Septiembre 18, 2009 | Por Seda | Claves: alzhaimer, amor, esposa | # Enlace permanente |
Ernesto, mi vecino, ha vivido en una hermosa casa frente al mar por más de cincuenta años y con Ester, su mujer, toda una vida. Esta es una de las primeras casas de la zona, ellos mismos la construyeron y allí nacieron sus hijos y criaron a dos de sus nietos. En estas habitaciones proyectaron lo que fuera toda su vida, y en los malos tiempos aguantaron juntos las embestidas del destino. Esta magnifica vivienda con una amplia vista al mar fue un hogar maravilloso para ellos durante todos estos años.
Hoy cuando llegué a mi casa de veraneo encontré una carta que me dejó Ernesto por debajo de mi puerta, que decía:
Estimados vecinos:
Ustedes saben cuánto he amado a Ester, la amé profundamente, tanto que a veces no sé si ella es otra persona o una parte de mí mismo. Pero hoy he tomado una decisión y espero me comprendan, ya que mis hijos no están del todo de acuerdo conmigo. Uds. ya saben que hace más de tres años Ester ha desarrollado progresivamente la enfermedad de Alzhaimer y todos hemos tenido que acostumbrarnos a convivir con ello. Pero ahora la situación se ha convertido en insostenible. Ella se pierde, olvida quien es, y hasta tenemos que llevarla al sanitario. A veces no puede comer por sí sola, ni sabe cómo quitarse la ropa, mucho menos vestirse. Ester ya no es Ester y aunque es muy doloroso debo aceptarlo.
Ustedes también saben cuánto me gustan los deportes y que concurro regularmente a caminar por la playa, así como a los partidos de bochas y en el verano me doy unos buenos baños en el mar. Pero ya no puedo disfrutar de mis actividades, porque temo que cuando vuelva a casa, ella se haya accidentado.
Por eso, vamos a mudarnos a una casa de Salud, donde seguramente ella estará mejor atendida y yo seguiré junto a ella como siempre. Total, aunque esté tan anciana como yo y mucho más enferma que yo, igual, igual la sigo amando.
Ernesto
Hermosa historia. Ojalá haya sido cierta, pero sino qué importa. De novela!
Aldo