Plan Pastoral para la Diócesis Zárate-Campana

jueves, 11 de junio de 2009

INTRODUCCIÓN

1. ORIENTACIÓN FUNDAMENTAL del PLAN

Nuestra diócesis de Zárate-Campana fue creada 21 de Abril de 1976 por Su Santidad Pablo VI. Desde la celebración de su trigésimo aniversario, el 8 de mayo de 2006, hemos iniciado un renovado caminar juntos, en pos de la nueva evangelización, nueva en su ardor, nueva en sus métodos y modos de expresión, como lo dijera el Papa Juan Pablo II.

Después del Gran Jubileo por el que entramos en el IIIer. Milenio, como Iglesia particular queremos afianzar su herencia, puesto nuestro corazón en Jesucristo, el que hace nuevas todas las cosas (a cuyo Corazón hemos consagrado la diócesis el 9 de mayo de 2009 en la iglesia co-catedral de Belén de Escobar). En ese «sentir con la Iglesia» es comprendido este Plan Pastoral, conscientes de la esencial necesidad, sobre todo, de vivir más y mejor el Evangelio de Jesucristo, como nos refiere el Papa Benedicto XVI: “Ahora nos toca recoger la herencia jubilar, tomar conciencia de que lo importante no es tanto hacer “programas nuevos”, sino vivir la novedad permanente del evangelio…”(1).

Por ello, queremos hacerlo en fidelidad a la Iglesia, en comunión orgánica dentro de ella, con el Papa, Obispo de Roma y sucesor de San Pedro, el cual “(…) es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los Obispos como de la muchedumbre de los fieles”(2).

Así, a la luz de las enseñanzas de la Iglesia, con el discernimiento del Obispo, y siguiendo el principio de participación y subsidiariedad, como Iglesia particular que somos hemos efectuado una amplia consulta a los distintos organismos diocesanos (consejo episcopal, colegio de consultores, consejo presbiteral, consejo pastoral), a los decanatos, a las parroquias, al clero, religiosos, religiosas y laicado, de resultas de lo cual hemos recibido innumerables aportes reveladores de consensos eclesiales profundos, sobre la base de los cuales se elaboraron esquemas puestos a revisión de los decanatos, parroquias y organismos, los cuales en su redacción final dan lugar al presente Plan. Los decanatos pusieron en movimiento los mecanismos de consulta y participación en las parroquias, en los movimientos y asociaciones de fieles.

De tal modo, asumimos por el trienio 2009/2012 estas líneas pastorales o Plan Pastoral para nuestra diócesis, contemplando el Rostro de Jesús, con María, venerada como Nuestra Señora de Luján, nuestra Patrona.

Por cierto que un Plan Pastoral no pretende comprender ni señalar «todas y cada una de las cosas» en que consiste la Pastoral de una diócesis, sino sólo las orientaciones programáticas fundamentales, para un tiempo determinado. La finalidad primordial de este Plan es clara: fortalecer la comunión de la Iglesia en nuestra Iglesia particular a fines de recibir un impulso nuevo, capaz de crear tiempos nuevos de evangelización, en una Iglesia particular que quiere arraigarse todavía más en la fuerza profética y poder perennes de Pentecostés(3), procurando ser cada día más como «un solo corazón y una sola alma» (Hech. 4, 32), pues tenemos por delante la apasionante tarea de hacer renacer el celo evangelizador, en el horizonte exigente y comprometido de la pastoral ordinaria.

Este acento que acaba de ser mencionado significa que cada uno ha de desarrollar su misión de un modo armónico e integrado en el Plan pastoral de la diócesis, el cual surge de un camino de variada participación: precisamente, es la llamada pastoral orgánica(4) . Como se ha dicho, se tuvo muy en cuenta para esta elaboración el mencionado principio de participación, es la razón por la que se consultó a todos los organismos, que elevaron su propuesta por escrito(5) , habiendo resultado de todas las consultas el pedido del renacer de la pastoral ordinaria, con una dimensión profundamente discipular, para que nuestro pueblo en Cristo tenga vida, en sintonía con el Documento de APARECIDA.

En este sentido, dicho Documento de Aparecida nos lleva a ver en dicha pastoral orgánica una dimensión discipular: “Una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta, en la que podamos vivir una experiencia permanente de discipulado y comunión con los sucesores de los Apóstoles y con el Papa”(6).

Este Plan quiere poner de manifiesto que se trata de vivir la «comunión» con ese signo visible del encuentro con Dios que es la Iglesia de Jesucristo; comunión que a su vez se expresa mediante la participación en esos otros signos de Cristo, viviente y operante en la Iglesia, que son los sacramentos: “Vivir de tal suerte los sacramentos hasta conseguir en su celebración una verdadera plenitud, no es, como algunos pretenden, poner un obstáculo o aceptar una desviación de la evangelización: es darle toda su integridad. Porque la totalidad de la evangelización, aparte de la predicación del mensaje, consiste en implantar la Iglesia, la cual no existe sin este respiro de la vida sacramental culminante en la Eucaristía”(7).

Porque en el dinamismo de la evangelización, aquel que acoge el Evangelio como Palabra que salva, lo traduce normalmente en estos gestos sacramentales: adhesión a la Iglesia, acogida de los sacramentos que manifiestan y sostienen esta adhesión, por la gracia que confieren(8).

De todo ello, la EUCARISTÍA es la plenitud. El mismo Señor dijo: “Yo soy el pan de la Vida” (Jn 6, 35). Y Eucaristía dice relación estrecha con caridad, vida cristiana efectivamente vivida, en lo personal y como Iglesia. Nuestro Papa Benedicto XVI, en «Sacramentum caritatis», hizo esa relación fundamental: “Deseo relacionar la presente exhortación con mi primera carta encíclica Deus caritas est”(9). Por esto, la «Sacramentum caritatis», iluminadora para nosotros y nuestro Plan pastoral, posee una huella unificadora de la visión de Benedicto XVI, una visión en la cual “la celebración eucarística aparece aquí con toda su fuerza como fuente y culmen de la existencia eclesial”. Así, este Plan nos pide considerar que la Iglesia participa del misterio de la Redención principalmente mediante la Eucaristía, pues en ella encuentran su fuente y culmen la misión de la Iglesia y de cada cristiano. Esta es la base de nuestro Plan Pastoral.

Al mismo tiempo –y como lógica consecuencia- el Plan Pastoral parte de una necesidad de deponer toda división y alejamiento de los unos con los otros. Es por ello que, como Iglesia particular de Zárate-Campana, partimos de la contemplación del Rostro de Jesús. ¿Por qué contemplar?, podría preguntársenos. ¿Qué tiene que ver con un Plan Pastoral?. Lo tiene, y en medida principal, porque, como nos lo expresara Juan Pablo II, “(…) la santidad es la perspectiva en la que debe situarse todo camino pastoral (…) la santidad de nuestras comunidades… es lo que ha de sostener, recrear y potenciar las actividades propias de la pastoral ordinaria”(10). Es en el seno de la comunidad eclesial (y en la Iglesia particular se dan todas las notas de la Iglesia universal), donde el ser humano recorre su camino de conversión, de liberación del pecado y de crecimiento en la fe, hasta el encuentro con Jesucristo(11).

Por este motivo, si queremos contribuir en nuestra diócesis a una profunda renovación humana y cristiana, es preciso asumir que “(…) no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos”(12).

De tal manera, la intención de este Plan Pastoral es ayudar a hacer carne en la diócesis de Zárate-Campana el único programa del Evangelio y el proyecto de Dios, siguiendo los signos de los tiempos y la orientación del Magisterio de la Iglesia, para que sea el centro de la vida de nuestras comunidades eclesiales. NAVEGA MAR ADENTRO así nos lo pide: “Estamos llamados a trabajar tenazmente en nuestras diócesis para que el único programa del Evangelio y el proyecto de Dios sea el centro de la vida de cada comunidad eclesial (…) Es tarea urgente de cada diócesis, presidida por el Obispo como pastor, lograr que la fuerza viva de Jesucristo y de su Evangelio llegue hasta el último rincón del territorio y a todos sus sectores y ambientes, evangelizando la cultura”(13).

Por consiguiente, este Plan Pastoral de la diócesis ha procurado brindar indicaciones programáticas concretas, como nos enseña el Documento de APARECIDA: “El proyecto pastoral de la Diócesis, camino de pastoral orgánica, debe ser una respuesta consciente y eficaz para atender las exigencias del mundo de hoy, con ‘indicaciones programáticas concretas, objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios, que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura’(14).

A los fines de asegurar la vitalidad de esta pastoral ordinaria y orgánica sobre todo hemos de retomar con energía el proceso de la reforma y conversión de nuestras parroquias, procurando su renovación en profundidad y en ámbito evangelizador, aprovechando la totalidad de sus potencialidades pastorales para llegar efectivamente a cuantos le están encomendados, asumiendo de modo decidido y convencido un «estado permanente de misión», en primer lugar dentro de su propio territorio(15).

El fortalecer en las parroquias y en las familias, en las asociaciones de fieles y movimientos laicales, la formación de los bautizados como discípulos misioneros de Jesucristo será fundamental para el cumplimiento de las líneas programáticas fundamentales, para lo cual contamos con algunas orientaciones programáticas destacadas que irán dándose a lo largo del documento, siempre en el sentido de alimentar la conciencia de la pertenencia eclesial y fortalecer el carácter misionero de nuestra vida apostólica, el cual nos ayudará a consolidar la organización pastoral de la diócesis y de las parroquias –precisamente en clave misionera- para impulsar la misión continental a la que nos llamó el Documento de Aparecida, y continuar trabajando la pastoral familiar para suscitar ciudadanos dispuestos a vivir su compromiso en la Iglesia y el mundo.

Como es obvio, todo esto sólo es posible con la colaboración de todo el presbiterio, la ayuda de los diáconos, la riqueza de las comunidades consagradas con sus carismas, y la participación activa de todos los fieles laicos. De tal suerte, la Buena Noticia podrá incidir en la sociedad y en la cultura de este tiempo y de cada grupo humano.

En el contexto de la Iglesia en la Argentina, el propósito del Plan coincide con Navega mar adentro, en cuanto actualización de las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización, el cual habrá de orientar una nueva etapa en la evangelización de la Argentina mediante una acción pastoral más orgánica, renovada y eficaz, procurando que todo miembro del Pueblo de Dios, toda comunidad cristiana, todo decanato, toda parroquia, asociación o movimiento, se inserten activamente en la pastoral orgánica de la diócesis.

2. NUESTRO PLAN PASTORAL DENTRO DE LA «CARIDAD PASTORAL» DE LA IGLESIA

El Objetivo general del Plan es que nuestra Iglesia diocesana, con renovado entusiasmo, siga siendo transmisora de la fe, con nuevo ardor, siendo signo visible de comunión y participación, y asimismo cada día más corresponsable en lo concerniente a su misión evangelizadora. Como hemos expresado, estas líneas no tendrían valor si no hubieran sido rezadas, pensadas, reflexionadas y consultadas a la luz de la cordial pertenencia a la Iglesia, a la que amamos.

Así, el desarrollo del Plan Pastoral se hace atendiendo a aquellos aspectos que son comunes a los fieles cristianos de toda nuestra diócesis, a saber, la transmisión de la fe, la vida sacramental y la misión evangelizadora en caridad, también en su dimensión social o de solidaridad. Estas tres dimensiones de la vida cristiana son las que nos permiten disponerlo en torno al misterio eucarístico, con una visión de salir a buscar a los alejados, de ocuparse de quienes más lo necesitan: “La caridad pastoral de la Iglesia, que entre sus recursos cuenta con una gradual pedagogía, tiene la misión de conducir a sus hijos hacia una cada vez más plena vida cristiana. En efecto, muchos no participan en la vida de las comunidades cristianas, debilitándose su sentido de pertenencia y el crecimiento en la fe. Ante esta realidad de fragilidad espiritual, cada vez más acentuada, tenemos que poner un particular empeño para que, mediante un vigoroso anuncio del Evangelio, ningún bautizado quede sin completar su iniciación cristiana (…)”(16).

La comunión eucarística, que recorre y dinamiza la vida de la Iglesia, es también principio y norma de actuación. Esto responde a una actitud interior, y a una mística específicamente evangelizadora(17)que está íntimamente relacionada con la virtud de la esperanza. Nuestra Iglesia particular, a través de la conversión de sus miembros y la asunción de la «nueva evangelización» a la que nos ha llamado la Iglesia, quiere ser continuidad de la presencia de Cristo en medio de los suyos, que forman parte de su actividad evangelizadora(18).

¿Por qué es necesaria la esperanza respecto de un Plan Pastoral?. Firmes en la esperanza, el Plan alienta a ver todo lo juzgado como bueno, tanto lo genérico como lo más práctico, procurando ponerlo a la obra. Los miembros de una comunidad eclesial a veces pueden decaer en la esperanza, especialmente ante las dificultades, y en particular ante las divisiones y contiendas. En cambio, juntos en el caminar, y animados por la esperanza que no defrauda, damos el mayor testimonio evangelizador, que es la unidad en la fe, la esperanza y la caridad, porque “(…) quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva, mediante tal acogida y la participación en la fe, se reúnen pues en el nombre de Jesús para buscar juntos el reino, construirlo, vivirlo. Ellos constituyen una comunidad que es a la vez evangelizadora”(19).

Con esa visión de esperanza, exponemos las líneas fundamentales y más generales que hemos orado, reflexionado y recogido de los distintos aportes recibidos u obtenidos de consensos profundos.

3. LÍNEAS FUNDAMENTALES Y GENERALES A TENER EN CUENTA PARA VIVIR EFECTIVAMENTE EN LA CARIDAD PASTORAL DE LA IGLESIA

a. La consideración de la celebración del misterio cristiano, nos llevará a ocuparnos de la celebración litúrgica de la Iglesia y de la vida de oración y, por último, el servicio al mundo en caridad nos situará ante los nuevos desafíos que plantea la misión evangelizadora y la transformación de la sociedad.

b. La revalorización de la función de los sacramentos en la evangelización, tal como fue explicada en Evangelii nuntiandi, en todo el Magisterio posterior, y en Navega Mar adentro: “(…) la evangelización no se agota con la predicación y la enseñanza de una doctrina. Porque aquella debe conducir a la vida: a la vida natural a la que da un sentido nuevo (…); a la vida sobrenatural, que (…) encuentra su expresión viva en los siete sacramentos y en la admirable fecundidad de gracia y santidad que contienen”(20).

En efecto, la evangelización despliega de este modo toda su riqueza cuando realiza la unión más íntima, o mejor, una intercomunicación jamás interrumpida, entre la Palabra y los sacramentos. Porque es equívoco y nocivo el oponerla evangelización a la sacramentalización. Lo que hay que evitar es el «sacramentalismo».

Es seguro que si los sacramentos se administran sin darles un sólido apoyo de catequesis sacramental y de catequesis global, se acabaría por quitarles gran parte de su eficacia: “(…) la finalidad de la evangelización es precisamente la de educar en la fe, de tal manera, que conduzca a cada cristiano a vivir -y no a recibir de modo pasivo o apático- los sacramentos como verdaderos sacramentos de la fe”(21).

c. El sentido de Fe de nuestro pueblo (frente a un subjetivismo creciente de la fe como puro sentimiento o sentir subjetivo) ha de ser confirmado alentado y ayudado con el pastoreo.

d. La revisión consciente acerca del ejemplo de fe que se esté brindando (y del sentido eclesial que se esté manifestando, sentido que incluye la comunión y la obediencia como virtud) tendrá un gran valor para la renovada evangelización. Esto también vale para reflexión de los Pastores del Pueblo de Dios. De allí, como consecuencia natural, podremos hacer realidad la opción por una pastoral vocacional sacerdotal y religiosa convencida y proveniente de la alegría de la consagración obtendrá también nuevas fuerzas de una renovada conciencia sacerdotal.

e. El Amor a la Iglesia realmente experimentado y vivido, aún a costa de sacrificios, esto es, la «Pasión por la Iglesia» (la frase es de Pablo VI) también tendría que ser también objeto constante de nuestra reflexión, en vistas a una auténtica conversión pastoral.

Esto último, tan anhelado, se halla estrechamente ligado con la llamada (por el Documento de Aparecida) «conversión de los Pastores», siempre necesaria: “La conversión de los pastores nos lleva también a vivir y promover una espiritualidad de comunión y participación (…). La conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales san comunidades de discípulos misioneros en torno a Jesucristo, Maestro y Pastor (…) el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral”(22).

f. El grandísimo valor de la piedad popular (y la necesidad de revitalizar las misiones populares), piedad que ha de ser reconocida, valorada, alentada, encauzada por los Pastores.

g. La raíz cristológica de la opción preferencial por los pobres y excluidos (tal como nos lo expresara el Papa Benedicto XVI en el Discurso Inaugural de la Conferencia de Obispos de APARECIDA), en especial en lo que respecta a la promoción humana integral, ha de marcar nuestro pensamiento y accionar. Dicha raíz cristológica ha de hacer esta opción preferencial más abnegada, dedicada, urgente, eclesial.

h. El impulso evangelizador generado por la FRATERNIDAD SACERDOTAL no es para nada menor. Dicha vivencia de la fraternidad incluye también, como acto de caridad, la corrección fraterna. Hunde sus raíces, por sobre todo, en la comunión afectiva y efectiva de los presbíteros entre sí, con su Obispo y con el Santo Padre, Sucesor del Apóstol Pedro. Porque, así como el discipulado posee un inmenso valor misionero, especialmente evangelizador es el «condiscipulado», con el testimonio de la fraternidad sacerdotal. Como se ha sugerido antes, este impulso del que estamos hablando ayudará grandemente a la renovación y puesta en vigor de una auténtica pastoral vocacional sacerdotal, que se hace cada vez más necesaria.

i. La puesta en valor de la responsabilidad de los laicos como agentes de la pastoral misionera(23) con la toma de conciencia de que todos los laicos son misioneros en virtud del bautismo, teniendo en cuenta las variedad de ministerios laicales y las vocaciones «subespecíficas» (el lenguaje es de la Redemptoris missio), recordando también que los laicos, cuyo apostolado les viene de su propio bautismo, no deben, sin embargo, «clericalizarse». Esto dicho en el sentido que también da la Christifideles laici: (…) el camino posconciliar de los fieles laicos no ha estado exento de dificultades y de peligros. En particular, se pueden recordar dos tentaciones a las que no siempre han sabido sustraerse: la tentación de reservar un interés tan marcado por los servicios y las tareas eclesiales, de tal modo que frecuentemente se ha llegado a una práctica dejación de sus responsabilidades específicas en el mundo profesional, social, económico, cultural y político; y la tentación de legitimar la indebida separación entre fe y vida, entre la acogida del Evangelio y la acción concreta en las más diversas realidades temporales y terrenas”(24).

j. La profundización del rol de las asociaciones de fieles laicos y los movimientos laicales ha de ser visto como riqueza para la Iglesia local, con un sentido de apostolado en el mundo e integración eclesial.

k. La promoción auténtica y responsable del diaconado permanente, sigue teniendo vigencia, a partir de la consideración del Plan para la formación de la Santa Sede, lo cual significa un perfil pastoral de dichos diáconos.

4. Urgencias de nuestro tiempo

Así, conforme a estas premisas, la comunión, la evangelización y la misión son urgentes. La revisión, en una verdadera «conversión pastoral» de nuestras comunidades nos hará ver más claramente nuestra vocación profunda, nuestro gozo más fuerte, nuestro mismo «nombre» como Iglesia, que es misión, como es el sentido de estas palabras de la Evangelii nuntiandi, que son como un compendio de todo lo que hay de esencial en nuestro ser eclesial y en la evangelización:

“Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa”(25).

Docmento completo en http://www.obzaratecampana.com.ar/


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, , Jesucristo dijo

Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia. Dios los Bendiga a todos.