Archivo para la categoría ‘General’
Mayo 13, 2012 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente
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Procesión en Lima
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Celebración eucarística en vicaría de Nuestra Señora de Fátima, el 13 de mayo
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Continuación de festejos de la Virgen de Luján, Patrona de la diócesis
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En Baradero, llegada de la procesión con la imagen de la Virgen de Luján
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La imagen de Nuestra Señora de Fátima a la entrada de la vicaría del Bajo de Zárate
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La Virgen de Luján también fue honrada en la ciudad de Baradero
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Lima tiene como característica el Paraná de las Palmas
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Placa de homenaje a Justa Lima de Atucha fundadora de la iglesia de Zárate
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Procesión de San Isidro Labrador en Lima (Partido de Zárate)
Luego de las Fiestas patronales diocesanas (celebradas el sábado 5 de mayo por la tarde en Zárate) y las Jornadas de Pastoral en preparación a la “Misión Joven” que tendrá lugar en dicha ciudad en octubre, prosiguieron las celebraciones de la Virgen de Luján los días subsiguientes. En Baradero la parroquia de Nuestra Señora de Luján data de 1957, cuando esa región pertenecía aún a la diócesis de San Nicolás. La feligresía parroquial es notable, participativa y fervorosa, siendo así que para las fiestas patronales siempre acude muy numerosa. Nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga concurrió el domingo 7 por la mañana y celebró la Santa Misa junto con el pastor propio de esa comunidad, Pbro. Rubén Darío y algunos sacerdotes, con la participación del Diácono adscripto Rev. Carlos Rosselló y los seminaristas diocesanos Nicolás Amendolara y Martín Gallo Los niños de catequesis concurrieron en gran número junto con sus familias. Al término de la celebración eucarística se inició una procesión por las calles de la zona parroquial, con meditaciones bíblicas y cantos.
Barrio “Villa Massoni” en Zárate (Parroquia de Nuestra Señora de Luján)
El martes 8 por la tarde se celebró uno de los días más importantes para toda la comunidad parroquial del populoso barrio de Villa Massoni, la fiesta patronal de la Virgen de Luján. Por la tarde el cura párroco, Mons. Osvaldo Montferrand, ya fue colocando los banderines en el atrio, y días antes el pasacalle a la entrada de la parroquia, de modo tal que fue configurándose la preparación para una fiesta patronal diferente, más participativa, de la cual todos los vecinos participaron convocados por la Virgen, a pesar de ser un día martes por la tarde. Cerca de las 18:45 fue acercándose el grueso de los fieles que completó todo el templo. A las 19 comenzó la celebración de la misa, que presidió Mons. Oscar Sarlinga, nuestro Obispo diocesano, con la concelebración del cura párroco, Mons. Osvaldo Montferrand y el sacerdote salesiano Carlos Barbero. Como no podía ser de otra manera, la entrada de la imagen de la Virgen fue emocionante, llevada en andas por chicos vestidos de paisanos. Luego la colocaron en el altar y ellos presenciaron toda la misa allí, sentados a un costado con total atención. El resto de los fieles se ubicó en los bancos, con capacidad para doscientas personas, y más del doble de esta cantidad la tuvo que presenciar de pie, dada la multitud de gente que desbordó el amplio y espacioso lugar, demostrando, una vez más, su devoción por la Virgen. Claro que no terminó todo allí, a la salida de la misa, todos los presentes fueron sorprendidos por colaboradores de la parroquia que los convidaban con gaseosa y los populares “choripanes”, de modo tal que se hizo una feliz fiesta. “Normalmente los eventos y las fiestas tienen un fin utilitario de acuerdo a la sociedad utilitaria en la que vivimos. Están hechos para algo. Pero el espíritu de estas festividades fue otro, fue el de compartir, el de reunirse. Quisimos adoptar esta nueva cultura que ya no es la del interés sino la de la unión, en donde no importa qué es lo que hay para comer sino lo que se comparte”, comentó el cura párroco Osvaldo Montferrand. “Claro que tuvimos obstáculos, uno era este, el fin utilitario que muchas veces se les otorga a las cosas y, por otro lado, eso que muchos creen, que una fiesta en la iglesia es triste, seria y solemne. Por eso tomamos a la fiesta de la Virgen como una posibilidad para compartir, brindar sin interés. Entonces no fue la misa únicamente sino también la fiesta, el hecho de reunirnos y compartir”, agregó Mont-ferrand. El obispo y los sacerdotes permanecieron en el festejo popular hasta el final, cerca de las 21.30. Mons. Montferrand dijo al diario “La voz de Zárate” que:“El próximo 30 de mayo y hasta el 3 de junio se realizará el VII Encuentro Mundial de las Familias en Milán bajo el lema el Trabajo, la Familia y la Fiesta y es muy acertado este mensaje que dio el obispo, porque sin trabajo no hay familia, y en la familia es en donde se comparte, en donde hay fiesta. Allí no se hace negocio, no se intenta ganar dinero sino que es para gastar todo lo que se ganó en el trabajo. La familia es para compartir, no es algo utilitario. Por este motivo se perdió el domingo como el Día del Señor, donde estaba prohibido el trabajo para estar en comunidad, festejar y compartir. Este es el espíritu que queríamos recuperar en estas fiestas patronales; y salió todo bien porque la fiesta la hicimos entre todos, todos colaboramos para que salga bien convocados por la virgen”, destacó el cura párroco de Nuestra Señora de Luján”.
Es digno de notar que a la Misa y festejos posteriores concurrió gente de distintas zonas del populoso barrio, incluso de los “asentamientos” cercanos, con integración y alegría, lo cual manifiesta una pastoral de conjunto e integrativa en la parroquia.
Véase al respecto: http://www.diariolavozdezarate.com/
LIMA (Partido de Zárate)
El día sábado 12 tuvo lugar la festividad (trasladada) de San Isidro Labrador, patrono de Lima, en el partido de Zárate. La localidad (o pequeña ciudad) conocida por ser un centro al que acuden numerosos trabajadores de todo el país, tiene una notable historia, y un templo parroquial más que centenario. La localidad fue fundada a raíz de la disposición de Justa Lima de Atucha, quien también donó la iglesia matriz de Ntra. Sra. del Carmen, en la misma ciudad de Zárate. El Obispo Mons. Oscar Sarlinga presidió la celebración eucarística, concelebrada por el cura párroco, Pbro. Hernán Chávez, en un templo colmado, con muchos niños de catequesis y sus familias, también jóvenes, y agricultores, que acudieron a venerar a su patrono, San Isidro. Asistieron los seminaristas Jerónimo Martínez y Nicolás Amendolara. Al término de la misa se dio una bendición especial a “las fuerzas vivas” de la comunidad, allí representadas. A continuación la imagen del Santo fue transportada por miembros de la Gendarmería nacional, mientras el gentío junto con el clero y los seminaristas hicieron la procesión alrededor de la plaza central, hasta converger de nuevo junto al atrio del templo, donde Mons. Oscar Sarlinga impartió la bendición con el relicario que contiene una reliquia insigne del Santo Patrono. Luego saludaron al Obispo todos los niños de catequesis, sin excepción, y las familias.
En el llamado “BAJO DE ZÁRATE” la festividad de Nuestra Señora de Fátima, en la vicaría del mismo nombre.
En el tradicional barrio del “Bajo de Zárate”, uno de los símbolos de la ciudad, se encuentra la vicaría de Nuestra Señora de Fátima, cuyo responsable pastoral es el Pbro. Eduardo Mussato. La comunidad ha recibido tres misiones de jóvenes, habiendo sido la última de las cuales la misión juvenil del movimiento de Santa María de la Estrella, en enero de este año 2012. También el templo festejó recientemente su quincuagésimo aniversario.
Allí concurre también nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga el día domingo 13, en la fiesta de la Virgen, para honrarla y celebrar la eucaristía, con la concelebración de Mons. Ariel Pérez y el Pbro. Eduardo Mussato. Al término de la Misa tiene lugar la procesión en la zona ribereña del Paraná.
Mayo 5, 2012 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente
Puede leerse éste articulo en
http://www.obispadozaratecampana.org/
http://padrenuestro.net/
El día sábado 28 de abril fue consagrado el altar y dedicada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, y bendecido el convento de las hermanas del Instituto “Mater Dei” en la localidad de Ingeniero Maschwitz (partido de Escobar), ubicados en predio contiguo al campo de deportes perteneciente al Colegio “San Pablo” (de Buenos Aires), sobre calle que da a uno de los barrios populares de la periferia de dicha población, con lo cual las hermanas continuarán con la misión en dicha zona, habiéndola comenzado desde su establecimiento en la casa que oportunamente prestara el mencionado colegio.
Presidió las celebraciones el Obispo diocesano de Zárate-Campana, Mons. Oscar Sarlinga, y participaron asimismo los Obispos Mons. Martínez (obispo de San Luis, sede principal del instituto de derecho diocesano), Mons. Taussig (obispo de San Rafael), Mons. Lona (obispo emérito de San Luis) y Mons. Basseotto. Decenas de sacerdotes concelebraron, y asimismo asistieron muy numerosos religiosos y religiosas de institutos presentes en la diócesis, diáconos permanentes, seminaristas y muchos fieles laicos, en especial familias. La superiora local, Hna. Julia Conreggia junto con la Madre general realizaron las invitaciones, que tuvieron amplio eco en la diócesis, incluyendo a los barrios de los alrededores del convento.
El Instituto Mater Dei es una Congregación de Derecho Diocesano fundado por la Madre María de Jesús Becerra en 1977, en San Luis (Argentina). El fin específico del Instituto es “la caridad de la verdad, participando así de la misión misma del Verbo que se encarnó ante todo para revelar la Verdad, formando catequistas y jóvenes universitarios”, con el lema inspirador: “Contemplar y dar a los otros lo contemplado”.
La Santa Misa es el centro y el culmen de la vida diaria de las Hermanas, preparada y continuada en el Oficio Divino (conservándose en lo posible el latín). Y es que “la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo, la fuente de donde manatoda su fuerza”. Con esmero y fidelidad al espíritu de la Iglesia, cuidan la dignidad y la belleza de la Liturgia. De acuerdo conel Concilio Vaticano II, que insistió en la necesidad de tener siempre a Santo Tomás de Aquino como maestro y doctor, el Instituto le tiene como protector especial, “el más sabio de los Santos y el más Santo de los sabios”, ya que a la luz y sobre la base de supensamiento perenne se puede realizar un gran aporte a la formación para la evangelización. En razón de la eucaristía y la catequesis, el Papa San Pío X es el segundo protector del Instituto.
Su misión apostólica se realiza con la colaboración y coordinaciónde la catequesis parroquial; la preparación y publicación de catecismos y otrostextos formativos; la creación y dirección de colegios universitarios femeninos; la difusión de los contenidos de la fe a través de los medios decomunicación social; la promoción de la dignidad y el esplendor del culto en las celebraciones litúrgicas; la formaciónde organistas y scholae cantorum.
El Instituto está presente en Argentina (cuatroconventos) y Chile. Muy próximamente se abrirá una nueva casa religiosa en Canadá.
Abril 21, 2012 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente
Mons. Sarlinga: “Somos instrumentos de la evangelización”
Véase la noticia en: http://www.aica.org/

Belén de Escobar (Buenos Aires), 18 Abr.
Mons. Oscar Sarlinga presidió la multitudinaria celebración de la Divina Misericordia
El obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga presidió la multitudinaria celebración del domingo de la Divina Misericordia en la parroquia Jesús Misericordioso, de la localidad de Garín, partido de Escobar. En su homilía, el prelado manifestó que la aparición y el mensaje de Jesús Misericordioso se encuentran en la línea de las “apariciones históricas del Resucitado”. Monseñor Sarlinga marcó la diferencia antropológica entre el “temperamento” y el “carácter” y dijo que este último “puede ser siempre mejor forjado en nosotros, con la ayuda de la gracia y el esfuerzo, en una ascesis que nos purifique, y que haga que disminuya o desaparezca en nuestro carácter, la dimensión enojosa, prepotente u opresiva, y se deje transformar por la fortaleza y la mansedumbre, a fin de ser causa de alegría y de acción de gracias para los demás, causa de crecimiento en todo lo bueno y positivo”. “Una renovación y transformación del corazón, lejos de quedar como fijas en lo personal, se proyectan a la dimensión social del ser humano”, aseguró y agregó que “toda reforma para bien de un cuerpo social tiene como origen la reforma interior a la que estamos llamados como creyentes”. El pastor también se refirió al empeño del beato Juan Pablo II y de Benedicto XVI por la nueva evangelización y lo relacionó con los desafíos para este Tercer milenio, recordando que “somos instrumentos, cada uno según su vocación y elección, de la evangelización, y el gran protagonista de ésta es el Espíritu Santo, hemos de ser dóciles a él, escucharlo, escucharnos, sobrellevarnos, amarnos, y derribar todo muro de enemistad”. El obispo le pidió a Nuestra Señora de Luján que “asista a sus hijos en las pruebas cotidianas y que, gracias al empeño de todos, las tinieblas no prevalezcan sobre la luz”. Al término de la misa se llevaron a cabo distintos números folklóricos, que fueron interpretados por agrupaciones de jóvenes creadas recientemente, del partido de Escobar.+
Abril 6, 2012 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente

La Mano dell'Onnipotente. Mosaico Absidiale, sec. XIII Basilica San Clemente
Queridos hermanos y hermanas. Feliz y Santa Pascua del Señor Jesús.
La diestra del Señor es poderosa
Los invito, en este santísimo día, a renovar nuestra fe y nuestra esperanza, y a clamar con la “casa de Israel” que la misericordia de Dios es eterna, pues: /… “la diestra del Señor es poderosa,la diestra del Señor es excelsa,la diestra del Señor es poderosa”. (Sal 117 [118],1-2.16).Hoy, en este bendecido día, admiramos cómo la Mano del Señor levantó a Jesús (Cf Hch 13:29-343) y levanta a todos los que fundan su esperanza en la misericordia divina. Nos admiramos de los mirabilia de Pascua, cosas admirables, de Dios,ya preparadas por Él en los misterios de la Encarnación y del nacimiento virginal[1].
Vano sería buscar a Jesús entre los muertos, pues él es Dios de vivientes y no de muertos (Cf Mt 20,38), pues Cristo y el Padre “son uno” (en el sentido de Jn 10:30) y porque el mismo Jesús dio su vida sin que se la quitara nadie (Cf Jn 10:17-18: 17) conforme al designio del Padre, quien al alba de la noche de la vigilia develó la fuerza de su brazo, de su diestra[2]. Inútil buscar en el sepulcro (Cf Lc 24,5-6): Cristo es el Presente, el Emmanuel, y lo es para quienes lo buscan con sincero corazón.
Él nos amó primero, y después de haber amado a “los suyos” que estaban en el mundo, a los que “amó hasta el fin” (Cf Jn 13,1),el ápice sacrificial despuntó visiblemente “en el día que hizo el Señor” (Cf Sal 117 [118], 24), cuando cobró pleno sentido la prefigura del paso de Israel por el Mar Rojo y el signo de las aguas embravecidas que se tragaron a las fuerzas del Faraón, lo cual representaba la opresión del pecado y la invadente tristeza causada por la obstinada maldad y el miedo infligido. El miedo, en cuanto a él, rodó fuera de modo definitivo con la piedra que cubría el sepulcro (Cf Mc 16, 3-8). Así “surgió”, “pasó” triunfante el Señor, vencedor de la muerte y del pecado.
La conmovedora figura pascual, cuando Israel salió de Egipto nos prefigura con potencia la visión de la Mano poderosa de Dios, que salvó a los primogénitos de Israel (Cf Ex 12:27), que diezmó a los egipcios, y salvó las gentes y las casas de los suyos (Cf Ex 12.2-27) en la medianoche del catorce al quince de Nisán. La vara de Moisés actuó, y Dios envió a su pueblo la columna de nube, la cual devenía tanto luz como obscuridad. En efecto, iluminaba al pueblo del Señor, pero llenaba de obscuridad a los perseguidores, quienes se obstinaron. El mar los tragó. El pueblo del Señor lo vio, y creyó (Cf Ex. 14:31).
Ante tal paradigma, consideremos que la Pascua cristiana es el “Paso” por excelencia,gran acontecimiento, pues Jesús:“(…) ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 6) y esto fue hecho por Mano divina, en la historia de los hombres, pero a la vez de modo enteramente meta-histórico, trascendente, victorioso, fuera de lo mítico:“(…) no es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que al atardecer del Viernes fue descendido de la cruz y sepultado, ha dejado victorioso la tumba” nos explicaba el Papa Benedicto XVI[3].
Acontecimiento único e irrepetible que lo es puessigue al “ser” divino; fue hecho por El que es, para El que dijo: “Yo soy el Alfa y la Omega (…) El que es, el que era y el que viene, el Omnipotente” (Cf Ap 1,8). Considerando esto, en cierto sentido, del último libro del “canon” de la Sagrada Escritura nos viene un principio vital y moviente de la nueva evangelización.
Caminar en una vida nueva
Los grandes Testigos, como San Pablo, nos dicen que Jesús resucitó de entre los muertos por medio de la “gloria” del Padre, para que así también nosotros podamos “(…) caminar en una vida nueva” (Rm 6,4). El hombre nuevo camina en una vida nueva.
En ese caminar, Jesús nos precede para liberarnos de toda esclavitud, del miedo y del sinsentido, y encolumnar su luz en nuestra vida, cual renovada y recreada columna de nube en el Pésaj: nos precede en Galilea (Cf Mc 16,6s), nos da Él “antes” el don de la fe para salvación nuestra y de todos aquellos de la familia humana que acepten el Don (Cf Hch. 16,30s) del día pascual.
Cercanos al comienzo del “Año de la Fe” pedimos que en su precedencia, el Señor aumente nuestra fe como lo hizo en sus primeros testimonios acerca del sepulcro vacío(Cf. Mt 28,1; Mc 16,2; Jn 20,1) yen sus primeras apariciones históricas a los apóstoles y discípulos(Cf. Lc 24,34-36; Jn 20,19).
Reengendrados en la libertad por una esperanza viva
Hombre nuevo y pueblo nuevo son reengendrados. El Pueblo de Dios es todo él «reengendrado a una viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1P 1, 3). Animados por la respuesta libre de Jesús, la de entregarse (“Tengo el poder de entregar mi vida…”:Jn 10, 18c) hemos de vivir nosotros también con plena libertad, esa libertad que es el “(…) don de uno mismo en el servicio a Dios y a los hermanos”[4].
Los invito también hoy a ser agradecidos, porque todo lo debemos al Amor de Aquél que nos ama (Cf Ap 1,5), nos unge en su Iglesia, con la libertad de la fe en Cristo resucitado. Su gracia produce en nosotros, si le damos acogida, una transformación verdadera, esto es, los frutos nuevos en nuestra vida, los cuales anhelo para todos ustedes en esta Pascua.
Un espléndido fruto nuevo de metánoiapascual sería el osar, el “atreverse a amar” con mayor fuerza a los hermanos, tal como aparece a modo de clave comprehensivaen la carta del Apóstol Pedro: «Fraternitatem diligite», quieran ser hermanos, sean como hermanos (Cf 1 Petr. 2, 17). ¿Ideal a seguir?. Lo es, aunque no a modo demero ideario ético ni de idealismo filosófico o filantrópico. Más bien adquiere realismo por vía de animación espiritual, porque desea fraternidad quien está animado por la llama del Espíritu Santo (incluso cuando quien, sin culpa de su parte, no lo sabe). A esa fraternidad, tan anhelada, tan proclamada puede colaborar a efectuarla quien deja entrar en su vida la infinita «novedad» pascual. Es el aporte humilde y sincero que podemos ofrecer al mundo de hoy, donde tantas heridas se ven. Sin creernos más, sino como servidores.
Pascua es también suprema Justicia, desde Dios. Anhelamos justicia, es necesaria. La meramente humana, sin embargo, nos deja insatisfechos. La Justicia „que mira desde el Cielo” (Cf Sal.85) es infinitamente superior a cualquiera otra, en especial a lavindicación. En aras de la anhelada fraternidad misericordiosa, el renovado „mirar” de nuestra parte, más bien con la Justicia del Cielo, a los hermanos, constituirá un gran signo de reconciliación y de fraterna „mano extendida” aunque para ello tengamos que „morir” no pocoa nosotros mismos (admiramos a los mártires, pero ¿aceptamos „morir” incluso en este sentido?.). Morir para vivir,constituirá también el asumir el „camino nuevo” sentido existencial-martirial-virtuoso verdadero.
La Pascua nos ofrece renovadas fuerzas para colaborar con Jesús nuestro Hermano a construir familia, comunidad, sociedad, civilización del Amor, con su Gracia, „(…) con los ácimos de la pureza y la verdad” (Cf 1 Cor 5, 8).
Nos acompañela Virgen Madre de Dios, en este camino nuevo.a modo de una luminosa Columna de nube; María, la que padeció junto a la Cruz pascual, la que vio al Resucitado, Levantado por la Mano paterna, glorioso en su Pascua; María, la que reina junto a su Hijo por la eternidad, la Madre de la Iglesia.
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[1]Cf. San Gregorio Magno, Hom. 26 in Ev.
[2]Cf JUAN PABLO II, Homilía de Su Santidad en la Santa Misa Crismal, Jueves Santo, Basílica de San Pedro, 8 de abril de 1982.
[3]Benedicto XVI, Mensaje pascual desde la balconada de la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano, Domingo 12 de abril de 2009.
[4]Juan Pablo II, Enc. Veritatissplendor, n. 87.
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Abril 5, 2012 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente
EN EL ITINERARIO DE LA PASCUA TODOS NECESITAMOS DE LA PURIFICACIÓN PARA VIVIR “LA HORA DE DIOS”
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| Aspersión de los ramos en atrio iglesia catedral |
El domingo de Ramos la iglesia catedral de Santa Florentina contó con la presencia de muy numerosos fieles, quienes desde las aceras circunstantes hasta las esquinas y cubriendo todo el atrio vecino al templo aguardaban la llegada del Obispo y los sacerdotes, junto con los diáconos y seminaristas. Acompañaron a Mons. Oscar Sarlinga el cura párroco, Pbro. Hugo Lovatto, el provicario, Mons. Santiago Herrera, y los diáconos permanentes Ricardo Dib, Pedro Bruno y Sergio Pandiani, junto con los seminaristas que realizan la pastoral de fin de semana en la parroquia, sin olvidar al numeroso grupo de monaguillos parroquiales. Muchas familias con niños asistieron a la celebración, y el obispo hizo alusión a ello en la homilía, en la que dijo que “en el itinerario a la Pascua, todos necesitamos de la purificación para vivir “la hora de Dios”.
HOMILÍA DEL DOMINGO DE RAMOS
En el itinerario a la Pascua, todos necesitamos de la purificación para vivir la “hora de Dios”
Queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, hermanos y hermanas, queridos niños, que han venido tan numerosos para este Domingo de Ramos:
Aclamemos hoy a nuestro Señor, como lo hicieron los niños hebreos que acudieron aclamando al Señor, con inmenso cariño, con amor: ¡Bendito el que viene!. ¡Cómo habrá prevalecido el clamor de los niños y de los puros de corazón, sobre el rumor de la muchedumbre, sobre la ira de quienes odiaban a Jesús, como habrá prevalecido ese día el clamor del Osanna al nuevo Hijo de David (Cf Mt. 21, 15).Revivamos hoy ese Misterio, en y desde la fe.
Predomina el colorido, lo festivo, los ramos que se levantan cual signo de ovación. Observemos, sin embargo, que el vistoso color rojo vivo de los ornamentos, más que el color de los reyes o de los emperadores, es el color con que revistieron a Jesús con el “manto real” para burlarse de Él, “el Rey” que reinaría desde la ignominia de una Cruz. Por eso también le ciñieron la cabeza con la corona “real” de espinas y le dieron como cetro la caña. Tuvo que ser Pilato, juez inicuo, quien sin embargo hiciera dejar el “título” sobre la Cruz, que lo reconocía “Rey”. Pero de ese lugar de ignominia, y de Misericordia infinita derramada, vino el triunfo total, el de la Resurrección, el de la Ascensión, el del Envío del Espíritu Santo en Pentecostés, que inauguró el “tiempo de la Iglesia”. Por eso este rojo vivo es el color litúrgico del Descenso del Espíritu, y el color del martirio, del supremo testimonio de ese Amor inmenso.
Y Jesús, ¿qué veía en el Domingo de los Ramos?. Pensemos entonces que en este día en que se jugaban los destinos de la redención, más que la gloria de la aclamación, Jesús veía su entrega para la redención. Jesús, el Maestro, sabio, misericordioso, peregrinante en la Palestina de entonces, que obró milagros, tuvo en su misma entrada triunfal la conciencia de ser el Salvador prometido y a la vez la conciencia de la Cruz.
Nosotros, para “ver” este misterio, hemos de hacernos como niños. Sí, en especial los niños del pueblo hebreo agitaban ramos, de olivo, de palma, en señal de fiesta, porque son los niños quienes tienen un corazón más puro, y por ello, en un sentido, “ven más”, “aceptan más”, dan un homenaje más amoroso y sentido. Es por ello que el Señor nos ha exhortado a “hacernos como niños”, en sentido de purificar nuestro corazón, como en este día en que nos pide “verlo” en el Domingo de Ramos o de Pasión, más que como un “espectáculo religioso” (lo cual se convertiría más bien en una espectacular repetición en el calendario litúrgico), como una reactualización vivida, por obra del Espíritu, de ese Misterio del Señor. Y esto al punto que cada uno de nosotros aquí presentes nos hacemos partícipes, como nuevo Pueblo de Dios, proclamando a Jesús, “Mesías”, el Cristo, nuestro Salvador.
Que este acto litúrgico reavive nuestra fe, nuestra esperanza, anime nuestra caridad, y renueve nuestra vida, haciéndonos “nuevas creaturas”. Nuestra fe, primero, cual “virtud-puerta”, tanto más en las cercanías de la apertura del “Año de la Fe” por el Santo Padre. Creemos en Dios, creemos en Cristo, su Hijo. Creemos en el Espíritu Santo. Le creemos a Jesús, como las almas piadosas luego de la resurrección de Lázaro, le creemos, en su ingreso triunfal y humilde como Mesías en Jerusalén. Creemos en Él, siendo «signo de contradicción» (Luc. 2, 34). Creemos en Él, pues su gloriosa Resurrección cambió para siempre los destinos del mundo y de la humanidad.
Será la ocasión de profundizar también nosotros hoy esa conciencia, de querer crecer en nuestra voluntad en ser heraldos, mensajeros del Mesías, de su Reino de alegría, paz, gozo en el Espíritu, de profundizar la conciencia de estar viviendo “la hora” de Dios, en la que se cumplieron las profecías de la venida del Príncipe de la paz (Cf Is. 9,6) en su triunfo incontenible y en su entrega total (Cf Lc 19,39-40).
Nos ayudará para esto, a vivir el camino a la Pascua (la litúrgica, y el camino a la Pascua eterna) la reconciliación. La interior, la profunda, que nos mueva al sacramento de la reconciliación, es decir, a la confesión, pues la necesitamos. En el itinerario a la Pascua todos necesitamos de la purificación para vivir la “hora de Dios”.
María, nuestra Madre, la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, quien nunca nos abandona, nos guíe de la mano en este camino hacia la luz pascual.
+Oscar Sarlinga
Domingo de Ramos 2012
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Marzo 26, 2012 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente
Campana, 24 de marzo.
Como todos los años, con distintas conferencias, actos y celebraciones en las parroquias de la diócesis y en distintos lugares del Obispado se celebra este año la Jornada del Niño por Nacer. El acto central tuvo lugar hoy en Belén de Escobar, con acto en el colegio “Santa María” del Obispado, y luego con la celebración de la Santa Misa a las 17, en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, que presidió nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga y fue concelebrada por varios sacerdotes, entre los cuales el asesor de la Legión de María, Pbro. Dr. Nestor Villa. Este año se ha convocado en especial a la Legión de María, que tiene su ACIES, a los jóvenes y a los misioneros, con una especial perspectiva de la convocatoria del Año de la Fe, que la diócesis abrirá el 13 de octubre, en consonancia con la apertura de dicho Año en Roma por S.S. Benedicto XVI, el 11 del mismo mes.
Así mismo, junto con actos y celebraciones en otras parroquias (como Nuestra Señora del Carmen, de Zárate, por ejemplo) la parroquia Exaltación de la Cruz, de Capilla del Señor, ha organizado la bendición de embarazadas, habiendo antes presentando un video con los padres de la catequesis, por la vida, y también por la tarde del domingo el P. Fernando Fusari, prefecto de la vida común del Seminario, predicará el retiro de cuaresma, concluyendo con bendición de embarazadas. Además ha organizado la colecta solidaria para el Seminario diocesano. También será celebrada por Mons. Santiago, rector del seminario, que participará acompañado de algunos seminaristas.
Ofrecemos primero un resumen del mensaje del Sr. Obispo y luego su texto integral:
Resumen del mensaje
Mons. Oscar Sarlinga transmitió un mensaje a la diócesis, en el que exhorta a los fieles a vivir el sentdio de dicha Jornada, comenzando por atraer la atención acerca de que lo plenamente humano, que se refiere a la dignidad de la vida humana naciente posee a la vez una dimensión en la cual dicha plena dignidad de la vida humana resplandece en lo cristiano, pues Él, el Hijo de María, el Hijo del Altísimo, es nuestro Hermano Mayor, nuestro Guía y también “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos. Dijo luego el Obispo que dicha Jornada, la cual en diversas naciones, por disposición de las Conferencias Episcopales, y en nuestro país también a norma de ley, se celebra, siendo en última instancia la Jornada de la dignidad humana, si consideramos la visión complexiva ue nos transmite el Concilio Vaticano II en su constitución Gaudium et spes, a saber, que «es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar (…) el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad (G.S. n. 3) -dijo- .
Al mismo tiempo, afirmó que “ser persona es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. Por ello lo es desde el primer instante de su existencia”. A continuación acotó que puesto que “es más fácil “decir” que “ponerse al servicio” (aunque siempre la palabra esclareciente es también un servicio)” piensa que las presentes circunstancias pueden servirnos a los cristianos todos, y tantísimas personas de visión trascendente, para un profundizado examen de conciencia acerca de nuestro compromiso, de nuestra acción al respecto. Mencionó que el Beato Juan Pablo II en los inicios de su pontificado, y citó aquí un párrafo de la Enc. Redemptor hominis, de 1979: “Es acerca del primordial derecho a la vida que, en el alba de este tercer milenio, la entera sociedad encuentra el deber de realizar el examen de consciencia, no para cargar fardos sobre los hombros de otros, ni para provocar agravios de pena a quien ha sido ya probado, sino por el deber que tiene, en bien de sí misma, de mirar hacia adelante en dirección al futuro. Entre los signos de “caducidad” de nuestro tiempo, el cual ha progresado, pero que se halla necesitado de redención, cito la «deficiens reverentia erga vitam nondum natorum» (falta de respeto hacia la vida de los todavía no nacidos).
Luego de hacer alusión a palabras del Papa Benedicto XVi con oportunidad de la anterior Vigilia de la vida humana naciente que convocó para toda la Iglesia, hizo referencia a algunos elementos naturales e incluso de índole científica a los cuales aludió el Pontífice, y a continuación reafirmó el prelado la necesidad de un compromiso de todos por el cuidado de la vida del niño por nacer, y, a continuación, del niño en sus años de infancia y de su juventud, pues marca la pauta de calidad relacional en la sociedad humana.
Mons. Oscar Sarlinga transmitió un mensaje a la diócesis, en el que exhorta a los fieles a vivir el sentdio de dicha Jornada, comenzando por atraer la atención acerca de que lo plenamente humano, que se refiere a la dignidad de la vida humana naciente posee a la vez una dimensión en la cual dicha plena dignidad de la vida humana resplandece en lo cristiano, pues Él, el Hijo de María, el Hijo del Altísimo, es nuestro Hermano Mayor, nuestro Guía y también “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos. Dijo luego el Obispo que dicha Jornada, la cual en diversas naciones, por disposición de las Conferencias Episcopales, y en nuestro país también a norma de ley, se celebra, siendo en última instancia la Jornada de la dignidad humana, si consideramos la visión complexiva ue nos transmite el Concilio Vaticano II en su constitución Gaudium et spes, a saber, que «es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar (…) el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad (G.S. n. 3) -dijo- .
Al mismo tiempo, afirmó que “ser persona es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. Por ello lo es desde el primer instante de su existencia”. A continuación acotó que puesto que “es más fácil “decir” que “ponerse al servicio” (aunque siempre la palabra esclareciente es también un servicio)” piensa que las presentes circunstancias pueden servirnos a los cristianos todos, y tantísimas personas de visión trascendente, para un profundizado examen de conciencia acerca de nuestro compromiso, de nuestra acción al respecto. Mencionó que el Beato Juan Pablo II en los inicios de su pontificado, y citó aquí un párrafo de la Enc. Redemptor hominis, de 1979: “Es acerca del primordial derecho a la vida que, en el alba de este tercer milenio, la entera sociedad encuentra el deber de realizar el examen de consciencia, no para cargar fardos sobre los hombros de otros, ni para provocar agravios de pena a quien ha sido ya probado, sino por el deber que tiene, en bien de sí misma, de mirar hacia adelante en dirección al futuro. Entre los signos de “caducidad” de nuestro tiempo, el cual ha progresado, pero que se halla necesitado de redención, cito la «deficiens reverentia erga vitam nondum natorum» (falta de respeto hacia la vida de los todavía no nacidos).
Luego de hacer alusión a palabras del Papa Benedicto XVi con oportunidad de la anterior Vigilia de la vida humana naciente que convocó para toda la Iglesia, hizo referencia a algunos elementos naturales e incluso de índole científica a los cuales aludió el Pontífice, y a continuación reafirmó el prelado la necesidad de un compromiso de todos por el cuidado de la vida del niño por nacer, y, a continuación, del niño en sus años de infancia y de su juventud, pues marca la pauta de calidad relacional en la sociedad humana.
Texto integral del Mensaje:
Mensaje de Mons. Oscar Sarlinga a la diócesis para la Jornada del Día del Niño por Nacer 2012
Queridos hermanos y hermanas
Como hemos venido haciéndolo desde años, celebramos la Jornada del Niño por Nacer, esta vez en vísperas del 25 de marzo, en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, junto con la Legión de María y la delegación de Pastoral de Juventud y la Delegación de Misiones. Nos alegramos de la participación diocesana, en la cual destacan las familias, para esta festividad de la Anunciación a María Santísima por parte del arcángel, la cual nos manifiesta el “gesto divino”, como otras veces lo hemos llamado, de la pura gracia y la respuesta purísima de parte de la Virgen: el “Sí” que nos dio la redención, haciendo posible para nuestra humanidad el inefable misterio de la Encarnación, por obra del Espíritu Santo.
En diversas naciones, por disposición de las Conferencias Episcopales, y en nuestro país también a norma de ley, se celebra esta Jornada, que es en última instancia la Jornada de la dignidad humana, en visión complexiva que nos transmite el Concilio Vaticano II en su constitución Gaudium et spes, a saber, que «es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar (…) el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad»[1].
Con renovado amor por todos nuestros hermanos y hermanas, y en especial para con quienes sufren, y también con alegría interior, renovamos asimismo nuestra conciencia acerca de nuestro derecho y deber moral de respetar, promover, defender, la dignidad de vida humana en todas sus fases, desde la fase del niño por nacer hasta la del anciano y el muriente. Quisiéramos destacar, con una mirada prospectiva y, desde ese punto de vista, profética, que lo plenamente humano que se refiere a la dignidad de la vida humana naciente posee a la vez una dimensión en la cual dicha plena dignidad de la vida humana resplandece en lo cristiano, pues Él, el Hijo de María, el Hijo del Altísimo, es nuestro Hermano Mayor, nuestro Guía y también “médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que ha querido que su Iglesia continuase, en la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación”[2].
Ser persona es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. Por ello lo es desde el primer instante de su existencia. Al mismo tiempo, la persona es “ser personal” “con otros”, y estos otros, nosotros, somos también responsables ante ella, hemos de acogerla con amor. Fácil es decirlo o predicarlo, mucho más difícil es realizarlo, sobre todo en circunstancias lacerantes que nadie ignora.
Por ello, porque es más fácil “decir” que “ponerse al servicio” (aunque siempre la palabra esclareciente es también un servicio) pienso que las presentes circunstancias pueden servirnos a los cristianos todos, y tantísimas personas de visión trascendente, para un profundizado examen de conciencia acerca de nuestro compromiso, de nuestra acción al respecto del cuidado de la vida humana en todos sus etapas, lo cual nos presentara el Beato Juan Pablo II en los inicios de su pontificado como uno de los desafíos humanos y pastorales con que nos encontraríamos en el entonces adviniente inicio del Tercer Milenio: “Es acerca del primordial derecho a la vida que, en el alba de este tercer milenio, la entera sociedad encuentra el deber de realizar el examen de consciencia, no para cargar fardos sobre los hombros de otros, ni para provocar agravios de pena a quien ha sido ya probado, sino por el deber que tiene, en bien de sí misma, de mirar hacia adelante en dirección al futuro. Entre los signos de “caducidad” de nuestro tiempo, el cual ha progresado, pero que se halla necesitado de redención, cito la «deficiens reverentia erga vitam nondum natorum» (falta de respeto hacia la vida de los todavía no nacidos)”[3].
Precisamente por la dignidad intrínseca de la vida humana, el Concilio ya se refería a que “(…) los actos mismos, propios de la vida conyugal, ordenados según la verdadera dignidad humana, deben ser respetados con gran estima”[4].
Por su parte, en la Vigilia por la Vida Naciente que convocó para toda la Iglesia el Papa Benedicto XVI, junto con su visión trascendente y específicamente cristiana, también nos aportó algunas razones naturales acerca del tema que abordamos. En efecto, en esa oportunidad Benedicto XVI también recordó que “(…) sobre el embrión en el vientre materno, la ciencia misma muestra la autonomía que lo hace capaz de interactuar con la madre, la coordinación de los procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así lo ha sido Jesús en el vientre de María; así lo ha sido cada uno de nosotros en el vientre de la madre”[5].
Por este motivo, con sentido constructivo, con paz, con diálogo y con convicción, presento a la reflexión de ustedes este sencillo mensaje a los fines de recordar en todas las parroquias, asociaciones de fieles, movimientos e instituciones católicas, también en el ámbito del diálogo ecuménico e interreligioso en distintas iniciativas que se están realizando, la importancia de celebrar de corazón la vida humana, así como trabajar intensa y dedicadamente por su tutela integral, prodigando más de nuestro esfuerzo y entrega generosa, por el niño “por nacer” y por el niño nacido, haciéndonos eco de la enseñanza del Beato Juan Pablo II en su primera visita a la ONU, cuando dijo que “(…) este cuidado de la vida del niño por nacer, y, a continuación, del niño en sus años de infancia y de su juventud, marca la pauta de calidad relacional en la sociedad humana”[6].
En la Anunciación, la Virgen que devino Madre por obra del Espíritu Santo Divino, nos ayude y acompañe, y en especial proyecte con su intercesión la luz de Cristo sobre aquellos que más sufren y quienes padecen más necesidad, y los más necesitados de nuestra oración.
Con afecto pastoral,
+Oscar Sarlinga
Para las vísperas de la Anunciación del Señor, año 2012
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[1] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 51. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes (7 dicembre 1965), n.3.
[2] CEC, 1421.
[3] JUAN PABLO II, Enc. Redemptor hominis (4 marzo 1979), n.8 = EncVat 6/1190
[4] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 51. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes (7 dicembre 1965), nn.27. 51.
[5] BENEDICTO XVI, Celebración de la Vigilia por la Vida Naciente, Basílica de San Pedro, 2010.
[6] JUAN PABLO II, Allocuzione all’assemblea generale delle Nazioni Unite, (2 de octubre 1979), n.21 = AAS 71(1979) 1159 = EncVat 6/1758.
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Febrero 25, 2012 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente
Celebración del Miércoles de Cenizas
Campana, 22 de febrero de 2012
En la homilía el Obispo comenzó explicando por qué había tomado como ilustración de su mensaje la cruz de la Basílica de San Clemente, en Roma, y el sentido de poner un acanto o un cardo espino a los pies de la Cruz, como símbolo de la Pasión del Señor, y a la vez, por la emblemática flor del cardo (”el color violáceo más puro que se encuentra en la naturaleza”, dijo) un símbolo de la penitencia, la profundidad de la sabiduría de los sencillos, y de la prudencia proactiva. Luego trazó algunas líneas y exhortaciones fundamentales tomadas de su mensaje de Cuaresma, y citó en dos oportunidades al mensaje del Santo Padre Benedicto XVI, en particular respecto de las virtudes teologales y la corrección fraterna (ver mensaje completo más abajo).
El Obispo y los sacerdotes impusieron las cenizas a la concurrencia, que fue notable por ser un día miércoles, en una ciudad eminementemente laboral e industrial como Campana
Homilía de Mons. Oscar Sarlinga
En las iconografías antiguas o medievales se solía representar la Cruz de Cristo con un cardo espino o un acanto a sus pies (como en la Basílica de San Clemente, en Roma). El cardo es un símbolo del Génesis, significa sufrimiento y se lo representaba como un signo de la Pasión del Señor. Su flor, espléndida, es a la vez signo de sufrimiento y de salud, de reflorecimiento; signo heráldico, también, que denota el avenirse a asumir la Pasión y la corona de espinas. Es así la vida cristiana, unión a la Pasión de Cristo y a su Resurrección gloriosa, a su triunfo definitivo. Animada por el Espíritu Santo, la Iglesia nos ofrece la Cuaresma como oportunidad de un cambio profundo en nuestras vidas, como tiempo de conversión, si así no lo viéramos estaríamos considerando sólo un tiempo especial del calendario litúrgico. Más aún, contemplando el Misterio de la cruz, la Iglesia nos invita de verdad a «hacernos semejantes a Jesús en su muerte» (Cf Flp 3, 10) para compartir su Vida eterna.
Comenzamos con el rito penitencial de las cenizas, que nos hace pensar en lo caduco de nuestra vida. Nuestra mente, nuestro corazón, tan irrumpido como suele estar por invasiva profusión de imágenes, sonidos (o ruidos), voces, por una proyectividad puramente humana, y diríamos por tanta profanidad, provenientes del mundo circunstante, necesita de un “detenerse”, de un “silencio santo” que nos permita “ponernos en coloquio, en sintonía” con nuestro propio interior, un poco a modo de como se decía de San Benito: Secum vivebat. Y esto para ponernos más en coloquio con Dios. Las cenizas, rito simbólico, nos invitan a reconsiderar la caducidad de todo lo material, a dar tiempo para Dios y escucharlo, para volver a reconocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con Él, esa comunión que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22).
Vivimos en una sociedad a la que no sólo le cuesta “escuchar” sino también “escucharse”, y en la cual puede no haber casi lugar para la dimensión espiritual y moral de la existencia humana. Por esto es importante que veamos en la Cuaresma un «tiempo propicio» (2 Cor. 6, 2), iniciado con el símbolo de “tristeza” de las cenizas, pero que ascensionalmente prosigue –mediante la vía estrecha de la penitencia- hasta la celebración de la Pascua. Es tiempo (“kairós”) de una ascesis, que nos haga profundizar en la fe, en la esperanza que no defrauda, en la caridad realmente vivida, que se trasunta en “dar la vida”, perdonar, en compartir, en dejar de lado las estructuras del “hombre viejo” del pecado, con sus destructivos internismos, sus rencores, odios, males infligidos a los hermanos, para “ascender” penitencialmente a un modo “nuevo” de vivir, en la medida en que el Señor nos hace “creaturas nuevas”. Él puede hacerlo, quiere hacerlo en nosotros; la ascesis penitencial nos ayudará a redescubrirlo. Una primera pregunta que tendríamos que formularnos es si estamos dispuestos de verdad a una “reforma” de nuestra vida.
I
PENITENCIA Y DISPOSICIÓN DE LOS TALENTOS COMO TESTIMONIO EVANGELIZADOR DESDE EL ESPÍRITU SANTO
No se nos escapa que somos cristianos en medio de un mundo de muchas desedificantes confusiones y contradicciones (no menores tantas veces entre nosotros mismos), por ello la Iglesia nos invita con el Apóstol Pablo a buscar –una vez más, en esta Cuaresma- lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), a poner a este servicio nuestros “talentos” con generosidad para el bien de la Iglesia (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18).
Quizá sería bueno también reubicar espiritualmente el sentido de la “mutua edificación” en el contexto de su papel en la evangelización (porque la división, que es anti-testimonial, no hace sino alejar más a los alejados, impedir que los no cristianos se acerquen).
También en esto deberíamos reflexionar en Cuaresma en cómo poner nuestros “talentos” al servicio de la nueva evangelización (y en ver que no seamos causa de tropiezo para que otros también pongan de modo acorde sus propios talentos, porque podríamos tender a ver solamente los nuestros, o a sobrevalorarlos, o infravalorarlos). Se necesita el equilibro, el concierto y no el desacierto. La puesta al servicio de los talentos se dará concertadamente si dejamos lugar al Espíritu (eso es la “reforma interior”) al modo como cuando se abrieron las puertas del Cenáculo y los apóstoles se dirigieron a los habitantes y a los peregrinos venidos a Jerusalén con ocasión de la fiesta, para dar testimonio de Cristo por el poder del Espíritu Santo, y lo hicieron manifestando la “paz” y la “edificación” producidas por ese mismo Espíritu, dando así convirtiente “testimonio”, como les había anunciado Jesús: «El dará testimonio de mí. Pero también ustedes darán testimonio, porque están conmigo desde el principio» (Jn 15, 26 s).
Se trata pues de ver la dimensión no sólo personal sino eclesial de la paz y la edificación, puestas de relieve por el Concilio Vaticano II cuando concibe a la Iglesia como santificada indefinidamente, edificada en el Espíritu para que los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo (cf. Ef 2, 18). Iglesia en la cual la fuente de agua viva salta hasta la vida eterna (cf. Jn 4, 14; 7, 38-39); Iglesia por quien el Padre vivifica a los hombres, muertos por el pecado, hasta que resucite sus cuerpos mortales en Cristo (cf. Rom 8, 10-11)»[1]. Con esta visión, ingresamos en Cristo, a la plena revelación de Dios como Amor (cf. 1 Jn 4, 7-10); abrazamos así la Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» que manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), amor en su forma más raigal[2]. Ingresamos en una dinámica de reforma y de morir al pecado.
Para entrar en esta dinámica, no caben medias tintas; hemos de morir al pecado y a sus consecuencias. Morir para vivir. La cuaresma nos invita a ello, a esta reforma, como fractura y como surgiente de vida. Su sentido, en última instancia “quiere decir reforma, quiere decir expiación; reforma y expiación que suponen turbadas nuestras relaciones con Dios; suponen un desorden fatal entre nosotros y Dios; suponen esa fractura del anillo de conjunción de nuestra vida y su destino a la surgiente de la verdadera Vida, que es Dios (…) Esa fractura se llama pecado”[3]. En una reforma interior por la Gracia, el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11).
Así, la Cuaresma será una renovada ocasión para preguntarnos, ante la afirmación del Señor: “Yo soy la resurrección y la vida”… si realmente creemos esto (Cf Jn 11, 25-26), si lo creemos de verdad, porque hay enemigos al acecho. En primer lugar, el egoísmo, que nos desvía de la disposición a creer, y por consiguiente a compartir talentos “edificantes” y eclesiales (cf. Mt 25,25ss). Pero, lejos de estar condenados a la mediocridad en lo espiritual, podemos superar el egoísmo con la Gracia, podemos siempre aspirar a un «alto grado de la vida cristiana»[4]. Si no lo creyéramos, tampoco creeríamos, en el fondo, que la misericordia de Dios borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5).
Para nosotros, clero, religiosos, religiosas, laicado, comunidad católica, en fin, es el momento de volver a poner con sinceridad nuestra esperanza en Jesús, junto con Marta, por ejemplo (cuyo testimonio de “profesión de fe” no me parece que haya sido tan meditado como lo merece, o por lo menos no conozco que lo sea): «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo»; es la “profesión de fe” de Marta: creer, para una reforma espiritual de nuestras vidas, aunque la “escena” de nuestra vida pueda ser dramática y nos llevara a pensar lo contrario.
¿En todo eso, para qué es necesaria la penitencia? (porque no podemos ocultar que a algunos les es antipática hasta la palabra, que no tiene “buena prensa” en el mundo de hoy). Sencillamente porque la necesitamos, porque la penitencia ingresa en la dinámica de la colaboración de nuestra libertad a la Gracia, como exhortaba el Bautista: «Hagan penitencia, y se acercará a ustedes el reino de los cielos» (Mt. 3, 2). Lo dijo el mismo Cristo (Cf. Mt. 4, 17); lo refiere el evangelista San Marcos: «El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca, hagan penitencia y crean en el Evangelio» (Mc. 1, 15). La penitencia es necesaria para que profundicemos el discernimiento entre el bien y el mal (cf. Hb 4, 12), para fortalecer en nosotros la voluntad de seguir al Señor Jesús, el Salvador, como resulta de la teología que el Apóstol Pablo ilustró y propugnó, en términos clarísimos en la carta a los Romanos y en la carta a los Gálatas: Cristo es necesario, Cristo es suficiente.
En la penitencia, por último, hay también una razón de solidaridad, en la economía (“oikonomía”) de la salvación: el expiar por otros. Es más, es una de las formas superiores de la solidaridad. Esta forma de solidaridad dará un nuevo y más profundo sentido a nuestra solidaridad en el compartir (¡que cuesta enormemente en las comunidades nuestras!) en el saber interesarse por los otros (por ejemplo, en la catequesis, Caritas, en la promoción de las vocaciones todas, en las vocaciones sacerdotales y religiosas, en el apoyo al Seminario diocesano, en la extensión de las obras para la evangelización…). ¿O creíamos que “solidaridad” era un mero sentimiento pasajero?. Sé que lo vamos profundizando como comunidad diocesana.
II
VIDA DESPLEGADA EN LAS VIRTUDES TEOLOGALES
En verdad, aunque en modo ínfimo, pero análogo al de Jesús, que no por Sí sino por nosotros sufrió la muerte en Cruz, también nosotros, unidos a Él, podemos expiar por los demás (como “in solidum”), y hacerlo en el espíritu en que lo reclama San Pablo cuando escribe a los colosenses: «Yo cumplo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo» (Col. 1, 24).
Podríamos pensar que eso no es justo, que cada uno haga penitencia por sí mismo, que cada uno se ocupe de su propio bien y de su propia espiritualidad (concepto del cual emerge cierta deriva al intimismo). Sin embargo, la Justicia, con mayúscula, es plenitud de su clásica definición, “dar a cada uno lo que le corresponde” (“dare cuique suum”), porque lo que tengo que dar a mi hermano no es sólo lo que se puede garantizar por ley, sino, conforme a una ley divina (por eso me referí a “Justicia” con mayúscula), el darle algo más íntimo y gratuito; es comunicarle, en nuestra medida, ese Amor “(…) que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle”[5]. Amor que conlleva a compartir, a la promoción humana integral, a la construcción de la civilización del amor, pero que siempre necesita a Dios, como observaba san Agustín[6].
Acecha el desánimo, muy a menudo. El orgullo, curiosamente, puede llevarnos, más que a “levantarnos”, a caducar. El remedio lo dan las virtudes teologales. Lo correcto es levantarnos en el Señor, a estímulo para vivir en el Amor. Nuestra existencia debe conquistar títulos no vanos y caducos, sino títulos que aseguren vida eterna, dejando, de una vez por todas, el regusto de poner y reponer el corazón en la “búsqueda pecaminosa”, como si ésta fuese un bien (¡ni que hablar si la consideráramos para nosotros un bien de entre los “supremos”!). Creo que en el fondo hay cierto nihilismo en la búsqueda y rebúsqueda de los pseudo-consuelos de una vida pecaminosa consentida, quebrantemos esa espiral de daño con la fe, la esperanza y la caridad.
Es preciso tomar conciencia. Para sanar esto nos hace falta una sana experiencia de humillación, o, para decirlo con palabras de un Papa del siglo XX: “(…) una meditación muy severa y realista sobre el nihilismo de la vida temporal (…) una sacudida psicológica y moral de gran eficacia; que no nos disguste de hacer de ella la sincera, humillante, pero benéfica experiencia”[7] .
Estar atentos: el Santo Padre Benedicto XVI nos invita en su Carta de Cuaresma a meditar en la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24) y a procurar que demos fruto en acoger a Cristo en una vida que se despliega según las tres virtudes teologales, a saber: acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24)[8]. En la moral de las bienaventuranzas, esta es una espléndida invitación que nos hace el Papa, como en toda su fina y teológica enseñanza, con un sentido pastoral.
III
RESPONSABILIDAD PARA CON EL HERMANO Y CORRESPONSABILIDAD
En su Carta de Cuaresma el Papa Benedicto XVI toca un tema fundamental, diría profético para nuestros tiempos y nuestras personas, afectadas de individualismo (incluso en lo espiritual) y por ende más bien inclinados a la “a-responsabilidad”. Quiero expresar, no sólo a la irresponsabilidad, a la “a-responsabilidad”, esto es, al embotamiento –a veces casi total- del sentido de ser responsable “del otro” y “corresponsable con él”. El Papa, con finísima intuición, nos propone fijarnos en la responsabilidad que tenemos para con los hermanos, en la atención “al otro”, que conlleva desear el bien para él o para ella, en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. Porque de lo contrario no estaremos “edificando”, o a lo sumo, edificaremos sobre arena. Cuaresma es también propicia, entonces, para repreguntarnos: ¿Estamos atentos al bien del hermano, de la hermana?. Muchas veces sí (hay muchas personas entregadas y sacrificadas). Tantas veces no, como si cada uno tuviera que cuidarse por sí mismo, como si fuera ineluctable que el mal se da, y que a nosotros no tuviera que interesarnos tanto cuando ocurre a los demás… Por supuesto que cada uno hace uso de su libertad, pero existe una corresponsabilidad en cuidarnos para vivir en el bien, por eso dice el Papa, “(…) es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68)”.
Estar atentos, «fijarse» en el hermano, abarca la solicitud por su bien espiritual (y por todos los bienes que lo espiritual conlleva, también los materiales). Y notamos aquí otra acertadísima llamada de atención de Benedicto XVI: recordar un aspecto de la vida cristiana tantas veces caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna, que tiene como base ocuparse los unos de los otros (“estar atentos”, como María) con el don de la reciprocidad[9].
La irreciprocidad acarrea muchos males. Me parece ver aquí que, por la falta de la corrección fraterna, creo, abundan formas de ser signadas por generar corazones lastimados por el odio y la envidia: el hablar mal (incluso con fijación psicológica), el difamar o injuriar (no pocas veces con el infame anonimato de medios públicos anónimos) el sugerir cosas malas de los otros en privado, en grupo o en los medios de comunicación, el poner en desprecio lo que los otros piensan u obran, el favorecer sólo los “intereses de clan”, relegando a los que no son de los círculos determinados por quienes se creen con el poder de determinarlos. Pero, como toda consecuencia de pecado, esto no queda ni pacífico ni impune. Antes bien, puede crearse por esa causa una espiral de sospecha, rencor y deseos reivindicacionistas.
Por eso, un fruto espiritual muy grande, una gracia que podemos pedir, es tomar conciencia de lo siguiente: ¡Cuántos bienes, cuánta purificación, vendrían de una repristinación de la corrección fraterna, humilde, auténtica, con amorosa “parrhesía”, en todos los ámbitos de la Iglesia, y en la sociedad misma!. La tentación perenne de la autoreferente fama, el “subir” a costa de los demás, el no tener escrúpulo a la hora de mentir para conseguir un provecho, son otras tantas aborrecibles formas de “acumular riquezas en este mundo” y se hacen merecedoras también de la bíblica advertencia al rico automplaciente y seguro de sus propias riquezas, a quien Dios dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma”» (Lc 12, 19-20). Abrir el alma, sincerarnos, ocuparnos en nuestras posibilidades de atender a las necesidades de todos, “abrir el juego” en un justo sentido, serán formas consecuenciales de mostrar al mundo que nuestro proclamado amor a Dios se trasunta en amor al prójimo (cf. Mc 12, 31) y así se manifiesta auténtico.
Por supuesto, para la consecución de todo esto en nada valdrá lo que podríamos llamar un “semi-pelagianismo heroico”, sino la apertura valiente a la Gracia (hasta que duela, esa reforma) y la colaboración de nuestra libertad. En el inicio de esta Cuaresma el Señor nos clama, nos interpela, como al “ciego” que le rogaba curación: “¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), le afirma con alegría el ciego de nacimiento. Creemos, Señor, que nuestra naturaleza no está destruida por el pecado sino herida, que Tú puedes sanarnos, que Tú puedes consumar en nosotros la obra que el Padre te encomendó realizar sobre la tierra (cf. Jn 17, 4).
Y ponemos este clamor en manos de la Santísima Virgen María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre de la Divina Gracia, Intercesora, Abogada, Esposa del Espíritu Santo.
+Oscar Sarlinga
Miércoles de Ceniza, 22 de febrero de 2012
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[1] Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4.
[2] Cf BENEDICTO XVI, Enc. Deus caritas est, n. 12.
[3] PAULO VI, Homilía del Santo Padre en el Sacro Rito de las Cenizas en la Basílica Vaticana, Miércoles 16 de febrero de 1972.
[4] Cf JUAN PABLO II, Carta ap. Novo milenio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31, citado en BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2012, “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras” (Hb 10, 24) Vaticano, 3 de noviembre de 2011.
[5] BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre para la cuaresma 2010, Ciudad del Vaticano, 30 de octubre de 2009, “La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo” (cf. Rm 3,21-22)
[6] Si “la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo… no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios” (SAN AGUSTÍN, De Civitate Dei, XIX, 21).
[7] PAULO VI, Homilía del Santo Padre en el Sacro Rito de las Cenizas en la Basílica Vaticana, Miércoles 16 de febrero de 1972.
[8] BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2012, «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24) Vaticano, 3 de noviembre de 2011
[9] Ibid.
Febrero 14, 2012 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente
Mons. Oscar Sarlinga se manifestó muy contento y edificado del encuentro con las Hermanas Pasionistas (Hermanas de la Santa Cruz y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo) a quienes había visitado en distintas oportunidades pero siempre lo había hecho en el contexto de encuentro con las comunidades de promoción humana integral en las que se hallan insertas. En esta oportunidad compartió una entera tarde con ellas, celebró la Misa del domingo en el oratorio y compartió la cena, con la Hna. Angélica Algorta (responsable general) y la comunidad de hermanas que con su testimonio de fe y servicio ayudan a tantos hermanos nuestros.

Más que una “visita pastoral” –dijo Mons. Sarlinga- fue un encuentro fraterno, me sentí muy enriquecido de escucharlas, de “estar” precisamente en el lugar donde se palpitan tantas necesidades (espirituales y materiales) de los hermanos, conocer mejor la modalidad de “inserción” que hicieron las hermanas, y, sencillamente, haber compartido con confianza, con diálogo sincero (a través del cual también reafirmé la importancia de estar siempre cercano) la tarde de ese domingo”.
La humilde casa de las hermanas en el barrio de Mataderos (muy parecida a las casas del resto del barrio, caracterizado por ser uno de los más humildes de Zárate) es domicilio de parte de las religiosas que actúan en la diócesis. Asistieron al encuentro también hermanas del mismo instituto religioso que se encuentran en el barrio de la capilla “San Cayetano”, ubicada en Campana, en el límite con el partido de Zárate, en gran parte más carenciado (aunque con buen apoyo del centro integrador y de la escuela municipal) y en parte de asentamiento reciente.
Como se dijo, la comunidad de las Hnas. Pasionistas es “de inserción” entre los más pobres y realiza una tarea notable entre los más desheredados, los necesitados y quienes sufren, por distintas razones, exclusión. Cabe destacar que como instituto religioso, ya en 1990 surge la primera edición del Ideario Pedagógico Pasionista, sintetizando los principios que sustentan la misión de las hermanas como educadoras, las cuales, luego de proceso de discernimiento optaron por una presencia más directa en ámbitos de inserción. Así, fueron retirándose de la presencia directa de los colegios, aunque prosiguieron acompañándolos desde la animación y la fidelidad al carisma fundacional.
Con esta modalidad se encuentran prestando su servicio en nuestra diócesis, como hemos dicho en Zárate (Barrio Mataderos) y en el partido de Campana (Barrio San Cayetano). La capilla de San Cayetano, en medio del populoso barrio que lleva su nombre, en el límite con Zárate, es “casa de Dios” y a la vez un centro de promoción humana integral, con atención a los más pobres y necesitados, a cargo del P. Bernardo Hughes, también Pasionista, quien nos ha dado un testimonio a lo largo de años en su tarea en toda esa zona. Lo ayuda en esa misión un grupo de laicos y laicas comprometidos con el ideal de dedicarse a los hermanos y hermanas en quienes más se realiza “la Pasión” del Señor.
En cuanto a las hermanas, también llevan adelante, junto con algunos laicos y laicas, la biblioteca popular sita junto a la iglesia parroquial de la Beata Teresa de Calcuta, en Zárate. En el partido de Zárate la casa de las hermanas se encuentra en: Casa 100 (Barrio Matadero), casilla de correo: 166, 2800 ZÁRATE.
Para un mayor conocimiento de la entrega evangélica de las hermanas puede consultarse el sitio:
Febrero 3, 2012 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente
En la diócesis de Zárate-Campana, nuestro Plan ha querido poner de manifiesto cuánto necesitamos, como Iglesia particular, en unión con la Iglesia Universal, el vivir la «comunión» con ese “signo visible del encuentro con Dios” que es la Iglesia de Jesucristo. La comunión se expresa en el Amor divino por nosotros, y en nuestra unión con él, y en especial mediante la participación en los signos de Cristo, viviente y operante en la Iglesia, que son los sacramentos, y esto de tal modo hasta conseguir en su celebración una verdadera plenitud, dando a la evangelización toda su integridad culminante en la Eucaristía, en el culto y en la vida cristiana, en la gran vocación cristiana a la santidad y en las vocaciones específicas. Entre ellas, las vocaciones sacerdotales encontraron su lugar en el corazón de la naciente (1976) diócesis de Zárate-Campana, por solicitud de su primer Obispo, Mons. Alfredo Esposito Castro. Diversas vicisitudes hicieron que dicha experiencia tuviera un paréntesis entre 2001 y 2009.
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El 9 de mayo de 2009 la diócesis se consagró al Sagrado Corazón de Jesús e inició la Misión Continental
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El Papa Paulo VI creó la diócesis de Zárate-Campana en 1976 mediante la Bula Cum divino consilio
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El tríptico de Aparecida es el símbolo de la Misión Continental que hemos asumido como diócesis
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Fiestas patronales de Nuestra Señora del Pilar en 2011
Luego de la etapa formativa en Gualeguaychú (a cuyo Seminario también expresamos nuestro reconocimiento) de los seminaristas que allí fueron enviados por el segundo Obispo diocesano en 2001, a inicios del año 2009 Dios nos dio la gracia de re-abrir nuestro Seminario diocesano “San Pedro y San Pablo”, debido al aumento de las vocaciones sacerdotales y también por continuar con lo que en tiempos de Mons. Alfredo Esposito (fundador del Seminario como casa de formación sacerdotal) era el lugar de estudios: el Seminario ubicado en Campana estaba destinado a la formación sacerdotal, los seminaristas viajaban diariamente a Buenos Aires, a la Facultad de Teología sita en Villa Devoto.
Una vez reabierto el Seminario diocesano, como dijimos, en 2009, las circunstancias de tránsito y urbanización imposibilitaron que se pensara en viajar diariamente (y con horarios distintos). Por eso es la ocasión de agradecer al Card. Jorge Mario Bergoglio, quien, en conversación al respecto con nuestro Obispo Oscar sugirió que los seminaristas de Zárate-Campana pudieran habitar el ala del edificio que por entonces dejaban los seminaristas de la diócesis de San Nicolás, en el edificio “Cardenal Copello”, en Parque Chas, y así lo permitió. Allí funcionó hasta ahora nuestro Seminario, el cual, debido a la hasta ahora creciente respuesta vocacional, ya no es posible mantener en esa “ala” del edificio, y es por ello que desde meses atrás se ha emprendido la restauración del antiguo edificio del Seminario fundado por Mons. Esposito, ya no sólo con la formación sacerdotal, sino también con el área académica, con toda la “ratio studiorum” de la Iglesia, validada simultáneamente a través de profesorados temáticos filosófico-teológicos. Parta el agradecimiento desde nuestro corazón a todos aquéllos que han puesto de su amor y sacrificio para esta gesta.
El 9 de mayo de 2009, como todos recordamos, hemos consagrado la diócesis al Sagrado Corazón de Jesús: acontecimiento marcante, pues significó para nosotros el re-inicio de los gestos de misión, la actitud de misionariedad y la dimensión misionera de la pastoral, desde la perspectiva de la “Misión continental”. Ya desde 2006 asumimos la misión y la comunión como los ejes fundamentales de nuestra pastoral. De todo ello, como lo dice nuestro Plan Pastoral, la Eucaristía es la plenitud. El mismo Señor dijo: “Yo soy el pan de la Vida” (Jn 6, 35). Y Eucaristía dice relación estrecha con caridad, vida cristiana efectivamente vivida, en lo personal y como Iglesia. Nuestro Papa Benedicto XVI, en «Sacramentum caritatis», hizo esa relación fundamental: “Deseo relacionar la presente exhortación con mi primera carta encíclica Deus caritas est”. Por esto, la «Sacramentum caritatis», iluminadora para nosotros y nuestro Plan pastoral, posee una huella unificadora de la visión de Benedicto XVI, una visión en la cual “la celebración eucarística aparece aquí con toda su fuerza como fuente y culmen de la existencia eclesial”.
Todo esto, por lo cual tenemos que dar gracias, es obra del Espíritu en todos nosotros, Espíritu de Unidad, que nos hace ver el Rostro de Cristo en la Iglesia y en cada uno de nuestros hermanos. “Comunión” implica cual lógica consecuencia la necesidad de deponer toda división y alejamiento de los unos con los otros. Es por ello que, como Iglesia particular de Zárate-Campana, partimos de la contemplación del Rostro de Jesús. Como nos lo expresara el Beato Papa Juan Pablo II, como legado para el Tercer Milenio: en “Novo Millenio ineunte”: “(…) la santidad es la perspectiva en la que debe situarse todo camino pastoral (…) la santidad de nuestras comunidades… es lo que ha de sostener, recrear y potenciar las actividades propias de la pastoral ordinaria”.
Es en el seno de la comunidad eclesial (y en la Iglesia particular se dan todas las notas de la Iglesia universal), donde el ser humano recorre su camino de conversión, de liberación del pecado y de crecimiento en la fe, hasta el encuentro con Jesucristo. El fortalecer en las parroquias y en las familias, en las asociaciones de fieles y movimientos laicales, la formación de los bautizados como discípulos misioneros de Jesucristo será fundamental para el cumplimiento de las líneas programáticas fundamentales,. Para esto contamos con la buena voluntad de todos los fieles, con algunas orientaciones programáticas, siempre en el sentido de alimentar la conciencia de la pertenencia eclesial y fortalecer el carácter misionero de nuestra vida apostólica, el cual nos ayudará a consolidar la organización pastoral de la diócesis y de las parroquias –precisamente en clave misionera- para impulsar la misión continental a la que nos llamó el Documento de Aparecida, y continuar trabajando la pastoral familiar para suscitar ciudadanos dispuestos a vivir su compromiso en la Iglesia y el mundo. Nuevas paroquias con sus instalaciones pastorales, pero sobre todo con toda una formación previa como “comunidad de comunidades”, nuevas capillas con su infrastructura, gestos de misión, en especial juveniles, un fortalecimiento de la caridad institucionalizada, nos han ayudado a renovarnos y fortalecernos como Iglesia y su Misterio.
Como es obvio, todo esto sólo es posible con la colaboración de todo el presbiterio, la ayuda de los diáconos, la riqueza de las comunidades consagradas con sus carismas, y la participación activa de todos los fieles laicos. De tal suerte, la Buena Noticia podrá incidir en la sociedad y en la cultura de este tiempo y de cada grupo humano. En el contexto de la Iglesia en la Argentina, el propósito del Plan coincide con Navega mar adentro, en cuanto actualización de las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización, el cual habrá de orientar una nueva etapa en la evangelización de la Argentina mediante una acción pastoral más orgánica, renovada y eficaz, procurando que todo miembro del Pueblo de Dios, toda comunidad cristiana, todo decanato, toda parroquia, asociación o movimiento, se inserten activamente en la pastoral orgánica de la diócesis.
Invitamos a los lectores a revisar el Plan Pastoral en la perspectiva que específicamente asume, es decir, dentro de la «Caridad Pastoral» de la Iglesia, y de cómo nos hacemos eco de todo lo que en nuestra diócesis ha venido realizándose, con sus alzas y sus bajas, pero siempre con el auxilio del Espíritu Santo, en el apartado llamado:
“El camino pastoral recorrido nos orienta y nos allana el camino por recorrer”
Diciembre 24, 2011 | Por oscarsarlinga | # Enlace permanente
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| COLECTA PRO ÁFRICA 2012 |
Queridos Hermanos en el Presbiterado
Les acerco en archivo adjunto, el material que nos llega desde Obras Misionales Pontificias,
el cual es una propuesta para poder alentar de manera especial la Colecta PRO AFRIS, la que se lleva a cabo el 7 y 8 de Enero de 2012
(primer fin de semana despues de la Solemnidad de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo).
Además, providencialmente en el marco de la ya nombrada Colecta Pro- África que se realiza en todo el país y en la Fiesta del Bautismo del Señor,
El lunes 9 de enero se conmemora en todo el mundo el 150 (centésimo quincuagésimo) aniversario de la muerte de la Venerable Paulina Jaricot, Fundadora de la
Pontificia Obra de la Propagación de la Fe y del Rosario Viviente.
La misa de este día quiere impulsarnos a ser misioneros con una mirada universal como la que proféticamentetuvo Paulina Jaricot, uniendo el
anuncio del Evangelio a la solidaridad con los más pobres y su promoción integral.
Que la Esperanza del Nacimiento del Señor Jesús ilumine nuestro caminar en la Misión que nos Encomienda sea alabada por la
elección que hizo de nosotros desde toda la Eternidad para que seamos “otros Cristos”
Rostros Misericordiosos de Nuestro Padre del Cielo.
con mejores y fraternos saludos de feliz y santa Navidad
Mons. Marcelo Monteagudo
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| Guión Misa 7 y 8 enero 2012 (1) |
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| Guión Misa 7 y 8 enero 2012 (2) |
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| Carta Invitación a Obispos x 150º aniversario PAULINA JARICOT |
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| Invitación desde Lyon-Francial x PAULINA JARICOT |
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| Paulina Jaricot 2012.AYUDA A LAS NACIONES (1) |
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| Paulina Jaricot 2012.AYUDA A LAS NACIONES (2) |
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