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¿Qué hay más allá de los test de estrés?

¿Qué hay más allá de los test de estrés?

Ayer finalmente se conocieron los resultados definitivos de las pruebas de estrés que la Reserva Federal de los Estados Unidos le realizara a las hoy 19 entidades bancarias más importantes del sistema financiero estadounidense.

Dentro de la gravedad que supo tener la situación y de los miles de millones que ya ha costado la crisis, que el test de estrés haya arrojado que se necesitarían US$ 74.600 millones para capitalizar a los 10 principales bancos del país (aunque el Bank of América absorbería casi la mitad de dicho monto), no parecería ser una cifra demasiado elevada.

La prueba de estrés reveló las necesidades de capital de las entidades para evitar entrar en crisis ante un posible deterioro del escenario actual. Aquellos bancos norteamericanos que no tengan suficiente capital tendrán un plazo de 30 días para elaborar un plan para hacer frente a la situación y seis meses para recaudar el dinero. De todos modos, no hay que preocuparse demasiado ya que el titular de la Fed aseguró que asistirá a las entidades en caso de ser necesario.

Luego de realizadas las pruebas de estrés, parecería que el panorama se ha aclarado un poco. Sin embargo no resulta así del todo, ya que los resultados de dichas pruebas de estrés están generando más de una polémica.

Uno de los primeros en levantar la voz ha sido Nouriel Roubini, quien anticipara la crisis de las hipotecas subprime. Para Roubini, la banca estadounidense está quebrada y nadie puede convencerlo de otra cosa, por lo que las pruebas de estrés, al estar mal diseñadas, no evidencian dicha situación.

La crítica de Roubini, pasa por los supuestos que resultan laxos y que se utilizan para la estimación de posibles escenarios económicos. Según este destacado economista, la subestimación del problema viene ya desde el mismo FMI que estimara en US$ 2,7 billones las pérdidas sufridas por la banca de EE.UU., cuando según sus estimaciones, las mismas no serían menores a US$ 3,6 billones.

Sin dudas Roubini no está nada de acuerdo en la mayor parte de las medidas y acciones que está tomando el gobierno de los EEUU para recuperar la salud del sector bancario. Al menos sí se ha manifestado a favor del plan de Geithner para la adquisición de activos tóxicos por parte del sector público y del privado, aunque considera que se deberían endurecer las condiciones para las entidades, recomendación que creo, sería conveniente para limitar el costo del plan y los desvíos en los incentivos de las entidades bancarias.

Podemos ponernos a criticar la forma en que se realizó el test de estrés y la validez del mismo o podemos tratar de rescatar los elementos positivos de dicho hecho. Creo que lo más útil en estos momentos sería optar por la segunda alternativa.

Y esta opción pasa también por el hecho de que cada vez queda más lejana la posibilidad de nuevos episodios de crisis a la luz de los incipientes signos que se comienzan a observar de recuperación económica. Así, con una economía recuperando su crecimiento y ganando fuerza de manera gradual, la posibilidad de un escenario adverso se va reduciendo.

Más allá de la validez que pueda tener el test realizado para evaluar la fortaleza actual del sector bancario, no caben dudas que siempre es positivo tener al menos una evaluación de las necesidades de capitalización del sector ante la posibilidad de deterioro del contexto. Y si los supuestos utilizados nos resultan laxos, al menos se puede tomar dicho test como una evaluación que demarque un piso de necesidades de capitalización del sector.

Por otra parte, al hacerse pública la situación de fortaleza de las entidades bancarias, ya sea en el contexto que sea, las obliga a tomar medidas de un modo más inmediato para eliminar cualquier situación de fragilidad ya que de lo contrario, sufrirían el castigo del mercado. Las entidades están presionadas para garantizar su solidez tomando las acciones necesarias ante la más mínima sospecha de riesgo.

También este tipo de análisis de las entidades del sector, realizado de manera regular, puede llevar a los bancos a cambiar su estrategia de inversión optando por opciones más diversificadas y menos riesgosas, así sus balances no son tan vulnerables a dichas pruebas.

Es así que seguramente, a futuro la realización regular de pruebas de estrés garantizará un mayor control de la actividad del sector limitando la toma excesiva de riesgos. A pesar de ello, creo que no es menor lo que afirma Roubini. A futuro, se deberá trabajar en hacer de las pruebas de estrés un instrumento de medición de la fortaleza bancaria lo más sensible posible de modo tal que pueda brindar al máximo sus resultados de una manera realista.

Creo que la realización y publicación de pruebas de estrés es un avance en la supervisión del sector bancario estadounidense. Todavía queda mucho por hacer tanto en materia de regulación como de supervisión. Hay que recordar que aún no se ha salido de la crisis y que se deberá trabajar en lograr que el sistema de regulación y supervisión no vuelva a cometer los errores que lo llevaron a permitir el desarrollo de esta crisis.

También me parece una señal positiva que el titular de la Fed, Ben Bernanke, reconozca que se debe reforzar la supervisión del sistema financiero para evitar la ocurrencia de crisis en el futuro.

La reforma en la regulación y supervisión del sistema financiero estadounidense es el próximo desafío que tienen las autoridades. Pero no es solamente el desafío de los EEUU, sino de la economía global, con lo cual, el proceso de reforma en EEUU no podrá estar aislado del proceso de reforma del resto de los mercados financieros. ¿Se podrá avanzar hacia una regulación y supervisión del sistema financiero integral a nivel global? Sin dudas es un objetivo bastante ambicioso.

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Plan de rescate de activos tóxicos en Estados Unidos, ¿servirá?

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Plan de rescate de activos tóxicos en Estados Unidos, ¿servirá?

Los mercados muchas veces se entusiasman fácilmente, es verdad. Pero para que dicho entusiasmo perdure, reclaman acciones concretas y no meros anuncios. Así lo ha venido demostrando durante toda esta crisis cuando los anuncios de salvatajes y programas de estímulo económico hacían repuntar a las bolsas internacionales, pero en una acción de poca duración, dejando en claro que lo que pretenden no son solamente señales o buenas intenciones.

Uno de los tantos anuncios que se realizaron en los últimos meses ha sido el plan de rescate de los activos tóxicos en manos de las entidades bancarias estadounidenses. El anuncio resultó de gran relevancia tanto para la economía estadounidense como para la economía global, porque implicaba la posibilidad de despejar el camino de la recuperación del sistema bancario estadounidense y con él, del crédito al sector privado, esencial para la recuperación económica.

El lunes pasado se dio un paso importante en dicho sentido cuando el secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, dio detalles sobre dicho plan de rescate. En atención a este nuevo programa de ayuda a la economía, EE.UU. destinará una partida inicial de US$ 500.000 millones a la compra de activos tóxicos, que podría ser ampliada hasta US$ 1 billón. En este plan de rescate también participará el sector privado que podría aportar entre un 7% y un 8% del presupuesto total asignado para el plan de rescate.

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Si bien puede parecer innecesaria la participación del sector privado (ya que, US$ 100.000 millones más, no resultarían significativos dentro de los inmensos desembolsos que el gobierno estadounidense ha realizado), es una buena señal de compromiso del sector para sacar a la economía de la crisis. El sector privado demuestra que está dispuesto a aceptar el riesgo.

Por otra parte, con la competencia que se instalará entre operadores privados, se establecerán precios competitivos en los títulos tóxicos evitando que el gobierno estadounidense pague un sobreprecio por los mismos. El tema de la valuación de los activos tóxicos es de gran relevancia tanto en lo relativo a los incentivos negativos que una sobrevaluación puede provocar, como así también en la gran resistencia que podría generar por parte de la población que ve cómo se malgastan sus impuestos para salvar a los responsables de la actual crisis.

Mediante el plan se reduce la incertidumbre en torno a estos activos y se lograría restablecer la confianza en el sistema financiero estadounidense, condición necesaria para restablecer el crédito en la economía.

¿Cómo será el proceso de saneamiento de los balances bancarios?

Según lo que se conoce hasta el momento, en una primera etapa, las entidades bancarias identificarán aquellos activos que desean vender, los que serán adjudicados en subasta a la oferta más elevada, mientras que la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) otorgará garantías de financiación, incentivando de este modo la demanda de los mismos y buscando que las entidades puedan obtener el máximo precio posible que los mercado competitivos estén dispuestos a otorgar por dichos activos tóxicos.

Por otra parte, el plan apunta a los mercados de valores en los que pretende volver a ubicar a dichos activos. Que dichos activos puedan volver a transarse en los mercados de valores sería algo más que positivo para los mismos ya que recuperarían al menos en parte, la liquidez perdida.

En este sentido, para alentar la demanda de estos activos desde el mercado de capitales, la Fed anunció recientemente que ampliará su programa actual de crédito para la financiación de compras de titulizaciones hipotecarias por parte de inversores para incluir titulizaciones de hipotecas residenciales (RMBS) y valores respaldados por activos (ABS), con la condición de que los mismos no correspondan a agencias gubernamentales como Fannie Mae (NYSE: FNM) o Freddie Mac (NYSE: FRE) y que contaran con una calificación ‘AAA’. De este modo, la Fed suministrará fondos pero de una manera responsable, evitando que se puedan generar acciones especulativas en torno a dicha iniciativa.

En lo que se refiere al aporte privado al plan de rescate, el Tesoro se muestra confiado en atraer a fondos de pensiones, aseguradoras y otros inversores a largo plazo. Con estos inversores, el Tesoro creará fondos de inversión público-privados los que contarán con la supervisión y el asesoramiento del FDIC a la hora de comprar estos activos a los bancos, y serán gestionados por los privados.

Quizás resulte prematuro arriesgar un pronóstico sobre el resultado de este plan de rescate (máxime, considerando todos los intentos previos que no han logrado el resultado esperado), pero este plan tiene buenas posibilidades de resultar exitoso.

¿Sacará este plan de rescate a la economía estadounidense de la crisis? Para ello será clave la capacidad operativa del plan para sanear los balances bancarios y poner a las entidades en condiciones de reactivar el mercado crediticio. La puesta en marcha del plan será clave para conducir las expectativas y potenciar el éxito del plan y el atractivo de los activos tóxicos tanto para el sector privado como para el mercado de capitales.

Por lo pronto, las bolsas han reaccionado positivamente: ¿Será un cambio de humor fugaz o estarán anticipando un horizonte despejado para la recuperación económica?

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Nuevos rescates y planes de estímulo: ¿Con el mismo resultado?

Nuevos rescates y planes de estímulo: ¿Con el mismo resultado?

Buenos Aires, Argentina

21 de febrero de 2009

¿Qué se puede decir del cierre de esta semana que no hemos dicho antes? Las principales economías continuaron lanzando nuevos planes de estímulo económico y de rescate del sistema financiero, pero los mercados pocas expectativas tienen sobre el éxito de los mismos. Y para peor, luego del primer mes en el gobierno, las esperanzas que traía consigo Barack Obama de poder revertir esta situación, poco a poco se están transformando en desilusión.

Alemania sigue manteniendo una lucha desigual contra la recesión económica. En el día de ayer Alemania lanzó un nuevo plan de estímulo económico, esta vez por US$ 65.000 millones, enfocado en inversiones en infraestructura y en recortes impositivos a familias y empresas para alentar la demanda interna. Pero el principal problema de la economía alemana pasa por el deterioro de la demanda externa por lo que no se puede esperar que el plan que actúa estimulando la demanda interna tenga un efecto compensatorio suficiente como para atenuar la desaceleración externa.

En la semana que está por terminar, el gobierno de Angela Merkel anunció además la decisión del gobierno de nacionalizar a aquellos bancos que se encuentren en problemas, decisión no muy bien tomada por aquellos tenedores de acciones de entidades que potencialmente podrían ser nacionalizadas y que soñaban con la bondadosa ayuda del gobierno alemán mediante aporte de capital.

Mientras Alemania sigue intensificando sus esfuerzos, el resto de los países europeos no logran que sus planes de estímulo económico ayuden a sus economías, sino por el contrario, los están llevando a enfrentar problemas con el cumplimiento de las metas fiscales comprometidas.

También en Asia se han realizado nuevos esfuerzos para sostener el crecimiento económico. China ha lanzado nuevos paquetes de estímulo económico durante esta semana con el objeto de mantener el crecimiento del PBI por encima del 8%. El nuevo paquete de estímulo contempla planes para potenciar los sectores de electricidad, electrónica, tecnología de información y petroquímica, a los cuales les otorgará mayores reembolsos de los impuestos a la exportación y un mayor apoyo crediticio. China confía en alcanzar su meta de crecimiento, pero el contexto externo es cada vez más adverso para que pueda lograrlo.

Mientras tanto, en los EE.UU., Barack Obama lanzaba oficialmente el pasado martes el plan de estímulo económico. Luego del anuncio del plan de estímulo económico, Obama anunció un plan para ayudar a los deudores hipotecarios que beneficiaría a nueve millones de deudores que enfrentan no solamente problemas para el pago de sus créditos, sino también, el desincentivo a hacerlo dada la fuerte caída en el precio de sus viviendas.

Así, EE.UU. contaba con un plan para sostener y limpiar al sistema financiero de activos tóxicos, reforzado con un plan para deudores hipotecarios que reduciría la irregularidad potencial de esta cartera, complementado todo ello con el plan de estímulo que mantendría la demanda interna que ayudaría a limitar la contracción en el PBI estadounidense. Pero a pesar de tantos planes y tantos miles de millones de dólares que serán destinados para los mismos, el humor tanto del mercado como del ciudadano común no cambia y el pesimismo se mantiene junto con la contracción continua de la economía.

Es cierto que el primer mes en la presidencia de los EE.UU., ha sido por demás agitado. Ha tenido que trabajar mucho Obama para evitar que la economía estadounidense siga hundiéndose, y con ella, al resto de las economías mundiales. Obama logró en este período y no sin mucho esfuerzo, la concreción de medidas claves para sostener a la economía tales como la mencionada aprobación de un nuevo plan de salvataje para el sistema bancario y de un nuevo plan de estímulo económico.

Tenía mucho por hacer e hizo mucho Obama. Pero tanto fue lo que hizo como los errores cometidos, los cuales le han quitado eficacia a los esfuerzos por sostener a la banca estadounidense y recuperar a la economía.

La gestión de Obama cometió un grave error al lanzar el plan de rescate bancario dejando más dudas que certezas. El secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner no ha brindado claridad acerca de cómo se instrumentará el plan de rescate bancario y si el mismo implica la adquisición de los activos tóxicos en poder de las entidades bancarias, y no arrojó luz acerca de cómo se valuarán los mismos (lo cual es una cuestión no menor).

Con relación al plan de estímulo económico, tampoco parece que el gobierno de Obama haya procedido de la manera correcta. Al menos eso es lo que ha dejado trasmitir el mercado. El nuevo plan de estímulo está acusado de falta de elaboración. El plan de estímulo económico pareciera estar inspirado en la creencia de que con lanzar dinero a la economía, resultaría suficiente para que tenga un impacto positivo sobre la misma. Pero esto claramente no es así, sino más bien, muchas veces es preferible actuar sobre el humor de las familias y empresas que darles dinero y mantenerlas atemorizadas acerca del futuro.

Los errores y las dudas que evidencia la gestión de Obama intranquilizan a los mercados. Ya no existe la confianza de que Obama podrá sacar a la economía estadounidense de la situación recesiva.

Mientras tanto, la crisis se sigue profundizando en la economía estadounidense y la desocupación crece a un ritmo cada vez más acelerado. Prueba de ello, en la semana finalizada el 14 de febrero, 627.000 estadounidenses solicitaron por primera vez el seguro de desempleo. La tasa de desempleo ya alcanza al 7,6% de la Población Económicamente Activa (PEA) y las perspectivas de que continúe incrementándose fuertemente durante el presente año es un factor fuertemente negativo que afecta al consumo doméstico.

Con las nuevas medidas en su primera etapa de implementación no queda otra alternativa que esperar para saber si éstas pueden lograr revertir la situación recesiva de la economía y contener los riesgos del sistema financiero estadounidense para que el mismo pueda de una vez por todas volver a generar financiamiento. El tiempo dirá si alcanzarán los resultados esperados o, al igual que las medidas anteriores, serán un nuevo derroche de recursos.

Mientras tanto, y mientras siguen analizando e implementando nuevos planes de salvataje y estímulo económico, el resto de las economías mundiales mantienen la esperanza de que los EE.UU. pueda comenzar hacia la segunda mitad del año con su recuperación económica que contagie al resto de las economías.

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Más pesimismo en Europa ¿Preocupación para Latinoamérica?

Más pesimismo en Europa ¿Preocupación para Latinoamérica?

Buenos Aires, Argentina

20 de enero de 2009

Desde que se desató la crisis del mercado de hipotecas subprime, cada vez que se da a conocer un pronóstico de crecimiento para las economías, más allá de su condición de desarrollada o en desarrollo, el mismo resulta ser más negativo que el anterior.

Ayer la Comisión Europea (CE) relevó sus pronósticos de crecimiento tanto para la Eurozona como para la Unión Europea, y esta vez no ha sido la excepción. Llamó la atención el fuerte pesimismo en las expectativas de crecimiento de la CE que pronosticó para este 2009 una contracción en el producto de la eurozona del orden del 1,9%, en tanto que para la Unión Europea la perspectiva no es mucho mejor ya que la Comisión espera una caída del producto en el orden del 1,8%.

Si bien la CE tiene la expectativa de que se pueda recuperar la senda de crecimiento positivo para 2010, el mismo no superaría el 0,5%.

Según la CE, las perspectivas en el mercado laboral también desalentadoras ya que la comisión espera que en 2009 la UE observe una tasa de desempleo del 8,7% y del 9,3% para la eurozona.

En materia fiscal lo más probable es que, debido a la implementación de los planes de estímulo económico por parte de los gobiernos europeos, los mismos no logren cumplir con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento que fija un límite de déficit público del 3% del PIB.

Este pesimismo en las expectativas de crecimiento económico en Europa se suma a otras malas noticias surgidas en los países del viejo continente formándose un círculo vicioso que ya se está haciendo costumbre por lo repetitivo.

Ayer no solamente surgieron malas noticias para Europa en su conjunto. También surgieron malas noticias para algunos de los países en particular. Para España el comienzo de la semana no fue para nada positivo. Al fuerte deterioro que se venía produciendo en el sector industrial en el país, ayer se le sumó el dato del sector servicios que también está atravesando por graves problemas. La caída interanual de la actividad en el sector servicios al mes de noviembre alcanzó al 14,6% generándose en dicho sector una caída del nivel de empleo del 3,3% interanual, siendo ambos resultados los más negativos desde que se comenzara a realizar dichas mediciones en el 2003.

Por si fueran pocos los problemas de la economía española, la calificadora de riesgo internacional, Standard & Poor’s (S&P) rebajó la nota para la deuda a largo plazo de España a “AA+” desde “AAA”.

En Inglaterra, por su parte, en el día de ayer tampoco se vivió una jornada alentadora. El gobierno de Gordon Brown tuvo que salir nuevamente a anunciar un segundo paquete de medidas de rescate para el sistema bancario inglés, con el objeto de proteger a los bancos de los riesgos de los “créditos tóxicos” y reactivar el negocio crediticio. Brown también anunció un nuevo fondo del Banco de Inglaterra por 50.000 millones de libras para comprar títulos de empresas “de calidad” y protegerlas ante la falta de crédito.

El paquete de rescate del gobierno inglés evitó que el anuncio por parte del Royal Bank of Scotland (RBS) de pérdidas por hasta 28.000 millones de libras en 2008, producido también en la jornada de ayer y la caída interanual del 7,3% en el precio de las viviendas (su valor más bajo desde junio de 2006), repercutieran con mayor dureza en los mercados financieros.

En la semana pasada también la calificadora S&P recortó la calificación crediticia para la deuda soberana de Grecia debido a la caída de la competitividad económica y al creciente déficit fiscal. Así la calificación de la deuda soberana de Grecia, pasó a “A-/A-2″ desde “A-/A-1″ siendo ésta, la menor de toda la eurozona. S&P pasó además la perspectiva de la calificación de la deuda soberana de Irlanda de estable a negativa

Este fuerte deterioro tanto en los datos como en las perspectivas de la economía de Europa, reduce las expectativas inflacionarias y da más margen tanto al Banco de Inglaterra como el Banco Central Europeo para nuevos recortes de tasas, aunque quizás este último no estaría dispuesto a romper un nivel mínimo autoimpuesto (que podría estar en el 1,5%).

Adicionalmente, el panorama más negativo que se abre para las economías europeas amenaza con debilitar el valor tanto de la libra esterlina como del euro, en términos del dólar (y quizás también en términos del yen, aunque en este caso habrá que observar con atención cómo evoluciona la economía japonesa aquejada por numerosos problemas).

El deterioro en las perspectivas económicas de Europa, que repercutirá en las economías extraeuropeas, no deja de ser una mala noticia para Latinoamérica que ve cómo el panorama internacional empeora cada vez más, pudiendo generar que los programas de estímulo económico lanzados por los países latinoamericanos no logren sus objetivos preestablecidos.

El menor nivel de actividad de la economía europea y mundial implicará un menor nivel de demanda de bienes y servicios latinoamericanos y una mayor competencia desde el exterior para los bienes y servicios transables dentro de los mercados latinoamericanos.

Las peores perspectivas de crecimiento económico global pueden incrementar el nivel de incertidumbre y volatilidad, situación que afectará a los mercados financieros de Latinoamérica, reduciendo la disposición para generar financiamiento, provocando huída de capitales y aumentando la volatilidad cambiaria.

Si se lee con atención las proyecciones realizadas por la Comisión Europea para este año, encontraremos que a Latinoamérica la espera un contexto económico más hostil, por lo que deberá reforzar su protección de la competencia externa e impulsar con más fuerza a la demanda interna para evitar un impacto más profundo que el que se prevé sobre el nivel de actividad económica.

Latinoamérica deberá enfrentar un 2009 desafiante, el cual también estará lleno de oportunidades para la región. Es que si Latinoamérica logra salir sin mayores complicaciones de esta crisis, se reposicionará de buena manera en el contexto económico mundial, mejorando su imagen y habiendo demostrado que verdaderamente posee sólidos fundamentos macroeconómicos. Ello sin dudas, tornará a la región, altamente atractiva para recibir a la inversión extranjera.

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