Buenos Aires Affair

Tia Helena, Coco y Estela - enero de 1937

22 de enero de 1937. Cumpleaños de Estela. La tía Helena (Alicita en La Traición) y Manuel Puig, el más chiquito de todos, a la derecha de la foto, a los 3 años.

BUENOS AIRES AFFAIR

Compraste acciones ilegales de mis labios,
y las vendiste en alza en cada mercado,
buscaste ofertas por mis besos al regreso
sin importarte el sentimiento entre mis huesos.

Te dibujaste como cuadro de Picasso,
y te entregaste como boceto de un trazo,
y hoy ya no creo en espejitos de colores,
ni en disidentes sindicales de tus reales intenciones.
Me llevaste por el cielo en una bolsa de Chanel
y me regresaste al mundo en un avión de papel,
coronaste tus miserias cortesanas de tus ferias
de domingo por la tarde, Buenos Aires Affair.

Simulaste ser un ciego que podía ver,
eras todas las mentiras en una sola mujer,
un libreto shakesperiano, el cincel del artesano
que agrietaba en cada golpe, Buenos Aires Affair.

Planificaste en cada noche robarte mi corazón,
pero olvidaste los guantes bajo el colchón,
y dejaste tantas huellas que ahora pagas por ellas,
las deidades de tu cuerpo ya no tienen religión.

Me llevaste por el cielo en una bolsa de Chanel
y me regresaste al mundo en un avión de papel,
coronaste tus miserias cortesanas de tus ferias
de domingo por la tarde, Buenos Aires Affair.

Simulaste ser un ciego que podía ver,
eras todas las mentiras en una sola mujer,
el labial de un vaso usado, en un bar condenado,
plazo fijo de olvidos, Buenos Aires Affair.

21 de abril de 2010

Nicolás Tassotti Fabregues

Canción compuesta en homenaje a Manuel Puig. Coco. El amigo de la Lela y de la tía Helena.

Noche de Luna con invitado de lujo

primavera 2010 - 2

Esta noche vuelve mi Noche de Luna. Después de una ausencia que sentí como muy larga, esta noche vuelve la magia a la radio.

Y vuelve con un gran invitado. Un amigo al que quiero muchísimo. Un artista maravilloso. Un hombre de luz. Esta noche tendré una conversación muy íntima con Hernán Piquin, el hombre que puede volar.

Los espero. Como siempre. Por el dial, por la web. A partir de las 10 de la noche. Sé que van a estar ahí.

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Dónde estás?

Papi te amo web

Los días se suceden uno tras otro y acumulan horas, en una cuenta infernal de tiempos que se espantan. Vamos y venimos apurados, tratando de sostener lo poco a lo que podemos aferrarnos sin que se nos vaya de las manos.

Por eso elijo quedarme inmóvil a veces. Para ver como el tiempo me recorre sin gastarme. En ocasiones, hasta logro burlarlo, ganándole un minuto.

El tiempo que todo lo puede, todo lo gana y todo lo pierde, hoy me acercó un recuerdo. Quizá en alguna vida anterior fui uno de sus gatos, o el grillo que cantaba celoso bajo su ventana de ese patio lleno de gomeros, malvones y pisos de tierra sin césped.

Quizá hasta haya jugado cerca de esa bicicleta que lo hacía sentirse gigante. Amo la fotografía por estas cosas. En cada retrato queda plasmado un instante de vida para siempre. Puedo sentir la brisa de aquel Villegas pueblerino, el viento que hacía dar vuelta los cantos rodados, el ruido perseguido de alguno de los pocos automóviles que roncaban por el centro y el taco de los caballos que sostenían el sulky que llegaba del campo al Barato Argentino.

Anoche te soñé y al despertar necesité recordarte. Volver a ver tu rostro siempre alegre, siempre con esa sonrisa de eterno niño entre travieso y distraído.

El universo ha provocado tantos cambios… Y ahora hay varios rostros que se reflejan en vos. Como si fueras un paisaje permanente en nosotros.

La pucha. Debo estar envejeciendo. O será que estas últimas semanas he revivido tantos dolores que no pude calmarte, que tengo ganas de llorar. Y de abrazarte.
Quiero darle un beso enorme a ese nene de 5 años que quedó para siempre atrapado en ese cartón emulsionado para mí.
Quiero abrazarte papá… dónde estás?…


Amigos en el tiempo

Mis espejos

Qué decir. Qué palabras elegir sin caer en la simpleza, en la cotidianeidad. Me basta hacer una recorrida con los ojos por mis alrededores, dentro y fuera de ellos, para descubrir que no hay nada más rápido que la mirada. En una sola pasada de párpados cerrados, la vida corre en ocho milímetros por dentro de mi cáscara. No hay nada más rápido que la mirada. Esos instantes no alcanzan para agregar sonidos o colores o sabores. Nada. No hay nada más rápido que la mirada que nunca ve el brillo, sino la luz.

Los veo pasar, a veces de prisa, otras veces en cámara lenta, deteniéndose en algún bache doloroso o en una laguna de risa. No son tantos. Pero cuántos son!

Sin ayuda de mi imaginación son capaces de dibujar personajes, de inventar situaciones y de escribir poemas. Ese montoncito de cosas sin nombre se reflejan en mí y atraviesan mi laberinto.

Y es que por más que la noche deslice palabras y el día pinte la brisa, la vida simplemente sucede. Y ellos, suceden con la vida.

Algunos aparecieron en el comienzo, junto a todas las preguntas que se apilaban frente a la puerta inmensa de las respuestas.

Otros fueron llegando de a poco, instalándose entre los amores ganados y los perdidos. Como los molinos que siempre seguirán girando.

Otros se acomodaron como pudieron entre los escombros de mi propia muralla, la apuntalaron, la sostuvieron y la abrazaron.

Todos ellos son regalos del tiempo, ese espejo que convierte en cicatrices las heridas más profundas y las vuelve viento, y sol, y agua.

Uno, dos, tres… no puedo contarlos. Están ahí. Ellos lo saben, y yo lo sé. Estamos ahí.

Amigos en el tiempo. Todos ellos. Los que saben que no hay nada más rápido que la mirada. Aún cuando no se ve nada.

Estos sí somos el pueblo de General Villegas

Celebración del Bicentenario

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Los villeguenses, estemos radicados en el partido o simplemente llevemos en el corazón la Patria chica, establecidos en cualquier parte del mundo, nos hemos sentido maltratados e insultados por una gran parte de la opinión pública del país, que tomó información parcial y se generó la temida “verdad de la pantalla”, que suele ser tan oportuna en algunas ocasiones, como destructiva en otras.

General Villegas es, como cualquier ciudad de la Argentina, parte de este país; y no estamos exentos de sufrir las mismas miserias que el resto. Pero no podemos admitir ser catalogados de degenerados, ignorantes o bestiales, como si un puñado de personas fuera la manera de ser de todos. Esto fue lo que sucedió con el famoso video donde se veía a tres hombres con una menor de edad.

Se afirmó en todos los medios nacionales que “el pueblo respaldó a los abusadores”, y nada más inexacto. Por qué no informaron “un puñado de personas, familiares y amigos de los abusadores organizaron una marcha para defenderlos”? O acaso no vemos todos los días cómo delincuentes, ladrones y asesinos son defendidos por sus familias? O esto no sucede? Y está mal? No somos nosotros quienes debemos lanzar ese juicio de verdad y de castigo. No nos corresponde. Lo que sí nos corresponde es exigir que lo que se informa sea verdad. Una vez más funcionó maravillosamente la técnica del rumor, y a medida que se iban sumando orejas, cada uno agregaba un detalle más sabroso para que la historia se convirtiera en una novela entretenida y costumbrista.

Ni tan buenos ni tan malos. Un pueblo. Con la misma cantidad de habitantes que un barrio de cualquier gran ciudad. Algo más de veinte mil habitantes que se distribuyen en todo el partido y en más de diez localidades.

El 25 de mayo, como pasó en casi todo el país, en General Villegas la gente también salió a la calle a celebrar. Sin convocatoria previa, sin banderías políticas ni llamamientos de justicia o de honor. Los villeguenses salieron, simplemente. Y fuimos casi 18 mil personas reunidas a lo largo de una avenida, observando cómo desfilaban 70 delegaciones de vecinos, adonde no faltó la presencia de Luciano, el hermano de la menor involucrada en el deplorable video que nos abofeteó la cara. Y hubo aplausos, como para el resto de los integrantes de la agrupación Scout a la cual pertenece.

Esta es la verdad. Estos sí somos “todo el pueblo de Villegas”.

Hasta el infinito

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Tontas esperas

sin otoños dorados.

Un invierno de luz

un reflejo encantado.

Ruido a locura

en mi laberinto espejado.

Una palabra.

Un vuelco.

Recuerdos sin memoria.

Memoria sin tiempo.


Posdata

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El sol cayó una hora atrás por el horizonte en calma. Todavía hace calor aunque hoy sea el último día de marzo.  – ¿Estás ahí?…  Espío por entre las líneas de luz que se escapan por la persiana. La calle está casi vacía. Un chico levanta polvo con las ruedas de la bicicleta. Un perro somnoliento huele una bolsa dejada al descuido al borde de la acera. Hay música en el aire. ¿O es mi corazón? ¿Mi alma suena a Vivaldi?

No escuché la puerta abrirse detrás de mí. Pero te sentí. Como se sienten los hijos cuando están llegando a casa. Como se siente el amor, el dolor, la tristeza, la alegría.  Tan invisible como las palabras.

Ayer volví a ver una vieja película en la que Audrey Hepburn deslizaba otra vez, para mí,  Moon River mientras desenredó una vieja madeja enmarañada de preguntas. Y entonces entendí. Pude ver la respuesta en la visión de Truman Capote deslizándose en los labios de esa mujer. Los días rojos. Como el de hoy, como el de ayer.  Horas de inquietud que no encuentran una razón válida para ser así. Días rojos que nos invitan a llorar sin motivo.

Podés acercarte. Necesitaba que vinieras. Me hacías falta. Sentate a mi lado y dejame apoyarme sobre vos. Dejame inventarle  un tono a la voz, un olor cercano a tu rostro, una textura a esa piel que jamás podré tocar. A veces creo que no existís, que sos el resultado de la necesidad de no sabernos solos. Me hiciste tanta falta…

Tengo tantos motivos para estar enojada… Trato de entender el pacto de la fe, y creo que no lo logro. Por más razones filosóficas que me prueben tu existencia, llego a un punto vacío en el que no puedo comprender. Por qué tanto dolor. Por qué tanta ausencia. Por qué.

Somos el resultado de tu imagen y semejanza, pero hemos fallado. ¿O fallaste vos? Yo sé que nunca nos das una cruz más pesada que la que podemos cargar, lo sé… Veo pasar constantemente ante mí cuerpos agobiados, quebrados en dos, que siguen caminando con esa carga. Pero el dolor no es una medida de comparación.  Y siempre permanece latente, aunque los pesos se alivianen de tanto en tanto.

La noche ha caído definitivamente y Vivaldi se transformó en Beethoven. Notas potentes se mezclan entre mis sensaciones para colmarme de inquietudes. El sonido del sigilo permanente. Del más absoluto silencio. Intuyo soledades entre nosotros, en este espacio vacío donde no queda nada más que el aire del otoño que vaga entre mis miedos.

¿Adónde se va la muerte, adónde lleva las vidas que necesitamos? ¿Cuál es el secreto para poder creer en un reencuentro, para decir las cosas que no dije, para dar los abrazos que no dí, para pedir perdón, para no quedarme con este amor que se vuelve viento?

Dejame abrazarte, convenceme de que es cierto. Que los días rojos son nada más que esto. Una búsqueda de respuestas entre tantas preguntas aturdidas, desperdigadas en mi camino. Decime que también sufrís de soledad y que a veces te ahoga la duda. Dejame abrazarte, dejame llorar mil lágrimas y enojarme por lo que ya no tengo.

Nos quedamos mudos. Los dos. Mi miedo a amar pelea constantemente con la necesidad de hacerlo. Pero sé que entendés mis mutimos prolongados en el tiempo. Mis ganas de gritarlo, de enfrentarlo. Mi necesidad de decirlo y otra vez, callar en el intento.

Dejame permanecer en vos esta noche y si ves que me gana el sueño, no me despiertes. Acabo de lanzar una piedrita azul para llegar al cielo.

Esta es la posdata de una carta que nunca escribí, que hace años perdí, y que no encuentro.

Sergio Renán, un ciudadano ilustre

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El creador argentino participó de un encuentro con el director español Imanol Uribe en el marco de Letra Buenos Aires

Merecido reconocimiento a Sergio Renán

La Legislatura de la ciudad de Buenos Aires nombró al talentosísimo actor, director cinematográfico y teatral, músico y régisseur, Ciudadano Ilustre. El acto de Declaración se realizará el lunes 22 de marzo a las 19 horas, en el Salón Dorado del Palacio Legislativo.

Un reconocimiento para una de las figuras emblemáticas de la cultura de nuestro país, creador de películas como La Tregua y uno de los mejores directores que haya tenido el Teatro Colón.

Sergio Renán resulta, tal como lo afirmaba un periodista hace algunos años, un personaje atractivo, atrapante. Es un hombre que seduce a todo el mundo. Cuando él habla, los mayores que conocemos su trabajo lo escuchamos con admiración, y los jóvenes -como mi hijo Nicolás, de 23 años, que lo conoce a través de mi- sienten la inquietud de saber quién es este cultor del arte.

El Encuentro Internacional de Creadores Letra, organizado por la Fundación Temas de Arte,  ha tenido el honor de convocar, tanto en la edición madrileña de julio del 2009, como en su reedición del mes de noviembre en Buenos Aires, a artistas sobresalientes, tanto españoles como argentinos.

En pocos meses, varios de los hacedores convocados a Letra, han sido premiados y distinguidos. Comenzó Juan José Campanella con su nominación a los Premios Oscar y la posterior obtención de la estatuilla. Siguió la escritora española Soledad Puértolas, quien hace un mes atrás fuera nombrada miembro de la RAE (Real Academia Española de las Letras. Casi al mismo tiempo, cerrando la temporada teatral de Mar del Plata, varios premios Estrella de Mar le fueron entregados al director de teatro Javier Daulte por Baraka y a la actriz Beatriz Spelzini por su papel en Rose.

Letra trae suerte?… ya casi me animo a afirmarlo.  Pero sigo pensando que no es una cuestión de suerte o de buena estrella. Creo, en cambio, en una particular visión de hombres y mujeres que palpan en tactos inconfundibles el mundo del arte y que por esa misma perspectiva del talento, son capaces de reunir en un solo espacio a artistas como estos. Nuevamente felicitaciones a Víctor del Campo, presidente de la Fundación Temas de Arte y a Beltrán Gambier, director artístico de Letra, por contar con esa especial sensibilidad para detectar el verdadero talento.

Yo sigo con la cuenta abierta, para seguir sumando artistas galardonados. Who’s the next?

Dibujo

La puerta

door

Abrió la vieja puerta. La abrió como si con ella se agrietara el muro impenetrable de su memoria. Como si la herrumbre y el polvo enmohecido hubieran impedido durante todos estos años la presencia de los recuerdos.

Un chillido agudo acompañó el movimiento de la madera que se quejaba. Varias capas de pintura, unas sobre otras, delataban el insolente arrebato del tiempo. Apenas una línea de luz se filtró hacia el interior y la imagen del olvido se había plantado frente a sus ojos.

¿Cómo pudo haber olvidado todo, cómo el entretejido complejo de sus antiguas ausencias le pudo negar el comienzo de su historia?

Todo estaba allí, aunque no quedaba casi nada. Por las paredes trepaban manchas de humedades que jamás se tomaban descanso. Avanzaban hora tras hora por las fisuras que desnudaban los ladrillos escondidos.  Se detuvo enfrente y permaneció en silencio, esperaba que los muros le hablaran, que le dieran la bienvenida, que lo reconocieran. Pero apenas su sombra le respondió del otro lado. Parpadeó una y otra vez, tratando de sorprender al tiempo adormecido, intentando en vano despertar en murmullos a las palabras perdidas.

El lugar no era tan grande como lo veía en sus sueños. En unos cuarenta pasos más adelante estaría en la próxima habitación. Caminó despacio, pegando las suelas de los zapatos al piso, que intentó retenerlo más de una vez. Eran pasos cortos, aletargados por la inquietud de lo que podría aparecer unos metros más adelante.

El murmullo crecía más y más, y lo iba envolviendo todo. Los fantasmas corrían, encantados por el sonido que aumentaba con cada pisada. Una vieja cortina amarillenta comenzó la danza del viento arrastrada por el vacío de la ventana. Le siguieron dos arañas en equilibrio perfecto sobre su tela de hilos de salivas y rocíos de mañanas. Y después un viejo perfume, un aroma a café con canela y mermelada de naranjas.

No era así. Otra vez la memoria le jugaba una mala pasada. Le sobraba espacio de arriba, hacia los lados y abajo. Decidió probar el tamaño, recostarse sobre ella y adivinarse de pijamas con ositos amarillos y pecas en la cara. La imagen de sus zapatos negros escapando del borde de la cama le produjo escalofríos y una profunda sensación de añoranza.

Adivinó el espacio de los retratos en sepia que faltaban, la mesa tendida y las risas que inundaban la casa. Retazos del verde de un sillón pugnaban por un sitio bajo el polvo espeso del rincón bajo la terraza.

Sin pensarlo, se sorprendió escuchando su propia voz susurrando … fly me to the moon, let me play among the stars… y pensó en la emoción de Howard mientras escribía cada estrofa. In other world… please be true, in other words, I love you… ¿Cómo había podido Howard volar hacia esa luna que él mismo había inventado tantas veces? ¿Cómo alguien había logrado dibujar sus deseos sin equivocar siquiera el color? ¿Cómo pudo alguien escribir sus  emociones adelantándose a su propia vida? Mientras una olvidada Felicia Sanders la cantaba por primera vez en un cabaret perdido, él llegaba al mundo. Nunca supo por qué esa canción  y él nacieron ambos en 1954 con el mismo designio, permanecer, mutando constantemente, casi hasta olvidar el momento en que nacieron.

Se dejó caer pesadamente al suelo y lloró. Lloró por todo ese tiempo en que no se lo permitió. Lloró por tantos años de no querer volver. Se mantuvo así durante horas. Hasta que la intensidad de la luz que se colaba entre la espesura de los árboles del parque se apagó por completo.

Y entonces se produjo la aparición. Las paredes habían puesto en movimiento sus manchas, que ahora viajaban perseguidas por la música que silbaba el aire. Su vida le cayó en las manos en un instante y entonces lo supo. Tenía miedo. Le temblaban las manos y los párpados bajaban mojados sobre el rostro entristecido. Y recordó por qué había olvidado amar.

Apreciar el talento

SOLEDAD PUÉRTOLAS Y JUAN JOSÉ CAMPANELLA, DOS CREADORES PRESENTES EN LETRA

La cultura argentina y española celebra hoy dos maravillosas noticias: el nombramiento de la escritora Soledad Puértolas como nuevo miembro de la RAE (Real Academia Española de la Lengua) y la elección del film del argentino Juan José Campanella, para competir por el Oscar. Ambos fueron convocados el año pasado por Letra, Encuentro Internacional de Creadores.

Primero fue Letra Madrid, ciudad invitada Buenos Aires, en julio del año pasado. La idea de la Fundación Temas de Arte plasmada a través de la sensibilidad de su presidente Víctor del Campo y la pasión de su director artístico Beltrán Gambier, resultó lo que se avizoraba desde el primer día, un éxito.

El Ayuntamiento de Madrid y el Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aires acompañaron este encuentro inigualable de creadores de la cultura aquende y allende el Atlántico. Entre los múltiples artistas que pasaron por el festival, el cine argentino se hizo presente con el director Juan José Campanella.

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Después fue Letra Buenos Aires, ciudad invitada Madrid, en noviembre del 2009. La misma idea, los mismos objetivos y la posibilidad de que fuera la cosmopolita ciudad porteña quien acogiera a los creadores argentinos y españoles.

En el encuentro de literatura realizado en el Centro Cultural Recoleta, la viceministra de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, Josefina Delgado, dio la bienvenida a la escritora zaragozana Soledad Puértolas. Un cruce maravilloso de letras y guiños de complicidades en plumas.

Letra propuso convertirse en el ámbito natural donde poder conversar sobre los temas en común y que tienen que ver especialmente, con el puente cultural Madrid-Buenos Aires, capitales ambas, de creación y vanguardia.

Coincidentemente, el mundo de la cultura a un lado y al otro del charco, ha recibido con felicidad dos maravillosas noticias: el nombramiento de la escritora zaragozana Soledad Puértolas como nuevo miembro de la RAE (Real Academia Española de la Lengua) y la elección del film de Juan José Campanella – El secreto de sus ojos- para competir en el rubro Mejor Película en Lengua Extranjera, por el premio Oscar.

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Letra trae suerte?… podría decir que sí, casi podría afirmarlo particularmente.  Por lo que significó para mi mundo interior y exterior. Pero no estoy convencida de eso, no siento que sea una cuestión de suerte o de buena estrella. Creo, en cambio, que es esa particular visión de hombres y mujeres que palpan en tactos inconfundibles el mundo del arte y que por esa misma perspectiva del talento, son capaces de reunir en un solo espacio a artistas como estos.

Los diálogos intensos y comprometidos de Campanella en el Barrio de las Letras de Madrid y la mundana y suave fortaleza de la Puértolas, ya forman parte del patrimonio de Letra.

No tuve la fortuna de conocer a Campanella personalmente, porque llegué a la Fundación Temas de Arte, después de Letra Madrid; pero junto a Nahuel, caminamos con Soledad por San Telmo, escuchamos juntas el apasionado relato de una bailarina cubana exiliada casi de casualidad en Buenos Aires, conversamos sobre vinos, verduras e hijos. Almorzamos riéndonos bajo el sol de noviembre y compramos cosas. Algunas útiles, otras no tanto. En la complicidad de una librería de Palermo, me dedicó su último libro. Cielo nocturno. “Vas a encontrarte ahí”, me dijo. Y tenía razón. Ambas tuvimos una de esas tías… Y un cielo estrellado.

Felicitaciones. A los dos artistas. Y también a Víctor del Campo y a Beltrán Gambier, por contar con esa especial sensibilidad para detectar el verdadero talento.

Que no tarde el llegar el próximo Letra. Estoy ansiosa por seguir aprendiendo.

Celina Fábregues

072 Casa de la Cultura

Beltrán Gambier, Celina Fabregues y Victor del Campo


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