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Se debilitan las bases de la economía argentina: ¿Cómo sobrevivirá el modelo?

Se debilitan las bases de la economía argentina: ¿Cómo sobrevivirá el modelo?
Buenos Aires, Argentina
9 de febrero de 2009
La crisis que determinó el final de la convertibilidad en Argentina allá por inicios del 2002, dio lugar a un nuevo modelo económico que ha logrado mantener un muy buen ritmo de crecimiento de la economía argentina. Dos pilares del actual modelo económico que son la fortaleza fiscal y el superávit externo están en peligro tanto como consecuencia del impacto de la crisis financiera internacional como por problemas internos de la economía argentina.
El debilitamiento de estos dos pilares del actual modelo económico argentino genera un alto riesgo para la economía, al aumentar la fragilidad de la misma ante posibles nuevos shocks negativos que puedan afectarla. La necesidad de que Argentina cuente con un superávit gemelo, fiscal y externo, radica entre otras cuestiones, en la necesidad de hacer frente a los servicios de la deuda en un contexto en donde no existe para el país la posibilidad de acceder a los mercados financieros internacionales.
En materia fiscal, la recaudación impositiva viene desacelerándose más de lo esperado. En el mes de enero los ingresos se incrementaron solamente en un 11% en términos interanuales al totalizar $ 24.109 millones (no se registraba un incremento interanual tan bajo desde abril del 2006).
No solamente es preocupante este dato sino que lo es más si se considera que el mismo contiene un ingreso adicional producto de la reestatización del sistema de jubilaciones y pensiones que produjo un incremento interanual del 70% en los ingresos por seguridad social. Sin la reestatización del sistema, la variación interanual de los ingresos fiscales hubiera ascendido al 4,5% en una economía con al menos un 20% de inflación interanual, lo que implica una caída en términos reales del 16,4%.
La recaudación impositiva se vio afectada tanto por la caída en los precios internacionales de los commodities como por la desaceleración en la actividad económica y de la inflación en Argentina.
Las perspectivas para este año en materia de recaudación no parecen ser demasiado positivas. Es que desde el sector externo se espera un menor ritmo de aumento en la recaudación tanto por menores retenciones a las exportaciones (por caída en los precios internacionales y menores cantidades exportadas ya que por ejemplo, la producción de soja registraría una caída en la campaña 2008/09 del 17%) y en los derechos de importación. En lo relativo a otros factores determinantes de la evolución en la recaudación, la expectativa de un nulo crecimiento en la actividad económica (ya hay quienes predicen que el PBI argentino se contraiga), así como una menor tasa de inflación anual (que podría ser no mayor al 15%), anticipan una pobre performance en materia de recursos fiscales.
Si bien los ingresos por seguridad social producto de la reestatización del sistema de jubilaciones y pensiones amortiguarán en parte la caída en la dinámica de recaudación de otras fuentes, se puede esperar otro efecto negativo sobre la misma a través de una menor tasa de cumplimiento por parte de los contribuyentes. Es que la situación por la que atraviesa la economía está poniendo en aprietos a numerosos sectores de la misma y a las familias lo cual incrementará el atraso en el pago de impuestos e incluso incentivará a una mayor subdeclaración de los mismos.
Este panorama negativo en términos de recaudación obligará al gobierno a aumentar la eficiencia en el gasto público para mantener el superávit que le permita hacer frente a las obligaciones de la deuda pública. En este sentido ya han comenzado los recortes en materia de subsidios y se espera que también ocurra lo mismo con la obra pública.
La necesidad de mantener la disciplina fiscal choca con el plan de estímulo económico anunciado semanas atrás por el gobierno argentino para el cual no existen gran cantidad de recursos para llevarlo a cabo. Por otra parte, la cuestión salarial impondrá al gobierno una limitante en el recorte del gasto público ya que existen presiones de fuertes aumentos en el salario de los empleados del sector público.
Por el lado del comercio exterior, el resultado de la balanza comercial de 2008 tiene una doble lectura: la primera es la que muestra que la misma registró un alza del 19% en relación al año anterior al registrar un superávit de US$ 13.176 millones. La segunda lectura indica que la misma registró un fuerte deterioro sobre el cierre del año y en el mes de diciembre las exportaciones registraron una caída interanual del 24%, mientras que las importaciones se contrajeron en dicho mes en un 11% interanual, lo cual marca una luz de alerta para el resultado comercial del presente año en donde la fuerte desaceleración en la economía global impactará negativamente en las ventas externas vía una menor demanda tanto en términos de precios como de cantidades.
Para este año, desde el mercado se proyecta un superávit comercial de US$ 6.000 millones, aunque el mismo podría resultar incluso menor de continuar deteriorándose el contexto externo y las pérdidas agrícolas por sequía resultasen mayores a las estimadas actualmente.
A la reducción en el superávit fiscal, la salida de capitales desde el país proyectada por el mercado que para este año ascendería a US$ 10.000 millones representará complicaciones para que el gobierno pueda hacerse de los dólares necesarios para hacer frente al pago de las obligaciones de la deuda. En 2008 la fuga de capitales alcanzó los US$ 23.096 millones (en 2007 había sido de US$ 8.880 millones).
Es que ante la falta de financiamiento externo, las especulaciones indican que el gobierno deberá recurrir a las reservas del BCRA para hacer frente a las obligaciones en moneda extranjera que representan el 40% de las obligaciones que el país tiene en el presente año. El gobierno debe cerrar el programa financiero el cual ha aliviado mediante el retorno al sistema público de jubilaciones y pensiones y al canje de los Préstamos Garantizados (PG), pero aún necesita US$ 6.000 millones paga cumplir con las obligaciones en moneda extranjera.
Esta posibilidad de recurrir a las reservas internacionales del BCRA en un momento en que los mercados financieros internacionales se encuentran agitados representa un alto riesgo para la estabilidad de la economía argentina. Es que si bien el BCRA posee un buen nivel de reservas internacionales para desincentivar cualquier posibilidad de ataque especulativo (al 23 de enero ascendían a US$ 47.026 millones), la reducción de las mismas en el nivel necesario por el gobierno podría incrementar el temor del mercado produciendo un aumento de la demanda de dólares de modo tal de llevar el nivel de reservas a un nivel de riesgo para la estabilidad cambiaria.
Frente a esta posibilidad el BCRA tendría dos caminos opuestos, cada uno con un riesgo diferente. El primer camino sería generar una apreciación en el tipo de cambio nominal de modo tal de desincentivar la demanda de dólares. Esta opción requeriría por parte del BCRA resignar inicialmente reservas para apreciar el tipo de cambio esperando que ello mantenga controlada a la demanda de dólares y así reducir la pérdida neta de reservas. El segundo camino que podría tomar el BCRA sería dejar depreciar el tipo de cambio nominal de modo tal que el mismo alcance un nivel que reduzca los esfuerzos de la autoridad monetaria por mantenerlo en dicho valor. Esta alternativa sin embargo podría aumentar el incentivo del mercado por presionar sobre el tipo de cambio de modo tal de aumentar la depreciación del peso haciendo necesario un mayor esfuerzo por parte del BCRA por sostener el nuevo nivel cambiario.
En resumidas cuentas, la debilidad de los pilares fiscal y externo en la economía argentina producirá un sensible aumento de la fragilidad de la misma. La economía argentina en general y el BCRA en particular, enfrentarán un contexto de mayor volatilidad que implicará riesgos no menores sobre la estabilidad.
El gobierno no tiene muchos recursos para sostener la estabilidad económica salvo el comenzar a torcer la dirección de la política económica hacia el fortalecimiento de las variables macroeconómicas enviando señales claras y contundentes al mercado de querer avanzar hacia una economía más seria y previsible. Ello contribuiría a generar confianza, un bien más que necesario por estos momentos.


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