Esta historia termina con un beso en la boca
Terminé de cubrir un evento de tecnología en el Ceasar Park con la cabeza agotada y aburrida. Llena de información innecesaria y con mucha necesidad de haber entendido un poco más de lo que fui a escuchar. Sin tener la decisión tomada de si buscaba un taxi, un locutorio, un colectivo, ir a Once o a Plaza de Mayo, me puse a caminar por Av. Del Libertador.
El viento fuerte y el sol pleno me resultaron una combinación irresistible y sin darme cuenta ya estaba cantando. – Cuando se enciende la tarde me da por cantar -. Repasé mentalmente el evento: seleccioné lo que me iba a servir para mi nota, recordé las tres variedades de te Inti Zen que había probado. Me acordé del periodista lindo del diario Perfil con el que intercambiamos tarjetas, en lo bien que estuvo el primer orador y decidí dar por cerrada la mañana. Miré la hora en el celular, vi un locutorio y me metí a sacar dos mails urgentes y seguí la caminata. Con una moneda de un peso en la mano, por si se me daba por arrojarme a un colectivo, me propuse no caminar con la vista hundida en mis pensamientos y entregarme al ejercicio de mirar a la cara a las personas que venían por mi vereda en dirección contraria en busca de algo interesante para escribir.
Lo primera conclusión a la que llegué es que todos los tipos estaban buenos. La segunda que todas las minas tenían abrigos muy lindos. Pero obvio me interesó más la primera y decidí abocarme a esa. Estaban buenos en serio. – Claro, es la zona – , justifiqué. Estaba pasando por la puerta del Sheraton a las 13.15 cuando centenares de yupis abandonan sus puestos y se arrojan a los sucuchos de Alem y Tres Sargentos a comer secretarias y algún sanguchito. Impecables caminaban, algunos echando piropos, otros despreocupados, otros haciendo negocios. Dos iban mirando para abajo masticando algún problema. Moví la cabeza para ambos lados, me mordí el labio de abajo y pensé – Soy lo menos, no puedo estar pensando en esto – y me reí. No sé que me sorprende tanto, como si no supiera que los hombres me gustan más que el helado.
A mi izquierda se iba sucediendo el paisaje típico de la zona. Desde el Patio Bullrich hasta el helipuerto de
Me lo choqué de lleno. Lo primero que vi fue su camisa celeste impecable y olí su perfume de macho que me enloqueció. Un saco de corderoy marrón que terminaba en dos manos por demás inquietantes. Pantalón azul, zapatos cancheros. Cuando me animé por fin a levantar la vista, el ya había clavado sus dos ojos celestes adentro de los míos.
Entonces, antes de que me de cuenta me agarró fuerte de los dos brazos y me acercó el cuerpo hasta pegarlo al de él. Me tomó con una mano de una mejilla y me partió la boca de un beso. Beso largo, con la boca cerrada, fuerte y apasionado. Le respondí con gusto. Mi cuerpo hacía equilibrio en el único pie que quedaba apoyado en el piso, pero él me sostenía seguro.
EL: - Hola, ojos comunes, estás hermosa
YO: - Sos el tercero que me lo dice en el día, tanto cambia la cosa cuando me pongo una pollera?
EL - Te invito a almorzar pelirrojita linda
YO - Y el nene se auto-retira del jardín?
EL - Ah, el nene …
YO - Y si te acordás? Tenemos un hijo como de tres años…vos insististe…
EL - Si cierto. Bueno otro día que el microcentro nos vuelva a chocar.
YO - Ni en pedo cocino hoy eh
EL - Ya sé, si es martes, pedimos lo de siempre ..
YO - Lo de siempre…
EL - Me das otro besito?
YO - Dale volá …
EL (haciéndome cosquillas en la oreja con la boca)
- Hoy no te salvás …me importa un carajo que sea martes
YO: Querés apostar? ….una quilmes stout …
El: Me debés como un cajón ….
Lo besé en la mejilla, me sonreí cómplice y le acaricié las canas
YO- Dale viejito, andá a pagar
Saludé cortante como siempre a sus compañeros del laburo que habían retrocedido un metro y todavía no entendían porque Sebastián se había morfado a una mina en la medio de la calle a la 1 y media del mediodía.
Me fui riéndome, con mi teoría comprobada. Si yo fuera soltera iría a caminar todos los Santos mediodías por ahí. Caminando por Alem todos los tipos están buenos. Más si uno te estampa un beso, te dice hermosa, te promete una noche agitada y te ama desde hace más de 9 años.
