UNA Y OTRAS
Este, fue un año de sequías. La sequía, un monstruo que devora poco a poco el hábitat, las pertenencias, las ilusiones y hasta la cordura de la gente. Lenta y paulatinamente mata cada cosa de cada rincón que ataca
Pero no es necesario ser muy observador para notar que muchas sequías habitan hoy en la Tierra. Y todas ellas, acongojan mi alma.
He visto a muchos padres corriendo tras el oro virtual, dejando a sus niños por horas frente a una extensión de sus sentidos. Todo el día atados al teclado, creando y alimentando una adicción para toda la vida, sintiéndose poderosos por acceder a matar, robar y dominar a sus pares con un sólo clic.
He visto a los que enriquecen con la debilidades ajenas, y a los “menos afortunados” escondiéndose para “quemar” o beber en una esquina. También a los que ya no tienen nada que perder, y arriesgan hasta el último suspiro por conseguir un gramo de basura.
He visto a muchos burlándose de las desgracias ajenas y a otros abusar de las necesidades de sus semejantes.
He visto mujeres, que sin amor se atan a un hombre, que les permiten andar sobre ruedas y adquirir cuánto deseen, mientras regodean sus sentidos con las falsas promesas de otros que aspiran a poseer lo ajeno. Y en esos triángulos de mentiras
he visto la violencia y el abuso de poder codearse con la hipocresía y la posición social.
Pero también he visto el manejo de las conciencias mediante el miedo al Supremo, creando y manipulando leyes a su antojo.
He visto el cadáver del espíritu de la gente.
Y este año, en esta región, hemos padecido una gran sequía, sin duda no menos peligrosa que la que invade gran parte del alma de la humanidad.


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