Marat – Sade
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En el teatro Gral. San Martín de
Y la recomiendo.
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Se desarrolla dentro del Hospicio de Charenton, en el París de 1808, simbolizando a la alienación como fenómeno constitutivo del sistema mercantilista.
Los supuestos “locos” se rebelan y dicen grandes verdades, pero son duramente reprimidos. Cuando alguno dice: “¿Qué más quieren los dueños del trigo? Sólo queremos comer”, es llevado inmediatamente bajo la ducha fría para someterlo. La demencia y la razón surgen como dos estados inseparables de aquel momento post-revolucionario. Se presenta la chifladura, no sólo como madre de todas las pasiones, sino a las instituciones psiquiátricas como verdaderos mecanismos de control social.
Y se presenta el criterio de racionalidad como una verdadera “razón de estado” que todo lo justifica.
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El fondo de la obra trata del debate entre dos concepciones enfrentadas del análisis social y político de la época posterior a la toma de
En el manicomio, Marat, líder de las masas populares, reposa dentro de una bañera con agua, como forma de contrarrestar la espantosa picazón que invade su cuerpo, desarreglo a todas luces auto-inmune y psicosomático. Proclama: “Los fracasos no nos obligan a abandonar la lucha; aún equivocada la lucha es vital” `[…] “Más que de libertades, debemos hablar de desigualdades.” […] “El Clero dice que no le demos importancia al sufrimiento en la tierra, que el reino feliz de los cielos está más allá. Pero nos cobra onerosos impuestos acá.”
De Sade, vestido de impecable traje blanco y con zapatos de altos tacones, le contesta: “El pescador desea la revolución porque no obtiene pica. El hambriento pide una “baguette” todos los días . El que tiene un zapato chico desea una horma más cómoda. La población quiere pequeñas mejoras. Pero, como la revolución no puede ofrecerle esas minucias, la abandonan”. […] “La revolución se vuelve falsa cuando se transforma en terror”. […] “Retírate de la ideología e incorpórate al mundo real”.
Sade sale de la prisión de
La discusión entre los dos cobra la forma de un debate entre el ideal revolucionario que sostiene Marat contra viento y marea y la libertad individual que persigue Sade.
Marat es autonomía; Robespierre, institución; Dantón es pura pasión; de Sade ideólogo del hedonismo libertario. Saint Just, leal antitermidoriano. En Marat no se trata solamente de Libertad, sino de un crecimiento antropológico y colectivo que provoque acumulación de deseos, necesidades, voluntades. Es esencialmente solidario, cooperativo y materialista.
Marat tiene el apoyo popular, pero prontamente sus seguidores lo abandonan para ir tras la mística defensiva de la patria francesa. Se consolida la revolución de los artesanos y comerciantes, pero los obreros no aparecen organizados y con la firmeza sostenida en
El proceso termina tragándose a todos los hijos de la revolución: Robespierre guillotina a Dantón, luego le toca el turno al primero y a Saint Just; finalmente, Charlotte Cordey, figura destacada de la alta sociedad parisina, termina asesinando a Marat en su propia bañera.
La burguesía termina asustada de los mismos espíritus que ella misma liberó.
Teniendo bien presente que en
“La incipiente clase obrera encabezaba las luchas para conquistar sólo el terreno y las mejores condiciones para su propia emancipación, pero no, ni mucho menos, la emancipación misma” (1).
Pero paulatinamente las banderas transformadoras van cayendo, y se termina consolidando la revolución burguesa y liberal con el definitivo apoyo popular y campesino.
En 1794 se prohíbe la organización gremial de los trabajadores.
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No se la pierdan. El entusiasmo que transmite la obra “Marat-Sade” es un aire de rescate –si bien sesentista– de
¿Quién puede decir dónde estamos hoy parados?
Experimentados banqueros y doctores de Harvard, desde un barrio de diez manzanas a la redonda, llamado Wall Street, han arrastrado al mundo actual a una catástrofe cuya escala y duración aún no visualizamos.
Todo el mundo observa, espera, se miran entre sí.
Por eso, es magnífico que una obra teatral, en menos de dos horas, nos recuerde que siempre existirán algunos, los Marat, que defiendan una sabiduría tan antigua y permanente como la noción de equidad.
Sobre el fracaso, al final de la obra, desde lo alto del escenario, comienzan a descender enormes barrotes que configuran los que rodean a una cárcel. Dentro de ellos quedan todos encerrados: los internados, los custodios, los funcionarios oficiales, las monjas, los políticos, los represores, los médicos, los empresarios, los trabajadores. Es decir, toda la sociedad. Cautiva. El único que queda fuera de las rejas, y del lado del público, es el revulsivo escéptico Marqués de Sade (Lorenzo Quinteros), que observa la escena… espera… nos mira…
La apariencia incorpórea de la década del sesenta, siempre puede volver.
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(1) “El 18 Brumario de Napoleón Bonaparte”. Carlos Marx.
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Juan Disante
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Recibi tu Blog recien vuelvo de Carmen de Patagones
me encanto y te felicito
Disante sos actor ,artista plástico y cuanto mas talento se necesita para
lograr ser …en un mundo tan dispar …
Desde Montserrat “El duende la luna y yo ”
Te deseamos muchos exitos …
Nilda