras tres juntas con sus respectivos “Presidentes”, ostentaron malévolamente el poder:
En el periodo 1980-1981, Roberto Eduardo Viola (Presidente), Armando Lambruschini, Omar Domingo Rubens Graffigna.
Luego desde 1981 hasta 1982: Leopoldo Fortunato Galtieri (Presidente, aquel que impulsó la Guerra de las Islas Malvinas), Basilio Lami Dozo y Jorge Isaac Anaya
Finalmente, y como transición hacia las elecciones democráticas que ganaría el Radical Raúl Alfonsín: Cristino Nicolaides, Rubén Franco, Augusto Jorge Hughes (En este caso, el presidente, Reynaldo Benito Bignone, no perteneció a la Junta)

El terrorismo de Estado desde su concepción teórica se potenció en la práctica durante todo el periodo que duró la última dictadura, con la colaboración de grupos civiles conocidos como “montoneros”, que iniciaron una guerra interna a sangre y fuego con el poder ilegalmente instituido.

Actualmente, la mirada desconfiada hacia los militares en general se debe gracias a todos los detalles históricos mencionados y, también a los grupos políticos que, en detrimento del papel real que deben jugar las Fuerzas Armadas como garantes de la seguridad interna, “mal educan” a la población tildando a los militares como culpables de todo mal, omitiendo el “pequeño detalle” que muchos de quienes hoy dicen ser democráticos formaban parte de las filas de los grupos subversivos.

El golpe mortal que recibieron las Fuerzas Armadas para ser sepultadas bajo los escombros de la reprobación sucedió con el fallecimiento de Omar Carrasco, el 6 de marzo de 1994.
El conscripto de tan solo 19 años había ingresado al cuartel de Zapala, Neuquén, para cumplir con el servicio militar obligatorio. Tres días después fallecería tras el brutal ataque de un grupo de compañeros, aparentemente instados por superiores.

La información en los medios creó exacerbado malestar en la opinión pública, ya que a la brutalidad interna del acto en sí, acaecido en las entrañas del destacamento en Zapala, se sumó el alevoso intento de encubrimiento de los autoridades militares correspondientes y responsables, en una desesperada maniobra para ocultar la perversidad de tal accionar, lo cual generaría – como de hecho generó – la sensación popular que los procedimientos de formación y desarrollo estaban teñidos de violencia y crueldad.

El entonces Presidente Carlos Saúl Menem decretó la derogación del servicio militar, lo cual puso punto final a una institución que se instauró en pleno Roquismo, como política de organización y unificación cultural y militar del país.
El ministro de Guerra de Roca, Pablo Ricchieri, fue el principal impulsor de la aprobación del nuevo sistema, al que catalogó como un “un poderoso instrumento de moralización pública” que iba a “acelerar la fusión de los diversos y múltiples elementos étnicos que están constituyendo a nuestro país en forma de inmigraciones”.
La conscripción cumpliría un papel disciplinador, moralizador y nacionalizador, tal y como sucedía en el ámbito escolar. Con esa mera intención, se comenzó a practicar la obligatoriedad del servicio por medio del estatuto militar orgánico de 1901 (ley N° 4301), hasta cesado el mismo 193 años después.

Casi dos siglos después del paso inicial hacia la independencia, la tradición militar argentina sufre uno de sus momentos más críticos: aislados por el poder político y económico, denostados por la opinión pública, solo defendido por aquellos que conocen desde adentro el trabajo diario de cada una de las Fuerzas.

El futuro inmediato las ubica en un estamento mucho más bajo del que históricamente estaban acostumbradas. Nadie pide olvidar. La razón de recordar, es saber interpretar lo sucedido para no caer en lo mismo. Pero la memoria Argentina falla en un detalle: Acordarse implica aprender y enseñar todos los detalles. No una sola parte, no una sola mirada.
Hasta que ello no sea una realidad, las Fuerzas Armadas lucharán, como es su deber y misión, para subsistir contra el arrinconamiento del poder público y del grupo de la sociedad que se encolumna detrás del discurso vacío y único.

El fin y el comienzo: El Congreso de la discrepancia, la manipulación y las advertencias. PARTE I

Vender caro el pellejo es la nueva filosofía K. Resignar el control que el oficialismo ostentaba en el Congreso de la Nación no es parte de la dieta diaria del matrimonio santacruceño y sus co legionarios.

El recambio de diputados y senadores implica mucho más que una mera obligación constitucional de uno de los tres poderes que conforman la república. 6 años de monopolio kirchnerista llegaron – aparentemente – a su fin.

La finalización del mandato de varios diputados afines al gobierno y el ingreso a las cámaras baja y alta de nombres pesados con orientación, a priori, opositora, le provee a esta nueva etapa parlamentaria una imagen que invita a pensar en debates jugosos y enriquecedores – a nivel periodístico – y la posibilidad de rever muchas de las leyes impulsadas por el Gobierno de Cristina Fernández que carecieron del tratamiento adecuado, independientemente de los beneficios o perjuicios que trajeran aparejadas para algún sector en particular.

¿Será realmente así?

Elisa Carrió, diputada electa por la Ciudad de Buenos Aires, no esperó mucho más para lanzar sus tan reconocidas, y a veces fallidas, expresiones fatalistas y determinantes. Según su óptica, Néstor Kirchner es un hombre “débil y desmoronado”.

La política es un mundo tan cambiante, impredecible, donde la ética y la moral que las ideologías defendidas a flor de piel sostienen no son prioridades. Es por ello que la subestimación no es un camino de rosas y colores.

Lo mismo pasó tras los resultados electorales del 28 de junio. Y lo que se debía entender como una ‘etapa de transición’ desde aquella noche hasta la semana pasada, el oficialismo lo interpretó como el momento justo para apurar leyes hito en la gestión K, apenas debatirlas y exprimir hasta el final la mayoría en la bancada de diputados y senadores.

Así fue.

El fin: La reforma política.

Acorde a la tradición que acompaña las fiestas de fin de año, el Gobierno de Cristina Fernández les regaló a todos los nuevos legisladores de la oposición un paquete de leyes sancionadas con el afán de explotar al máximo la situación de poder monopólico en el Congreso.

La frutilla del postre para despedir el año de actividad legislativa resultó ser la ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral, la cual básicamente apunta a reorganizar y delinear un nuevo proceso obligatorio de elecciones primarias internas en los partidos políticos como paso previo al establecimiento de los candidatos electorales, dos meses antes de la elección en cuestión.

No obstante, y aunque ello suene promisorio y parte de un proceso necesario y ordenado, el objetivo encubierto parecería ser la reducción sistemática de las posibilidades de oposición. Esto se deduce al citar las nuevas normativas más polémicas:

En un marco donde, según la Cámara Nacional Electoral, hay 33 partidos de los 746 inscriptos en el país que tienen alcance nacional, es decir, la cantidad de afiliados y la posibilidad de presentar candidatos a elecciones en toda la república.

Allí se presenta la polémica. De esos 33 partidos, solo 5 consiguen alcanzar el número mínimo requerido de representados – los afiliados – en todos los distritos, requisito inalterable según la nueva ley.

Esas 5 agrupaciones son: Partido Justicialista (3.767.311 afiliados), la Unión Cívica Radical (2.360.728), el Frente Grande (170.085), el Partido Socialista (117.897) y el ARI (49.832)

Respecto de la antigua ley electoral, el proyecto K remarca que para crear un partido es necesario tener 5% del total de inscriptos en el registro electoral del distrito en cuestión, cuando antes era 4%. Y por otro lado, marca que los partidos nacionales deben tener entidad en cinco distritos y un mínimo de 1% del total del padrón nacional, mientras la norma vigente hasta hace unas semanas no exigía ningún porcentaje.

Agudizando la mirada y el análisis, los ajustes son aún más estrictos. La nueva ley establece que la no presentación a dos elecciones nacionales debidamente justificadas es causa para perder la personería jurídica – antes eran hasta 3 elecciones -, así como no alcanzar en dos elecciones nacionales sucesivas un número de votos igual o superior al 3% de padrón electoral del distrito al que corresponda.

De este modo, los sectores más pequeños e “ideológicamente” fragmentados – como sucede con los partidos de izquierda y centroizquierda – se topan con una muralla legal que les impediría alcanzar cualquier sueño electoral a nivel nacional, ya que no cumplen con los requerimientos de constitución como partido de tamaño medio o grande. Entonces deberán contentarse con disputar cargos en sufragios distritales.

O unirse…

Por otro lado, la categoría “disidentes”, en caso de permanecer esta nueva ley sin el tratamiento de una “contra ley” por el nuevo Congreso, se verá obligada a entrar en desuso, ya que aquellos que hoy intencionen moverse en paralelo a la fuerza mayor a la que de “palabra y de corazón” pertenecen, deberán pugnar por vías internas para sobresalir sobre sus colegas.

Tal es el caso de disidentes como Francisco Solá, ex gobernador de Buenos Aires y senador nacional K, e incluso el vicepresidente Julio Cobos puede ser considerado “disidente” del radicalismo al momento en que decidió aceptar el formar parte de un Gobierno puramente justicialista.

Los casos de disidencia o separación son tan comunes como infaltables al momento del armado del “equipo de trabajo”, si es que ese concepto todavía es utilizable al mundo de la política.

Para evitar cualquier alianza temporal y uniones con gran arrastre de masas populares, la nueva ley de reforma política aparenta ser un alivio como método de ordenamiento de los partidos que, supuestamente, representan a civiles en función de sus ideas y proyectos.

“Los candidatos ya no serán elegidos a dedo”, remarcó la mismísima Presidente de La Nación, Cristina Fernández. Dicha afirmación es correcta. Con este nuevo sistema de primarias para alcanzar los sufragios presidenciales y legislativos a nivel nacional, la selección de aquellos que tendrán el honor de pugnar por un puesto ejecutivo o legislativo

Lamentablemente, y una vez más, las pretensiones de perpetuación del poder K empañan cualquier objetivo digno que una ley, en su fino y profundo tratamiento, pudiese tener. Sucedió con la necesitada nueva ley de medios, y sucede en este caso también.

Ahora la próxima meta es retomar el poder del desmembrado partido Justicialista, lo cual, de conseguir un triunfo Kirchner, obligará a peronistas como Duhalde, Solá, los hermanos Rodríguez Saá e incluso el avejentado Carlos Menem, a admitir la representación de alguien a quien, irónicamente, intentan separar de la vida política del país.

Otros puntos a destacar de la ley son:

La reforma también elimina a las listas “colectoras” y a las denominadas “espejo” – artilugio tan útil para muchas elecciones pasadas -, establece que se votará con el mismo padrón que se utiliza en la elección general, y remarca que de las elecciones generales sólo podrán participar las agrupaciones que hayan obtenido en las primarias el 1,5 por ciento de los votos válidamente emitidos requeridos.

Además las agrupaciones que no alcancen el 2 por ciento del padrón electoral del distrito que corresponda perderán su personería. Este fue una de las variables que el oficialismo cedió ante los pedidos de los amigos circunstanciales, ya que en un principio ese porcentaje alcanzaba el 3.

Dos últimas cuestiones son de interesante importancia:

Los fondos correspondientes al aporte de campañas se distribuirán de un modo especial para todas las ocasiones: el 50 por ciento del monto asignado por el Presupuesto en forma igual a las listas y el otro 50 entre los 24 distritos, en proporción al total de electores.

¿Desaparecerán los gastos millonarios de algunos de los candidatos? ¿No más aportes solidarios de individuos de desconfiable presencia?

El proyecto también reduce a 8 días la prohibición para publicar los resultados de encuestas y a 15 la prohibición de realizar actos inaugurales de obras públicas o promoción de planes y proyectos de alcance colectivo y otro acto de gobierno que pueda promover la captación del sufragio a favor de cualquiera de los candidatos a cargos públicos.

¿No más medidas y discursos populistas y clientelistas?

Nuevamente, la astucia K para manipular los procedimientos legislativos condujeron a la oposición a encarar la nueva etapa con muchos desafíos.

La primera parada fue, justamente, el día en que los congresistas ingresantes tomaran juramento del compromiso de cumplir con la Patria.

(Continúa parte 2)

No esta muerto quien pelea

Apostar por una actitud fortalecida en base a la valentía para enfrentar un golpe que la vida duramente asesta, sean por razones del destino impuesto y/o causa de las decisiones tomadas por cada uno, implica demostrar que el resurgimiento es posible si se cuenta con las herramientas necesarias, a nivel humano y desde el entorno, para sobreponerse a cualquier dificultad y obstáculo que durante la presencia en este mundo se haya presentado.

Tal idea que todo individuo debería siempre contemplar como paso obligatorio antes de siquiera pensar en la rendición y la resignación, no siempre implica que para aquellos que observan desde afuera la imagen será emotiva y digna de aplausos y admiración.

Irónicamente, el pueblo argentino en su totalidad fue – y es – testigo de cómo la ambición y la inteligencia al servicio de la corrupción y el chantajismo son armas de destrucción masiva de las esperanzas y los sueños que, antes de una fecha “quiebre”, se habían logrado germinar.

Cuando la noche del domingo 28 de Junio el mundo político hablaba de derrota y renovación, los pechos se inflaban de aire fresco y el alivio por el supuesto ingreso que a una supuesta nueva etapa en la joven democracia argentina inspiraba una leve – aunque escéptica – sonrisa.

Irónicamente, hasta el día de hoy, hay que poner en duda si realmente el derrotado no es el electorado, que creyó que una figura política con tan mala imagen en la opinión pública no sería capaz de potenciar la metodología extorsiva y acosadora de utilización del poder que, por teórica lógica, debería haber sido analizada – y modificada – tras los resultados arrojados por las urnas en las elecciones legislativas.
Elecciones que todos los protagonistas se encargaron de calificar como “de vida o muerte”, con distintos conceptos pero la misma percepción.

El impacto que el kirchnerismo sufrió al quedar detrás de su más acérrimo rival, Francisco De Narváez (Unión Pro), en el distrito donde el ex presidente Néstor Kirchner se jugaba su continuidad como mandatario encubierto, suponía una reducción significativa de su poder y de su ciega ambición de perpetuarse como sombra de su esposa y presidente actual, Cristina Fernández.

Ni elaborar una jugarreta política aceptada por la justicia, denominada “candidaturas testimoniales” – que colocó también a Daniel Scioli, Massa y Nacha Guevara en situación de ‘seguros desertores de la banca’ –, y cambiar su domicilio, le rindió los resultados esperados.
La pérdida del monopolio parlamentario a partir del 10 de diciembre automáticamente le proveía a los 6 meses siguientes la condición de etapa de transición y apertura del diálogo.

Contrariamente a lo que cualquier pronóstico de especialistas y politólogos podían preveer, Néstor Kirchner buscó y encontró la forma de fortalecer el poder que ostenta desde su posición de ‘primer caballero’.

La convocatoria desde Casa Rosada a todos los sectores políticos inmediatamente posterior a finalizar el conteo de los votos que sepultaban bajo tierra las intenciones conquistadoras oficialistas, resultó ser una máscara que cubrió de mentira algo que nunca existió.

La recordada frase de Elisa Carrió, figura de la oposición que poco puede ejemplificar desde su experiencia la idea de unión y seriedad para el mantenimiento de una estructura, se le dio vuelta, no solo a ella, sino a todos los que tendían a pensar sobre la misma línea.

“Kirchner es un cadáver político”, sentenció Carrió un día. Pocos meses después, implícitamente Kirchner responde con hechos concretos que bien podría haberse basado en la afamada saga de “los muertos vivos”, para demostrar, una vez más, que no esta muerto quien pelea.

Y Kirchner sabe sobre pelear.

Tras un breve lapso alejado de cualquier actividad que llamara la atención, re apareció el ex presidente en su rol de vocero no oficial del gobierno de su esposa para retomar las riendas del poder paralelo al que se ejerce desde la Casa Rosada.
Esos días de refugio mediático le sirvieron al ex gobernador santacruceño para planificar el uso que se le debía dar al Congreso Nacional en los siguientes meses, según sus necesidades y objetivos.

Con la mayoría bajo sus órdenes tanto en la cámara baja como en la alta, hasta el recambio en diciembre, el oficialismo apuró trámites para hacer de la cámara de diputados y senadores un mero pasillo de exhibición de proyectos a votar sin reparos y sancionar.

Mientras para el oficialismo la seguridad es meramente una “sensación” explotada por oposición y medios, con la tasa más baja del continente latinoamericano – 5.3 homicidios dolosos entre 100 mil habitantes – y la pobreza es “maximizada” por los medios de comunicación con artilugios como imágenes y discursos catastróficos, los soldados K le imprimieron en las cámaras una velocidad tan inusual como alevosa al proyecto de medios audiovisuales que el matrimonio santacruceño siente como ‘la madre de todas las batallas’.

El extenso debate sobre el futuro de los medios de comunicación en Argentina excedió el ámbito político, empresarial y periodístico, al punto de igualar en alcance social a la discusión por las retenciones al sector agropecuario del año pasado.

El apuro por sancionar la ley y las vías poco claras que los diputados y senadores oficialistas tomaron para agilizar el tratamiento del proyecto – mínimamente atenuado por la todavía frágil oposición – embarró y oscureció lo que aún debe formar parte de la necesaria discusión sobre el manejo de la información en Argentina.

El monopolio en ninguna de sus variables es la mejor opción en cuanto a prestación de servicios refiera. Y la “democratización” 100% del flujo informativo es un camino obligado que el país requiere transitar, para alcanzar un nivel de transmisión de información óptimo en cuanto a prestación del servicio y la pluralidad de ideas se refiere.
Pero no del modo que el oficialismo planteó – una guerra abierta contra Clarín – y, menos aún, con las imposiciones que el matrimonio K ordenaba a sus soldados parlamentarios sostener a sangre y fuego: La autoridad de aplicación compuesta mayoritariamente por oficialistas, la revisión bianual de las licencias, la autorización dependiente del poder de turno para conceder licencias a los medios chicos (lo que le otorga al oficialismo de turno la chance de “apretar” en caso de seguir el medio en cuestión la línea opositora), entre otros puntos.

Pero nada se constituye en una problemática cuando en las bancas se sientan robots manejados telefónicamente y atraídos con la tentación de otorgamiento de una pizca del poder. Y el proyecto se hizo ley.

La libertad de movilidad que él mismo se consiguió, a fuerza de generar “amistades convenientes” y de la fragilidad de la oposición, que todavía no re agrupa filas coherentemente como para hacerle frente a los K, le concede hasta el día de hoy las herramientas estatales más intricadas para asfixiar al opositor y al privado, y gozar de la impunidad en su más alevosa expresión.

No importa el escándalo de Antonini Wilson, Skanska, el negociado del tren Bala, los fondos millonarios santacruceños en el exterior, las pérdidas de Aerolíneas, el desvío de fondos en obras públicas, las promesas incumplidas.

Enmarcado en el mencionado libertinaje, así fue como consigue que en el Parlamento se debata la ley de reforma política, cuyo fin de organización partidaria encubre la intención de abolir la formación de partidos de corto alcance y en pleno crecimiento, más allá de las necesarias alianzas temporales a las que el mundo de la “farándula política” ha acostumbrado a la sociedad.

Ello le dará espacio únicamente a los partidos de alcance nacional. Nuevamente, una temática interesante, pero maltratada por los K. ¿Qué se busca? Que los “desertores” tengan la obligación de alinearse con un solo partido, y no saltar de acá para allá.

Los quehaceres diarios de Néstor Kirchner incluyen retomar el control del Partido Justicialista, cuya presidencia había dejado a cargo de su sombra, el ex menemista y actual Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, mientras su antiguo padrino político, Eduardo Duhalde, convoca a los disidentes.

La última gran artimaña que presentó al público fue la de sumar a su séquito de “amigos” al recientemente electo Gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi, que tal como un saltamontes, pasó de ganar las elecciones como radical, a apoyar una futura postulación de cualquiera de los estandartes K.
¿Por qué tal cambio repentino? Sencillo: La promesa de fondos para la provincia, cuestión que por naturaleza de coparticipación deberían recibir todos: oficialistas, opositores, neutrales y demás.

Todo manipulado por Néstor Kirchner.

No importa lo que la opinión pública manifieste por propia voluntad. Solo interesa chantajear, tentar, atraer y “coptar”, para luego, de acuerdo a las circunstancias, desechar. Así es el manejo indiscriminado del poder del ex presidente que, increíblemente, sueña con mirarse nuevamente primero en la lista para las presidenciales del 2011. Y nada indica que le será imposible convertir en realidad ese sueño.

El escrache y el piquete. El poder de las masas amparado por el poder.

El poder suele ser una tentación tal para aquellos que lo ven con hambrientos ojos desde afuera, que los métodos para alcanzarlo se han instituido de tal manera en la forma de hacer política en Argentina, que la esencia de la mera actividad se halla bastardeada y ultrajada, aunque sin aparentes intenciones de ser modificadas, aún mediante un proceso de “descontaminación” gradual.

Las grandes movilizaciones de masas inducidas por un líder son características de la historia argentina. El fin, más allá de la persona o institución, es el mismo: influir sobre una decisión tomada o que está en camino de aplicarse en el ámbito legislativo y/o gubernamental, un debate de gran trascendencia para cierto grupo, o la impetuosa queja ante la injusticia cometida hacia muchos por el beneficio de unos pocos.

Todo puede ser válido, pero también todo puede – y de hecho es – reprobable.

El último accionar de piqueteros en la Avenida 9 de Julio, la semana pasada, rebrotó la necesidad de debatir sobre una herramienta tan en uso que, hasta el más mínimo atisbo de descontento por parte de un público, implica adelantarse, si no resignarse, ante la posibilidad de afrontar un día de caos vehicular y, por ende, laboral.

Por más importantes a tener en cuenta que sean las posturas, la imagen es por sí misma dudosa: Enmascarados con palos de hierro, parados amenazantes como soldados de regimiento a impedir el paso con la mera agresiva presencia, sin miedo a usar la violencia física. Ya no hay más palabras.

“El último gran corte”, como se le puede denominar al campamento instalado frente al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, por gente llegada desde la provincia generó que hasta la misma Presidente, Cristina Fernández, tuviese que pedir por la aparición de los responsables del corte y la liberación de la zona.

Integrantes de diversos movimientos sociales, como el frente Darío Santillán, el Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón y el MTR Santucho se apostaron firmemente frente al ministerio conducido por la hermana de Néstor Kirchner, Alicia, justificando sus protestas con el argumento de querer ser contemplados en el plan de cooperativas que la Presidente lanzó en Agosto, el cual preveía la creación de cooperativas sociales que generarían 100.000 puestos nuevos de trabajo.

¿Qué pasó entonces, si el plan, desde las palabras, suena tan dulcemente tranquilizador para aquellas clases más perjudicadas por la situación actual del país?
Comenzaron a surgir las tradicionales complicaciones y denuncias: los beneficios otorgados por las autoridades – sean intendentes o jefes comunales – para los punteros políticos y los “amigotes” de turno. Es decir, el liderazgo se le otorga a quien el día de mañana pueda movilizar la gente necesaria para lo que sea.

Aunque tal argumento pueda resultar tan convincente como real y lógico en un contexto social y económico de crítica magnitud como el que se palpa día a día, el andar de enormes masas de gente por las calles provoca la mínima sospecha de la opinión pública, más allá del malestar que suscita al pensar en la desidia social, fruto de la irresponsabilidad gubernamental.

El preconcepto – que se obtuvo mediante las puras evidencias de la realidad argentina – de saber que el soborno sobre la vida misma es suficiente como para manipular a la masa más necesitada, está instalado, y la sociedad, antes de informarse, pega el grito en el cielo. Entonces ahí es cuando chocan las intenciones.

De paso, y para rellenar la ensalada de la decadencia, desde el Gobierno Nacional y el local, los dardos acusantes volaban de lado a lado, para quedar en la total nada. Más de lo mismo.

Diferente es el escrache y el piquete con fines puramente políticos solventados por fondos públicos o la corrupción de los enlaces de gremios y asociaciones con el poder: Los bloqueos de Moyano y su gente a las distribuidoras de diario es un ejemplo más de cómo nada importa cuando al enemigo se quiere pulverizar.

Los violentos escraches sufridos por el senador radical Gerardo Morales en Jujuy hace casi un mes – cuando asistía a encuentro en el Consejo Económico de Ciencias Económicas en la provincia norteña – constituyen otro reflejo de la realidad nacional: La intolerancia promovida desde distintos sectores del poder con la sucia intención de desgastar y asustar, atando de pies y manos a personas que se saben sin educación y sin ingresos lícitos mediante el chantajeo encubierto.

La receta para la maldad se completa con la protección que varios componentes de la política nacional y provincial mantienen a rajatabla para individuos como Milagros Sala – principal acusada por los actos en la capital jujeña – y tantos otros, por medio del cuidado lejos de la justicia y el control, teniendo en cuenta los millones de pesos que se gastan para “tenerlos de un mismo lado”.

Casos como estos abundan en la última década en todo el país.
El derecho a la huelga, contemplado en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, podría ser entendido como “antiguo” y “conservador”, por cualquiera que desee modernizar los límites legales acorde al mundo avanza… ¿o retrocede?

La ilegalidad que revisten los violentos artilugios del escrache y el piquete no importa al poder cuando las grandes masas de personas pueden servir para posicionarse en el mapa político de la República.
Es triste, pero para nada alocado estudiar e inferir con mucha lógica y evidencias al por mayor, que muchas de las que se dicen ser asociaciones con fines sociales no son más que enclaves de gran utilidad para el político cuyo poderío debe ser mostrado cuantitativamente: Cuanta más gente se movilice, mayor es la influencia.

Lo más bajo y denigrante de la clase política nacional en su mayoría – Con esperanzadoras excepciones boyando sin mucho éxito – continúa manejando los hilos de un territorio castigado, tan rico como desaprovechado. Y mientras el mundo nos ve con ojos entrecerrados, el clima interno no halla equilibrio y nadie tomará la batuta para iniciar un camino de reformulación. ¿Hacia dónde vamos?

A veces es mejor no contestar. A veces es mejor ni preguntar. Solo comenzar a trabajar.

El negocio “redondo” (como una pelota de fútbol)

Gastos siderales e innecesarios, característicos de la gula potenciada por el insaciable hambre que causan el delicioso aroma del poder y la venganza devenida de peleas tontamente iniciadas y fogoneadas por personajes que poco tienen que ver el orden y la seriedad de las estructuras gubernamentales en todos sus estamentos.

Tal es la definición que le cabe al suculento acuerdo que comenzaron a delinear – todavía sin firma final – el Estado con la Asociación del Fútbol Argentino (A.F.A), en un nuevo capítulo de la turbulenta historia que une al Gobierno con el deporte, siendo este último eslabón usado con manoseados fines comerciales, más que para el fomento de las diversas actividades como estímulo para el desarrollo humano y social.

600 millones de pesos es la cifra que el ambicioso Gobierno K destinó para hacer picar a un verdadero pez gordo: Julio Grondona. Y detrás del añejado presidente de AFA, arriban los derechos de televisación del fútbol argentino, en particular, del fútbol de primera división, privilegio que durará los próximos 10 años.

Explotan de ira el grupo Clarín y Torneos y Competencias, cada uno dueños de un 50% de la ahora relegada Empresa Televisión Satelital Codificada (TSC), que mantenía hace 18 años el monopolio total del mercado televisivo para el fútbol argentino.

¿Casualidad?

Este primer dato levanta una polvareda de suspicacias y sospechas acerca de una especie de “desquite” que el matrimonio santacruceño se dio el gusto de disfrutar ante uno de sus máximos enemigos: el grupo de medios más importante de Argentina.

No obstante, la vergüenza no se siente al ver la impunidad con la que tal suma de dinero es manipulada y dirigida a un rubro en el que el Estado no tendría porque haberse involucrado, sino el hecho de recordar las palabras y los discursos oficialistas que justificaban la negación a una rebaja en las retenciones debido al impacto fiscal que ello conllevaría.

¿Entonces por qué tal desembolso?

¿En que se beneficiarán las provincias que siguen esperando la aplicación eficiente del concepto de coparticipación? ¿Qué podrían llegar a festejar los millones de hombres y niños que sufren día a día el vivir bajo la línea que indica el grado de pobreza?

¿De qué les sirven los 600 millones que gastará el Estado en el fútbol a quienes sufren la inflación y deben resignarse ante la mentira del INDEC y el estancamiento de los salarios e incluso la reducción de horas laborales o el despido?

¿Para que quieren pensar en el fútbol estatal los millones de usuarios de las líneas ferrocarriles que sin el lujo de los autos manejados por choferes, sobreviven como pueden en las destruidas y deficientes formaciones de trenes que conectan la Capital Federal con la provincia y el resto del país?

Esta tramoya no solo atraerá como un imán a las denuncias judiciales adornadas con millones de pesos como indemnización para la empresa TSC, sino también graves consecuencias para grupos inversores extranjeros que tienen porcentajes tanto en Clarín como en TyC.

Pocos felices se deben encontrar en estos momentos los principales accionistas inversores de Clarín, entre ellos, el grupo Goldman Sachs – de origen norteamericano, sospechado de influir notoriamente en la ayuda financiera que el ex presidente George Bush envió a empresas como parte del salvataje durante la crisis financiera -; y después los que ponen dinero en la empresa deportiva, que son más variados: Liberty Global; el grupo inversor HM Capital Partners – conformado por un fondo inversión conjunto que posee parte del banco Citigroup, y antiguos beneficiarios de las privatizaciones nacionales de los ’90 con el Citicorp Equity Investment. Uno de sus dueños, Thomas Hicks, vendió al club brasileño Corinthians y ahora compró al inglés Liverpool.
Otro porcentajes restante se lo dividen la empresa Telefónica, por un lado, y Ávila, el reconocido empresario que en su momento fomentó el acuerdo que ‘Don Julio’ acaba de romper, y que se presenta como candidato a presidente de River Plate.

Una vez más, los negociados salen a flor de piel a copar el escenario principal de los temas más sobresalientes de la actualidad. La nada creíble apertura a nuevas propuestas a la que la AFA se presta desde ayer a la noche es solo el inicio de un partido que promete ser más que chivo.

El lado “más negativo” lo sufrirán los millones de argentinos que deberán seguir esperando por ver sus quejas, de la índole y sector que sea, apenas tratadas y tenidas en cuenta en pobres discursos faltos totales de contenidos.

¿Las soluciones?

A esperar. Los negociados van primero.

Muchas palabras, demasiado ruido: nada efectivo.

Las puertas de la Casa Rosada están temporalmente abiertas, y todos están bienvenidos: opositores, amigos, rivales, compinches. Ninguno parece quedar afuera, y las expectativas y esperanzas se conjugan con el escepticismo dentro de carpetas cuyos documentos contienen transcriptos los proyectos y deseos de colaboración, especialmente en divisas, para que cada distrito pueda transitar el resto del año sumido en la mayor paz posible.

Aprovechando la oferta de la ‘rebaja’ del precio que se debe pagar para poder ingresar al epicentro del poder nacional – al menos por unos instantes -, dirigentes de variados sectores políticos y económicos, que se diferencian del difuso lineamiento que intenta mantener pese a todo la Presidente Cristina Fernández, se acercaron tras la masiva invitación que con sufrida obligación debió anuncia el Ministro del interior, Florencio Randazzo tras las elecciones legislativas del 28.

Una de las reuniones mas ansiadas periodísticamente hablando, y de las que mas repercusión conllevaría a nivel opinión pública, es la que se mantuvo con el sector agropecuario, gran contendiente de una pelea que se extiende hasta el día de hoy, y cuya promesa de solución parece tan lejana como utópica.

Como sucede con la mayoría de las charlas mantenidas entre Randazzo, Aníbal Fernández (Jefe de Gabinete de turno) y los ilustres invitados, la cordialidad y la cháchara es lo que, a fin de cuentas, impactará en una buena foto de oficina, cuando los discursos se pierdan en la nebulosa de la indefinición.

Lo mismo, y tal vez con peores resultados, es lo que sucedió con el sector rural. La “unida por espanto” Mesa de Enlace (como Eduardo Buzzi, líder de Federación Agraria, siempre le gustó justificar la unión de los organismos del campo) salió de la cita con aires que mezclaban el fresco aroma de la esperanza con el hediondo olor de la precaución en su versión escéptica.

Y lamentablemente, los anuncios realizados inmediatamente después de la partida de los dirigentes obtuvo de todo menos sonrisa: Las retenciones no se redujeron.
Desde el gobierno resaltaron la imposibilidad actual de reducir el régimen de retenciones, ya que ello implicaría un alto costo fiscal y un serio golpe a la “caja K”. Incluso el ministro de Economía, Amado Boudou, declaró que se requiere “racionalidad” y “remarcar cuáles son los gastos que se quieren achicar” desde el sector rural. Suena una tontera si uno recorriera el interior distanciado de los edificios capitalinos.

Los bandos continúan divididos, y la “tregua” no tiene la solidez que el clima electoral le confirió de modo engañoso.

Desde Casa Rosada se festejó el anuncio de una mayor apertura de exportación del trigo y maíz en conjunción con el aumento de la velocidad de los trámites pertinentes para cada salida de producción, que significa aprobar (o rechazar) los permisos mediante los formularios ROE (Registro de operaciones de exportación) que emite la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA)
También se embanderó este “logro” – según la mirada gubernamental – de posibilitar la exportación desde los frigoríficos con un stock de 30%, cuando anteriormente esa posibilidad solo se conseguía con un stock de 65%.

De la vereda de enfrente, el sector rural volvió a vivir la sensación de decepción y resignación, aunque el sueño de posibles beneficios se hace de a poco realidad con el paso de los meses y la promesa de un Congreso Nacional más heterogéneo.

Toda discusión se desvirtúa cuando el vocero de la reunión no es quien debe ser. El secretario de agricultura continúa siendo un fantasma que ni aparece para las cámaras.

¿Y los especialistas?

No obstante, las batallas parlamentarias no son cosa del pasado. El desfile de funcionarios opositores por Balcarce 50 no significa la concesión de todos sus pedidos.

El debate por la abolición de los superpoderes – para limitar la libertad de acción discrecional del jefe de gabinete en materia presupuestaria – encontró trabas desde los mismos legisladores oficialistas que defienden a muerte – hasta que el poder K decaiga, para pasarse a manos de otros – lo que el matrimonio santacruceño piensa.
Se pidió una prórroga de un año, lo cual le concedería por dicho tiempo al Jefe de Gabinete la facultad de utilizar millonarias cantidades de dinero sin problema alguno.

¿Qué sucederá?

El encendido discurso de Biolcatti – que curiosamente incluyó el término pobreza, concepto utilizado por el mismo Papa Benedicto para referir a la inequidad en duras palabras que incluyeron la mención de Argentina – en la exposición Rural atrajo aplausos que se traducen en un apoyo político importante, y una demostración de poder – y repudio a las imposiciones oficialistas – que al Ejecutivo le cae muy mal. Entonces la dignidad sea a un lado, aparentemente no se va a ceder.

Mientras Cristina Fernández carezca de autoridad desde el sillón presidencial y el resultado de las elecciones – ya olvidadas por el poder kirchnerista – no sea materia de evaluación, tanto el sector rural como la población en general no gozarán de beneficios reales, sea tanto en materia de estímulo a la producción, como la seguridad financiera, laboral y humana.

Las cuentas pendientes

Mirar hacia atrás y observar determinados acontecimientos con cierta cercanía temporal pero de apariencia lejana puede causar impresión e incluso sorpresa, cuando se recuerda la expectativa de su preparación previa, y la importancia que significó para el individuo en su momento, pensamiento el cual siempre es redondeado con un simple pero contundente “El tiempo pasa volando”.

El mismo criterio y análisis es aplicable a la situación política argentina, que hace tan solo dos semanas, vivió un quiebre pronunciado del monopolio “K” en el poder Legislativo, y la demostración definitiva de la pobre y desconfiada percepción que el pueblo – en general – tiene en estos momentos de las fracasadas políticas empalagadas desde la Casa Rosada.

Atrás quedó la convulsión previa de una campaña teñida por el aluvión de propagandas emocionalmente ‘marketineras’ y cruces de declaraciones picantes y hasta amenazantes, augurio de una explosión que, afortunadamente, no es tal – mas allá de la poco saludable situación del país.
Estos últimos 14 días el dinamismo de la clase política argentina no se atenuó. Al contrario, los hechos ocurridos hacen crecer la sensación de lejanía de las elecciones del 28 de Junio.

Cambios en el gabinete nacional – aunque con nombres tan “K” como quienes partieron – de conocimiento ya popular, y una nueva – ¿y posible? – apertura al diálogo, promovieron el resurgimiento de una pequeña esperanza de alcanzar lo que tanto escaseó los últimos años: El consenso.

La presidente Cristina Fernández de Kirchner pareció invitar a todos los sectores a tratar todo y cada uno de los temas ‘urgentes’ para los distintos distritos.
Las cuentas pendientes del Gobierno Nacional y las provincias componen una larga lista que no podrá ser atendida con inmediatez, y menos aún, aliviada con políticas de corto plazo.
Independientemente de la falta de criterio y sensatez del político argentino para decretar actividades y herramientas de uso continuado por sobre el paso del tiempo, hay temas que definitivamente se hallan –o deberían hallarse – al tope del ranking de ‘cuentas pendientes”.

Uno de los hitos de la hasta ahora poco feliz gestión de la Presidente es el enfrentamiento que mantuvo su administración con el sector agropecuario.
Inolvidable será el largo y duro conflicto que mezcló cortes de ruta autoritarios con acusaciones totalmente fuera de lugar del oficialismo, el surgimiento de nuevos personajes y el desgaste de otros.

Inolvidable es recordar el clima en un Congreso que, en deliberaciones y definiciones, tensionó una madrugada a toda la Argentina, tal como si fuese el penal decisivo en la final de una copa del mundo de fútbol. Finalmente fue, el hasta ese momento inexistente vicepresidente, Julio Cobos, quién tiró la pelota afuera con su rotundo y tembloroso “No”.

¿Qué sucede con el sector agropecuario hoy en día? A falta de una secretaria de agricultura con fortaleza y autoridad para encarar cualquier debate y potencial política hacia el sector, la situación no es alentadora.
Las retenciones, lejos de los altos porcentajes injustos y poco estudiados que se proponían poner en práctica con la resolución 125, continúan devastando a los pequeños y medianos productores que carecen del poderío de los propietarios de grandes extensiones.

Y si a ello se le suma los pocos incentivos, la caída de los precios internacionales por tonelada – que lentamente parecen querer repuntar – y las frecuentes sequías – lamentadas pero no compensadas -, el descenso de producción estimado para el futuro cercano apenas alcanza para proyectar un abastecimiento limitado del mercado interno.

La siembra de Trigo ya se estima como la más baja desde 1897…112 años atrás. Se alcanzará a abastecer a nivel nacional, pero la caída del 40% de la producción – causa de la pérdida total de rentabilidad, el aumento del consumo individual en la Argentina y las pésimas condiciones climáticas – impedirá un número elevado y significativo de cantidad exportable, en momentos en que el mundo pide a gritos la adquisición de alimentos.
EL sector de los lácteos tampoco tiene razones para sonreír. La producción tambera le provee más pérdidas que ganancias a quienes conforman el primer eslabón de la cadena productiva: aquellos dueños del vacuno que extraen el elemento fundamental.
El productor percibe alrededor de 30 centavos menos de un peso (70 a 75 centavos) que luego el tambo cobra a precios elevados para la venta al consumidor directo, agregándole los costos variables de empaque, envío, etc.
Y ello es justificación suficiente para no arriesgar en el mercado lechero.

A los exclamatorios reclamos de la oposición y la mesa de enlace (representante rural a nivel nacional) se sumaron tibios pedidos de “amigos” del matrimonio Kirchner para tratar seriamente el tópico “retenciones” en el diálogo al que instó la Presidente. Hugo Moyano, titular de la CGT, Ricardo Etchegaray, titular de la AFIP y del mismo seno K se alentó al tratamiento de tan conflictivo punto en la economía argentina el último año.

No todo termina en la actividad económica por excelencia en Argentina. La lista de ‘pendientes’ excede en extensión a cualquier enciclopedia del mundo que se haya alguna vez editado, contando con material para poder publicar el Gobierno Nacional su propia obra cumbre, aunque poco de felicidad podría dar la salida al mercado literario un repertorio de faltas como este.

Superficialmente, la lista bien podría contemplar cuestiones como: El creciente proceso inflacionario – todavía obviado por el debilitado Guillermo Moreno y el INDEC, donde continúa demostrando sus dotes de artista -, los impuestazos al gas y la luz, la supuesta modificación del sistema de subsidios a empresas privadas (cuya rebaja potencia la posibilidad de aumentos en tarifas, como en el transporte), la siempre soñada coparticipación federal de ingresos por parte de las provincias del interior – sin importar el sumiso amiguismo con Néstor y/o Cristina – y la falta total de políticas globales de tratamiento de la inseguridad, tanto delictiva como vial.

Nada reduce su importancia, a pesar de la mayor o menor exposición mediática que puedan alcanzar, lo cual implica el conocimiento e interés que la sociedad pueda hacia los mismos contemplar.

No obstante, un país rico en alimentos como lo es la Argentina, no tendría que tolerar la tragedia de la desnutrición.
Aunque la situación es alarmante en todo el país, en relación a los defectuosos sistemas educativos y sanitarios nacionales, el más desesperado momento se vive en el norte.
Las generaciones futuras viven en plena indigencia mientras las altas esferas del poder se pelean por ubicarse lo más estratégicamente posible en el irreal tablero político.

El crecimiento de un país no se caracteriza únicamente por el alza de las actividades productivas más sobresalientes.
Ello es una circunstancia que, si bien puede ser controlada y estimulada desde el estado, son susceptibles a cambios del entorno. La educación y la salud son las armas más poderosas que una nación en su totalidad tiene para encarar al futuro cercano y el lejano. Y lo que sucede hoy en las provincias del norte – principalmente – es totalmente condenable.

¿Qué se espera para tomar cartas en el asunto?

Todo forma parte de un círculo vicioso que nadie parece querer romper:
Desnutrición y hambre; pobreza absoluta; desesperación, que bien puede guiar a la delincuencia, la cual criminaliza injustamente la condición social que a dichas personas el sistema les impone; escuelas que funcionan más para el socorro sanitario y alimenticio que de templos de la enseñanza y la cultura; generaciones venideras carentes de herramientas básicas de sobrevivencia.

¿Dónde se aplica la tan mencionada y gastada idea de ‘redistribución de la riqueza’? Tal vez estamos en la presencia de una nueva categoría de ‘discurso testimonial’: Todos lo dicen y apoyan, nadie lo convierte en realidad.

Un área tan esencial para el desarrollo del ser humano en situación de inquilino – y no dueño – del mundo en el que se desenvuelve es la protección del medio ambiente.
Mantener viva esa concepción es en la Argentina una aventura y una lucha en contra de los férreos y suculentos intereses de industria con vastos recursos destinados a, sencillamente, poner bajo el tapete la malaria que pueden traer aparejadas sus actividades. Argentina es tanto para las firmas nacionales como las internaciones, un paraíso del ocultamiento y los negociados, por lo cual, el arribo de inversiones extranjeras no siempre significa progreso y previsibilidad para poder generar divisas en estas tierras del sur.

La llegada del grupo canadiense Barrick Gold a la provincia de San Juan para explotación minera es el más reciente reflejo de la corrupción en beneficio de unos pocos y en detrimento, en este caso, del pueblo sanjuanino.
El gobernador José Luis Gioja aceptó un contrato por 25 años para que la firma del norte removiera tierras para la obtención de oro, plata y cobre en los yacimientos de Pascua Lama, haciendo uso de mano de obra extranjera barata o de otras provincias e incluso cerrando el paso autoritariamente a sectores de acceso público, y de ‘yapa’, contaminan el suelo.
¿Por qué se permitió esto? El desembarco de los operarios y las maquinarias vino acompañado de millones de dólares por el silencio del ejecutivo local, y un porcentaje mínimo de la explotación, que solo alcanzaría el 3%.

La provincia del noroeste no tiene la exclusividad de la irregular relación de compañías explotadoras de recursos con las gobernaciones.
Un extenso y lamentable mapa puede dibujarse con la cantidad de yacimientos que han sido (o son) explotados por firmas que solo desean enriquecerse a costa de la destrucción de todo el bello entorno que los rodea: Catamarca (La Alumbrera, Agua Rica, Salar del Hombre muerto), Chubut (Navidad, El Desquite), Río Negro (Calcatreu), Neuquén (Andacollo), Jujuy (Pirquitas y Minera Aguilar), Mendoza (San Jorge), Santa Cruz (Cerro vanguardia, Manantial Espejo, San José – Huevos verdes) y la Rioja (Famatina)

Sin embargo, no hace falta recorrer los diferentes puntos mencionados para constatar el pobre cuidado que el Argentino, tanto las autoridades como la sociedad no educada con respecto a la temática en cuestión, destruyen su medio ambiente: Basura en las calles y pilas de bolsas en las esquinas (más común en las ciudades grandes), ríos peligrosamente contaminados (Río de la Plata, Riachuelo, Río Reconquista, etc.) y destrucción de espacios verdes.

Es indispensable tener en cuenta las temáticas tratadas y mencionadas con anterioridad, para que el ciudadano que consuma los típicos medios de comunicación no crea que una apertura al diálogo y la presentación de una ‘acotada’ agenda de cuentas pendientes es lo único que tanto el oficialismo como la oposición tiene para charlar, largo y tendido.

Hay mucho más de lo que se ve. La devastación de la actividad pesquera, el abandonado sistema ferroviario, la falta de autonomía e idoneidad de los profesionales para trabajar en sus respectivas áreas, aquellas en las cuales pueden impartir conocimiento y tomar decisiones acordes a sus puntos de vista desarrollados para las dificultades que surjan.

Tal y como se tratara de un ranking de canciones, las problemáticas parecen luchar con sus distintos niveles de gravedad para atraer la atención de los funcionarios, aunque en lugar de un simple voto para subir en la escala, lo que necesitan es decisiones desde aquellos que tienen la capacidad y el aparato gubernamental para pisar fuerte y hacerle frente a la desigualdad, la desprotección y el desinterés.

¿Se logrará a partir de ahora? Soñar no cuesta nada. Lo que sí costará a futuro, es la tardanza.

El cambio en un ambiente complicado


El concepto de ‘cambio’ presupone la modificación necesaria de hábitos y costumbres que, de algún modo, se vieron alteradas por un suceso o circunstancia determinada que alteró el orden imperante.


Durante la última semana, la embrollante y complicada dinámica del país sufrió severos cambios que hacen hasta el día de hoy tambalear el equilibrio de la rutina diaria del ciudadano común, sin importar las tensiones o satisfacciones que dichas prácticas puedan ocasionar de modo individual.


Acostumbrados a ser parte de la mezcla indiscriminada de la desorganización y la falta de un camino común a seguir más allá de las ideas, el argentino tuvo que lidiar entre las repercusiones políticas de las elecciones Legislativas del domingo 28, con la decepcionante reacción tardía ante el avance de lo que dejó de ser ‘gripe porcina’, para ser llamada ‘gripe A’.

El frío y nublado domingo en que se abrió la votación fue una especie de metáfora del clima que durante meses se vivió a causa de la larga, peleada y agresiva campaña pre – electoral, que protagonizaron personajes más ocupados en utilizar herramientas de marketing y denunciar lo ajeno, que en mostrar sus – supuestas – ideas base y proyectos que defiendan intereses de quienes, en definitiva, los colocan en donde se hallan.

La lluvia nocturna le proveyó al conteo de votos el marco novelesco perfecto para determinar la saturación que la población en general siente de un sistema de gobierno poco claro y transparente de quienes mayoritariamente perdieron – aún sin admitir completamente su derrota y minimizando lo que ellos mismos maximizaron en épocas pasadas recientes.

La renovación en el Congreso Nacional ya fue sentenciada. De todas maneras, el Gobierno Nacional, más allá de la clara pérdida de poder de su cacique – el ex presidente, y ahora también ex líder oficial del partido Justicialista, Néstor Kirchner – intentó hacer valer un punto de vista endeble y negador de la realidad, cuando el pasado Lunes la mandataria Cristina Fernández, relativizó absolutamente el resultado de unos comicios que, en definitiva, apuntan a proveer de oxígeno al Parlamento, aunque ello también implique “tomar todo con pinzas”.

Mientras el tablero político movió sus fichas para acomodarse adecuadamente a la situación actual que devino de la votación – y lamentablemente ya pensando en las presidenciales del 2011 -, el territorio argentino en su totalidad se vio afectado por el surgimiento casi ‘mágico’ de una gripe que, antes del Domingo, parecía englobarse dentro de la categoría “un problema más”.
Efectivamente, a las evidencias nos remitimos, esto no es así.

Salió a la luz, “llamativamente de manera inmediata tras saberse el resultado del domingo”, que la renunciante ministra de Salud, Graciela Ocaña – cuya profesión es contadora pública, un área bastante diferente a la que se encontraba, afianzando la idea de que el amiguismo y la sumisión puede más que la idoneidad en la política – había alertado acerca de la posibilidad de suspender todas clase de actividades que impliquen reuniones masivas de gente, en el marco del anuncio de la Emergencia Nacional.

¿Mala publicidad? Definitivamente. Una vez más, prevaleció el ocultamiento de algo que podría entenderse como “punto en contra” para ganar la aceptación del pueblo. Y una vez más, Argentina arranca en desventaja de forma reactiva en cuestión de políticas públicas.

¿Por qué se dio nuevamente esta práctica desleal y deshonesta? Ello queda como pregunta retórica cuya respuesta no sería fácil de dilucidar.

La titular de la cartera de salud pagó con su incompetencia los platos rotos, así como Ricardo Jaime, turbio funcionario K que manejaba a discreción millonarias sumas de dinero en subsidios a empresas privadas desde la Secretaria de Transporte, debió pagar con su puesto el ‘cambio’, mínimo, que esboza la Presidente, aunque no es tal, ya que los nombres no significan ninguna alteración de la política. Un hombre de De Vido ocupó ese cargo. Guillermo Moreno sigue controlando los números del INDEC desde la secretaria de Comercio Interior, dependiente de un Ministro de Economía totalmente inexistente.

El sector agropecuario y tambero sigue esperando su turno. El pésimo estado del transporte público y de la salud, la contaminación de los ríos – el riachuelo en primer lugar – y la explotación de suelo argentino indiscriminado concedido a empresas extranjeras por negociados – como en sucede en San Juan -, la ineptitud de gobernadores como Jorge Capitanich (Chaco) para utilizar artimañazas kirchneristas para esconder graves cuestiones como el dengue, la pérdida de trabajos a gran escala y las peleas sin sentido.

Toda una gama de situaciones sin solución, y que podrán ser tema de debate y exposición en otra ocasión. No obstante, a estar alertas: La esencia de tales temas no son patrimonio exclusivo de la pareja presidencial.

El problema mayor que enfrenta el país en su conjunto en la actualidad es el crecimiento desmedido de la ‘gripe A’, que ya se instaló con fuerza y crudeza en el país, especialmente en la zona centro (Buenos Aires y Capital, Córdoba y Santa Fe)

Lamentablemente, el ciudadano común está poco conciente de la magnitud de la cuestión. No es objetivo de nadie instaurar la alama que encienda el sentimiento paranoico. Sencillamente se trata de ser precavido y prevenir. Y como sociedad no se lo entiende.
Por un lado, las cifras oficiales, tristemente, ganaron en impopularidad y falta de credibilidad. Y ello se refuerza aún más cuando trasciende que la presidente de enoja con el recientemente designado nuevo Ministro de salud de la Nación, Manzur, por comentar a los medios la cifra de víctimas. ¿Por qué alguien debería enfadarse por ello?

Esa carencia de autenticidad crea confusión. Y la población, en casos como estos, requiere de debida información, clara y transparente.

Por el otro lado, el sentimiento de rebeldía e irresponsabilidad que empaña muchas de las cosas que como sociedad se llevan adelante, impulsa a hacer caso omiso a la palabra autorizada para referirse al tema. En este caso, el mundo de la medicina en un tópico estrictamente médico.

La higiene es la clave. Antes y después de transitar por la vía pública, evitando el manoseo desmedido con los elementos sólidos que ocupan una vereda, una calle. La prevención no significa inmunidad, pero si resulta efectiva cuando se la realiza con responsabilidad y conciencia. Por todos y para todos.

Un dato más para testificar la carencia total de sentido común: El estado obliga a cerrar escuelas y universidades. Hasta allí llega su papel. Pero la intermediación con los intereses privados debe ser fundamental para concientizar acerca de acompañar las medidas estatales.


Es inconcebible que tanto shoppings, cines, pubs y boliches continúen abiertos. ¿Acaso importa más el fin de lucro que la salud? Definitivamente sí. Y muchos hogares abrirán sus puertas a la calle para dar libertad y rienda suelta a sus componentes jóvenes para divertirse, con tal vez el único aviso de “cuídate y no toques nada”. Como si ello sirviera de algo.

Retomando el concepto utilizado al comienzo de la nota, como eje del desarrollo posterior, el ‘cambio’ de hábitos y costumbres tendrá que ser obligatorio, en este caso, de manera temporal hasta que el Estado, en decisión correcta, crea pasado el “mayor peligro” de contagio – lo cual no quiere decir volver al descuido diario.

El ‘cambio’ no es siempre malo, y nunca es totalmente bueno. Es una circunstancia que es de mentes claras el tomarlo con calma, paciencia y voluntad. El ‘cambio’ en escala grupal no se puede dar de manera individual. Y eso los argentinos lo saben bien.

“Mamarracho electoral”

Contundente y muy crítico análisis emitido por el diputado Nacional por Capital Claudio Lozano, en medio de la guerra de discursos que en cámara de diputados hace dos días enfrentó la ambición oficialista de adelantar las elecciones nacionales para el 28 de Junio y la esperanza nunca suficiente de la oposición para evitar el manoseo institucional que ya ha comenzado y se aprobó sin dificultades con 136 votos a favor, pasando de esta manera a la cámara Alta.

Graves y profundas problemáticas sociales y económicas han sido dejadas de lado para discutir los legisladores enceguecidos, por un lado, bajo el temor de la pérdida gradual de votos y acompañamiento, y por el otro, por el oportunismo de líneas contrarias, ante una medida que en la opinión pública no encuentra el entendimiento más que superficial acerca del impacto política de esta jugarreta que se practica desde Casa Rosada y en la “casa madre” del movimiento kirchnerista: Olivos.

Masivas marchas en el país pidiendo seguridad una vez más, la mesa de enlace de las entidades agrarias, que en su puja mediática por proponer lo más beneficioso para el sector agropecuario ha quedado temporalmente aislado (¡el oficialismo no se presentó al debate el viernes!), los encontronazos con el poder judicial y la lentitud e ineficacia de todos los procesos correspondientes al mismo, y una lista que crece y contempla todos aquellos puntos que apenas serán tratados en el Congreso.

Sencillamente una vergüenza. Movida que el mandamás y “consejero” de las políticas oficialistas, el ex presidente Néstor Kirchner, decidió imponer viendo la pérdida de consenso y el alejamiento de viejos aliados. Imitando a uno de sus más nuevos enemigos políticos, el jefe de Gobierno Porteño Mauricio Macri, que en un intento de evitar mezclar las elecciones de la ciudad con las nacionales, las había adelantado para la ahora célebre fecha 28 de Junio.

Pero el golpe que asestó y desequilibró por unas horas al mundo “K”, le fue devuelto con la misma moneda, la misma acción y el mismo planteo. Y ya se consiguió media sanción.

¿Cuál es el endeble, y al mismo tiempo, muy cierto argumento del oficialismo, para llevar adelante esta desprolijidad?: Adelantar las elecciones implica la pérdida de tiempo en tratar alianzas, peleas discursivas y tire y afloje, además del “ahorro” en presupuesto.

Nada más hipócrita, dentro de la vasta hipocresía que pulula en los aires de la política nacional.
¿Gasto de presupuesto? Si de todas maneras las campañas son avaladas por fondos públicos y “donaciones” siempre sospechosas (La más recordada: La valija del venezolano Antonini que por una muchacha de seguridad aeroportuaria devenida en modelo no llegó a las ansiosas manos kirchneristas), como sucede en cada acto proselitista de cualquier partido al poder.

Lo que si tristemente es verdad es la total concentración en la cuestión electoral en época previa a elecciones, a tal punto atendidas por sobre demás temas de importancia mayor, que inclusive un año antes se comienzan a ver por los medios los anuncios de posibles alianzas temporales de interés, que luego prosperarán o no, de acuerdo a los resultados posteriores.
Nunca nada por las ideas. Todo al servicio de los intereses coyunturales, aplicando herramientas de marketing político ya muy gastadas, poco originales, y hasta hartantes. Y los casos abundan más que los productos baratos en supermercados.

¿Qué sucederá en menos de una semana?

El Senado de la Nación debatirá acaloradamente la aprobación del proyecto, y como se vivió en el pasado no tan lejano, la tensión y la fineza de los dardos en cada palabra de legislador serán las claves, además del número de aliados que le darán vida o no a las intenciones del matrimonio santacruceño, que lejos del buen porvenir que se auguraba hace 3,4 años, hoy en día parece ensimismado en la crítica demagógica y las políticas nefastas.

Y por su lado, la oposición, desunida y poco renovada, por más que se intente demostrar lo contrario, tiene la muy difícil tarea de revertir un proceso que pinta de gris oscuro el futuro del país en el presente año.


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