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Mamushka post

Velocidad y puntos suspensivos

Debo publicar a la velocidad de la luz hoy. En breve me pasa a buscar una amiga y haremos un raid bajo este sol rajante, que nos grita: -“ey! esto de virtual no tiene nada ¿eh?-. Y si, naturamente… Por lo mismo traigo a la memoria varios post, uno dentro de otros, contenedores de ideas de todos los tamaños.

Conciente de que no vamos a esquiar en la nieve, me bañé en protector solar factor 50, para escudarme de la invasión de pecas, entre otros males. Y para no sentir este estreñimiento mental, me dispuse a forzar mis ojos a leer prosa poética…Uf! cómo cuesta siquiera pensar en prosa!!!, le busco la vuelta y sigo y sigo, porque no encuentro la punta del ovillo. Hago un mate. Doy vueltas como un perro tratando de acomodarse en el rincón más fresco de la casa. Tomo el cuarto vaso de agua. Me paro. Camino alrededor de la mesa. Revuelvo la cartera buscando mis nuevos anteojos para ver de cerca y ¡sorpresa!, desaparecieron. Subo las escaleras como lo hubiera hecho Teseo siguiendo el hilo de Adriadna para salir del laberinto…pero nada, no aparecen por ningún lado. Hago memoria hasta que empiezo a echar humo y voila!!! los tengo puestos de vincha. Ja! qué chiste la vida – pienso – hace un par de años veía a mamá buscando sus anteojos mientras los tenía puestos y me reía. La miraba pintarse los ojos por encima de sus lindos anteojos, frente al espejo, con delineador líquido, con una maestría y pulso admirables y suspiraba creyendo que jamás me ocurriría algo así. Visitaba a mi amiga Margarita que entre carcajadas me confesaba una ristra de dificultades comiquísimas ocasionadas por la “fisiológica” mismísima cuestión y me sentía una aprendiz. Y sentada a los pies de la cama de mi abuela, escuchaba historias como a los cinco años, acerca de sus operaciones, del avance tecnológico al respecto y de lo importante que es para la gente de esa edad poder “ver” , “escuchar”, “caminar”, moverse por sí mismos.

Todo esto fue hasta la semana pasada, cuando me encontré mirando las borrosas letras de un sms y corrí al oculista. El buen doctor miró mi edad en la ficha y diagnosticó: – normal- así, a secas y me derivó a la óptica de al lado donde elegí unos marcos discretos y ultralivianos.

Luego pasé la prueba de mandarle un mensaje de texto a mi hijo contándole la nueva y exclamó: -está bien mami, es mejor que vayas “acomodándote” a las cuestiones de la edad…te van a quedar lindos- versaba al final, a modo de anestesia local.

Continuará…(vino mi amiga)

Re-tomar

Para retomar este post, dejé pasar más de dos semanas. Me tomé vacaciones del blog para ocuparme de otras cosas menos agradables. Por gracia divina estuvo lloviendo bastante y ese calor diurno mutó a un calor más húmedo que por momentos, se vio opacado por leves ráfagas de aire fresco y lluviecitas.

Salí a almorzar y cenar varias veces a la costanera y vi un paisaje muy diferente al que solemos ver los posadeños en diciembre. Viento, río amarronado, lluvia al mediodía…raro. Supongo que ese cambio climático afectó todas las funciones vitales, porque debo reconocer que me sentí afectada y mucho. Hasta la luna estaba grande, escondida detrás de nubes extrañas…brrrrrrrrrrrrr…tan escalofriantes como poéticas.

Escribí poco. Me agoté. Tomé más agua y ni así pude digerir muchas cosas.

Retomé el post y el camino, después del aún más raro fin de semana pasado.

Pienso que quizás, estos cierres de año son los que exponen el costado sentimental, materialista, las carencias, lo íntimo, lo ventral, lo que se suele “disimular” cuando todo el mundo está distraído. Bue…pero es que yo lo veo! y siempre! Y lo licúo normalmente…y paso por alto la ofensa y toco la honra…y retomo…pero esta vez costó, costó.

Mamushka mía!


Así que imaginé una mamushka, esta. Y decidí escribir palabras con S, trazar un path como este : silencio/ salud/ serenidad/ salir/ simplemente/ siendo/ soluble…

Lo guardé así como estaba, en construcción, en un pequeño lugar de mi corazón donde habían otras palabras desordenadas. Hice un espacio especial y aproveché el intervalo, para que entre la luz. Luego me puse en posición fetal, dentro, de la palabra “vientre” y me dormí.

“No sé si lo soñé…no sé si lo viví…” – cantaba un amigo hace años- y yo lo admiraba como a todos los poetas que no saben que lo son.

Así está todo, lo grande contiene algo cada vez más pequeño. El afuera contiene el adentro. No hay que perder de vista eso.

Buena Semana!


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