La manipulación de la historia lejos del conocimiento

Distraer a la opinión pública, justificar cualquier acto de gobierno y resaltar los logros, aún cuando los mismos sean pocos. Esos son los reprochables criterios que se hallan implícitos y que se respetan fielmente desde la cúpula del poder.

Durante las últimas semanas gobernó la ambición de simpatizar a la masa y utilizar con despropósito la historia y los festejos por una fecha especial y significativa en la historia de la república, sea en su totalidad, o bien alguna celebración regional.

Ello justamente viene sucediendo apenas comenzó el año 2010, incluso desde antes, cuando se lo presentó como el año del bicentenario.

 

Hay una realidad innegable: El 25 de mayo se conmemora los dos siglos de un acontecimiento que catapultó los sueños de libertad de un pueblo sometido al poder colonial español y que fue representado por patriotas que desde aquellos conflictivos tiempos soñaron una república independiente, solvente e igualitaria.

 

El problema radica en como se aprovecha a nivel político la antesala a tal importante momento. Y allí nos retrotraemos a las ideas que inauguraron este texto. La opinión pública esta ávida de paz social y económica. Pero la compleja – y nada fácil – actualidad política de la Argentina ha puesto en jaque, y en severa crítica, a cada accionar del Gobierno Nacional, y también de los grupos opositores, que no deben creerse exentos.

 

En este contexto, la cercanía de una fecha “cumbre” cae como anillo al dedo para que todos, en especial aquellos que tienen el poder y capacidad para tomar decisiones, se disfracen temporalmente de patriotas nacionalistas, y realicen cada acción, tomen cada decisión, en el nombre del “bicentenario”. De distraer, justificar y resaltar se trata.

 

La peor variable de la memoria desordenada que solemos tener como país a nivel cultural, es la deformación de la idea y conocimiento que de sucesos pasados se tiene como pueblo.

Tanto se ha hablado del Bicentenario, y tan poco se ha explicado. La escasez de documentales o programas dedicados enteramente a la cuestión fue reemplazada por anuncios, propagandas políticas y discursos que simplemente se llamaban a unirse para celebrar el “bicentenario de la patria”.

 

Si el martes se festeja el Bicentenario…

¿Qué se festejará el 9 de Julio del 2016?

 

¿Qué se festeja precisamente?

 

El 25 de Mayo de 1810 se consolidó oficialmente la intencionalidad libertadora que por aquellos momentos gestaban un grupo de criollos que, sabidos de la caída del Rey Fernando VII en España a manos del conquistador Napoleón Bonaparte, tomaron partida de la compleja situación europea y convocaron para conformar lo que luego se recordaría como el primer Gobierno Patrio.

 

Ese conjunto de individuos, de diversa procedencia y formación, tomó las riendas políticas de un vasto territorio en crecimiento que sufría las injusticias del colonialismo español.

Dicho poder, representado por estas tierras del sur en la persona del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros Cisneros, vio severamente cuestionada su autoridad en los hechos de la llamada “semana de mayo”. En ese lapso, el Cabildo abrió sus puertas para tomar la decisión final: la destitución del virrey y la conformación de la Primera junta de Gobierno.

 

Aquel “plantel” de elegidos se conformaba de la siguiente manera:

El Presidente de la Primera Junta fue Cornelio Saavedra (Militar). Los secretarios: Juan José Paso (Abogado) y Mariano Moreno (Abogado, político y periodista).

Los vocales de la Junta de Gobierno eran: Manuel Belgrano (Abogado y político devenido valientemente en militar), su primo Juan José Castelli (político y abogado), Manuel Alberti (Sacerdote), Miguel de Azcuénaga (Político y Militar), Juan Larrea (Comerciante de origen español) y Domingo Matheu (Político y Militar)

 

Lamentablemente, la feroz dinámica que aquellos tumultuosos tiempos de organización trajo consigo las profundas diferencias entre los personajes de la historia que, con miradas marcadamente diferentes, lucharon, desde las ideas, y desde la violencia física en casi todas las ocasiones, por imponer sus visiones de una república perfecta.

 

Los radicales sueños de progreso económico, educativo y social de héroes como Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Mariano Moreno, totalmente a favor de la ruptura completa del vínculo con España, hallaron muy dura resistencia del conservador modelo de Gobierno que encabezaba Cornelio Saavedra, Jefe de las Milicias. La intención de no desligarse de la “Madre Patria”, y de someterse a los intereses de un nación más poderosa seguirán latentes con el paso de los años. Bernardino Rivadavia fue, irónicamente, uno de los estandartes de aquel modelo.

 

Y ese fue el eje que marcó el paso de los años, hasta la tan ansiada Independencia, y aún muchos, muchos años después de conseguida – y reconocida – la misma.

 

La falta total de concordancia y unificación de criterios, triste costumbre que nació con la patria, se extiende hasta la actualidad. Sin el uso de las armas de por medio, la confrontación mediática y la disparidad extrema de criterios en beneficio de las crisis institucionales es la realidad con la que se acerca el bicentenario de la revolución de Mayo.

 

La alegría popular que debería irradiar la aproximación del 25 de Mayo se opacó ante el avasallamiento del poder central por presentar sus credenciales ante la dubitativa población, y enmarcar cada acto masivo de gobierno dentro del concepto de patriótico. No obstante, no es patrimonio exclusivo de la administración actual estas artimañas. Las fuerzas opositoras – hoy – del gobierno también hacen uso de la celebración como oportunidad para la campaña, en vistas del 2011. Eso es lo lamentable, lo triste, y lo reprochable.

 

Y aunque nadie puede, en su sano juicio, pedir la unión de contrincantes políticos, lo mínimo que se podría esperar es la unificación de criterios.

El fin debería ser el  reunir a una población peligrosamente dividida, y estimular el nacimiento del sentimiento nacionalista con conocimiento de causa, y no sencillamente estimular el apasionado pero vacío izamiento de una bandera por el solo hecho de creer adorar colores que gran mayoría no sabe como, cuando ni donde se decidieron.

Conocer genera mucha más seguridad y entendimiento entre hermanos, que la confrontación de individuos con discursos sin argumentos válidos más que la necesidad obligada de responder al poder mismo que baja desde los agrupamientos políticos más importantes y armados. Sean oficialismo o no.

 

Educar a largo plazo será el salvoconducto para un pueblo castigado por los errores propios del pasado y el presente. Lo único que faltaría es invertir con responsabilidad, no solo con la moneda, sino con la conciencia y la palabra. Soñar no cuesta nada. El reto es luchar por hacer realidad un sueño. Eso hicieron los verdaderos héroes del pasado. Aquellos que hacen 200 años imaginaron un país.

Las Fuerzas sin fuerza – Parte II

Desandando los largos pasos previos.

La real importancia de las Fuerzas Armadas en Argentina ha quedado empañada detrás de un enemigo común que enfrentan tanto el Ejército, la Fuerza Naval y la Aérea: La generalización, grueso error originado por el desconocimiento de la historia y el discurso populista y social que desciende desde la cúpula de un poder que mucho tuvo que ver con los hechos del – relativo – reciente pasado.

Esa generalización aísla a las tres fuerzas del conjunto de la sociedad. Pero la raíz de este aislamiento se remonta al pasado que, en un país masacrado por la injusticia y el desequilibrio, las condena, aún cuando las culpas sean repartidas.

La historia de las milicias argentinas marca claramente la ambigüedad en las sensaciones y percepciones que las mismas generan hacia el pueblo en general, de acuerdo al uso y las funciones que ejercieron a través del tiempo y su directa influencia en la evolución – o involución – de la República.

El levantamiento armado contra los ingleses en 1806 – hazaña repetida al año siguiente – se convirtió en el ejemplo inicial de defensa del territorio que, en aquellos momentos, todavía se sometía al poder español.
Fue durante la organización de la Revolución de Mayo de 1810 que las “milicias populares” dejaron de ser improvisados cuerpos armados, para organizarse institucionalmente – contextualizados con los vaivenes políticos propios de la época. El 29 de mayo se considera la fecha fundacional del Ejército Argentino.

El 30 de Junio de 1810 La Primera Junta de gobierno creó la Capitanía de Puertos de las Provincias Unidas del Río de la Plata – hoy la Prefectura -, origen del nacimiento de la Fuerza Naval Argentina.

Las guerras de independencia sentaron la base de todo movimiento armado que tendiera a proteger los límites de la república naciente y todo lo que ello implicaba, aún cuando durante gran parte del siglo XIX, desde las mismas entrañas del antiguo virreinato del Río de la Plata existieran personajes que valoraran más el ostentoso color del dinero para sus propios bolsillos que el futuro de un pueblo libre y destinado al progreso.

Proezas estratégicas como las de San Martín en San Lorenzo y en el cruce de la Cordillera de los Andes, o de Manuel Belgrano en el norte – el éxodo del pueblo jujeño – constituyen ejemplos de la vocación militar al servicio de los compatriotas, y del papel de las fuerzas en el futuro.

De todas maneras, y a pesar de esos logros, la razón original por la cual se crearon grupos armados en el creciente territorio nacional se reemplazó con nuevas reglas: El ataque a aquel que se interpusiera en las meras intenciones de negociados económicos.
Entonces, desde mediados del siglo XIX, las milicias enfrentaron pueblos, enfrentaron a compatriotas, y las guerras internas se convirtieron en la primera opción para elevarse por sobre el resto. La diplomacia sería la segunda opción.

El constante roce de militares de cualquier orden con la cúpula del poder desembocó, en forma paralela, en extremada injerencia de hombres educados y formados para el manejo armamentístico con la política – y viceversa.
Ese lazo trajo aparejada la tradición, durante gran parte del siglo XX, de los golpes de estado que interrumpieron casi constantemente la vida democrática, aún cuando el sistema fallara con regularidad y cuando la costumbre indica que en Argentina el mundo de la política rebalsa de la impureza extrema de la corrupción, la pésima administración de los recursos y el manejo indiscreto de la masa.

La notoriedad conseguida por las Fuerzas Armadas  – cuyo tridente se completó con el nacimiento oficial de la Fuerza Aérea Argentina el 4 de enero de 1945– en razón de su implicancia con la evolución del país, generó que actualmente la población en general las perciba negativamente, – con la exageración que implica la ignorancia de parte de la historia y quienes llevaron adelante los peores actos que documente la misma – como una institución inservible a la que hay que quitarle todos derechos y todo respeto.
La muy mala imagen del hoy la generaron los altos mandos del ejército del ayer. Fue dicha fuerza la que mayores recursos humanos y políticos sometió a las barbaries de los golpes de Estado, aún cuando en la memoria colectiva quede marcada la última dictadura, masacre dentro de la cual se incluye al sector de los montoneros, cómplices del temor masivo que se infligió desde 1976 hasta 1983.

La triste historia de derrocamientos comenzó en 1930, cuando el General José Félix Uriburu desplazó al gobierno Radical de Hipólito Yrigoyen (aunque el ideólogo de aquel movimiento fue el General Agustín P. Justo, que dos años más tarde tomaría el poder entregado en manos de su antecesor)

En 1943 Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell desplazaron a Ramón Castillo, presidente surgido no de forma democrática, sino desde las entrañas misma del régimen conservador del golpe militar anterior.

Juan Domingo Perón, figura que dejó profundamente marcada su influencia en el andar político del país, sufrió el golpe de la denominada “Revolución Libertadora”, entre el 16 y 23 de Septiembre de 1955, encabezado por el general Eduardo Lonardi, acompañado por el general Pedro Eugenio Aramburu.

El arribo de fuerzas militares al poder en Argentina volvió a darse con la caída de Arturo Frondizi, radicalista que, aún cuando había devuelto al peronismo la habilitación para participar en elecciones (menos al mismo Perón), no soportó el triunfo de dicho partido e intervino las provincias donde habían triunfado. Ello impulsó el movimiento insurrecto, que catapultó a José María Guido a tomar el control del Ejecutivo, cuando todo hacía pensar que el sillón presidencial lo ocuparía el Comandante en Jefe del Ejército, General Raúl Poggi.

A la seguidilla de levantamientos militares le continuó aquella que el 28 de Junio de 1966, encubierta bajo el nombre de “Revolución Argentina”, derrocó a Arturo Illia (Radical), liderado por el General Juan Carlos Onganía, y la que contó con apoyo de los Estados Unidos y Europa.
Luego le sucedieron en el poder Marcelo Levingston y Alejandro Agustín Lanusse. El denso clima político, económico y social por esos tiempos culminó con elecciones libres en 1973 y el posterior triunfo del peronista Héctor Cámpora, suceso que le abrió las puertas a Perón para retornar del exilio.

El eje de la década del ’70 fue la turbulencia en su más peligrosa expresión. Tras un arribo caracterizado por la balacera y la muerte, el general falleció a un año de asumir, y legó el mando a su esposa y vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón, cuya inacción facilitó la concreción del último y más cruento golpe de estado, en 1976.
El autodenominado “Proceso de reorganización militar” consistía en una Junta militar compuesta por un representante de cada una de las fuerzas (Ejército, Naval y Aérea) y un presidente elegido, no solamente con funciones propias del Ejecutivo, sino también propiedades legislativas.

En la memoria quedaron sellados los nombres de los integrantes de la primera junta, que gobernó hasta 1980: Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti.
No obstante, otras tres juntas con sus respectivos “Presidentes”, ostentaron malévolamente el poder:
En el periodo 1980-1981, Roberto Eduardo Viola (Presidente), Armando Lambruschini, Omar Domingo Rubens Graffigna.
Luego desde 1981 hasta 1982: Leopoldo Fortunato Galtieri (Presidente, aquel que impulsó la Guerra de las Islas Malvinas), Basilio Lami Dozo y Jorge Isaac Anaya
Finalmente, y como transición hacia las elecciones democráticas que ganaría el Radical Raúl Alfonsín: Cristino Nicolaides, Rubén Franco, Augusto Jorge Hughes (En este caso, el presidente, Reynaldo Benito Bignone, no perteneció a la Junta)

El terrorismo de Estado desde su concepción teórica se potenció en la práctica durante todo el periodo que duró la última dictadura, con la colaboración de grupos civiles conocidos como “montoneros”, que iniciaron una guerra interna a sangre y fuego con el poder ilegalmente instituido.

Actualmente, la mirada desconfiada hacia los militares en general se debe gracias a todos los detalles históricos mencionados y, también a los grupos políticos que, en detrimento del papel real que deben jugar las Fuerzas Armadas como garantes de la seguridad interna, “mal educan” a la población tildando a los militares como culpables de todo mal, omitiendo el “pequeño detalle” que muchos de quienes hoy dicen ser democráticos formaban parte de las filas de los grupos subversivos.

El golpe mortal que recibieron las Fuerzas Armadas para ser sepultadas bajo los escombros de la reprobación sucedió con el fallecimiento de Omar Carrasco, el 6 de marzo de 1994.
El conscripto de tan solo 19 años había ingresado al cuartel de Zapala, Neuquén, para cumplir con el servicio militar obligatorio. Tres días después fallecería tras el brutal ataque de un grupo de compañeros, aparentemente instados por superiores.

La información en los medios creó exacerbado malestar en la opinión pública, ya que a la brutalidad interna del acto en sí, acaecido en las entrañas del destacamento en Zapala, se sumó el alevoso intento de encubrimiento de los autoridades militares correspondientes y responsables, en una desesperada maniobra para ocultar la perversidad de tal accionar, lo cual generaría – como de hecho generó – la sensación popular que los procedimientos de formación y desarrollo estaban teñidos de violencia y crueldad.

El entonces Presidente Carlos Saúl Menem decretó la derogación del servicio militar, lo cual puso punto final a una institución que se instauró en pleno Roquismo, como política de organización y unificación cultural y militar del país.
El ministro de Guerra de Roca, Pablo Ricchieri, fue el principal impulsor de la aprobación del nuevo sistema, al que catalogó como un “un poderoso instrumento de moralización pública” que iba a “acelerar la fusión de los diversos y múltiples elementos étnicos que están constituyendo a nuestro país en forma de inmigraciones”.
La conscripción cumpliría un papel disciplinador, moralizador y nacionalizador, tal y como sucedía en el ámbito escolar. Con esa mera intención, se comenzó a practicar la obligatoriedad del servicio por medio del estatuto militar orgánico de 1901 (ley N° 4301), hasta cesado el mismo 193 años después.

Casi dos siglos después del paso inicial hacia la independencia, la tradición militar argentina sufre uno de sus momentos más críticos: aislados por el poder político y económico, denostados por la opinión pública, solo defendido por aquellos que conocen desde adentro el trabajo diario de cada una de las Fuerzas.

El futuro inmediato las ubica en un estamento mucho más bajo del que históricamente estaban acostumbradas. Nadie pide olvidar. La razón de recordar, es saber interpretar lo sucedido para no caer en lo mismo. Pero la memoria Argentina falla en un detalle: Acordarse implica aprender y enseñar todos los detalles. No una sola parte, no una sola mirada.
Hasta que ello no sea una realidad, las Fuerzas Armadas lucharán, como es su deber y misión, para subsistir contra el arrinconamiento del poder público y del grupo de la sociedad que se encolumna detrás del discurso vacío y único.

Las Fuerzas sin fuerza – Parte I

Las Fuerzas armadas en Argentina no cuentan con una percepción positiva de gran parte de la sociedad. Un pasado tormentoso, el desconocimiento de parte de la historia y el fomento para el olvido y el desprestigio por parte del poder central son las variables que complotan contra la concepción generalizada que se tiene acerca del papel de una institución que nació y evolucionó a la par de la República.

Dos sucesos ocurrieron los últimos días para poner sobre la mesa, y a disposición para el debate, la actualidad de la Armada y la realidad que indica la falta total de apoyo político – en especial – y social.

Uno de los orgullos de la Fuerza Naval es la majestuosa Fragata Libertad, construida desde 1953 hasta 1961, e inmortalizada con dicho nombre a partir del decreto Nº 7922, del 27 de Abril de 1956.
Hace pocos día el buque escuela  partió para formar parte del Encuentro y Regata Internacional de Grandes Veleros-Velas Sudamérica 2010, un evento organizado para festejar el bicentenario, igual celebración que el pueblo chileno, lo cual les otorga a ambos países el calificativo de “anfitriones”.

La regata cuenta con 14 puertos en los cuales atracar, desde Río de Janeiro hasta Veracruz (México)
Lamentablemente, el Gobierno Nacional impuso que, por limitaciones presupuestarias, la embarcación debería finalizar su recorrido en el 12do puerto, en Venezuela.

La determinación del Poder Ejecutivo, transmitida por medio del Ministerio de Defensa comandado por Nilda Garré, despierta cierto malestar, cuando se tiene en cuenta que el propio Gobierno apoya el ingreso de José María “Pechito” López a la Fórmula Uno, con un aporte monetario que alcanza los dos millones de pesos.
Sin intenciones de desmerecer el esfuerzo del corredor, que enorgullecerá al pueblo fierrero en tan importante competencia, no es descabellado pensar que, una vez más, la demagogia para con el pueblo por parte del gobierno es muy poco sutil: sumar para un logro deportivo vale más que apoyar a las impopulares Fuerzas Armadas.

Suerte parecida sufre otro gigante de la Fuerza Naval: El Rompehielos Almirante Irizar, que sufrió un incendio en Abril de 2007, otro emblema de la Armada, no podrá completar el cronograma de reparaciones pautado para el año y estar listo para partir en 2012.

El otro acontecimiento llegó de boca del ex presidente y ahora candidato para el 2011, Eduardo Duhalde, quien sorprendió con declaraciones acerca de la “humillación” a la que se somete a los militares, y la importancia que las Fuerzas podrían tener respecto al combate contra la inseguridad – aquella problemática que el Gobierno insiste en marcar como una “sensación” y no una realidad.

Duhalde se refirió específicamente al golpe de 1976 – el más reciente en la memoria colectiva y el más cruento – como “la más criminal de las dictaduras, pero si seguimos mirando para atrás no nos damos cuenta de que las Fuerzas Armadas de hoy son necesarias”. El ejemplo de esa necesidad para el oriundo de Banfield es la lucha contra la creciente y violenta inseguridad.

Una variable no menos importante, no mencionada por Duhalde, es el alto nivel educativo con el que siempre las Fuerzas colaboran en la formación de los jóvenes. El respeto por la autoridad y el valor del esfuerzo son los principales elementos que enriquecen el desarrollo de los adolescentes. Esos elementos que hoy se han perdido, víctimas del mal manejo de los recursos educacionales. Esta idea, tristemente, se ha desdibujado en la mente del argentino.

¿Sería favorable la participación de las Fuerzas en la complicada y compleja problemática de la inseguridad?

¿Hasta que punto se someterá el presente a sufrir los vestigios del pasado?

¿Cómo enseñar a la juventud los sucesos relatados en profundidad y detalle, cuando la percepción de los adultos de hoy aún condenan todo lo que tenga que ver con lo militar, sin importar el origen ni las intenciones?

Actualmente, el presupuesto destinado a la operatividad de las Fuerzas se redujo considerablemente, a tal punto que para el 2010 peligra la realización de tareas tales como la vigilancia aérea, el control marítimo y el apoyo a la comunidad del interior por parte del Ejército.

El primer gran recorte se dio en marzo del 2009 cuando, por típicas limitaciones presupuestarias desde el Gobierno Central, se les quitó a las 3 fuerzas el 20% de lo que perciben. Ello afectó, principalmente, a la provisión de fármacos (que complica a las organizaciones dentro de cada área que proveen cobertura de salud y asistencia social a los afiliados militares, sus familias y los civiles que trabajan dentro), combustibles (para buques, aeronaves y vehículos terrestres), repuestos (que, en muchos casos se importan en monedas extranjeras como dólares y euros, en lo que se denomina “moneda 3”) y otros insumos centrales para el funcionamiento de las fuerzas.

A fines del año pasado, la poda presupuestaria ascendió al 50%. Aunque algunos números parezcan promisorios, la modernización del equipamiento en general se contrapone al lineamiento que siguen la mayoría de los países latinoamericanos, que refuerzan y renuevan su política en defensa.

El mayor problema radica en el dinamismo creciente de los precios en combustibles y repuestos.

No obstante, el mayor problema para las Fuerzas Armadas radica en los ojos de la población. Desde la llegada del matrimonio sureño al poder, la imagen pública del Ejército, la Fuerza Naval y la Fuerza Aérea empeoró gracias a la idea transmitida desde la cúpula del poder central, reflejada en actos concretos: La mayor cantidad de ocasiones que existiesen para reducir el endeble protagonismo de las Fuerzas en la vida diaria del país, mejor. Mientras mas defenestradas queden ante la sociedad, mejor.

El recuerdo fresco del pasado, al que constantemente se retrotrae el gobierno K, condena el presente de aquellos que nada tuvieron que ver.

¿Cómo se llegó a esta realidad?
Todo debate debe enriquecerse con el conocimiento suficiente que sirva de base a cualquier argumento. Ello se otorgará a partir de la parte II de la presente nota.

Cuando no hay minutos que perder

El tiempo es oro. Así lo entienden desde todos los sectores políticos, ya que aún en el amanecer del año 2010, no perdieron un minuto y, aún entre brindis y el sonar de los petardos resonando en el aire, los más importantes personajes de la política se encargaron de, tibiamente, dar inicio a la carrera a las elecciones presidenciales del 2011.

Con la promesa de resultar especialmente picante, el camino a la presidencia ya tomó envión con las declaraciones del Vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, quien contrariamente a la fuerza gobernante a la que debería pertenecer, marcó sus diferencias con quienes, como Eduardo Duhalde, podrían alentar una posible coalición por fuera de la UCR.

El mendocino que tomó relevancia popular con el rotundo “no” al proyecto de ley de las retenciones móviles defendido con uñas y dientes por el oficialismo K, se siente bien con el mote de ‘candidato’, al declarar que le gustaría definir un hipotético balotaje con el ex presidente Néstor Kirchner (o cualquiera que se presentase)

No obstante, desde el Acuerdo Cívico y Social – al que pertenece la Unión Cívica Radical junto con la Coalición Cívica, desde las elecciones legislativas del año pasado –ya se encargaron de bajar el volumen de exposición que Cobos ostenta en estos momentos, al remarcar que, dentro del mismo espacio, sobran posibles candidatos.

Ese atisbo de indefinición, aunque temprana, puede confluir en separaciones y nuevas alianzas, costumbre acorde al calendario, cuando los meses pasan y los “nuevos planteles” preparen las armas para competir.

Afortunadamente, un signo de “sentido común” se escuchó desde el arco opositor, de la palabra de Ricardo Alfonsín, actual diputado por la provincia de Buenos Aires, y dirigente de la UCR. El hijo del recordado – y fallecido – ex presidente le pidió al Vicepresidente que, en caso de el desear participar de las internas del partido y postularse, debería renunciar, ya que “no se puede hacer campaña estando en una función pública por un partido contrario a aquel por el cual se postula”.

Muy sensato, si se consideran las criticas a los Kirchner por su irrespetuosidad hacia las instituciones – más allá que el oficialismo crea que las respetan, bien no se sabe como -, los dirigentes contrarios no pueden, ni deben, darse el lujo de jugar igualmente sucio. Demostrar con el ejemplo es educar.

De todos modos, Alfonsín cree que el rol del mendocino es mantener el equilibrio dentro de un Gobierno con “sesgos autoritarios y hegemónicos”, según sus propias palabras. Y el titular de la UCR y actual senador, Ernesto Sanz, se encargó de cerrar – temporalmente – el tema al marcar que el momento para dar nombres y pensar en ello es el 2011.

Complicado será no dejarse llevar por la dinámica que los mismos políticos – y también en muchos casos los medios de comunicación – le dan a la cuestión, ya que hablar de candidaturas se constituye en la única ‘política de estado’: Solo importan las elecciones que vienen.

No obstante esta situación, las chances se acrecientan para la UCR, si se observa, en la vereda de enfrente, que el otro gran partido de la república, el Justicialismo, se halla en uno de sus más complicados momentos, en donde la cotidiana fragmentación se potenció, y al momento es complicado apuntar a quienes disputarán las internas (obligatorias a partir de la reforma política con la que se despidió el “viejo Congreso”)

Dentro del PJ, y todos sin temor de auto-adjudicarse el mote de “peronistas”, se asoman rostros ya conocidos: Los Rodríguez Saa, Das Neves – el gobernador de Chubut que ahora se despega del kirchnerismo -, Felipe Solá – que, como se podía preveer, se distanció de su compañero electoral Francisco De Narváez, que a vez intenta encarnar a un nuevo área del peronismo -, Ramón Puerta – ex gobernador de Misiones y presidente por un día durante el caos de diciembre del 2001 -, y Eduardo Duhalde, que confirmó que las promesas en política son meras palabras que no se condicen con las conciencias, más allá que justifique su regreso como necesario para apartar del poder a la mala política que encabeza el matrimonio K – a quienes el, de popular conocimiento es, llevó de la mano a la Casa Rosada.

Su mayor enfrentamiento los últimos días incluyó al ex gobernador de Santa Fe y actual senador “Lole” Reutemann, cuya candidatura parecía estar atada a lo que Duhalde antes, o después, decidiera. Finalmente, el antes corredor de fórmula 1 deja el anuncio en suspenso.

Lógicamente, en este menjunje no falta la participación del pingüino del sur, que no se resigna a postularse como firme candidato a la presidencia, para lo cual hará uso de todas las facilidades del poder para “contratar” adeptos a la causa, mientras el entorno y la realidad del país marca otra sensación respecto a su figura de la que el cree – o dice que cree – tener.

El clientelismo será la herramienta principal para asegurarse votos en la provincia de Buenos Aires, una mina de oro electoral a la los funcionarios deben acercarse para ganar amistades y soñar con pelear bien arriba en las encuestas y, finalmente, los porcentajes durante el sufragio.

El plan “Argentina trabaja” impulsado por el Gobierno de la Presidente Cristina Kirchner ya da señales de amiguismo. Los recursos destinados para fomentar el trabajo cooperativo en el conurbano bonaerense se repartió entre partidos y municipios donde los intendentes simpatizan – por el momento – con la cúpula del poder. Ello les otorga la libertad de asignar dicha partida presupuestaria a grupos sociales que, a cambio del dinero, deberán actuar como grupos de presión y choque. Y fuera de la repartija quedan los anti – K. De allí provienen las manifestaciones que se dieron con continuidad durante el mes de Diciembre, frente al Ministerio de Desarrollo de la Nación.

Los parásitos son creados por el poder. La educación y el trabajo digno sin dependencia partidaria puede esperar – eternamente -, y las obras que implican mejora en la calidad de vida y/o el medio ambiente deberán esperar a cuando se acerque el momento de la elección – ya que siempre se hace gala del golpe de efecto que causa un buen anuncio “sobre la hora”.

¿Qué pasara con Mauricio Macri y Francisco de Narváez, dos soñadores que apuntan lejos sin contemplar la pobre popularidad a nivel Nación?

Ambos saben que deben acercarse a una fuerza mayor para poder ver más de cerca el horizonte rosado que se les presenta, actualmente, lejano. Es por ello que el coqueteo con peronistas disidentes es la fórmula mas a mano que tiene el actual Jefe de Gobierno, por un lado, y el senador que batió a Néstor Kirchner en tierras bonaerenses.

Unión-PRO, un espacio especialmente creado para las elecciones legislativas del año pasado y que ya muestra deficiencias en su armado, debe generar más apariciones en el país. Es por ello que Macri “envió” a Gabriela Michetti al Congreso Nacional. Para tener una cara reconocible y con buena imagen.

Y como si todo se tratara de un juego, Macri ya dio sus primeros pasos en este largo camino hacia Octubre 2011. “Sería el sueño del pibe”, dijo risueño ante la posibilidad hipotética de medirse con Kirchner en el balotaje.

El desfile de figuras de la política será rico a nivel periodístico, y complejo para el votante. Desde el socialismo de Hernes Binner – Gobernador de Santa Fe – hasta la infaltable Elisa Carrió, distanciada de la Coalición Cívica que impulsó, así como sucedió con el ARI.

Esa falta de espacio fuerte con continuidad en el tiempo atenta contra sus mismas pretensiones.

Finalmente, la izquierda, repartida en pequeños segmentos, dentro de los cuales el más fuerte, por el momento, es Proyecto Sur, encabezado por Fernando “Pino” Solanas. De todas maneras, su oscilamiento entre opositores y amigos del poder no les juega particularmente a favor. Por un lado, la defensa de los recursos naturales. Por el otro, el apoyo a la ley de medios y la prórroga por mantener los superpoderes al Ejecutivo.

‘No todo es color de rosa’, suele decirse cuando las cosas no salen como uno las espera. Y solo uno por la puerta grande podrá ingresar y, efectivamente afirmar que, allí dentro, la vida es de color rosa. Cada primer paso ya fue con tibieza dado. Durante el 2010, cada proyecto, cada sanción, cada conflicto, será clave para envalentonar o enterrar pretensiones. Habrá que estar atento a ver quienes gozan, y quienes sufrirán. En el medio, un país de 40 millones de habitantes.

Los años vienen, los años van. Los deseos persisten.

El desear refiere a algo más que el simplemente querer. El desear implica una necesidad, una urgencia o el reflejo de una ambición. Ello puede orientarse a un objeto, una situación o, como en la mayoría de los casos, hacia una persona o grupo de personas.

Desear significa modificar o potenciar. Siempre, como seres en constante dinámica, algo queremos cambiar a mejor, o potenciar tras una etapa de éxito, gloria o satisfacción.

Pasa un año, enseguida otro lo reemplaza. Pero nada más es el calendario. Lo que prevalece es el ánimo de la gente, la comunidad, la sociedad, que acompaña esa vuelta de página.

Ver con ojos esperanzadores el futuro más cercano es la forma más simple – y menos dolorosa – de vivir días en que todo lo que nos rodea toma un tinte más colorido, aunque a veces ello implique solo una puesta en escena, cuando la vida particular de cada individuo ha tenido de todo, pero sonrisa en escasa proporción.

Nada de lo que nadie diga borrará lo peor. Nada de lo que nadie desee por el simple hecho de decirlo se cumplirá. Todo se encuentra en lo más profundo de cada ser.

El sentido común nos empuja a admitir que la erradicación de lo más corrupto y podrido de la sociedad no es posible con el solo hecho de creer que el fin de año signifique algo más que eso: el fin de un año.

Pero la utopía de un pensamiento esperanzador toma mayor vuelo cuando sabe interpretarse que hacer con ello que se desea. Y el concepto es tan simple al mencionarlo, y tan complicado al tratar de aplicarlo: Comprometerse.

Comprometerse a poner el tan famoso ‘granito de arena’ a una sociedad que aún con sus diferencias, algo mejor desea.

Con la llegada del 1º de enero no hara efectiva presencia la justicia, ni la seguridad ni el bienestar económico en sus máximas expresiones. No pasará el 2º ni el 3º día del mes.

Pero puede suceder. Solo hay que comprometerse. Naturalmente, muchos de los deseos exceden el poder que en nuestras manos y mentes poseemos. Dependeremos de ‘alguien mas’, que tenga la facilidad de administrar, conceder, dialogar, y proceder.

No obstante, la sociedad en su conjunto, y subdividada pero mirando al mismo horizonte, puede lograr ceder muchas barreras que parásitos del poder y allegados al más impuro manejo dirigencial intentan, enmascarados, tratar de mantener en pie.

Solo hay que comprometerse. Con el del al lado, con el de enfrente. Saber cuando animar, saber cuando aconsejar, saber cuando denunciar, y saber cuando el límite legal y moral se ha excedido. En cada uno la posibilidad de ello se esconde. Y en cada uno se haría visible la respuesta al mayor o menor de los problemas.

En el más doloroso de los momentos, o en el más célebre de los éxitos. Solo hay que comprometerse. Y comprometerse es querer. Y querer es desear.

Y desear es lo que la noche del 31 todos harán. A partir del 1º de enero, de cada uno de nosotros dependerá, convertir el deseo, propios y ajenos, en realidad.

Con el permiso de aquellos quienes puedan leer mi mensaje, me tomo la libertad de enviar un saludo particular.

¡FELIZ AÑO A TODOS Y CADA UNO DE AQUELLOS QUE SE MANTIENEN A MI LADO, CON QUIENES TENGO LA SUERTE DE TRATARME EN LO COTIDIANO, AQUELLOS CON QUIENES POR LÓGICOS CAMINOS DE LA VIDA LA COMUNICACIÓN SE HA DISIPADO, Y TODOS CON QUIENES ME HE TOPADO! EN DEFINITIVA, A TODOS QUIENES HAN ENRIQUECIDO MI PASO POR EL 2009 EN TODOS LOS ESPACIOS Y LUGARES EN QUE ME HE MOVILIZADO.

LOS MEJORES DESEOS PARA EL 2010, CON MUCHO CARIÑO Y AFECTO.

EN POCAS HORAS, YA INMERSOS EN UN NUEVO AÑO, NOS ESTAREMOS VIENDO, CHARLANDO Y RECORDANDO.

J

El fin y el comienzo: El Congreso de la discrepancia, la manipulación y las advertencias. PARTE II

El comienzo: La jura de la negociación y la resignación

Hacer pesar la mayoría en el Congreso Nacional es una ‘tradición constitucionalmente permitida’. Por ende, el contar con la posibilidad de sancionar leyes sin pasar por el filtro del debate y los consensos es el camino más sencillo para presentar proyectos de cualquier índole con necesidad de estar en vigencia a corto plazo.

Generalmente esa facultad la ostenta el poder central de turno. Después de 6 años, el matrimonio santacruceño que maneja las riendas de la república, sufre el golpe de tener que, de ahora y durante los próximos dos años, resignarse y sumergirse aún más profundo en la búsqueda de negociaciones y arreglos para no alterar, a nivel legislativo, lo que lograron construir durante ambos mandatos.

Tras dejar atrás una estela de leyes sancionadas sin considerar, como se debería, al fragmentado arco opositor, el jueves 10 de diciembre significó una fecha clave: la mayoría en la cámara de diputados y de senadores dejaba de ser kirchnerista. La oposición copó el Congreso y, desde el mismo momento de prestar juramento, hizo pesar la diferencia a su favor que consiguieron tras las elecciones del 28 de Junio.

La ceremonia de jura de los diputados llevada a cabo en el recinto el día jueves 3 se destacó no por el proceso formal obligatorio que se realiza en estas situaciones – tal como sucedió con los nuevos senadores hace una semana – sino por el show que dieron Néstor Kirchner y sus súbditos.

La llegada del cacique sureño atrajo a masas de personas que festejaban y alentaban la asunción de su mandamás y que también apoyaban al resto de los legisladores oficialistas.

En perfecto equilibrio con ese marco que se daba en las calles aledañas al Congreso Nacional, en el recinto se dieron circunstancias de desorden total. El bloque kirchnerista, ante la amenaza de perder totalmente el control, aunque sea mínimo, se lanzó con uñas y dientes a tratar de conseguir un acuerdo con la creciente oposición.

El objetivo: mantener la presidencia y la mayoría en las comisiones de mayor peso y preocupación para la cúpula K: Hacienda y presupuesto, por un lado, y Asuntos Constitucionales, por el otro.

Una negociación, más parecida a un show, se dio entonces entre los emisarios K y los líderes opositores, encabezados por el titular del bloque radical, Oscar Aguad.

La intención era mantener la mayoría en dichas comisiones (4 integrantes sobre 7) a cambio de concederle al resto de los bloques la oportunidad de presidir otras comisiones.

En medio de esa negociación, el ex presidente Kirchner hacía alarde de su extremo control sobre los diputados oficialistas, al punto tal de manejar las negociaciones – el santafesino Agustín Rossi y el jujeño Eduardo Fellner de por medio – y mostrar su enojo ante cualquier palabra que no se atuviese a lo que el deseaba.

El revés final llegó de todos modos. Luego del comienzo de la labor de los nuevos diputados, salió a la luz la repartición: De las 45 comisiones existentes en la cámara baja, el oficialismo solo preside 20 – cuando antes, entre sus diputados y aliados comandaba 35 -, y a ello se le suma que, en la totalidad de comisiones, tienen minoría. En ninguna celebran contar con mayoría de congresistas.

La salvedad: La oposición le concedió la presidencia en comisiones de alto valor para el Ejecutivo: Presupuesto, Peticiones, Poderes y Reglamento y Juicio Político.

Como detalle no poco significativo, la oposición le propinó al oficialismo un poco de su propia medicina.
Con el quórum suficiente para iniciar la sesión – 129 sobre 257 -, los bloques de la UCR, el peronismo disidente, Coalición Cívica, PRO, Proyecto Sur, PS, GEN, Frente Cívico para Córdoba, Libres del Sur, Diálogo x Buenos Aires, dieron por iniciada la ceremonia, que comenzó a presidir la actriz y conductora de TV, devenida en política, Lidia Satragno,– “Pinky”.

Recién en ese momento, Néstor Kirchner dio la orden. Había que hacerse de cuerpo presente.

Entonces, por primera vez, Néstor Kirchner tuvo que doblegarse a la decisión de una mayoría y descender para jurar. El primer signo de presión de la mayoría opositora se hacía concreto, a la vista de todo el público allí presente en los palcos, que de todos modos no claudicaron en su apoyo al ‘pingüino’.

¿Será esto una fija, una constante en el Congreso hasta las presidenciales del 2011?

La mirada escéptica es inevitable. Muchos de los que copan las bancas coquetearon con el Gobierno en el pasado, y son eternos posibles aliados, de acuerdo a las circunstancias.

Sucede con Felipé Solá (Hoy cercano a De Narvaez y Mauricio Macri) y con la izquierda, desunida y fragmentada, con Fernando ‘Pino’ Solanas como máximo referente. Sus diputados apoyaron muchas de las artimañas legislativas del oficialismo en los últimos meses.

Bien es sabido que las promesas de ‘coparticipación del poder’ son frecuentes, y que los números impresos en los billetes suelen tentar a quienes se rozan con las más altas esferas del Ejecutivo. También es fundamental seguir los pasos de la oposición en sí. Las uniones de palabra para las pasadas elecciones ponen en riesgo cualquier esperanza de organizar un frente común. El revanchismo contra los Kirchner desaparecería si la participación del ex presidente y sus diputados se sumerge en la nebulosa, y todos supuestos fines comunes resultarían efímeros.

La lucha promete ser dura. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, vocero permanente de Cristina Fernández, ya anunció: El veto presidencial será, aparentemente, una herramienta común a partir del mismo instante en que la oposición desee promulgar un proyecto.

“Si no estamos de acuerdo, volverán al Congreso para su revisión o para su archivo”, confirmó Fernández, mientras minimiza la supuesta preocupación que debería tener la Casa Rosada al resignarse a las nuevas discusiones que se generarán en el Parlamento e, incluso, al tratamiento de contra leyes a las que el oficialismo sancionó en los meses recientes.
“Son rejuntados y los rejuntados no piensan parecido, solamente son un número circunstancial. No hay que preocuparse”, sentenció. Gran parte de verdad y lógica política, aunque no deja de ser una idea triste y vergonzosa si se la piensa ubicada en el marco en el que se dice.

La respetuosa resignación y adaptación que se esperaría de los líderes de – parte del -partido gobernante continúa siendo una utopía. Bajando a la realidad, el año 2010 se presenta especialmente empalagoso en materia legislativa.

El futuro cercano dirá si fue para mejor, para peor, o si la realidad social y económica del país mantiene su baja línea de estancamiento.

El fin y el comienzo: El Congreso de la discrepancia, la manipulación y las advertencias. PARTE I

Vender caro el pellejo es la nueva filosofía K. Resignar el control que el oficialismo ostentaba en el Congreso de la Nación no es parte de la dieta diaria del matrimonio santacruceño y sus co legionarios.

El recambio de diputados y senadores implica mucho más que una mera obligación constitucional de uno de los tres poderes que conforman la república. 6 años de monopolio kirchnerista llegaron – aparentemente – a su fin.

La finalización del mandato de varios diputados afines al gobierno y el ingreso a las cámaras baja y alta de nombres pesados con orientación, a priori, opositora, le provee a esta nueva etapa parlamentaria una imagen que invita a pensar en debates jugosos y enriquecedores – a nivel periodístico – y la posibilidad de rever muchas de las leyes impulsadas por el Gobierno de Cristina Fernández que carecieron del tratamiento adecuado, independientemente de los beneficios o perjuicios que trajeran aparejadas para algún sector en particular.

¿Será realmente así?

Elisa Carrió, diputada electa por la Ciudad de Buenos Aires, no esperó mucho más para lanzar sus tan reconocidas, y a veces fallidas, expresiones fatalistas y determinantes. Según su óptica, Néstor Kirchner es un hombre “débil y desmoronado”.

La política es un mundo tan cambiante, impredecible, donde la ética y la moral que las ideologías defendidas a flor de piel sostienen no son prioridades. Es por ello que la subestimación no es un camino de rosas y colores.

Lo mismo pasó tras los resultados electorales del 28 de junio. Y lo que se debía entender como una ‘etapa de transición’ desde aquella noche hasta la semana pasada, el oficialismo lo interpretó como el momento justo para apurar leyes hito en la gestión K, apenas debatirlas y exprimir hasta el final la mayoría en la bancada de diputados y senadores.

Así fue.

El fin: La reforma política.

Acorde a la tradición que acompaña las fiestas de fin de año, el Gobierno de Cristina Fernández les regaló a todos los nuevos legisladores de la oposición un paquete de leyes sancionadas con el afán de explotar al máximo la situación de poder monopólico en el Congreso.

La frutilla del postre para despedir el año de actividad legislativa resultó ser la ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral, la cual básicamente apunta a reorganizar y delinear un nuevo proceso obligatorio de elecciones primarias internas en los partidos políticos como paso previo al establecimiento de los candidatos electorales, dos meses antes de la elección en cuestión.

No obstante, y aunque ello suene promisorio y parte de un proceso necesario y ordenado, el objetivo encubierto parecería ser la reducción sistemática de las posibilidades de oposición. Esto se deduce al citar las nuevas normativas más polémicas:

En un marco donde, según la Cámara Nacional Electoral, hay 33 partidos de los 746 inscriptos en el país que tienen alcance nacional, es decir, la cantidad de afiliados y la posibilidad de presentar candidatos a elecciones en toda la república.

Allí se presenta la polémica. De esos 33 partidos, solo 5 consiguen alcanzar el número mínimo requerido de representados – los afiliados – en todos los distritos, requisito inalterable según la nueva ley.

Esas 5 agrupaciones son: Partido Justicialista (3.767.311 afiliados), la Unión Cívica Radical (2.360.728), el Frente Grande (170.085), el Partido Socialista (117.897) y el ARI (49.832)

Respecto de la antigua ley electoral, el proyecto K remarca que para crear un partido es necesario tener 5% del total de inscriptos en el registro electoral del distrito en cuestión, cuando antes era 4%. Y por otro lado, marca que los partidos nacionales deben tener entidad en cinco distritos y un mínimo de 1% del total del padrón nacional, mientras la norma vigente hasta hace unas semanas no exigía ningún porcentaje.

Agudizando la mirada y el análisis, los ajustes son aún más estrictos. La nueva ley establece que la no presentación a dos elecciones nacionales debidamente justificadas es causa para perder la personería jurídica – antes eran hasta 3 elecciones -, así como no alcanzar en dos elecciones nacionales sucesivas un número de votos igual o superior al 3% de padrón electoral del distrito al que corresponda.

De este modo, los sectores más pequeños e “ideológicamente” fragmentados – como sucede con los partidos de izquierda y centroizquierda – se topan con una muralla legal que les impediría alcanzar cualquier sueño electoral a nivel nacional, ya que no cumplen con los requerimientos de constitución como partido de tamaño medio o grande. Entonces deberán contentarse con disputar cargos en sufragios distritales.

O unirse…

Por otro lado, la categoría “disidentes”, en caso de permanecer esta nueva ley sin el tratamiento de una “contra ley” por el nuevo Congreso, se verá obligada a entrar en desuso, ya que aquellos que hoy intencionen moverse en paralelo a la fuerza mayor a la que de “palabra y de corazón” pertenecen, deberán pugnar por vías internas para sobresalir sobre sus colegas.

Tal es el caso de disidentes como Francisco Solá, ex gobernador de Buenos Aires y senador nacional K, e incluso el vicepresidente Julio Cobos puede ser considerado “disidente” del radicalismo al momento en que decidió aceptar el formar parte de un Gobierno puramente justicialista.

Los casos de disidencia o separación son tan comunes como infaltables al momento del armado del “equipo de trabajo”, si es que ese concepto todavía es utilizable al mundo de la política.

Para evitar cualquier alianza temporal y uniones con gran arrastre de masas populares, la nueva ley de reforma política aparenta ser un alivio como método de ordenamiento de los partidos que, supuestamente, representan a civiles en función de sus ideas y proyectos.

“Los candidatos ya no serán elegidos a dedo”, remarcó la mismísima Presidente de La Nación, Cristina Fernández. Dicha afirmación es correcta. Con este nuevo sistema de primarias para alcanzar los sufragios presidenciales y legislativos a nivel nacional, la selección de aquellos que tendrán el honor de pugnar por un puesto ejecutivo o legislativo

Lamentablemente, y una vez más, las pretensiones de perpetuación del poder K empañan cualquier objetivo digno que una ley, en su fino y profundo tratamiento, pudiese tener. Sucedió con la necesitada nueva ley de medios, y sucede en este caso también.

Ahora la próxima meta es retomar el poder del desmembrado partido Justicialista, lo cual, de conseguir un triunfo Kirchner, obligará a peronistas como Duhalde, Solá, los hermanos Rodríguez Saá e incluso el avejentado Carlos Menem, a admitir la representación de alguien a quien, irónicamente, intentan separar de la vida política del país.

Otros puntos a destacar de la ley son:

La reforma también elimina a las listas “colectoras” y a las denominadas “espejo” – artilugio tan útil para muchas elecciones pasadas -, establece que se votará con el mismo padrón que se utiliza en la elección general, y remarca que de las elecciones generales sólo podrán participar las agrupaciones que hayan obtenido en las primarias el 1,5 por ciento de los votos válidamente emitidos requeridos.

Además las agrupaciones que no alcancen el 2 por ciento del padrón electoral del distrito que corresponda perderán su personería. Este fue una de las variables que el oficialismo cedió ante los pedidos de los amigos circunstanciales, ya que en un principio ese porcentaje alcanzaba el 3.

Dos últimas cuestiones son de interesante importancia:

Los fondos correspondientes al aporte de campañas se distribuirán de un modo especial para todas las ocasiones: el 50 por ciento del monto asignado por el Presupuesto en forma igual a las listas y el otro 50 entre los 24 distritos, en proporción al total de electores.

¿Desaparecerán los gastos millonarios de algunos de los candidatos? ¿No más aportes solidarios de individuos de desconfiable presencia?

El proyecto también reduce a 8 días la prohibición para publicar los resultados de encuestas y a 15 la prohibición de realizar actos inaugurales de obras públicas o promoción de planes y proyectos de alcance colectivo y otro acto de gobierno que pueda promover la captación del sufragio a favor de cualquiera de los candidatos a cargos públicos.

¿No más medidas y discursos populistas y clientelistas?

Nuevamente, la astucia K para manipular los procedimientos legislativos condujeron a la oposición a encarar la nueva etapa con muchos desafíos.

La primera parada fue, justamente, el día en que los congresistas ingresantes tomaran juramento del compromiso de cumplir con la Patria.

(Continúa parte 2)

No esta muerto quien pelea

Apostar por una actitud fortalecida en base a la valentía para enfrentar un golpe que la vida duramente asesta, sean por razones del destino impuesto y/o causa de las decisiones tomadas por cada uno, implica demostrar que el resurgimiento es posible si se cuenta con las herramientas necesarias, a nivel humano y desde el entorno, para sobreponerse a cualquier dificultad y obstáculo que durante la presencia en este mundo se haya presentado.

Tal idea que todo individuo debería siempre contemplar como paso obligatorio antes de siquiera pensar en la rendición y la resignación, no siempre implica que para aquellos que observan desde afuera la imagen será emotiva y digna de aplausos y admiración.

Irónicamente, el pueblo argentino en su totalidad fue – y es – testigo de cómo la ambición y la inteligencia al servicio de la corrupción y el chantajismo son armas de destrucción masiva de las esperanzas y los sueños que, antes de una fecha “quiebre”, se habían logrado germinar.

Cuando la noche del domingo 28 de Junio el mundo político hablaba de derrota y renovación, los pechos se inflaban de aire fresco y el alivio por el supuesto ingreso que a una supuesta nueva etapa en la joven democracia argentina inspiraba una leve – aunque escéptica – sonrisa.

Irónicamente, hasta el día de hoy, hay que poner en duda si realmente el derrotado no es el electorado, que creyó que una figura política con tan mala imagen en la opinión pública no sería capaz de potenciar la metodología extorsiva y acosadora de utilización del poder que, por teórica lógica, debería haber sido analizada – y modificada – tras los resultados arrojados por las urnas en las elecciones legislativas.
Elecciones que todos los protagonistas se encargaron de calificar como “de vida o muerte”, con distintos conceptos pero la misma percepción.

El impacto que el kirchnerismo sufrió al quedar detrás de su más acérrimo rival, Francisco De Narváez (Unión Pro), en el distrito donde el ex presidente Néstor Kirchner se jugaba su continuidad como mandatario encubierto, suponía una reducción significativa de su poder y de su ciega ambición de perpetuarse como sombra de su esposa y presidente actual, Cristina Fernández.

Ni elaborar una jugarreta política aceptada por la justicia, denominada “candidaturas testimoniales” – que colocó también a Daniel Scioli, Massa y Nacha Guevara en situación de ‘seguros desertores de la banca’ –, y cambiar su domicilio, le rindió los resultados esperados.
La pérdida del monopolio parlamentario a partir del 10 de diciembre automáticamente le proveía a los 6 meses siguientes la condición de etapa de transición y apertura del diálogo.

Contrariamente a lo que cualquier pronóstico de especialistas y politólogos podían preveer, Néstor Kirchner buscó y encontró la forma de fortalecer el poder que ostenta desde su posición de ‘primer caballero’.

La convocatoria desde Casa Rosada a todos los sectores políticos inmediatamente posterior a finalizar el conteo de los votos que sepultaban bajo tierra las intenciones conquistadoras oficialistas, resultó ser una máscara que cubrió de mentira algo que nunca existió.

La recordada frase de Elisa Carrió, figura de la oposición que poco puede ejemplificar desde su experiencia la idea de unión y seriedad para el mantenimiento de una estructura, se le dio vuelta, no solo a ella, sino a todos los que tendían a pensar sobre la misma línea.

“Kirchner es un cadáver político”, sentenció Carrió un día. Pocos meses después, implícitamente Kirchner responde con hechos concretos que bien podría haberse basado en la afamada saga de “los muertos vivos”, para demostrar, una vez más, que no esta muerto quien pelea.

Y Kirchner sabe sobre pelear.

Tras un breve lapso alejado de cualquier actividad que llamara la atención, re apareció el ex presidente en su rol de vocero no oficial del gobierno de su esposa para retomar las riendas del poder paralelo al que se ejerce desde la Casa Rosada.
Esos días de refugio mediático le sirvieron al ex gobernador santacruceño para planificar el uso que se le debía dar al Congreso Nacional en los siguientes meses, según sus necesidades y objetivos.

Con la mayoría bajo sus órdenes tanto en la cámara baja como en la alta, hasta el recambio en diciembre, el oficialismo apuró trámites para hacer de la cámara de diputados y senadores un mero pasillo de exhibición de proyectos a votar sin reparos y sancionar.

Mientras para el oficialismo la seguridad es meramente una “sensación” explotada por oposición y medios, con la tasa más baja del continente latinoamericano – 5.3 homicidios dolosos entre 100 mil habitantes – y la pobreza es “maximizada” por los medios de comunicación con artilugios como imágenes y discursos catastróficos, los soldados K le imprimieron en las cámaras una velocidad tan inusual como alevosa al proyecto de medios audiovisuales que el matrimonio santacruceño siente como ‘la madre de todas las batallas’.

El extenso debate sobre el futuro de los medios de comunicación en Argentina excedió el ámbito político, empresarial y periodístico, al punto de igualar en alcance social a la discusión por las retenciones al sector agropecuario del año pasado.

El apuro por sancionar la ley y las vías poco claras que los diputados y senadores oficialistas tomaron para agilizar el tratamiento del proyecto – mínimamente atenuado por la todavía frágil oposición – embarró y oscureció lo que aún debe formar parte de la necesaria discusión sobre el manejo de la información en Argentina.

El monopolio en ninguna de sus variables es la mejor opción en cuanto a prestación de servicios refiera. Y la “democratización” 100% del flujo informativo es un camino obligado que el país requiere transitar, para alcanzar un nivel de transmisión de información óptimo en cuanto a prestación del servicio y la pluralidad de ideas se refiere.
Pero no del modo que el oficialismo planteó – una guerra abierta contra Clarín – y, menos aún, con las imposiciones que el matrimonio K ordenaba a sus soldados parlamentarios sostener a sangre y fuego: La autoridad de aplicación compuesta mayoritariamente por oficialistas, la revisión bianual de las licencias, la autorización dependiente del poder de turno para conceder licencias a los medios chicos (lo que le otorga al oficialismo de turno la chance de “apretar” en caso de seguir el medio en cuestión la línea opositora), entre otros puntos.

Pero nada se constituye en una problemática cuando en las bancas se sientan robots manejados telefónicamente y atraídos con la tentación de otorgamiento de una pizca del poder. Y el proyecto se hizo ley.

La libertad de movilidad que él mismo se consiguió, a fuerza de generar “amistades convenientes” y de la fragilidad de la oposición, que todavía no re agrupa filas coherentemente como para hacerle frente a los K, le concede hasta el día de hoy las herramientas estatales más intricadas para asfixiar al opositor y al privado, y gozar de la impunidad en su más alevosa expresión.

No importa el escándalo de Antonini Wilson, Skanska, el negociado del tren Bala, los fondos millonarios santacruceños en el exterior, las pérdidas de Aerolíneas, el desvío de fondos en obras públicas, las promesas incumplidas.

Enmarcado en el mencionado libertinaje, así fue como consigue que en el Parlamento se debata la ley de reforma política, cuyo fin de organización partidaria encubre la intención de abolir la formación de partidos de corto alcance y en pleno crecimiento, más allá de las necesarias alianzas temporales a las que el mundo de la “farándula política” ha acostumbrado a la sociedad.

Ello le dará espacio únicamente a los partidos de alcance nacional. Nuevamente, una temática interesante, pero maltratada por los K. ¿Qué se busca? Que los “desertores” tengan la obligación de alinearse con un solo partido, y no saltar de acá para allá.

Los quehaceres diarios de Néstor Kirchner incluyen retomar el control del Partido Justicialista, cuya presidencia había dejado a cargo de su sombra, el ex menemista y actual Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, mientras su antiguo padrino político, Eduardo Duhalde, convoca a los disidentes.

La última gran artimaña que presentó al público fue la de sumar a su séquito de “amigos” al recientemente electo Gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi, que tal como un saltamontes, pasó de ganar las elecciones como radical, a apoyar una futura postulación de cualquiera de los estandartes K.
¿Por qué tal cambio repentino? Sencillo: La promesa de fondos para la provincia, cuestión que por naturaleza de coparticipación deberían recibir todos: oficialistas, opositores, neutrales y demás.

Todo manipulado por Néstor Kirchner.

No importa lo que la opinión pública manifieste por propia voluntad. Solo interesa chantajear, tentar, atraer y “coptar”, para luego, de acuerdo a las circunstancias, desechar. Así es el manejo indiscriminado del poder del ex presidente que, increíblemente, sueña con mirarse nuevamente primero en la lista para las presidenciales del 2011. Y nada indica que le será imposible convertir en realidad ese sueño.

El escrache y el piquete. El poder de las masas amparado por el poder.

El poder suele ser una tentación tal para aquellos que lo ven con hambrientos ojos desde afuera, que los métodos para alcanzarlo se han instituido de tal manera en la forma de hacer política en Argentina, que la esencia de la mera actividad se halla bastardeada y ultrajada, aunque sin aparentes intenciones de ser modificadas, aún mediante un proceso de “descontaminación” gradual.

Las grandes movilizaciones de masas inducidas por un líder son características de la historia argentina. El fin, más allá de la persona o institución, es el mismo: influir sobre una decisión tomada o que está en camino de aplicarse en el ámbito legislativo y/o gubernamental, un debate de gran trascendencia para cierto grupo, o la impetuosa queja ante la injusticia cometida hacia muchos por el beneficio de unos pocos.

Todo puede ser válido, pero también todo puede – y de hecho es – reprobable.

El último accionar de piqueteros en la Avenida 9 de Julio, la semana pasada, rebrotó la necesidad de debatir sobre una herramienta tan en uso que, hasta el más mínimo atisbo de descontento por parte de un público, implica adelantarse, si no resignarse, ante la posibilidad de afrontar un día de caos vehicular y, por ende, laboral.

Por más importantes a tener en cuenta que sean las posturas, la imagen es por sí misma dudosa: Enmascarados con palos de hierro, parados amenazantes como soldados de regimiento a impedir el paso con la mera agresiva presencia, sin miedo a usar la violencia física. Ya no hay más palabras.

“El último gran corte”, como se le puede denominar al campamento instalado frente al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, por gente llegada desde la provincia generó que hasta la misma Presidente, Cristina Fernández, tuviese que pedir por la aparición de los responsables del corte y la liberación de la zona.

Integrantes de diversos movimientos sociales, como el frente Darío Santillán, el Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón y el MTR Santucho se apostaron firmemente frente al ministerio conducido por la hermana de Néstor Kirchner, Alicia, justificando sus protestas con el argumento de querer ser contemplados en el plan de cooperativas que la Presidente lanzó en Agosto, el cual preveía la creación de cooperativas sociales que generarían 100.000 puestos nuevos de trabajo.

¿Qué pasó entonces, si el plan, desde las palabras, suena tan dulcemente tranquilizador para aquellas clases más perjudicadas por la situación actual del país?
Comenzaron a surgir las tradicionales complicaciones y denuncias: los beneficios otorgados por las autoridades – sean intendentes o jefes comunales – para los punteros políticos y los “amigotes” de turno. Es decir, el liderazgo se le otorga a quien el día de mañana pueda movilizar la gente necesaria para lo que sea.

Aunque tal argumento pueda resultar tan convincente como real y lógico en un contexto social y económico de crítica magnitud como el que se palpa día a día, el andar de enormes masas de gente por las calles provoca la mínima sospecha de la opinión pública, más allá del malestar que suscita al pensar en la desidia social, fruto de la irresponsabilidad gubernamental.

El preconcepto – que se obtuvo mediante las puras evidencias de la realidad argentina – de saber que el soborno sobre la vida misma es suficiente como para manipular a la masa más necesitada, está instalado, y la sociedad, antes de informarse, pega el grito en el cielo. Entonces ahí es cuando chocan las intenciones.

De paso, y para rellenar la ensalada de la decadencia, desde el Gobierno Nacional y el local, los dardos acusantes volaban de lado a lado, para quedar en la total nada. Más de lo mismo.

Diferente es el escrache y el piquete con fines puramente políticos solventados por fondos públicos o la corrupción de los enlaces de gremios y asociaciones con el poder: Los bloqueos de Moyano y su gente a las distribuidoras de diario es un ejemplo más de cómo nada importa cuando al enemigo se quiere pulverizar.

Los violentos escraches sufridos por el senador radical Gerardo Morales en Jujuy hace casi un mes – cuando asistía a encuentro en el Consejo Económico de Ciencias Económicas en la provincia norteña – constituyen otro reflejo de la realidad nacional: La intolerancia promovida desde distintos sectores del poder con la sucia intención de desgastar y asustar, atando de pies y manos a personas que se saben sin educación y sin ingresos lícitos mediante el chantajeo encubierto.

La receta para la maldad se completa con la protección que varios componentes de la política nacional y provincial mantienen a rajatabla para individuos como Milagros Sala – principal acusada por los actos en la capital jujeña – y tantos otros, por medio del cuidado lejos de la justicia y el control, teniendo en cuenta los millones de pesos que se gastan para “tenerlos de un mismo lado”.

Casos como estos abundan en la última década en todo el país.
El derecho a la huelga, contemplado en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, podría ser entendido como “antiguo” y “conservador”, por cualquiera que desee modernizar los límites legales acorde al mundo avanza… ¿o retrocede?

La ilegalidad que revisten los violentos artilugios del escrache y el piquete no importa al poder cuando las grandes masas de personas pueden servir para posicionarse en el mapa político de la República.
Es triste, pero para nada alocado estudiar e inferir con mucha lógica y evidencias al por mayor, que muchas de las que se dicen ser asociaciones con fines sociales no son más que enclaves de gran utilidad para el político cuyo poderío debe ser mostrado cuantitativamente: Cuanta más gente se movilice, mayor es la influencia.

Lo más bajo y denigrante de la clase política nacional en su mayoría – Con esperanzadoras excepciones boyando sin mucho éxito – continúa manejando los hilos de un territorio castigado, tan rico como desaprovechado. Y mientras el mundo nos ve con ojos entrecerrados, el clima interno no halla equilibrio y nadie tomará la batuta para iniciar un camino de reformulación. ¿Hacia dónde vamos?

A veces es mejor no contestar. A veces es mejor ni preguntar. Solo comenzar a trabajar.

Ser o no ser, he ahí el dilema.

¿Quiénes somos y hacia dónde vamos? ¿De dónde venimos y para qué estamos?

Interrogantes clásicos que la humanidad se ha impuesto como necesarios a responder, en un intento de darle significado aún más complejo a la existencia en este mundo, como marco al ya intricado pasar de todos y cada uno de los habitantes del planeta Tierra.

Con ese sesudo precedente teórico establecido como tema de tratamiento profundo en círculos científicos y filosóficos, y también de divague sin sentido para una charla de amigos, se puede generar un debate interesante, con más oposición que acuerdo, del origen, la evolución y el futuro del argentino.

¿Qué es el argentino?

Caracterizar a los nativos de un país que conoce profundamente las dos caras de la moneda suena tan difícil como atractivo. Puestas las cartas sobre la mesa, cualquiera puede seleccionar la que mejor le parezca: ¿Solidario y de tratamiento interpersonal cálido? ¿O egoísta y egocéntrico? ¿Defensor arduo y apasionado de lo propio? ¿O desconfiable y corrupto?

La respuesta más simplista para allanar el camino hacia la luz guía podría ser aquella que conjugue los extremos. Pero el argentino poco sabe de grises, poco conoce al equilibrio. Más bien funciona como un péndulo, que oscila perezosamente de lado a lado, aunque al nacido en estas tierras le siente mejor cuando toca – y choca – con uno de sus costados.

Casi 200 años de historia enriquecen – y empobrecen – la vida de una república que conoce profundamente el concepto de ‘inestabilidad’, aplicable a todos los rubros y sectores, y que vio el rostro de la crisis en sus cientos de variables.

Dichos antecedentes, que se repiten constantemente y evolucionan de acuerdo a las coyunturas que el tiempo impone, fueron promulgados y estimulados por mentes que poco pueden regocijarse del saber patriótico.

No obstante, si se tomara al ‘gen argentino’ como algo tangible como la misma tierra que pisamos, y se lo perforara en búsqueda de la verdadera esencia, tal como se penetra el suelo para hallar petróleo, los hallazgos que puedan considerarse sorpresa en la inmediatez dejarían tal condición cuando se estudien las hipotéticas variables surgidas en relación directa con el pasado, lejano y cercano, y el presente, el ahora.

¿Es enteramente la culpa de quienes tomaron por la fuerza el poder o lo recibieron de modo democrático? ¿Es la irresponsabilidad y la falta de honestidad y voluntad síntomas de una enfermedad patrimonio exclusivo de las poderosas autoridades a través del tiempo?

No es sabio negar que las pésimas políticas económicas y sociales durante variados – y lastimosamente extendidos – lapsos de la historia nacional, en todas y cada una de las jurisdicciones, han devastado gradualmente el porvenir de una nación que parecía – más por palabras – estar destinada a crecer y conformarse como una de las potencias mundiales, por su poderío en recursos naturales y su estratégica posición en el mapa.

Pero todo quedó en los sueños utópicos de un pueblo que, indefectiblemente, es parte responsable del presente.
Tampoco hay que olvidar que la decadencia en cultura y educación mermaron notablemente las posibilidades de crecimiento humano, y que hoy por hoy, se sienten las graves falencias que la desigualdad y el desinterés ocasionaron.

Fuera de la influencia mediática – a veces tan dañina y superficial – el argentino involucionó hacia metodologías violentas y carentes de sentido, a la intolerancia reflejada en la agresión, y a las ideas suprimidas por el hambre del poder, y la miseria humana en general.

Puertas hacia adentro, a veces el argentino confunde la responsabilidad de cargar con la identidad argenta con la simpleza de las costumbres llevadas al extremo.

¿Es tonto pensar que el descuido y la imprudencia son, también, costumbre argentinas? ¿No hay posibilidad de cambio radical en algunas costumbres que poco tienen que ver con la más pura y bella tradición nacional, más allá de los límites entre las provincias?

Sería injusto asignar culpas en porcentajes para los distritos, aún cuando la mayor culpable para la historia sea la “París de Latinoamérica”: Buenos Aires.

La metrópolis que supo separarse del resto del país para vivir una historia propia, adquiriendo y aceptando la influencia europea, y rechazando cualquier ligazón a las más viejas y arraigadas costumbres del interior.

Lamentablemente, la fama a nivel mundial de la Argentina pasa, por un lado, por figuras populistas que trascendieron las fronteras del país para erigirse como banderas del verdadero carácter nacional y, por el otro lado, mucho tiene que ver la personalidad del ‘porteño’.

La ‘canchereada’, el orgullo avasallante – y en gran medida sin sentido potenciado -, eclipsaron a la simpleza del ‘hombre de campo’, distanciado por naturaleza del tenso dinamismo de la gran ciudad.

De todos modos, incluyendo a todo el territorio, desde la Quiaca hasta Ushuaia, el eje de la personalidad por estos parajes del globo se caracteriza por una cultura que aboga por el libertinaje (el extra limitado hermano de la libertad), la inseguridad en todos sus niveles, la omisión de cualquier cosa que signifique esfuerzo, y, la peor característica, tal vez la madre de todas: la queja ante cualquier límite.

Sentirse limitados para los argentinos a veces significa erróneamente ‘prohibición’, y ello le genera un impulso a quebrantar la imposición, que sea por seguridad o sentido común, están pre determinadas para mantener un equilibrio.

‘Equilibrio’ es justamente lo que nunca halló el argentino.

¿Cómo se modifica?

Educación. Enseñar de manera formal, y con el ejemplo como forma práctica, en la rutina de una institución o en la cotidianeidad.

Y ello debe ser puesto en debate, porque luchar contra los más impuros hábitos que minan cualquier mínima posibilidad de evolución humana, requerirá del uso de todas las herramientas disponibles, además de la planificación no estructurada pero si consensuada de todo el proceso, para pensar que “una sociedad mejor” es posible, pero no en corto tiempo, y tampoco sin la ayuda de quienes controlen el aparato educativo – gubernamental.

‘Ser o no ser’. Ser argentino. El dilema y la barrera para el propio argentino.


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