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La leyenda del perro

Espero que les aya gustado mi gran y buena leyenda:

La leyenda del Perro

Cierto día, en Egipto, dominaba el Faraón, el era el gran y poderoso rey de Egipto.

El Faraón ordenó a los guardias u esclavos que trajeran al gato, como guardián lejano del Hombre. Según cuenta la Leyenda que el gato fue traición para todos los Hombres, el gato decidió apoderarse no solo de Egipto, sino también del mundo.

El Faraón ordenó a los guardias u esclavos que trajeran una raza de animal que espante al gato, esa raza ahuyentó al gato para siempre, desde entonces los gatos viven asustados de esa raza que por nombre del Faraón los llamó Perro que, por eso el perro lo nombraron: “El mejor amigo o compañero del hombre”.

Fin

Mi vecina de Enfrente

Espero que les guste mi cuento totalmente inventado por mí:

MI VECINA DE ENFRENTE

Era un día soleado y de mucho calor, eran las vacaciones de verano y faltaban 3 días para navidad, hace muchos meses ya había una casita recién echa de enfrente. A la mañana siguiente vino una chata que pararon en la casita recién echa de enfrente. Bajaban diversos objetos de la chata, y dos vecinos nuevos se mudaron a nuestro humilde barrio. El día de Noche Buena salieron con una mesa de plástico a sentarse en el garaje de su casa y ellos estaban con sus abuelos, tíos y primos lejanos y actuales.

Ahí nos conocimos. Era una chica que se llamaba Laura, y su mamá Soña. Desde ese momento comenzó nuestra querida amistad.

Yo no puedo dejarla de pensar ni un solo minuto. Ella cuando la conocí tenía 9 y yo 10 años. Ambos éramos los mejores amigos que podíamos imaginar. En mi cumpleaños de 11 me había regalado un auto a control remoto y en su cumpleaños le regalé un peluche suave que tenía su nombre cocido en el medio.

La amistad duro unos años y en esos años íbamos al centro, a la escuela y actividades juntos. La mamá nos dio una terrible noticia, se tenían que mudar a otra provincia, a Tierra del Fuego, en Ushuaia, lejos de aquí, porque estábamos en Leones.

Ahora está demasiado lejos ¡en Ushuaia! ¿Ella me extrañará como yo la extraño?

Seguro que si. Pero se que nos escribiremos por carta, porque yo la amo.

Fin

Gatito malo

Espero que les guste este cuento que es inventado por mí:

Gatito malo

Gato desastroso, travieso e INSOPORTABLE, era mi Gato. Era un gato con mucho miedo pero muy listo y ágil como cualquier gato por eso lo llamamos Fifí. Su color de pelo era naranja y blanco, era hermoso.

Resulta que, un día lo tuvimos que dejarlo con la vecina de cuidado por que, Fifí, cuando no estábamos entraba a la cocina y se comía medio kilo de comida para gatos. La vecina dijo que no lo cuidaba más porque hizo caca arriba del techo. Entonces lo dejamos con una mucama, ella dijo que no lo cuidaba nunca más porque meó por toda la alacena. Qué desastre, la gatera dijo que podía cuidarlo y enseñarle a portarse bien. Pero no fue así, Fifí meo las paredes y los sofás. No se soportaba más, se tuvo que llevarlo con un cuidado especial, el mayordomo Ambrosio, si, que si, pero después no, pues se comió 3 ensaladas rusas, 1 pollo asado y 5 paquetes de masitas.

- ¡Basta! ¡Este gato se va de la casa, para siempre por su mal comportamiento!

- No mamá lo quiero a Fifí y mucho.

- Entonces lo dejaremos con un gatero súper especial.

Fifí esperaba que, el gatero abra las ventanas de las piezas de los chicos, resulta que Fifí se quedó esperando toda la mañana en la ventana al gatero entonces no hizo ningún daño en la casa así paso todos los días y el gato se acostumbró a no entrar nunca más a la casa.

Fin

El cachorro Bobee

Se que es un cuento inventado por mi pero es divertido para mí:

El cachorro Bobee

Me llamo Ramón, una vez me regalaron un perrito al que llamé Bobee. Era juguetón y amistoso pero no como cualquier cachorro, era tan listo que le enseñé trucos especiales y era una marca de perros de caza, amaba a ese perro como oro macizo.

Un día, Bobee no estaba en el patio, ni en su cuchita, ni si quiera en las flores (que era su lugar favorito) Yo triste extrañaba a Bobee, lo amaba, tenía 1 añito con 1 mes de nacido, pobre Bobee, solo en la calle o muerto, tal vez.

- Hijo, mañana te compramos otro cachorro.

- Nada podrá remplazar a Bobee.

- Anímate.

Entonces, papá, mamá y yo buscamos y pegamos papeles por todos lados e incluso los pegamos en las puertas de las casas. Mamá y yo sentados en el sofá al lado del teléfono esperamos las llamadas, ni una sola llamada en todo el día y Francisco, mi mejor amigo, nos acompañaba.

- No hay caso, Bobee nunca volverá

- Guau, guau

- Se siente el ruido de tal cachorrito llamado Bobee ¡¡¡espera, ese es Bobee!!!

Apareció mi cachorro antes de decir Bobee, Bobee, una anciana venia con el, ella dijo que lo encontró jugando con un hueso en la calle.

- ¿Cómo se llama?

- Bobee, se llama Bobee

Así contentos Bobee nunca se volvió a salir solo en la calle sin su dueño, y el creció y se convirtió en un gran perro de Caza.

Fin

Frida

¿Que es Frida? Es un grán cuento de amor de Yolanda Reyes que te dará gran explendor entre sí, aquí ves este cuento, por favor leélo:

Frida

De regreso al estudio. Otra vez, primer día de colegio. Faltan tres meses, veinte días y cinco horas para las próximas vacaciones. El profesor no preparó clase. Parece que el nuevo curso lo toma de sorpresa. Para salir del paso, ordena con una voz aprendida de memoria:

-Saquen el cuaderno y escriban con esfero azul y buena letra, una composición sobre las vacaciones. Mínimo una página por lado y lado, sin saltar renglón. Ojo con la ortografía, y la puntuación. Tienen cuarenta y cinco minutos. ¿Hay preguntas?

Nadie tiene preguntas. Ni respuestas. Sólo una mano que no obedece órdenes porque viene de vacaciones. Y un cuaderno rayado de cien páginas, que hoy se estrena con el viejo tema de todos los años: “¿Qué hice en mis vacaciones?”

“En mis vacaciones conocí a una sueca. Se llama Frida y vino desde muy lejos a visitar a sus abuelos colombianos. Tiene el pelo más largo, más liso y más blanco que he conocido. Las cejas y las pestañas también son blancas. Los ojos son de color cielo y, cuando se ríe, se le arruga la nariz. Es un poco más alta que yo, y eso que es un año menor. Es lindísima.

Para venir desde Estocolmo, capital de Suecia, hasta Cartagena, ciudad de Colombia, tuvo que atravesar prácticamente la mitad del mundo. Pasó tres días cambiando de aviones y de horarios. Me contó que en un avión le sirvieron el desayuno a la hora del almuerzo y el almuerzo a la hora de la comida y que luego apagaron las luces del avión para hacer dormir a los pasajeros, porque en el cielo del país por donde volaban era de noche.

Así, de tan lejos, es ella y yo no puedo dejar de pensarla un solo minuto. Cierro los ojos para repasar todos los momentos de estas vacaciones, para volver a pasar la película de Frida por mi cabeza.

Cuando me concentro bien, puedo oír su voz y sus palabras enredando el español. Yo le enseñé a decir camarón con chipichipi, chévere, zapote y otras cosas que no puedo repetir. Ella me enseñó a besar. Fuimos al muelle y me preguntó si había besado a alguien, como en las películas. Yo le dije que sí, para no quedar como un inmaduro, pero no tenía ni idea y las piernas me temblaban y me puse del color de este papel.

Ella tomó la iniciativa. Me besó. No fue tan fácil como yo creía. Además fue tan rápido que no tuve tiempo de pensar “qué hago”, como pasa en el cine, con esos besos larguísimos. Pero fue suficiente para no olvidarla nunca. Nunca jamás, así me pasen muchas cosas de ahora en adelante.

Casi no pudimos estar solos Frida y yo. Siempre estaban mis primas por ahí, con sus risitas y sus secretos, molestando a “los novios”. Sólo el último día, para la despedida, nos dejaron en paz. Tuvimos tiempo de comer raspados y de caminar a la orilla del mar, tomados de la mano y sin decir ni una palabra, para que la voz no nos temblara.

Un negrito pasó por la playa vendiendo anillos de carey y compramos uno para cada uno. Alcanzamos a hacer un trato: no quitarnos los anillos hasta el día en que volvamos a encontrarnos. Después aparecieron otra vez las primas y ya no se volvieron a ir. Nos tocó decirnos adiós, como si apenas fuéramos conocidos, para no ir a llorar ahí, delante de todo el mundo.

Ahora está muy lejos. En “esto es el colmo de lo lejos”, ¡en Suecia! y yo ni siquiera puedo imaginarla allá porque no conozco ni su cuarto, ni su casa, ni su horario. Seguro está dormida mientras yo escribo aquí, esta composición.

Para mí la vida se divide en dos: antes y después de Frida. No sé cómo pude vivir estos once años de mi vida sin ella. No sé cómo hacer para vivir de ahora en adelante. No existe nadie mejor para mí. Paso revista, una por una, a todas las niñas de mi clase (¿las habrá besado alguien?).

Anoche me dormí llorando y debí llorar en sueños porque la almohada amaneció mojada. “Esto de enamorarse es muy duro…”.

Levanto la cabeza del cuaderno y me encuentro con los ojos del profesor clavados en los míos.

- A ver, Santiago. Léanos en voz alta lo que escribió tan concentrado.

Y yo empiezo a leer, con una voz automática, la misma composición de todos los años:

“En mis vacaciones no hice nada especial. No salí a ninguna parte, me quedé en la casa, ordené el cuarto, jugué fútbol, leí muchos libros, monté en bicicleta, etcétera, etcétera”.

El profesor me mira con una mirada lejana, incrédula, distraída. ¿Será que él también se enamoró en estas vacaciones?


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