Algo viejo, algo nuevo.
La navidad se aproxima en puntas de pie. Suele pasar en esta época del año, que la euforia de “las fiestas” se entremezcla con actividades de cierres y balances. Los contadores están tapados de libros, las maestras de actos, los oficinistas de reclamos, las tiendas de ofertazos, las calles de luces, etc. -“¡Qué stress!”- diría mi amiga Cori. Y qué en vano es stresssssssssarse sin razón. A todo esto agregale las tonterías y rituales de moda, a saber: comprar una bombacha rosa para la Noche Buena, llevar puesto algo viejo y algo nuevo, brillos brillos brillos… Por Dios! ¿acaso nos olvidamos qué es la navidad? ¿cómo hay que ser en “esta época del año”, en esta vida y siempre?. Pienso y no logro ver ni luces ni brillos, sinceramente.
Luego vuelven los interrogantes, la duda, el dolor existencial tan sano, éste, que me comprime, me parte en mil pedazos, quema mis costras y me ve resurgir de las cenizas como el Fénix… ¿Y las almas? – me pregunto- ¿qué esperan en esta “época del año”? ¿Habrá un alma suelta entre millones esperando “dar”? o todas buscan meramente recibir?. Creo sinceramente que esta cultura de hacer una “lista de deseos”, de “pedir a Papá Noel”, de “esperar” de “alguien” que no se sabe a ciencia cierta quién es ni de dónde viene, si tiene barba o es verde, primeramente genera confusión y posteriormente desilusión y una suerte de conformismo aplacante al que uno se termina acostumbrando, como a una droga o anestesia.
Supongo que, he visto correr ya, mucha agua bajo el puente y es un cuento viejo y de otros lares el de la nevada navidad en rojo y verde y el fin de año con fuegos de artificio. Los artificios están demás como los lustres. Las cáscaras a la basura amigos. Los ritos, la pompa, las celebraciones y prácticas inconducentes, lo que no tiene gollete también. El saludo sin buena intención, no va; como tampoco la mala mirada. Empobrecemos en actos así porque mecanizamos el rictus sin qué ni para qué. Sonreímos sin ganas, pasamos la mano porque nos enseñaron que es un gesto de cortesía, no de onda…y sin querer en esa mano con la nos tocamos unos a otros, pasamos parte del alma entristecida, deshecha, desguarecida, o no. Seguir haciéndolo es en cierta forma mentir. Mentir es un pecado. Un pecado es una falta provocada por las debilidades carnales devenidas del Ego. ¿Y qué hacemos ahora? ¿cometer más excesos o reparar la avería?.
Es tiempo de expiación, de purificación, de sacrificio, de hacer “algo nuevo”, algún cambio profundo que produzca un buen revuelo en el fondo, una variación de onda, alegría a corto, mediano o largo plazo, una movida diferente, allllllgo! ¿no les parece?
Navidad es nacimiento, “volver a inicio”…¡qué buena idea!. No voy a seguir “esperando” el beso debajo del muérdago, lo voy a “dar”.
Chau! Corro a decorar el árbol de la vida.
¡Los quiero!
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soy de acuerdo con todo ha dicho, porque navidad ès nascimiento, humillaciòn, no vanidad!