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Hasta dónde puede caer el dólar

Hasta dónde puede caer el dólar

Hasta dónde puede caer el dólar Como si fuera una sentencia de muerte, parece que el dólar se encuentra al igual que muchos condenados en los EEUU en el corredor de la muerte como divisa líder mundial. El reinado del dólar está acabado según la visión (y el comportamiento), de los especialistas y del resto de los gobiernos. Sin embargo, todavía existen quienes apuestan a que ello no sea así. Por lo pronto, en estos momentos el dólar se mueve por su nivel más bajo de los últimos 14 meses frente al euro y probablemente le represente a ud. una buena noticia si es que vive en Europa y desea tomarse unas vacaciones en los EEUU.

David Wessel, reproducía en el Wall Street Journal, la confianza del Tesoro estadounidense sobre las posibilidades de que el dólar mantenga su liderazgo y fortaleza: “Mientras los EEUU mantengan políticas macroeconómicas sanas y profundas, liquidez y profundidad en los mercados financieros, el dólar continuará siendo la principal moneda de reserva”. Por el momento, las políticas macroeconómicas de los EEUU no son lo sanas que se podían esperar, por lo que si las mismas no observan un giro drástico, se deberán abandonar las esperanzas de sostenimiento del liderazgo del dólar como moneda de reserva global.

Contra los que confían en la continuidad del liderazgo del dólar, otros como Fred Bergsten, quien fuera asesor durante la presidencia de Carter, son contundentes al calificar que el dólar tiene los días contados y que dejará de ser la moneda de reserva global.

A pesar de la creencia extendida sobre la continuidad del debilitamiento del dólar frente a las principales divisas, Mark Gongloff del Wall Street Journal cree que por el momento, nadie tiene la respuesta a la pregunta acerca del valor del dólar. Por más apuestas que se realicen, no existe una noción de qué valor debería tener en relación a las principales divisas.

Es que los fundamentalistas que apoyan su análisis del valor del dólar en una amplia cantidad de variables no se ponen de acuerdo. Los numerosos indicadores a los que echan mano para evaluar el valor de la moneda estadounidense, alcanzan conclusiones distintas lo cual genera un poco de desconcierto. No se puede elegir uno en concreto ya que todos tienen debilidades.

¿Qué determina el valor del dólar? En una respuesta simple y concreta, la fortaleza de la economía estadounidense es lo que determina su valor. Yendo al detalle, deberíamos ver cómo se comportan las principales variables económicas tales como la balanza comercial y la cuenta corriente, el gasto fiscal y el déficit público, las tasas de interés, la tasa de inflación y el crecimiento de la economía tanto real como potencial.

—————La economía y los mercados van de la mano————–

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Mientras el modelo que utiliza la OCDE para evaluar el valor que deberían tener las divisas, dice que el dólar está subvaluado frente al euro, otras estimaciones dan cuenta de lo contrario. La mayoría de los indicadores que utilizan los economistas señalan que el dólar está sobrevaluado frente al yuan, pero algunos muestran que es demasiado barato frente al euro. Incluso el índice del dólar de Intercontinental Exchange, que mide su desempeño contra una canasta de seis de las principales divisas del mundo donde predomina el euro, muestra las expectativas de un dólar más débil a futuro y descendió la semana pasada a 75,48, su mínimo de los últimos 14 meses y no muy distante de su mínimo histórico de 71,33 correspondiente a abril de 2008.

Mirando algunas de las principales variables económicas de los EEUU nos encontramos con tasas de interés en mínimos históricos, un déficit fiscal que ha sido récord histórico, un déficit en cuenta corriente difícil de revertir y una economía que seguirá débil más tiempo del deseado. Desde el punto de vista de las variables económicas, no existen demasiados argumentos de los que se pueda sostener el dólar para recuperar valor.

En su peor momento, los gobiernos y los inversores le dan la espalda al dólar. El billete verde ha perdido su atractivo como refugio seguro ahora que los inversionistas dejan de lado su aversión al riesgo y salen en busca de alternativas más rentables. Barclays Capital difundió un dato que no se puede dejar pasar: entre los meses de abril y junio, los bancos centrales de todo el mundo acumularon más de la mitad de sus reservas en euros, por primera vez en un período de alta demanda, siendo también la primera vez que la cuota de dólares comprados baja al 37%.

Según el Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS), el dólar representaba el 62,8% de las reservas mundiales al cierre del primer semestre, cifra inferior a la de finales de 2008 cuando explicaba el 64% del total de reservas. Pablo Guijarro, de AFI graficaba lo que está sucediendo: “Se trata de una tendencia que se viene arrastrando desde hace 10 años”.

Para algunas economías, el separarse del dólar se vincula a evitar que el estar atado a una moneda ahora débil les siga generando daños. Paul Gamble, director de investigaciones del banco saudí Jadwa Investment, alerta sobre las consecuencias negativas para las economías del Golfo: “Una caída persistente del dólar puede finalmente dar lugar a más inflación, un fenómeno que será exacerbado por el alza de las materias primas que sirven de valor refugio ante un dólar debilitado”. Es por este motivo que se sigue evaluando, lógicamente en secreto (ya que podría implicar un nuevo impacto negativo sobre el dólar que afecte las reservas de estos países y su estabilidad), la posibilidad de despedirse de la dependencia directa del billete verde, situación seguida con atención y entusiasmo por China dado el enorme volumen de sus relaciones comerciales con los países del Golfo.

Que el dólar se seguirá debilitando es para Guijarro, un hecho como así también su gradualidad: “Pero aun así, y a pesar de todas las presiones, la pérdida de protagonismo es y va a seguir siendo muy gradual”. Lamentablemente no veo que se pueda sostener esta gradualidad que se viene observando y que predice, se mantendrá, Guijarro. Cada vez son más los factores que atentan contra la sostenibilidad del dólar. Y para colmo de males, la ausencia de cooperación internacional está agravando la situación.

El oro por su parte, es el reflejo de la situación por la que atraviesa el dólar estadounidense. El incremento en su cotización responde a la debilidad de dólar. En estos tiempos en que todos buscan la forma de desligarse del dólar, el oro puede aparecer como un gran negocio. En este sentido, las miradas están puestas a lo que pueda hacer China. La economía china posee más del 29% de las reservas mundiales en divisas y sólo un 2% de ellas están en oro. El margen para que el gobierno chino ordene compras de oro es amplio y las perspectivas de revalorización para el metal precioso son muy elevadas.

¿Se puede pensar en la recuperación del dólar? Es una pregunta que, a pesar de algunas variables económicas que muestran algún signo de esperanza, sigue siendo negativa.

Horacio Pozzo

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La crisis de la deuda y la próxima recesión mundial

La crisis de la deuda y la próxima recesión mundial

La crisis de la deuda y la próxima recesión mundial ¿Qué es más importante: los grandes desbalances existentes en la economía mundial o los problemas en la regulación del sistema financiero internacional? Esta pregunta que formulo aquí no es un pensamiento, sino que es la discusión inicial que surgiera en la reunión del G-20 entre el presidente de los EEUU, Barack Obama y la canciller alemana Angela Merkel. Mientras Obama priorizaba el abordaje de los desequilibrios como tema clave, Merkel pedía concentrar las fuerzas en las reformas regulatorias.

Seguramente ud. antes de leer este artículo y sin dudarlo, diría que lo más importante, en caso de tener que poner prioridades, es dar una respuesta regulatoria inmediata a la indisciplina de los mercados que ya están nuevamente haciendo de las suyas y buscando aumentar la rentabilidad sin importar los riesgos incurridos.

La política fiscal salió al rescate de las economías castigadas por la crisis financiera internacional y a través de los programas de estímulo económico buscó limitar dentro de lo posible este mal momento. Pero como se dice comúnmente, “nada es gratis en la vida”, luego de la crisis volverá para pasarle “la cuenta” a las economías.

Los memoriosos recordarán que la crisis de Latinoamérica de la década del 80´ se produjo a partir de la elevada carga de la deuda externa. Las economías, comandadas en su mayoría por gobiernos militares, aprovecharon la oferta de crédito de los grandes bancos europeos y estadounidenses, con un extremadamente elevado volumen de recursos producto de los depósitos que los países petroleros hacían de sus ingresos.

“Los problemas de la deuda pública es un tema de países subdesarrollados”, se solía escuchar hasta hace muy poco tiempo. Es que la raíz del problema, según los especialistas internacionales, era la indisciplina de gobiernos que no lograban poner en orden las cuentas tanto por incapacidad como por ineficiencia en el aparato estatal y hasta por corrupción.

La crisis nos ha demostrado que en esencia, no existen demasiadas diferencias entre países desarrollados y en desarrollo. Sólo la situación por las que atraviesan las economías condiciona el comportamiento de los gobiernos. Siguiendo este pensamiento, no nos tendrían que haber asombrado varias situaciones ocurridas en el mundo desarrollado durante esta crisis y que son típicas de economías en desarrollo: los corralitos financieros a la “Argentina”, las cuasimonedas en California, la estatización de pasivos privados.

El mundo desarrollado está cerca de dejar atrás la dolorosa crisis subprime, pero no de dejar atrás los problemas, ya que se debe preparar a un nuevo desafío: recomponer la situación fiscal de las economías y enfrentar la pesada carga que les impondrá el incremento de la deuda pública.

Mientras el Fondo Monetario Internacional (IMF), sigue empecinado en sugerir la aplicación de políticas de estímulo fiscal para acelerar la salida de los países desarrollados de la situación de recesión en la que se encuentran, el stock de deuda pública de estos países sigue en continuo ascenso lo que ha comenzado a despertar voces de advertencia sobre lo que puede llegar a ocurrir.

En mis artículos es muy común que critique la política económica de Venezuela, y motivos no creo que me falten para ello. Pero hay algo que debo reconocer es que a pesar del derroche de recursos petroleros que Chávez ha hecho en el país, su indisciplina para con el gasto público no lo ha llevado a un irracional incremento de la deuda pública que representaría para el país un pasaje directo hacia una crisis (la cual entiendo que de todos modos tendrá lugar en Venezuela por las altas inconsistencias de política económica). La deuda pública de Venezuela apenas supera el 20% en términos de su Producto Bruto Interno (PBI) y se espera que alcance 21,2% hacia finales de 2010. Los países latinoamericanos muestran en líneas generales, niveles de deuda pública sostenibles en términos del PBI, variable que sirve para determinar la capacidad de generación de riquezas de un país (Brasil y Colombia, por ejemplo, observan una deuda del 42,5% y 47,8% en términos del PBI, respectivamente).

Totalmente diferente es lo que está ocurriendo en buena parte de los países desarrollados. En Inglaterra, la deuda pública se ubica actualmente en torno al 54,8% de su PBI. Para peor, las proyecciones para 2010 anticipan que la deuda pública bruta en Inglaterra alcanzará al 66,9% del PBI.

Pero si le preocupa el volumen de deuda de Inglaterra, debo decirle que aún no les cuento lo peor. Tomemos un respiro y veamos estos números de deuda pública a PBI que surgen de las estadísticas del FMI: Francia tiene una deuda pública del 74,9% (80,3% se espera que llegue a fines de 2010), Alemania 79,4% (86,6% para 2010), Italia 115,3% (121,1% para 2010), EEUU 86,98% (97,5% para 2010) y Japón 217,2% (y 227,4% en 2010).

El incremento en la deuda pública de las economías desarrolladas ha sido realmente asombroso. En un artículo en Cinco Días, Marcos Ezquerra comenta el asombroso caso de España que ha pasado a tener una deuda del 36,2% del PBI en 2007 al nivel actual cercano al 60% en términos del producto.

¿Se pueden pensar que estos niveles de deuda son sostenibles? La reputación con la que cuentan las economías desarrolladas les da por el momento margen para convivir con estos niveles de deuda que hubieran desatado ya mismo una crisis en economías emergentes. Pero el capital reputacional con el que cuentan las economías es efímero y debe ser reforzado con un cambio urgente en la política fiscal que tienda a revertir los déficits de manera urgente.

Kenneth Rogoff, quien fuera economista jefe del FMI, se animó a anticipar la próxima crisis: “Es muy probable que la deuda pública sea el detonante de la siguiente crisis”.

Los gobiernos de los países desarrollados se encuentran actualmente en una dura encrucijada. Las advertencias realizadas por personalidades como Rogoff chocan con la necesidad de mantener una política fiscal expansiva para sostener la recuperación económica. Una política fiscal que busque achicar el déficit puede llevar a las economías a revertir la recuperación para volver a un contexto recesivo. En este contexto toma mayor valor el pedido de Obama de enfrentar los desequilibrios globales y pedir un mayor compromiso a países como China que tienen la capacidad de contribuir al equilibrio global.

Imagino que habrá que esperar hasta el 2010 en donde la recuperación haya comenzado a tomar fuerza para saber qué dirección tomarán los países desarrollados en el manejo de la política fiscal. Si bien la coordinación de políticas a nivel internacional sería el mejor resultado, al menos considero que sería positiva alguna señal de disciplina fiscal por parte de las economías más comprometidas.

Una reflexión final: el hombre es el único animal que tropieza dos veces (y muchas más) con la misma piedra. Como si fueran conejitos de india, los países subdesarrollados advirtieron con su experiencia pasada, muchas de las situaciones por las que está atravesando el mundo desarrollado que no ha sabido capitalizar la experiencia ajena. ¿Soberbia o incapacidad? ¿Cuándo les “sugerirá” el FMI a estas economías que cuiden la disciplina fiscal como lo hizo con los países latinoamericanos?

Horacio Pozzo

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