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La apuesta es contra el yen

La apuesta es contra el yen

La apuesta es contra el yen
2 Noviembre 2009 El anuncio realizado el pasado viernes por el Banco de Japón (BoJ), tiene muchas más implicancias que la mera decisión de dejar inalterada la tasa de interés de referencia en el 0,1%. El panorama en materia de precios hace pensar en una política monetaria que sin dudas afectará el valor del yen, que tiene al yuan pisándole los talones con serias intenciones y posibilidades de desplazarlo como divisa líder regional.
A pesar de no modificar la tasa de interés, no cayó bien en el gobierno que el BoJ anunciara que discontinuará sus compras de deuda corporativa y otras medidas de estímulo crediticio, y por ello intentó presionar a la entidad antes de la reunión de política monetaria a que continuara con dichos estímulos.

El gobierno japonés quiere mantener las señales de apoyo a la recuperación económica, sin importar demasiado su eficacia. Es que en los hechos, los mercados de crédito en Japón se muestran recuperados y ello se ha reflejado en las tres últimas subastas papeles comerciales del BOJ que no captaron oferta, lo cual hace innecesaria la ayuda del organismo monetario.

Por otra parte, ante la normalización de la situación del sector financiero, se está observando que las empresas prefieren orientarse hacia estos mercados clásicos de deuda frente a la opción oficial.

Desde el gobierno japonés se esperaba algo más del BoJ a quien considera demasiado optimista en sus pronósticos sobre la evolución futura de la economía. “El Gobierno no debería decirle al BOJ lo que tiene que hacer, pero a su vez el BOJ necesita tomar en consideración la opinión del Gobierno”, decía según Reuters, a modo de queja el ministro de Finanzas, Hirohisa Fujii.

Las estimaciones de la entidad monetaria acerca de la evolución de la economía anticipan una expansión del 1,2% en el año fiscal 2010/11, elevándose al 2,1% para el año siguiente. Probablemente, estimaciones demasiado optimistas para una economía con demasiados problemas y a la que le ha costado crecer a un ritmo aceptable.

Si bien reflejaban optimismo las expectativas de crecimiento económico por parte de la autoridad monetaria, dichas proyecciones se combinaron con una visión pesimista en relación a la evolución de precios ya que auguró en su informe que la deflación permanecerá tres años, más que los dos años que preveía en su reporte anterior. La variación de precios minoristas núcleo del mes de setiembre (excluyendo alimentos y energía), mostró una contracción del 1% superior al 0,9% del mes de agosto. En la variación interanual, los precios minoristas observaron una contracción del 2,3%.

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La experiencia japonesa de los 90´ en donde la deflación ha limitado el crecimiento de la economía nipona está otra vez presente y debería limitar el optimismo para dar lugar a políticas preventivas que impidan cualquier posibilidad de recaída de la economía.

“En una economía donde los precios continúan cayendo es crucial ver si esa caída de precios será una presión a la baja sobre la actividad económica”, reconocía en un informe el propio Banco de Japón.

¿Por qué el BoJ mantiene temores limitados y confía en que la economía podrá crecer a un buen ritmo a partir del año fiscal 2011? La entidad confía en una atenuación gradual e ininterrumpida de las presiones deflacionarias. Sin embargo, si bien desde el organismo monetario se espera una ralentización de la dinámica deflacionaria hasta una variación negativa del orden del 0,4% hacia el año fiscal 2011, la reducción en los márgenes de rentabilidad por la caída de los precios, con posibles derivaciones sobre el nivel de empleo, puede frenar la recuperación esperada en la economía e incluso revertir su comportamiento para llevarla nuevamente hacia la recesión.

De este modo, para no generar presiones en contra de la recuperación económica, la deflación impondrá restricciones sobre las tasas de interés de referencia que permanecerán en sus mínimos por un largo tiempo, más allá del tiempo estimado para las tasas de interés de referencia en el resto de los países desarrollados y en desarrollo.

Con la divergencia que se observará en el comportamiento de la política monetaria entre los países, se ampliará el margen entre tasas, lo cual permitirá beneficios tentadores en operatorias del tipo carry trade. Mientras la estructura regulatoria de los países no reaccione ante esta situación, los riesgos de desequilibrios irán en aumento.

La apuesta contra el yen será entonces fuerte y la moneda japonesa tendrá pocas chances de mantener su valor en el mediano plazo frente a las principales monedas, incluso frente a un dólar que seguirá débil.

Esta situación generará sin dudas grandes peligros ya que el espíritu insaciable de los especuladores puede llevar el volumen de operaciones a cifras de varios miles de millones de dólares con posiciones altamente riesgosas y que un cambio repentino en la dinámica de la moneda japonesa y en la política monetaria del BoJ puede llevarlos a una situación de crisis. La crisis subprime demostró que para dañar al sistema financiero sólo basta con golpear en el punto justo y eso aumenta los temores en este tipo de operatorias especulativas.

Pero el yen no sólo estará amenazado por la actitud de los inversores que aprovecharán el crédito barato para apostar a inversiones rentables en otras monedas. Las perspectivas de debilidad del yen en el mediano plazo se verán reforzadas por el deseo de reemplazarla por una moneda más fuerte, lo que reducirá su demanda, principalmente a nivel regional. Ésta será sin dudas la oportunidad esperada por el yuan para aumentar su influencia en la región en su objetivo por instalarse como divisa de reserva internacional, objetivo para el cual, aún tiene mucho camino por recorrer aunque no se puede dudar que viene avanzando en dicho sentido.

Mientras la economía japonesa no recupere fuerzas y disipe las presiones deflacionarias, la situación que enfrentará es de alta fragilidad con un riesgo no menor de una nueva recaída. En este contexto un elemento positivo para la economía fue la caída por segundo mes consecutivo de la tasa de desempleo que se ubicó en el mes de setiembre en el 5,2% de la Población Económicamente Activa (PEA), con una cantidad de 3,63 millones de desocupados. Aunque no sea suficiente, suma para sacar a Japón de esta situación tan incómoda.

Nos encontraremos nuevamente mañana,

Horacio Pozzo

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Hasta dónde puede caer el dólar

Hasta dónde puede caer el dólar

Hasta dónde puede caer el dólar Como si fuera una sentencia de muerte, parece que el dólar se encuentra al igual que muchos condenados en los EEUU en el corredor de la muerte como divisa líder mundial. El reinado del dólar está acabado según la visión (y el comportamiento), de los especialistas y del resto de los gobiernos. Sin embargo, todavía existen quienes apuestan a que ello no sea así. Por lo pronto, en estos momentos el dólar se mueve por su nivel más bajo de los últimos 14 meses frente al euro y probablemente le represente a ud. una buena noticia si es que vive en Europa y desea tomarse unas vacaciones en los EEUU.

David Wessel, reproducía en el Wall Street Journal, la confianza del Tesoro estadounidense sobre las posibilidades de que el dólar mantenga su liderazgo y fortaleza: “Mientras los EEUU mantengan políticas macroeconómicas sanas y profundas, liquidez y profundidad en los mercados financieros, el dólar continuará siendo la principal moneda de reserva”. Por el momento, las políticas macroeconómicas de los EEUU no son lo sanas que se podían esperar, por lo que si las mismas no observan un giro drástico, se deberán abandonar las esperanzas de sostenimiento del liderazgo del dólar como moneda de reserva global.

Contra los que confían en la continuidad del liderazgo del dólar, otros como Fred Bergsten, quien fuera asesor durante la presidencia de Carter, son contundentes al calificar que el dólar tiene los días contados y que dejará de ser la moneda de reserva global.

A pesar de la creencia extendida sobre la continuidad del debilitamiento del dólar frente a las principales divisas, Mark Gongloff del Wall Street Journal cree que por el momento, nadie tiene la respuesta a la pregunta acerca del valor del dólar. Por más apuestas que se realicen, no existe una noción de qué valor debería tener en relación a las principales divisas.

Es que los fundamentalistas que apoyan su análisis del valor del dólar en una amplia cantidad de variables no se ponen de acuerdo. Los numerosos indicadores a los que echan mano para evaluar el valor de la moneda estadounidense, alcanzan conclusiones distintas lo cual genera un poco de desconcierto. No se puede elegir uno en concreto ya que todos tienen debilidades.

¿Qué determina el valor del dólar? En una respuesta simple y concreta, la fortaleza de la economía estadounidense es lo que determina su valor. Yendo al detalle, deberíamos ver cómo se comportan las principales variables económicas tales como la balanza comercial y la cuenta corriente, el gasto fiscal y el déficit público, las tasas de interés, la tasa de inflación y el crecimiento de la economía tanto real como potencial.

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Mientras el modelo que utiliza la OCDE para evaluar el valor que deberían tener las divisas, dice que el dólar está subvaluado frente al euro, otras estimaciones dan cuenta de lo contrario. La mayoría de los indicadores que utilizan los economistas señalan que el dólar está sobrevaluado frente al yuan, pero algunos muestran que es demasiado barato frente al euro. Incluso el índice del dólar de Intercontinental Exchange, que mide su desempeño contra una canasta de seis de las principales divisas del mundo donde predomina el euro, muestra las expectativas de un dólar más débil a futuro y descendió la semana pasada a 75,48, su mínimo de los últimos 14 meses y no muy distante de su mínimo histórico de 71,33 correspondiente a abril de 2008.

Mirando algunas de las principales variables económicas de los EEUU nos encontramos con tasas de interés en mínimos históricos, un déficit fiscal que ha sido récord histórico, un déficit en cuenta corriente difícil de revertir y una economía que seguirá débil más tiempo del deseado. Desde el punto de vista de las variables económicas, no existen demasiados argumentos de los que se pueda sostener el dólar para recuperar valor.

En su peor momento, los gobiernos y los inversores le dan la espalda al dólar. El billete verde ha perdido su atractivo como refugio seguro ahora que los inversionistas dejan de lado su aversión al riesgo y salen en busca de alternativas más rentables. Barclays Capital difundió un dato que no se puede dejar pasar: entre los meses de abril y junio, los bancos centrales de todo el mundo acumularon más de la mitad de sus reservas en euros, por primera vez en un período de alta demanda, siendo también la primera vez que la cuota de dólares comprados baja al 37%.

Según el Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS), el dólar representaba el 62,8% de las reservas mundiales al cierre del primer semestre, cifra inferior a la de finales de 2008 cuando explicaba el 64% del total de reservas. Pablo Guijarro, de AFI graficaba lo que está sucediendo: “Se trata de una tendencia que se viene arrastrando desde hace 10 años”.

Para algunas economías, el separarse del dólar se vincula a evitar que el estar atado a una moneda ahora débil les siga generando daños. Paul Gamble, director de investigaciones del banco saudí Jadwa Investment, alerta sobre las consecuencias negativas para las economías del Golfo: “Una caída persistente del dólar puede finalmente dar lugar a más inflación, un fenómeno que será exacerbado por el alza de las materias primas que sirven de valor refugio ante un dólar debilitado”. Es por este motivo que se sigue evaluando, lógicamente en secreto (ya que podría implicar un nuevo impacto negativo sobre el dólar que afecte las reservas de estos países y su estabilidad), la posibilidad de despedirse de la dependencia directa del billete verde, situación seguida con atención y entusiasmo por China dado el enorme volumen de sus relaciones comerciales con los países del Golfo.

Que el dólar se seguirá debilitando es para Guijarro, un hecho como así también su gradualidad: “Pero aun así, y a pesar de todas las presiones, la pérdida de protagonismo es y va a seguir siendo muy gradual”. Lamentablemente no veo que se pueda sostener esta gradualidad que se viene observando y que predice, se mantendrá, Guijarro. Cada vez son más los factores que atentan contra la sostenibilidad del dólar. Y para colmo de males, la ausencia de cooperación internacional está agravando la situación.

El oro por su parte, es el reflejo de la situación por la que atraviesa el dólar estadounidense. El incremento en su cotización responde a la debilidad de dólar. En estos tiempos en que todos buscan la forma de desligarse del dólar, el oro puede aparecer como un gran negocio. En este sentido, las miradas están puestas a lo que pueda hacer China. La economía china posee más del 29% de las reservas mundiales en divisas y sólo un 2% de ellas están en oro. El margen para que el gobierno chino ordene compras de oro es amplio y las perspectivas de revalorización para el metal precioso son muy elevadas.

¿Se puede pensar en la recuperación del dólar? Es una pregunta que, a pesar de algunas variables económicas que muestran algún signo de esperanza, sigue siendo negativa.

Horacio Pozzo

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Por qué apuesto por las acciones brasileras

Por qué apuesto por las acciones brasileras

Por qué apuesto por las acciones brasileras ¿Estará en lo correcto Goldman Sachs (NYSE:GS)? Hace ya un buen tiempo que en las charlas con mis amigos no me consultan acerca de la conveniencia o no de comprar dólares o euros. La estabilidad cambiaria existente en Argentina al menos durante el último tiempo, les ha quitado el apetito por explorar nuevas experiencias de inversión. Pero imagino y creo que esta calma aparente no debería durar demasiado y pronto podríamos volver a ver al dólar fortaleciéndose frente al peso argentino (aunque las fuerzas del mercado marquen en estos momentos otra dirección).

Probablemente, si considerara que el diagnóstico de Goldman Sachs es el correcto, debería recomendarles a mis amigos que apuesten a las monedas emergentes, aunque no estoy muy seguro de que se animen a ello. ¿Se animaría ud a invertir en reales? Probablemente sí, luego de la gran demostración de los últimos tiempos de la fortaleza de la economía brasileña. ¿Y en el peso mexicano o en la rupia indonesa y el rublo ruso? Imagino que ya ha comenzado a titubear.

El problema de muchos de los inversores que se animan a invertir en monedas de economías emergentes lo hacen luego que la tendencia comienza a revertirse, luego que la apreciación cambiaria se ha hecho demasiado fuerte. Es que el temor hace que no se decida a invertir hasta que la ira por las grandes ganancias perdidas luego del rally de dichas monedas, lo hagan decidir a participar justo en la cresta de la ola y cuando la misma comienza a perder fuerzas.

Pero en este caso, no parece que estas monedas se encuentren en sus niveles máximos en términos de las principales divisas globales. Es por este motivo que para Goldman Sachs, esas divisas emergentes tienen el potencial de aumentar su valor tanto frente al dólar como al euro en cuanto los Bancos Centrales reviertan su política monetaria laxa e inicien el ciclo ascendente de tasas.

Entiendo y encuentro razonable que apostar por el fortalecimiento de la rupia indonesa o el rand sudafricano e incluso, el rublo ruso dado el alto desconocimiento de sus economías, es una apuesta verdaderamente arriesgada incluso aunque se los recomiende un operador de vasta experiencia en el mercado. Es por este motivo que me voy a referir a las dos monedas conocidas a nivel regional considerando la siguiente frase que muchos ya conocerán: “Mejor malo conocido que bueno por conocer”.

Si nos concentramos en el peso mexicano y en el real brasileño y analizamos la salud de sus economías, parece claramente más probable que el Banco Central de Brasil inicie con mucha más antelación el ciclo ascendente de tasas en relación a las perspectivas del Banco de México.

Probablemente la relación cambiaria entre el dólar, el yen y el euro, se encuentren en un nivel que se puede considerar de equilibrio. Ello en un contexto en el que no se espera durante al menos lo que queda del año, cambios en la política monetaria ni una vigorosa recuperación de sus economías, hace pensar que dichas relaciones cambiarias se mantendrán con estrechos rangos de variación. Esto permite evaluar la evolución de las monedas emergentes frente a las principales divisas internacionales con la simple evaluación de una de ellas.

Es así que si uno presta atención a la cotización actual del peso mexicano frente al dólar encontrará que se ubica en los $ 13,5 por unidad de la moneda estadounidense, bastante alejada de su máximo de $ 9,87 de principios de agosto de 2008. La debilidad de la economía que no parece revertirse por unos cuantos meses, obliga al gobierno de Felipe Calderón a ensayar un ajuste fiscal para evitar comprometer aún más la situación de las cuentas públicas, hace difícil imaginar una apreciación cambiaria significativa que tenga lugar en un corto e incluso mediano plazo.

En cambio, en el caso del real brasileño, la sorprendente recuperación de la economía brasileña hace pensar que no se estaría demasiado lejos de observar el inicio del ciclo ascendente de tasas de interés las cuales se ubican actualmente en su mínimo histórico. El dólar en Brasil se ubica por estos momentos alrededor de los R$ 1,79, lejos de los R$ 1,556 de principios de agosto de 2008, nivel que no es del agrado de las autoridades del Banco Central de Brasil, que están decididas a intervenir en el mercado cambiario para frenar las presiones sobre su moneda, siempre y cuando las presiones inflacionarias se mantengan contenidas y el mercado siga confiando en el compromiso de la autoridad monetaria para con la estabilidad de precios.

Las presiones inflacionarias en una economía brasileña que viene recuperando con fuerza no solamente su crecimiento económico sino también su nivel de empleo, no deberían tardar demasiado en salir a la luz.

Pero a pesar del efecto que las expectativas inflacionarias puedan tener sobre las expectativas cambiarias, probablemente el real brasileño no se aprecie todo lo esperado por intervención de las autoridades de Brasil. Sin embargo, seguramente el influjo de capitales que seguirá recibiendo su economía ante el atractivo que sus muy buenas perspectivas de crecimiento generan, impactarán en el mercado accionario y especialmente en sus cotizantes con mayores potencialidades de crecimiento.

Las compañías brasileñas verán aumentado su valor en dólares tanto por lo que se pueda apreciar el real como por la mayor demanda de sus acciones. En estos momentos los inversores miran hacia las compañías brasileñas con un alto potencial de crecimiento. Pienso entonces en las acciones de las entidades bancarias como las del Itaú Unibanco (BVSP:ITUB3; NYSE:ITUB), o en nuestra archiconocida JBS (BVSP:JBSS3), del rubro alimenticio.

Más allá de si Goldman Sachs está en lo cierto o no (para los que se quieran animar, la recomendación es tomar posiciones largas de una canasta que contenga a estas monedas frente al euro, el dólar y el yen), las conclusiones nos llevan nuevamente a fijar la vista en la economía brasileña y su mercado accionario el cual tiene un gran potencial para crecer y muchas posibilidades de seguir haciéndolo en los próximos meses.

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Nos encontraremos nuevamente mañana,

Horacio Pozzo

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Carry Trade: las monedas más rentables para invertir

Carry Trade: las monedas más rentables para invertir

Carry Trade: las monedas más rentables para invertir Los inversores han vuelto a la carga. Como si fuera un vicio, los altos niveles de rentabilidad que han podido disfrutar durante un largo período previo a la crisis les ha dejado ese gustito que quieren volver a saborear.

No basta con retornos razonables. Tampoco se repara en las consecuencias dañinas que sobre las economías produce el comportamiento irracional que observan. Luego de hibernar un tiempo, están saliendo con los primeros rayos de la recuperación económica y cuando se dan cuenta que aquello que pisan es tierra firme, se ponen a correr nuevamente esta carrera por mayores ganancias.

En este contexto de leve recuperación, los inversores tienen como aliados involuntarios a los Bancos Centrales que en varios casos han advertido acerca del mantenimiento de los niveles mínimos de tasas de interés por al menos unos cuantos meses más.

La actividad especulativa, muy fuerte en el último tiempo, ha demostrado acabadamente que en el mundo moderno existe un amplio margen para arbitrar. El carry trade, que desapareciera prácticamente en medio de las turbulencias económicas, es la forma elegida por los inversores para volver a las abultadas ganancias. El artículo escrito por Rubén Ramallo para iProfesional sobre este tema me ha hecho reflexionar acerca de lo inevitable de las crisis.

Para los que no conocen la operatoria, el carry trade se aprovecha de la diferencia entre tasas de interés existente en los países. El objetivo es endeudarse en una “moneda dura” (que puede ser el euro, la libra esterlina, el franco suizo, el yen o el dólar), y colocar dicho dinero en una moneda que ofrezca un mayor retorno obteniendo una ganancia a partir del diferencial de tasas.

Así por ejemplo, si un inversor se endeuda en yenes, dado que la economía japonesa tiene sus tasas de interés en zona neutral (la tasa de interés de referencia del Banco de Japón se encuentra en 0,1% y los problemas de la economía nipona hacen prever que seguirá estando así por un buen tiempo), y coloca todo su dinero en la economía brasileña, en donde el nivel de tasa de interés de referencia del Banco Central de Brasil se encuentra en el 9,25%, alcanzará un margen de ganancia más que interesante. Y es mucho más interesante si se considera el nivel de apalancamiento típico de estas operaciones (esto es, el nivel de endeudamiento sobre el capital propio que interviene en la operatoria), el retorno de la inversión se ve multiplicado.

Esta situación está afectando en la actualidad principalmente a la economía brasileña, la cual, dada su política monetaria de metas de inflación, encuentra ciertas limitaciones para actuar. Y aquí hay otro elemento a favor de los especuladores: el flujo de capitales que ingresan a Brasil presionan a la apreciación cambiaria aumentando de este modo la rentabilidad de la inversión en su moneda original. De este modo, el riesgo devaluatorio de la moneda en la que se invierte, el cual representa una amenaza contra el margen de rentabilidad, se ubica en niveles mínimos.

También Chile está sufriendo la acción de los especuladores que utilizan al peso chileno como moneda de fondeo. Gonzalo Jara, gerente de making market de Santander Chile, en iProfesional: “Tenemos un fenómeno de carry trade que juega a favor del dólar. Los grandes hedge funds usan al peso chileno como moneda de fondeo, porque el financiamiento para comprar moneda estadounidense resulta ser el más barato de América Latina”.

Algo paradójico que encontré para la Argentina es que se encuentra resguardada de la amenaza del carry trade gracias a la inestabilidad e impredecibilidad de su economía. Sí, resulta extraño, pero debo decir que hacer las cosas tan mal, tiene también sus beneficios. Los especuladores se mantienen alejados de Argentina ya que a pesar de sus elevadas tasas de interés, la inestabilidad cambiaria, entre otras cuestiones, implica un riesgo elevado que no están dispuestos a asumir.

La actividad especulativa ha afectado el valor del real brasileño y el peso chileno. A principios de año, el dólar en Brasil cotizaba a R$ 2,313 y en Chile a $ 638,16. Actualmente, la divisa estadounidense lo hace a R$ 1,839 en Brasil y a $ 547,35 en Chile. El carry trade está golpeando de lleno en la competitividad de estas economías, afectando principalmente a la economía chilena cuyas exportaciones representan alrededor del 32% de su PBI.

La política monetaria de metas de inflación encuentra limitaciones ante este tipo de operatoria ya que no puede intervenir en la magnitud que la situación requiere para sostener el tipo de cambio.

Para peor, esta operatoria que se está viendo tanto con estas monedas latinoamericanas como también con el dólar australiano o el rand sudafricano también se replica en los commodities cuyas cotizaciones se han recuperado fuerte en lo que va del año (probablemente más de la cuenta) amenazando la dinámica de esta operatoria con generar una nueva burbuja especulativa.

¿Y qué se puede decir acerca de los reguladores? Los reguladores no se han dado aún por enterados de lo riesgoso de esta situación. Si bien hace ya un par de décadas que se lleva adelante esta operatoria, el riesgo que está implicando la generalización de la misma tiene altas probabilidades de transformarla en una nueva causa de crisis cuando aún no hemos salido de los problemas originados por la subprime.

Me llama bastante la atención que ni los banqueros centrales ni los responsables de política económica de los principales países planteen algún recurso de acción para frenar el resurgimiento de esta operatoria tan peligrosa para las economías. Ciertamente entiendo que los beneficios de cortísimo plazo que el carry trade puede generar para acelerar la recuperación de la economía global está pagando el silencio de los hacedores de política de las principales economías.

Seguramente si esto deriva en una nueva crisis, nos encontraremos con una larga fila de responsables de los gobiernos y de organismos internacionales que con gran autoridad se animarán a identificar con precisión el problema que dio origen a la crisis y las soluciones regulatorias necesarias para que no se vuelva a producir. Ya para esa altura, los especuladores encontrarán otra alternativa de inversión de alto riesgo para la estabilidad de las economías y la utilizarán frente a las propias narices de los reguladores que optarán por mirar hacia otro lado.

Horacio Pozzo

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¿Hay que vender yen?

¿Hay que vender yen?

¿Hay que vender yen? Se vienen años difíciles para la economía japonesa más allá de la actual crisis financiera internacional. Si bien esta crisis representó un duro golpe para la economía de Japón, la misma ya venía arrastrando una serie de dificultades que mantenían el panorama económico bajo tensión. La preocupación de los japoneses por la situación económica se refleja en la tasa de suicidios que se incrementó en un 40,6% ante las dificultades para encontrar empleo. En este contexto adverso y hasta trágico, se debate la suerte del yen ¿Qué perspectivas tiene la divisa japonesa en el mediano plazo?

Mirando una gráfica de la evolución del yen frente al dólar desde el año 1997, observaba que la moneda japonesa se ha ido apreciando frente a la divisa estadounidense (aunque no de manera ininterrumpida). Si uno se guiara por la tendencia que marca la gráfica, probablemente se incline por anticipar la continuidad de dicho comportamiento a favor del yen y sin dudas, estaría cometiendo un error que puede costar caro. Es que existen factores tanto desde la economía de Japón como de EEUU que hacen pensar que a mediano plazo, la divisa nipona se debilitará frente al dólar.

Como la gráfica probablemente no sirva de mucho para anticipar el comportamiento del yen (opinión que no espero compartan los analistas técnicos), creo conveniente echar un vistazo a las variables fundamentales de la economía de Japón. En vista de los fundamentos macroeconómicos que observa la economía japonesa, las perspectivas de mediano plazo del yen no parecen ser demasiado positivas. Con un déficit fiscal difícil de revertir, una deuda pública en niveles que complican su sostenimiento e incluso ahora, con un déficit de cuenta corriente, la economía japonesa se mantendrá frágil durante varios años y dicha fragilidad se traducirá inevitablemente en fragilidad para el yen.

Las dificultades en esa economía mantendrán presionado al Banco de Japón a mantener planchada su tasa de interés de referencia que puede despertar viejos fantasmas. ¿Se viene un nuevo carry trade? Veremos, existe la posibilidad y en breve resurgirán los incentivos para hacerlo, lo cual inevitablemente atentaría contra el valor del yen.

Aunque se veía venir, causó sorpresa el resultado del superávit anual de cuenta corriente de Japón que cayó por primera vez en siete años para el año que termina en marzo, por la fuerte disminución de las exportaciones. La caída en el superávit de cuenta corriente alcanzó un preocupante 50,2%, según da cuenta el español ADN. La caída en las ventas externas hizo que la balanza comercial de Japón entrara en rojo luego de tres décadas (US$ 7.382 millones en el año fiscal cerrado en marzo del presente año).

La caída de las cuentas externas va más allá de la situación de la coyuntura internacional. Cada vez son más los que piden revisar la competitividad de los productos y servicios japoneses. Los problemas de competitividad de la economía anticiparían de este modo la continuidad del deterioro de las cuentas externas de Japón, lo cual representa una mala noticia también para la fortaleza del yen.

En Japón no queda otra alternativa que resignarse a soportar una fuerte contracción del PBI durante el presente año fiscal. La misma podría alcanzar al 3,3% según Xinhua, aunque no habría que descartar una contracción superior. Para el primer trimestre del año, según Reuters, los analistas de mercado anticiparon que esperan una contracción del PBI japonés récord de 4,2%.

Kiyohiko Nishimura, vicepresidente del Banco de Japón, ya anticipó que probablemente la debilidad económica (¿Anticipo de la evolución de la política monetaria?), se mantenga durante unos cuantos años “Una vez que una curva de retroalimentación adversa se ha iniciado, es extremadamente difícil y costoso detenerla y restablecer la confianza”. Japón tiene una experiencia reciente de una depresión económica que se iniciara en 1990 y no culminara completamente sino hasta el 2005.

Mientras la economía se hunde, las críticas sobre el plan de estímulo abundan por considerarlo orientado solamente a captar votos y no a tener un impacto real en la economía. El ministro de Economía de Japón, Kaoru Yosano se defendía de las críticas detrás de la vieja escusa del largo plazo, diciendo: “Esto no sucederá de la noche a la mañana, pero debemos avanzar hacia una economía basada en el mercado interno”. Lo cierto del caso es que la economía japonesa tiene una clara orientación a los mercados externos y difícilmente la revierta, máxime considerando el crecimiento de China que se traduce en un interesante crecimiento de demanda potencial.

Por si todos los problemas que tiene la economía japonesa fueran pocos, en estos últimos meses, el yen ha incorporado un nuevo enemigo que está logrando importantes avances. El yuan sin dudas está surgiendo para hacerle sombra a la divisa japonesa. La moneda china está apuntalada por el deseo político del gobierno chino de que esto sea así.

China está avanzando velozmente en la celebración de acuerdos comerciales en los cuales el yuan pasa a ser la moneda de intercambio. La política del gobierno chino para imponer el yuan a nivel internacional está siendo muy activa. La imposición del yuan, primero a nivel regional para luego pasar a ser divisa de referencia mundial, le quita (y le quitará) demanda a la divisa japonesa, lo cual acentuará su caída.

La competencia del yuan y los problemas de la economía japonesa que no se resolverán en poco tiempo, prácticamente condenan el destino del yen en el mediano plazo. De todos modos, para Japón ello no representa una mala noticia ya que a pesar de los dichos de fortalecer la demanda interna como objetivo del gobierno, la realidad indica que será nuevamente la demanda externa la que ayude a la economía japonesa a salir de la situación en la que se encuentra.

¿Será el futuro debilitamiento del yen un problema o una ayuda para la economía de Japón? Habría que observar cómo dicho debilitamiento incide sobre las presiones inflacionarias, pero en principio se lo puede considerar como un factor positivo para recomponer la fortaleza externa de la economía. Claro que la competitividad de Japón no se puede reducir a un tipo de cambio débil, sino que implicará reformas profundas en la economía nipona.


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Una nueva semana termina y el pesimismo global sigue en aumento

Una nueva semana termina y el pesimismo global sigue en aumento

Buenos Aires, Argentina

24 de enero de 2009

La semana que está por terminar insinuaba traer algo de optimismo a la economía global. Es que en los Estados Unidos terminaba la era Bush y comenzaba el mandato de Barack Obama.

Pero las malas perspectivas de las principales economías globales se han profundizado y han aumentado el pesimismo en los mercados internacionales.

Ayer se conoció oficialmente que la economía de Gran Bretaña se encuentra en recesión. Con una caída en el último trimestre del 2008 del 1,5%, la mayor caída del mismo en los últimos 28 años, la economía inglesa acumuló dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo.

Pero lo peor para Inglaterra es la alta probabilidad de que el 2009 sea sensiblemente peor que el 2008 recientemente finalizado. Para colmo, a pesar de los grandes esfuerzos realizados por el gobierno británico para salvar al sistema financiero y de parte del Banco de Inglaterra por recortar las tasas, no han logrado que el mismo reactive el circuito crediticio.

En el pueblo británico el pesimismo es generalizado. Tanto empresas como consumidores se sienten “abandonados” por las entidades bancarias. El gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King se solidarizaba con esta sensación al manifestar: “Entiendo plenamente la sensación de injusticia que ustedes y muchas otras empresas a lo largo del país deben sentir por estar tomadas como rehenes por los bancos. La comparto”.

Por otra parte, la economía española sigue profundizando su deterioro y la tasa de desempleo continúa en aumento. La tasa de desempleo en España finalizó el 2008 en el 13,4% de la población económicamente activa. Este es el mayor nivel de los últimos 9 años y las proyecciones anticipan que seguirá en aumento pudiendo superar el 18% para 2010.

Alemania por su parte, espera una contracción mayor de su Producto Bruto Interno (PBI). Según el FMI, la economía alemana se contraería un 2,5% en 2009. Para tener una idea de la magnitud de tal corrección en el pronóstico, basta con recordar que el FMI había estimado en noviembre de 2008 que para el 2009 la economía alemana sufriría una contracción del 0,8%.

Los justificativos del FMI para tal corrección en la dinámica del PBI en Alemania son: “El carácter conservador de los consumidores alemanes en las actuales condiciones de incertidumbre amplificarán la desaceleración de las exportaciones y es probable que se posponga la inversión”.

Además, Alemania deberá seguir de cerca la evolución de su sistema bancario no descartándose la necesidad de nuevas inyecciones de capital para evitar situaciones de crisis en el mismo.

Ya a comienzos de semana les comentaba acerca de la situación de la economía japonesa Los problemas en Japón se multiplican poniendo bajo amenaza al yen. La misma, al ser altamente dependiente de las exportaciones, se encuentra sufriendo con dureza el impacto de la crisis haciendo que el gobierno deba implementar una política fiscal expansiva para atenuar en parte la caída en la actividad económica, lo cual hace posponer el objetivo fiscal para después del 2019.

Para colmo de males, la evolución del yen preocupa al Banco de Japón ya que su apreciación frente al dólar profundiza los problemas. El dólar cotizaba en la jornada del viernes por debajo de los 90 yenes. La continuidad de la apreciación de la moneda japonesa podría obligar al Banco de Japón a intervenir. Para Kazuyuki Kato, gerente de tesorería de Mizuho Trust & Banking: “Si el dólar cae debajo de 85 yenes, o el mercado cambiario muestra movimientos bruscos, se incrementará la precaución sobre la intervención japonesa”.

En Japón, el alto nivel de deuda pública en relación al PBI (que está en un 150%), la apreciación del yen, el cuestionamiento al actual gobierno y las presiones para elecciones anticipadas, la alta dependencia en materia de comercio exterior de los EE.UU. y China, y la caída en las perspectivas de inversión, aparecen como un cóctel explosivo que hace pensar que la recesión en Japón puede llegar a ser mucho más profunda de lo que hasta el momento se estima.

Este panorama preocupante que muestran las economías líderes de Europa y Japón se agrava cuando consideramos la situación de los EE.UU., líder mundial y sobre quien estaban puestas las expectativas de liderar la recuperación económica global, y China, la promesa emergente que había hecho considerar la posibilidad de que su fuerza podría atenuar el deterioro económico estadounidense.

En el último trimestre del 2008, la economía de China alcanzó un decepcionante 6,8% de crecimiento, cerrando el año con un 9% de crecimiento. Según indicaba la Oficina Nacional de Estadísticas en un comunicado: “La crisis financiera internacional se está profundizando y propagando con continuos impactos negativos en la economía doméstica”.

En relación a la economía estadounidense, según un sondeo de Reuters dado a conocer el pasado miércoles, la economía estadounidense continuaría profundizando su caída en el 2009 y recién podría recuperarse en 2010.

Se cree que durante el cuarto trimestre de 2008, la economía estadounidense se habría contraído un 5,3% en términos anualizados, siendo esta la peor caída desde 1980. Los esfuerzos que realizará el gobierno de Barack Obama para recuperar a la economía de la crisis implicarán un fuerte incremento en el déficit fiscal que superaría los US$ 1,4 billones. Mientras tanto, la caída en la actividad sigue golpeando al mercado laboral haciendo crecer sin pausa la tasa de desempleo.

Durante esta semana, el panorama de la economía global se ha oscurecido más aún. Para peor, no parece haberse encontrado el piso a esta caída de la economía mundial. Para las economías latinoamericanas, la mejor recomendación es prepararse para resistir e incrementar la disciplina macroeconómica.

Los países latinoamericanos deberán desarticular (o evitar) cualquier situación que pueda poner en riesgo su salud macroeconómica. Hoy por hoy, el caso más preocupante en la región se observa en Venezuela, en donde la continuidad de la política económica de Chávez puede derivar en una crisis con una probabilidad de ocurrencia para este año no menor.

Los problemas en Japón se multiplican poniendo bajo amenaza al yen

Los problemas en Japón se multiplican poniendo bajo amenaza al yen

Buenos Aires, Argentina

19 de enero de 2009

En cada resurgimiento de los temores y la incertidumbre que produce la actual crisis financiera internacional, la moneda japonesa aparece como un refugio adecuado para los inversores internacionales que muestran confianza en la misma.

Haciendo un análisis de la evolución del yen en relación al dólar norteamericano y al euro desde comienzos de 2008, se encuentra que la divisa japonesa se ha fortalecido en relación a estas dos monedas a lo largo de dicho período.

Este fortalecimiento ha sido mayor en relación a la divisa europea la que cotiza actualmente a 120,8 yenes cuando a comienzos de 2008 lo hacía a 162 yenes. En el caso del dólar, el mismo cotizaba a comienzos de 2008 a 111,7 yenes cayendo actualmente a un nivel cercano a los 90 yenes.

Sin embargo, y a pesar de este fortalecimiento relativo del yen frente a dos de las principales divisas mundiales, la economía japonesa no para de acumular problemas que aumentan su deterioro y ponen en riesgo la fortaleza del yen en el mediano y largo plazo.

Como la mayoría de las economías desarrolladas, la economía de Japón ya se encuentra en recesión. Su alta dependencia del sector externo derivó en que poco se pudiera hacer para evitar esta situación de deterioro e incluso no habrá que esperar grandes resultados de las políticas de incentivo económico que buscan compensar con la demanda interna el debilitamiento desde el exterior.

Las perspectivas del crecimiento del producto en Japón son por demás desalentadoras. Para este 2009 se espera que el producto japonés alcance una contracción estimada de entre el 0,6% y el 0,8% (aunque podría ser superior de continuar deteriorándose el contexto económico).

Un dato clave para la economía japonesa lo ofrecen los pedidos de bienes de capital (maquinarias y equipos para la industria) del sector privado en Japón, indicador clave de las inversiones de las empresas, que fuera difundido la semana pasada y que registró una caída de un 16,2% en noviembre respecto al mes de octubre, lo que ha representado un retroceso inédito ya que es la primera vez desde la creación de este indicador en 1987 que dicho indicador muestra semejante deterioro mensual superando ampliamente los pronósticos sombríos del mercado.

Por su parte, la agencia Standard & Poor’s confirmó el pasado martes las calificaciones de la deuda soberana de Japón, diciendo que la posición externa del país es robusta y que su sistema financiero era relativamente sólido.

Según decía en un comunicado el analista de S&P Takahira Ogawa: “Las calificaciones de Japón reflejan nuestra opinión de que el país tiene una posición externa robusta, una economía diversificada y un sector financiero relativamente sólido”. El problema es que la tendencia muestra un inexorable debilitamiento de la posición externa del que no es clara su reversión.

El debilitamiento en la demanda externa tiene su reflejo en el deterioro continuo de la cuenta corriente que se ha venido contrayendo constantemente en los últimos 9 meses. En el mes de noviembre, el superávit de cuenta corriente observó una caída interanual del 65,9%.

En materia de comercio exterior, EE.UU. y China, dos de los principales socios comerciales de Japón continuarán reduciendo su demanda de importaciones japonesas. En el caso del primero producto de la recesión económica y en el caso del segundo, de la desaceleración en el crecimiento y del plan de estímulo económico que busca orientar la demanda interna a productos nacionales. Vale mencionar que en los primeros 11 meses de 2008, el volumen de comercio entre Japón y China se vio incrementado en un 15,2%, lo cual ha contribuido a evitar que el deterioro económico de Japón resultara ser más profundo por lo que la reversión en el crecimiento del comercio entre ambos países podría profundizar los problemas en el crecimiento económico japonés.

El deterioro de la demanda externa que ha impactado duramente sobre la economía japonesa se le agrega el deterioro fiscal producto de los esfuerzos del gobierno de Taro Aso por evitar que la recesión sea profunda y duradera.

Antes de que se desatara la actual crisis financiera internacional, Japón se había propuesto equilibrar sus cuentas fiscales para 2011. Pero la necesidad de llevar adelante una política fiscal expansiva ha hecho que recientemente el primer ministro japonés reconociera que dicho objetivo no podrá cumplirse antes del 2019.

Vale recordar que la deuda pública de Japón en relación a su Producto Bruto Interno (PBI) es la mayor que pueda tener un país desarrollado, ubicándose la misma en alrededor del 150% del producto.

Un elemento llamativo que se está produciendo en la economía japonesa es el crecimiento de los préstamos bancarios (el crecimiento interanual en diciembre de 2008 fue del 3,7%). Es que el mismo viene creciendo a ritmo récord según da cuente el site “Reuters”, en medio de las turbulencias. La explicación de este fenómeno se basa en que existe un fuerte aumento en la demanda de crédito por parte de las empresas que han sido desplazadas de los mercados financieros internacionales.

Las empresas acuden al sistema bancario para hacerse de liquidez por si las condiciones empeoran. Pero esta misma situación genera temores entre quienes observan en incremento en el endeudamiento de las mismas aumentando la incertidumbre e inestabilidad.

Por otra parte, la situación política en Japón no es la ideal. El gobierno de Taro Aso recibe presiones por parte de la oposición para que disuelva la cámara baja y convoque a elecciones generales anticipadas.

Estas presiones se apoyan en el bajo índice de popularidad del gobierno japonés que se ubica en el 19,1% (nivel más bajo de los últimos ocho años). Aso ha reiterado en numerosas ocasiones que convocará elecciones una vez queden aprobados en la dieta los presupuestos generales extraordinarios de Japón, que incluyen un paquete de estímulo económico ante la crisis global, y el presupuesto para este año.

Por si los problemas mencionados fueran pocos, la economía japonesa sufre de un significativo envejecimiento poblacional dada la baja tasa de natalidad del país y la longevidad de sus habitantes. Actualmente las personas mayores de 70 años representan el 15,8% de la población (poco más de 20 millones de personas). Esta situación amenaza con provocar nuevos inconvenientes para la sostenibilidad de la economía japonesa en un futuro no muy lejano.

Todos los problemas mencionados evidencian un sensible deterioro en los fundamentales macroeconómicos del país y hacen prever perspectivas negativas para los mismos.

Con estas perspectivas negativas en los fundamentales macroeconómicos, la divisa nipona enfrenta un futuro altamente probable de debilitamiento frente a las principales monedas mundiales.

Y mientras la economía china sigue creciendo y fortaleciéndose (a pesar de los problemas que le generara la actual crisis), no resultaría extraño que en unos años más el yuan pueda disputarle el liderazgo regional al yen como divisa internacional. ¿Podrá el gobierno de Japón revertir esta situación?


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