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Argentina y una nueva reputación para atraer capitales

Argentina y una nueva reputación para atraer capitales

Argentina y una nueva reputación para atraer capitales Transparencia en las estadísticas oficiales, mayor disciplina fiscal y el acuerdo con el Club de París y los holdouts: ¿Quiere el gobierno argentino verdaderamente cambiar el rumbo de su política económica o sólo pretende que creamos eso? ¿Cuánto puede impactar el cambio en el rumbo económico en los inversores?

La pregunta cobra una importancia no menor para aquellos que desean invertir algunos dólares en el país. Mientras los capitales retornan a gran parte de Latinoamérica, Argentina sigue esperando generar algún interés sin que por ello deba recurrir a promesas de grandes retornos. Y si ud. está pensando en invertir en activos del país, deberá saber que las condiciones de la macroeconomía argentina son tan importantes como las promesas de rentabilidad que los activos locales ofrecen. Es que un único e inesperado salto en el tipo de cambio puede echar por tierra las ganancias acumuladas durante bastante tiempo por confiar en un país como Argentina.

Mientras continúa con la pelea contra los medios de comunicación, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner es consciente de la necesidad de un cambio de rumbo en su política económica. El cambio en el contexto global le dará un poco de aire, pero los problemas en la economía argentina son demasiado graves como para mantenerse ciego y sordo frente a la realidad. Es por este motivo que, como si fuera un concurso de popularidad, el gobierno públicamente manifestó su interés en abordar los temas que preocupan a los mercados.

No vaya a creer que el gobierno argentino se dio un golpe en la cabeza y de repente quiera cambiar bruscamente la dirección que traía su política económica. La necesidad tiene cara de hereje, y Argentina necesita no solamente volver a los mercados financieros internacionales sino también atraer inversiones para retomar la senda del crecimiento.

Y el gobierno ha puesto manos a la obra. El ministro de Economía, Amado Boudou, dio a conocer los lineamientos del presupuesto nacional 2010, el cual dice más de lo que aparenta. Husmeando en las proyecciones del presupuesto 2010, el mismo anticipa un crecimiento esperado del 2,5% del PBI argentino con un superávit fiscal primario de 2,29% del PBI (superávit financiero del 0,05% del PBI), un superávit comercial de US$ 14.000 millones y una tasa de inflación de sólo el 6,6%, con un dólar promedio a $ 3,95.

El presupuesto nacional promete estabilidad en la economía argentina, con un tipo de cambio nominal promedio que se depreciará en menos de un 6%, pudiendo de este modo, garantizar una buena rentabilidad en dólares. La estabilidad cambiaria parecía una utopía hacia mediados de año, pero el inesperado cambio de contexto externo la ha hecho realidad.

Cuando uno se fija en la evolución del tipo de cambio del peso frente al dólar, desde el mes de julio, se encuentra que se está manteniendo al tipo de cambio estabilizado. Y lo mejor del caso es que el Banco Central de la República Argentina (BCRA), ha dejado de vender divisas para sostener el tipo de cambio y ha comenzado a recomponer el nivel de reservas. La fuga de capitales desde la economía argentina se ha frenado y ello representa una buena noticia para la estabilidad económica del país, aunque todavía hay bastante por hacer para seguir apuntalando a la estabilidad económica.

Para Argentina es tiempo de arreglar deudas pendientes y es por eso que Boudou se ha acercado al Club de París (el grupo de países centrales acreedores con los que la Argentina tiene una deuda en default de más de US$ 6.000 millones) y a los representantes de los holdouts (aquellos bonistas que no aceptaron la “interesante” propuesta de reestructuración de la deuda pública argentina).

“Los holdouts y el Club de París son los temas principales de Argentina por resolver”, decía Boudou. La preocupación por arreglar deudas pendientes pasa exclusivamente por un interés de volver a los mercados que por el hecho de honrar las deudas. Sino, basta recordar que hace un año, el gobierno había anunciado unilateralmente que pagaría por completo la deuda pendiente con el Club de París.

¿Es creíble el escenario que plantea Argentina? Indudablemente es un mundo ideal para el país el que se plantea y aunque existen fuertes y justificadas dudas sobre lo alcanzable que pueda llegar a ser, la ilusión es lo último que se pierde.

“En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”, es una frase que le caería bien al gobierno argentino que muchas veces ha amagado con un cambio en el rumbo de la política económica. Pero a pesar de las dudas que un gobierno como el de los Kirchner puede generar, los mercados han hablado claramente y renovaron su confianza en el país. Le creen al gobierno argentino en un contexto global de fin de crisis que genera grandes oportunidades para el país. El veredicto del mercado es claro: el riesgo país sigue cayendo y ya se ubica en 742 puntos básicos, mientras que los bonos de deuda ganaban ayer hasta un 4,2% y subieron hasta un 20%.

Argentina tiene nuevamente una oportunidad para torcer su rumbo. La necesidad la está llevando a ello y la decisión está en sus manos. Mientras el gobierno sigue pensando qué camino tomar, los inversores esperan ansiosos, buscando identificar las oportunidades que se pueden generar con una economía menos volátil e impredecible.

Si uno observa la evolución del Mercado de Valores de Buenos Aires, el índice Merval ha dibujado una tendencia ascendente con pocas interrupciones desde el mes de marzo hasta la actualidad. Para los que decidieron tomar el riesgo y armaron una cartera que replicaba a dicho índice, estarán disfrutando un incremento en el valor de sus inversiones del 114%. Pero las oportunidades de ganancias todavía están presentes dentro de las compañías que componen el Merval, aunque algunas de las mismas dependan de este cambio de rumbo que promete la economía argentina.

¿Qué compañías argentinas muestran un buen futuro?

Esto será tema de un próximo artículo.

Por lo pronto, debemos estar atentos a los próximos pasos de Argentina que deberá decidir entre seguir un camino como el que recorre Venezuela o uno más prometedor como el que han elegido Brasil y Perú, por nombrar sólo dos casos.

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Volver al futuro: La Argentina va hacia el 2001

Volver al futuro: La Argentina va hacia el 2001

Volver al futuro: La Argentina va hacia el 2001 23 Julio 2009

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Las tensiones en la economía argentina siguen en aumento y el gobierno decide redoblar la apuesta. También los analistas externos redoblan su apuesta y ven cada vez más probable una crisis en el país, a menos que el gobierno recapacite y se decida a cambiar hacia un comportamiento más disciplinado. Esta última posibilidad tiene una probabilidad de ocurrencia mayor a cero sólo para los más optimistas.

Desde el gobierno se insiste en la postura de “todo está bien” en la economía, aunque ello ya no lo cree nadie. El pasado martes, Oliver Balch reflejaba para el Financial Times, los temores acerca de una recesión profunda y larga en la Argentina “a pesar de los esfuerzos por parte del gobierno de pintar un escenario muy diferente”.

Balch al igual que aquellos analistas que reportan para el exterior, ya no miran las cifras del Indec. No pierden el tiempo en hacerlo y prefieren confiar en las consultoras privadas, que con sus limitaciones de recursos, ofrecen datos mucho más reales que los oficiales. Así llega a la conclusión de que “los últimos datos privados muestran que una significante caída en los ingresos fiscales, las importaciones y la actividad industrial que indica que la economía argentina está yendo hacia su mayor contracción luego de cinco años de crecimiento consecutivo”.

Estos mismos temores que se tienen desde el exterior es lo que ha producido la salida de capitales de inversores extranjeros del país. Pero lo peor es que también ha provocado la salida de dólares de residentes argentinos hacia el exterior.

En este contexto, aparece cada vez más como una muestra de falta de sentido común el plan de repatriación de capitales lanzado hacia finales de 2008 por el gobierno nacional. No hace falta que les comente acerca de los resultados. No existe un mínimo de racionalidad para traer capitales a un país que se esfuerza al máximo por desalentarlos. Menciono este tema como una muestra de los graves errores de inconsistencia en las decisiones de política económica del actual gobierno ¿A quién se le puede ocurrir lanzar un plan para que vuelvan aquellos capitales que huyeron de una Argentina en la que no confiaban para volver ahora a esta Argentina que es menos confiable que la anterior?

La fuga de capitales desde Argentina no se detiene. En el segundo trimestre se contabilizaron oficialmente una salida de divisas por US$ 6.300 millones y para los analistas privados: “Buena parte de la culpa por las preocupaciones del mercado se apoyan en la alegada manipulación de los datos económicos oficiales por parte de la administración de la presidente Cristina Fernández de Kirchner”.

Por este motivo, la reforma del Indec se ha puesto en el centro de la discusión. Desde la oposición se persigue una mayor transparencia de las cifras oficiales, pero la respuesta oficial dista de ser satisfactoria. La decisión del gobierno de dejar en manos del ministerio de Economía, el manejo del Indec, dista bastante de otorgarle la libertad necesaria para recobrar la credibilidad perdida. Dentro de la nueva propuesta se contempla que el organismo sea asesorado por universidades nacionales y que Norberto Itzcovich, técnico que trabaja hace 17 años en el organismo (vinculado, según se comenta, al polémico ministro de Comercio Interior Guillermo Moreno), sea el nuevo director del organismo.

Realmente la propuesta es pobre porque el verdadero problema del Indec no era la falta de técnicos capacitados (de hecho, el instituto era uno de los más respetados en Latinoamérica), sino la intromisión del gobierno en la elaboración de la información económica. Con sólo devolverle al Indec la autonomía perdida, el problema queda solucionado, por lo que este tipo de proyectos no hace otra cosa que sembrar mayores dudas.

Los resultados electorales habían traído la esperanza de cambios en la gestión del gobierno, pero luego de tres semanas, desde el gobierno sólo se han realizado varios cambios con el único objetivo de que nada cambie.

Y como nada cambia, el temor de lo inevitable sigue invadiendo de temor a los ahorristas que buscan la manera de salvar lo suyo invirtiendo en dólares y buscando la forma de seguir sacándolos al exterior.

Para este problema de la incertidumbre en el contexto local, el gobierno ha decidido, como no podía ser de otra manera, redoblar su apuesta y extremar los controles y regulaciones sobre la compra de dólares. Ya se han lanzado más de media docena de medidas entre normativas, regulaciones y controles (incluso informales), para disuadir la demanda de dólares. Ciertamente no parecen ser medidas oportunas en tiempos en donde el mercado demanda previsibilidad y transparencia. En este sentido para Rodrigo Álvarez, analista de Ecolatina, entrevistado por Infobae: “Los controles del Gobierno hacen más explícita la situación y por lo tanto podría profundizar la fuga”.

Para peor, las medidas de control de la demanda de dólares incentiva el crecimiento de la economía informal. Orlando Ferreres le decía a Infobae lo siguiente: “Claramente se abre la brecha entre el mercado oficial y el paralelo. Lo mejor siempre sería generar confianza y la forma más rápida de hacerlo es a partir de la restauración del INDEC, luego debería acordarse con el FMI, el Club de París, y los holdouts”.

La salida de capitales no alcanza a ser el único problema de una economía argentina cada vez más tensionada. La cuestión fiscal se debilita cada vez más y el deterioro de la situación social amenaza con retornar a niveles del 2001. La economía argentina ya se encuentra en recesión, aunque se lo niegue, y desde el sector privado se adelanta una contracción de entre el 2% y el 3% para este año.

Argentina vuelve a repetir muchos de los errores que la llevaron a la crisis del 2001. En el trabajo que realizamos y titulamos “Argentina Default 2001″, que en breve estaremos entregando de manera gratuita a nuestros suscriptores, analizamos los motivos que llevaron al país a la crisis del 2001 y a la luz de los mismos, identificamos los factores de riesgo que hoy pueden llevar a la Argentina a repetir la situación de crisis.

La diferencia entre la Argentina del 2001 y la del 2009 es que en el caso actual el gobierno cuenta con todas las herramientas necesarias para evitar el colapso, sólo que se niega a utilizarlas en una postura inexplicablemente obstinada. Todo hace indicar que se repetirá la historia ¿Se podrá cambiar a tiempo?

En contextos de crisis una parte de sus ahorros dejó los bancos para estar en su poder, el problema es ¿qué hacer ahora con él?

Estadísticamente, sabemos que el 95% de las personas desean la independencia financiera pero el 90% no tiene planes para desarrollarla. NO TIENE METAS para sus finanzas.
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Horacio Pozzo

Nuevo ministro de Economía en Argentina, pero todo sigue igual

Nuevo ministro de Economía en Argentina, pero todo sigue igual

Nuevo ministro de Economía en Argentina, pero todo sigue igual

Desde que en 2005 renunció como ministro de Economía Roberto Lavagna, en Argentina se sucedieron varias personas que ocuparon el cargo de ministro de Economía aunque en los hechos no ejercieron como tal. Nadie tiene dudas de que desde ese entonces, la política económica de Argentina no se conduce desde el ministerio de Economía sino desde la casa de gobierno. Con la llegada de Amado Boudou (un liberal, que militó en la Ucedé y enseñó en el CEMA), se pretende mostrar un giro hacia la ortodoxia económica y la recuperación del control de la política monetaria por parte del ministro de Economía. ¿Se le podrá creer?

Sin un mínimo de optimismo, Néstor Scibona titulaba en La Nación: “Nadie espera que Boudou cambie algo”. Yo busqué ser un poco optimista y al menos no quise emitir opinión hasta no tener una idea clara de su pensamiento y sus decisiones al frente del ministerio.

En este sentido, durante las próximas líneas intentaré descubrir si Boudou, que viene de la economía ortodoxa, se comportará como tal o si sólo está disfrazado de ministro de economía ortodoxo. Esta cuestión resulta clave para saber si podemos esperar algún cambio positivo en la política económica de Argentina.

Para convencer de su perfil ortodoxo, Boudou dijo luego de asumir que las medidas que impulsará, buscarán: “Conseguir que la Argentina crezca y tenga superávit fiscal y comercial. Y que la Argentina vuelva al mercado de crédito”. No terminó de expresar su búsqueda de fortalecer el superávit fiscal que dijo lo siguiente según La Nación: “Seguir llevando adelante un muy importante programa de obra pública”, lo cual resulta incompatible.

En una economía en donde la actividad económica profundiza su caída con un gasto público que no para de crecer ¿Cómo es que piensa lograr aumentar el superávit fiscal?

Otra vez, la renegociación de la deuda existente con los bonistas que no aceptaron en su momento el canje, aparece en escena, pero esta iniciativa oculta su verdadera intención que está dominada por la necesidad del gobierno de lograr acceder al financiamiento externo.

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El FMI no es la opción que piensa Boudou para obtener fondos frescos. Todo lo contrario, con sus declaraciones tomadas por Ámbito Financiero se está alejando del organismo internacional: “Tal cual lo conocemos, el FMI no es una opción para la Argentina. Decididamente no es una opción para la Argentina porque ya sabemos cómo funciona esto, ya sabemos que marca para los distintos países políticas que, lejos de permitirles su desarrollo, lo que han hecho ha sido concentrar la economía, generar mucho desempleo y altísimos niveles de endeudamiento”.

Si alguien quería despejar sus dudas acerca de lo que piensa sobre la política cambiaria, no creo que haya quedado muy conforme al escuchar lo que La Nación reproduce: “(Sobre el dólar, indicó que) hay una tarea muy buena del Banco Central, con una política de tipo de cambio administrado que va muy bien”. La mejor manera de no decir nada diciendo algo.

Mientras tanto, la economía sigue sufriendo la fuga de capitales que en el segundo trimestre del año alcanzó un estimado de US$ 6.000 millones. Guillermo Moreno, el secretario de Comercio, se encargó de solucionar este problema generando lógicamente como es su estilo, problemas más graves sin arreglar los problemas originales. Es así que se le ocurrió establecer la regla Moreno definida mediante la siguiente frase: “prohibido importar si no se exporta”, lo que está comenzando a afectar los balances de las compañías instaladas en el país y que dependen de los productos fabricados en el exterior. Hasta el momento, según da cuenta Infobae, lo sufren los sectores de calzados, juguetes, electrodomésticos y supermercados, aunque seguramente se podrá extender en caso de ser necesario.

El nuevo ministro piensa incorporar como asesor a un Mario Blejer, reconocido economista ortodoxo. De este modo quiere reforzar su perfil ortodoxo, aunque por dentro sabe que la única forma de mostrar dicho perfil es haciendo que el secretario de comercio Interior, Guillemo Moreno, quien tiene la libertad de dar rienda suelta a medidas heterodoxas como control de precios, limitaciones a las exportaciones, e intervenciones múltiples, sea desplazado. Sobre este personaje, Boudou decía: “Tenemos un buen trato y vamos a seguir trabajando”, según Clarín. Será seguramente difícil creerle a Boudou si piensa no hacer nada para que se vaya Moreno de su cargo.

La reforma del Indec, un proyecto que tenía el gobierno desde antes de las elecciones, es otro de los proyectos que prometió llevar adelante. Mientras tanto, hoy Moreno, anunciaría una tasa de inflación cercana a cero (entre 0,2% y 0,3%), lo cual se aleja tanto de la realidad como de lo que perciben los bolsillos de los argentinos.

Boudou también dijo: “Hay que hacer lo necesario para que regrese el crédito voluntario”, pero por otra parte, se mira con interés la elevada liquidez del sector bancario como fuente de financiamiento del sector público. La posibilidad de colocar bonos de deuda de una manera compulsiva, está latente.

Sobre esto, Juan José Llach decía a Radio 10: “Colocar un bono de forma forzosa en los bancos es mala idea, entra a complicar al sistema financiero y acá en la Argentina tenemos sobrada experiencia de lo que eso puede significar”

Boudou está acusado de querer hacernos creer que el cambio en la política económica de Argentina era posible. Pero declaraciones como ésta, que reprodujera Télam: “Las distintas medidas que fue tomando la Presidenta de la Nación y su equipo permitieron que Argentina fuera sorteando esta crisis”, me convencen de que todo sigue igual.

La derrota en las elecciones legislativas, llevó al gobierno de Cristina Fernández de Kichner a realizar cambios con el único objetivo de que nada cambie. Un nuevo engaño para los ciudadanos que lamentablemente sienten en sus bolsillos los errores permanentes de política económica en que incurre un gobierno que no sabe escuchar.

De este modo, los desequilibrios en la economía argentina se seguirán acumulando. Las cuentas fiscales pronto no podrán ocultar sus números en rojo, el estancamiento de la actividad económica puede combinarse con el agravamiento de las presiones inflacionarias, mientras que en el mercado cambiario cada vez existirán menos recursos para evitar una disparada del dólar. ¿Por qué el gobierno está obstinado en sostener una política económica que puede llevar al país a otra crisis?

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Desde que en 2005 renunció como ministro de Economía Roberto Lavagna, en Argentina se sucedieron varias personas que ocuparon el cargo de ministro de Economía aunque en los hechos no ejercieron como tal. Nadie tiene dudas de que desde ese entonces, la política económica de Argentina no se conduce desde el ministerio de Economía sino desde la casa de gobierno. Con la llegada de Amado Boudou (un liberal, que militó en la Ucedé y enseñó en el CEMA), se pretende mostrar un giro hacia la ortodoxia económica y la recuperación del control de la política monetaria por parte del ministro de Economía. ¿Se le podrá creer?

Sin un mínimo de optimismo, Néstor Scibona titulaba en La Nación: “Nadie espera que Boudou cambie algo”. Yo busqué ser un poco optimista y al menos no quise emitir opinión hasta no tener una idea clara de su pensamiento y sus decisiones al frente del ministerio.

En este sentido, durante las próximas líneas intentaré descubrir si Boudou, que viene de la economía ortodoxa, se comportará como tal o si sólo está disfrazado de ministro de economía ortodoxo. Esta cuestión resulta clave para saber si podemos esperar algún cambio positivo en la política económica de Argentina.

Para convencer de su perfil ortodoxo, Boudou dijo luego de asumir que las medidas que impulsará, buscarán: “Conseguir que la Argentina crezca y tenga superávit fiscal y comercial. Y que la Argentina vuelva al mercado de crédito”. No terminó de expresar su búsqueda de fortalecer el superávit fiscal que dijo lo siguiente según La Nación: “Seguir llevando adelante un muy importante programa de obra pública”, lo cual resulta incompatible.

En una economía en donde la actividad económica profundiza su caída con un gasto público que no para de crecer ¿Cómo es que piensa lograr aumentar el superávit fiscal?

Otra vez, la renegociación de la deuda existente con los bonistas que no aceptaron en su momento el canje, aparece en escena, pero esta iniciativa oculta su verdadera intención que está dominada por la necesidad del gobierno de lograr acceder al financiamiento externo.

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El FMI no es la opción que piensa Boudou para obtener fondos frescos. Todo lo contrario, con sus declaraciones tomadas por Ámbito Financiero se está alejando del organismo internacional: “Tal cual lo conocemos, el FMI no es una opción para la Argentina. Decididamente no es una opción para la Argentina porque ya sabemos cómo funciona esto, ya sabemos que marca para los distintos países políticas que, lejos de permitirles su desarrollo, lo que han hecho ha sido concentrar la economía, generar mucho desempleo y altísimos niveles de endeudamiento”.

Si alguien quería despejar sus dudas acerca de lo que piensa sobre la política cambiaria, no creo que haya quedado muy conforme al escuchar lo que La Nación reproduce: “(Sobre el dólar, indicó que) hay una tarea muy buena del Banco Central, con una política de tipo de cambio administrado que va muy bien”. La mejor manera de no decir nada diciendo algo.

Mientras tanto, la economía sigue sufriendo la fuga de capitales que en el segundo trimestre del año alcanzó un estimado de US$ 6.000 millones. Guillermo Moreno, el secretario de Comercio, se encargó de solucionar este problema generando lógicamente como es su estilo, problemas más graves sin arreglar los problemas originales. Es así que se le ocurrió establecer la regla Moreno definida mediante la siguiente frase: “prohibido importar si no se exporta”, lo que está comenzando a afectar los balances de las compañías instaladas en el país y que dependen de los productos fabricados en el exterior. Hasta el momento, según da cuenta Infobae, lo sufren los sectores de calzados, juguetes, electrodomésticos y supermercados, aunque seguramente se podrá extender en caso de ser necesario.

El nuevo ministro piensa incorporar como asesor a un Mario Blejer, reconocido economista ortodoxo. De este modo quiere reforzar su perfil ortodoxo, aunque por dentro sabe que la única forma de mostrar dicho perfil es haciendo que el secretario de comercio Interior, Guillemo Moreno, quien tiene la libertad de dar rienda suelta a medidas heterodoxas como control de precios, limitaciones a las exportaciones, e intervenciones múltiples, sea desplazado. Sobre este personaje, Boudou decía: “Tenemos un buen trato y vamos a seguir trabajando”, según Clarín. Será seguramente difícil creerle a Boudou si piensa no hacer nada para que se vaya Moreno de su cargo.

La reforma del Indec, un proyecto que tenía el gobierno desde antes de las elecciones, es otro de los proyectos que prometió llevar adelante. Mientras tanto, hoy Moreno, anunciaría una tasa de inflación cercana a cero (entre 0,2% y 0,3%), lo cual se aleja tanto de la realidad como de lo que perciben los bolsillos de los argentinos.

Boudou también dijo: “Hay que hacer lo necesario para que regrese el crédito voluntario”, pero por otra parte, se mira con interés la elevada liquidez del sector bancario como fuente de financiamiento del sector público. La posibilidad de colocar bonos de deuda de una manera compulsiva, está latente.

Sobre esto, Juan José Llach decía a Radio 10: “Colocar un bono de forma forzosa en los bancos es mala idea, entra a complicar al sistema financiero y acá en la Argentina tenemos sobrada experiencia de lo que eso puede significar”

Boudou está acusado de querer hacernos creer que el cambio en la política económica de Argentina era posible. Pero declaraciones como ésta, que reprodujera Télam: “Las distintas medidas que fue tomando la Presidenta de la Nación y su equipo permitieron que Argentina fuera sorteando esta crisis”, me convencen de que todo sigue igual.

La derrota en las elecciones legislativas, llevó al gobierno de Cristina Fernández de Kichner a realizar cambios con el único objetivo de que nada cambie. Un nuevo engaño para los ciudadanos que lamentablemente sienten en sus bolsillos los errores permanentes de política económica en que incurre un gobierno que no sabe escuchar.

De este modo, los desequilibrios en la economía argentina se seguirán acumulando. Las cuentas fiscales pronto no podrán ocultar sus números en rojo, el estancamiento de la actividad económica puede combinarse con el agravamiento de las presiones inflacionarias, mientras que en el mercado cambiario cada vez existirán menos recursos para evitar una disparada del dólar. ¿Por qué el gobierno está obstinado en sostener una política económica que puede llevar al país a otra crisis?


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