POLICIAS EN ACCION 1: Lo que hay que saber antes de salir de casa…
LA POLITICA
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“Cada vez que se habla de seguridad en la República Argentina, la gran mayoría de sus críticos se refieren a la provincia de Buenos Aires. Desde hace unos años, coincidiendo en cierto modo con la “colonización blanca” de sus espacios verdes, el énfasis aparece puesto en el conurbano bonaerense; ese gigantesco cordón donde los extremos socioeconómicos se codean, se sobresaltan mutuamente.
No solo está en juego la proverbial sensibilidad propietaria de la masa votante de la clase media y media-baja; también, la sensación térmica de los ricos, de los famosos, de los funcionarios y ex funcionarios enriquecidos, de los empresarios más poderosos del país.
Ningún político que se precie desconoce esto y la importancia que tiene el tema en una gestión de gobierno; mucho menos, lo lacerante que puede ser en determinados momentos. Sobre todo si su ámbito de acción es, precisamente, la provincia más rica y poblada del país.
Un hombre como Eduardo Duhalde, de larga militancia en el áspero sur del Gran Buenos Aires -el de las tradicionales islas de Banfield, de Lomas, de Adrogué y Burzaco, de Temperley, verdaderos bolsones de clase media-alta rodeados de fábricas y sindicatos, y de villas con la mayor de las miserias, no puede desconocer la importancia de la seguridad.
Es más, necesita estar empapado del tema. En particular, de los mecanismos para hacerla efectiva.
Duhalde ejerció con habilidad el gobierno de Lomas de Zamora, uno de los partidos más conflictivos del GBA. Conoce el territorio y a sus habitantes lo suficiente como para haberse convertido en su indiscutido líder político por años. Creció en esa geografía de calles inevitablemente destruidas, imposibles de ubicar, ca6ticas; adonde llegaron los asentamientos de las víctimas del modelo neoliberal antes que los countrys amurallados. Acaso por provenir de uno de esos abigarrados nudos comerciales que entrelazan las distintas realidades sociales del conurbano, Duhalde mantiene relaciones de larga data y buen cimiento con la Policía Bonaerense; una virtud fundamental.
y en tiempos de transformación y ajuste como el impuesto por el menemismo -del que Duhalde es un componente tan esencial como Domingo Cavallo, en los que inevitablemente se agudizan las contradicciones sociales (con perdón del setentismo), la Policía pasa de ser un resorte importante para gobernar a convertirse en un arma estratégica. y los Patas Negras, como los bautizaron sus pares de la Federal en despectiva alusión a las botas cortas que alguna vez lucieron en su uniforme, jamás fueron una fuerza fácil de manejar para el poder político. Si un federal no está de acuerdo con una orden, te lo va a discutir hasta la insubordinación; ya vos te queda claro que ese tipo no va a cumplir con lo que le mandaste, sino que va a tratar de que quedes como un idiota. El bonaerense, en cambio, te va a decir siempre “sí, doctor, lo que usted ordene”, de un modo a veces servil; pero cuando diste la vuelta, te clavó un puñal por la espalda -graficó el secretario de un juzgado federal bonaerense.
Con efectivos mal equipados, mal pagados y, sobre todo, mal reclutados y peor instruidos, La Bonaerense convirtió algunas de sus tareas en parte de su sistema de sobrevivencia: capitalistas de juego y comerciantes irregulares trabajan desde hace décadas en sociedad forzada con las comisarías, pagando un canon para seguir existiendo…
Todos los poderes de la sociedad conocen desde siempre esta situación y la consienten, por aquello de la crónica escasez de recursos y de la no menos crónica corruptela del poder político, que siempre supo sacar provecho. Fondos para bolsillos particulares y campañas electorales, complicidad en los propios negocios turbios, mano de obra disponible, son razones de peso.
El lugar de subordinación que ocupa la Policía dentro de los poderes del Estado torna imposible creer en su autonomía delictiva; ésos son, en todo caso, los verdaderos ejemplos aislados. Punteros barriales, concejales, diputados, gobernadores, son sus mandantes o protectores, según cargos y capacidad de acción.
Detrás de todo gran policía corrupto hay siempre un gran político. Hace veinte años, cuando el general Ramón Camps se hizo cargo de La Bonaerense, durante la última dictadura militar, se produjo un “salto cualitativo” en el estado de corrupción policial. Como siempre en estos casos, lo que empieza como “autofinanciamiento operativo” se convierte en operativo de financiamiento personal; sin que una alternativa sea mejor que la otra, aunque sí distintas.
El militar genocida y su temible director de Investigaciones, el comisario Miguel Etchecolatz, convirtieron a la Policía y especialmente a sus brigadas de Investigaciones en máquinas de matar que trabajaban a destajo y cobraban sus horas extra de entre los bienes robados a sus víctimas.
El asesinato y la tortura; el secuestro y su figura anexa, la extorsión; el “botín de guerra”; la rapiña, fueron las prácticas habituales en las cuales se formaron los hombres que hoy conducen la Institución, todos ellos mayores de 40 años. Especialmente los agentes “operativos”, como los llaman en su argot, es decir, los que van al frente de batalla policíaco: la calle.
Los “pozos” de Banfield, Quilmes y Arana, El Vesubio, Coti Martínez, el Puesto Vasco, el Sheraton, La Cacha, fueron algunos de los nombres que los Patas Negras dieron a las dependencias policiales que convirtieron en su propio “Circuito de Campos Clandestinos de Detención, dentro del Area 113″, según reza el Nunca más.
Pero no fueron las únicas: subordinadas al esquema militar de Camps y del siniestro jefe del Cuerpo I del Ejército, Carlos Suárez Mason, en todas las comisarías de sus unidades regionales, en todas sus brigadas se practicaron los mismos métodos criminales.
Aquellos años de terror estatal marcaron a fuego a la Institución: el reglamento por el cual todavía hoy se rige internamente es el mismo que impusiera Camps allá por 1980.
y en 1985 Etchecolatz fue acusado de integrar una célula golpista junto al hijo del ex general y otros terroristas de Estado “desocupados”, La Bonaerense resistió asimismo cada intento por dar de baja al apropiador de hijos de desaparecidos, el médico experto en torturas, Jorge Antonio Vergés.
“La Bonaerense es un nido de víboras imposible de gobernar. Los tipos que se formaron con Camps no conocen otra vida, están cebados. y si los enfrentás, te pudren todo. No hay que olvidarse que ellos pueden llevar el nivel de delincuencia a niveles insoportables. Los militares ya no tienen margen para aventuras golpistas en esta sociedad, pero la Policía le va a plantear más de un desafío a los políticos.”
El comentario, efectuado en una charla informal allá por 1984, pertenece a un comisario del escalafón profesional, con muchos años de trabajo en el edificio de la Calle 2 de La Plata, sede de la Jefatura. El hombre acababa de jubilarse y no era muy optimista en su análisis. El tiempo le dio la razón.”
“La Bonaerense”
