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Paciência

Si hay algo que no me gusta son los blogs de poemas. Esos que por lo general tienen fotos de comics de chicas chinas llorando, que les ponen música de fondo y toda esa sarta de cursilerías que me revuelven el estómago. Cada vez que me topo con uno de ese tipo busco desesperada la tecla ESC y la aprieto como una loca. Hoy me veo muy tentada a colgar esta canción y no decir más nada, pero temo parecerme demasiado a esos blogs. Así que voy a tratar de buscarle la vuelta.

Lo que pasa es que no tengo mucho para decir. O quizás si. Tengo para decir que hoy siento que se me terminaron las historias. Que estoy muy vulnerable. Quiero poner un cartel que diga OUT OF ORDER. Quiero vivir con menos pasión. Quiero tirar el blog a la mierda. Quiero ser del rebaño y ya no ser la polvorita loca esta. Es demasiado desgastante y me encuentro muy cansada.

Tuve la excelente idea de comenzar terapia por segunda vez en mi vida. Es una virtud que tengo, que se que no le pasa a todo el mundo. Cuando veo que estoy tocando fondo con algún mambo, de alguna manera pido ayuda. Es un instinto de autoconservación que fui desarrollando con los años y que me ha rescatado de más de un quilombo grande.

Fue un encuentro muy intenso y la verdad es que me había olvidado a la desnudez a la que uno se expone en esa horita. Ella me dijo muchas cosas, anotó como 6 hojas y escuchó mi verborragia teñida de un llanto tímido. Cuando terminábamos me remarcó, entre otras cosas, la cantidad de veces que le dije la palabra adolescencia y me preguntó que estaría haciendo yo por esos años de mi vida. Llegué a casa y lloré por horas, con el agregado de un hijo preguntándome que me pasaba mientras yo fingía un dolor de panza y mi marido que hacía malabares de payaso para sacarme una sonrisa.

Es increíble. Supuestamente yo ya había mirado mi historia, sanado heridas, aceptado realidades, pero parece que los sucesos que me constituyen por mas trabajados que estén, están ahí. Y todavía tienen mucho para decirme sobre mí. Sobre la Martina actual.

Por eso hoy me regalo esta canción y se las acerco a ustedes. Fíjense como quieren oírla. Perdón, pero hoy no tengo grandes remates para el posteo, ni un punto de tensión en la historia, ni mucho menos ganas de releerla 800 veces como hago con cada entrada para que quede lo mejor posible.

Si pudiera me iría a la cama a taparme hasta la cabeza. Pero tengo trabajo de mamá, de profesional y de hija por hacer. Entonces me quedo acá sentadita. Me calzo la coraza una vez más, lo pongo a Lenine y largo mi día. Dos horas mas tarde que lo habitual, con las párpados un toque hinchados y el pecho un poco estrujado. Pero largo, que no es poco.

http://es.youtube.com/watch?v=sXmWAOIWg3w

Frases imperdibles:

“Hasta cuando todo pide un poco más de calma, Hasta cuando el cuerpo pide un poco más de alma, La vida no para”

“Mientras todo el mundo espera la cura del mal, Y la locura finge que todo eso es normal, Yo finjo tener paciencia”

“La gente espera del mundo lo que el mundo espera de nosotros, un poco más de paciencia”

“Será que me falta tiempo para perseverar, será que tenemos ese tiempo para perder, Yo sé, La vida no para”

A primera vista

Llegamos al teatro con dos cervezas encima y sin muchas expectativas. Nos felicitamos entre nosotros por eso, ya que los mejores shows siempre fueron los que nos agarraron completamente desprevenidos. La sala era más fea y lúgubre de lo que la recordaba. Con paneles acústicos blancos sucios y butacas de consultorio amuchadas que prometían dos horas incómodas. Los ventiladores giraban en cámara lenta y los acomodadores improvisados trabajaban hora extra sin pago extra.

Apenas 10 minutos más tarde de lo anunciado llegó la oscuridad, esa aliada que en ocasiones como esta, no te permite recordar el decorado y te obliga a concentrarte en un único cuadrado en el que convergen decenas de reflectores.

Bastó que empiece el primer tema para que me entregue de lleno al recital. Él eligió una canción arriesgada a la que llegó apenas rasguñando las notas agudas. Celebré su elección y luego comprobé que sería la constante de la noche. Un repertorio incómodo, que lo dejaba al descubierto en cada acorde, que interpretó de manera impecable, pero con esfuerzo. Con inflexiones en la voz muy parecidas a los quejidos, la sonrisa confiada, la mirada escondida y su magia añejada acariciando tres guitarras y dos bajos.

El público estúpido, que se movía en sus sillas para sacar fotos con ruido, tardó en darle la bienvenida y aplaudió los cuatro primeros temas como se aplaude a un orador en una convención de proctólogos.

Pero en fin, sigamos, que sin mucho preámbulo llegó el momento de esta canción. Y ahí mismo me perdí, me fui, volé. Cerré los ojos con él y me encontré sumergida en ese suave vaivén al que te invita el estribillo. Sería en vano tratar de explicarles la cara que él ponía mientras nos regalaba esa melodía. Les digo un par de cosas porque no quiero que dejen de imaginarse esto. La hizo todita con los ojos cerrados que apenas entreabría para espiar el cambio a esos acordes imposibles que tira y con una sonrisa de esas que sólo ponen los que cantan pensando en alguien con nombre y apellido.

Y bue, a partir de ahí el show no bajó más. Cerca del final hizo una vidala a capella con una caja chayera que nos puso a todos a corear y cuando ya estábamos casi satisfechos, desenchufó la guitarra, se sentó entre nosotros y susurró dos temas de los Beatles mirándonos a la cara.

Fin. Se paró, saludó. Ahora la gente despabilada gritaba, pero ya no había posibilidades de nada más, porque ya había pasado todo. Entonces se fue.

Recién ahí pude respirar hondo. Apreté fuerte ambos puños y con los dientes tensionados dije en voz alta: – Ay Dios, la puta madre, gracias!- Y volvió a pasar. La música me rescató una vez más, esta vez, de una semana muy dura. Esa noche la música volvió a arrancarme del tiempo y del espacio y me devolvió apaciguada, como recién pasada por agua bendita. Y acá me tienen. Dándole replay a “A primera vista” hace una semana. Ayer la puse al taco, me fui a bañar y dejé la puerta abierta. Creo que por momentos realmente creí que estábamos cantándola a dúo.

El tipo va a llenar varias veces el Ópera la semana que viene. Pero el sábado eligió venir a Ramos a tocar en un lugar choto que solo él y su guitarra transformaron en una imponente catedral.

Ah, perdón, si todavía no les dije. Fui a verlo a Aznar. A Pedro Aznar

http://es.youtube.com/watch?v=yfs5HSXE47s

É isso aí


Este 2008 me está sacudiendo mucho más de lo que esperaba. Más, y distinto de lo que esperaba. Que mis días y todas las situaciones que pasan en ellos tengan una canción que los ilustre no me sorprende y no es novedad. Esto me pasa desde muy chica. Pero este año es distinto. Todo me golpea, mucho me conmueve, algo me enamora, nada me pasa desapercibido.

La música de Brasil llegó a mí de la mano de un hombre, cuando no. Me resistí a capa y espada contra el acaramelado sonido. Lo asocié a telenovelas inmundas y a axes de cuerpos frenéticos llevando la pelvis hasta la punta de una botella de vidrio cumpliendo el ritual dionisíaco.

Inteligente mi compañero, no trató de convencerme de lo contrario. Se dedicó a mostrarse feliz y con lágrimas en los ojos escuchando Cancão de Amor de Caetano, como lo hizo alguna vez con Adiós Nonino. Una noche volvió del Gran Rex transfigurado por lo vivido cuando vio a un ángel con guitarra comerse un show de dos horas sin más armas que una túnica gris, pies descalzos y una voz embrujada. Otro día me llamó del ND Ateneo y gritaba como un pendejo viendo a 2 MINUTOS en la cancha de Ferro, pero en realidad era un acústico de Gilberto Gil. El jueves pasado directamente me dijo afónico que no podía ni siquiera poner en palabras lo vivido en el show de Lenine y se fue a dormir en silencio. Al otro día vi en 5 diarios que fue el show más caliente y espectacular del año.

Siempre llego con delay a los discos brazucas, con un retraso de entre 6 meses y 1 año. Pero llego. Por lo general pasa así, es más, ayer pasó así:

YO – Tenías razón. Me cayó la ficha. Es el disco del año. No sé como no me di cuenta antes. Soy una tarada, cómo no me lo dijiste? ¿Por qué no me obligaste a ir al show boludo?

EL: mmm

YO: Es terrible como se comunican, es terrible la “calle” que tienen encima esas dos voces. Me muero, estos dos tiene que ser amantes o algo, les viste la cara? Viste como se ríe ella cuando la mira? no puede ser que se respire esto, me quiero morir, me muero…

EL: ajá

YO: ¿Cuando vienen a Argentina? ¿Cuando vemos el DVD? ¿Bajaste las demás cosas que hicieron? ¿Nos vamos a Brasil en enero? ¿Hacemos caipiriña? ¿Estudiamos portugués?

Él, frotándose las manos, relamiéndose en mi testarudez, fue hasta la bodega de la cocina buscó uno de los buenos. Lo abrió, sirvió dos copones y se fue al sofá sin invitarme. Le dio play a “Ana Carolina y Seu Jorge AO VIVO”. Me acerqué curiosa, me dio una copa y me dijo: – Para que nunca nos deje de pasar esto con la música -. Brindé excitada con la propuesta. Me senté en el sillón y me callé la boca por 2 horas.

Hace un par de posteos los invitaba a escucha La Ventana con los ojos cerrados. Por favor abran bien grandes los ojos antes de hacer click en el enlace de abajo. Déjense “modificar” al escuchar como repiten una y otra vez la misma oración y siempre suena distinto, cada vez más enamorada, cada vez más entregada al otro. “No voy a parar de mirarte” repiten y no se cansan, no se cansan nunca.

“Las cosas simples son siempre buenas, o casi siempre” dicen estos dos. No voy a darles más información sobre el disco. Que sólo se enteren los curiosos, los enamorados, los que se estremezcan con esta canción y se arrojen al Google desesperados por más.

http://es.youtube.com/watch?v=CjmLI0VyLmM

La Ventana

En junio empecé a escuchar un disco. Y ya no pude parar. Cualquiera que me tenga en el msn y se haya detenido un segundo a espiar qué escucho en el Windows Media Player lo habrá visto repetirse por horas. Y lo que es más patológico, he dejado un mismo tema sonando de manera indefinida.

El disco se llama “Amigo” y es de Juan Quintero y Edgardo Cardozo. Está agotado, pero pueden bajar algo por el Ares, siempre y cuando no hagan la chanchada de no comprarlo luego. A artistas como estos no se les hace semejante barbaridad.

No los estoy invitando a disfrutar un tema, sino a transitarlo, y debo advertirles, quizás a padecerlo. Es denso como brea recién volcada. Te hace bajar o bajar. Muchas veces lo escucho para escribir o simplemente para meterme en la tensión que se genera entre esas dos voces, por el solo hecho de conmoverme y flagelarme un rato. Es más fuerte que yo, tanto que le dio el nombre al blog.

Ni se les ocurra hacer click en el enlace si están en la oficina, no tiene el más mínimo sentido. Lo ideal, dentro de las posibilidades que tengan, es que estén en silencio, que le den volumen y que cierren los ojos por los minutos que dura el tema, para no distraerse con la cargada pantalla de YouTube. Háganse el favor. Y ya que están, denle repeat.

http://www.youtube.com/watch?v=JYqIq3b2Uuo


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