Cómo le va doña !
La palabra “pero” antecede todo lo referido a ella. Ayelén se llama, pero a simple vista parece un nene de potrero. Tiene 11 años, pero arremete con contestaciones de 18. Debería estar jugando, pero está tocando los timbres del barrio de Villa Sarmiento en busca de algo para comer y un poco de conversación.
- Somo´ de acá de San Justo, de la villa que está cerca de la chanchita, vio la chanchita doña? el tren blanco ese que hace Haedo Temperley vio?
Arma un discurso que considera correcto para cada casa. Cada sábado toca confiada el timbre de la cuadra de Sargento Cabral al 500, de donde provienen la mayoría de las cosas que luego le da a su familia.
- No es que mi mamá me obliga pero a mi me dan mucho más que a ella que es grande y gorda, la gente no le abre, a mi me abren todos vio? Su nene duerme doña? Cambia de tema rápido para que la conversación nunca gire en torno a ella ni a sus cosas. – Dice mi mamá si no tiene una ropita así de nene como el suyo.
Cuando pide comida baja la voz y tuerce un poco el cuello, se encoje de hombros y lanza suave e irresistible. “tiene algo pa´darme de comer? o lo que le sea? . Hace 4 años que con su dulzura torpe y fresca visita la a los vecinos de ese pasaje.
Camina tierna, con un cuerpito que está a punto de desarrollarse, pelo enmarañado, pero cuando ve que una doña saca un perfume se retira el pelo de la cara sucia y se prepara como una estrella en su camarín acercando el cuello. .-.-.-.-.
Ese día, después de la charla habitual y superficial Ayelén no se va, se queda colgada de la reja de la casa. De repente empieza a hablar, como contando algo al pasar:
– Es que se nos quemó la casilla el domingo doña, y ese día desapareció mi hermanito de 2 años y no lo vemo´ desde ese día y mi papá le hecha la culpa a mi mamá porque ella se había ido a bailar con las mujeres de la villa –.
Un silencio se apodera del momento que nada ni nadie se atreve a cortar, salvo el grito bruto de su papá que llega desde la esquina y Ayelén se aleja mas callada que de costumbre y deja en la aire una pesadumbre no habitual a sus visitas. Mira a su alrededor, saca uno de los chocolates de su mendigar y se lo mete apresurada en la boca antes de que le pidan un poco, lo mastica con rabia, esconde las sobras y el papel y vuelve a buscar a su familia como si esa golosina no hubiera existido. -.-.-.-
Ayer después de un mes de ausencia volvió Ayelén al barrio. Su hermanito apareció muerto cerca del lugar debajo de unos escombros. Ya no parece la princesita sucia de siempre sino mas bien una sombra gris que haciendo un esfuerzo levanta los párpados pesados y dice una vez más – Me juntó algo doña? Yo le traje una flor -.
