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La apuesta es contra el yen

La apuesta es contra el yen

La apuesta es contra el yen
2 Noviembre 2009 El anuncio realizado el pasado viernes por el Banco de Japón (BoJ), tiene muchas más implicancias que la mera decisión de dejar inalterada la tasa de interés de referencia en el 0,1%. El panorama en materia de precios hace pensar en una política monetaria que sin dudas afectará el valor del yen, que tiene al yuan pisándole los talones con serias intenciones y posibilidades de desplazarlo como divisa líder regional.
A pesar de no modificar la tasa de interés, no cayó bien en el gobierno que el BoJ anunciara que discontinuará sus compras de deuda corporativa y otras medidas de estímulo crediticio, y por ello intentó presionar a la entidad antes de la reunión de política monetaria a que continuara con dichos estímulos.

El gobierno japonés quiere mantener las señales de apoyo a la recuperación económica, sin importar demasiado su eficacia. Es que en los hechos, los mercados de crédito en Japón se muestran recuperados y ello se ha reflejado en las tres últimas subastas papeles comerciales del BOJ que no captaron oferta, lo cual hace innecesaria la ayuda del organismo monetario.

Por otra parte, ante la normalización de la situación del sector financiero, se está observando que las empresas prefieren orientarse hacia estos mercados clásicos de deuda frente a la opción oficial.

Desde el gobierno japonés se esperaba algo más del BoJ a quien considera demasiado optimista en sus pronósticos sobre la evolución futura de la economía. “El Gobierno no debería decirle al BOJ lo que tiene que hacer, pero a su vez el BOJ necesita tomar en consideración la opinión del Gobierno”, decía según Reuters, a modo de queja el ministro de Finanzas, Hirohisa Fujii.

Las estimaciones de la entidad monetaria acerca de la evolución de la economía anticipan una expansión del 1,2% en el año fiscal 2010/11, elevándose al 2,1% para el año siguiente. Probablemente, estimaciones demasiado optimistas para una economía con demasiados problemas y a la que le ha costado crecer a un ritmo aceptable.

Si bien reflejaban optimismo las expectativas de crecimiento económico por parte de la autoridad monetaria, dichas proyecciones se combinaron con una visión pesimista en relación a la evolución de precios ya que auguró en su informe que la deflación permanecerá tres años, más que los dos años que preveía en su reporte anterior. La variación de precios minoristas núcleo del mes de setiembre (excluyendo alimentos y energía), mostró una contracción del 1% superior al 0,9% del mes de agosto. En la variación interanual, los precios minoristas observaron una contracción del 2,3%.

——La economía para entender a los mercados———–

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La experiencia japonesa de los 90´ en donde la deflación ha limitado el crecimiento de la economía nipona está otra vez presente y debería limitar el optimismo para dar lugar a políticas preventivas que impidan cualquier posibilidad de recaída de la economía.

“En una economía donde los precios continúan cayendo es crucial ver si esa caída de precios será una presión a la baja sobre la actividad económica”, reconocía en un informe el propio Banco de Japón.

¿Por qué el BoJ mantiene temores limitados y confía en que la economía podrá crecer a un buen ritmo a partir del año fiscal 2011? La entidad confía en una atenuación gradual e ininterrumpida de las presiones deflacionarias. Sin embargo, si bien desde el organismo monetario se espera una ralentización de la dinámica deflacionaria hasta una variación negativa del orden del 0,4% hacia el año fiscal 2011, la reducción en los márgenes de rentabilidad por la caída de los precios, con posibles derivaciones sobre el nivel de empleo, puede frenar la recuperación esperada en la economía e incluso revertir su comportamiento para llevarla nuevamente hacia la recesión.

De este modo, para no generar presiones en contra de la recuperación económica, la deflación impondrá restricciones sobre las tasas de interés de referencia que permanecerán en sus mínimos por un largo tiempo, más allá del tiempo estimado para las tasas de interés de referencia en el resto de los países desarrollados y en desarrollo.

Con la divergencia que se observará en el comportamiento de la política monetaria entre los países, se ampliará el margen entre tasas, lo cual permitirá beneficios tentadores en operatorias del tipo carry trade. Mientras la estructura regulatoria de los países no reaccione ante esta situación, los riesgos de desequilibrios irán en aumento.

La apuesta contra el yen será entonces fuerte y la moneda japonesa tendrá pocas chances de mantener su valor en el mediano plazo frente a las principales monedas, incluso frente a un dólar que seguirá débil.

Esta situación generará sin dudas grandes peligros ya que el espíritu insaciable de los especuladores puede llevar el volumen de operaciones a cifras de varios miles de millones de dólares con posiciones altamente riesgosas y que un cambio repentino en la dinámica de la moneda japonesa y en la política monetaria del BoJ puede llevarlos a una situación de crisis. La crisis subprime demostró que para dañar al sistema financiero sólo basta con golpear en el punto justo y eso aumenta los temores en este tipo de operatorias especulativas.

Pero el yen no sólo estará amenazado por la actitud de los inversores que aprovecharán el crédito barato para apostar a inversiones rentables en otras monedas. Las perspectivas de debilidad del yen en el mediano plazo se verán reforzadas por el deseo de reemplazarla por una moneda más fuerte, lo que reducirá su demanda, principalmente a nivel regional. Ésta será sin dudas la oportunidad esperada por el yuan para aumentar su influencia en la región en su objetivo por instalarse como divisa de reserva internacional, objetivo para el cual, aún tiene mucho camino por recorrer aunque no se puede dudar que viene avanzando en dicho sentido.

Mientras la economía japonesa no recupere fuerzas y disipe las presiones deflacionarias, la situación que enfrentará es de alta fragilidad con un riesgo no menor de una nueva recaída. En este contexto un elemento positivo para la economía fue la caída por segundo mes consecutivo de la tasa de desempleo que se ubicó en el mes de setiembre en el 5,2% de la Población Económicamente Activa (PEA), con una cantidad de 3,63 millones de desocupados. Aunque no sea suficiente, suma para sacar a Japón de esta situación tan incómoda.

Nos encontraremos nuevamente mañana,

Horacio Pozzo

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La crisis de la deuda y la próxima recesión mundial

La crisis de la deuda y la próxima recesión mundial

La crisis de la deuda y la próxima recesión mundial ¿Qué es más importante: los grandes desbalances existentes en la economía mundial o los problemas en la regulación del sistema financiero internacional? Esta pregunta que formulo aquí no es un pensamiento, sino que es la discusión inicial que surgiera en la reunión del G-20 entre el presidente de los EEUU, Barack Obama y la canciller alemana Angela Merkel. Mientras Obama priorizaba el abordaje de los desequilibrios como tema clave, Merkel pedía concentrar las fuerzas en las reformas regulatorias.

Seguramente ud. antes de leer este artículo y sin dudarlo, diría que lo más importante, en caso de tener que poner prioridades, es dar una respuesta regulatoria inmediata a la indisciplina de los mercados que ya están nuevamente haciendo de las suyas y buscando aumentar la rentabilidad sin importar los riesgos incurridos.

La política fiscal salió al rescate de las economías castigadas por la crisis financiera internacional y a través de los programas de estímulo económico buscó limitar dentro de lo posible este mal momento. Pero como se dice comúnmente, “nada es gratis en la vida”, luego de la crisis volverá para pasarle “la cuenta” a las economías.

Los memoriosos recordarán que la crisis de Latinoamérica de la década del 80´ se produjo a partir de la elevada carga de la deuda externa. Las economías, comandadas en su mayoría por gobiernos militares, aprovecharon la oferta de crédito de los grandes bancos europeos y estadounidenses, con un extremadamente elevado volumen de recursos producto de los depósitos que los países petroleros hacían de sus ingresos.

“Los problemas de la deuda pública es un tema de países subdesarrollados”, se solía escuchar hasta hace muy poco tiempo. Es que la raíz del problema, según los especialistas internacionales, era la indisciplina de gobiernos que no lograban poner en orden las cuentas tanto por incapacidad como por ineficiencia en el aparato estatal y hasta por corrupción.

La crisis nos ha demostrado que en esencia, no existen demasiadas diferencias entre países desarrollados y en desarrollo. Sólo la situación por las que atraviesan las economías condiciona el comportamiento de los gobiernos. Siguiendo este pensamiento, no nos tendrían que haber asombrado varias situaciones ocurridas en el mundo desarrollado durante esta crisis y que son típicas de economías en desarrollo: los corralitos financieros a la “Argentina”, las cuasimonedas en California, la estatización de pasivos privados.

El mundo desarrollado está cerca de dejar atrás la dolorosa crisis subprime, pero no de dejar atrás los problemas, ya que se debe preparar a un nuevo desafío: recomponer la situación fiscal de las economías y enfrentar la pesada carga que les impondrá el incremento de la deuda pública.

Mientras el Fondo Monetario Internacional (IMF), sigue empecinado en sugerir la aplicación de políticas de estímulo fiscal para acelerar la salida de los países desarrollados de la situación de recesión en la que se encuentran, el stock de deuda pública de estos países sigue en continuo ascenso lo que ha comenzado a despertar voces de advertencia sobre lo que puede llegar a ocurrir.

En mis artículos es muy común que critique la política económica de Venezuela, y motivos no creo que me falten para ello. Pero hay algo que debo reconocer es que a pesar del derroche de recursos petroleros que Chávez ha hecho en el país, su indisciplina para con el gasto público no lo ha llevado a un irracional incremento de la deuda pública que representaría para el país un pasaje directo hacia una crisis (la cual entiendo que de todos modos tendrá lugar en Venezuela por las altas inconsistencias de política económica). La deuda pública de Venezuela apenas supera el 20% en términos de su Producto Bruto Interno (PBI) y se espera que alcance 21,2% hacia finales de 2010. Los países latinoamericanos muestran en líneas generales, niveles de deuda pública sostenibles en términos del PBI, variable que sirve para determinar la capacidad de generación de riquezas de un país (Brasil y Colombia, por ejemplo, observan una deuda del 42,5% y 47,8% en términos del PBI, respectivamente).

Totalmente diferente es lo que está ocurriendo en buena parte de los países desarrollados. En Inglaterra, la deuda pública se ubica actualmente en torno al 54,8% de su PBI. Para peor, las proyecciones para 2010 anticipan que la deuda pública bruta en Inglaterra alcanzará al 66,9% del PBI.

Pero si le preocupa el volumen de deuda de Inglaterra, debo decirle que aún no les cuento lo peor. Tomemos un respiro y veamos estos números de deuda pública a PBI que surgen de las estadísticas del FMI: Francia tiene una deuda pública del 74,9% (80,3% se espera que llegue a fines de 2010), Alemania 79,4% (86,6% para 2010), Italia 115,3% (121,1% para 2010), EEUU 86,98% (97,5% para 2010) y Japón 217,2% (y 227,4% en 2010).

El incremento en la deuda pública de las economías desarrolladas ha sido realmente asombroso. En un artículo en Cinco Días, Marcos Ezquerra comenta el asombroso caso de España que ha pasado a tener una deuda del 36,2% del PBI en 2007 al nivel actual cercano al 60% en términos del producto.

¿Se pueden pensar que estos niveles de deuda son sostenibles? La reputación con la que cuentan las economías desarrolladas les da por el momento margen para convivir con estos niveles de deuda que hubieran desatado ya mismo una crisis en economías emergentes. Pero el capital reputacional con el que cuentan las economías es efímero y debe ser reforzado con un cambio urgente en la política fiscal que tienda a revertir los déficits de manera urgente.

Kenneth Rogoff, quien fuera economista jefe del FMI, se animó a anticipar la próxima crisis: “Es muy probable que la deuda pública sea el detonante de la siguiente crisis”.

Los gobiernos de los países desarrollados se encuentran actualmente en una dura encrucijada. Las advertencias realizadas por personalidades como Rogoff chocan con la necesidad de mantener una política fiscal expansiva para sostener la recuperación económica. Una política fiscal que busque achicar el déficit puede llevar a las economías a revertir la recuperación para volver a un contexto recesivo. En este contexto toma mayor valor el pedido de Obama de enfrentar los desequilibrios globales y pedir un mayor compromiso a países como China que tienen la capacidad de contribuir al equilibrio global.

Imagino que habrá que esperar hasta el 2010 en donde la recuperación haya comenzado a tomar fuerza para saber qué dirección tomarán los países desarrollados en el manejo de la política fiscal. Si bien la coordinación de políticas a nivel internacional sería el mejor resultado, al menos considero que sería positiva alguna señal de disciplina fiscal por parte de las economías más comprometidas.

Una reflexión final: el hombre es el único animal que tropieza dos veces (y muchas más) con la misma piedra. Como si fueran conejitos de india, los países subdesarrollados advirtieron con su experiencia pasada, muchas de las situaciones por las que está atravesando el mundo desarrollado que no ha sabido capitalizar la experiencia ajena. ¿Soberbia o incapacidad? ¿Cuándo les “sugerirá” el FMI a estas economías que cuiden la disciplina fiscal como lo hizo con los países latinoamericanos?

Horacio Pozzo

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¿Hay que vender yen?

¿Hay que vender yen?

¿Hay que vender yen? Se vienen años difíciles para la economía japonesa más allá de la actual crisis financiera internacional. Si bien esta crisis representó un duro golpe para la economía de Japón, la misma ya venía arrastrando una serie de dificultades que mantenían el panorama económico bajo tensión. La preocupación de los japoneses por la situación económica se refleja en la tasa de suicidios que se incrementó en un 40,6% ante las dificultades para encontrar empleo. En este contexto adverso y hasta trágico, se debate la suerte del yen ¿Qué perspectivas tiene la divisa japonesa en el mediano plazo?

Mirando una gráfica de la evolución del yen frente al dólar desde el año 1997, observaba que la moneda japonesa se ha ido apreciando frente a la divisa estadounidense (aunque no de manera ininterrumpida). Si uno se guiara por la tendencia que marca la gráfica, probablemente se incline por anticipar la continuidad de dicho comportamiento a favor del yen y sin dudas, estaría cometiendo un error que puede costar caro. Es que existen factores tanto desde la economía de Japón como de EEUU que hacen pensar que a mediano plazo, la divisa nipona se debilitará frente al dólar.

Como la gráfica probablemente no sirva de mucho para anticipar el comportamiento del yen (opinión que no espero compartan los analistas técnicos), creo conveniente echar un vistazo a las variables fundamentales de la economía de Japón. En vista de los fundamentos macroeconómicos que observa la economía japonesa, las perspectivas de mediano plazo del yen no parecen ser demasiado positivas. Con un déficit fiscal difícil de revertir, una deuda pública en niveles que complican su sostenimiento e incluso ahora, con un déficit de cuenta corriente, la economía japonesa se mantendrá frágil durante varios años y dicha fragilidad se traducirá inevitablemente en fragilidad para el yen.

Las dificultades en esa economía mantendrán presionado al Banco de Japón a mantener planchada su tasa de interés de referencia que puede despertar viejos fantasmas. ¿Se viene un nuevo carry trade? Veremos, existe la posibilidad y en breve resurgirán los incentivos para hacerlo, lo cual inevitablemente atentaría contra el valor del yen.

Aunque se veía venir, causó sorpresa el resultado del superávit anual de cuenta corriente de Japón que cayó por primera vez en siete años para el año que termina en marzo, por la fuerte disminución de las exportaciones. La caída en el superávit de cuenta corriente alcanzó un preocupante 50,2%, según da cuenta el español ADN. La caída en las ventas externas hizo que la balanza comercial de Japón entrara en rojo luego de tres décadas (US$ 7.382 millones en el año fiscal cerrado en marzo del presente año).

La caída de las cuentas externas va más allá de la situación de la coyuntura internacional. Cada vez son más los que piden revisar la competitividad de los productos y servicios japoneses. Los problemas de competitividad de la economía anticiparían de este modo la continuidad del deterioro de las cuentas externas de Japón, lo cual representa una mala noticia también para la fortaleza del yen.

En Japón no queda otra alternativa que resignarse a soportar una fuerte contracción del PBI durante el presente año fiscal. La misma podría alcanzar al 3,3% según Xinhua, aunque no habría que descartar una contracción superior. Para el primer trimestre del año, según Reuters, los analistas de mercado anticiparon que esperan una contracción del PBI japonés récord de 4,2%.

Kiyohiko Nishimura, vicepresidente del Banco de Japón, ya anticipó que probablemente la debilidad económica (¿Anticipo de la evolución de la política monetaria?), se mantenga durante unos cuantos años “Una vez que una curva de retroalimentación adversa se ha iniciado, es extremadamente difícil y costoso detenerla y restablecer la confianza”. Japón tiene una experiencia reciente de una depresión económica que se iniciara en 1990 y no culminara completamente sino hasta el 2005.

Mientras la economía se hunde, las críticas sobre el plan de estímulo abundan por considerarlo orientado solamente a captar votos y no a tener un impacto real en la economía. El ministro de Economía de Japón, Kaoru Yosano se defendía de las críticas detrás de la vieja escusa del largo plazo, diciendo: “Esto no sucederá de la noche a la mañana, pero debemos avanzar hacia una economía basada en el mercado interno”. Lo cierto del caso es que la economía japonesa tiene una clara orientación a los mercados externos y difícilmente la revierta, máxime considerando el crecimiento de China que se traduce en un interesante crecimiento de demanda potencial.

Por si todos los problemas que tiene la economía japonesa fueran pocos, en estos últimos meses, el yen ha incorporado un nuevo enemigo que está logrando importantes avances. El yuan sin dudas está surgiendo para hacerle sombra a la divisa japonesa. La moneda china está apuntalada por el deseo político del gobierno chino de que esto sea así.

China está avanzando velozmente en la celebración de acuerdos comerciales en los cuales el yuan pasa a ser la moneda de intercambio. La política del gobierno chino para imponer el yuan a nivel internacional está siendo muy activa. La imposición del yuan, primero a nivel regional para luego pasar a ser divisa de referencia mundial, le quita (y le quitará) demanda a la divisa japonesa, lo cual acentuará su caída.

La competencia del yuan y los problemas de la economía japonesa que no se resolverán en poco tiempo, prácticamente condenan el destino del yen en el mediano plazo. De todos modos, para Japón ello no representa una mala noticia ya que a pesar de los dichos de fortalecer la demanda interna como objetivo del gobierno, la realidad indica que será nuevamente la demanda externa la que ayude a la economía japonesa a salir de la situación en la que se encuentra.

¿Será el futuro debilitamiento del yen un problema o una ayuda para la economía de Japón? Habría que observar cómo dicho debilitamiento incide sobre las presiones inflacionarias, pero en principio se lo puede considerar como un factor positivo para recomponer la fortaleza externa de la economía. Claro que la competitividad de Japón no se puede reducir a un tipo de cambio débil, sino que implicará reformas profundas en la economía nipona.


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¿La economía mundial entra en deflación?

¿La economía mundial entra en deflación?

Buenos Aires, Argentina

22 de abril de 2009

La lista de países se acrecienta día a día. No solamente la crisis está afectando el crecimiento de la economía global, sino también, ahora las principales economías del planeta están comenzando a sufrir deflación de precios.

Mientras escribía este artículo pensaba que esta situación de deflación será al menos un consuelo para Felipe, un amigo mío que desde fines del año pasado, viene planeando un viaje hacia los Estados Unidos para el mes de julio de este año. Es que la devaluación del peso argentino ha hecho que mi amigo pueda comprar menos dólares que los previstos para su viaje al país del norte (el estancamiento económico que sufre Argentina ha impedido también, que obtenga una mejora salarial). Seguramente la deflación que padece la economía estadounidense hará que mi amigo encuentre precios más amistosos con sus golpeados bolsillos, y por qué no, más de una gran liquidación se cruzará por su camino.

El escenario económico global ha cambiado varias veces de manera brusca desde que se inició la crisis. ¿Se podía prever que las principales economías del planeta iban a estar amenazadas por la deflación de precios cuando justamente poco menos de un año atrás sufrían las mayores alzas de precios en años? Si bien era difícil imaginarlo, esta situación era totalmente predecible y de esperar. Es que los episodios de profunda recesión como la actual generan frecuentemente situaciones de deflación.

Cada vez son más los países que se encuentran o han comenzado a observar signos de deflación. En el día de ayer, Inglaterra (con una caída mensual en sus precios minoristas del 0,4%, por primera vez luego de casi cincuenta años), se unió al grupo de países que están experimentando síntomas de deflación de precios. En dicho grupo ya se encontraban Estados Unidos, Alemania, España, Suiza, Japón y China, entre las principales economías del planeta. La lista promete incrementarse en breve, principalmente con países europeos.

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La deflación preocupa y para mostrarlo, tomaré el caso de Japón. La situación de la economía japonesa es tal que los precios industriales observaron en el mes de marzo, una caída interanual del 2,2% (su mayor caída desde 2002). Según Hideyuki Araki, economista del Instituto de Investigaciones de Resona: “Las empresas están en una dura competencia para reducir los precios, debido a la debilidad de los consumidores”. Esta competencia que se traduce en rebajas en los precios implica también reducción en los flujos de fondos de las empresas y quizás también, menores ganancias (ya que la caída en los precios puede no compensarse con el incremento en las ventas), aumentando el riesgo de quiebras. Así, menor cantidad de empresas sobrevivirán en un mercado que se sigue achicando por la crisis y el aumento de la desocupación.

Las perspectivas de las principales economías hacen prever que se mantendría el contexto de deflación. Para colmo, la caída del precio del petróleo aumenta el margen para que el resto de los precios en las economías, continúe cayendo.

La incapacidad de la política monetaria de los principales bancos centrales ya ha quedado ampliamente demostrada durante la presente crisis. Y esta incapacidad no solamente se ha observado en el contexto actual de deflación (y deterioro económico), sino también se ha percibido con claridad durante el período de fuerte incremento de los precios internacionales de los commodities (agrícolas, minerales y de energía, entre los principales), que se había traducido en un aumento no menor en la tasa de inflación minorista.

¿Será el momento de rever la manera en que se conducen las políticas monetarias? Probablemente sí. Las políticas monetarias utilizan actualmente como instrumento exclusivo el control de la tasa de interés de referencia. Las mismas funcionan y muy bien en contextos económicos relativamente normales o en aquellos en donde los problemas económicos están limitados al ámbito nacional. Pero las mismas fracasan rotundamente frente a una crisis generalizada o cuando el problema supera el ámbito nacional (como en el caso del alza sostenida en el precio de los commodities agrícolas).

Si bien los principales Bancos Centrales del mundo han complementado su política de tasas de interés con otras medidas para suministrar liquidez al mercado monetario y para estimular el mercado crediticio, las mismas no han logrado ser lo exitosas que se esperaban. En esta cruzada por ejemplo, la Fed ha realizado grandes inyecciones de liquidez en forma de préstamos a entidades financieras e incluso a empresas con el objeto de apoyar la reactivación de la economía.

Probablemente la política monetaria no pueda hacer mucho más al respecto en situaciones de crisis como la actual, pero se pueden trabajar en medidas complementarias que contribuyan a restaurar los canales de transmisión de la política monetaria para que gane en eficacia.

Sin lugar a dudas, los gobiernos de las principales economías están preocupados por los síntomas de deflación que los afecta. Y los ciudadanos de dichos países ¿Cómo se deberían sentir? La caída generalizada en los precios puede en principio ser bien recibida por la población, pero ello puede representar un riesgo serio en este contexto de crisis. Es que la caída en los precios puede implicar menores ganancias para las firmas y la necesidad de mayores recortes en la plantilla de trabajadores para mantenerse en actividad, lo cual a su vez impacta negativamente sobre el consumo, en una suerte de círculo vicioso difícil de detener.

No existen dudas de que esta situación de deflación no es buena en este contexto de recesión global. Y ante la incapacidad de la política monetaria para revertir la situación, la alternativa que queda es que se produzcan mayores impulsos sobre la demanda agregada desde la política fiscal.

¿Qué harán los gobiernos ante esta situación? Si las economías siguen mostrando una tendencia hacia la baja en los precios internos, deberán evaluar seriamente la posibilidad de recurrir a mayores esfuerzos fiscales ante la pobre performance de la política monetaria (la cual en varios países se encuentra en un nivel límite en términos de recortes de tasas).

La clave para resolver el problema deflacionario y de recesión pasa por estimular la demanda interna. En la situación actual, la apuesta por la política fiscal aparece como más atractiva frente a la política monetaria. Sin embargo, una solución más contundente pasaría por torcer las expectativas del sector privado. En EEUU se están observando mejoras en los indicadores de expectativas de los consumidores: ¿Será esta la clave para resolver los problemas actuales de la economía estadounidense y mundial?

¿Cómo puede Bolivia ayudar a Obama?

¿Cómo puede Bolivia ayudar a Obama?

Buenos Aires, Argentina

12 de febrero de 2009

“El litio es una esperanza para Bolivia y para el mundo”. Evo Morales

El mundo está cambiando rápidamente y esos cambios representan grandes oportunidades para quienes tienen la capacidad y/o los recursos para aprovechar dichos cambios.

La industria automotriz se encuentra atravesando una de sus más duras crisis en su historia, y la salida de la misma implicará también grandes cambios. La actual crisis ha demostrado la fragilidad del sector automotriz no solamente en cuanto a su ineficiencia en la producción en las economías desarrolladas sino también en su vulnerabilidad frente a grandes aumentos en el precio de los combustibles.

Es por ello que el sector automotriz deberá encarar una nueva etapa en donde el desafío es generar un cambio radical en su estructura de producción y en donde los nuevos modelos de automóviles logren la mayor eficiencia posible en el consumo de energía.

En esta búsqueda de la eficiencia, el sector ha realizado avances en la incorporación de nuevas fuentes de energía. Ello está derivando en el desarrollo del concepto de auto eléctrico que aparece como una propuesta atractiva no solamente en cuanto a la posibilidad de utilizar un recurso energético alternativo al petróleo sino también por su bajo nivel de contaminación. En este avance hacia el desarrollo de los autos eléctricos, las automotrices se están enfocando en el carbonato de litio, el mineral que actualmente se utiliza para las baterías de computadoras personales y celulares. Las baterías de litio pueden concentrar una gran cantidad de energía en poco volumen y de allí su gran valoración.

Ya varias de las principales automotrices están trabajando en el desarrollo de los nuevos autos eléctricos. General Motors (NYSE:GM), por caso, incluyó una batería de litio en su modelo híbrido Volt. Otro ejemplo lo presenta Toyota (NYSE:TM), que está probando incorporar una batería de litio en su próxima generación de automóviles híbridos Prius.

El fuerte desarrollo que experimentará la producción de autos eléctricos que incorporen baterías de litio producirá una importante demanda de dicho metal. Se espera que en cinco años se alcance la producción en masa de autos eléctricos e híbridos, lo cual aumentará la demanda por el metal. Para Eichi Maeyama, jefe de Mitsubishi en La Paz: “La demanda de litio no se duplicará sino que se multiplicará por cinco”.

La proyección sobre la evolución que tendrá la demanda de litio ha generado la necesidad de identificar las principales reservas de dicho recurso y la manera en que el mismo podría ser explotado. Según Maeyama: “Necesitaremos más fuentes de litio y el 50% de las reservas mundiales de litio están en Bolivia, en el Salar de Uyuni”. Bolivia tendría reservas por al menos 5,4 millones de toneladas finas de litio, más de la mitad de los depósitos de ese metal conocidos en el mundo. Vale recordar que la nueva Constitución aprobada en el referendo del 25 de enero otorga al Estado boliviano el control de los recursos estratégicos.

El litio boliviano es codiciado por grandes empresas de diferentes nacionalidades. Empresas como Bolloré de Francia y las compañías japonesas Mitsubishi y Sumitomo se encuentran actualmente compitiendo para acceder al salar del altiplano boliviano y eventualmente desarrollar una industria de litio, según confirmó el director de Minería de Bolivia, Freddy Beltrán.

El pasado lunes, se conoció que también el gigante surcoreano LG se sumó al grupo de transnacionales que pretenden explotar litio del gigantesco salar boliviano de Uyuni, considerado la mayor reserva mundial de ese metal.

Bolloré, Mitsubishi y Sumitomo han presentado propuestas para extraer el litio y exportarlo como materia prima, pero este tipo de propuestas no resultan de interés para el gobierno boliviano que pretende que se produzca hidróxido de litio, cloruro de litio, litio metálico e inclusive baterías en Bolivia, para de este modo generar valor agregado que implique generar empleos y maximizar las ganancias en el país.

En declaraciones de Beltrán recogidas por Reuters, se refería al tema de las propuestas recibidas de la siguiente manera: “No ha habido más avances (en las negociaciones). Nadie todavía nos ha hecho una propuesta sobre el tema de la industrialización (y) todos saben que ésa va a ser la base para que en determinado momento entremos en negociaciones más concretas, punto neurálgico para nosotros”.

No solamente las grandes empresas han manifestado su interés por el litio boliviano. También varios gobiernos se lo han expresado al presidente de Bolivia, Evo Morales. En este sentido, el próximo sábado, Morales viajará a Rusia y luego a Francia, en donde, entre otras cuestiones, el litio será un tema de negociación.

Si bien la principal reserva de litio en Bolivia se encuentra en el Salar de Uyuni, según afirmaba el site boliviano “Opinión”, en una nota publicada el pasado martes, el presidente Evo Morales manifestó su intención de buscar financiamiento para que el litio también sea industrializado en el Salar de Coipasa del departamento de Oruro.

El litio aparece como una gran oportunidad para que Bolivia mejore su situación económica y pueda superar su actual nivel de pobreza y subdesarrollo. Es por ello que es la intención del gobierno de Morales la de explotar al máximo la generación de valor agregado del mismo.

En una nota publicada en el site “El Paso Times”, el pasado lunes, el presidente boliviano, Evo Morales decía: “El litio es una esperanza no sólo para Bolivia sino para todos los habitantes del planeta tierra…yo recibí a muchos gobiernos, ministros y a empresas trasnacionales que quieren invertir en el tema del litio, ayer (por el pasado domingo) en el gabinete pedí que aceleremos en el tema de inversión”.

La intención de Morales no es ceder la explotación del litio al sector privado sino de generar una sociedad con el mismo. Al respecto, Morales decía: “La inversión que consigamos siempre será tomado como socios, empresas de estado o privadas el gobierno tiene la obligación de tener el control absoluto de esos recursos”.

Mientras el litio boliviano está ganando el interés de empresas y países de los diferentes continentes, el sector automotriz estadounidense se está replanteando un cambio radical de cara al futuro en donde las nuevas fuentes de energía se incorporarán en los automóviles estadounidenses.

El sector automotriz de los EE.UU. buscará liderar este nuevo desarrollo de tecnologías no contaminantes y que utilicen una fuente alternativa al petróleo. De este modo, la industria automotriz estadounidense podrá estar en condiciones de competir a nivel mundial y transformarse en un sector sólido y rentable. Es por ello que también EE.UU. se manifestó interesado por las riquezas de litio de Bolivia aunque no ha logrado grandes avances al respecto.

EE.UU. sabe que esta posibilidad puede resultar de gran ayuda para uno de los sectores más importantes de la economía. La apuesta ya está en marcha: ¿Le dará una mano Bolivia a los EE.UU. con el litio? Por lo pronto, Bolivia piensa en ayudarse a sí misma y transformar al litio en la puerta de salida de la situación actual de pobreza en la que se halla inmersa.

Los problemas en Japón se multiplican poniendo bajo amenaza al yen

Los problemas en Japón se multiplican poniendo bajo amenaza al yen

Buenos Aires, Argentina

19 de enero de 2009

En cada resurgimiento de los temores y la incertidumbre que produce la actual crisis financiera internacional, la moneda japonesa aparece como un refugio adecuado para los inversores internacionales que muestran confianza en la misma.

Haciendo un análisis de la evolución del yen en relación al dólar norteamericano y al euro desde comienzos de 2008, se encuentra que la divisa japonesa se ha fortalecido en relación a estas dos monedas a lo largo de dicho período.

Este fortalecimiento ha sido mayor en relación a la divisa europea la que cotiza actualmente a 120,8 yenes cuando a comienzos de 2008 lo hacía a 162 yenes. En el caso del dólar, el mismo cotizaba a comienzos de 2008 a 111,7 yenes cayendo actualmente a un nivel cercano a los 90 yenes.

Sin embargo, y a pesar de este fortalecimiento relativo del yen frente a dos de las principales divisas mundiales, la economía japonesa no para de acumular problemas que aumentan su deterioro y ponen en riesgo la fortaleza del yen en el mediano y largo plazo.

Como la mayoría de las economías desarrolladas, la economía de Japón ya se encuentra en recesión. Su alta dependencia del sector externo derivó en que poco se pudiera hacer para evitar esta situación de deterioro e incluso no habrá que esperar grandes resultados de las políticas de incentivo económico que buscan compensar con la demanda interna el debilitamiento desde el exterior.

Las perspectivas del crecimiento del producto en Japón son por demás desalentadoras. Para este 2009 se espera que el producto japonés alcance una contracción estimada de entre el 0,6% y el 0,8% (aunque podría ser superior de continuar deteriorándose el contexto económico).

Un dato clave para la economía japonesa lo ofrecen los pedidos de bienes de capital (maquinarias y equipos para la industria) del sector privado en Japón, indicador clave de las inversiones de las empresas, que fuera difundido la semana pasada y que registró una caída de un 16,2% en noviembre respecto al mes de octubre, lo que ha representado un retroceso inédito ya que es la primera vez desde la creación de este indicador en 1987 que dicho indicador muestra semejante deterioro mensual superando ampliamente los pronósticos sombríos del mercado.

Por su parte, la agencia Standard & Poor’s confirmó el pasado martes las calificaciones de la deuda soberana de Japón, diciendo que la posición externa del país es robusta y que su sistema financiero era relativamente sólido.

Según decía en un comunicado el analista de S&P Takahira Ogawa: “Las calificaciones de Japón reflejan nuestra opinión de que el país tiene una posición externa robusta, una economía diversificada y un sector financiero relativamente sólido”. El problema es que la tendencia muestra un inexorable debilitamiento de la posición externa del que no es clara su reversión.

El debilitamiento en la demanda externa tiene su reflejo en el deterioro continuo de la cuenta corriente que se ha venido contrayendo constantemente en los últimos 9 meses. En el mes de noviembre, el superávit de cuenta corriente observó una caída interanual del 65,9%.

En materia de comercio exterior, EE.UU. y China, dos de los principales socios comerciales de Japón continuarán reduciendo su demanda de importaciones japonesas. En el caso del primero producto de la recesión económica y en el caso del segundo, de la desaceleración en el crecimiento y del plan de estímulo económico que busca orientar la demanda interna a productos nacionales. Vale mencionar que en los primeros 11 meses de 2008, el volumen de comercio entre Japón y China se vio incrementado en un 15,2%, lo cual ha contribuido a evitar que el deterioro económico de Japón resultara ser más profundo por lo que la reversión en el crecimiento del comercio entre ambos países podría profundizar los problemas en el crecimiento económico japonés.

El deterioro de la demanda externa que ha impactado duramente sobre la economía japonesa se le agrega el deterioro fiscal producto de los esfuerzos del gobierno de Taro Aso por evitar que la recesión sea profunda y duradera.

Antes de que se desatara la actual crisis financiera internacional, Japón se había propuesto equilibrar sus cuentas fiscales para 2011. Pero la necesidad de llevar adelante una política fiscal expansiva ha hecho que recientemente el primer ministro japonés reconociera que dicho objetivo no podrá cumplirse antes del 2019.

Vale recordar que la deuda pública de Japón en relación a su Producto Bruto Interno (PBI) es la mayor que pueda tener un país desarrollado, ubicándose la misma en alrededor del 150% del producto.

Un elemento llamativo que se está produciendo en la economía japonesa es el crecimiento de los préstamos bancarios (el crecimiento interanual en diciembre de 2008 fue del 3,7%). Es que el mismo viene creciendo a ritmo récord según da cuente el site “Reuters”, en medio de las turbulencias. La explicación de este fenómeno se basa en que existe un fuerte aumento en la demanda de crédito por parte de las empresas que han sido desplazadas de los mercados financieros internacionales.

Las empresas acuden al sistema bancario para hacerse de liquidez por si las condiciones empeoran. Pero esta misma situación genera temores entre quienes observan en incremento en el endeudamiento de las mismas aumentando la incertidumbre e inestabilidad.

Por otra parte, la situación política en Japón no es la ideal. El gobierno de Taro Aso recibe presiones por parte de la oposición para que disuelva la cámara baja y convoque a elecciones generales anticipadas.

Estas presiones se apoyan en el bajo índice de popularidad del gobierno japonés que se ubica en el 19,1% (nivel más bajo de los últimos ocho años). Aso ha reiterado en numerosas ocasiones que convocará elecciones una vez queden aprobados en la dieta los presupuestos generales extraordinarios de Japón, que incluyen un paquete de estímulo económico ante la crisis global, y el presupuesto para este año.

Por si los problemas mencionados fueran pocos, la economía japonesa sufre de un significativo envejecimiento poblacional dada la baja tasa de natalidad del país y la longevidad de sus habitantes. Actualmente las personas mayores de 70 años representan el 15,8% de la población (poco más de 20 millones de personas). Esta situación amenaza con provocar nuevos inconvenientes para la sostenibilidad de la economía japonesa en un futuro no muy lejano.

Todos los problemas mencionados evidencian un sensible deterioro en los fundamentales macroeconómicos del país y hacen prever perspectivas negativas para los mismos.

Con estas perspectivas negativas en los fundamentales macroeconómicos, la divisa nipona enfrenta un futuro altamente probable de debilitamiento frente a las principales monedas mundiales.

Y mientras la economía china sigue creciendo y fortaleciéndose (a pesar de los problemas que le generara la actual crisis), no resultaría extraño que en unos años más el yuan pueda disputarle el liderazgo regional al yen como divisa internacional. ¿Podrá el gobierno de Japón revertir esta situación?


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