Germen

Cuando la palabra no existía en la tierra, todo eran signos.
Reinaban las leyes del universo, y el hombre, sin entenderlas, se avenía a ellas.
El sosiego, el silencio y las equivalencias destacaban.
Entonces el hombre quiso…
Quiso…
Apareció la palabra.
Irrumpió el arado, las medidas, el tarifario, la espada.
El hombre se hizo poderoso, pero ya no podía convivir con la naturaleza sin torcerla.
La consonancia se interrumpió.
La palabra copuló con el silencio, la desazón con el sosiego, lo dispar con la probidad.
El silabario se bifurcó.
Hoy, el hombre reemprende la búsqueda de lo perdido allá lejos.
El silencio, las señales, la alegoría, el sino.
Allá lejos, la imagen acústica del laconismo.
No hubo nunca otra cosa que balbuceos… representando el germen.


¡La palabra! ¡Materia prima de la literatura!
¡Juan Disante! ¡Qué sorpresa! Una vez comencé un taller literario en la Quinta Trabucco de Florida, allí lo conocí, persona interesante. En esa ocasión escribíamos cuentos breves sobre gatos, no me lo olvido, ya imagino un ejército de felinos iniciando una marcha por la Panamericana. En esa oportunidad, desplegando la imaginación del grupo, dijimos cosas como esas y más raras e ingeniosas.
Bien, yo sigo aficionada a la escritura, buscando las palabras, cortándolas, mimándolas, cercándolas, limándolas, llamándolas y ordenándolas.
Sería todo un honor para mí que el profe Juan Disante pasara por mi blog.
Yo aprovecho la oportunidad para desearle un 2010 fecundo de letras.