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La deuda pública británica puede hundir a la libra esterlina

La deuda pública británica puede hundir a la libra esterlina

La deuda pública británica puede hundir a la libra esterlina En esta nueva era económica en donde las economías emergentes ganan protagonismo y donde las economías desarrolladas padecen los sufrimientos que acostumbran soportar aquellas subdesarrolladas, Gran Bretaña aparece como una de las economías que mayores desafíos está enfrentando.

Problemas en el sector inmobiliario, financiero y en las cuentas públicas aparecen como una carga demasiado pesada para que su economía siga siendo considerada, toda una garantía para los acreedores.

La situación de la economía británica sigue aumentando el nivel de tensiones internas que la hunden en una disyuntiva entre implementar políticas para salir de la recesión o priorizar apuntar hacia la disciplina fiscal para evitar el castigo de las calificadoras y una potencial situación de crisis.

Durante la semana pasada, la calificadora de riesgo soberano Ficht Ratings, advirtió a los mercados que el elevado nivel de deuda pública de la economía británica está poniendo en riesgo su calificación AAA (la máxima calificación). Para la calificadora, de todos los países que ostentan la calificación AAA, el Reino Unido es el que mayores esfuerzos en materia fiscal deberá hacer para sostenerla.

La advertencia fue realizada por David Riley, uno de los responsables de Fitch en el área de calificaciones soberanas, en una entrevista con Reuters Televisión. Ficht por su parte, le advertía al gobierno británico a través de un comunicado: “Nuestra perspectiva estable refleja la expectativa de que el Gobierno británico articulará un programa de mayor consolidación fiscal durante el próximo año”.

Ficht se une de este modo a Standard and Poor´s que en el mes de mayo había advertido al gobierno británico sobre la posibilidad de recortarle su calificación. De hecho, S&P puso bajo vigilancia negativa el rating de AAA.

La calificadora condiciona la continuidad de la calificación de la deuda inglesa a señales claras y contundentes para reducir el déficit fiscal. El problema aquí planteado es, considerando el contexto económico del país, si la implementación de un ajuste inmediato terminará por generando efectos negativos superiores sobre el resultado fiscal, que los beneficios perseguidos.

El elemento que hace pensar en esta posibilidad es la frágil situación de la demanda interna de la economía afectada por los problemas en el mercado laboral. Mayores impuestos combinados con recortes en los gastos, reducirán las perspectivas de recuperación de la economía y posiblemente terminen por golpear en dos sectores que se encuentran al borde de una nueva crisis como lo son el sector bancario e inmobiliario.

¿Qué debe hacer el gobierno británico, dejar que la economía se recupere por sí sola o volver a generar estímulos? “Si hubiera otro paquete de estímulo fiscal significativo en Gran Bretaña, entonces la calificación estaría en riesgo”, advertía Riley, mostrando que existe un solo camino para sostener la calificación crediticia.

Por lo pronto, las advertencias que se acumulan en torno a la deuda británica están haciendo que sus Credit Default Swaps (CDS –seguros de default de la deuda de Gran Bretaña-) comiencen a elevarse y harán cada vez más costoso el financiamiento para el gobierno de Gordon Brown.

A pesar de los anuncios realizados en abril para lograr una mayor disciplina fiscal, el déficit de las cuentas públicas sigue en alza. Steven Hawkes recordaba días atrás en un artículo en The Sun que el gobierno británico tuvo que endeudarse por 77.600 millones de libras esterlinas entre los meses de abril y setiembre del presente año, más del doble en relación al financiamiento que necesitó para el mismo período del 2008.

Para el presente año, el Fondo Monetario Internacional (FMI), ha estimado que el déficit fiscal de Inglaterra alcanzará al 11,6% de su Producto Bruto Interno (PBI), cifra que hubiese sido considerada escandalosa por el organismo internacional en caso de tratarse de una economía en desarrollo.

La libra esterlina, por su parte, aparece como una damnificada por esta situación ya que el mayor riesgo de una rebaja en la calificación crediticia de la deuda pública reducirá la demanda de activos denominados en esa moneda, presionando a una depreciación cambiaria. Ashley Seager en un artículo para The Guardian destacaba el impacto inmediato que sufriera la cotización de la libra esterlina una vez conocida la advertencia de Ficht.

Los problemas para la economía británica se encadenan y la potencial menor demanda de libras esterlinas aumentará las necesidades de una política restrictiva que redoble los esfuerzos por quitar la liquidez excedente si no quiere agregar a todos los problemas de la economía actuales, la amenaza inflacionaria o el surgimiento de nuevas burbujas especulativas.

Para colmo de males, Gran Bretaña está ingresando en 2010 en un período electoral en donde el actual partido gobernante buscará mantenerse en el poder y para ello, necesita una mejor propaganda que la actual situación recesiva de la economía. Este contexto puede actuar como un condicionante de las decisiones tanto de política económica como de política monetaria.

Ante los posibles temores sobre la posible falta de voluntad del gobierno de implementar una política fiscal restrictiva en vísperas del contexto electoral, una señal positiva, y lógica, para los ciudadanos británicos es el gran consenso político existente previo al contexto electoral en torno a la necesidad de apuntar a la disciplina fiscal.

Probablemente, las próximas semanas sean cruciales para la economía inglesa. En los primeros días de diciembre, Alistair Darling presentará mayores detalles acerca del presupuesto del año entrante y de los planes para reducir el abultado déficit fiscal.

Lo que ocurra con la calificación crediticia del Reino Unido, importa no solamente para el propio país, sino también es relevante para el resto de las economías desarrolladas, principalmente para las que ostentan una situación fiscal similar. La posible rebaja en la calificación crediticia en la economía británica puede disparar una ola de sospechas y temores entre los inversores acerca de la calificación crediticia de la deuda de economías desarrolladas como la estadounidense, lo cual puede además, hacer resurgir las turbulencias en los mercados internacionales y alterar la recuperación económica.

Una vez más, queda en evidencia la importancia que tiene el poder comprender lo que ocurre en las economías para anticipar los posibles impactos sobre nuestras decisiones de inversión. En este sentido, Latinforme ha querido brindarle, a través del Curso de Economía Básica para Inversores , una manera sencilla y comprensible para aprovechar los hechos económicos en la toma de decisiones de inversión.

Horacio Pozzo

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Déficit fiscal en EEUU ¿Contraestímulo fiscal o solución “a la Argentina”?

Déficit fiscal en EEUU ¿Contraestímulo fiscal o solución “a la Argentina”?

Déficit fiscal en EEUU ¿Contraestímulo fiscal o solución “a la Argentina”? Un tercio de la población estadounidense se encuentra seriamente amenazada por las dificultades fiscales en los Estados donde residen, los que tendrán que ajustar seriamente su cinturón de gastos si no quieren declararse en bancarrota. ¿Contraestímulo fiscal?

Los problemas fiscales para los Estados Unidos, lejos están de atenuarse. Por el contrario, como si fuera una enfermedad, se está extendiendo entre varios estados que, liderados por California, encuentran que equilibrar sus cuentas, es una de las misiones más difíciles en el inicio de la postcrisis. ¿Ensayarán una solución a la Argentina?

A nivel del Estado nacional, el déficit público sigue en una preocupante tendencia alcista. Según daba cuenta el Wall Street Journal, las cuentas públicas arrojaron en el mes de octubre un rojo de US$ 176.360 millones casi cuadruplicando el rojo del mes de setiembre que había sido de US$ 46.000 millones y las señales de moderación y disciplina que se le reclama al gobierno de Obama, parecen quedar para más adelante.

A nivel estatal, la situación aparece en algunos casos incluso más graves que lo observado a nivel federal. Darrell Preston comentaba en un artículo para Bloomberg que los estados están cerrando el año fiscal con un déficit de US$ 250.000 millones.

La CNN dio a conocer un estudio realizado por Pew Center que revela que 10 estados se encuentran en una situación de crisis fiscal que los puede llevar a la bancarrota.

La lista del miedo la integran Arizona, California, Florida, Illinois, Michigan, Nevada, New Jersey, Oregon, Rhode Island y Wisconsin. Y en la lista siguen otros cinco estados cuya situación no es demasiado mejor a la que evidencian los aquí mencionados. Los estados más comprometidos con el déficit fiscal son California, Illinois y Arizona con un bache fiscal del 49,3% para California, 47,3% para Illinois y 41,1% para Arizona.

Seguramente muchos ciudadanos estadounidenses se estarán preguntando en estos momentos ¿Cómo es que ha llegado a esta situación de descalabro financiero en los estados?

Lo que les ha ocurrido a buena parte de los estados en problemas, lógicamente no responde a una única causa. Tampoco se puede afirmar que no tienen sus gobernantes responsabilidad alguna sobre la situación. Todo lo contrario, la falta de previsión pone a muchos estados en una situación de cuasi bancarrota.

Los problemas en sus mercados laborales con una elevada tasa de paro, que a su vez es uno de los elementos que derivan en una alta tasa de ejecuciones inmobiliarias y de quiebras de empresas, han golpeado las arcas públicas por los menores ingresos que se generan. Si a esto le sumamos los problemas en la administración de los recursos públicos que se han observado en los estados, tenemos entonces el cóctel explosivo que están sufriendo por estos momentos.

La caída en los ingresos estatales, promedió el 16,6% en el segundo trimestre del año, según el relevamiento realizado por el Rockefeller Institute. Pero tan preocupante como la caída en los ingresos fiscales es su evolución esperada para los próximos meses.

Un reporte del Securities Industry and Financial Markets Association muestra un panorama poco alentador al destacar que: “A pesar del aparente retorno del crecimiento en la economía de los EEUU, la recuperación del empleo y los salarios –dos de los factores más importantes de las finanzas de los estados- se demorarán por bastante tiempo”.

En el mes de julio el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, aplicó una solución a la Argentina, al menos temporal, para sus cuentas fiscales que consistió en la emisión de pagarés (en Argentina, las famosas cuasimonedas). En ese momento, del estado, John Chiang decía al respecto: “Los pagarés son una señal de que el estado está siendo manejado de mala manera” al tiempo que advertía sobre una posible rebaja en la nota de la deuda de California.

El caso de California es el más conocido, por la importancia que representa dentro de los EEUU. Schwarzenegger, se ha visto obligado a aplicar fuertes e impopulares recortes en el gasto público, afectando a ámbitos esenciales del llamado “Estado de Bienestar”, como los son los gastos en educación y en servicios sociales. La profundidad del bache presupuestario hace que los recortes realizados hasta el momento resulten insuficientes y se tengan que pensar en nuevas reducciones de gastos. Así y todo, el gobierno de California prevé un déficit público de entre US$ 12.400 millones y US$ 14.400 millones en 2010.

Para graficar la seriedad de los problemas financieros en otros estados, el gobierno de Arizona piensa en arrendar el edificio del Congreso para recaudar dinero, mientras que en el estado de Michigan ya se anunció la disminución de gastos en escuelas y en hospitales.

El riesgo que existe en torno a la necesidad de un fuerte ajuste fiscal por parte de una gran parte de los estados es que el mismo ajuste termine por provocar un círculo vicioso dentro de la economía y de este modo, que imponga un freno a las perspectivas de recuperación de la economía de los EEUU.

¿Qué deben hacer los gobernadores? El conflicto de ideas es importante. Lo que aparece como una medida mejor vista es que los gobiernos de los estados en problemas decidan recortar sus gastos para ajustar sus balances fiscales. El problema es que esta decisión puede profundizar la situación de recesión económica con nuevos efectos negativos sobre la recaudación. La alternativa pasa por posponer todo ajuste hasta que la economía cobre fuerza y no sufra demasiado con los recortes en los gastos.

Para Susan Urahn, directora del Centro Pew afirmaba: “Las decisiones que adopten esos estados mientras intentan salir adelante de la recesión tendrán un papel primordial en qué tan rápido se recuperará toda la nación”.

Por lo pronto, varios de los estados, para mal o para bien, ya han comenzado a actuar inclinándose por el camino de los recortes en los gastos y el aumento de sus impuestos (algo que Keynes no les hubiese aconsejado).

Scott Pattison, vocero del National Association of State Budget Officers vaticinaba que lo peor aún no llegó para los ciudadanos: “Hemos visto los peores números rojos en 10 años, y es seguro vendrán días con miles de despidos en el sector público y recortes de servicios sociales”.

¿Estará en las finanzas de los estados de EEUU el origen de una nueva recaída en la economía estadounidense? Este riesgo estará latente más allá del camino elegido por los diferentes gobiernos. La economía estadounidense debe salir cuanto antes de la situación de recesión para comenzar a implementar medidas de ajustes profundas y así comenzar a desterrar las numerosas amenazas que la rodean.

Horacio Pozzo

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Las economías desarrolladas siguen a las subdesarrolladas: el inevitable desenlace

Las economías desarrolladas siguen a las subdesarrolladas: el inevitable desenlace

Las economías desarrolladas siguen a las subdesarrolladas: el inevitable desenlace
14 Octubre 2009

Las economías desarrolladas están viviendo, producto de la crisis que ellos mismos crearon, en carne propia todos los padecimientos de las economías subdesarrolladas. Quizás sea ilusorio pensarlo, pero puede que esta experiencia los ayude a comprender mejor la realidad de los países emergentes para de este modo apoyarlos en el logro del desarrollo económico.

En estos momentos, el gobierno de una gran economía mundial no puede ocultar la enorme preocupación que le generan dos amenazas puntuales: el riesgo de insolvencia y el riesgo de sufrir un episodio de hiperinflación. Claro, no son los únicos riesgos a los que está expuesta esta economía, pero ciertamente son los dos que tienen mayores posibilidades de llevarla a una situación de catástrofe. Lo cierto es que en relación a la deuda pública bruta, en estos momentos la deuda asciende al 82% del PBI.

Esta economía a la que me estoy refiriendo es la economía estadounidense. ¿Sorprendido? Probablemente si ahonda en la realidad de la economía norteamericana encontrará que no existe demasiado margen para la sorpresa. Los desequilibrios que ha sufrido la han llevado a una situación límite. Los déficits gemelos (fiscal y externo) y una economía descontrolada y falta de regulación, con una extrema debilidad en el sector financiero, la han llevado a una situación límite de la que no le será fácil salir.

La crisis financiera, que las fallas regulatorias y la permisividad del gobierno estadounidense ha permitido que se generara, está teniendo mayores consecuencias que las estimadas en un principio. Cuando todavía no ha logrado salir de la crisis, la economía estadounidense se encuentra con un déficit fiscal que ronda el 10% en términos del PBI y que no logrará reducirse significativamente en el corto plazo. El resultado de los problemas fiscales se traduce a un nivel de deuda pública camino al 100% en términos del producto, un nivel ciertamente difícil de sostener. Con una economía en crisis, la credibilidad del dólar se encuentra por el piso.

La situación es grave aunque no todos la ven así. El nivel de confusión sobre la verdadera situación de la economía estadounidense y los riesgos emergentes derivados son tales que por un lado encontramos a la mayoría de los economistas de EEUU celebrando el fin de la recesión en aquel país. En el otro extremo del mundo encontramos opiniones como la siguiente de Miaojie Yu, del Center for Economic Research-National School of Development (Universidad de Pekín) acerca de los actuales desequilibrios que afectan a China y EEUU: “China no tiene por qué satisfacer las necesidades financieras de EEUU”.

Resulta preocupante escuchar opiniones como las de Miaojie Yu, como si China no fuera consciente de las terribles consecuencias que para sí misma puede tener dejar de financiar los desequilibrios de la economía estadounidense. Un viejo refrán dice “La culpa no la tiene el chancho sino el que le da de comer”, y en este sentido, China debe hacerse responsable y cooperar para encontrar una salida a la problemática estadounidense. De todos modos, de alguna manera va a tener que pagar por sus errores.

¿Qué es lo más preocupante en la economía de EEUU, el riesgo de insolvencia o el riesgo de hiperinflación? Ciertamente el riesgo de insolvencia en la economía de EEUU es relativo, ya que en definitiva toda la deuda del gobierno estadounidense está denominada en “moneda local” por lo que en última instancia, puede resolver el problema imprimiendo dinero. Claro que no es una alternativa sana y ciertamente puede provocar consecuencias negativas tan graves como el mismo default, pero al menos se cuenta con una alternativa para evitarlo.

Analizando la deuda pública, no sólo debe preocupar su nivel actual sino su evolución esperada. En relación a ello, en poco tiempo más superará el 100% en términos del PBI, pero hay algo más preocupante y se vincula al incremento en el déficit fiscal esperado como consecuencia del deficitario sistema de salud pública. Las proyecciones elaboradas por los técnicos de la Oficina Presupuestaria en relación al déficit fiscal y a la deuda pública en los próximos años, son realmente alarmantes.

¿Por qué se habla de riesgo de hiperinflación en la economía estadounidense? Los riesgos hiperinflacionarios si bien en estos momentos están relativamente contenidos, existen y están vinculados al exceso de liquidez con que se encontrará la economía estadounidense en los próximos meses.

La crisis obligó a la Fed a inundar el mercado de dólares que fueron absorbidos por el sediento mercado. Pero la recuperación económica generará una reversión de la preferencia por la liquidez del mercado y nos encontraremos con un gran exceso de dólares que nadie deseará y que obligará a la autoridad monetaria a quitar con la mayor rapidez posible toda la liquidez excedente.

Pero los factores que producirán la caída en la demanda de dólares en los próximos meses no se agotan en lo que les acabo de comentar. Existe un problema tan grave como el anterior y que se relaciona con el menor deseo que genera la moneda estadounidense como divisa de reserva. Muchas economías se están rebalanceando la composición de sus reservas internacionales en contra del dólar estadounidense, presionándolo hacia la baja. Según Libertad Digital, a comienzos del año 2009, China tenía bonos americanos por US$ 801.000 millones. En junio, la cifra había descendido hasta los US$ 766.000 millones y la tendencia continúa. O sea, no solamente ha dejado China de adquirir activos estadounidenses sino que además ahora se está desprendiendo de parte de los mismos. El riesgo de una escalada inflacionaria en EEUU puede además acelerar la huida generalizada del dólar.

—————La economía y los mercados van de la mano————–

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¿Qué hace mientras tanto el gobierno de Barack Obama? El recientemente premiado con el premio Nobel de la Paz, no parece tener reparo en los gastos del gobierno, y aprovechando la buena nueva, decidió celebrarla enviando en “secreto” 13.000 soldados a Afganistán. Con esta política internacional, Obama ciertamente está aumentando las posibilidades de perder la guerra económica que llevará a la ruina a los EEUU.

¿Cómo podrá resolver EEUU sus desequilibrios y evitar un colapso que vuelva a golpear a la economía mundial? Sin dudas, la economía estadounidense por sí sola, poco podrá hacer. Disciplina y mucho timing de parte de EEUU, y coordinación y cooperación, con el resto de las economías, para reducir los desequilibrios. El G20 parece ser un buen ámbito para el compromiso de las principales economías mundiales, pero dicho compromiso se debe traducir en acciones concretas y no quedar en un simple palabrerío. Ya no puede China seguir creciendo a costa de los fuertes déficits de la economía estadounidense, ni el resto de las economías desarrolladas sostener sus elevados niveles de deuda. Las economías no pueden seguir políticas económicas en beneficio propio sin considerar si ello profundiza o no los desequilibrios globales existentes.

Mientras graves riesgos amenazan a la economía estadounidense, el resto del mundo no puede estar ajeno. La economía mundial ha entrado en una etapa en donde las políticas económicas no se pueden decidir a nivel país. La necesidad de cooperación y coordinación es la única alternativa que puede evitar una crisis superior a la subprime en donde no serán los mercados los que estarán en problemas, sino directamente las principales economías desarrolladas. ¿Tendrá EEUU, China y las principales economías, la capacidad suficiente como para eludir este gran foco de crisis que emerge en el horizonte?

Horacio Pozzo

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La crisis de la deuda y la próxima recesión mundial

La crisis de la deuda y la próxima recesión mundial

La crisis de la deuda y la próxima recesión mundial ¿Qué es más importante: los grandes desbalances existentes en la economía mundial o los problemas en la regulación del sistema financiero internacional? Esta pregunta que formulo aquí no es un pensamiento, sino que es la discusión inicial que surgiera en la reunión del G-20 entre el presidente de los EEUU, Barack Obama y la canciller alemana Angela Merkel. Mientras Obama priorizaba el abordaje de los desequilibrios como tema clave, Merkel pedía concentrar las fuerzas en las reformas regulatorias.

Seguramente ud. antes de leer este artículo y sin dudarlo, diría que lo más importante, en caso de tener que poner prioridades, es dar una respuesta regulatoria inmediata a la indisciplina de los mercados que ya están nuevamente haciendo de las suyas y buscando aumentar la rentabilidad sin importar los riesgos incurridos.

La política fiscal salió al rescate de las economías castigadas por la crisis financiera internacional y a través de los programas de estímulo económico buscó limitar dentro de lo posible este mal momento. Pero como se dice comúnmente, “nada es gratis en la vida”, luego de la crisis volverá para pasarle “la cuenta” a las economías.

Los memoriosos recordarán que la crisis de Latinoamérica de la década del 80´ se produjo a partir de la elevada carga de la deuda externa. Las economías, comandadas en su mayoría por gobiernos militares, aprovecharon la oferta de crédito de los grandes bancos europeos y estadounidenses, con un extremadamente elevado volumen de recursos producto de los depósitos que los países petroleros hacían de sus ingresos.

“Los problemas de la deuda pública es un tema de países subdesarrollados”, se solía escuchar hasta hace muy poco tiempo. Es que la raíz del problema, según los especialistas internacionales, era la indisciplina de gobiernos que no lograban poner en orden las cuentas tanto por incapacidad como por ineficiencia en el aparato estatal y hasta por corrupción.

La crisis nos ha demostrado que en esencia, no existen demasiadas diferencias entre países desarrollados y en desarrollo. Sólo la situación por las que atraviesan las economías condiciona el comportamiento de los gobiernos. Siguiendo este pensamiento, no nos tendrían que haber asombrado varias situaciones ocurridas en el mundo desarrollado durante esta crisis y que son típicas de economías en desarrollo: los corralitos financieros a la “Argentina”, las cuasimonedas en California, la estatización de pasivos privados.

El mundo desarrollado está cerca de dejar atrás la dolorosa crisis subprime, pero no de dejar atrás los problemas, ya que se debe preparar a un nuevo desafío: recomponer la situación fiscal de las economías y enfrentar la pesada carga que les impondrá el incremento de la deuda pública.

Mientras el Fondo Monetario Internacional (IMF), sigue empecinado en sugerir la aplicación de políticas de estímulo fiscal para acelerar la salida de los países desarrollados de la situación de recesión en la que se encuentran, el stock de deuda pública de estos países sigue en continuo ascenso lo que ha comenzado a despertar voces de advertencia sobre lo que puede llegar a ocurrir.

En mis artículos es muy común que critique la política económica de Venezuela, y motivos no creo que me falten para ello. Pero hay algo que debo reconocer es que a pesar del derroche de recursos petroleros que Chávez ha hecho en el país, su indisciplina para con el gasto público no lo ha llevado a un irracional incremento de la deuda pública que representaría para el país un pasaje directo hacia una crisis (la cual entiendo que de todos modos tendrá lugar en Venezuela por las altas inconsistencias de política económica). La deuda pública de Venezuela apenas supera el 20% en términos de su Producto Bruto Interno (PBI) y se espera que alcance 21,2% hacia finales de 2010. Los países latinoamericanos muestran en líneas generales, niveles de deuda pública sostenibles en términos del PBI, variable que sirve para determinar la capacidad de generación de riquezas de un país (Brasil y Colombia, por ejemplo, observan una deuda del 42,5% y 47,8% en términos del PBI, respectivamente).

Totalmente diferente es lo que está ocurriendo en buena parte de los países desarrollados. En Inglaterra, la deuda pública se ubica actualmente en torno al 54,8% de su PBI. Para peor, las proyecciones para 2010 anticipan que la deuda pública bruta en Inglaterra alcanzará al 66,9% del PBI.

Pero si le preocupa el volumen de deuda de Inglaterra, debo decirle que aún no les cuento lo peor. Tomemos un respiro y veamos estos números de deuda pública a PBI que surgen de las estadísticas del FMI: Francia tiene una deuda pública del 74,9% (80,3% se espera que llegue a fines de 2010), Alemania 79,4% (86,6% para 2010), Italia 115,3% (121,1% para 2010), EEUU 86,98% (97,5% para 2010) y Japón 217,2% (y 227,4% en 2010).

El incremento en la deuda pública de las economías desarrolladas ha sido realmente asombroso. En un artículo en Cinco Días, Marcos Ezquerra comenta el asombroso caso de España que ha pasado a tener una deuda del 36,2% del PBI en 2007 al nivel actual cercano al 60% en términos del producto.

¿Se pueden pensar que estos niveles de deuda son sostenibles? La reputación con la que cuentan las economías desarrolladas les da por el momento margen para convivir con estos niveles de deuda que hubieran desatado ya mismo una crisis en economías emergentes. Pero el capital reputacional con el que cuentan las economías es efímero y debe ser reforzado con un cambio urgente en la política fiscal que tienda a revertir los déficits de manera urgente.

Kenneth Rogoff, quien fuera economista jefe del FMI, se animó a anticipar la próxima crisis: “Es muy probable que la deuda pública sea el detonante de la siguiente crisis”.

Los gobiernos de los países desarrollados se encuentran actualmente en una dura encrucijada. Las advertencias realizadas por personalidades como Rogoff chocan con la necesidad de mantener una política fiscal expansiva para sostener la recuperación económica. Una política fiscal que busque achicar el déficit puede llevar a las economías a revertir la recuperación para volver a un contexto recesivo. En este contexto toma mayor valor el pedido de Obama de enfrentar los desequilibrios globales y pedir un mayor compromiso a países como China que tienen la capacidad de contribuir al equilibrio global.

Imagino que habrá que esperar hasta el 2010 en donde la recuperación haya comenzado a tomar fuerza para saber qué dirección tomarán los países desarrollados en el manejo de la política fiscal. Si bien la coordinación de políticas a nivel internacional sería el mejor resultado, al menos considero que sería positiva alguna señal de disciplina fiscal por parte de las economías más comprometidas.

Una reflexión final: el hombre es el único animal que tropieza dos veces (y muchas más) con la misma piedra. Como si fueran conejitos de india, los países subdesarrollados advirtieron con su experiencia pasada, muchas de las situaciones por las que está atravesando el mundo desarrollado que no ha sabido capitalizar la experiencia ajena. ¿Soberbia o incapacidad? ¿Cuándo les “sugerirá” el FMI a estas economías que cuiden la disciplina fiscal como lo hizo con los países latinoamericanos?

Horacio Pozzo

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