Capítulo 7: Tercera parte

Necesitamos conseguir ropa de este lugar”, sugirió Jox, hipnotizado por una de las vidrieras que la criatura usaba como distracción mientras desplegaba sus fauces de metal y cemento para devorar a los incautos. Mimi lo sabía, sabía que era una amenaza ese lugar. Por supuesto, los bots no podían provenir de otro lado, sino de esa criatura viviente, agresiva, deseosa de fagocitar todo. Con sus gritos en cada esquina, sus luces brillando, buscando distraer para nulificar existencias.

Sí”, trató de convencerse. Necesitaban pasar desapercibidos.

Todos somos el Otro para el Otro”

Me ahorraste el trabajo de ir a buscarte”, le dijo Wyatt al Nuevo, ya en la casa de Ato, mientras el Ato del futuro se sentaba sobre la cama. Escuchaba todo, veía esas caras que hacía rato no veía y no podía parar esa felicidad que lo estaba enloqueciendo. De verdad no había pasado todavía. De verdad había chances para cambiar las cosas.

Ato se miró a él mismo y no pudo creer que se viera así. Claro, ya habían pasado varios años para el otro, y así y todo, no podía creerlo. ¿De qué clase de futuro era ese Ato?

No me vas a llevar”, sonrió el Nuevo, “por lo que él”, señaló al otro Ato, “va a decir ahora”. Entonces el futuro Ato habló. “No era así como pasaba. No en mi pasado. Nunca estuvimos acá. Wyatt Searp, vos no me escuchaste. No fuimos en pos de Mimi, y entonces ella casi murió por culpa de ese desgraciado. A él lo agarraste, pero nunca supo que eso iba a pasar. Sabía que iba a volver, pero no… ¿Cómo supiste esto en esta línea y no en la otra?”

Todas las miradas se dieron vuelta al Nuevo.

Algo se acercaba desde el desierto.

Una mancha, ahora un hombre, dos hombres a caballo. Ligeros, llegaban ligeros y no parecían tener buenas intenciones. Para colmo, la ciudad no pasaba por su mejor momento. La derrota por parte de los bots, la partida del sheriff, el ocaso que sufrían los Admines. Ese fin de semana había sido nefasto para el pueblo, pero las penurias apenas estaban empezando.

¡Le doy cien monedas de oro al que desarme a los Admines!”, gritó el hombre, de una voz como eco en una habitación oscura. Inmediatamente, decenas de cabezas, hombres y mujeres, brotaron deseosos de créditos. El plan estaba saliendo a la perfección.

Cuando el Predicador vio la cara del hombre que hablaba, tembló de la cabeza a los pies. No podía estar pasando.

No de nuevo.

Continuará…

Capítulo 7: Segunda parte

¿Dónde está?”, se preguntó. No aparecía por ningún lado. La buscó entre sus ropas abandonadas, entre las huellas dejadas en la cocina, en el el balcón, en sus rincones privados, esos a los que él no se animaba a acercarse aunque ella lo invitara. Pero nada. Por ningún lado. Nomás el vacío. Un vacío que solamente refleja lo vacío que empezaba a sentirse.

Una silueta que es un perfume, que es una suavidad, que es una morena, que es una ardor, que es unos pasos acaramelados, que es la seguridad de que es ella, de que es su Hada, se acerca a Momo, que anda haciendo de las suyas en “El Foro”, gastando,tal su costumbre, condena del maquillaje a ser la eterna burla. Y mientras se ríe de los Pioneros embravecidos, derrotados por bots sin ánima, la ve llegar. La sangre baila. Hadita se acerca, le da un beso, se sienta en sus piernas.

Así lo encontró Ato, el desesperado. Sentada encima suyo Hadita, el Predicador, el Hippie y Fc, rodeándolo. “Tienen que ayudarme”, les pide, y les explica su situación. Pero nadie la había visto después de la reunión.

Y la noche, de a poco, se va comiendo a Ciberya.

Sin tus caricias, nena, que va a ser de mí, piensa, ignorando al Momo y los Desconfederados. Hierven las manos, agitándose sin control. Wyatt no pretende buscarla.

Dos prisioneros se escaparon, y tenemos que encontrarlos”, su voz de Sheriff es tan firme, que ya saben que no va a dar el brazo a torcer. Le preguntan qué pasó en la reunión, qué se decidió, cómo pensaban solucionar el problema de los bots, para que sus amigos no perdieran más. Y rieron. Y desataron la furia del hombre de la estrella.

No va a cambiar. Su trabajo ahora es capturar a los fugitivos, dice. “Pero parece que va a ser más fácil de lo que pensaba”, escuchan los dos hombres recién llegados. Uno llevado, el otro sosteniéndolo.

Golpeó la arena. Otra vez esos malditos ataques. No podía. Tenía. Quería. ¡Ah! ¡Dios, necesitaba concentrarse! Un millón de fotos de ella. Fotos por todos lados. Hojas de diarios con noticias sobre ella. La arena. Tenía. Caminar. Esa puerta. Su oportunidad. Las manos escritas llenas de poemas de cartas de amor de amores de rechazo por qué me rechazas. ¡Ah! Golpeó la arena. Sí, había llegado su hora. Ahora era la hora, esa hora que andaba esperando. Fotos por todos lados. La noche, nadie lo veía. La amaba. Páginas… Tenía. No podía. Quería.

Arrastrando su locura, los siguió. Hasta la frontera que decía ser esa puerta.

Continuará…

Capítulo 7: Primera parte

Estamos en medio de un partido en descuento”, les dijo Mimi mientras se adentraban al corazón de bestia de cemento, brotado de escaras con ventanas; “cualquier pelota puede ser la última”.

La ciudad se erguía enfrente de ellos, con sus ruidos, sus autos gritando, sus calles resquebrajadas, el olor a no aire. Sentían sus miradas por todos lados. Su vida tratando de pegarles en cada esquina. La miríada de miradas mirando sus ropas, sus armas, su caminar ciberyano, extranjero, diferente, en un pueblo donde pecar era menos que ser diferente.

Escondamos nuestro hierros”, dijo Gari. “Nos rodean ojos imantados”.

La puerta se abre despacio, en medio del desierto, de la más absoluta nada. El aire tienen un aroma pasado. La arena en sus pies se mueve como si ya hubiera hecho ese movimiento antes. La estrellas son figuritas repetidas. Cae de rodillas. Está feliz. Está muy feliz. Sus ojos empiezan a llover, una lluvia que no se había llovido antes junto a esa puerta. Está muy feliz. Está feliz. Está de vuelta.

Iban a hacer de cuenta que nunca habían tenido a ninguna Guardiana entre sus filas. Iban a hacer de cuenta de que lo que habían escuchado hacía media hora era una puta mentira, que no existía una rebelión. Iban a hacer de cuenta que la única prioridad en ese momento era dar con los malditos prisioneros que se habían escapado. Y a la cabeza de los que pretendían pretender sin pensar, estaba Wyatt Searp, rifle en mano, subido a su caballo, deseoso de que los Admines confirmaran la orden que lo dejaría cazar a esos malditos delincuentes.

Muy bien”, le dijo el Maldito al Árabe, respirando de vuelta el aroma de las flores dormitando, recuperando la sensación de tocar las estrellas, seguro de volver a su vieja vida, “los confundimos. Y noté el funcionamiento completo de su pueblo. Quiénes mandan, quiénes agachan la cabeza. Encima me parece que va a ser más fácil de lo que pensábamos. Se armó un lío interesante por el tema de los bots, escuché antes de la noche. Esos estúpidos con sus equipos…”

El Árabe metió la mano en su bolsillo, para sentir las patadas que daban los jugadores en entrenamiento perpetuo, la vida bullente de su equipo; odio a su compañero.

Iba a matarlo después de terminar con ese pueblo.

Entendió que no tenía todavía fuerzas para viajar, mientras la Muerte se lo llevaba de a poco.

Entonces vio la silueta acercándose. Acercándose en la oscuridad.

Continuará…

Capítulo 6: Quinta parte

Ciberya, en un futuro posible…

Ato agarró la nota que le pasó Jox.

Ato:

Sé que vas a ser vos el que mate al Escritor, el que corté el hilo de su vida y de la mía. Pero no te guardo rencor, ni voy a hacer nada para evitarlo, porque así lo escribió.

Lo único que quiero decirte, porque sé que no voy a estar vivo para cuando vuelvas, es que existe la chance de que arregles las cosas. No para tu vida. Esta línea está arruinada y no hay nada que puedas hacer para evitarlo. No se puede volver atrás, pero podés asegurarte de que otro Ato no se mande la misma, y se arruina la vida, y en eso, la de todos los demás.

Hay, en las antípodas de la Puerta al Otro Lado, una puerta que lleva a las personas hacia el momento que quieran arreglar, para evitar que cometan las mismas equivocaciones. Abajo te dibujé el mapa de cómo llegar, porque aunque el desierto es Infinito, es lo mismo decir que todos los lugares son el mismo lugar, y cualquier lugar puede ser bueno para la puerta.

Quiero que atravieses esa puerta y le adviertas a todos sobre los riesgos de pasar y pasar, y sobre ese tipo, el que nos cagó la existencia a todos, que llegó en la misma época que el Facuba y los otros dos. Los cuatro ángeles que mataron a la tercera parte de las gentes de Ciberya, justo antes de la Noche Eterna, para condenarnos definitivamente.

Sabés que es un viaje sin una vuelta atrás, porque el tiempo es una escalera y viajar en él como barrerla. Se barre hacia abajo, imposible hacia arriba. Pero si querés salvar la vida de tu Mimucha, no tenés otra posibilidad. Ahora es la hora de tu jugada. La jugada clave, la que nos asegure a todos un futuro distinto de este, la que salve la vida de tu mujer, y también la mía, y la de todos los Desconfederados, y la de los Pioneros, que estuvieron con nosotros cuando todos en los que confiábamos nos abandonaron.

Salvá a Ciberya, salvá al mundo…

Aquel que conociste como el Nuevo

Sin perder tiempo, Ato se levantó. No tenía muchas fuerzas, pero las que quedaban, tenía que usarlas. No podía dejar que pasara todo otra vez.

Continuará…

Capítulo 6: Cuarta parte

Hay un momento en la vida de las personas, en las que encuentran el verdadero sentido de su existencia. Por qué están donde están , por qué pasaron por lo que pasaron, por qué pesadillaron lo que pesadillaron.

Ella estaba pasando por ese momento. Ahora entendía las palabras del preso. Entendía por qué Dios que está Arriba, en el Empíreo, le había dado tanta seguridad y tanta mujer. No era casualidad que fuera GA. Que estuviera ahí, enfrente de todos ellos, hombres de palabras vacías, de corazón que arrugaba. Lo que había que hacer no podía hacerlo un hombre. Nomás podía hacerlo ella.

Había que romper las reglas.

Ellos, los que salieron recién, no saben a dónde lleva esa puerta. Pero nosotros sí. Y debimos haberlo entendido desde un principio. Alguien pasó por esa puerta, y no fueron ellos precisamente. El pacto que sellaron Maurico Rayd y sus Bueñuelitos de Manteca, los primeros Guardianes, se quebró porque alguien de acá decidió romperlo, porque alguien pasó por esa puerta. Y no solamente pasó al otro lado, sino que el otro lado vino a este.

Esa es la razón por la que los bots consiguieron fuerza, por la que los bots se despertaron del adormecimiento al que estaban condenados. Y ahora, esos tres muchachos están tratando de entender. Son los únicos. Seguro que ustedes hasta piensan en deternerlos, para evitar que lleguen, que crucen. Pero la cagada está hecha señores, y a lo mejor, son ellos los que terminan resolviendo todo.

Por eso, decidí renunciar al cargo. Una GA no puede romper las reglas sin caer en desgracia, así que, para hacerlo más fácil, me retiró antes de la sombra. Y me retiro para seguirlos, para ayudarlos, para enseñarles a cruzar, y que no mueran en el intento”.

Un huracán de testosterona sacudió el Consejo. Las voces de los Guardianes, de los Admines, trataron de maniatar a Mimi, de encerrarla en un chaleco de fuerza. Se había vuelto loca. Ayudar a unos renegados. “No son renegados”, dijo, “son Desconfederados”.

Esto es motivo de encierro, le advirtieron.

Traten de agarrarme”.

De nuevo, el silencio fue ganando todo, mientras la figura de Mimi se iba atrás de los tres hombres. Nadie supo qué hacer. Estaban paralizados por la sorpresa. Esa maldita mujer los había traicionado.

Entonces sintieron la explosión. Venía del lado de la penitenciaría.

Continuará…

Capítulo 6: Tercera parte


¿Qué hacen acá?”, preguntó la Cabeza de los Admines. Ya las nubes se amontonaban en su cabeza, y el rayo presto estaba a su mano, deseoso de dispararse.

Blankis, Jox y Gari pasaron, firmes, al Consejo de los Admines. Tenían que comunicar algo, urgente.

Bastante tiempo pasé en el desierto”, dijo Blankis, decidido, “sin saber qué hacer con mi vida. No le encontraba sentido al hecho de vivir en este pueblo, con esta gente, ni me animaba a volver con los míos, a los que abandoné. No había rumbo”, decía, cuando Gari tomó la palabra.

Nosotros huimos de la ley después de la pelea de la semana pasada, porque sabíamos el ban que nos esperaba. Sabemos que pudimos haber vuelto por uno de los nuestros, pero ya habíamos entrado en desierto, y ahí, todas las direcciones llevan al mismo lugar: al desierto. Sin tiempo, anduvimos vagando, hasta que lo encontramos a él”, señaló a Blankis, antes de que Jox tomara la posta. “Él nos dijo algo increíble, algo que nos obligó a volver. No se puede hacer un paso al costado después de algo así, algo tan jodido. No hay ley que pueda frenarnos ahora, que sabemos que estamos hasta las manos. Ciberya está amenazada, todos estamos en peligro. Volvimos, justamente, para avisarles.”

Todo el mundo quedó callado. Nadie sabía qué decir. Así que Blankis decidió explicarles. “El primer mánayer, el Martín Fierro, vino a mí vuelto un espectro, para indicarme el lugar del que venía la amenaza que llegaba como una tormenta.

Al oeste del desierto, que puede ser cualquier dirección en el Infinito, hay una puerta. Así, como lo escuchan. Es una puerta que se levanta sobre la arena. No hay nada alrededor, nomás la puerta. No tuve el coraje de entrar, pero según lo que había dicho el espectro, si queríamos encontrar la razón de nuestros problemas, había que pasar al otro lado. Mientras volvía para acá, los encontré a ellos”, y señaló a sus compañeros.

Ahora, decidimos volver a esa puerta, decidimos pasar, para descubrir qué es lo que está poniendo en peligro a nuestro pueblo. Ya no puedo llamarlo de otra manera. Su necesidad me ata a ayudarlo, no puedo mirar para otro lado”, dijo Blankis, seguido por un “nosotros tampoco”, de Jox y Gari, antes de que los tres dieran media vuelta y salieran del Consejo.

Mimi había empezado a entender. Por eso pidió la palabra…

Continuará…

Capítulo 6: Segunda parte


Señores, convocamos a esta reunión para discutir la situación extraordinaria que se vio esta misma tarde. Nunca en toda la historia de Ciberya, a menos no desde la desaparición de Mauricio Rayd, se vio cosa semejante. Algo está cambiando, y consideramos que se hace menester discutir este asunto antes de que tome proporciones incontrolables”, dijo la Cabeza de los Admines, al resto de los Guardianes. Con la cabeza giraba, cámara vigilante, a la espera de encontrar a Mimi, pero no había ni rastros de ella.

Hasta que apareció, única, radiante triunfadora contra la amenaza bot. Paciente, la GA explicó que no era diferente de nadie, que había ganado ayudada por la suerte, y aunque desde las gradas una voz se alzó al grito de “la suerte favorece a los mejor preparados”, bien supo ella demostrar que no era la mejor mánayer de Ciberya y podría haber perdido tranquilamente. “Como le pasó a Wyatt”, dijo, y todos trataron de ubicar al sheriff del pueblo, pero no estaba.

Hasta que apareció, otro más, sombrío derrotado de la amenaza bot. Furioso, rugió que esto no podía estar pasando, que no era el único que sufría la situación, que él era mejor que muchos otros manáyeres no merecedores de sus victorias contra los bots, y aunque muchos interpretaron esto como un ataque a Mimi, nadie abrió la boca.

Calma, calma, señores”, pidió uno de los Admines, mientras preparaba en su cabeza las palabras justas. “Creemos saber que es lo que está pasando. El pacto que Mauricio Rayd había sellado con su vida, se rompió. Los bots, que hasta este momento venían estando tranquilos, dormitando en el desierto sin cuerpo ni alma, despertaron su poder, siempre más allá de lo imaginable, de las ataduras mortales, y quieren recobrar lo que la muerte de los Bueñuelitos de Manteca supo limitarles.

Sabemos que no pueden ser destruidos, que debemos convivir con ellos, porque además, sostienen nuestros campeonatos en las horas más oscuras, cuando muchos manáyeres no poseen la fuerza para arrancar en el juego. Pero una cosa es la convivencia, y otra muy distinta es resignar nuestro sano derecho a la victoria, el beneficio de la duda, de la posibilidad de ganar, posibilidad que se esfuma apenas ellos hacen gala de sus capacidades. Bien sabemos que cuentan con la ventaja de una visión global, intemporal y omnipresente, contra la que nos no podemos hacer nada. Y necesitamos poder hacer algo, urgente. ¿Alguien tiene alguna idea?”

Se hizo un silencio absoluto.

Uno de esos silencios pesados, más pesados que uno mismo, que decenas de Guardianes. Pero no suficientemente fuerte, como para conseguir ganarle a los pasos de los tres hombres que llegaron al Consejo, pidiendo la palabra.

Continuará…

Capítulo 6: Primera parte


Ciberya, en un futuro posible…

Quiero que me expliques exactamente qué fue lo que pasó”, le pidió Ato a Jox, levantándose con las pocas fuerzas que le quedaban.

Todo empezó después de que te fuiste. Estaba todo planeado. El Innombrable no era en realidad el que estaba detrás de todo, ni siquiera el Maldito. Había alguien más, alguien del otro lado que sabía, él mismo que secuestró a Mimi, que sabía de la maldición del Nuevo.

Hubo una entrada masiva. Más tipos de los que nunca había visto. Vos no estuviste para verlo, pero yo… No lo podíamos creer, eran demasiados. Si hasta decidimos largar al Nuevo de la penitenciaria para que nos ayudara. Eran tantos que supimos que no iban a alcanzarnos las balas…

Por Dios, nomás de decirlo ya me dan escalofríos. Eran demasiados. Nunca había visto tantos invasores. Y tan bien armados, y organizados. Sabían que no ibas a estar, que Mimi tampoco, que nuestra reserva de armas estaba disminuida. Atacaron de noche, nos sorprendieron. No tuvimos oportunidad de devolver el fuego. Se puso peor: empezaron a incendiar las casas. Tuvimos que salir a enfrentarlos sí o sí. O moríamos por el fuego o por las balas. Los Pioneros dieron su vida para que pudiéramos ganar la plaza. El Gitano, el Gitano… se llevó la peor parte. Cayó en sus manos. El Director y el Tetero trataon de ir por él, pero… los capturaron y los degollaron.

Conseguimos levantar una barricada para defendernos, pero la fueron rodeando de a poco, mientras mataban a todos. Fue entonces cuando el Nuevo, no sé, tuvo un ataque, como ya le había pasado al Árabe. Y me dejó solo. Cuando ya me daba por muerto, el Sicario gatilló sus últimos suspiros, y consiguió matar a algunos de los visitantes, dándome tiempo a rajar.

Huí hacia acá, la cueva en la que nos escondimos con Gari hace tanto tiempo atrás. No sé si algún otro ciberyano sobrevivió. Traté de comunicarme con la radio, pero no contesta nadie”.

Apenas Jox terminó su historia, Ato perdió sus fuerzas. Se agarró la cabeza. No podía estar pasando. Era imposible. Primero Mimi, y ahora ellos, sus amigos, sus compañeros Desconfederados, todo su mundo, las personas que le daban sentido a su vida.

Tenía que hacer algo. No podía ser inevitable, tenía que haber alguna solución.

El Nuevo me pidió que, si pasaba algo, te diera esto”, le comentó Jox.

Continuará…

Capítulo 5: Quinta parte


Algo andaba mal. Un equipo podía perder contra un bot, es cierto, no era cosa rara. Pero que todos los equipos que no jugaran contra otros ciberyanos de la liga perdieran contra los bots, o la gran mayoría, era preocupante.

Imaginen, si no, señores, la situación: decenas de hombres y mujeres cuidando de sus equipos, manteniéndolos con el cariño y amor que hacían falta, para que sus jugadores, al salir de sus bolsillos, tuvieran la moral alta y jugaran a su máximo nivel; que llegan al campeonato con la esperanza de alcanzar la gloria. Cuando de repente, se les planta enfrente un equipo fantasma, un equipo gobernado por las fuerzas misteriosas con las que la gente de Ciberya debía convivir, y les gana. Un equipo sin rostro les ganas. Un equipo muerto les gana. Un equipo que no se burla de ellos. Un equipo al que no pueden putear, ni con el que se pueda negociar una revancha.

Wyatt llevaba su equipo en la mano, y lo miraba fijo. No entendía. ¿Qué había pasado? ¿Por qué había perdido? Un bot no podía ganarle, no a él, que tenía si no el mejor, uno de los mejores equipos de toda Ciberya. Era injusto. Ahora otros peores estaban por encima de él en la tabla, que iba a exponerse en la plaza del pueblo. Y no lo merecían. No aquellos que, a diferencia de él, no dejaban su vida por el equipo.

Esos malditos bots…

Guardando su equipo, dio media vuelta, y entró al Consejo de los Admines, donde se discutía la crisis.

Habían empezado ganando, eso era bueno. Pero por las noticias de ese día, ya se lo veían venir.

Sin embargo, la que más sufrió, fue Mimi. Le había ganado a su bot, pero sabía de muchos otros que no habían tenido su suerte, y eso le destrozaba el alma. Porque significaba que aquel roñoso prisionero tenía razón. Que sus pesadillas tenían razón, que no faltaba mucho para que el pueblo muriera. Dos temporadas, tres a lo mejor, y todo el mundo iba a querer irse.

Justo en eso pensaba, cuando la llamaron de urgencia para una reunión del Consejo.

Mientras Blankis, Gari y Jox, ya oteaban Ciberya al horizonte.

Mientras el Árabe ya daba con la penitenciaria, abandonada por todos.

Está por pasar, dijo el Nuevo; su compañero lo miró. Pensó en la fuga, pero lo que se venía era mucho más grande.


Continuará…

Capítulo 5: Cuarta parte


Brotó de la arena, para acercarse lentamente, siguiendo las instrucciones precisas. Le había llevado bastante ganarse su confianza, como para arruinarlo justo ahora, sobre todo si pensamos que estaba encerrado en la penitenciaria de un pueblito muerto de hambre, tan fácil de violar, con su seguridad de juguete.

En algún lugar, unos meses atrás…

¿Realmente pensás hacerlo?; ¿qué cosa?; dejar morir a toda esa gente; por supuesto, si no valen nada; pero son inocentes, no hicieron nada; ya sé, pero me molestaban. Demasiado… vivos para mi gusto.

Dicho lo cual, cerró la puerta del sótano, y la trabó.

¿Ves?, ahora podemos quedarnos con todo lo que tenían, sin que nadie diga nada; estamos dejando una estela de pueblos fantasmas, y no te importa; sí me importa, y me preocupo. Si no fueran fantasmas habría testigos, y eso sería un problema. ¿O no Ozzyto? Vení a explicarle acá al amigo lo que pasa si queda gente viva.

Ozzyto, dejando de contar la plata, se acercó al Árabe, le pasó un brazo por la espalda, se lo llevó a la calle.

Escuchame pibe, yo sé que vos tenés todas las buenas intenciones del mundo, pero ya vas a aprender que no sirven de nada. Yo también, a tu edad, pensaba “sí, voy a ayudar a la gente y a salvar el mundo”, y acá me tenés, ayudando a un tipo que encerró a una treintena de personas en un sótano, sin posibilidades de salir. Son cosas de la vida, nada más.

El Árabe entendió.

Esa noche, Ozzyto decidió hacer algo que tenía planeado desde que robaran aquel pueblo cerca del que estaban ahora. Había pasado una semana. Una semana vivieron en el desierto, protegidos de hombres finitos por el Infinito. Llegó en un par de horas. En plena noche. Desierto y firmamento se confundían en el horizonte, dando la impresión de que flotaba en realidad, flotaba en una esfera plena de diamantes y arena, arena y diamantes. Las estrellas son la arena del firmamento, entendió el hombre, mientras flotaba por la calle principal del pueblo agonizante.

Entonces escuchó unos ruidos cerca. Una casa. La misma en la que habían encerrado a los pobladores la semana anterior. Buscó el sótano. Y mientras abría la puerta de la que provenían los sonidos, notó, ayudado por la luz de la Luna, cómo un grupo de hombres hambrientos devoraba, allá abajo, a un chico. Un nené que no pasaba de los cuatro años. Lo habían cocinado, y ya habían terminado con gran parte de su cuerpecito.

Alrededor había más huesos de niños. Un terror nuevo le sacudió el alma, y Ozzyto cerró la puerta, pálido como la luz del cielo. Apenas llegó al desierto, tropezó. En el suelo, destrozado, no pudo evitar vomitar.

Volvió al pueblo, y lo incendió.

Con la esperanza de que el fuego incendiara a ese hombre que ya no quería ser.


Continuará…

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