Tengo una idea
Tuve una idea. Hace rato la tuve, no se bien cuando pero fue hace unos cuantos meses …. a cierto ya me acordé. Fue en una charla con una persona inesperada que me dijo un par de cosas inesperadas y me dejó, por lo menos, inquieta.
Esta idea me hace sonreír mientras escribo. Es una idea que tiene muchas formas o, para no mentir, es un poco deforme.
A mi idea ya le di muchas de mis horas y hasta generé lo que podría llamar “la antesala de mi idea”. Ni loca le digo Proyecto, mirá si se la cree y se me escapa de las manos. Es una idea, mi ideita.
Creo querer concretarla con mucha intensidad, pero también creo que me siento incapaz por momentos. Tengo un sinfín de excusas para no seguir moldeando su barro y dos razones para perseguirla. Creo en ella. Y además me acelera los latidos.
Tiene los condimentos picantes para tenerme bien erguidita sobre mi silla. Me interesa tanto que me tuvo 8 minutos mirando los azulejos pintados de la cocina quieta como un palo. Mi idea tiene tantas partes que me exceden que no quiero pensarlo.
Mi idea me apasiona y me da pavura. Me apasiona porque quiere contar historias. ¿Acaso no es eso lo que quiero hacer desde siempre? Mi idea tiene una excusa, una buena excusa que me permitiría contar esas historias.
Realmente creo que es una buena idea. Conlleva una serie de decisiones, de renuncias, de encuentros y desencuentros que estoy empezando a escribir para evaluar. En calma. ¿En calma? Como si supiera lo que es eso.
Hoy me arde mi idea. Me emociona. Me hace agitar las manos como una loca mientras escribo y agradezco que nadie me vea.
Creo que llegó el momento. Me da cosa en la panza. Quiero hacer lo necesario para que ella Sea.
