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Agencia Celestina …parte 3

Esa misma noche del encuentro en la playa, Susi y yo nos dispusimos a salir, ella como siempre con su infaltable visita al templo de su omnipotente dios, y yo con la pasada por el mío. Por supuesto que ninguna de las dos somos religiosas, y nuestra fe está depositada en dioses muy paganos o muy humanos, el dinero y los libros. Así que nos aprontábamos para marchar hacia el centro del balneario, donde se encontraban nuestros objetos de devoción, cuando de pronto recibo un mensaje de texto de parte de Andy. Yo en mi baño, a medio vestir y maquillar pero con el celular pegado al cuerpo, como siempre, no sé de qué forma me atrevo a decirle la frase matadora:

- nosotras vamos para Atlántida, lástima, que no nos podrás acompañar”.

Su respuesta fue inmediata:

- yo también voy, nos encontramos allá

- Jamás hubiera escrito eso si fuera algún candidato propio, pensé, asustándome de lo que podía hacer por mi amiga- y corrí a la casa de Susi a contarle las buenas nuevas, que muro por medio ya estaba casi lista. Bueno, decir casi lista es mentir un poco, pues estaba descalza, sin maquillar, en traje de baño y el pelo envuelto en una toalla, saliendo del toilette, recién bañadita..

- Me pongo esta bermuda , me dice muy decidida, ahora me calzo las zapatillas negras, me amaso el pelo, busco una remerita y ya estoy lista.

- Mirá que perdemos el bus y después tenemos que llamar un taxi y nos sale un ojo de la cara. Le dije preocupada.

- Entonces me apuro-dice.

- Y si no te apurás te vas a perder al bombón

- ¿Qué bombón? Dice dejándome la completa redondez de su mirada clavada en mi frente.

- El único, el tuyo, ¿ acaso yo tengo algún bombón para presentarte? Le dije irónicamente. Y El mío es un caramelito y ya tiene bastantes pretendientas para disputárselo, y terminé mi frase y me senté.

- …y…cómo sabés que lo pierdo? ¿te llamó?

- No, me mandó un mensaje y nos espera allá…

- ¿Cóooomoooo? Dice sorprendida largando una de sus estruendosas carcajadas- y ahí mismo me hace enviarle una serie de mensajes para ultimar los detalles del encuentro, lugar, hora exacta, etc, etc…

- Entonces me pongo la remera verde y este pañuelo en el pelo..y…la carterita bien hipiie…y…

- Y perdemos el bus. Le digo con impaciencia.

- ¿Y qué importa?, vamos con la remisera y listo…

- ¡Pero nos sale caro!

- No importa yo pago. dice decidida

- Entonces yo te maquillo,

- Noooooooo, ¡sabés que no me gusta! Dice entre asustada y enloquecida.

- No importa hoy salís maquillada.

Allá me dispuse junto con nuestras hijas, a dejarla como una modelo para una sesión de fotos. Y los ojos rebosaban de maquillaje.

Esa noche Susi, estaba decidida a todo, ya no le importaba ni su economía ni nada, sólo le importaba encontrarse con ese hombre…., con ese nuevo amor, y para no ir sola y tenerme contenta me dejaba jugar a la maquilladora…

Aún teníamos tiempo de tomarnos el bus, así que allá emprendimos viaje hacia el balneario vecino, y en la parada del colectivo, nos encontramos con algún amigo que apenas saludamos y nos observaba sin disimulo, porque el único tema de conversación era la conquista de Susi de ese día, el tan mentado Andy.

Llegamos y al bajar del ónmibus, ella desesperada quería saber dónde nos encontraríamos, pero igualmente la pasada obligada por su templo y por el mío era imposible de obviar, así que marchamos primero rumbo al Casino.

No habíamos llegado aún a la puerta de la sala de juegos, cuando recibí un mensaje diciendo: tengo una mesa para tres reservada en la esquina, es la tercera junto a la calle. Y me salió un grito interno, es casi enfrente a la librería, pero callé para no arruinar la noche romántica de mi amiga..

En aquel mensaje de texto que acababa de recibir estaban todos los detalles para llegar al trofeo tan ansiado por Susi , y mi trabajo de celestina aún continuaba, y más, según era de notar tenía para rato.

Agencia Celestina …parte 2

La tardecita se acercaba lenta, los últimos hilos de sol de despedazaban sobre el río ancho como mar y nosotras caminábamos hacia donde ese hombre estuviera, no importaba donde, ni siquiera si nos llegaba a hablar o no, total, tantos años de ilusiones, una más… y allá íbamos, Susi y yo andando lentamente por la orilla, mirando y contando los cerros, ilusionándonos con amores anacrónicos y pateando olas.

De pronto vemos venir de frente al tal mentado hombre que esa tarde se había convertido en el personaje principal de la obra. Todo el escenario era acorde, romántico, cálido, brillante y se respiraba buena energía. Ella se adelantó algunos pasos y yo me agaché a recoger piedritas y caracoles, entonces él se encaminó a su encuentro.

Jamás había apreciado con tanto detenimiento los detalles de los cantos rodados de la orilla, ni había descubierto los brillos de los reflejos del sol sobre las pequeñas joyas que deja el río sobre la playa. Más o menos veinte minutos agachada, llenando mi gorro de piedritas, cucharitas y caracoles, todo para que Susi charlara con su enamorado, al que ella le denominó “ bombón”.

Al parecer, aquel encuentro fue todo un éxito, hubo promesa de intercambio de números telefónicos, un “nos veremos pronto” y mucho calor y felicidad. Los dos parecían ser complemento perfecto. Susi había descubierto a Andy, Susi estaba a las puertas de un amor real.

Caminamos otros minutos por la playa, alejándonos de aquel humano hecho el objeto de deseo de mi amiga, mientras ella hablaba y hablaba de Andy, seguimos pateando algunas olas, despedazándolas y bañándonos con las gotas de sudor del mar. Y todo esto, como disimulando el deseo de volver a verlo que a ella le poseía.

Por último regresamos otra vez por la orilla, pero esta vez a paso de marcha militar acelerada. Cuando llegamos de nuevo a nuestro sitio en la playa, Andy nos esperaba celular en mano. Yo ya había retomado mi lugar en la reposera y mi novela en la mano derecha se aprestaba a ser leída, me acomodé los lentes de sol sobre la frente, a modo de bincha y- ¡a leer se ha dicho!- pensé. Pero de pronto se acerca aquel galán para pedirnos nuestros números, el de ella para llamarla , y el mio para enviarme mensajes, y la excusa era que ella tenía celular de una compañía que sólo le dejaba realizar llamadas, con el suyo. Era raro, pero cierto, y le creí.

Él me hablaba de la novela que yo estaba leyendo, parecía conocerla, pero en primer momento, me sonó a verso. Hablamos de literatura, le pareció raro que fuera escritora, y más raro aún que Susi fuera artista plástica. Charlamos un rato y se marchó con sus hijos, con la promesa de llamar por la noche. Nosotras, sólo nos miramos y por un momento reinó el silencio en la inmensidad de la populosa orilla.

Había un velo de misterio en todo esto, parecía muy lindo para ser cierto, pero era cierto, y nosotras no lo podíamos creer. Veía a mi amiga feliz como hacía mucho tiempo que no la veía, y yo estaba encontrando otro futuro lector de mis libros o de mis recomendados.

Es así, que esa tarde, sin miedo ninguno le di mi número a un perfecto desconocido, que ni siquiera me interesaba más allá de recomendarle un libro. Y todo, por ser: la celestina de mi amiga Susi.


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