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Cómo ganar con el dólar en Argentina

Cómo ganar con el dólar en Argentina

Cómo ganar con el dólar en Argentina Cambió la tendencia en el mercado cambiario argentino y en un país con una alta tasa de inflación real cercana al 15% y un peso argentino que recibe presiones de apreciación, se puede alcanzar un rendimiento esperado del 12% en dólares solamente colocando el dinero a plazo fijo ¿Un buen negocio no?

Creo que a esta altura de las circunstancias, lo hecho durante todo este tiempo por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), se puede catalogar como “heroico” y más que meritorio.

El BCRA sigue domando al mercado, un mercado que lo supo vencer en otros tiempos llevando a la economía argentina a sufrir varios y recordados episodios de crisis. La autoridad monetaria de Argentina está siendo el bombero del gobierno y ahora está luchando por sostener al tipo de cambio frente al dólar acosado por las presiones a la apreciación.

Javier Blanco para La Nación, daba cuenta de la lucha que está sosteniendo la autoridad responsable de la política monetaria en argentina por sostener el valor del billete verde. Entre el martes y el jueves, el BCRA adquirió en el mercado cambiario US$ 485 millones, cuando unos meses atrás la situación era radicalmente diferente y nadie imaginaba lo que está ocurriendo por estos momentos con el valor del dólar en Argentina.

Hasta fines del mes de julio, el BCRA había tenido que vender alrededor de US$ 1.180 millones para evitar una depreciación del peso argentino afectado por una incesante salida de capitales y por el accionar de los especuladores que apostaban con fuerza por un tipo de cambio por encima de los $ 4 hacia finales de año.

No lo voy a negar, en medio de dicho contexto yo también estaba convencido que el dólar alcanzaría los $ 4 cuando el 2009 se despidiera para darle paso al 2010. Y eso que me consideraba de los más conservadores en cuanto a mis estimaciones cambiarias. Las expectativas de depreciación eran tales que recuerdo las proyecciones de reconocidos analistas de mercado que apostaban por un dólar a $ 4,60 y más también.

Fundamentos había y muchos. Hasta se podía justificar pensar en una posible crisis cambiaria, un poco remota pero posible al fin. Es que Argentina se encontraba en un contexto que además de la fuga de capitales, tenía que enfrentar los problemas fiscales (que no solamente no se han reducido sino que probablemente se hayan agravado) con mercados externos cerrados para el país que hacían apetecibles las reservas internacionales del Banco Central que si bien están resguardadas por ley, al gobierno argentino no le hubiese costado demasiado eliminarla.

A lo anterior se agregaba el peso adicional que le sumaba a la demanda tanto los pequeños ahorristas que no estaban dispuestos nuevamente a perder todo lo ahorrado y los oportunistas que buscaban sacar tajada de la posible disparada del dólar y apostaban (e incluso generaban temores), a que ello ocurriera.

Tal era la situación por la que atravesaba el mercado cambiario argentino que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, (con privilegios y poder que van mucho más allá de lo que serían sus funciones) utilizando la receta de la Venezuela de Chávez, comenzó a disponer trabas a la importación de algunos bienes provocando un daño a los importadores que muy poco podían hacer al respecto.

Pero ahora la situación en el mercado cambiario argentino se ha revertido radicalmente. Si antes el BCRA tenía que esforzarse por evitar una depreciación cambiaria con real riesgo inflacionario, ahora está haciendo esfuerzos superiores para sostener lo que queda de la competitividad cambiaria.

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¿Qué ha hecho el gobierno argentino para en tan poco tiempo cambiar de esta manera la situación en el mercado cambiario? En realidad ha hecho muy poco o nada en concreto, salvo prometer arreglar la problemática de la deuda en default con los bonistas y con el Club de París más el necesario acercamiento al Fondo Monetario Internacional (FMI). Luego continuó con su ceguera, escondiendo la verdadera situación de la economía a través de estadísticas falsas y generando un clima de conflicto permanente e impredecibilidad.

Lo que ha ocurrido es que el contexto externo ha dado un giro total. La economía global ha comenzado con su recuperación generando la confianza en los inversores de que lo peor de la crisis ya ha pasado, la tormenta ha terminado y se han comenzado a percibir los primeros rayos de sol. Los inversores entonces han salido de sus trincheras y están esparciendo sus dólares por todo el mundo.

A lo anterior se debe sumar que el dólar en sí se ha debilitado frente a casi todas las principales monedas del mundo y de Latinoamérica. Es el debilitamiento relativo del dólar lo que explica una parte de las presiones que recibe el peso argentino para que se fortalezca. La recomposición en parte del flujo de ingresos por exportaciones le ha dado fuerza a la oferta de divisas en el mercado, mientras que la recesión por la que atraviesa la economía argentina se siente desde el lado de la demanda de divisas producto de la sensible caída en el volumen de importaciones.

Para el gobierno, el fortalecimiento del peso argentino es un mal negocio. La necesidad de recursos fiscales veía con agrado que el dólar siguiera su proceso gradual de fortalecimiento frente al peso argentino. Una moneda estadounidense a $ 4 hacia finales del 2009 era un buen resultado tanto para el gobierno como para quienes están al mando de la política monetaria.

Con el nuevo cuadro de situación, el mejor resultado que puede lograr el gobierno es mantener al dólar en el nivel actual, pero el mercado apuesta a que ello no ocurrirá si Argentina tiene “la mala suerte” (en términos de valor de su moneda) de tener éxito en retornar a los mercados.

Según comentaba Javier Blanco en La Nación, el analista de mercados emergentes de RBC Capital Markets Nick Chamie había recomendado desde Toronto apostar al peso argentino especulando con que se fortalecerá hasta 4,5% frente al dólar en los próximos 3 meses si la Argentina llegara a volver a los mercados.

El BCRA volverá a luchar contra las presiones de la apreciación cambiaria como lo ha estado haciendo hasta principios del 2008. Nuevamente la sostenibilidad de la política de intervención dependerá de la capacidad de esterilización que tenga la entidad monetaria sin incurrir en un déficit cuasifiscal.

Argentina vuelve a mostrar retornos interesantes en dólares para los inversores y eso es una mala noticia porque genera las presiones mencionadas sobre el tipo de cambio. Afortunadamente, la inestabilidad institucional y la pobre conducción de la política económica de Argentina harán dudar a los inversores sobre la conveniencia de confiar en el país.

Horacio Pozzo

El nuevo pronóstico de Roubini

El nuevo pronóstico de Roubini

El nuevo pronóstico de Roubini
El economista de la Universidad de Nueva York, Nouriel Roubini, quien fuera uno de los pocos en anticipar la crisis subprime es conocido como el Dr. Catástrofe. Por eso, cada vez que está por emitir una opinión, los mercados tiemblan ante sus terribles profecías. Lo ha vuelto a hacer y le ha apuntado otra vez al mercado inmobiliario estadounidense.

Roubini prefiere que lo llamen Dr. Realista. Y en su realismo, el economista prefiere mirar aquello que el mercado se niega a hacer. Al mercado ciertamente no le resulta conveniente ser precavido. La euforia está generando importantes beneficios a los inversores que luego de la crisis que les ha hecho perder miles de millones de dólares, no quieren bajo ningún punto de vista, que se acabe este “veranito financiero”.

El mercado dio su veredicto y apuesta por una irreal recuperación económica en forma de V. “Los mercados están descontando en la actualidad una recuperación en forma de ‘V’ y tienen que empezar a descontar una recuperación en forma de ‘U’, así que podría observarse una corrección en el cuarto o primer trimestres”, decía Roubini al Wall Street Journal.

Da la sensación de que los mercados tampoco reparan en la fragilidad de la recuperación y en los riesgos que aún están latentes. La crisis dio lugar a la necesidad de una corrección en el valor de los activos, corrección que no parece que haya tenido lugar como debió haber sido.

La euforia que viven los mercados se refleja claramente en las bolsas. El índice S&P 500 aumentó 51% desde el nivel mínimo en 12 años que alcanzara en el mes de marzo pasado. El índice europeo Dow Jones Stoxx 600 por su parte, acumula un incremento del 48%. La política monetaria de alta liquidez y niveles de tasas históricamente bajas genera una oportunidad que no pueden desaprovechar los mercados para recuperar rentabilidad.

Si el contexto está posibilitando este riesgoso crecimiento de los mercados, algo hay que hacer antes de que sea demasiado tarde. Los temores de interrumpir la recuperación económica limitan la acción de los gobiernos. Si bien no es el momento de iniciar el ciclo ascendente de tasas, dada la debilidad de las economías algo hay que hacer para impedir una nueva burbuja de activos, y ese algo pasa por darle herramientas a la regulación.

Probablemente, nuestras preocupaciones por la generación de nuevas burbujas, que se apoyan en fundamentos concretos, nos pueden ocultar una realidad que aún está latente y que se vincula con la fragilidad que persiste en la economía estadounidense, particularmente en el mercado inmobiliario. Si miramos la génesis de la crisis financiera internacional, el mercado inmobiliario estadounidense a pesar de los aparentes signos de recuperación, el mismo mantiene grandes riesgos de reversión y de nuevos episodios de crisis. “El estrés está pasando de hipotecas residenciales, que aún se encuentran en un serio problema, a los bienes raíces comerciales, donde están empezando a reconocer que van a tener enormes, enormes pérdidas”, anticipa Roubini.

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En los últimos meses, hemos presenciado una recuperación en el mercado inmobiliario. Los precios de las viviendas han subido en julio por tercer mes consecutivo, las solicitudes de hipotecas alcanzaron en el mes de setiembre su máximo en cuatro meses por la caída en las tasas de interés y el inventario de casas se ha reducido. Incluso las solicitudes de préstamos para comprar una casa, un indicador adelantado de las ventas, ha subido en setiembre al mayor nivel desde inicios de enero.

Pero lo aparente no es lo real en el mercado inmobiliario. Las ayudas que recibieron los compradores (con un crédito de US$ 8.000 para un primer comprador) que se extenderá hasta el mes de noviembre, sostienen una demanda sin fundamentos sólidos.

La debilidad del mercado laboral con una desocupación que sigue en crecimiento y los persistentes problemas en el sistema financiero estadounidense son elementos que anticipan una reversión en el comportamiento de una demanda inmobiliaria que seguirá estancada.

Parte de los problemas que existen desde el lado de la demanda en el mercado inmobiliario estadounidense, se mantienen aún ocultos generando un riesgo latente de nuevos episodios de crisis. Según un reporte de los reguladores bancarios, más de la mitad de los deudores hipotecarios con créditos renegociados en la primera mitad del último año, observan un atraso de al menos dos meses en el pago de sus cuotas un año después.

Para los próximos meses no se descartan grandes pérdidas en los créditos inmobiliarios comerciales que pongan en aprietos a las entidades financieras estadounidenses, dejando en claro además, que este segmento del sector inmobiliario lejos está de su recuperación.

Y mientras el número de viviendas sin vender habría tocado fondo, los precios estarían a punto de caer aún más, incrementando la presión sobre la economía nuevamente. Para el economista Robert Shiller de Yale University, las perspectivas son aún más oscuras.

Shiller quien fuera uno de los que anticipara la crisis en el mercado inmobiliario estadounidense, pronosticó que los precios de las viviendas demorarán bastante tiempo en recuperarse. Si bien los programas de estímulo y el plan de compra de activos de la Fed han contribuido a sostener los precios de las viviendas, los mismos, como mencionáramos anteriormente, se acabarán en poco tiempo por lo que el mercado perderá fuerzas.

Ni en el cielo, ni en el infierno. La economía estadounidense en particular, y la economía global en general, se encuentran aún en el purgatorio, limpiando sus culpas de una crisis que aún no ha terminado. Prudencia debería ser la palabra más mencionada en este final de la recesión. Si los mercados la quieren evitar, desde los gobiernos se debería implementar con medidas concretas. Además, las fragilidades y riesgos que aún persisten deben ser monitoreados de cerca y tener previstos planes de emergencia para responder a posibles nuevos episodios de crisis.

¿Se podrá consolidar la recuperación o el exceso de optimismo nos llevará a nuevas recaídas?

Horacio Pozzo

¿Va o no va Latinoamérica hacia el desarrollo?

¿Va o no va Latinoamérica hacia el desarrollo?

¿Va o no va Latinoamérica hacia el desarrollo?

“No se si se puede decir que es exitoso, pero sí que se mantiene”, Mario Blejer, ex presidente del Banco Central de la República Argentina al referirse a las políticas monetarias de metas de inflación.

Los últimos años han marcado a fuego la manera en que la política monetaria se conduce en buena parte de los países latinoamericanos. La importancia y reconocimiento de la independencia de los Bancos Centrales ha sido el primer paso para la estabilidad de las economías de la región que dejaron atrás el problema de la dominancia fiscal. La instauración de políticas monetarias de metas de inflación (IT en sus siglas en inglés), ha contribuido a la credibilidad de los banqueros de la región. Pero las recurrentes crisis dejan lugar a la duda ¿Estamos ante una verdadera evolución de las economías latinoamericanas hacia el desarrollo?

Las Jornadas monetarias y bancarias también arrojaron polémica en torno a la implementación de las políticas monetarias de metas de inflación, consideradas la salvación para que Latinoamérica deje atrás su historia de inestabilidad. El ex presidente del BCRA, Mario Blejer cuestionó este tipo de políticas monetarias presentando el siguiente dato: Los objetivos de sobre la tasa de inflación en las mismas no han sido cumplidos en el 40% de las veces.

Si las políticas de monetarias que plantean explícitamente una tasa objetivo de inflación no son tan eficaces en alcanzar la meta propuesta ¿Por qué es que se siguen utilizando y confiando en dichas políticas de estabilización del nivel de precio en las economías? Además ¿Qué se puede decir acerca de las rigideces que la política monetaria sujeta a objetivos posee?

Tal como ha ocurrido en el caso de las políticas de acumulación de reservas internacionales, durante el seminario se aprovechó para cuestionar las políticas de metas de inflación, pero la conclusión final ha sido su reivindicación como mecanismo de estabilización de las economías.

Sé que puede resultar un poco confuso que algo que no logra cumplir con el objetivo para el cual tiene razón de ser, pero las políticas monetarias de tasa de inflación objetivo han logrado objetivos no siempre reconocidos, a pesar de las dificultades que han tenido que enfrentar.

Un elemento valioso de las políticas de IT para las economías latinoamericanas ha sido la confianza que han generado entre los ciudadanos, el compromiso de los banqueros centrales para con el mantenimiento de la estabilidad de precios.

Esta confianza ha moderado las expectativas inflacionarias que se han mantenido contenidas a pesar de períodos turbulentos por los que han tenido que pasar las economías y que han desviado a la tasa efectiva de inflación minorista de su nivel objetivo, y en algunos casos (como el de Chile en 2008), incluso de un modo significativo.

La credibilidad en el compromiso de los Bancos Centrales en un nivel objetivo de inflación, aunque no sea alcanzado en todos los casos, les ha permitido a los banqueros la aplicación de medidas no ortodoxas en estos períodos de crisis como la intervención en los mercados cambiarios sin que ello tenga un impacto en las expectativas inflacionarias. Además de la confianza, la política de IT aumentó la transparencia y responsabilidad en el accionar de los Bancos Centrales, algo muy valorado por el mercado.

Es así que la crisis fue una prueba que demostró que las políticas de IT en los hechos tienen una mayor flexibilidad de lo que se pensaba en la teoría a medida que la confianza y el compromiso para con la estabilidad de precios, resulte creíble.

En esta flexibilidad que se permitió a las políticas de IT y que demostraron tener cabida en este tipo de modelos, se observaron episodios temporales de imposición de control de capitales como ha sido el caso de Colombia, que buscó evitar saltos bruscos en el tipo de cambio que pudieran generar efectos desestabilizadores para la economía.

La decisión de implementar controles de capitales por parte de países con una conducción monetaria orientada explícitamente hacia una tasa de inflación, que se ha observado durante el período de crisis deja abierta la posibilidad de que se vuelvan a repetir en el caso en el que la apreciación cambiaria que se está produciendo en varias monedas de la región, como es el caso de Chile y Brasil por nombrar a dos de los más destacados, amenace la estabilidad macroeconómica.

La apreciación cambiaria que se observa responde a la incidencia de grandes flujos de capitales especulativos hacia la región que han corrido a los tipos de cambio de su nivel de equilibrio afectando incluso de manera artificial, a las presiones inflacionarias a las que se exponen las economías.

En el caso de Argentina, si bien no cuenta con una política monetaria de metas de inflación, el país posee controles de capitales para evitar la especulación. La ley establece la obligatoriedad de establecer un encaje por el 30% del capital financiero ingresado al país, el cual queda inmovilizado por el término de un año (esta normativa del BCRA fue endurecida recientemente al modificar las condiciones para la excepción al cumplimiento por parte de las entidades financieras locales). Se puede decir que esta normativa ha permitido en parte limitar la volatilidad en el sistema financiero argentino que hubiera generado riesgos desestabilizadores, aunque también hay que reconocer que Argentina no es un país que de por sí, en los últimos años resultara atractivo para dichos capitales.

Hace unos días, la presidente Cristina Fernández de Kirchner desestimó un pedido realizado públicamente por el titular de la Bolsa de Comercio porteña, Adelmo Gabbi, que pretendía la eliminación del encaje impuesto al ingreso de capitales financieros, que rige desde 2005 en el país. El motivo expuesto por Cristina Kirchner fue que el mismo ha sido: “una de las fortalezas que nos permitió evitar fuertes variaciones en el tipo de cambio” en los momentos de mayor incertidumbre en el mercado.

Volviendo a los logros de las políticas de IT, la estabilidad macroeconómica y el crecimiento alcanzado por las economías latinoamericanas a partir de la estabilidad monetaria representan una garantía de la continuidad de dicho crecimiento y desarrollo económico. Por estos motivos es que ante los cuestionamientos de Blejer, tanto el presidente del Banco de Reserva de Perú, Julio Velarde como el gobernador del Banco Central de Colombia, José Darío Uribe, no perdieron tiempo en defender las bondades de dicha política y los beneficios generados para sus economías.

Si bien la estabilidad de precios no garantiza el crecimiento sostenido, es un muy buen punto de partida para los objetivos de las economías latinoamericanas, las cuales aún tienen mucho por hacer para lograr economías competitivas y de baja vulnerabilidad ante cambios en las condiciones del contexto.

Si bien hay algunos países de la región, como Argentina, Ecuador y Venezuela, que no han logrado consolidar la estabilidad en materia de precios, creo que el resto está superando un desafío histórico que muchas veces ha sido motivo de estancamiento en el desarrollo económico en dichos países.

Es por ello que no tengo dudas que estamos ante una nueva etapa para las economías de la región y esto queda evidenciado en el rol que jugará de aquí en más el G20, donde Latinoamérica está muy bien representada, en la coordinación de políticas económicas a nivel global. Latinoamérica ya no será una espectadora pasiva, sino que será partícipe de lo que ocurrirá con la evolución de la economía global.

Nos encontraremos nuevamente el próximo lunes,

Horacio Pozzo

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Lecciones de la crisis que cambió al mundo

Lecciones de la crisis que cambió al mundo

Lecciones de la crisis que cambió al mundo Ayer se iniciaron en el Banco Central de la República Argentina las Jornadas monetarias y bancarias llamadas “Los Países Emergentes frente a la Crisis: Lecciones y Desafíos”. La actualidad y la participación de prestigiosos académicos y hacedores de política entre los que se encontraban Robert Merton, Olivier Blanchard y Felipe Larraín, por nombrar sólo algunos, ha generado un gran interés reflejado en la participación de representantes de varios países de los diferentes continentes.

Tanto fue el interés que generaron estas Jornadas que a pesar de haber llegado media hora antes del comienzo, tuve que presenciar la primera parte de los paneles en un salón alternativo (además del salón de exposiciones, se llenaron otros dos salones), para verlo a través de una pantalla, aunque no fue obstáculo para aprovechar la oportunidad de escuchar a tan prestigiosos expositores.

Ciertamente resulta una tarea más que difícil poder sintetizar la abundancia del debate en un solo artículo y es por eso que en éste solamente quiero compartir algunos de los efectos que la crisis ha tenido y tendrá en el escenario en donde deben actuar los hacedores de política, con el compromiso de abordar las restantes temáticas discutidas, en próximos artículos.

Sin dudas, como mencionaba el gobernador del Banco Central de Chile, José De Gregorio, la crisis ha cambiado la visión de los banqueros centrales. Hasta la crisis, los Bancos Centrales se concentraban principalmente en el control de la estabilidad monetaria de una manera separada con la estabilidad del sistema financiero. La crisis ha demostrado que ambos objetivos deben ser coordinados y logrados de manera conjunta ya que no es posible alcanzar una sólida estabilidad en el nivel de precios si en el sistema financiero existen elementos que pueden transformarse en un foco de crisis.

Debemos recordar que la crisis actual se ha iniciado en el sistema financiero estadounidense y se ha propagado rápidamente hacia el resto de los sistemas financieros de los países desarrollados. La incertidumbre provocada por el estallido de la crisis llevó a los inversores a buscar refugio en activos tradicionales como los títulos del Tesoro estadounidense. Pero en esta oportunidad, una buena parte de los flujos de inversión se refugiaron en los commodities cuyas cotizaciones alcanzaron niveles récord generando fuertes presiones sobre los bancos centrales que a pesar de la caída en la actividad económica debieron llevar adelante una fuerte política de suba de tasas poniendo a las economías en riesgo de estanflación.

La crisis ha generado un cambio en la visión de las políticas monetarias que probablemente desde ahora en más dejen de ser exclusivamente de tinte ortodoxo para permitir la heterodoxia en tiempos de crisis. Probablemente algunos sientan el temor generado por posibles acciones de riesgo moral (esto es, la toma de acciones riesgosas a sabiendas de la existencia de una autoridad monetaria que saldrá en auxilio en caso de necesidad), pero probablemente, este cambio de visión en los banqueros centrales limitará la incertidumbre en los mercados que confiarán en la capacidad de aquellos para implementar mecanismos estabilizadores en casos en que los mercados estén en dificultades.

A partir de esta crisis, ha quedado demostrado que en ciertos casos es conveniente la intervención en el mercado cambiario a pesar de la implementación de una política monetaria de metas de inflación. Tal como lo reflejara De Gregorio para la experiencia chilena, en donde la credibilidad de la política monetaria es la clave que asegura que dicho comportamiento no derive en presiones inflacionarias. Misma postura ha sido adoptada desde el Banco Central de Brasil, que pretende luchar con los efectos perversos que generan los capitales especulativos sobre el valor del real.

¿Nos podemos imaginar de aquí en adelante un mundo sin coordinación de políticas económicas? La necesidad de coordinación entre los diferentes países, según mencionaba en su discurso el presidente del BCRA, Martín Redrado, es otro de los elementos que modificará el contexto en el que se desenvolverán los hacedores de política en el escenario postcrisis. Vinculada a la necesidad de coordinar políticas aparece también la necesidad de construir redes de protección tanto en términos de liquidez como de solvencia para evitar que la ocurrencia de situaciones de estrés impacte con profundidad en los mercados.

En este contexto de coordinación internacional, la puesta en marcha del G20 le ha dado una participación a nivel internacional a las economías emergentes como nunca antes habían tenido. Y no solamente en el G20 los países emergentes han ganado influencia a nivel internacional, sino también a través del recientemente creado Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea e incluso en el Fondo Monetario Internacional (FMI). En dichos organismos, las economías emergentes, y las latinoamericanas en particular, pueden realizar un valioso aporte dada la experiencia de crisis recurrentes en el pasado.

Hasta la presente crisis, la política fiscal no contaba con la reputación que supo tener durante la gran depresión. En su lugar aparecía la política monetaria con un poder supremo. Pero la actual crisis volvió a demostrar la vigencia de la política fiscal en limitar los efectos de este tipo de situaciones. La crisis nos enseñó que para este tipo de contextos, la política monetaria y fiscal se dan una mano mutua en enfrentar el escenario adverso.

Barry Eichengreen en su exposición en la que buscó similitudes con la crisis del 30´, remarcó la profundidad de las políticas fiscales expansivas en la presente crisis. Para Eichengreen, las políticas fiscales de estímulo económico han sido clave en limitar la profundidad de la crisis y no deberían ser eliminadas antes de tiempo como ocurrió en la crisis del 30´ lo cual limitó la recuperación del PBI estadounidense que alcanzó los niveles de 1928 recién en 1942.

La crisis ha sido una prueba en la que varios de los emergentes demostraron que se están desarrollando. Un elemento que probablemente haya pasado desapercibido pero que demuestra la fortaleza lograda por las economías emergentes, han sido los acuerdos de intercambios de monedas que realizaron entre ellas. Estos acuerdos han reducido la dependencia de asistencia por parte de organismos internacionales para mantener una posición de fortaleza frente a la crisis y se transforma en un mecanismo de consolidación del desarrollo de estas economías.

En Latinoamérica en particular, la crisis ha resaltado la importancia de la preservación de la estabilidad macroeconómica a través de políticas sanas y sistemas financieros sólidos y adecuadamente regulados, aunque no da la sensación que todos los países hayan aprendido acabadamente la lección y valoren en su dimensión dichos bienes que tanto aporte le generan al crecimiento y desarrollo económico.

Un nuevo mapa mundial surge luego de la crisis con un mayor protagonismo del mundo emergente y con la necesidad de una mayor coordinación y regulación internacional. ¿Estaremos mejor o volveremos a decir que “todo tiempo pasado fue mejor”?

Horacio Pozzo

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