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El crecimiento económico peligra en México

El crecimiento económico peligra en México

El crecimiento económico peligra en México
5 Noviembre 2009 Para los que pensaron que los principales problemas para la economía mexicana se reducían a la caída en las ventas externas hacia los EEUU, creo que se han quedado cortos. Los problemas fiscales que se vieron agravados por la crisis amenazan la calificación crediticia del país, un riesgo que puede traerle varias consecuencias negativas.
Hace unos días, en México se aprobó la reforma impositiva que busca recomponer la situación fiscal. Luego de arduas discusiones, se aprobó la Ley de Ingresos 2010 que contempla alzas impositivas, pero que dejó insatisfechos a todos los actores políticos, por lo que ha quedado abierta la posibilidad de avanzar en una reforma fiscal profunda.

Entre los principales cambios fiscales introducidos con la Ley de Ingresos se pueden mencionar los incrementos en las tasas del Impuesto Sobre la Renta (ISR) que pasó del 28% al 30% y el aumento en el Impuesto al Valor Agregado (IVA) que pasó del 15% al 16%. Estas dos modificaciones en los impuestos son las que mayor impacto tendrán sobre la población.

La reforma impositiva no soluciona los problemas fiscales de fondo, sino que por el contrario amenaza con agravarlos. La dirigente del PRI, Beatriz Paredes decía al respecto: “Hay un nivel de evasión muy grande, y el número de personas inserto en la dinámica fiscal es muy reducido, con grandes segmentos en la economía informal”.

Para colmo, la reforma aprobada no ha logrado reducir la dependencia del fisco de los ingresos petroleros, que según se estima, representarán el 34,5% del total de ingresos públicos para el 2010. ¿Qué puede ocurrir si la cotización del barril de petróleo vuelve a tener una recaída o Pemex acusa problemas en su producción?

Dada la debilidad del gobierno en materia de control impositivo, lo más probable es que la reforma termine generando un aumento de la economía informal en México y de este modo, agravando el problema de la regresividad en la estructura de impuestos. Así la brecha entre los que más pagan y los que menos lo hacen (en función de sus capacidades), se verá ampliada.

El Economista reproducía ayer las declaraciones del presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Armando Paredes Arroyo para quien realizar reformas fiscales “posibles” y no las que se necesitan es “condenar al país a un crecimiento pobre y sin empleos para las próximas generaciones”.

Creo que queda en claro como también lo afirma Paredes Arroyo, que el impacto de la reforma fiscal sobre la competitividad de la economía mexicana afectará su crecimiento de largo plazo y generará incentivos erróneos limitando la capacidad innovativa de la economía.

Claro está que para muchos mexicanos al igual que para Paredes Arroyo, el problema de México sobrepasa la cuestión fiscal e incluye cuestiones como la problemática de la educación y la informalidad laboral, pero estos son temas que merecen dedicarles un artículo exclusivo, por lo que sólo menciono de ellos el impacto negativo en la competitividad de la economía mexicana.

La situación fiscal pone en riesgo la calificación crediticia de México que actualmente es considerada grado de inversión. Según CNN Expansión: “Expertos ven más probabilidades de que las agencias reduzcan un grado la nota crediticia soberana”. Vale recordar que tanto Fitch Ratings como Standard and Poor´s mantienen a la deuda soberana de México en perspectiva negativa.

Según afirman desde el Santander (NYSE:STD): “Mantenemos nuestra expectativa de que las calificadoras de riesgo podrían bajar la calificación de la deuda soberana de BBB+ a BBB estable”.

El periódico Milenio comentaba que RBC Capital Markets había reconocido en un análisis que una baja en la nota soberana por parte de Fitch Ratings es muy probable, mientras que una disminución por parte de Standard & Poor’s es de 50/50.

En caso que se produjera el lamentable desenlace de una reducción en la calificación de la deuda soberana de México, las consecuencias para la economía pueden ser tan dañinas como inoportunas.

Una reducción en la calificación crediticia es probable que provoque una salida de capitales hacia fuera de la economía, con un potencial impacto en el tipo de cambio, presionando a la depreciación al peso mexicano. Ayer El Economista daba cuenta del impacto recibido por el peso mexicano por el riesgo de baja en la calificación que lo hizo descender un 0,51% en relación al dólar.

La salida de capitales reducirá el nivel de inversión de la economía agravando con ello el problema del crecimiento de la economía, con potencial impacto en el mercado laboral, que ya ha sufrido en gran medida las consecuencias de la crisis financiera internacional.

Lógicamente, una menor calificación aumentará el costo de fondeo del gobierno, aunque también implicará un mayor costo para las empresas privadas. Por lo menos así lo afirma el analista de Ixe, Luis Flores: “Todas las entidades gubernamentales y empresas públicas y privadas que quieran emitir deuda lo primero que tendrían que pagar es una prima de riesgo más elevada, lo que encarecería el otorgamiento de crédito”.

Da la sensación que México no eligió el camino adecuado para resolver sus problemas fiscales. Los atajos muchas veces terminan siendo costosos. La única alternativa viable es lograr un consenso entre los diferentes sectores para elaborar una reforma fiscal integral que limite la fragilidad de los ingresos públicos, conjuntamente con una reforma en las estructuras recaudatorias. De este modo, se logrará una estructura impositiva menos regresiva que además de ser más justa, mejora la competitividad de una economía dependiente del sector externo.

La posible baja en la calificación crediticia de México además de producir graves costos para la economía, produce oportunidades para los inversores. Sólo es necesario conocer cómo repercute la rebaja en la calificación en los diferentes activos para sacar provecho de ello. Desde Latinforme, se ha lanzado el Curso de Economía Básica para Inversores, el cual brinda las orientaciones elementales para comprender cómo funciona la economía y cómo detectar de ella, las oportunidades de inversión.

Horacio Pozzo

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Cómo es la nueva regulación financiera de EEUU

Cómo es la nueva regulación financiera de EEUU

Cómo es la nueva regulación financiera de EEUU
29 Octubre 2009 “Ningún sistema financiero puede trabajar efectivamente si las instituciones financieras y los inversores operan con la creencia que el gobierno actuará para protegerlos de las consecuencias de sus fallas”, Barack Obama, presidente de los EEUU.
La crisis financiera originada en el mercado de hipotecas subprime de los EEUU ha tenido hasta el momento como ganadores a las principales instituciones financieras de los EEUU (a excepción de Lehman Brothers), como el Citi (NYSE:C) o el Bank of America (NYSE:BAC), que han logrado salvar su cabeza gracias a los impuestos de los contribuyentes. Esta situación no es perdonada por los estadounidenses y es por ello que el gobierno de Obama debe actuar para demostrar que está a favor de los consumidores financieros y contribuyentes del país.

En la búsqueda de convencer y agradar, la reforma del sistema financiero estadounidense sigue avanzando, y todos esperan que lo haga en el sentido correcto. Del éxito en la reforma regulatoria, dependerá que no se genere una futura crisis en los EEUU a través de la operatoria de las entidades financieras, aunque esto no despeja el horizonte de amenazas.

El día martes no fue un día más para la reforma del sistema financiero de EEUU. Se presentó el proyecto para enfrentar el riesgo sistémico en la economía, iniciativa que incluye la aprobación de una medida que expondrá a los fondos de cobertura a un mayor escrutinio. La iniciativa concedería vastos poderes a un nuevo consejo regulatorio, a la Reserva Federal y a la Corporación Federal de Seguros de los Depósitos (FDIC, por su sigla en inglés) para vigilar y enfrentar riesgos a la estabilidad económica planteados por compañías financieras con dificultades.

La nueva regulación prevé una actitud más preventiva para evitar dolores de cabeza que cuesten varios miles de millones de dólares. Según la nueva regulación, toda firma que se considere, tenga capital insuficiente, puede ser reestructurada o incluso cerrada por los reguladores. El tema aquí pasa por la adecuada medición que puedan realizar los reguladores, que no deben ni subestimar ni sobreestimar el nivel de suficiencia de capital de las firmas. ¿Eso se puede asegurar a través de algún tipo de regulación? El componente subjetivo en estas evaluaciones puede ser un factor determinante a la hora de considerar si una entidad tiene problemas de capitalización. Al menos se debe reconocer que es una buena iniciativa.

El desafío para la nueva regulación pasa por tener equilibrio y capacidad de acción inmediata. La regulación debe ser efectiva para controlar que el sistema financiero y sus instituciones componentes, no se excedan en la toma de riesgos, pero tampoco la acción reguladora debe ahogar el desarrollo y crecimiento del sistema financiero.

Un elemento importante que agrega la propuesta de regulación es que la mala administración de las entidades financieras puede poner en riesgo la estabilidad de los altos cargos. De hecho, en aquellas entidades en las que el nivel de capitalización resulte insuficiente, poniendo en riesgo su solvencia, sus ejecutivos podrían ser despedidos (con posible pérdida de prestigio). Entre otras medidas para evitar la toma de riesgo excesiva la regulación buscará limitar tanto las posiciones riesgosas como los incentivos para tomar dichas posiciones: es así que la regulación limitará las exposiciones de crédito, así como también los salarios y bonos (limitando de este modo los incentivos a las decisiones cortoplacistas de los ejecutivos bancarios).

Para la nueva regulación, el tamaño sí importa. Desde el gobierno de los EEUU se prefiere que no existan entidades financieras demasiado grandes para caer. La triste experiencia de Lehman Brothers, ha demostrado que no es posible dejar caer a una institución financiera de gran tamaño sin esperar consecuencias profundas y duraderas sobre el sistema financiero.

Y como no existe demasiado margen de acción cuando una entidad de gran tamaño está en problemas, lo mejor que se puede hacer desde el punto de vista regulatorio y de supervisión es aumentar las evaluaciones sobre la salud de dichas entidades. En este sentido, la Reserva Federal podría limitar e incluso bloquear las adquisiciones de entidades financieras para evitar que alcancen un tamaño excesivo.

“Es muy importante que alcancemos un acuerdo sobre una reforma comprensiva tan rápido como sea posible para que se pueda restaurar la confianza entre los contribuyentes americanos y también en el resto del mundo”, decía Obama. El mensaje es claro: hay que actuar de manera convincente pero también, lo más rápidamente posible.

Y para convencer, se le debe asegurar al contribuyente que los costos de las crisis no sean asumidos por ellos. Para no cargarle la responsabilidad al contribuyente, la reforma buscaría llevar el costo de los futuros esfuerzos de estabilización financiera hacia la industria, al obligar a las firmas financieras con más de US$ 10.000 millones en activos, a pagar por cualquier pérdida ocasionada por las acciones de la FDIC para resolver los problemas de las firmas debilitadas.

¿Qué nos puede deparar el sistema financiero estadounidense luego de la reforma regulatoria? Encontraremos un marco regulatorio más estricto que haga especial foco en las entidades de mayor tamaño de las que se creía, tenían una mayor capacidad de autorregulación. También nos vamos a encontrar con entidades que pueden alcanzar hasta un cierto tamaño más allá del cual la regulación no les permitirá crecer.

Con la reforma de la regulación del sistema financiero estadounidense, el gobierno de Barack Obama está atacando uno de los principales frentes que pueden dar lugar a un futuro foco de crisis el cual puede originarse por diferentes factores tales como burbujas especulativas o por actitudes de toma de riesgo excesivas no limitadas por la regulación como la generación de nuevos activos financieros del tipo subprime.

Pero no debería estar tranquilo el presidente Obama y creer que con esta regulación (en caso de llegar a ser eficaz), se despejó el horizonte de posibles crisis. Los problemas fiscales, con el fuerte crecimiento del endeudamiento público y el tema de la reforma en el sistema de salud (que se combinan con otros factores para debilitar aún más al dólar), son elementos que amenazan la estabilidad de la economía en el mediano plazo.

Probablemente la reforma regulatoria limite el valor de las entidades financieras en los EEUU al restringir sus posibilidades de crecimiento y con ello, estas entidades perderán atractivo para los inversores. ¿Dónde estarán de aquí en más las oportunidades de inversión? Desde Valor Global , los inversores que han confiado en nuestras recomendaciones de inversión, están disfrutando de una extraordinaria rentabilidad en sólo cuatro meses.

Horacio Pozzo

—————La economía y los mercados van de la mano————–

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Regulación financiera en la Unión Europea

Regulación financiera en la Unión Europea

Regulación financiera en la Unión Europea Ha llegado el turno de la Comisión Europea para proponer el nuevo modelo de supervisión financiera para los países de la Unión Europea. El gobierno estadounidense ya había presentado su proyecto de reforma del cual diera ayer mayores detalles y que promete, como en la propuesta europea, defender a los consumidores, los grandes perdedores de la crisis.

Parece que la Comisión Europea quiere tener mayores ingerencias en la supervisión financiera de los países que conforman la UE. En el nuevo modelo de supervisión europeo propuesto se contempla la creación de un Consejo Europeo de Riesgos Sistémicos (CERS), el cual será el encargado de vigilar la estabilidad del sistema financiero en su conjunto y de emitir alertas y recomendaciones en caso de detectar riesgos. El CERS sólo advierte, pero la decisión de las medidas a implementar seguirá en manos de los supervisores nacionales quienes deberán comunicar las medidas adoptadas y, en caso de decidir no hacerlo, deberán dar explicaciones.

Lo positivo para el CERS es que al ser un organismo supranacional, no estará tan influenciado por presiones políticas como ocurre habitualmente. Probablemente hasta encontremos al CERS sobreactuando, al menos en sus primeros años, ya que deberá armarse de una reputación ante la sociedad.

Creo además, que uno de los temas interesantes gira en torno a la comunicación de las alertas ya que una alternativa es hacerlas públicas. Esta posibilidad tiene sus aspectos positivos aunque implique riesgos. El hacer público la detección de ciertos riesgos en el sistema financiero de alguno de los países de la UE obliga a las autoridades nacionales a implementar medidas o al menos a contar con muy buenos fundamentos para demostrar que la situación está bajo control. El riesgo que se corre pasa por la sensibilidad existente en torno a la difusión de riesgos en los sistemas financieros que puede generar inestabilidad en los mismos.

Mientras estos temas se discuten, algunos no han perdido el tiempo y ya se ha comenzado a hablar de los posibles candidatos al frente del CERS. Según da cuenta el Financial Times, el actual presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, será el presidente del organismo, que tendrá un mandato por cinco años renovables. Otro que parece, tendría un lugar asegurado es el gobernador del Banco de Inglaterra Mervin King quien sería la segunda autoridad del organismo después de Trichet.

La oferta de este papel a King supondría el reconocimiento implícito del papel de Reino Unido como el mayor centro financiero de Europa, así como la relativa importancia de los servicios financieros en la economía británica, aunque también puede ser interpretado como una señal para un mayor control del sistema financiero británico el cual ha sido fuertemente afectado por la crisis por los graves problemas de su regulación. Ciertamente, si King es nombrado segundo en el CERS, no le resultará agradable que el sistema financiero británico vuelva a tener inconvenientes, por lo que buscará asegurar que el mismo sea conducido con la mayor prudencia posible.

Uno de los factores que ha permitido que los riesgos se expandieran fue la falta de coordinación entre los reguladores de los diferentes jugadores del sistema financiero. Es por eso que la propuesta de la CE considera también la creación de un Sistema Europeo de Supervisores Financieros (SESF), formado por tres nuevas autoridades para los sectores de banca, bolsa y seguros, que tendrán nuevas competencias, una propuesta interesante por el hecho de generar un ámbito concreto en donde los reguladores puedan considerar los riesgos particulares de cada componente del sistema financiero y la transferencia de riesgos entre los mismos.

La propuesta de reforma del sistema financiero realizado por la CE apunta a adaptarse a la creciente internacionalización del sector y a mejorar la respuesta ante hipotéticas crisis. Es una respuesta a las fallas en la supervisión que permitieron que la crisis siguiera su curso. La clave pasará por saber si es lo suficientemente flexible como para detectar nuevas modalidades de crisis.

Desde el otro lado del Atlántico, el secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, exponía ayer en el Congreso la propuesta del Gobierno de Estados Unidos para la reforma del sistema financiero, en vísperas de la cumbre del G-20. En el día de ayer, Geithner anunciaba la creación de un organismo supervisor nacional de bancos para evitar que las firmas financieras escapen del control del Gobierno.

En líneas generales, las propuestas regulatorias de la CE y de los EEUU apuntan a evitar el arbitraje regulatorio que le permitió al sistema financiero generar posiciones de altísimo riesgo sin ser advertidos por ello, al tiempo que se promete una supervisión más estricta que limitará el margen de acción de las entidades financieras.

La propuesta de reforma estadounidense sin embargo, aparece como más estricta en varios aspectos. La existencia de una agencia explícita de protección del consumidor financiero que propone el gobierno de Obama limitará que las entidades se sobrepasen imponiendo cargas excesivas sobre sus clientes. La decisión de obligar a las entidades bancarias a mantener un mayor volumen de reservas, y aumentar la vigilancia del mercado de derivados (el ámbito en donde se desarrolló el núcleo de la crisis) son otros dos elementos que limitarán el riesgo sistémico.

Si bien aún restan conocer más detalles para comprender las implicancias de la propuesta de la CE sobre la regulación de su sistema financiero, creo que no debería ahorrar dureza en la nueva propuesta regulación. Mientras la crisis aún está fresca en la mente de todos, hay que aprovechar para reformar al sistema financiero ya que existe una mejor predisposición para el cambio. Es preferible ahora excederse en lo restrictivo que no aprovechar la oportunidad y mantenerse tolerante ante un sistema financiero que demostró no ser disciplinado. Los reguladores deben entender que para flexibilizar los requisitos habrá tiempo en el futuro, pero no para restringirlos más, sobre todo en tiempos de bonanza en donde la percepción de la crisis está muy lejos en el horizonte.

No sé si lo habrán notado, pero las propuestas de reformas tanto en Europa como en EEUU contemplan la creación de varias agencias que supervisarán al sistema financiero. Hay que tener en cuenta que además existe un compromiso por el momento implícito, de coordinación internacional en la supervisión del sistema financiero para advertir posibles transferencias de riesgos. A toda esta nueva estructura regulatoria hay que agregarle el nuevo rol del Fondo Monetario Internacional (IMF), de velar por la estabilidad financiera internacional, para lo cual estará facultado para advertir a los países sobre situaciones de riesgos excesivos. Cuando uno observa toda esta estructura en su conjunto se encuentra ante la presencia de un nuevo problema.

Es que la estructura de regulación y supervisión de los sistemas financieros terminará alcanzando un nivel de complejidad y de duplicación de funciones tal que probablemente se puedan generar conflictos que terminen por afectar aquella estabilidad financiera que tanto pretenden proteger.

Imaginemos qué puede ocurrir si por ejemplo, existen diferencias en la apreciación de la situación de estabilidad del sistema financiero europeo entre el FMI y los nuevos organismos supranacionales de Europa. Los inversores probablemente no esperen a saber quién tiene la razón y buscarán deshacer aquellas posiciones que impliquen cierto riesgo desestabilizando de este modo a los mercados y dando lugar a lo que los economistas conocemos como “la profecía autocumplida”.

Hay que reconocer que cada propuesta apunta a solucionar fallas en la regulación y supervisión que permitieron la generación de la crisis, pero ¿No estaremos generando una estructura regulatoria altamente inestable y con grandes dificultades para adaptarse a la evolución de los sistemas financieros?

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Un nuevo negocio financiero en EEUU

Un nuevo negocio financiero en EEUU

Un nuevo negocio financiero en EEUU “Lamentablemente, hay gente en la industria financiera que está malinterpretando este momento. En vez de aprender las lecciones de Lehman y de la crisis de la cual aún nos estamos recuperando, prefieren ignorarlas”, Barack Obama en su discurso por el aniversario de la quiebra del gigante financiero.

Los ejecutivos bancarios no solamente estaban aburridos en el último tiempo con la estabilización de la crisis y el poco volumen de negocios de sus entidades, sino que habían comenzado a sentir preocupación por los flacos bonus de fin de año que recibirían. El sueño de un gran yate y un avión privado de última generación, tendrían que ser sustituidos por, quizás, una pequeña embarcación y por una avioneta a no ser que surjan nuevas ideas para recuperar la rentabilidad perdida.

Si hay algo que deben aprender los reguladores del sistema financiero es que la ambición del mercado por las ganancias hace que las crisis no sirvan de lección para su disciplinamiento. Los beneficios de las posiciones riesgosas resultan demasiado atractivos como para mantener la indiferencia y la utilidad marginal que producen los beneficios pareciera ser creciente.

El sistema financiero (ni los grandes hombres de negocios que lo conforman), no repara en el daño causado a la economía, en la que produjo una fuerte destrucción de riqueza de familias que han dedicado toda una vida para asegurarse su retiro, ni tampoco en el ejército de desocupados que apenas pueden asegurarse la subsistencia. La ambición por la rentabilidad se plantea como un objetivo a lograr a cualquier precio.

Cuando aún la regulación del sistema financiero estadounidense sigue luchando por reformarse para responder a la crisis pasada, esto es, para corregir los errores que permitieron la crisis, el sistema financiero ya le sacó ventaja y se está volviendo hacia la carrera por la rentabilidad con nuevas ideas.

La habilidad del mercado para saltear los obstáculos impuestos por la regulación hace necesario considerar que no alcanza con la propuesta de reforma de la regulación del sistema financiero para evitar crisis. Es necesario asegurar los mecanismos para que dicha regulación se adapte con la mayor velocidad a los cambios que se producen en los mercados financieros. Es una condición básica ya que de modo contrario, la regulación siempre correrá detrás por varios cuerpos de las innovaciones financieras.

Hasta hace poco, la vida de las personas no valía demasiado para el sistema financiero, hasta que descubrió que puede beneficiarse de los seguros que se arman en torno a ellas.

Los mercados le habían tomado el gustito a las ganancias abultadas que les permitiera disfrutar los diferentes activos tóxicos hasta el estallido de las subprime y es por eso que para rememorar viejas épocas, según The New York Times, se han enfocado en la titulización de los acuerdos a los que llegan aseguradoras y asegurados con respecto a los seguros de vida.

¿En qué consiste el negocio? Los banqueros están interesados en comprar acuerdos que cierran las entidades con sus clientes enfermos o más mayores. Se trata de que los titulares de la póliza la revendan por una cantidad determinada que depende de la expectativa de vida de cada uno. Así que si ud es uno de los asegurados, el hecho de saber que le queda poco tiempo de vida puede resultarle paradójicamente para sus seres queridos una muy buena noticia.

Con los seguros de vida en su poder, los banqueros pueden convertirlos en titulizaciones del mismo modo que se ha hecho con las hipotecas y otros tipos de deuda. Dichos títulos serán adquiridos por inversores que apuestan a la muerte de los asegurados.

El sistema resulta sin dudas perverso ya que cuanto más rápido vivan unos, mejor podrán vivir otros. Y si bien no se ha puesto en funcionamiento este mercado, ya que se encuentra en una etapa de estudio, el gran interés que ha despertado promete transformarlo en el nuevo fenómeno del sistema financiero norteamericano.

Lo que para los inversores puede representar una más que interesante oportunidad de ganancias, sembrará las semillas de una nueva crisis financiera a menos que esta vez, los reguladores puedan llegar a tiempo y frenar el desborde por el riesgo que el atractivo de las ganancias generará. Ya los técnicos en seguros afirman que este tipo de titularizaciones en torno a los seguros de vida, terminará provocando precios al alza en las pólizas, lo cual no hace otra cosa que perjudicar a los propios asegurados y afectar a un mercado que busca dar tranquilidad a las familias en casos de pérdida familiar.

Si uno deja volar la imaginación, puede anticipar todo el conjunto de nuevos activos que se podrán generar en torno a las titularizaciones de los seguros de vida. Incluso, la posibilidad para el asegurado de poder hacerse del dinero antes de que el trágico evento ocurra puede llevar a provocar un nuevo boom de consumo con fundamentos frágiles. La posibilidad de que un gran número de estadounidenses apuesten a los seguros de vida como una forma de hacerse de dinero inmediato no se debería descartar.

Lo bueno (por el momento) dentro de lo peligroso de la situación es que de los US$ 26 billones que mueve el mercado de seguros de vida en los EEUU, solamente US$ 500.000 millones pueden ser titularizados. De todos modos el riesgo está latente y no nos tendría que extrañar la reformulación de gran cantidad de seguros de vida para que puedan ser titularizables y atractivos, incrementando varias veces el negocio potencial, ello sin mencionar la numerosa cantidad de derivados que se pueden generar en torno a los seguros de vida.

Mientras el negocio de los seguros de vida está naciendo, la política monetaria, que mira hacia el crecimiento de la economía, sigue siendo expansiva generando un terreno fértil para el crecimiento de esta posible burbuja.

“Necesitamos reglas estrictas para evitar los riesgos sistémicos que nos arrastraron a una de las peores crisis”, decía Barack Obama. Pero mientras tanto la reforma por la regulación del sistema financiero sigue en medio del debate sin una inmediata resolución. ¿Reaccionarán los reguladores a tiempo para impedir el desarrollo de una nueva burbuja especulativa? Ante la cercanía de la crisis subprime, uno debería esperar que sí, pero la multiplicidad de veces que no lo han hecho, generan una gran duda y crecientes temores.

Nos encontraremos nuevamente el próximo lunes,

Horacio Pozzo

Horacio Pozzo es Master en economía por la Universidad Nacional de La Plata.

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El gran negocio de la salud en EEUU

El gran negocio de la salud en EEUU

El gran negocio de la salud en EEUU “Desde la idea ridícula de que queremos imponer ‘tribunales de la muerte’ (encargados de decidir quien puede y quien no puede ser atendido), a la idea falsa de que esta reforma está destinada a darle un seguro de salud a los inmigrantes ilegales, y hasta la noción más vasta de un control gubernamental sobre el sistema de salud”, Obama enumerando las versiones falsas sobre su proyecto de reforma del sistema de salud.

Tanto para los ciudadanos estadounidenses como para el gobierno, la reforma en el sistema de salud no es un tema menor y es por ello que se están viviendo jornadas de intensos debates en donde el presidente Barack Obama lucha con todas sus fuerzas para que su proyecto sea el aprobado por el Congreso.

Hasta el momento, EE.UU. no cuenta con un sistema de cobertura universal, por lo que los ciudadanos deben asegurarse la cobertura médica que muchos consiguen a través de sus empleadores mientras que otros suscriben seguros de salud privados.

Obama pone mucho en juego con la reforma del sistema de salud y aunque desde algunos sectores se considere que es un riesgo que no debería tomar, la importancia de la salud en el PBI estadounidense y sus consecuencias fiscales ameritan el riesgo. El presidente sabe que el sistema de salud se hará cada vez más insostenible en el futuro.

Según un informe del año 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, los norteamericanos gastan en salud alrededor del 15% del PBI. La resistencia popular a la reforma es fuerte por la desconfianza habitual que tiene el estadounidense medio a lo que implique injerencia gubernamental.

Si bien aún no ha presentado el proyecto integral, el primer mandatario estadounidense ha dado a conocer ciertos lineamientos del mismo que en principio lo que plantea es darle la opción a los estadounidenses a acudir a un seguro ofrecido por el Estado que compita con las aseguradoras privadas.

El discurso de ayer de Barack Obama frente al Congreso estadounidense fue calificado por muchos como trascendental. Carlos Chirinos, corresponsal de BBC Mundo en Washington recordaba que la última vez que un presidente estadounidense se dirigió a una sesión conjunta del Congreso -a excepción del discurso anual- fue hace 16 años, cuando Bill Clinton impulsaba su finalmente frustrada reforma del sistema de salud.

¿Por qué la reforma en el sistema de asistencia médica en los EEUU? Simplemente porque es costoso y malo. El sistema de salud además de no ser accesible para todos los estadounidenses, en calidad se encuentra en el puesto 37 en el mundo según evaluaciones internacionales. Gran cantidad de compañías de seguros médicos y alta complejidad en la multiplicidad de formularios que se deben llenar para acceder a los servicios de salud, hacen al sistema altamente ineficiente y costoso.

Actualmente existen alrededor de 47 millones de estadounidenses que no se encuentran cubiertos por el sistema de salud, mientras que otros 25 millones tienen una cobertura inadecuada, por lo que el objetivo del hombre fuerte de los EEUU es lograr la inclusión de todos ellos dentro de un sistema de cobertura adecuado y al mismo tiempo reducir el costo fiscal de los servicios de salud pública. Parece un desafío altamente difícil de cumplir aunque en los hechos no debería serlo dada la alta ineficiencia actual del sistema que deja margen para la acción.

El proyecto de reforma del sistema de salud propuesto por el gobierno de Obama tendrá un importante desafío en la cámara de Senadores en donde republicanos y un puñado de demócratas moderados expresaron sus dudas acerca del proyecto. Este grupo de senadores tiene la cantidad de votos suficientes como para frenar la propuesta de reforma. Por lo pronto, Obama cuenta con el apoyo de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi quien afirmaba: “Creo que una opción pública será esencial para nuestra aprobación de un proyecto de ley en la Cámara de Representantes”.

El nuevo sistema arruina el negocio de gran parte de los jugadores actuales en el sistema de salud y es por este motivo que el lobby para evitar el avance de la reforma es muy fuerte. Para ellos no importa la salud de la población sino la salud de sus cuentas bancarias demostrando el gran desprecio que tienen por la vida del prójimo. El mundo corporativo del sector le teme al aumento de la competencia que la reforma pueda generar. Según Armando Reale, profesor emérito de Isalud: “Esta reforma conspiraría contra un status quo, en el que todos hacen su negocio y les va muy bien”.

La tensión existente sobre el tema queda claramente evidenciada en las posturas contrapuestas: mientras los progresistas no aceptarán un proyecto de reforma que excluya una “opción pública” en la que el gobierno pueda competir con las aseguradoras privadas, los conservadores alertan sobre la llegada a EE.UU. del “socialismo” y el “racionamiento” de la atención sanitaria.

Un proyecto alternativo es el que presenta el presidente de la Comisión de Finanzas del Senado, el demócrata Max Baucus, que establece la creación de cooperativas sin fines de lucro para competir con compañías de seguros en lugar del plan para formar una aseguradora gubernamental. El plan de Baucus que está bajo discusión tiene un costo estimado de menos de US$ 900.000 millones en 10 años y contiene un impuesto a las aseguradoras en sus pólizas de salud más caras e impone un cobro a las compañías que recauden unos 6.000 millones de dólares al año para ayudar a pagar el plan. El proyecto además propone limitar los gastos de pacientes, poner topes a los beneficios de las aseguradoras y expandir el programa gubernamental de salud Medicaid a los pobres.

Mientras el plan de Baucus va ganando apoyo, Robert Zirkelbach, portavoz de Health Insurance Plans de Estados Unidos, se oponía con fuerza a la propuesta de Baucus al considerarla que va en sentido contrario aumentando los costos de salud en vez de reducirlos, por los cobros e impuestos adicionales.

La discusión en torno a la reforma del sistema de salud estadounidense está golpeando las cotizaciones de las acciones de las aseguradoras de salud ante los temores a que la reforma final corte dramáticamente sus utilidades.

¿Quién ganará la batalla por la reforma, el sector corporativo o los estadounidense? El final aún está abierto…

Horacio Pozzo

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Con expropiaciones, más inflación y precio del petróleo en baja Chávez va por una nueva reelección





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Con la oposición relativamente bajo control Chávez hubiese pensado en otros tiempos que la posibilidad de reelección indefinida sería un hecho. Pero han aparecido en escena factores externos y otros creados por el propio Chávez, que amenazan su objetivo de perpetuarse en el poder.

La baja en el precio del petróleo, si bien era una posibilidad, ni en los escenarios más pesimistas se había previsto una baja del precio del barril como se está observando en estos momentos. En la jornada del viernes el precio del barril de petróleo tocó los US$ 33,45.

La fuerte e inesperada caída del precio del petróleo representó un golpe duro para Chávez cuyo poder se basa en los recursos provenientes de las exportaciones de petróleo.

Pero al mismo tiempo que el barril de petróleo se desplomaba, la inflación en Venezuela se ha mantenido en aumento. Así, luego de alcanzar un nivel de inflación del 22,5% en el 2007, la tasa de inflación minorista en Venezuela para el 2008 promete superar el 30%.

El propio ministro de Economía venezolano, Alí Rodríguez, ha reconocido que no lograrán alcanzar la meta del 27,5% de incremento en los precios minoristas que habían establecido a principios de año.

Ante este contexto complicado, el gobierno de Chávez redobla la apuesta y presiona aún más con medidas que afectan a los venezolanos.

Una de las medidas que implementará el gobierno venezolano en breve, con el objetivo de cuidar la liquidez de dólares, es la reducción del cupo de dólares para viajeros dentro del control de cambios vigente desde 2003. La idea sería llevar el cupo de US$ 5.000 a US$ 2.500.

En medio de este contexto de menores recursos fiscales, de presiones inflacionarias en aumento ante la retracción en la oferta agregada, justo cuando más necesita Chávez alentar la inversión privada, es que se decide continuar con su política expropiatoria.

Esta vez la víctima fue un centro comercial. Chávez ordenó expropiar el Centro Sambil, que se había estado construyendo en un barrio de Caracas. Chávez decía lo siguiente al ordenarle al alcalde la detención de la construcción de dicho centro comercial: “Pare eso, señor alcalde, y vamos a revisar todo eso. Y vamos a expropiar eso y a convertirlo en una clínica (…) en una escuela, en una universidad”.

Mientras tanto, mientras pierde poder y apoyo tanto de sus conciudadanos como de los mandatarios de países aliados (afectados por el enflaquecimiento de la billetera del líder venezolano), Chávez avanza en su proyecto de reelección ilimitada.

Durante la semana pasada, el parlamento venezolano aprobó en primera discusión un proyecto de reforma constitucional para tal efecto (que propone enmendar el artículo 230 de la Constitución). El proyecto de reforma constitucional deberá ser sometido a una segunda discusión en el mes de enero. En caso de que sea ratificado, el Consejo Nacional Electoral (CNE) tendrá un mes para convocar una consulta popular con el objeto de lograr su aprobación por parte del voto popular.

Desde la oposición se ha denunciado la ilegalidad del proyecto, argumentando que el mismo era parte de la reforma constitucional que en diciembre de 2007 había sido rechazada en un referéndum.

La posibilidad de que un referéndum le dé la posibilidad a Chávez de volver a presentarse nuevamente como candidato presidencial, según el periódico estadounidense “The Washington Post”, sólo puede ser alcanzada mediante el uso de la fuerza o el fraude.

Como se puede ver, la situación de Venezuela muestra a un Chávez concentrado en lograr la reforma constitucional que le posibilite mantenerse indefinidamente en el poder, mientras la economía se deteriora día tras día.

La llamativa inacción del gobierno de Chávez ante los riesgos que implican para su poder el agravamiento de la situación de la economía, alientan las esperanzas de que un nuevo revés en el posible referéndum por la reforma constitucional haga cambiar su política económica haciéndola menos agresiva contra el libre mercado. ¿Será esto posible o se marchará hacia una profundización del modelo socialista que en el contexto económico actual puede implicar una crisis que ponga en peligro al gobierno de Chávez?

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